Deslindes históricos y políticos
Diferencias con la izquierda tradicional
Podemos hablar de una izquierda colonial en tanto que se ha dado en la historia política de Bolivia una izquierda que no se ocupó para nada de los diagramas de dominación del colonialismo, de la colonialidad, del colonialismo interno, y soslayo de lleno la problemática indígena. A pesar que la guerra anticolonial comienza temprano, durante el siglo XVIII. Incluso se rastrean en las investigaciones históricas levantamientos anteriores. La izquierda aparece de dos maneras, como organizaciones y sindicatos, pero también como difusión discursiva. Esto ocurre sobre todo después de la guerra del Chaco, aunque hubo organizaciones sociales de defensa de los trabajadores y formaciones discursivas interpeladoras del capitalismo antes de la guerra del Chaco; se puede seguir esta historia interpeladora de los trabajadores y del pensamiento radical liberal desde los comienzos mismos del siglo XX. Bajo este contexto y teniendo en cuenta estas consideraciones, se puede decir que las primeras organizaciones tuvieron una influencia anarquista; fue después, cuando se formaron los sindicatos obreros, prioritariamente mineros, que se cuenta con influencia marxista. Dos son las corrientes que van a tener una influencia condicionante en los sindicatos mineros y en las organizaciones matrices de los trabajadores; una es la corriente estalinista y la otra es la corriente trotskista, ambas terminan formando los conocidos partidos marxistas bolivianos.
No vamos a comenzar cronológicamente sino por la vinculación oficial con la tercera y la cuarte internacional; vamos a comenzar entonces con el Partido Comunista (PC), fundado en 1950 con la participación de Sergio Almaraz Paz; el PC tiene el antecedente orgánico en el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR), fundado en 1940, donde militaba precisamente Sergio Almaraz como participante de la juventud y dirigente de la célula Lenin[1]. Entre 1964 y 1966 se produce una tensa discusión al interior del PC, que termina dividiéndose entre una tendencia “pro-Moscú” y otra “pro-Pekín”; esta segunda tendencia asume el nombre de Partido Comunista Marxista-Leninista, para diferenciarse del Partido Comunista de Bolivia (PCB). El PC-ML se funda en 1965 en un Congreso extraordinario realizado en el centro minero de Siglo XX; la fundación y el tiempo previo de la fundación va estar impregnado de un debate significativo sobre la caracterización de la revolución de 1952, del proceso en curso y del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); también sobre las opuestas interpretaciones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que inicia una conducción aparentemente distinta a la de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, mas conocido como Stalin, desmarcándose de su métodos y de su concepción política, procesando incluso al estalinismo. El PC-ML inicia su vida criticando el revisionismo del periodo de Jruschov y el seguidismo de la dirección del PC respecto al gobierno del MNR. La participación del PC en la guerrilla del Che fue altamente cuestionada; se incorpora en la misma la juventud del partido[2], empero el partido mismo termina distanciándose de la guerrilla por diferencias políticas, particularmente las que tienen que ver con la conducción y dirección de la guerrilla en Bolivia. Se dice que una vez que es rechazada la petición del Secretario General del PC, Mario Monje, de ser nombrado comandante del guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, el partido le quita el apoyo logístico a la guerrilla, sin embargo, el partido cumple un papel importante para la salida hacia Chile de los sobrevivientes de la guerrilla, concretamente del grupo de Harry Villegas Tamayo, alias Pombo[3].
Continuamos con el vínculo orgánico a la cuarta internacional, hablamos del Partido Obrero Revolucionario (POR) se funda cinco años antes que el PIR, en 1935. El POR va tener incidencia en la ideología del proletariado minero y también va irradiar con sus tesis de transición al resto de los trabajadores aglutinados en la COB. Se trata, desde mi punto de vista, de la construcción de un marxismo de guardatojo, un marxismo del proletariado minero, formación discursiva en la cual se siente el olor y la lucidez oscura de los socavones. Guillermo Lora en un escrito titulado La verdadera fecha de fundación dice que:
Delegados, o mejor dirigentes, de la Izquierda Boliviana y del Grupo Tupac Amaru se reunieron en el llamado Congreso de Córdoba (Argentina) y que dio nacimiento al Partido Obrero Revolucionario. El acontecimiento tuvo lugar en junio de 1935[4].
Un poco más abajo menciona quienes asistieron al Congreso constituyente del partido:
Al Congreso Constituyente asistieron José Aguirre, Marof, Valencia, Esteban Rey. Adalberto Valdivia Rolón proporciona el dato curioso de que estuvo en dicha reunión el paraguayo Oscar Creydt, que cobró fama como intransigente estalinista. Valdivia Rolón, a nombre de los Exiliados del Perú, se apresuró a sumarse al nuevo Partido, como se desprende de su carta remitida a los dirigentes de la Unión de Exiliados de Buenos Aires, que sufría la poderosa presión del estalinismo.
La historia de estas corrientes y estos partidos se entrelaza profundamente con la historia de las luchas del proletariado boliviano. La Tesis de Pulacayo expresa fehacientemente las formas de este entrelazamiento; la tesis fue aprobada en el Congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), reunido en Noviembre de 1946 en la localidad de Pulacayo; la tesis fue propuesta por la delegación de Llallagua. Se puede decir que La Tesis está basada en el Programa de Transición con el que fue fundada la Cuarta Internacional en 1938, adoptando también la teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky, la misma que establece que en los países atrasados le corresponde al proletariado, a la cabeza de la nación oprimida, encabezar la lucha por la liberación nacional, realizar las tareas democráticas e iniciar la revolución socialista. Después esta tesis se convierte prácticamente en la tesis de la Central Obrera Boliviana; el IV Congreso de la COB ratifica las tesis en mayo de 1970, como preludio a lo que va a ser la Asamblea Popular, conformada en 1971. Quizás la Asamblea Popular fue la experiencia más significativa del proyecto político obrerista, del proyecto del proletariado, aglutinado y organizado en la COB. Podemos configurar un proceso acumulativo desde 1946, cuando se conforma la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) hasta la experiencia política de la Asamblea Popular de 1971. Después de la derrota del proyecto y de la caída del gobierno del General Juan José Torres por el golpe de Estado cruento encabezado por el General Hugo Banzer Suarez, el proyecto político obrerista va a sufrir una crisis ocasionándose una fragmentación y dispersión orgánica, sobre todo en la corriente trotskista, constituida en el POR. La mayoría de izquierda, entre la que se encontraba el PC, va a buscar otras estrategias, mas bien de carácter electoral, conformando un frente amplio como el de la Unidad Democrática y Popular (UDP), dejando a los grupos radicales al margen de la iniciativa política dominante. Estos grupos radicales quedan circunscritos dentro el espacio de la COB, una COB que ya muestra los primeros síntomas del debilitamiento de su convocatoria y de lo que se puede considerar hipotéticamente y con cierta relatividad del poder dual, que había sido una característica del ejercicio de su fuerza y su influencia política.
Con la caída de la UDP se terminan de cerrar las dos puertas intentadas por la izquierda tradicional, la insurreccional y la democrática. Aunque también hay que mencionar otras puertas, una de ellas tiene que ver con el proyecto guerrillero; al respecto hay que anotar que todos los intentos guerrilleros no terminan de prosperar, comenzando con la guerrilla del ELN, dirigida por el Che Guevara, continuando con la guerrilla de Teoponte, incluyendo incluso los incipientes brotes conculcados casi en el nacimiento mismo, como son el brote de guerrilla urbana del grupo Zarate Willka, también del ELN-CNPZ, además de contar con el proyecto de guerrilla indígena del Ejército Guerrillero Tupac Katari. Aunque estos tres últimos brotes ya no tengan que ver con la izquierda tradicional, sin mas bien con los perfiles de una nueva izquierda, los mencionamos por que respecta al decurso del proyecto guerrillero en Bolivia.
Sin embargo es indispensable mencionar lo que ocurre con los partidos socialistas, particularmente el Partido Socialista Uno (PS1), liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, insigne intelectual crítico defensor de los recursos naturales convertido en militante socialista. Este partido aparece interpelando a las dictaduras militares, sobre todo en el juicio de responsabilidades al General Hugo Banzer, juzgando también a la burguesía intermediaria, interpela también a la UDP por no contar con un programa de nacionalizaciones, que es con lo que cuenta el PS1, buscando constituirse en una nueva opción en el escenario político dibujado por la izquierda boliviana. Interesa retomar este breve experiencia del partido socialista sobre todo para dejar pendiente la pregunta de si el Movimiento al Socialismo (MAS) retoma algo de la huella dejada por el socialismo de entonces. Está claro que el MAS forma parte de la nueva izquierda, mas bien ligada a los movimientos sociales que a la forma de organización de partido, sin embargo es menester evaluar la posibilidad de que también sea una bisagra entre dos horizontes temporales políticos.
Lo que viene en adelante es una gran crisis de la izquierda, dejando un vacío político por parte del sujeto de esta gesta revolucionaria, por un lado, y reformista, por otro; hablamos del sujeto obrero. El proyecto socialista se queda sin sujeto y el país se queda sin proyecto socialista. Sobre todo esto se hace patente con el fracaso de la marcha por la vida de los trabajadores mineros y de la COB (1986), que intentan detener la relocalización, el cierre de centros mineros y la marcha desbocada hacia la privatización. Esto se da en un contexto también adverso para la izquierda internacional, la crisis y el derrumbe de los Estados socialistas de la Europa oriental, la crisis ideológica, el vacío político generalizado y la ofensiva del proyecto neoliberal a escala mundial. Después del retiro descomunal de la centralidad minera, el proyecto hegemónico proletario se derrumba, las clases desposeídas quedan inermes ante la avalancha neoliberal. Sin embargo, este vacío político va a ser llenado por otro sujeto, el sujeto indígena, que retoma la bandera anticolonial y el proyecto descolonizador, proyectando sus reivindicaciones territoriales y culturales en sentido anticapitalista. Articula la reconstitución a la lucha anticapitalista, reivindica el territorio indígena y se enfrenta a la expansión ganadera y agrícola, de las haciendas, se enfrenta a las concesiones madereras, al monopolio de la tierra y a los grandes latifundios, también se enfrenta a un Estado y a una sociedad discriminadoras. Reivindica sus lenguas, sus culturas, sus territorios, sus instituciones, sus normas y procedimientos, sus autogobiernos y libre determinación. La lucha indígena termina involucrándose en la lucha contra el proyecto neoliberal, las privatizaciones, las desposesiones, los despojamientos, las suspensiones de derechos, contra el imperio del discurso del mercado absoluto. De este modo las organizaciones indígenas terminan aliándose a las luchas por la tierra de los campesinos, a la lucha de los trabajadores en contra la suspensión de sus derechos, a la lucha de las clases populares en contra las privatizaciones y capitalizaciones, reivindicando también el derecho a las nacionalizaciones, en el contexto de un proyecto plural, multitudinario, de alianzas dinámicas, de formas de organización móviles y de base, iniciando un proyecto constituyente de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. Esta proyección del sujeto indígena tiene su acumulación de fuerzas, su proceso ascendente, sus grandes victorias políticas durante el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005, derrotando al modelo neoliberal, poniendo en evidencia la crisis múltiple del Estado, acabando con el monopolio político de la clase política, abriendo la gran oportunidad para un proceso constituyente descolonizador. Todo el proyecto se expresa dramáticamente en la Asamblea Constituyente, se plasma en texto escrito colectivamente, aprobado en varias instancias, en la Asamblea Constituyente, en el Congreso, declarado Constitucional y, lo mas importante, por el pueblo en el referéndum constituyente. Se puede decir que es la primera vez que un proyecto político, con características indígenas y populares, llega al poder, accede al gobierno, e intenta transformaciones estructurales. Esto no había ocurrido con el proyecto obrerista; éste no logró ser hegemónico, tampoco logró resolver el problema del poder en el campo de las fuerzas concurrentes. Ahora bien, son varios aspectos que diferencian a este nuevo proyecto anticapitalista y anticolonial del proyecto de la izquierda tradicional, incluyendo el triunfo político y la hegemonía lograda por los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Estas diferencias deben interpretarse a partir de la comprensión de la constitución diferencial de sujetos; el sujeto obrero si bien logra centralidad, la centralidad minera, y ejercer el poder dual, en determinadas circunstancias, no logra ser un sujeto irradiante en toda la sociedad ni logra, como dijimos, construir una hegemonía. El sujeto indígena en realidad atraviesa toda la sociedad por la composición de la población, mayoritariamente indígena; en esta condición logra interpretar mejor la complejidad de una formación social abigarrada, replanteando la lucha anticapitalista desde la perspectiva de la guerra anticolonial. Abriéndose a formas altamente participativas en las maneras de convocatoria y en los modos organizacionales, horizontalizando los mandos y las decisiones, desplegando proyecciones autogestionarias y de autogobiernos. La irrupción desde abajo, de los de abajo, de la plebe, se hace incontenible, interpeladora y trastrocadora. Se abre un nuevo horizonte histórico político, el del Estado plurinacional comunitario y autonómico, pero también se enfrentan viejos y nuevos desafíos. ¿Cómo fundar el Estado plurinacional? ¿Cómo efectuar las transformaciones institucionales, económicas, sociales y culturales, en la perspectiva de un modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo? Pero también, ¿cómo escapar de las sedimentadas lógicas y prácticas de poder? ¿Cómo evitar que el poder te tome en vez de que tomes el poder? ¿Cómo salir efectivamente de las órbitas del Estado-nación, de la forma liberal del Estado colonial? Estos desafíos y estos problemas no terminan de resolverse ni de asumirse. El proyecto descolonizador y anticapitalista se encuentra en disyunciones y encrucijadas. El poder sortear las mismas va a depender nuevamente de la capacidad de convocatoria y de movilización en la reconducción del proceso.
Las preguntas directas que debemos hacernos recogiendo lo escrito son múltiples: ¿El MÁS es una bisagra entre el horizonte socialista abierto por el movimiento obrero y el horizonte plurinacional abierto por los movimientos indígenas? ¿En cuál horizonte está más alineado? ¿Ha podido recoger los problemas de organización, de conducción, de hegemonía, planeados por la experiencia obrerista? ¿Es un partido o es un movimiento? ¿Es más un instrumento electoral que un instrumento político? ¿Ha incorporado la concepción y las consecuencias estructurales de las significaciones trastrocadoras del Estado plurinacional comunitario y autonómico, por lo tanto de la comprensión de la descolonización? ¿Por qué no termina de salir de las redes del Estado liberal en su forma moderna de Estado-nación, por lo tanto Estado colonial? Tal parece que no se han resuelto viejos y nuevos problemas, problemas que creo no pueden resolverse sin la organización articulada de las multitudes y de las masas, de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, de los trabajadores y de los explotados, con la dirección colectiva y la conducción participativa, sin la formación de todos en la perspectiva y la fuerza del intelecto general y de la circulación irradiante de los saberes. No se pueden resolver estos problemas sin una transformación estructural descolonizadora, efectiva ciertamente, no retorica ni meramente discursiva, sin la construcción de las rutas prácticas y alternativas concretas al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, abriéndonos a otros mundos alternativos, a otros proyectos civilizatorios, emancipando a las naciones de la dominación imperialista, a los trabajadores y los pueblos de la explotación capitalista, a la madre tierra de la depredación compulsiva y desenfrenada de la civilización de la valorización abstracta del valor y de la obsesiva ganancia. Estas tareas no se cumplen sin la práctica de la crítica, de la reflexión y el análisis desembozado. Si se repiten los viejos errores de las nomenclaturas, de las burocracias y de los contornos, estas tareas no se podrían cumplir, quedarían rezagadas, sustituidas por desorbitante ceremonialdad y ritual del poder estructurado jerárquicamente, bajo el gobierno de pocos, que terminan siendo los más odiados en la medida que el tiempo corroe el barniz de los discursos y los abalorios.
Caracterizaciones de la izquierda tradicional
Todos sabemos que el término de izquierda viene de la Revolución Francesa, se podría hablar de una casualidad, cuando en el parlamento de los Estados Generales de 1789 los diputados de la nobleza se sentaban a la derecha de la presidencia, los diputados de las bancas a la izquierda. Esta forma de distribución ya estaba dada en la Cámara de los Comunes británica; también hay que tener en cuenta que al darse este distribución de manera curva en la configuración arqueada de la fila de los curules, también se podía ubicar un centro, que se encuentra frente a la presidencia, así mismo también se puede distinguir a los que se encuentran en la parte baja de las bancadas, llamados de la llanura, que coincidía con los moderados, de los que se encuentran en la parte alta de las bancadas, llamados montañeses, que coincidían con los radicales. Empero volviendo al esquema simple, derecha e izquierda, los primeros defendían los fueros especiales, la tradición y la monarquía, en tanto que los segundos exigían la desaparición de los monopolios del gobierno sobre áreas de la economía, la finalización de los fueros, una educación científica, laica y la realización del régimen democrático. Ahora bien, saliendo de esta referencia inaugural y del escenario parlamentario, se puede decir en general, transfiriendo esta figura al campo político, que la izquierda es la que quiere los cambios y la derecha la que quiere conservar las instituciones, las estructuras y los valores tradicionales. No vamos a discutir aquí sí se puede seguir sosteniendo este esquema en la actualidad, turbulenta, cambiante y flexible, sobre todo cuando tenemos que revisar la historia política contemporánea, tan agitada y mediática de los partidos y de los gobiernos, tanto de “izquierda” como de “derecha”. Ciertamente tenemos que apartar de estas historia parlamentaria y republicana de las representaciones a lo que aconteció con las revoluciones proletarias del siglo XX, hablamos de la Revolución Bolchevique (1917) y la Revolución China (1949), pues estas revoluciones intentan destruir el Estado y terminan construyendo un Estado Absoluto, salen del esquema del parlamentarismo, por lo tanto del espacio deliberativo entre izquierda y derecha, pero terminan construyendo una burocracia aplastante y transversal. Mediante lo que se llamó la dictadura del proletariado buscaron abolir la estructura de las clases sociales y abrir la transición al socialismo y después al comunismo, aboliendo las relaciones de producción capitalista, pero en la medida que el mundo seguía siendo capitalista, funcionando como una economía-mundo capitalista, terminaron absorbidos por la lógica del sistema-mundo, introduciendo crisis profundas al interior de sus estados y procesos. La caída de la Unión Soviética restauró el capitalismo en su forma salvaje y mafiosa, la apertura de China al mercado y a los flujos de capital, terminaron transformando la revolución socialista oriental en el continente de una nueva versión del capitalismo, en la clausura o el inicio de un ciclo del capitalismo. China ahora es la potencia emergente más pujante del sistema-mundo capitalista, recreando las estructuras de clases y las estructuras diferenciales, el mapa de las desigualdades, de una manera calamitosa y violenta. Estos desenlaces históricos son los que tienen que ser meditados por lo que queda de la izquierda tradicional, por sus fragmentos dispersos. La pregunta que se debe abordar es: ¿Por qué estas grandiosas revoluciones terminaron en esos colapsos, antecedidos por descomposiciones corrosivas? Pero, esto es precisamente lo que no se hace, no se medita sobre estas caídas descomunales, tampoco se responde a la pregunta, al contrario, se retoma los viejos discursos, esencialistas y demarcadores, cómo si no hubiera pasado nada. Se hacen convocatorias desde una supuesta vanguardia intransigente a un proletariado imaginado, pues se olvidan del proletariado real, de sus condiciones actuales, de sus articulaciones sociales, económicas y culturales, también se obvia las condiciones y las características del ciclo del capitalismo vigente y de las formas desplegadas de la crisis estructural del capitalismo, bajo la dominación casi absoluta del capital financiero. Esta izquierda perdurable no toma en cuenta para nada toda la discusión de las corrientes marxistas sobre los temas cruciales que hacen a la interpretación y a la transformación del modo de producción capitalista, de las formaciones económico-sociales, de la forma de Estado, de las historias concretas de las luchas de clases y formas transformadas y desplegadas de las luchas de clases, de las temporalidades políticas y de las problemáticas planteadas por la necesidad de construir hegemonías. Menos se puede esperar que duden y sospechen del liberal concepto de determinismo económico.
Para empezar esta caracterización habría que recordar lo que escribía Karl Marx en El dieciocho de brumario de Luis Bonaparte:
Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795. Es como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su lenguaje natal[5].
Pero, en el caso que nos compete, habría que decir que, la izquierda tradicional se invistió de la gloria y de los símbolos de las grandes revoluciones del siglo XX que les precedieron, creyendo que esta gloria y estos símbolos se transferían automáticamente a sus militantes, sin que necesariamente ellos se vean obligados a aportar prácticamente a las revoluciones de sus propios países. La verdad de sus discursos supuestamente devenía del pasado evocado sin molestarse en la adecuación de sus hipótesis a la realidad concreta que vivían, por eso tampoco se molestaron en aportar nuevas interpretaciones y construcciones teóricas acerca de las formaciones sociales y las luchas de clases específicas vividas en sus países, salvo honradas excepciones. Tampoco se molestaron en seguir las discusiones y los desarrollos teóricos de las corrientes marxistas, pues desde su perspectiva no era necesario, ya estaba todo dicho y escrito en los libros sagrados de las fuentes, las mismas que eran también desconocidas y poco estudiadas, pues era preferible la llegada a ellas a través de manuales. Esta ilusión y simbolismos prestados han llevado al descalabro a los proyectos y organizaciones políticas de izquierda en momentos que pueden considerarse de oportunidad histórica. Al respecto, lo importante es recordar nuevamente a Marx cuando escribe:
La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase[6].
De lo que se trata es de construir el sentido de las cosas de acuerdo a lo que se hace, construir la interpretación del mundo de acuerdo a la transformación del mundo. Aquí radica uno de los nudos del problema. La simulación ha sido desbordante, cuando de lo que se trataba era que la interpelación, la crítica, tanto de las armas de la crítica como de la crítica de las armas, sea exuberante. Esto exige hacer un análisis específico de la realidad específica, lo que casi siempre ha faltado, salvo honrosas excepciones, pues se prefería usar marcos de otros contextos utilizados de manera descontextuada para interpretar la realidad social propia. Conducta que llevaba a forzar demasiadas analogías con la revolución bolchevique o la revolución China, algo parecido ocurrió más tarde con la revolución cubana. Sin atender a las particularidades, las especificidades, las articulaciones concretas de la formación histórica y social, de la formación económica y social en cuestión. Las analogías universales han hecho perder la cabeza a la izquierda tradicional sin que pueda encontrar las diferencias sobre las que se debería actuar políticamente. Lo sugerente de las tesis orientales de Vladimir Lenin y Mao Zedong fue precisamente encontrar las diferencias de las composiciones sociales, de los procesos de las luchas de clases y la lucha contra el capitalismo, en formaciones sociales diferenciadas cualitativamente de las formaciones europeas. Había consciencia de la condición periférica en a que se encontraban sus países así como sus procesos revolucionarios y de que se trataba en este caso de la ruptura crítica en los eslabones más débiles del sistema-mundo capitalista, así como había conciencia de la condición imperialista del capitalismo y de lo estratégico de la lucha antiimperialista y por lo tanto de las alianzas, sobre todo de las alianzas de clase entre obreros y campesinos, incluso en el caso Chino con la burguesía nacional, aliada en la guerra antiimperialista. De esta condición nacen las tesis de la revolución interrumpida y la guerra prolongada, que forman parte de las tesis orientales como aportes estratégicos en la perspectiva de la revolución mundial.
El caso boliviano y en dimensiones más amplias el caso andino-amazónico ofrecía diferencias altamente significativas por la situación colonial en la que se encontraba la población indígena, las naciones y pueblos indígenas, población mayoritaria en Bolivia y significativa demográficamente en el Perú y Ecuador. En el caso boliviano y andino, como también en el resto del continente, debido a las características de la historia colonial, la lucha no solamente era contra el imperialismo y, por lo tanto, contra el capitalismo, sino también contra el colonialismo, la herencia colonial, la colonialidad, el colonialismo interno. Esta complejidad no fue atendida por la izquierda tradicional, salvo honradas excepciones como es el caso de José Carlos Mariátegui, intelectual y militante que propuso consideraciones y tesis que no fueron retomadas por la izquierda y convertidas en política y en estrategias. Del autor y militante marxista peruano interesa mencionar los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928). Incluso René Zavaleta Mercado, marxista boliviano de reciente data, incursiona en el tema tardíamente, en su escrito póstumo Lo nacional-popular en Bolivia (1986)[7], influenciado por la estudiosa e investigadora Silvia Rivera Cusicanqui. ¿Por qué se soslayó el tema colonial por el marxismo latinoamericano cuando era tan evidente? ¿Por qué se eludió incorporarlo en la política, en la estrategia de lucha y en las tareas organizacionales? Podemos encontrar menciones y referencias sobre todo cuando se hace investigación histórica, como en el caso de la Historia del movimiento obrero y la Revolución boliviana de Guillermo Lora, pero el problema colonial y la cuestión indígena no se convierten en análisis vinculados a las estrategias políticas, las mismas que no trasuntan las tesis orientales, la revolución ininterrumpida, la revolución permanente y la guerra prolongada. No se desarrollan tesis contra el colonialismo, la colonialidad, el colonialismo interno. Esta será la tarea retomada por los movimientos indígenas emancipatorios y los intelectuales indígenas, pero ya no desde una perspectiva marxista. Durante la década de los setenta Fausto Reinaga hace un diseño filosófico y político, retomando el pensamiento amautico y desplegando tesis indianistas de la revolución en los andes[8]. Más tarde, fines del siglo XX y principios del siglo XXI, intelectuales aymaras se basaran en los estudios etnohistóricos y en la experiencia de los movimientos indígenas originarios para desprender interpretaciones contemporáneas de la emancipación descolonizadora[9]. Sobresalen las investigaciones y los escritos de Pablo Mamani sobre las formas de autogobierno local de las multitudes[10]. En el transcurso de este lapso de tiempo, desde la década de los setenta del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, nos encontramos con el trazado interpelador de la investigadora Silvia Rivera Cusicanqui, quien incursiona en la memoria larga indígena a partir de los levantamientos indígenas y la defensa legal de los apoderados. Descuella su estudio del movimiento político cultural katarista en Oprimidos pero no vencidos[11]. También podemos encontrar análisis elocuentes sobre la cuestión estatal en los Andes, además de minuciosos e intuitivos análisis sociológicos de las composiciones étnicas en Bolivia, a partir de los imaginarios, las conductas y los vestuarios[12]. Son de indudable valor las descripciones pictóricas, sociológicas y antropológicas de los distintos tópicos de la “Chola”[13]. También están las investigaciones históricas de Roberto Choque y las investigaciones sociológicas de Estaban Ticona. Por otra parte, los movimientos indígena originarios, las organizaciones involucradas, CONAMAQ, CIDOB, CESUTCB, CNMCIOB “BS”, CSCIB, aglutinados en el Pacto de Unidad, nos dejaron un legado ejemplar de su perspectiva en los documentos del Pacto de Unidad para la asamblea Constituyente. Con la experiencia y la irradiación de saberes de los movimientos sociales y con la experiencia del proceso constituyente tenemos las matrices de las tesis descolonizadoras. Hablamos de las cosmovisiones indígenas, de las perspectivas pluralistas que implican paradigma de la multiplicidad, de procesos civilizatorios alternativos, de transformaciones y emergencias institucionales que incorporan la forma ayllu y la forma comunidad a las formas políticas plurinacionales, hablamos de la rotatividad, también de las reterritorializaciones y reconstituciones. Así mismo debemos incorporar las perspectivas transversales de la interculturalidad emancipatorias. Todos estos esquemas políticos y culturales, sociológicos y culturales, en el horizonte abierto por la Constitución, deben servir para desarrollar las tesis descolonizadoras, anticapitalistas y antiimperialistas.
Obviamente hay que tener en cuenta la historicidad de la problemática colonial, no es la misma en el siglo XVIII que en el siglo XIX, menos aún que en el siglo XX, sobre todo después de la Revolución Nacional de 1952, particularmente después de la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa, y está claro que es otro contexto el de principios del siglo XXI. Empero estas transformaciones no hacen desaparecer la problemática colonial, por más complejización que se haya dado en las la redefinición y resignificación de las identidades, sobre todo por el crecimiento urbano, debido a las migraciones y del incremento las poblaciones indígenas en las ciudades, obviamente tampoco desaparece el problema por la aparición de otras percepciones religiosas, evangelistas y pentecostales. Lo que pasa es que la problemática colonial se transforma y se complejiza, pero sigue siendo vigente y sobre todo la matriz desde donde debemos leer las articulaciones políticas y sociales de las formaciones sociales abigarradas[14].
¿Qué se entiende por colonialismo, descolonización y colonialidad?
Debemos acercarnos a los problemas a través de las estructuras de pensamiento; de alguna manera podemos decir que los problemas dependen de las estructuras de pensamiento. Éstas los inventan o los construyen; por lo menos están asociadas estructuras de pensamiento y problemas. No podemos separar las formaciones enunciativas de las reglas que definen los juegos de verdad. El colonialismo a pesar de ser una realidad cruda y expansiva desde el siglo XVI, asociada a la expansión capitalista, al ciclo del capitalismo del mediterráneo, no es tratado como materia del discurso teórico hasta mucho después. Si bien se puede decir que se desplegaron discursos anticoloniales constatables desde el siglo XVIII, conformándose de un modo moderno durante el siglo XIX, es a mediados del siglo XX, sobre todo después de la segunda guerra mundial y las consecuencias irradiantes de las revoluciones orientales, la rusa (1917) y la china (1949), cuando se construye un discurso descolonizador articulado al discurso antiimperialista. Uno de los artífices de esta construcción es indudablemente el intelectual crítico martinico Franz Fanon (1925-1961). Diremos que la teoría sobre el colonialismo está íntimamente ligada al discurso descolonizador; podríamos decir que es la voluntad descolonizadora la que ilumina sobre la problemática del colonialismo y la colonialidad. Lo que permite hacer ver de manera más estructurada las formas de dominación colonial, su subsistencia y perdurabilidad, dando lugar a la colonialidad en las sociedades llamadas poscoloniales, es decir, a la herencia colonial en los países independizados. Sin embargo, a pesar de esta constatación, de que el discurso descolonizador se da con bastante posterioridad al hecho colonial, no podemos de ninguna manera desentendernos de expresiones y discursos anticoloniales que aparecieron con anterioridad; primero durante el siglo XVIII y después durante el siglo XIX en el continente americano, atravesado por las guerras anticoloniales y por las guerras de independencia. Durante estos dos siglos se extiende la crisis de los dominios coloniales extraterritoriales británico, español y portugués. Se trata de discursos anticoloniales heterogéneos y diferenciados. Durante el siglo XVIII en los Andes se desata una guerra anticolonial indígena que cuestiona las mediaciones coloniales de los caciques y el dominio de las autoridades coloniales, configurándose un proyecto político cultural de reconstitución que adquiere distintas tonalidades en los distintos periodos y contexto del conflicto. Durante el siglo XIX se conforma un nacionalismo criollo articulado al discurso liberal, vinculando los conflictos locales y regionales a un ideario republicano o patriótico. Se puede decir que el ámbito de esta formación discursiva política tiene dos umbrales, uno que corresponde a la guerra anticolonial norteamericana (1775-1783) y el otro que corresponde a la revolución independentista de los esclavos africanos en la isla La Española (1795), inspirada en la revolución francesa, revolución que emite la declaración de los derechos del hombre. Pero también se puede decir que el ámbito de esta formación discursiva política anticolonial se abre a horizontes que no terminan de desplazarse.
En toda esta historia de la problemática colonial no pueden confundirse las distintas formaciones discursivas y estructuras de pensamiento, no son las mismas interpretaciones. Las expresiones comunitarias nativas, ligadas a las estructuras del ayllu, son distintas a las invenciones políticas de los criollos andinos, usando un título de Marie Danielle Démelas[15]. En un caso hablamos de una combinación compleja y en transcurso de representaciones mesiánicas en combinación con cosmovisiones cíclicas del pachakuti, articuladas también con problemas de legitimidad de los caciques y mediadores entre el Estado colonial y las comunidades reconocidas. En el otro caso hablamos de la incorporación del discurso liberal a los conflictos de poder y representatividad entre criollos, mestizos y españoles, colocando como transformado a la comunidades indígenas. La incorporación liberal fue bastante complicada pues no era simple asimilarla en una coyuntura histórica atiborrada, definida por la invasión napoleónica al centro del imperio español, la abdicación del rey Carlos IV, la transferencia de la monarquía a Felipe VII, preso también del ejército francés, contando así mismo con pretensiones de la infanta Carlota Joaquina, en medio de los conflicto de las juntas que reaccionan a la ocupación, la de Sevilla y la Central. Una confusión que lleva a los primeros levantamientos a hablar a nombre del rey, acudiendo a la legitimidad del monarca, incluso en contra de las autoridades coloniales, los virreyes y las autoridades de la Audiencia de Charcas[16]. Este discurso adquiere ribetes cada vez más liberales en la etapa de la elaboración de las constituciones, después de la guerra de independencia.
Durante el siglo XX emergen otras estructuras de pensamiento y formaciones discursivas que ponen en cuestión las herencias coloniales, podemos identificar entre éstas a las alocuciones indigenistas en el despliegue de estos discursos. Habría que remontarse a la experiencia de las escuelas indígnales ambulantes que se inician en 1905, recorriendo ayllus y comunidades para enseñar el alfabeto. En esta secuencia, cinco años después, debemos tomar en cuenta la publicación de la Creación de la pedagogía nacional de Franz Tamayo, que con una visión vitalista define al indio como fuente de la energía nacional. Después de la guerra del Chaco los gobiernos nacionalistas van a retomar la perspectiva indigenista de una manera más integral vinculándola a las políticas públicas y a las estrategias nacionales. Primero será el gobierno militar de Gualberto Villarroel el que se comprometerá en abrir espacios para las reivindicaciones indígenas en el Estado, después será la misma revolución nacional de 1952 la que conforme institucionalmente una política indigenista en el marco del nacionalismo revolucionario. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los nacionalismos articulan el indigenismo en la perspectiva del mestizaje. Comparando nacionalismo y liberalismo, si el liberalismo quería civilizar a las poblaciones nativas, el nacionalismo buscaba su mestización. Ambos proyectos buscan la incorporación modernizadora al Estado de los pueblos nativos, desconociendo la historia, la cultura, la civilización propia de las naciones y pueblos indígenas, aunque recogen preocupaciones por la condición y destino de las poblaciones nativas. También podemos decir con cierta certeza que ambos proyectos no cobran conciencia de que no dejan de ser prolongaciones de las políticas coloniales, aunque se den por otros medios y caminos, con otras metodologías, utilizando un discurso indigenista.
Habría que preguntarse si de esta colonialidad del saber escapa el marxismo boliviano de aquellos tiempos. Por razones de espacio no podemos hacer una evaluación descriptiva de los autores considerados marxistas, empero podemos seleccionar algunos, que por su incidencia en el tema son importantes. Uno de ellos es indudablemente Gustavo Navarro, que es más conocido por su seudónimo, Tristán Marof. A diferencia de una interpretación mas bien culturalista del indigenismo Tristán Marof va tocar claves materiales de la emancipación indígena. En la Tragedia del Altiplano comprende que lo que interesa al indio no es su instrucción inmediata sino su libertad inmediata. Vale decir, su independencia económica, la ruptura de su sumisión con el patrón, la reivindicación de sus condiciones de hombre[17]. El discurso marxista introduce en la interpelación a la explotación la perspectiva de la emancipación del trabajo, la toma de tierras y la nacionalización de las minas. Es conocida la consigna de Tristán Marof de tierras al indio y minas al Estado. Reivindicaciones con las que cumplen la revolución nacional de 1952 con la reforma agraria y la nacionalización de las minas. Ante la elocuencia de este discurso y ante las medidas de la revolución, habría que hacerse una pregunta: ¿Se agota en este discurso y con estas medidas la problemática colonial? Retomando lo que dijimos, podemos afirmar que no se resuelve de ninguna manera la problemática colonial con la incorporación del indio a la llamada civilización, que no es otra cosa que la imitación de modernidad, tampoco con su incorporación al Estado, así mismo no se resuelve el problema con la reforma agraria y la emancipación económica. Estas soluciones políticas suponen una perspectiva colonial, considerar que la civilización es la occidental, consolidada después como cultura moderna, y que de lo que se trata es de civilizar, modernizar y liberar económicamente al pongo. Lo que ha hecho precisamente la dominación colonial es destruir las civilizaciones, las culturas, las instituciones nativas, atravesando los cuerpos, inscribiendo su dominio como historia política en la superficie de los mismos, induciendo a comportamientos y conductas de sumisión. La dominación colonial es polimorfa, afecta el ámbito de las subjetividades, se efectúa en la desconstitución de sujetos colectivos y trabaja la constitución de sujetos sumisos, domesticados, después, con el establecimiento de las instituciones modernas, trabaja la constitución de sujetos disciplinados. Por eso, si bien podemos aceptar que de alguna manera, los discursos liberales, nacionalistas y también de la izquierda tradicional se enmarcan en el horizonte del derrumbamiento de las potencias coloniales, no llegan a ser discursos descolonizadores, no responden a la problemática de la dominación civilizatoria, tampoco de la crisis de la modernidad y su universalización.
Las anotaciones de Karl Marx en los Cuadernos Kovalevsky nos muestran un interés por aprender sobre las comunidades campesinas, sus orígenes, su pervivencia y su posibilidad alternativa a superar el capitalismo, sin esperar el desarrollo del capitalismo en la periferia del sistema-mundo. Esta lectura abre la posibilidad de pensar la condición multilineal de la historia, escapando a esa visión reduccionista y evolucionista de la linealidad de los modos de producción. Planteando también otras posibilidades de transición del capitalismo al comunismo[18]. En esta perspectiva se encuentra también las tesis de Marx sobre el modo de producción asiático, mostrando la necesidad de una interpretación histórica diferente de las formaciones económicas sociales y modos de producción de las civilizaciones asiáticas. Aunque Gayatri Chakravorty Spivak critica esta forma de manejar una excepción histórica, la del modo de producción asiático, inventándose otra homogeneidad asiática sin poder ver la pluralidad de formaciones y multinilealidad de historias, queda claro que no se puede asumir la historia europea como historia universal[19]. Así mismo queda planteada la necesidad de discutir el concepto de modo de producción. Estos desplazamientos de Karl Marx, incluyendo las cartas a Vera Zasulich, muestran búsquedas alternativas comprendiendo la evidencia deferencial de los procesos históricos[20]. Estos análisis, tomando en cuenta también a los Grundrisse, estuvieron ausentes en las lecturas y reflexiones de la izquierda tradicional, en gran parte porque las publicaciones y traducciones vinieron con posterioridad. Sobre todo no fueron atendidas sus consecuencias cuando se trataba de definir estrategias y tácticas políticas en las luchas sociales de cada país. Fueron los estudiosos de la obra de Karl Marx los que terminaron introduciendo estos tópicos, frecuentemente en la formación académica, teórica e investigativa. Ahora bien, retomando la crítica de Gaya Chakravorty Spivak, podemos decir que, de todas maneras, Marx no dejó de ser un hombre de su tiempo y no dejó de pertenecer a la episteme naciente de la modernidad. Se notan condicionamientos epistemológicos de la economía política inglesa, por lo tanto también de concepciones liberales sobre el capitalismo, también es notoria la perspectiva en un horizonte eurocéntrico en expansión[21]. No se puede esperar que en aquel tiempo se desarrolle una tesis descolonizadora sobre el capitalismo. Estas tesis vendrán después; los portadores serán intelectuales que emergen de la experiencia dramática del colonialismo.
El colonialismo moderno, del siglo XVI adelante, corresponde a la expansión violenta del capitalismo como acciones sucesivas de conquista, ocupación de territorios, sometimiento de poblaciones, extracción desmesurada de los recursos naturales, explotación, sometimiento y esclavización de las poblaciones nativas y africanas. Por esto mismo el colonialismo está asociado con la expansión universalizadora de la modernidad, aunque ésta al implantarse en territorios periféricos del sistema-mundo sufra adecuaciones heterogéneas. Lo que significa que el colonialismo no es solamente la dominación de las potencias europeas, tampoco solamente la dominación del capitalismo a escala mundial, sino la dominación de la civilización occidental de acuerdo a los códigos de la modernidad. Por lo tanto la lucha contra el colonialismo implica esta comprensión múltiple y compleja, también integral, del fenómeno colonial, lo que implica el combate en múltiples niveles a las formas y engranajes de dominación colonial, particularmente interesa la lucha contra la dominación civilizatoria, eurocéntrica y moderna. Lucha múltiple que implica abrirse a los diferentes proyectos civilizatorios inhibidos con las conquistas y los ciclos coloniales. En el continente de Abya Ayala, llamado América, implica la interpretación del presente y su futuro alternativo a partir de su pasado contenido, bajo la interpretación de las cosmovisiones indígenas. Esta lucha anticolonial, descolonizadora, es también una lucha antiimperialista y contra el capitalismo.
La descolonización significa revertir la cristalización en los huesos de la violencia colonial contra las estructuras, instituciones y formas de la dominación colonial[22]. Significa alternativamente la deconstrucción, el desmontaje, desandando el camino, de los engranajes, las maquinarias y las prácticas de la colonialidad. Lo que también implica la desconstitución de subjetividades sumisas, domesticadas y sometidas, así como la constitución de subjetividades de resistencia, de emancipación, abiertas a distintos posicionamientos del sujeto liberado, en sus condiciones individuales, grupales, colectivas, comunitarias y multitudinarias. La descolonización significa también transiciones múltiples, institucionales, políticas, económicas, sociales y culturales. En Bolivia el camino optado de la transición descolonizadora tiene el nombre de Estado plurinacional comunitario y autonómico. Lo que comprende un nuevo mapa institucional, la transformación estructural del Estado de acuerdo a su condición plurinacional y comunitaria, también de acuerdo al sistema político de la democracia participativa, en el sentido de un ejercicio pluralista de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Así mismo comprende un nuevo modelo territorial de acuerdo al pluralismo autonómico establecido por la Constitución. Entendiendo los mandatos de la constitución, también comprende la transformación del modelo económico, abriendo caminos hacia la economía social y comunitaria. Estos tres modelos constitucionales, el de Estado, el territorial y el económico, se encuentran articulados por el modelo civilizatorio alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo del vivir bien.
Cartografías políticas
Pongamos las cosas en su sitio
Pongamos las cosas en su sitio, este podría ser el título del artículo. Ocurre como si en la coyuntura el tiempo se hubiera desencajado de sus goznes, como se dice en Hamlet de William Shakespeare. Nada está en su sitio y el tiempo anda desquiciado. El gran dramaturgo y poeta inglés toca las claves del drama y de la trama en el tiempo. Jaques Derrida trabaja deconstructivamente estas vertientes y estas vetas en los Espectros de Marx de una manera acuciante y hermenéutica. Nosotros, los bolivianos, tenemos nuestros propios dramas y tramas, donde encontramos también estos desajustes temporales. La coyuntura actual, por ejemplo, nos muestra las desmesuras de las encrucijadas entre un horizonte temporal y otro, el que corresponde a la genealogía del Estado-nación y el abierto por el horizonte del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Obviamente no es fácil cruzar las encrucijadas, que también pueden ser laberínticas. Es difícil moverse en los límites y en las fronteras entre horizontes temporales. Pero, quizás lo más difícil es abandonar los viejos hábitos, pero sobre todo construir los nuevos escenarios. Sin embargo, esto no debe ser una disculpa sino la evaluación del desafío, sobre todo para convocar a las fuerzas que apuntan al porvenir. El problema es que se ha desmerecido todo esto, todas estas tareas, se ha menguado el alcance de las tareas, y en vez de esto, se ha optado por recurrir a lo mismo, a las mismas recetas, al apego a los procedimientos e instituciones del pasado. En otras palabras, no se asume el momento, las exigencias del momento, la convocatoria de las circunstancias. Lo que pasa entonces es que nos dejamos aplastar por el peso de estas circunstancias, mientras tanto el tiempo transcurre y los desenlaces escapan de nuestras manos y terminan resueltos por la espontaneidad de los acontecimientos.
El tiempo está desajustado, es la impresión que nos deja la experiencia contradictoria del momento, en una coyuntura turbulenta, pero, la pregunta es qué hacer, cómo actuar, en momentos como estos, ¿para ajustar el tiempo?, ¿para poner las cosas en su sitio? No tanto como esto sino para transitar de una determinada manera este tiempo turbulento, este espacio de encrucijadas. De lo que se trata es de no perderse sino cruzar, quizás la mejor palabra, la más apropiada, sea articular, las distintas direcciones del laberinto, los distintos tiempos de una temporalidad heterogénea, que fluye como viento huracanado. Entonces diremos como hipótesis pongamos las cosas en su sitio, hagamos un mapa para poder cruzar. ¿Qué tenemos como escenarios? Empecemos a dibujarlos.
La transición al Estado plurinacional comunitario y autonómico está en una encrucijada, entre las distintas direcciones abiertas o cerradas, tenemos, en primer lugar, la que conduce a la reforma del Estado, dirección opuesta a la de la transformación del Estado. Pero, ciertamente, estas no son las únicas direcciones en juego, hay más; muy cerca de la posibilidad de la reforma del Estado se encuentra la restauración perversa del viejo Estado, con todas sus mañas, con todos sus circuitos de influencias, con todas sus corrosiones, corrupciones y deformaciones desmesuradas, por todas las formas de la economía del chantajes y sus paralelismo secretos. Por el otro lado, próxima a la posibilidad de la transformación del Estado, se encuentra lo que podríamos llamar la figura política del caos, figura que nos habla de una situación que de no lograr transformar el Estado, tampoco simplemente de su desaparición, puede darse lugar la realización descarnada de la violencia en ausencia de todo orden. En este caso, diríamos mandan directamente las fuerzas, sin mediaciones. No se trata de una sustitución del viejo Estado por un espacio de asociaciones autogestionarias, que es otra dirección posible, sino precisamente de la ausencia incluso de estas asociaciones. El escenario del ejercicio descarnado de la violencia puede ocurrir, por lo menos como hipótesis de trabajo. Para entender estas opciones, estos escenarios, desde la restauración cada vez más perversa de las formas corruptas del viejo Estado hasta el escenario del caos, pasando por la reforma del Estado, llegando a la transformación del Estado, incluyendo una compleja asociación complementaria autogestionaria, debemos evaluar lo que se supone que pasaría con el ámbito de las relaciones económicas, los circuitos, los flujos, las estructuras y engranajes económicos, vinculados a los mercados y a las formas del capitalismo periférico. En el caso de la forma perversa del Estado, podemos suponer que las formas del capitalismo periférico logran un dominio abierto y demoledor corrompiendo todas las relaciones sociales. En el caso de la reforma del Estado, las formas del capitalismo periférico son reconducidas en función de redistribuciones y participaciones estatales en el excedente, afectando las formas y buscando modificar los términos del intercambio. En el caso de la transformación del Estado, el aparato político busca incidir en la transformación misma de las formas apuntando a reproducir relaciones no capitalistas. En el caso de las asociaciones autogestionarias, ingresaríamos a un escenario que situaría el ámbito de las relaciones en formas no periféricas y no capitalista, abriendo posibilidades a mundos alternativos. Otro horizonte, otra temporalidad. En el caso del escenario del caos, se daría lugar a la aplicación directa de las fuerzas, la violencia sustituye al intercambio.
Hemos dibujado un mapa hipotético del campo posibilidades políticas en intima interrelación con el campo de posibilidades económicas; sería importante también dibujar un campo de posibilidades institucionales, debido a que estas formas organizacionales y estructuras institucionales son los dispositivos concretos de los agenciamientos de poder. Habría que ver en este caso como en los otros los distintos escenarios. En primer lugar considerar qué pasaría en el caso de la restauración del viejo Estado; en este caso, la hipótesis concibe un panorama abrumador. Se da lugar un reforzamiento sedimentado y complejo de la vieja maquinaria, con sus distintos niveles, sus diferentes covachas, sus intersticios, pasadizos y puentes, que tratan de articular morbosamente los espacios separados de los aparatos estatales. Esta vieja maquinaria rechina al funcionar, cruje al accionar, se mueve ampulosamente en el mismo sitio aposentado, trabaja aparatosamente en pos de objetivos añejos, olvidados, sin poder reorientar su pesadez estructural a la posibilidad de nuevos objetivos de acuerdo a las exigencias de la coyuntura y el periodo. La lógica del poder, si se puede hablar así, está inscrita en su propia arquitectura, en el espesor de sus estructuras conservadas, en el esquema de comportamiento de sus funcionarios. Es como un si fuese una enorme máquina construida en la época de la energía de vapor, una gran locomotora o un gran trasatlántico, un Titanic encaminado a su destino, nada podrá hacer su capitán y su tripulación para eludirlo. No se pueden cambiar estas lógicas arquetípicas, no se las puede sustituir con discursos que alumbren otros rumbos, todo ya está decidido en las programaciones arcaicas, en las costumbres recurrentes. La única alternativa que se tendría a mano es el desmontaje de esta despiadada maquinaria.
El otro escenario en el mapa institucional es el de la reforma del Estado. En este caso la gubernamentalidad está obligada a modificaciones institucionales, a cambios estructurales; requiere de aparatos y engranajes adecuados a las reformas enfocadas. No se trata sólo de modernizaciones, tampoco de reingenierías, sino de algo más exigente: cómo adecuar la maquinaria estatal y utilizarla para los fines de la redistribución del excedente, el modelo productivo, la industrialización y la soberanía alimentaria, teniendo en cuenta las reformas políticas. En lo que respecta al escenario de la transformación estatal, ya no se trata de modificaciones sino de transformaciones estructurales institucionales. La gran tarea es inventar una nueva forma de Estado con un contenido altamente participativo, re-articulando la política a las formas sociales. Esta inmensa tarea recoge el ímpetu trastrocador de por lo menos tres revoluciones, la revolución política, la revolución social y la revolución cultural. Esto implica la realización integral de transformaciones institucionales que articulen todos estos campos y niveles. En términos de transformación política esto significa reintegrar el Estado a la sociedad, acabando con la separación moderna entre Estado y sociedad civil. En términos de revolución social esto significa no solo legitimidad social y hegemonía sino también convertir a la sociedad en la matriz de los poderes. En términos de revolución cultural esto significa no sólo la incorporación de la interculturalidad en el diseño institucional sino la emergencia y la construcción del Estado desde lo comunitario. Esta transformación institucional conlleva de suyo la transformación completa de la gestión pública liberal, gestión pública que ahora, de acuerdo a la Constitución, tiene que ser una gestión pública plurinacional comunitaria e intercultural, cuyos instrumentos de gestión vivan una transformación participativa.
Ahora bien, hay otros escenarios posibles que debemos describir; uno tiene que ver con las formas autogestionarias asociadas, que sustituyen al Estado. Esta perspectiva ha estado latente en las propuestas de los movimientos sociales del 2000 al 2005, sobre todo cuando se desataron las dos guerras del agua, en Cochabamba (2000) y en El Alto (2004), y cuando se desató la guerra del gas, en El Alto (2003). En tanto que los proyectos concurrentes de los movimientos sociales se sobre-determinaron en las movilizaciones sociales de mayo y junio del 2005. El desenlace no se dio por este lado, aunque los proyectos autogestionarios siguen latentes. En este caso, desaparecen las instituciones estatales para ser sustituidas por formas plurales de organización social. El último escenario, de acuerdo al dibujo hipotético que hemos hecho, es el relativo al caos, queriendo decir con esto que ningún proyecto se impone, ningún escenario se culmina, y todo queda a la concurrencia directa de las fuerzas y de la violencia. En este caso no se puede hablar de institucionalidad, tampoco de expansión organizacional de las asociaciones de productores, sino del enfrentamiento directo de las fuerzas.
Teniendo en cuenta este panorama con distintos escenarios posibles, los mismos que nos dibujan el laberinto de la encrucijada que debemos atravesar, vemos que la exigencia del momento es muy grande. ¿Se trata de optar? ¿Se trata de voluntad política? ¿Se trata de las condiciones de posibilidad históricas? ¿O se trata de los límites económicos, como la interpretación economicista predice? ¿De qué depende el desenlace efectivo, lo que vaya a ocurrir? Estas son las preguntas que hay que responder de una manera abierta, sin sesgos, ni buscando culpables. Hay que hacer un análisis crítico de la coyuntura y del proceso que comprenda la complejidad histórico-política de la encrucijada que hay que sortear. Un análisis crítico de las fuerzas, pero también de las organizaciones e instituciones involucradas, un análisis crítico de los sujetos, de los diferentes posicionamientos de los sujetos, pero también de los discursos y los imaginarios involucrados. En este sentido una análisis crítico de las conductas y comportamientos, pero también de las prácticas perdurables. Todos estos análisis también exigen un análisis crítico de las percepciones económicas en juego, sobre todo las dominantes al momento de la toma de decisiones.
Antes de entrar al análisis múltiple de las fuerzas y los sujetos, de las condiciones y los dispositivos, vamos a remarcar la relación de algunos escenarios con las formas políticas de resolución. Para el caso del escenario de la restauración perversa del Estado, no se requiere transformaciones institucionales, tampoco profundización de la democracia, menos participación. La restauración es la inercia de lo mismo, empero el retorno, la permanencia en el tiempo, convierten a la maquinaria heredada en cada vez más pesada, cada vez más atroz, cada vez más perversa, intentando revitalizarse o mas bien desviarse por rutas informales, marginales, secretas, como son las relativas a las relaciones clientelares, prebendales, corrosivas, corruptas, de la economía política del chantaje. Para restaurar sólo se requiere de la manipulación discursiva y publicitaria, de la demagogia, que buscará crear la imagen del cambio, cuando efectivamente nos encaminamos por los laberintos de la restauración. Solo se requiere completar la intersección del teatro, la escenificación, y la política, subsumiendo a la población en el imaginario del teatro político. Todo esto conduce a la reducida legitimidad cuantitativa de la verificación electoral. Se trata de repetir cíclicamente la restauración mediante la reiteración del voto. Para eso es menester mantener convencida a la población de los grandes cambios, que no son otra cosa que grandes cambios publicitarios.
En lo que respecta al escenario de la reforma estatal, se requieren reformas institucionales, se requiere adecuar el aparato de Estado a los fines propuestos por programas orientados a la redistribución de los ingresos, a mejorar los sistemas de trabajo, de salud y de educación, sobre la base de una reforma económica encaminada a abastecer el mercado interno mediante la sustitución de importaciones, por lo tanto teniendo en cuenta una planificación de la industrialización. Este Estado regulador e interventor se ocupa de la economía buscando controlar las perturbaciones contingentes del mercado y los condicionamientos de los monopolios de las empresas trasnacionales en el mercado internacional. Las reformas estatales no solo están enfocadas desde la perspectiva de la modernización sino también orientadas a la inversión social y a cumplir con las demandas sociales. En este caso los discursos tienen que venir acompañados por políticas efectivas, por medidas de impacto social, por lo tanto, para el cumplimiento de estos objetivos, la maquinaria estatal debe modificarse adecuándose a las tareas de las reformas política, económica y social.
El escenario más exigente es el de las transformaciones del Estado. En este caso se requiere inventar un nuevo Estado, construir una nueva forma, un nuevo contenido y una nueva expresión del Estado. Esto quiere decir construir una nueva maquinaria con tecnologías que integren lo cultural, lo social, lo económico y lo político; hablamos de un Estado que responde al sistema político de la democracia participativa, al ejercicio plural de la democracia, entendida como directa, representativa y comunitaria. Por lo tanto no se trata de un Estado construido a partir de la diferencia entre Estado y sociedad civil, como ocurre con el Estado liberal, sino mas bien de un Estado entendido como instrumento de la sociedad, un Estado que responde a las iniciativas de la sociedad, un Estado atravesado y transformado por la participación social. Este es pues el desafío de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Este Estado tiene tres ejes fuertes de transformación, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica. Estos tres ejes configuran las transformaciones institucionales de acuerdo a las condiciones mencionadas. Entonces se puede decir que se produce una apropiación plurinacional del Estado, así como una apropiación comunitaria y una apropiación autonómica del Estado. Esta nueva complejidad del Estado lo conecta a la profusa hermenéutica práctica de la interculturalidad, convirtiendo a esta forma política en un espacio apropiado para las interpretaciones, conexiones, transformaciones valóricas, simbólicas e imaginarias. En otras palabras, las naciones tienen que estar plenamente presentes en la forma de Estado. La nueva complejidad también conecta al Estado a la actualización, emergencia e invención de lo comunitario. Las estructuras comunitarias, como el ayllu, las tentas y las capitanías, así como otras formas emergentes e inventadas como alternativas al capitalismo forman parte del Estado, e irradian las normas, reglas y procedimientos a la praxis política. Así mismo la nueva complejidad conecta al Estado a los enfoques territoriales, regionales y eco-sistémicos. Se produce entonces un descentramiento, una descentralización administrativa y política, que plantean una nueva articulación e integración mas bien congruente con la diversidad y la pluralidad. La reinvención del Estado en el escenario de la transformación del Estado amplia la complejidad heurística del Estado pero a su vez crea amplios y profundos niveles de cohesión e integración articulando la diversidad en su diferencia. Esta transformación del Estado implica una profundización de la democracia y del ejercicio democrático en el contexto de los detalles y la participación social.
Deberíamos concentrarnos en estos tres escenarios, el correspondiente a la restauración del Estado, el relativo a las reformas estatales y el referido a la transformación estatal, dejando pendientes el escenario de las asociaciones autogestionarias y productivas, por un lado, y el escenario problemático del caos políticos, debido a las grandes dificultades que se tiene dibujar estos escenarios, no sólo por la falta de información sino también de tratar las condiciones de posibilidad histórica y los niveles problemáticos del último escenario. Sin embargo, podemos decir algunas cosas sobre el escenario de las asociaciones autogestionarias, escenario que no es descartable de ninguna manera, que además se puede combinar con el escenario de la transformación estatal. La hipótesis de interpretación propuesta en este caso es que se puede dar una transición larga hacia este escenario, que requiere resolver problemas de dominación y hegemonía a nivel mundial, así como problemas relativos a la constitución de sujetos libres. La utopía de las asociaciones autogestionarias libres es posible en la medida que se generen profusos y proliferantes niveles de coordinación y armonización complementarias en los múltiples niveles de relacionamiento social, político, económico, cultural e internacional.
Análisis múltiple de las fuerzas, las instituciones, las organizaciones y los sujetos
¿Qué fuerzas están involucradas? ¿Cómo visualizar estas fuerzas? La fuerza es un concepto abstracto, sin embargo no muy diferente a otros conceptos usuales en las llamadas ciencias sociales, la sociología, la antropología, la ciencia política e incluso la economía, si la consideramos ciencia social. Empero, el concepto de fuerza viene de la física; varias veces las ciencias sociales han estado tentadas de desarrollar una metodología física en las ramas sociales. Ya Auguste Comte nos hablaba de una fisiología social; aunque esta no era otra cosa que la perspectiva positiva, que consideraba atender a lo real, enfrentada a la perspectiva que consideraba que atendía lo negativo y lo abstracto de Voltaire y Rousseau. La metodología y epistemología positivista tuvieron una fuerte influencia en las corrientes empiristas de las ciencias sociales; sin embargo, a pesar de la pretensión, desarrollar ciencias empíricas, positivas, que traten de los fenómenos reales, no terminaron de trabajar adecuadamente el concepto de fuerza. Paradójicamente, la re-conceptualización de las fuerzas se dará desde el lado filosófico, desde una perspectiva mas bien vitalista, vinculada a las interpretaciones de los escritos intempestivos de Friedrich Nietzsche, que trabaja el concepto de cuerpo, recogiendo una tradición espinosista. Después de un largo estudio de la obra de Nietzsche, Michel Foucault re-trabaja el concepto de fuerza para describir las relaciones de poder, definidas precisamente como relaciones de fuerza. Desplaza de este modo la discusión política, sociológica, antropológica y psicológica a otros terrenos, el de los diagramas de poder, de los agenciamientos de poder, de los campos de fuerzas. Se produce un replanteo completo del modo de ver la política, la sociedad, la cultura y al sujeto. Podríamos decir que esta es una ruptura epistemológica, obviamente no bien aceptada por los científicos sociales, que terminan descolocados ante este desplazamiento. Tampoco los filósofos miraran con buenos ojos esta irrupción arqueológica, genealógica y hermenéutica; mucho menos los marxistas, salvo Antonio Negri, quien es capaz de articular las críticas del poder, del saber y del sujeto a la crítica renovada del capitalismo. También los culturalistas terminan desechando los aportes de la crítica de la epistemología, de la crítica del poder, de la crítica de la modernidad, sencillamente porque proviene de occidente. Esta postura fundamentalista cree que se puede construir un pensamiento propio desmarcándose de occidente, incluso de las propias críticas de la cultura occidental, la modernidad, y las críticas del capitalismo. Estas posiciones olvidan que la construcción de un pensamiento propio no es posible sino en la hermenéutica entre los distintos horizontes culturales, ciertamente centrándose en la perspectiva de los valores y símbolos ancestrales propios. Esta demarcación fundamentalista nos lleva al encaracolamiento enquistado del localismo sin posibilidades de irradiar ni de proyectar hegemonía. Este encaracolamiento también ha sido dramático en las corrientes marxistas que no siguieron la costumbre de sus fundadores de discutir con las concepciones avanzadas de la época. Los fundamentalismo demarcan violentamente su distinción empero terminan proponiendo proyectos reformistas, en el fondo repiten de alguna manera disidencias teóricas modernas usadas para pensar su propias diferencias. No han podido avanzar en la interpretación radical de las cosmovisiones indígenas, que necesariamente tiene que hacerse en el ámbito de la contrastación de sistemas simbólicos, culturales y epistemológicos. En gran parte son posturas para defender privilegios académicos o de territorios privados, supuestos monopolios de saberes secretos. Otras versiones rayan en el retorno al teologismo, acompañando al pesimismo postmodernos en la búsqueda insaciable de un más allá. Hay que distinguir estas preocupaciones de la necesidad de entender e interpretar las formas, los contenidos, las expresiones de las espiritualidades ancestrales, de la perplejidad ante lo sagrado. De la misma manera hay que situarse críticamente ante rescates apresurados de los “usos” y “costumbres” que muchas veces resultan mas bien costumbres renacentistas de los primeros periodos coloniales, hibridaciones medioevales y nativas[23]. La perspectiva descolonizadora requiere de una comprensión crítica y profunda de la historia, así como de la historia crítica. Al respecto quisiera citar algunos trabajos inéditos de Jiovanny Samanamud, joven crítico e investigador, quien apertura nuevas vetas de la discusión sobre descolonización desde un cuestionamiento a las epistemes de la modernidad, en este mismo camino se abre a nuevas perspectivas de las interpretaciones de las espiritualidades ancestrales. Entre los artículos que podemos citar se encuentran: 25 de enero, el cambio de la flecha de la historia, Hacia una arquitectónica del proceso Constituyente, Revolución y transformación: ensayo sobre la experiencia humana de la liberación desde una fuente “no moderna”. En este sentido, nuestra ubicación puede entenderse como el de la construcción de un pensamiento crítico y propio en el contexto de la hermenéutica de horizontes histórico-culturales y de horizontes epistemológicos.
Lo que interesa es situarnos en esta ruptura epistemológica y usar a partir de ella el concepto de fuerza para visualizar el campo de fuerzas en Bolivia en la coyuntura de transición. Partamos de la siguiente proposición: El poder es una relación de fuerzas. Fuerzas que afecten y fuerzas afectadas. Fuerzas que hacen de función de poder y fuerzas que hacen de materia de poder. ¿De qué fuerzas hablamos? Hablamos de fuerzas que se mueven en el campo político, en el campo social, en el campo económico, en el campo cultural, fuerzas que presionan, tensionan, inducen, chocan, inciden, fuerzas que en definitiva configuran los campos y recorren los territorios, definen espacios y atraviesan los cuerpos. Fuerzas agrupadas, conglomeradas, que forman bloques o flujos de ataque. Fuerzas compactas, ordenadas y organizadas en instituciones, fuerzas dispersas y bullentes en las calles, fuerzas distribuidas en los territorios. Fuerzas movilizadas y fuerzas de contención. Fuerzas de dominio y fuerzas de resistencia. ¿Cómo actúan las fuerzas, unas respecto de otras? Obviamente la relación no es directa, salvo en las guerras; incluso se da el caso que en las guerras contemporáneas, los combatientes no se ven. Todo se produce, pero no se ven. Los que ven son los espectadores de los noticiosos televisados. Todo se produce en contextos largamente preparados, medianamente preparados o inmediatos e improvisados. Todo depende de las circunstancias y las condicionantes. Las fuerzas requieren de disposiciones, dispositivos y agenciamientos, requieren de espacios estriados o lisos, de territorios, con sus espesores y configuraciones, de estructuras, que les permitan circular y ejercer su potencia. Las fuerzas se relacionan con otras fuerzas a través de tecnologías, discursos y prácticas. Por eso tenemos que hablar de mapas, de formaciones y conductas, también de cartografías, saberes y posicionamientos del sujeto. Las fuerzas no se dan por sí solas sino por condiciones de posibilidad, por campos de posibilidad y espacios de efectuación. Hay que comprender todo este contexto, toda su composición, que podemos llamarlo diagrama de fuerzas. A partir de estas premisas podemos abordar el análisis de las fuerzas en la coyuntura.
Los campos de fuerza en la coyuntura
¿Cómo dibujar estos campos de fuerzas y en cada uno su propia configuración? La tarea no es fácil si tomamos en cuenta lo que hemos dicho más arriba; tenemos que relacionar las fuerzas con sus contextos, sus mapas institucionales, sus agenciamientos, sus disposiciones y dispositivos, además de sus prácticas. Parece que conviene comenzar por el Estado como campo de fuerzas, para luego seguir con un conjunto de campos de fuerzas territoriales, mas bien regionalizados y localizados. Obviamente no podemos dejar de comprender que estos campos de fuerzas forman parte también de campos de fuerzas más macros, campos de fuerzas regionales, campos de fuerza geopolíticos, campos de fuerzas mundiales.
El campo de fuerzas del Estado se compone a su vez por varios niveles. No necesariamente un primer nivel, sino el más extenso, es el relativo a los aparatos de Estado, que comprende al aparato propiamente político, que se corresponde con la maquinaria gubernamental. Obviamente no es el único aparato de Estado, hay varios, están el aparato educativo, cultural y comunicacional; también el sedimentado aparato jurídico, transversal a las prácticas de los otros aparatos; los aparatos de emergencia del Estado, que son las Fuerzas Armadas y la Policía, así mismo están los sistemas descentralizados y autónomos, el sistema municipal y el sistema de gobernaciones, en este terreno también deberíamos empezar a contar con el sistema de las autonomías indígenas. Además del aparato político se puede describir el aparato económico, que si bien se intersecta en parte con el aparato gubernamental y el aparato jurídico, por la normativa, las regulaciones y los procedimientos, tiene su propio espacio de realización, utilizando la infraestructura y la estructura logística que le permite circular y fluir. Un núcleo de importancia para el funcionamiento económico es el sistema financiero, que viabiliza las actividades económicas a través de múltiples transacciones y operaciones, además claro está de sostener la capacidad de ahorro y crédito. Este sistema financiero ciertamente se halla vinculado o amparado por la normativa específica vigente, pero también se encuentra vinculada a los circuitos de capital internacional y los circuitos de capital en el interior del país. En lo que respecta a la normativa, su relación con el Banco Central es importante. Ahí es donde podemos ver el carácter liberal o regulador del Estado con el sistema financiero. Por otra parte también es imprescindible comprender las relaciones del sistema financiero del país con el sistema financiero internacional, tanto con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, como otros organismos internacionales de cooperación, así también considerar la relación con la banca privada internacional. También es importante comprender la relación del sistema financiero con el complejo productivo, así mismo con el complejo comercial y de los mercados. Del mismo modo y en esa extensión, comprender la relación del sistema financiero con los ahorristas ciudadanos, con las cajas de ahorros, de seguros y las AFPs. De lo que se trata es de averiguar sobre la autonomía relativa de los complejos productivos, comerciales, de ahorro, o de su relativa dependencia respecto al sistema financiero. Lo importante en este caso es definir dominios. En lo que respecta al campo económico es importante identificar los recorridos específicos de los mercados concretos, sus circulaciones, sus obstáculos, sus ritmos y sus problemas.
Entre el campo político y el campo económico hay intersecciones, más bien entrelazamientos, diremos articulaciones complejas. Circuitos y políticas se entrecruzan, producciones y formas administrativas se articulan, mercados e instituciones se superponen; lo que demuestra que la realidad se da de una manera integrada, compuesta, no analítica. Esta complejidad es un desafío para la teoría que necesita separar para analizar. Lo que evidencia que lo que se analiza es lo separado, por lo tanto ya lo abstracto, las representaciones, no la dinámica misma de lo que acontece. Son estas articulaciones específicas y complejas las que deben ser pensadas para entender los problemas que plantean las coyunturas y los periodos, donde se puede configurar el despliegue de los procesos. Con esta mirada de las articulaciones y composiciones complejas se puede visualizar las dificultades y los obstáculos que impiden a un proceso desprenderse de las resistencias al cambio. Por ejemplo, nos haríamos al respecto una pregunta: ¿Cómo puede esperarse el cambio hacia el modelo productivo si no se transforman las políticas, las formas administrativas y las instituciones? La realización del modelo productivo no es llevar a efecto un discurso, ni siquiera un plan, sólo es posible mediante la transformación de las condiciones de posibilidad, el contexto donde se tiene que desprender el modelo productivo, por lo tanto requiere de la transformación institucional, administrativa, de normas, políticas, conductas, comportamientos y práctica. Así mismo el modelo productivo requiere de una predisposición, de una disposición y de posicionamientos del sujeto adecuados, por lo tanto de la constitución de sujetos producentes. El modelo productivo requiere de una transformación integral de las condiciones, de los instrumentos y de las prácticas. Este enfoque apunta a una revolución cultural, de las conductas, de los comportamientos y de las prácticas. Al respecto, cuando hablamos de modelo productivo no estamos hablando de un modelo de explotación sino de un modelo que articula las capacidades, las potencialidades, la creatividad de las fuerzas y sujetos involucrados en la transformación armónica. Este modelo productivo es distinto a los modelos desprendidos por el capitalismo, pues no se basa en la explotación de la fuerza de trabajo y en la explotación de los recursos naturales, sino en la conjunción armónica de las fuerzas y los ecosistemas. Lo que no quiere decir negar la industrialización sino subsumirla a las lógicas de la vida, a los ciclos vitales, a las interrelaciones involucradas en procesos de complementariedad y de transformación. Lo que queremos decir es que en la medida que tengamos los esquemas capitalistas y los modelos derivados del paradigma de la revolución industrial no se va hacer otra cosa que repetir las formas perversas de producción, de acumulación de capital, que terminan consolidado las formas de dependencia y reproduciendo el modelo extractivista de distintas maneras y combinaciones, contando incluso, si se logran levantar sectores industriales, con formas industriales subordinadas a la acumulación ampliada de capital en escala mundial. La perspectiva emancipadora y creativa es que otro modo de producción es posible.
Antes de entrar a la complejidad de los otros aparatos de Estado sería bueno detenernos en las articulaciones entre el campo político y el campo económico. Para eso va a ser indispensable una breve descripción de la económica y del mapa político de Bolivia. Podemos decir que el peso de la economía y la base económica radican en la explotación extractivista, primero minera y después hidrocarburífera, ahora en combinación, sosteniendo todo el funcionamiento económico del país. Ciertamente a esto hay que agregarle una leve tendencia a la diversificación de la producción y las exportaciones con el crecimiento, todavía incipiente, de la producción agrícola y pecuaria, en la perspectiva cada vez más insistente de la exportación que a satisfacer las demandas del mercado interno. Históricamente primero la plata y después el estaño han sido los rubros de conexión más fuertes con el mercado internacional. Se dice que en un tiempo se consideró que Bolivia contenía las reservas más grandes oro y plata, también fue el principal productor del estaño a principios del siglo XX. A fines del siglo XX y principio del siglo XXI sus principales exportaciones se concentran en los hidrocarburos, principalmente gas, al Brasil y la Argentina, también se exporta plata, zinc y se sigue exportando estaño, aprovechando el incremento de los precios de los minerales. En lo que respecta a la agricultura, el principal producto de exportación es la soya. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar a la ganadería, a la producción de azúcar y de arroz, destinados en gran parte al mercado interno, empero con tendencia a participar también en el mercado externo. El aporte de la economía campesina y comunitaria no está cuantificado en el cálculo de los indicadores macroeconómicos, lo que habla mal de la debilidad y adecuación de estos indicadores, empero parte de la alimentación de los bolivianos se debe a la producción campesina y comunitaria, principalmente de la papa y de verduras.
Ahora bien, cuál es el mapa empresarial en la minería, los hidrocarburos y los sectores agropecuarios. En la minería, desde la implantación del proyecto neoliberal (1985), la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) dejo de ser el complejo empresarial estatal que conformaba el monopolio de la explotación minera, aunque compartía la explotación minera con la llamada minería mediana y la minería chica, además de la cooperativa. La explotación minera fue entregada a la empresa privada, principalmente trasnacional. Estas empresas trasnacionales se llevaron del país más de 4 000 millones de dólares entre 1996 y 2005, dejando apenas menos de 100 millones de dólares al Estado por distintos conceptos. Del 2005 al 2010 esta situación no ha cambiado, con la diferencia que se ha ido acrecentando el monopolio de las empresas trasnacionales. Llama la atención el caso de la mina San Cristóbal, que llega a exportar minerales con un valor aproximado a 1000 millones de dólares, dejando al Estado pírricos tributos y regalías. Se dice que por cada 100 dólares que genera la minería 98 se llevan las trasnacionales, las empresas privadas nacionales y las cooperativas. Un balance coyuntural para el año 1997 arrojaba el siguiente balance:
Las empresas mineras exportaron $us 520 millones y sólo aportaron al país con $us 11 millones. Hasta 1997, las regalías del sector eran del 35%, luego con algunas modificaciones se llegó a rebajar hasta 1,5%[24].
Este es el impacto del proyecto neoliberal, bajar las regalías hasta casi hacerlas desaparecer, dejando de percibir de esta manera el 93% de las regalías que recibía el Estado. Ese 1,5% expresa claramente el sentido de soberanía y de Estado que tenía el proyecto neoliberal. El balance sigue:
El nuevo Código de Minería, aprobado en la primera gestión de gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, revela que en el 2004 las transnacionales mineras exportaron por un valor total de $us 520 millones, de los cuales pagaron a Bolivia apenas $us 11 millones.
Como se puede ver la participación del Estado en el beneficio de esas exportaciones es de apenas el 2%. La razón de la bajísima tributación de las empresas al Estado es que se optó por una política de incentivos en un periodo de bajos precios de los minerales, sin embargo la misma situación se siguió manteniendo cuando los precios de los minerales subieron. ¿Cuál la razón? ¿Incentivo a las empresas privadas? ¿Acaso no es suficiente su supe-ganancias? ¿Por qué se castiga al Estado y al pueblo boliviano, que es propietario de los recursos naturales? En el balance se dice que:
Estas condiciones, extremadamente favorables para las empresas mineras, fueron aprobadas en 1996, con el argumento de atraer inversiones para este sector. En esos años, la cotización de los minerales había bajado y esa fue otra de las razones para que se permita a las empresas que exportan minerales pagar sólo el Impuesto a las Utilidades de las Empresas (IUE), del 25% y el Impuesto Complementario
a la Minería (ICM) que oscila entre el 3 y el 5%. Las empresas que venden minerales en Bolivia pagan además el Impuesto al Valor Agregado (IVA), del 13% y el Impuesto a las Transacciones (IT), del 5%.
Como se puede ver, las regalías son sumamente bajas para la minería. Los impuestos no compensan esta situación. Recogiendo el balance del periodo vemos que sólo el 13% del valor de las exportaciones corresponde a regalías y el 7% al impuesto a las utilidades mineras. Es indispensable por lo bajo, como mínimo, subir las regalías. Se ha dicho que por lo menos la regalías debía subir hasta el 40%. Sin embargo, el problema no termina de resolverse ahí, pues de lo que se trata es de recuperar el control del proceso productivo minero por parte del pueblo boliviano y su instrumento administrativo que es el Estado, desde la exploración hasta la comercialización, pasando por explotación, los procedimientos de recuperación en los ingenios, exigiendo la llegada a la fundición, en el mejor caso a las aleaciones. Esto pasa por convertir a COMIBOL en el gran complejo minero de Bolivia, sacándola de su letargo meramente administrativo y burocrático. ¿Qué significa esto? Una nueva nacionalización de la minería en Bolivia.
Un ejemplo claro es lo que pasa con la mina San Cristóbal. Se trata de los más grandes yacimientos mineralógicos existentes en suelo; se clasifica a San Cristóbal como la mina de plata a cielo abierto más grande del mundo, en proceso de extracción. Se ha instalado uno de los sistemas de extracción más sofisticados y de tecnología avanzada en la región de Nor Lípez del departamento de Potosí. Un informe de la misma empresa Minera San Cristóbal describe el tamaño de sus actividades:
Cada año, y en promedio durante los primeros cinco años, la mina producirá aproximadamente 1.300 toneladas métricas/día de concentrados de zinc-plata y 300 toneladas métricas/día de concentrados de plomo-plata, llegando a un volumen aproximado de 600.000 toneladas anuales de concentrados. Para ello, se movilizarán 150.000 toneladas diarias de material con un promedio de leyes de cabeza de 1,60% de zinc; 0,59% de plomo y 63 gr. /tonelada de plata. De este volumen, la planta procesará 40.000 toneladas diarias a través de un circuito de molinos SAG (semi-autógeno) y dos molinos de bolas con dos etapas de flotación, filtrado y secado.
Las dimensiones de la explotación son gigantescas. Pero, ¿a quién beneficia? El mismo informe dice que:
Minera San Cristóbal S.A. (MSC) es una empresa minera boliviana. Sus accionistas son Apex Silver Mines Limited (Apex) y, desde septiembre de 2006, Sumitomo Corporation de Japón.
En un informe del CEDLA se hace un balance exhaustivo de la relación entre las empresas que explotan San Cristóbal y el Estado boliviano. La conclusión que saca es categórica:
Aunque el presidente Evo Morales dijo poner fin “al saqueo de los recursos naturales” y “al modelo económico subastador” de anteriores gobiernos, el Gobierno actual promueve una política de exportación masiva como medio para incrementar los ingresos fiscales, relegando la posibilidad de industrializar la producción minera, lo que es corroborado por el megaproyecto San Cristóbal.
El informe continua:
En el 2007, por concepto de ICM, el PSC generaría alrededor de 10 millones de dólares, correspondiente a tres meses, y en el 2008, aproximadamente 40 millones de dólares por exportaciones con un valor mayor a 800 millones de dólares. Comparando estos resultados con los 45 millones de dólares de ICM obtenidos en el 2006 por la exportación de minerales con un valor de 1.000 millones de dólares, el PSC prácticamente duplicaría los ingresos fiscales provenientes de la minería. Asimismo, con la puesta en operación del PSC, el ICM del departamento de Potosí alcanzaría a 63 millones de dólares en el 2008, cuando el proyecto minero opere a plena capacidad, lo que representará casi el triple de su equivalente en el 2006. Sin embargo, se debe considerar que este incremento absoluto de ingresos fiscales, oculta el hecho de que en ningún caso los mismos superarán el 5% del valor de la producción. Además, los ingresos de 45 millones de dólares del 2006 corresponden a los impuestos pagados por la explotación de minerales de menor precio. En realidad, la porción que dejará la empresa para el Estado boliviano está constituida por el pago del Impuesto Complementario Minero (ICM), bajo la figura de regalía al departamento de Potosí. Este impuesto alcanzará el tope máximo de 5% del valor de las exportaciones, situación que no cambia, en lo fundamental, lo sucedido durante toda la etapa neoliberal.
La persistencia del régimen tributario permite a las empresas obtener ganancias extraordinarias. Aunque los precios de la plata se incrementen en el mercado internacional, la tasa máxima del ICM para este proyecto será de 5%, que corresponde al impuesto de los concentrados de zinc-plata y depende de la cotización del zinc, un mineral mucho más barato que la plata. De este modo, la diferencia entre los costos y los precios favorecerá directa y únicamente a la empresa exportadora y no al Estado.
Esta es la dramática situación. El Estado no llega obtener sino un valor del 5% por concepto de Impuesto Complementario Minero sobre el valor de las exportaciones. ¿Por qué se insiste entontes en garantizar la inversión de capital extranjero? ¿Qué se busca? ¿Solamente ingresos, que son pírricos si comparamos con el movimiento de capitales de inversión, de exportación y las ganancias de las empresas? ¿Industrialización? La fundición de los minerales no se va a dar en Bolivia, sino en las fundiciones instaladas en otros países:
No habrá ningún proceso de industrialización, la fundición y refinación se realizará fuera del país. Para ello, la empresa ha suscrito acuerdos de venta de largo plazo para aproximadamente el 80% de su producción planeada, de los concentrados de zinc-plata y plomo-plata, con fundiciones de Europa, Asia y Australia.
¿Cuál es objeto de depredar el medio ambiente, cuyos costos no se han cuantificado, dejando tremendas excavaciones, que no benefician sino al proceso de acumulación de capital del sistema-mundo capitalista? ¿Por qué no se cambió el concepto, la estructura, la normativa minera, de tal manera que se sienten las condiciones iniciales de articular un verdadero modelo productivo, que tenga efectos acumulativos propios, relacionándolo a la soberanía alimentaria y al equilibrio, la complementariedad y la integración armónica con los ecosistemas? ¿Cuánto ha cambiado la realidad de la región de Potosí desde la llegada de las empresas que explotan San Cristóbal? ¿Ha mejorado? ¿Se cumple con lo establecido con la Constitución? ¿Se ha exigido la migración de contratos? ¿Se ha preguntado al propietario de los recursos naturales, el pueblo boliviano, qué se debería hacer con estos ingentes recursos naturales, de plata, de zinc, de plomo? Estas son las preguntas que deberían permitirnos entender esta compleja articulación entre el campo político y el campo económico, lo que pasa con las fuerzas y sus contextos.
Hipótesis del diagrama de la subsunción
Ciertamente hay distintos niveles de la realidad y todavía no hemos llegado a comprender la complejidad de lo que llamamos universo, también cosmos, que quizás sea mejor nombrarlos como pluriverso, tampoco conocemos del todo lo que ocurre en los niveles subatómicos, y se está comenzando a estudiar la antimateria. Quizás cambien nuestras percepciones desde que vivimos la incidencia de la física cuántica en otros campos de interpretación; las primeras repercusiones se han hecho sentir en las llamadas teorías de la complejidad. Sin embargo, debemos dar cuenta de ese nivel inmediato de la realidad que nos afecta, que repercute en nuestras vidas cotidianas, debemos dar cuenta por ejemplo de los condicionamientos del sistema-mundo capitalista en los contextos de sus periferias, responder a las preguntas que tienen que ver con las siguientes cuestionantes: ¿Por qué no se sale de los círculos viciosos de la dependencia? ¿Por qué las utopías no se realizan, entendiendo utopías también como proyectos latentes? ¿Por qué es tan difícil la descolonización? ¿Qué pasa con las otras instituciones y formas civilizatorias contenidas en el contexto hegemónico capitalista, como las relativas a las formas de complementariedad y reciprocidad inscritas en la forma Ayllu? Obviamente no se trata de disputar contra la modernidad y el capitalismo desde el escritorio, no es una competencia de ideas, tampoco una concurrencia de discursos, como creía Jürgen Habermas, sino una correlación de fuerzas en campos de realidad efectivos. A este campo de lucha la modernidad le ha dado el nombre de política. Tratemos de entender cómo se resuelven o pueden realizar los proyectos en estos terrenos, no solamente en el espacio del convencimiento, la filosofía o la retórica. Ahora bien, es posible que en un mundo interconectado todo esté integrado e interrelacionado, pero no de una manera directa, pues interpretar de esta manera sería un reduccionismo, pasaríamos del reduccionismo geográfico al reduccionismo atómico, llamémoslo reduccionismo cuántico, pasando por el reduccionismo economicista. Para decirlo en términos sencillos y no del todo adecuados, las “mediaciones” son evidentes, hay que tomarlas en cuenta, forman parte de los niveles de realidad. Es indispensable distinguir esas diferencias, pues de lo contrario pecaríamos de caer en un nuevo determinismo. En el caso que nos compete es imprescindible entender las formas, los medios, los acondicionamientos, del capitalismo en las periferias dominadas por el centro del sistema-mundo capitalista. Y en este contexto, el papel y la función que cumple el Estado.
La hipótesis sobre la que trabajamos el análisis establece que:
El Estado-nación subalterno de las periferias del centro del sistema-mundo capitalista forma parte del fabuloso complejo de sistemas y redes de aparatos, dispositivos y agenciamientos de la acumulación ampliada de capital, combinada perversamente con la persistencia y repetición anacrónica de la acumulación originaria de capital. Los Estado-nación subalternos están para administrar de la mejor manera posible la transferencia de riqueza y de valores desde las periferias a los centros de acumulación ampliada de capital. Mientras estas maquinarias estatales estén subordinadas al arden mundial, a la hegemonía mundial, en tiempos de crisis, a la dominación a secas mundial, es prácticamente imposible pensar en salidas emancipatorias y de liberación. Esta fue la ilusión del proyecto de sustitución de importaciones que trató por la vía del Estado interventor y regulador escapar de la dependencia y el llamado “subdesarrollo”, pero no pudieron hacerlo. En el mejor de los casos lograron convertirse en potencias emergentes, como el caso de Brasil, o en incompletos sistemas industriales que trataron de cubrir las demandas del mercado interno, como en el caso de Argentina y México. Pero, en realidad terminaron abriendo nuevos mecanismos dependencia en lo que respecta a la transferencia tecnológica y al capital financiero. En un mundo globalizado e interdependiente, cuya lógica sigue siendo la de la acumulación de capital, la incidencia de las potencias emergentes y de los países que logran cubrir parcialmente la demanda de su mercado interno, no es de lograr la independencia sino de reforzar las formas de articulación y dependencia respecto a las transformaciones estructurales dadas en el ciclo del capitalismo vigente.
Esta enseñanza histórica nos muestra que para poder incursionar efectivamente en los horizontes alternativos a la dependencia se debe demoler estas maquinarias herederas y reformadas del colonialismo, los Estado-nación subalternos. Se debe construir formas políticas alternativas. Ahora bien, ¿cuáles son estas formas políticas alternativas?
En Bolivia y Ecuador los procesos constituyentes abiertos por las luchas sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios, han dado lugar a constituciones que postulan el Estado plurinacional, que desde la perspectiva de las organizaciones indígenas es el camino efectivo de la descolonización. Ciertamente se trata de una transición, que debe ser transformadora, llevando a cabo transformaciones estructurales, transformaciones institucionales y cambando las condiciones de posibilidad histórica, en la perspectiva de la descolonización y de la construcción de modelos alternativos al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Esta es la posición viabilizada por las luchas sociales. Empero frente a esta alternativa se han fijado y planteado resistencias; quizás la más importante es la que tiene que ver con la mantención del Estado-nación, sólo incorporando cambios retóricos, discursivos, simbólicos, adornos y barnices. Esta posición, que es pragmática, es la más peligrosa, pues suplanta la voluntad colectiva hacia el cambio y la descolonización por el realismo político que va repetir, en el mejor de los casos, la historia del proyecto de sustitución de importaciones, y en el peor de los casos, a continuar por otros caminos el proyecto neoliberal. Las otras resistencias son menos peligrosas, pues no cuentan con la correlación de fuerzas y se encuentran debilitadas, pero de cualquier manera se manifiestan. Entre estas resistencias se encuentran las posiciones institucionalistas que reclaman el funcionamiento del Estado de Derecho, supuestamente el mejor invento de la racionalidad moderna, olvidando lo que ocurre en todas partes del mundo y podemos identificar con la degeneración de la política y su conversión manipulada en publicistica. En esta secuencia, también aparecen las resistencias de las oligarquías regionales que defienden sus privilegios de clase, de casta, de monopolio de la tierra y dominio comercial, incursionando en el mercado externo. Estas oligarquías generalmente tienden a reproducir su apego al proyecto neoliberal. Ampliando este contexto, también han aparecido voces aparentemente fundamentalistas que critican al Estado plurinacional por su inherente contradicción y confusión pluralista. Como alternativa plantean un proyecto que llamaremos culturalista, como el relativo a la forma Ayllu. Planteamiento que compartimos, sin embargo, de lo que se trata es de hacerlo viable. ¿Cómo? ¿Con un tinku? ¿Un encuentro dual entre modernidad y no-modernidad, entre intercambio y reciprocidad? Para comenzar hay que distinguir que el tinku se da entre similares, entre los de la parcialidad de “arriba” y los de la parcialidad de “abajo”, los de aran y los de urin; no se da entre cualitativamente distintos, menos entre civilizaciones diferentes. Lo que se ha dado cuando ha habido este encuentro es una dominación a secas del modelo del intercambio sobre el modelo de reciprocidades, supeditándolo, situación que el mismo Dominique Temple reconoce[25]. ¿Vamos a proponer este encuentro como el que se ha dado con la Conquista y los primeros periodos de la Colonia? ¿Qué nos garantiza que no vuelva a ocurrir lo mismo? ¿O es que creemos ingenuamente que puede darse un equilibrio o una dominación del proyecto alternativo basado en las reciprocidades, invirtiendo la situación, esta vez con la supeditación del modelo del intercambio al modelo de reciprocidades? El problema de estas posiciones, que subestiman el predominio, la hegemonía y la dominación capitalista, que no vinculan, como debería hacérselo, el colonialismo con el capitalismo, como procedimiento violento de expansión capitalista, vinculado a la acumulación originaria de capital, es que terminan siendo proyectos reformistas, que terminan defendiendo el Estado liberal, el Estado-nación, por lo tanto las formas del Estado colonial. Estas posiciones se sienten más cómodas planteando proyectos abstractos sin vinculación política, despreciando el espacio práctico de realización que es la política, por lo tanto se sienten más cómodos acepando en efectivamente el estado actual de cosas, la configuración de las formas de dominación polimorfas presentes, dadas en las condiciones del Estado-nación, incluso defendiendo el Estado de derecho y la división de poderes liberal. Prefieren mantener el Estado, en su condición de Estado-nación, que asumir los desafíos de la transición. La crítica intelectual al Estado plurinacional en realidad es la manifestación de una gran confusión intelectual. Se confunde planos de la discusión, la dimensión de la interpretación teológica, con la dimensión de la interpretación pagana, por así decirlo, la dimensión efectiva. Se confunde lo leído en las investigaciones antropológicas, que corresponde a la interpretación de Marcel Mauss sobre la polinesia, sobre el potlatch y el kula, sobre el circuito del don, con otras múltiples formas de relacionamiento particulares, singulares, regionales y culturales. No se observa la pluralidad de formas de relacionamiento, por lo tanto la riqueza misma de lo cultural y lo social al manifestar proliferantemente su diferencia. Se cree que hay dos bloques, el bloque occidental y el bloque no-occidental. La pluralidad de lo no-occidental, su heterogeneidad, plantea una diferencia con la homogeneización universal de occidente, aunque esta situación haya variado con la incorporación misma de la diversidad el multiculturalismo liberal. Esta diferencia radica precisamente en la pluralidad y heterogeneidad de formas. No solamente es el Ayllu, sino distintas formas de lo comunitario. Otra confusión tiene que ver con lo que llamaremos el reduccionismo cuántico, salimos de reduccionismo geográfico, después del reduccionismo economicista, para caer en el reduccionismo cuántico. El secreto se encontraría en las estructuras subatómicas. Allí está la determinación fundamental. Sabemos que un universo hecho posible fue el que se formó a partir de la formación de los átomos y las estrella, pero también eran alternativos y posibles otros universos. Por otra parte entre los átomos, las partículas, las moléculas, las macromoléculas y la complejidad y diversidad biológica hay pues lo que llamaremos por el momento “mediaciones”. No se da el condicionamiento de manera directa. Más aún cuando hablamos de las dimensiones y múltiples procesos históricos y diferenciadas formaciones sociales, los condicionamientos “atómicos” no se dan de manera directa. Los científicos, físicos cuánticos, protestaron contra estos reduccionismos y utilizaciones arbitrarias[26].
Un campo de realización social es precisamente el campo político. En este campo las organizaciones sociales y movimiento sociales han trazado un proyecto, bajo el contexto de la correlación de fuerzas dibujado por sus luchas, este proyecto es el del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Esta es la construcción colectiva, primero del Pacto de Unidad, después de la Asamblea Constituyente. Frente a este hecho político no se puede oponer una elucubración individual o grupal. Tendría que en todo caso convertirse en voluntad política multitudinaria. Sin embargo, este no es el camino al que se tiende, en contraposición se tiende a un renovado reformismo, que pretende mantener el Estado-nación combinado supuestamente con el proyecto de la forma Ayllu. Al respecto, hay que considerar la lucha clara y orgánica del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) por la reconstitución de los suyus y por lo tanto de los ayllus y de las markas. Sin embargo, al CONAMAQ no se le pasa por la cabeza que este es el único proyecto posible, menos un monolítico proyecto alternativo mundial. El CONAMAQ junto al Pacto de Unidad pelean por el Estado plurinacional comunitario y autonómico, en este horizonte político de transición por la reconstitución de los suyus, las markas, los ayllus y la reterritorialización de las comunidades. Esto es lo que políticamente se ha dado. Los enfrentamientos abstractos y de escritorio sólo sirven para reafirmar la defensa institucional del Estado-nación, su condición de Estado de derecho, la división liberal de poderes.
Consideraciones epistemológicas
Lo primero que habría que preguntarse si hay un afuera del capitalismo y de la modernidad. Parece que no, que ni los yaminawa están desconectados, sus territorios son visitados por turistas que quieren experimentar la ayahuasca, sin poder llegar a ser chamanes. Puede ocurrir que todavía en la Amazonia haya algunos grupos desconectados, se supone que los hay. Sin embargo, lo que parece evidente es que el proceso de globalización, que también es de expansión capitalista por medio de distintos medios, sobre todo el originario de colonización, contando con el despliegue de la continuidad colonial y de colonialidad en las sociedades postcoloniales, nos ha integrado a todos en los procesos integrales y de subsunción a los ciclos del capitalismo.
Dipesh Chakrabarty se hace una pregunta sugerente en Al margen de Europa[27]: ¿Estamos ante el final del predominio europeo? ¿Qué es lo que encuentra? Que muchos de los planteamientos que nos hacemos sobre todos los vinculados a los nacionalismos vienen de problemáticas modernas, muchas veces asociadas al mundo imaginario de las castas terratenientes, en el caso de la India. La escuela hindú que estudia la subalternidad como condición poscolonial ha encontrado mas bien modernidades heterogéneas en tanto alternativas a las formas homogeneizantes y universales modernas que han pretendido imponerse a través de los estados y mapas institucionales. En el quinto continente, Avya Ayala, al que le van a dar el nombre de América, las investigaciones antropológicas, etnográficas y etnohistóricas, con sus escuelas y corrientes, van a visualizar desde la mirada de las ciencias sociales a las sociedades ancestrales, autóctonas y a las formas pervivientes comunitarias, sus formas de relacionamiento, valorización, simbolización y espiritualización. Se da lugar otra lectura de las sociedades nativas, replanteando la propia interpretación de la historia y las perspectivas económicas. Claro está que también se bebe de las propias tradiciones orales y no orales culturales para reivindicar el pasado en un presente en crisis, empero estas tradiciones no están exentas de las propias hibridaciones renacentistas de los primeros periodos coloniales. Esto no quiere decir que se ha perdido la tradición propiamente autóctona, sino que la pervivencia de lo pre-colonial se da en el tiempo histórico, por lo tanto se da en el proceso mismo de las interpretaciones interculturales. Sin embargo, hay que atender de manera diferente lo que pasa con las instituciones territoriales, bajo sus formas integrales de lo que llamaríamos lo político, lo económico, social y cultural, pues estas estructuras institucionales pueden conservar mejor lo propio a pesar de incursionar en espacios y circuitos que corresponden al mercado y al capital. Por ejemplo, la institucionalidad del Ayllu mantiene sus lógicas y formas estructurales complementarias, sus manejos territoriales, sus articulaciones ecológicas y sus redes en forma de archipiélagos.
El Estado en su laberinto
En un libro titulado Marx dentro de sus límites, Louis Althusser hace el balance de la crisis del marxismo. Este libro corresponde a 1978, cuando se dice que estalla esta crisis después de una larga acumulación de contradicciones, tensiones, tendencias e interpretaciones, sobre todo después de ventilarse abiertamente los problemas de la construcción del socialismo real, pero también de la fecha interpeladora por excelencia, que es 1968, cuando los estudiantes toman las universidades y los obreros toman las calles, cuestionando tanto a sus gobiernos, a las instituciones universitarias, al régimen salarial, que es un régimen de explotación, al capitalismo así como al socialismo real, buscando otros caminos y oros horizontes de la rebelión. Podríamos considerar a estos escritos que inauguran otra etapa de Althusser, marcada no solamente por la tragedia personal, sino por los alcances de los cuestionamientos que toca. Después de haber abierto un debate con su interpretación de la obra de Marx en Para leer el capital y en la Revolución teórica de Marx (1965-1967), y un conjunto de escritos polémicos de la época, en las que sobresale Ideología y aparatos ideológicos del Estado (1970), escritos que dejan huella por la audacia y la lucidez de tocar con el dedo en la llaga, abre un nuevo escenario reflexivo con El porvenir está por venir (1992), libro publicado póstumamente, una autobiografía crítica, angustiante, empero también de asombrosa claridad y sinceridad. Considerando este recorrido, con sus propios desplazamientos y rupturas, ya desde 1977-1978 Althusser trabaja sus propios distanciamientos con el partido Comunista Francés y las interpretaciones marxistas de su tiempo. Marx dentro de sus límites retoma la discusión sobre Ideología y sobre el Estado, cuestionando las concepciones del propio Marx y del marxismo, colocándose en los límites mismos de esta teoría o de este campo teórico, que incluso podemos considerarlo como una episteme. Desde el comienzo comienza la polémica, desde ¡Finalmente la crisis del marxismo ha estallado!, donde se define al marxismo de la siguiente manera:
Por marxismo entendemos, en el sentido más amplio, no sólo la teoría marxista, sino también las organizaciones y las prácticas que se inspiran en la teoría marxista, que han conducido tras una larga y dramática historia a las revoluciones rusa y china, etc., para desembocar no sólo en la escisión del movimiento obrero mundial tras la unión sagrada de los partidos socialdemócratas y la Revolución de Octubre, sino también, tras la disolución de la Tercera Internacional, en una escisión en el movimiento comunista internacional mismo, escisión abierta entre la URSS Y China, escisión larvada entre los partidos llamados “eurocomunistas” y el PCUS[28].
Después de esta historia dramática y sobre todo después de conocerse, por las develaciones del XX Congreso del PCUS, las atrocidades cometidas por el régimen de Stalin y los grotescos procesos de depuración de 1927-1938, además de la calamitosa experiencia de las democracias populares (1949-1952), constatando que, a pesar de todo esto, termina sobreviviendo todo un sistema teórico y práctico a pesar de las revelaciones[29]. Esta persistente inercia de lo mismo le lleva a concluir a Althusser que el resultado es que los marxistas, y así se consideran los comunistas, han sido incapaces de rendir cuentas de su propis historia[30]. Esta conclusión es grave, es como no poder dar cuenta de sí mismos. La telaraña de justificaciones ha terminado envolviendo y entorpeciendo el pensamiento, la facultad crítica, condenando entonces a los marxistas a un viaje extenuante hacia el naufragio.
A Marx le gustaba repetir una frase perturbante: Yo no soy marxista[31]. ¿Qué quería decir? ¿Qué Marx es el único no-marxista entre los marxistas? Según Althusser, Marx exigía que se piense con cabeza propia. Esto tiene que ver con la capacidad crítica, recogiendo la tradición filosófica de la crítica, del pensamiento que pone en suspenso las pretensiones mismas de la teoría. Empero, parece que este mensaje no ha sido entendido por la mayoría de los marxistas, sobre todo de los marxistas militantes. Ahora bien, la crítica de Marx va más lejos, no se trata tanto de entenderlo como el gran autor de la gran crítica de la economía política, sino de entender que la crítica al capitalismo se realiza en la lucha de clases.
En contraposición del sentido común formado en los partidos de la izquierda marxista, Althusser plantea que la teoría marxista no es exterior sino interior al movimiento obrero, cuestionando las tesis sostenidas en su momento por Lenin en el famoso libro ¿Qué hacer?, escrito en 1902, en un contexto determinado. Fuera de este contexto, usar el texto de manera des-contextuada para la formación del partido y de la militancia, texto que propone la inoculación de la consciencia de clase para sí desde el exterior al interior del movimiento obrero, es una generalización abusiva, insostenible desde el análisis histórico y político de los contextos y procesos concretos. Por otra parte, la tesis de que la consciencia de clase viene del exterior de movimiento obrero, de los intelectuales de vanguardia, para sembrarse en el ámbito de las luchas económicas, convirtiéndolas en luchas políticas, transformando la consciencia en sí en consciencia para sí es incorrecta históricamente. Comencemos retomando las reflexiones de Althusser.
Tomemos una cita de la correspondencia de Marx en la carta a Joseph Weydemeyer:
En lo que concierne, no es a mí a quien corresponde el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha que entre ellas se libra. Historiadores burgueses habían expuesto antes que yo la evolución histórica de esta lucha de clases y economistas burgueses habían escrito su anatomía.
Refiriéndose a su aporte dice:
Lo que yo he aportado de novedad, es 1) demostrar que la existencia de las clases está ligada solamente a fases históricamente determinadas del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases lleva necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no representa más que una transición hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases[32].
La idea de que la teoría socialista viene de intelectuales burgueses, formados en la ciencia, que adquieren la figura de vanguardia, viene de Kautky y es retomada por Lenin en 1902 al pie de la letra, sin ninguna clase de crítica. Parama Althusser esta es una premisa voluntarista e idealista, que va a ser retomada por los partidos comunistas sistemáticamente, de manera acrítica y des-contextuada. Este supuesto de exterioridad de la teoría socialista condena a la experiencia en la lucha de clases del movimiento obrero a los límites de la lucha espontánea y economicista, sin poder acceder a los horizontes de la lucha revolucionaria y política a no ser que se cuente con la ayuda de los intelectuales de vanguardia. Este supuesto no solamente expresa el desprecio de los saberes obreros sino también reproduce la idea de la división del trabajo devenida de la estructura organizativa del capitalismo. De manera opuesta Althusser demuestra que la teoría revolucionaria emerge del interior de movimiento obrero, comprendiendo el desarrollo y desplazamiento de la lucha de clases, sus procesos, sus contextos y sus coyunturas. Marx y Engels forman parte de organizaciones obreras, viven en estas organizaciones la experiencia de sus luchas; por otra parte, van a romper con su anterior conciencia, como lo dicen expresamente, produciendo rupturas epistemológicas y nuevas apertura. Esta problemática de las rupturas es tratada adecuadamente en La revolución teórica de Marx, texto polémico escrito por Louis Althusser. Todavía en la Tesis sobre Feuerbach Marx mantiene un tono humanista, en la Ideología alemana pronuncia un tono positivista, dejando ventilar una filosofía de la historia todavía inocente, sin desligarse del todo de la concepción especulativa de la filosofía de la historia de Hegel. En los cuadernos de 1857-58 (Grudrisse) se da lugar un plan de distanciamiento de Hegel, retomando la dialéctica, empero desmitificada. En las Contribución (1859) se comienza a perfilar un discurso maduro y autónomo, sin lograr dejar del todo la sombra de la filosofía heredada. Sólo en El Capital tendremos el tratamiento del modo de producción capitalista de una manera desprendida y propia, el análisis concreto de las estructuras del modo de producción capitalista; sin embargo, tampoco esta obra está exenta de problemas. El segundo y el primer tomo se escriben antes del primer tomo; el primer tomo lo escribe Marx buscando un comienzo de exposición científico y lógico, que conllevara problemas. Es el primer tomo que se publica contando con la vigilancia de Marx, las publicaciones del segundo y tercer tomo quedan a cargo de Engels y de Kautky. En lo que respecta al primer tomo, el comienzo por la mercancía como célula de la sociedad capitalista y de la exposición de la formación del valor, se desconecta de los temas y problemáticas tratados en el segundo y tercer tomos. Ese comienzo por lo más simple, por la simple determinación, suena a hegelianismo; se trata de una exposición lógica, no necesariamente histórica, tampoco materialista. Estos son los problemas transferidos a la historia de los escritos y las investigaciones, en las distintas etapas de la producción intelectual de Marx, problemas comprensibles en todo desarrollo del conocimiento. En esta historia critica, lo que importa es anotar que el despliegue de la producción teórica e investigativa de Marx se realiza desde adentro del movimiento obrero, no desde afuera. En esta producción Marx y Engels no actúan como intelectuales burgueses, como lo sugeriría la interpretación peligrosa de Kautky, sino como intelectuales orgánicos del movimiento obrero, intelectuales que han roto con las concepciones burguesas de a teoría y de la ciencia, intelectuales que han roto varias veces con su propia conciencia anterior, ocasionando desplazamientos epistemológicos, respecto de la filosofía heredada.
Desde esta perspectiva los problemas de organización no pueden ser tratados conservando los supuestos discutibles de un texto como el ¿Qué hacer?, texto de Lenin, que corresponde a la coyuntura de 1902, revisado y circunscrito a su contexto por el propio Lenin en 1907, texto que plantea la formación del partido de militantes profesionales, en principio externos al movimiento obrero. Los problemas de organización en los contextos y procesos de la lucha de clases no pueden ser planteados y resueltos sino teniendo en cuenta la especificidad, las problemáticas y desafíos de esos contextos y esos proceso. Una concepción radicalmente distinta de partido la va realizar Antonio Gramsci, quién no sólo va a sufrir la represión fascista sino va vivir en carne propia la derrota de las revoluciones proletarias en Europa; particularmente en el norte de Italia. El partido concebido como articulación de dispositivos contra-hegemónicos y como espacios, estructuras y prácticas articuladoras de la hegemonía proletaria nos traslada definitivamente a otro concepto de organización activa. No vamos a discutir aquí categorías polémicas como las relativas a la distinción entre el intelectual orgánico y el intelectual humanista, ni su relación y articulación en la labor del partido, términos que aparecen en los Cuadernos de la cárcel. Esta discusión queda pendiente; de todas maneras, lo que hay que tener en cuenta es que estos escritos han sido hechos en condiciones de represión y vigilancia fascista, por lo tanto muchos de ellos han tenido que ser escritos de tal forma que puedan escapar a la censura y vigilancia. Lo interesante del planteamiento de Gramsci es que abre la posibilidad de concebir distintas formas de partido y de resolver de distintas maneras los problemas de organización, quizás teniendo en cuenta mayores complejidades. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la historia efectiva de los partidos obreros, proletarios y de izquierda nos va mostrar los distintos recursos empleados en el proceso de su formación, a pesar del discurso oficial de referencia, que tiene que ver con la lectura acrítica del ¿Qué hacer?
En Bolivia llama la atención la preponderancia del sindicalismo en la formación de los partidos obreros, proletarios y comunistas. Quizás tengamos que hacer una excepción con los partidos socialistas. Si bien es cierta la presencia de militantes universitarios y profesionales, éstos van a ser tragados por las condicionantes de las organizaciones sindicales mineras y obreras[33]. La presencia de dirigentes mineros y obreros en estos partidos, la preponderancia sobre ellos de la Central Obrera Boliviana (COB), la valides programática sobre ellos de las tesis de la COB, manifiesta claramente la condicionante sindicalista en la formación de estos partidos. Ciertamente el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR) y posteriormente el Partido Comunista va contar en sus filas con la presencia y participación de académicos e intelectuales de origen no proletario, empero el crecimiento del partido, su inserción en el movimiento obrero y su influencia política va estar fuertemente condicionada por la organización sindical. Algunos intérpretes han considerado esta experiencia como una limitante a la lucha política, recurriendo otra vez a la lectura acrítica de ¿Qué hacer? Lo que no hay que olvidar de atender es la historia específica de la lucha de clases en Bolivia y las formas concretas de su desenvolvimiento. Quizás esta no haya sido su debilidad sino mas bien su fortaleza. No hay que buscar aquí las razones de las derrotas del movimiento obrero en los momentos de exigencia y de desenlaces políticos, como cuando se dio la Asamblea Popular (1971) y el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (1982-84). El problema de estas derrotas se encuentra en la correlación de fuerzas, en la ausencia de estrategias y tácticas apropiadas, por lo tanto en el error de la interpretación de esos momentos, de los contextos y de la formación social boliviana. En pocas palabras, en la ausencia de una interpretación descolonizadora. Estas consideraciones nos llevan a la problemática de la cuestión estatal.
Antes de tocar este campo problemático vamos a hacer algunas consideraciones sobre la relación entre marxismo y movimiento obrero; este campo abierto histórico-político y teórico, de prácticas discursivas y prácticas no-discursivas. Éste, que parecía territorio liberado, aunque lleno de contradicciones, terminó siendo retomado por la reproducción de la maquinaria estatal.
Lo primero que habría que hacer al respecto es cambiar radicalmente el enfoque de este tema y los tópicos concomitantes; no tiene sentido discutir si el marxismo es externo o interno al movimiento obrero. Como el mismo Althusser lo reconoce, se trata de un ámbito de prácticas, de instituciones, de organizaciones, de partidos involucrados en la lucha de clases y en la lucha contra el capitalismo. La teoría misma corresponde a prácticas, practicas teóricas que se producen prioritariamente en ámbitos institucionales como los académicos y universitarios, pero también se producen en ambientes no institucionales y no académicos. El problema aquí es saber de qué practicas se trata, cuáles son sus reglas y cuales sus formaciones. En el caso del movimiento obrero y de la lucha de clases, el campo problemático es mayor, nos referimos a una gama de prácticas entrelazadas que dan lugar a desplazamientos y movilizaciones, que utilizan también un conjunto de formas organizativas. En este mapa de fuerzas en movimiento no está de ninguna manera exenta la práctica teórica, sobre todo cuando se trata de la crítica, de la interpelación, del análisis y la comprensión del movimiento obrero mismo y de la lucha de clases especifica. Desde esta perspectiva se puede decir que la crítica de la economía política nace de las entrañas mismas del movimiento obrero, de la lucha de clases contra la explotación capitalista y la dominación del Estado. La práctica teórica critica es inherente al movimiento obrero; esto se comprende en lo que respecta a la interpelación y la formación enunciativa anticapitalista. La incorporación y articulación de Marx y Engels al movimiento obrero se da en este proceso de formación discursiva anticapitalista. Se trata de hacer inteligible las contradicciones inherentes a la formación y acumulación del capital en las sociedades atravesadas por los mercados. Esta interpretación, comprensión y conocimiento se da en el análisis crítico de la economía política a la luz de la lucha de clases concreta. Ciertamente esto no puede darse de manera directa, es indispensable desembarazarse de la formación y de las teorías heredadas, es menester también comprender las contradicciones propias de la lucha de clases y del movimiento obrero, sus limitaciones, sus condicionamientos y potencialidades históricas. Es así que se puede entender que las teorías, en este caso las teorías críticas, los conceptos componentes, son herramientas empleadas en la lucha de clases. No son libros sagrados ni conceptos absolutos, como algunos monjes militantes lo creen. Por lo tanto, las teorías mismas y sus conceptos deben ser también sometidos al análisis crítico, para entender su entrelazamiento y articulación en el movimiento obrero y en la lucha de clases, pero también para mejorar la inteligibilidad de las sociedades capitalistas.
La cuestión estatal
Para hablar del Estado debemos hablar del concepto de superestructura, que es más o menos una configuración compleja que articula derecho, política, cultura e ideología. En este extenso campo se sitúa el mapa institucional que contiene al Estado. La maquinaria heredada, reconstituida, mejorada y fortalecida una y otra vez, a pesar de las revoluciones. Nada mejor como volver al prefacio de El capital de 1859, donde Marx precisamente propone estas disquisiciones teóricas y diferenciaciones conceptuales entre estructura o base y superestructura.
El primer trabajo emprendido para resolver las dudas que me asaltaban fue una revisión crítica de la Filosofía del derecho de Hegel, trabajo cuya introducción apareció en los Deutsch-Französische Jahrbücher. Mis investigaciones obtuvieron como resultado que las relaciones jurídicas (Rechtsverhältnisse), al igual que las formas de Estado, no pueden ser comprendidas ni por ellas mismas (aus sich selbt zu begreifen sind) ni por la pretendida evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, están enraizadas (wurzeln) en las condiciones materiales de la vida (Lebensverhältisse), cuyo conjunto Hegel, como los ingleses y los franceses del sigo XVIII, entiende con el nombre de “sociedad civil” (bürgerliche Gesellschaft), y que la anatomía de la sociedad civil debe ser buscada, a su vez, en la economía política. Yo había comenzado la experiencia (Erfahrung) de ésta en París, y la continué en Bruselas, adonde había emigrado tras una orden de expulsión de Guizot.
El resultado general que se me ofreció, y que, una vez adquirido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede formularse brevemente de este modo.
En la producción social de su vida, los hombres (die Menschen) toman parte (eingehen) en relaciones (Verhältnisse) determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción (Produktionsverhältnisse) que corresponden (entsprechen) a un grado determinado de desarrollo de las fuerzas productivas (Produktivkräfte) materiales.
El conjunto (die Gesamtheit) de estas relaciones de producción forma la estructura (Struktur) económica de la sociedad, la base (Basis) real, sobre la que se levanta (erhebt) una superestructura (Überbau) jurídica y política, y a la que corresponden formas de conciencia social (gesellschaftliche BewuBtseinsformen) determinadas.
El modo de producción (Produktionsweise) de la vida material condiciona (bedinft) el proceso vital social, político y espiritual (geistig) en general. No es la conciencia de los hombres lo que condiciona su ser, sino que, todo lo contrario, su ser social es lo que condiciona su conciencia. En cierto grado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción (Widersprch) con las relaciones de producción o, lo que no es sino una expresión jurídica para designarlas, con las relaciones de propiedad (Eigentumserhältnisse) en cuyo seno se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo que eran, estas relaciones se convierten en trabas para las fuerzas productivas. Entonces se abre un periodo de revolución social. Con el cambio de la base (Grundlage) económica, se produce un cambio de toda la enorme superestructura (Ungeheuere), con mayor o menor rapidez.
Cuando se consideran tales cambios (Umwäzungen), hay que distinguir siempre entre el cambio material, que puede ser fielmente constatado al modo de las ciencias de la naturaleza, de las condiciones de producción económica, (y las) formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma, las formas ideológicas (ideologische Formen) en las que (worin) los hombres se hacen conscientes de ese conflicto (Konflikt) y lo llevan hasta el final (ausfechten). Del mismo modo que no se juzga a un individuo por la idea que se hace de sí mismo, no podría juzgarse a una época de semejante conmoción por su conciencia; por el contrario, es preciso explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto (Konflikt) actual entre fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.
Una formación social (Gesellschaftsformation) no puede nunca morir antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productivas que puede contener, nunca unas relaciones de producciones nuevas y más elevadas (höhere) las reemplazan antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hagan aparición en el seno de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone más que las tareas que puede acometer, pues al mirar más de cerca se encontrará siempre que la tarea (Aufgabe) no surge más que allí donde las condiciones de su cumplimiento (Losüng) existen ya o, al menos, están elaborándose.
A grandes rasgos, los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno pueden ser considerados como etapas progresivas (progressive Epochen) de la formación social económica. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagonista del proceso de producción social, antagonista no en el sentido de antagonismo individual, sino de un antagonismo que nace de las condiciones de existencia sociales de los individuos; sin embargo, las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para resolver este antagonismo. Con esta formación social se acaba, pues, la prehistoria de la sociedad humana[34].
La lectura que hace Althusser, interpretando detenidamente el texto que acabamos de citar, distingue claramente las contradicciones inherentes a la estructura de lo que ocurre en la llamada superestructura, habla de un intervalo de alternativas de las contradicciones, desde la correspondencia hasta el antagonismo. Entonces se da una correspondencia, que puede llegar a ser conflictiva, y un antagonismo entre fuerzas productivas y relaciones de producción en la estructura o base económica. Cuándo ocurre esto se abre un periodo de revolución social. También menciona la situación de una correspondencia entre el derecho y el Estado con las formas de conciencia ideológica. En ningún caso habla Marx de una correspondencia de la estructura con la superestructura. Esta es la interpretación insostenible del economicismo y de la hipótesis del determinismo económico. Lo que dice Marx al respecto de las relaciones entre estructura y superestructura es que la superestructura se levanta sobre la base o estructura económica. De aquí no se pueden deducir relaciones de determinación. Esto no es más que una abusiva interpretación, que fuerza la lógica y cae grotescamente en un hegelianismo mezclado con un materialismo positivista. Marx no habla de una superación de las contradicciones, correspondientes a la esfera de la estructura, realizada en la esfera de la superestructura, la superestructura no es una síntesis de la estructura, al modo hegeliano, de manera distinta, habla de una elevación del derecho y del Estado, de un levantamiento de la superestructura. Se trata de dos mundos distintos, el de la estructura y de la superestructura. Marx escribe que el modo de producción de la vida material condiciona el proceso vital social, político y espiritual. No dice que determina. En su interpretación Althusser concede el primado en última instancia de la estructura sobre la superestructura. En sus libros anteriores, sobre todo en la Revolución teórica de Marx, habla de sobredeterminación. En ambos casos, en la compleja idea de sobredeterminación, que parece más adecuada, y en la idea de primado en última instancia, mantiene la configuración de que se trata de dos mundos que no se corresponden, pero si se puede entender que se superponen. Se podría decir que constatamos aquí una laguna teórica sobre la naturaleza de las relaciones existentes entre, por un lado, la base, y por otro, la superestructura[35].
Vamos a dejar de lado esa idea progresiva de la historia de los modos de producción, que es insostenible, a la luz de las investigaciones históricas, etno-históricas, etnológicas, antropológicas, también económicas de las sociedades. Seguramente Marx quería contrastar en bloque todas estas etapas, que llama prehistórica, de lo que considera que es la resolución del antagonismo inherente a la producción social, la historia propia mente dicha. Ahora, lo que nos interesa es concentrarnos en la maquinaria del Estado, maquinaria inscrita en el complejo ámbito de la superestructura.
El Estado como instrumento separado[36]
Comencemos con una paradoja. Para Marx, Lenin y Mao el Estado es un instrumento separado de la lucha de clases pero para servir mejor a la clase dominante. Esta interpretación se opone a los que sostienen la hipótesis del atravesamiento del Estado por la lucha de clases. El Estado no puede estar atravesado por la lucha de clases, pues se desmoronaría en un instante. Para servir mejor como instrumento a la clase dominante, en la lucha de clases en la que está involucrada, no puede dejar que la lucha de clases le atraviese. Incluso en los peores momentos de la crisis política se apela a la unidad, al patriotismo, al deber y a la responsabilidad de los funcionarios. No hay que olvidar que gran parte de los funcionarios vienen de las clases populares, empero esta su condición no modifica el contenido de clase del Estado; se reproduce en ellos, debido a sus tareas, que deben cumplirlas, que apuntan a lograr la separación efectiva del Estado. La administración estatal aparenta neutralidad mediante leyes, normas y reglamentos, que terminan siendo administradas celosamente por los funcionarios. Si bien la mayoría de los funcionarios de base puede provenir de las clases populares, se tiene el cuidado de que los altos puestos del Estado estén ocupados por gente procedente de la clase dominante, la burguesía. El núcleo duro y de emergencia, encargada de la represión y del cuidado de las fronteras, es conformado, consolidado y reproducido, para mantener la continuidad del orden. El Estado debe mantenerse hasta en los peores momentos donde se constata su desaparición, aunque sea como idea. Empero, a pesar de estos derrumbes, que terminan siendo momentáneos, el Estado se reconstruye a partir de las propias ruinas que han quedado. Hay muchos ejemplos en la historia de los estados al respecto. No nos vamos a detener en ellos, tampoco a describirlos, sino basarnos en esta experiencia para mostrar la fuerza reproductora del Estado. ¿Por qué ocurre eso?
Cuando se dan las revoluciones, en algunos casos la clase dominante no desaparece, sino que sigue manejando los hilos de la producción social; en otros, puede haber desaparecido, empero es sustituida por otra clase dominante. Tampoco hay que olvidar que hay fracciones en la propia clase dominante; estas fracciones disputan el dominio y el control del Estado. Este instrumento separado de la lucha de clases no puede permitir que la lucha entre las fracciones arrastre al abismo al conjunto de la clase dominante; el interés general debe preponderar sobre los intereses particulares. Hay también otras situaciones que hay que considerar, cuando la burguesía es vencida por la revolución social, puede ocurrir dos cosas: 1) que los sublevados victoriosos sustituyan el aparato de dominación del Estado por otras formas políticas de participación y asociación colectiva, como en el caso de la Comuna de Paris; 2) que los dirigentes de los sublevados utilicen la maquinaria estatal, este fabuloso instrumento, para constituirse en la nueva forma de dominación, por ejemplo, el dominio de la burocracia, como ha ocurrido en la mayoría de los países llamados socialistas. Como puede verse, en la amplia mayoría de los casos, podríamos decir, casi en todos los casos, a pesar de la excepción que confirma la regla, el Estado como instrumento separado de la lucha de clases reaparece, reconstruyéndose de sus ruinas o prestando su maquinaria al servicio de una nueva clase dominante.
Pregunta: ¿El Estado está incorporado en los cuerpos induciendo conductas y comportamientos, constituyendo subjetividades que lo reproducen? Responder esta pregunta es salirse de la teoría del Estado e ingresar a las teorías del poder, de las relaciones de poder, que sostienen a las instituciones, al mapa institucional, y por eso mismo a esa mega-institución que es el Estado. Habría que relacionar entonces el ámbito de las relaciones de poder con las formas de reproducción del Estado, a través de los agenciamientos y prácticas de la gente, en el marco de las organizaciones y estructuras institucionales usadas para distintos fines. En este contexto espontáneo de reproducción, no hay que olvidar tampoco la actividad estratégica y consciente de ciertos grupos y personas, que intencionalmente apuestan a la reproducción del Estado, pues creen que sin Estado no hay destino o que más allá del Estado no hay nada. Esta creencia es una expresión de su pertenencia al dominio de la clase o al dominio de la burocracia o, en su caso, en lo que respecta a la situación de los países periféricos y Estado-nación subalternos, se trata de la pertenencia a las redes y estructuras de dominación mundial, de la burguesía internacional. Por lo tanto, puede comprenderse que el Estado no es un instrumento neutral, que puede ser usado por cualquiera sin traer consecuencias. El Estado es un instrumento de dominación, ha sido construido sobre la estrategia de separación de esta maquinaria de la lucha de clases, para servir de mejor manera a la dominación. El Estado no puede soportar que se pongan en suspenso todas las dominaciones, pues ya no tendría ningún sentido su existencia. En el supuesto extremo teórico e hipotético de una situación donde habrían quedado suspendidas las dominaciones, el Estado tendría que inventarlas. Entonces no tiene ningún sentido pretender mantener el Estado cuando precisamente se persigue acabar con las dominaciones. La tarea en este caso es destruir el Estado y construir otro ámbito de relaciones políticas, que promueva la suspensión y la desaparición de las dominaciones. Estas otras formas asociativas sustituyen al Estado.
Se ha hablado de un periodo de transición, que en la teoría marxista se lo ha identificado con la dictadura del proletariado, que no significa dictadura política, como algunos intérpretes vulgares lo creen, sino el desmontaje democrático y participativo de la fabulosa maquinaria estatal; ciertamente no hablamos de la democracia formal institucionalizada. No se trata de la dictadura del partido, de la burocracia, de la nomenclatura, de un grupo reducido o de un hombre, sino se trata de la aplicación de un contra-dominio, de una contra-dominación, que usa otros instrumentos y otras instituciones para transitar la transición transformadora y emancipadora. En Bolivia esta transición ha sido concebida como Estado plurinacional comunitario y autonómico. Obviamente no tiene nada que ver con el Estado-nación y con la vieja maquinaria estatal. Se trata de una invención colectica en la perspectiva descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos, los movimientos sociales y el proletariado nómada. Como dijimos en un escrito anterior[37], el Estado plurinacional ya es un no-Estado, pues supone la participación, la democracia participativa plural, la construcción de instituciones interculturales y plurinacionales, el reconocimiento pleno a las condicionantes territoriales y de los ecosistemas. En otras palabras supone múltiples asociaciones productivas, políticas y ecológicas que efectúen el desmontaje de las polimorfas dominaciones, basadas en la herencia colonial. Respecto a esta tarea de transición, el mantener la separación instrumental del Estado, con toda la compleja maquinaria institucional, con la repetición de la división del trabajo de los especialistas y funcionarios, es optar por la reproducción del Estado, la restauración del Estado-nación, por lo tanto de la reproducción proliferante de las dominaciones. ¿Quién domina en este caso? ¿Una nueva casta? ¿Una nueva clase? ¿La burocracia? ¿La dirigencia cooptada por el Estado? ¿O, de manera particular, siendo un Estado-nación subalterno, la dirigencia que se hace cargo del Estado es intermediaria, hace de mediación en la reproducción de las formas de dominación mundial, en el proceso de acumulación ampliada de capital? ¿Entonces se trata de los nuevos intermediarios del poder mundial? Estas preguntas no pueden responderse de manera inmediata, se requiere vivir la experiencia histórica de todo el proceso. Sin embargo, se pueden muy bien dibujar tendencias en un campo de correlación de fuerzas concurrentes y en lucha.
En la corta experiencia de la gestión de gobierno, sobre todo durante el lapso de tiempo transcurrido desde la aprobación de la Constitución, podemos constatar tendencias muy fuertes a mantener el Estado, restaurar el Estado-nación, usar esta maquinaria para mantener el orden, la unidad de la vieja institucionalidad, manteniendo a su vez todo el engranaje administrativo heredado. ¿Cuáles son las condicionantes de esta inercia material? ¿Qué fuerzas se despliegan para lograrlo? Juega en todo esto un rol gravitatorio la inercia de la propia maquinaria estatal, que tiende a conservarse, a reproducirse, a defenderse de cualquier contingencia, pero también de cualquier intento de transformación. El aparato y maquinaria estatal no ha cambiado, sigue siendo la misma; las normas, los procedimientos, la administración de las normas sigue siendo la misma. Lo que conlleva de suyo que la gestión pública sigue siendo la misma. La cartografía institucional del ejecutivo sigue siendo prácticamente la misma, acompañada por las instituciones y las unidades descentralizadas. Lo que ocurre es que la sedimentación administrativa sigue amontonando estratificaciones organizacionales unas sobre otras, acumulando yuxtaposiciones en la geología institucional del Estado. ¿Qué ha cambiado? Podríamos decir la orientación de los discursos, que ahora hablan contra el proyecto neoliberal, retirado del escenario por la lucha de los movimientos sociales. ¿Pero, qué consistencia tienen estos discursos? ¿Son sostenidos por prácticas y modificaciones institucionales? El problema radica aquí; si bien el proyecto neoliberal es retirado del escenario político, su práctica efectiva, sobre todo en el gabinete económico, sus dispositivos legales, sus formas administrativas y sus concepciones monetaristas no han desaparecido del todo. Se encuentran en los ambientes de las oficinas gubernamentales y en los grupos de decisión de decretos y leyes. Por otra parte, instituciones más antiguas, que tienen que ver con la historia misma de la formación del Estado como las Fuerzas Armadas, es decir, el ejército, el aparato militar, no han vivido transformaciones de ninguna clase desde las reformas de 1953, cuando se restaura el ejército, salvo las dadas por las modernizaciones que tiene que ver con el adoctrinamiento norteamericano en la Escuela de las Américas. Se dan intentos de reforma en el gobierno del General Juan José Torres, buscando una orientación antiimperialista, empero esto queda en proyecto. En la actual gestión de gobierno no se ha efectuado una reforma de las Fuerzas Armadas; había la oportunidad para hacerlo, pero se perdió esta oportunidad. Cuando la Asamblea intentó cambiar la condición de las Fuerzas Armadas y de la Policía, se enfrentó a resistencias poderosas. La decisión del presidente fue que la situación quede en statu quo, tal como estaba en la anterior Constitución, para de este modo evitar mayores conflictos, que se avecinaban. A propósito, no se puede valorar como grandes cambios la ampliación del ingreso a postulantes indígenas; esto no cambia la lógica estructural de las Fuerzas Armadas. La concepción nacionalista, no plurinacional, manifiesta claramente el alcance de esa apertura, que no llega de ninguna manera a ser descolonizadora.
La relación del Estado con el ámbito económico es complicada, sobre todo por la ambigüedad de las políticas. Ciertamente la medida de nacionalización de los hidrocarburos, que es más el inicio del proceso de nacionalización, marca el paso hacia la recuperación soberana del control de los recursos; después de la medida no se continua con una estrategia clara de refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) como empresa operativa y productiva, tampoco se formulan políticas encaminadas al control técnico efectivo del proceso de producción, con una orientación evidente hacia la industrialización, estancando el proceso de nacionalización atrapado en el mismo modelo extractivista, en el círculo vicioso de la dependencia, en el vínculo perverso con en el mercado externo, condenando en este contexto a la restricción de la naciente YPFB a tareas administrativas. La relación con la minería es peor, pues no se modificaron las normativas mineras, el Código minero, dejando el control abrumador de los recursos naturales y de los yacimientos en manos de las empresas trasnacionales. El proyecto de industrialización del gobierno es incipiente e improvisado, las mega-hidroeléctricas una aventura antiecológica, orientadas a alimentar de energía a la potencia emergente de Brasil, por lo tanto al proyecto geopolítico de la burguesía brasilera articulada al dominio de la burguesía internacional. El mapa de caminos en construcción no responde a una estrategia productiva propia, ausente todavía, se encuentra más ligado a las direcciones de los flujos transoceánicos. En este panorama desolador, hay que incluir lo que pasa con la burguesía intermediaria boliviana. Después del desenlace del enfrentamiento con las oligarquías regionales, cuando estas son derrotadas, éstas, en su condición de empresas agroindustriales han cobrado peso en el mercado interno, alimentando a la población, también han cobrado peso en el mercado externo, así como han incursionado en acuerdos con el gobierno.
Haciendo un balance rápido, en relación al dominio económico de la las oligarquías regionales, de la burguesía intermediaria, se puede apreciar que se ha renunciado a la reforma agraria, la política económica agraria se orienta más a lograr un acuerdo con los empresarios, no así a transformar el agro fortaleciendo a la economía comunitaria, como establece la Constitución. Por otra parte, la inversión en la empresa hidrocarburífera, la inversión en las empresas públicas en gestación, así como las inversiones en obras, inversiones que, en conjunto, ciertamente han modificado la participación del Estado en la economía, dándole una mayor preponderancia, constatando que la inversión pública ha cobrado peso gravitatorio, no ha cambiado la estructura de un modelo económico dependiente. Este incremento de la inversión pública y de la participación del Estado en la economía no llega, sin embargo, a transformar la estructura económica, el modelo extractivista, tampoco ha sustituido el control de las empresas trasnacionales de las áreas estratégicas de los hidrocarburos y de la minería, la misma situación se repite con el control de las empresas agroindustriales sobre el espacio productivo agrícola y pecuario. En general, podemos decir que estas son las condicionantes materiales de la inercia estatal. No hay transformaciones institucionales, no hay transformaciones estructurales, no hay reforma agraria, no hay cambio del modelo económico extractivista.
Otro factor concomitante y condicionante de la inercia estatal, esta vez subjetivo, es la ideología, si podemos hablar así, de los funcionarios públicos, incluyendo a los puestos altos, ministros, viceministros, directores y jefes de unidad. ¿Qué se piensa del proceso? ¿Qué se piensa de la coyuntura? ¿Cómo se asumen las contradicciones? Vamos a describir ciertos rasgos de las formas de representación y de conducta, pues no es posible describir el conjunto de posicionamientos de los funcionarios públicos, lo que daría lugar a una distribución más abierta. Lo que interesa son ciertos posicionamientos de los sujetos ante los temas candentes del proceso.
En primer lugar hay que anotar que la amplia mayoría de los funcionarios ha sido ajena al proceso abierto por las luchas sociales de 2000-2005; por lo tanto, una vez que el gobierno indígena-popular asume el gobierno, después de las elecciones de diciembre de 2005, se ven sorprendidos, interpelados y compelidos a adecuarse a las nuevas circunstancias. Un pequeño grupo de nuevos funcionarios ingresa, por su vinculación con el proceso, con el MAS o con las organizaciones sociales, sin experiencia en la administración pública o muy poca, aunque con ganas de cambiar la gestión. La mayoría de este pequeño grupo ha sido tragado por la administración pública, por lo tanto por la administración de normas y las tareas recurrentes de las oficinas. No cambiaron para nada el aparato público. Hay otro grupo de funcionarios en esta composición de la burocracia estatal, son los famosos consultores, que se convierten en indispensable por el estilo abierto en la gestión pública desde los gobiernos neoliberales. Se trata de funcionarios pagados prioritariamente por la cooperación internacional, los cuales ingresan a través de convocatorias y de concursos. Presentan buenos curriculum vitae; muchos de ellos tienen trayectoria y experiencia como consultores. Es como su modus vivendi y su modus operandi. Hacen diagnósticos, evaluaciones, propuestas, son incorporados a tareas especiales, como las relativas a las formulaciones de proyectos. En la medida que el gobierno no encontró respuestas en sus propios funcionarios de planta para las tareas de cambio, terminó incorporando a estos consultores para que elaboren propuestas de transformación o, por lo menos, documentos que dibujen las visiones de estas propuestas. Es de esperar que la mayoría de estos documentos terminaran siendo altamente conservadores, más cerca de la reproducción de lo mismo que propuestas de cambio. Las formas de participación de los no-funcionarios, de las organizaciones sociales, de la gente del pueblo, de las comunidades, no encontraron espacio en la gestión de gobierno, tampoco fueron incorporadas a la gestión pública y a las decisiones políticas, salvo como espectáculo, donde no se recoge criterios colectivos formados, sino se tiene a la masa como espectadora y legitimadora de las decisiones tomadas por grupos de “elite”. En el contexto de este ambiente puede explicarse la ausencia de la crítica y de la predisposición a la crítica, al contrario, estamos ante una población de aduladores y personal predispuesta mas bien a justificar todas las acciones del gobierno. Hay un esmero por encontrar el sentido a las políticas y a las medidas, aunque sean metidas de pata. En esta atmósfera es muy difícil encontrar la posibilidad de la identificación de errores políticos, estratégicos o tácticos, a no ser que sean errores de procedimiento respecto a la norma. Se entiende entonces que se produce en este ambiente recurrente una retroalimentación de todo el sistema burocrático, de las políticas gubernamentales y de los aparatos estatales. Tomemos como ejemplo una figura desoladora, si el barco se encontrará a la deriva, se concibe mas bien que está en buen curso, así todos terminan reforzando la ruta al naufragio. Podríamos decir que esta forma de funcionamiento circular, como en un círculo vicioso, es una desconexión con lo ocurre efectivamente en los territorios accidentados de la realidad.
Se produce una psicología especial en los funcionarios públicos respecto al proceso. Se lo concibe como si hubiera concluido, ya se habría dado el cambio, de lo que se trata ahora es de administrarlo. Cuando se topan con oras perspectivas, preocupadas por el cambio, escuchan estas propuestas de transformación institucional y estructural como alocadas o románticas. De lo que se trata es de ser prácticos y eficientes. Se da lugar a un discurso justificador de las prácticas administrativas, a las que califican como trabajo técnico; el compromiso es cumplir con las tareas asignadas, de acuerdo a los procedimientos. Vamos a dejar de lado otra clase de funcionarios, ya acostumbrados a los cambios y que han logrado sobrevivir a los mismos, a quienes no les importa mucho lo que pasa, de lo que se trata es de cumplir con los horarios de trabajo, pues esta es una masa que no incide en las predisposiciones y posicionamientos, salvo que termina sosteniendo las posiciones conservadoras. Este mapa de las predisposiciones subjetivas y de las voluntades explica también el condicionamiento a la inercia y reproducción estatal.
Una de las representaciones más sintomáticas que se hacen los funcionarios es respecto al Estado plurinacional comunitario y autonómico. Consideran que la fundación del Estado plurinacional se reduce al reconocimiento de las lenguas nativas, en el mejor caso, a su uso en la administración, en el caso más reductivo, se reduce al aprendizaje de las lenguas por los funcionarios, por lo menos la más hablada en la región. También se aceptan los cambios de símbolos y quizás de ceremonias, también cambios de nombres y sobre todo escuchar y repetir los términos nuevos en los discurso. Pueden crearse nuevas unidades, muy pocas, o incluso nuevos viceministerios, mucho más reducidos, y en el mejor de los casos hasta ministerios, contados con los dedos de la mano, pero estos cambios terminan siendo de poca irradiación, más bien resultan símbolos decorativos ante la abrumadora gestión liberal. Es inimaginable una descolonización institucional, una transformación institucional, una transformación de la gestión pública en los términos de la condición plurinacional, la condición comunitaria, la condición autonómica, la condición intercultural. Lo mismo ocurre con valores y propuestas alternativas como el vivir bien; al respecto, se ha escuchado decir a altos funcionarios del gobierno y de la Asamblea Legislativa Plurinacional, que el vivir bien no es nada más que el bienestar. La condición comunitaria queda relegada a las comunidades campesinas, se trata de una entidad local y rural. Con esto se está lejos de comprender la matriz comunitaria del Estado plurinacional en la Constitución. La condición intercultural queda circunscrita a programas especiales, de ninguna manera se puede convertir en ejes transversales de las transformaciones institucionales, de la transformación pluralista y participativa de la gestión pública. Los temas estratégicos y orientadores del cambio de modelo económico como los relativos a la economía social y comunitaria son supeditados a las políticas de equilibrio macroeconómico, monetaristas; en el caso de algunas proyecciones, a diseños e implementaciones provisionales de empresas públicas, que no terminan de sostener el imaginario de la revolución industrial. Como se puede ver, la predisposición subjetiva es a mantener la separación del Estado de la lucha de clases, de la lucha anticolonial y descolonizadora, a mantener la separación del Estado de la aplicación efectiva y consecuente de la Constitución, es decir, de las transformaciones institucionales y estructurales económicas, políticas, sociales y culturales.
La crisis del proceso
Antes una anotación sobre el concepto de proceso, prosessus, en latín, que significa ir adelante, hacia un fin, comprendiendo el transcurso del tiempo, fases sucesivas; hay en la idea de proceso un presupuesto acumulativo, también evolutivo, incluso de transformación. Está claro que el concepto contiene el sentido teleológico, de encaminarse a un fin, y de alguna manera que todos los componentes del proceso están articulados, no necesariamente como una unidad, empero sí afectando simultáneamente una dirección, una orientación. También puede entenderse el proceso como una producción, usando la metáfora del proceso productivo, donde se controla la transformación de las materias primas en el proceso productivo mediante la intervención de los medios de producción, la tecnología, y la fuerza de trabajo, la administración de la composición del capital, llegando a la realización del producto y la valorización del valor. Ciertamente hay que comprender que se trata de una metáfora cuando se usa el concepto de proceso para referirse a los acontecimientos políticos, a la lucha de clases, a la lucha descolonizadora, pues en este caso no se controlan las condicionantes, los factores intervinientes, las múltiples singularidades intervinientes. Lo que da la sensación de un cierto control, de una afectación, es la fuerza de las movilizaciones, la fuerza de la multitud, la fuerza de la masa, la participación de las organizaciones, el flujo interpretativo de los discursos interpeladores. Para que haya proceso, en el sentido riguroso del término, es menester que se dé una constante afectación, cambio y transformación de las condiciones, factores, estructuras, instituciones, relaciones, singularidades intervinientes. De alguna manera una especie de control de la composición del acontecimiento. En la medida que la transformación de las condiciones no se da no es tan fácil sostener hablar de proceso para referirse a la coyuntura y a las coyunturas del periodo crítico. En este sentido lo que vamos a hacer es poner a prueba el concepto de proceso en relación al periodo de crisis y de emergencia que se vive en Bolivia desde el 2000 al 2011.
Es imprescindible hacer una reflexión teórica sobre el proceso que vivimos, llamado proceso de cambio; reflexión teórica pues requerimos evaluar la complejidad del curso de los acontecimientos inherentes, sus articulaciones, complementariedades y vecindades, la fuerza de sus tendencias, la correlación de fuerzas, los ritmos, las resistencias y obstáculos al cambio. Sobre todo responder a la pregunta: ¿Por qué está en crisis el proceso? Decimos que hay crisis por las evidencias que se presentan en la coyuntura del proceso: 1) el proceso se ha estancado, no puede realizarse, seguir ascendiendo, continuar con los cambios, con las transformaciones; 2) no se aplica la Constitución aprobada por la mayoría del pueblo boliviano, al contrario, en vez de lograr las transformaciones institucionales, las transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales, se mantiene la vieja maquinaria estatal, se restaura el Estado-nación, se mantienen las normas y prácticas liberales; 3) se producen enfrentamientos entre el gobierno indígena y popular con el pueblo, con las organizaciones indígenas originarias, con sindicatos campesinos y organizaciones e instituciones regionales, ciertamente también con los sindicatos obreros y de los sectores urbanos de maestros y trabajadores de salud; 4) se devela con la medida de nivelación de precios, llamada popularmente gasolinazo, las profundas contradicciones y estancamiento del proceso. Se trata de una medida antipopular, pensada desde la más cristalizada mentalidad monetarista, medida de shock, que termina mostrándonos el estancamiento del proceso de nacionalización, el dominio de las empresas trasnacionales, la efectiva vigencia de los procedimientos neoclásicos en el gabinete económico, la bondadosa política con las transnacionales mineras, la derechización de la conducción del gobierno, perdido en un imaginario industrialista, que no es otra cosa que la supeditación a las necesidades de energía de una potencia emergente vecina. Por lo tanto es esta crisis política la que debe ser analizada.
A propósito, no es suficiente decir que todo proceso vive esta curva de ascenso y descenso, que llega a un momento cuando las contradicciones logran estancar el proceso, detenerlo, que es menester en esa coyuntura precisa, resolver las contradicciones acumuladas, de tal manera que se afecte a las correlaciones de fuerzas en el campo político, en el campo social, en el campo económico y en el campo cultural, empujando las transformaciones institucionales postuladas por los movimientos sociales. Tampoco es suficiente que las razones de este estancamiento se encuentran en el realismo político y pragmatismo optado, en el diferimiento de las tareas de cambio; así como no es suficiente decir que un bloque dominante nacionalista se ha hecho cargo de la conducción del gobierno y del proceso; por lo tanto empuja el desenlace del proceso a una dirección y orientación estatalista, centralista, nacionalista, industrialista y desarrollista, desestimando la realización de las trasformaciones estructurales y la fundación del Estado plurinacional comunitario. De lo que se trata es de comprender como se ha llegado a una situación donde las formas del contra-proceso apuntan a no sólo detener el proceso mismo sino también a desarticularlo. Nos acercaremos a este análisis a través de la evaluación de la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes del proceso.
Hipótesis
1. La crisis múltiple del Estado emergida desde las entrañas mismas del mapa inscrito de los dispositivos de poder, de los diagramas de poder, que atraviesan los cuerpos, crisis manifestada como crisis política, en la contundencia de las movilizaciones explosivas que atravesaron los espesores subjetivos y los mapas sociales, sus geografías políticas y cartografías, durante seis años de luchas insurreccionales sostenidas, muestra la vulnerabilidad de las instituciones, de la clase política y de la maquinara estatal, empero también oculta los sedimentos acumulados de las costumbres, de los sentidos comunes, le las propias organizaciones y dirigencias involucradas en la movilización. En otras palabras, la rebelión social y de los pueblos indígenas originarios, los levantamientos populares múltiples, expresan la fuerza de la interpelación de los sujetos colectivos, empero terminan ocultando el carácter conservador de los sujetos individuales, de las subjetividades labradas en las instituciones y organizaciones. La movilización social abre el horizonte descolonizador, plurinacional, comunitario y autonómico del proceso, empero esconde la fortaleza, por así decirlo de las estructuras consolidadas de una sociedad heredera de las patrimonios y transmisiones coloniales.
2. Las fuerzas capaces de convocatoria a la movilización, capaces de desplegar formas organizativas autogestionarias y de autoconvocatoria, con fuerte configuración organizacional horizontal, no estaban preparadas para inventar nuevas formas de administración autogestionarias. Esto se puede observar cuando la Coordinadora del Agua y Defensa de la Vida debe hacerse cargo de la administración del agua en Cochabamba, se opta a volver a la administración municipal, donde se termina ahogando el proyecto de administración autogestionaria. Casi lo mismo ocurre o algo parecido cuando las dirigencias se hacen cargo de las administraciones municipales, donde terminan ahogados por las normas, procedimientos y formas administrativas del viejo Estado. Terminan tragadas y lo que es lo peor se convierten en los mejores defensores de estas administraciones liberales y nacionales. Lo más patético ocurre cuando el MAS llega al gobierno, el poder termina tomando al MAS y no el MAS al poder. El MAS se convierte, a través de los celosos ministros invitados, en el mejor dispositivo de mantención, conservación del Estado-nación, como forma moderna del Estado liberal y como forma oculta, opaca, del Estado colonial. El gobierno llamado indígena-popular se agarra de las redes, los amarres, de los engranajes e instrumentos operativos y técnicos del Estado, buscando refugio en el aprendizaje dramático de la administración pública. Los altos funcionarios y los mandos medios, incluso la poca dirigencia que ingresa al aparato ejecutivo, terminan convirtiéndose en los mejores defensores del sistema administrativo, de sus normas y sus prácticas. Se gana de esta forma un nuevo funcionario, perdiéndose un dirigente. ¿Qué nos muestra esta experiencia? ¿Qué los postulados, las agendas y los objetivos que se proponen los movimientos sociales son sólo utopías, que no pueden trastrocar las estructuras fosilizadas de una sociedad de clases y de un Estado colonial? ¿O mas bien, qué no hay voluntad política, que no hay las condiciones para la realización de esta voluntad, que no se dan las condiciones subjetivas, para usar términos de una vieja discusión? El problema es que no es tan fácil responder a esta pregunta, pues tenemos, de todas maneras, a pesar de la construcción dramática del pacto social y político, aprobada una Constitución, la escritura de los planteamientos caros de las movilizaciones: Estado plurinacional, comunitario, autonómico, modelo pluri-institucional del Estado, democracia participativa, modelo de pluralismo autonómico, modelo de economía social y comunitaria, manteniendo la condición comunitaria del Estado y apuntando a la perspectiva de un paradigma alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo, el vivir bien. Esta decisión es mayoritaria, está constitucionalizada, ese es el programa político, ese es el querer de la mayoría de los bolivianos. ¿Cómo es que no se convierte este querer en voluntad o cómo la voluntad no se plasma en materialidad política y en un nuevo mapa institucional? Considero que para poder responder esta pregunta es menester considerar un grave problema político, que puede ser llamado como de disyunción, desencajamiento, desacoplamiento, incluso de hasta contradicción política; problema político que tiene que ser comprendido, hecho inteligible, mediante una cruda interpretación: en el fondo, a pesar de los discursos, el gobierno, los ministros, los funcionarios, tampoco el MAS, y, lastimosamente, la dirigencia ejecutiva de las organizaciones, no creen en la Constitución. Consideran que es un discurso político bueno para lanzarlo en las campañas electorales, contra la derecha, y en los escenarios donde se recicla la ritualidad y ceremonialdad del poder, está bien para el teatro político, pero no para aplicarla, no para tomarla en serio, menos para usarla como instrumento de transformación. Esa posición nos muestra fehacientemente que se ha llegado al poder para estar en el mismo, aposentarse, gozar de sus beneficios y privilegios, pero no para transformarlo, se ha llegado al Estado para mantenerse en el mismo, habitarlo, pero no para destruirlo y construir otra forma política que ayude a efectuar las emancipaciones múltiples.
3. El llamado modelo económico extractivista tiene varado a todo el campo económico en las formas de reproducción de la dependencia, de la supeditación y subsunción a las formas de acumulación del capital a escala mundial. En este sentido se entiende que todos los dispositivos administrativos, normativos e institucionales estatales estén condicionados por las formas de la economía extractiva y estén para mantener este sistema, conservarlo e incluso mejorarlo, ampliando la expansión extractiva. Por eso mismo se puede entender que la administración estatal de la economía sea uno de los espacios más conservadores y resistentes al cambio. No es tan fácil cambiar las políticas económicas cuando estas se han consolidado en las formas de funcionamiento de las oficinas del gabinete económico. Menos aun cuando se trata enfoques y métodos incorporados desde los programas de apoyo de la cooperación internacional. Hay como una concomitancia entre los programas internacionales y las reformas nacionales en la perspectiva de reforzar los engranajes del orden internacional, de la dominación mundial del centro sobre la periferia del sistema-mundo capitalista. No es casual entonces que en este espacio de acción institucional se haya gestado el gasolinazo, tampoco que se oriente la política económica desde la cautelosa lectura del supuesto del equilibrio macroeconómico. Usando términos relativos a la metáfora arquitectónica del Prefacio de El capital, podríamos decir que entre estructura económica y superestructura jurídica, política, ideológica y cultural, se produce un condicionamiento perverso induciendo una estrategia económica dependiente. Estos condicionamientos materiales impiden la aplicación de la Constitución en lo que respecta a la transformaciones económicas, al cambio de modelo económico, salir del modelo extractivista e ingresar a un modelo productivo-producente, orientado a la economía social y comunitaria, articulando y complementando la economía plural de una manera integral, en la perspectiva de la democracia económica, la armonía ecológica y la soberanía alimentaria, en el horizonte del vivir bien.
4. No se ha construido el sistema de gobierno de la democracia participativa, no se ejerce la democracia plural, ejerciendo la democracia directa, representativa y comunitaria. No se han abierto las puertas a la participación y el control social. Al contrario, se mantienen las formas de gestión liberal, que separa Estado de sociedad civil, gobernantes y gobernados, especialistas de neófitos, los que saben respecto de los que no saben, es decir, recreando la división del trabajo entre la clase política respecto de las y los ciudadanos, las y los trabajadores, las comunidades. Por lo tanto se trae, como consecuencia de todo esto, el moverse en un círculo vicioso, los que creen saber terminan repitiendo lo mismo que hicieron la burocracia y los funcionarios de anteriores gobiernos, reforzar la auto-referencia de un sistema institucional parasitario, que sirve para mantener las dominaciones múltiples, bajo la ilusión de que se hace política, cuando lo que se hace es legitimar las estructuras de poder.
5. No se han abierto los espacios de crítica y autocrítica, al contrario se han cerrado, optando mas bien por descalificar estas opciones, de reforzar las formas de reproducción de la alabanza generalizada, del contingente de aduladores, los llamados popularmente lluncus, recreando los escenarios patéticos de supeditación servil a los jefes, ocasionando grotescas sobreestimaciones de sus egos. Empujando con todas estas prácticas sumisas a la desconexión institucional de la realidad, generando microclimas organizacionales aislados de los contextos concretos, de las contradicciones y de los conflictos. De esta forma se puede explicar la formación de una consciencia paranoica en los altos funcionarios, que los empuja a la permanente defensa y a identificar enemigos por todas partes.
6. No se ha podido extirpar la corrupción, mas bien se ha generalizado, invadiendo expansivamente zonas que antes estaban como exentas de estas prácticas, pues estaban al margen de ellas. Se retoma la idea del botín en expresiones como que ahora nos toca, reutilizando viejas prácticas prebéndales y clientelares, de circuitos de influencias, de corrosiones exacerbadas, demoliendo con esta imposición de relaciones morbosas las posibilidades de prácticas transformadoras y comprometidas con el cambio. Lo grave de esta proliferación corrosiva es que se articulan redes de alianzas complicadas entre las viejas castas dominantes y ciertos estratos de decisión política.
Conclusiones
Hay que acercarse a la dinámica molecular del proceso para comprender sus cursos, sus rutas y recorridos, sus contradicciones, su campo de posibilidades, sus tendencias y sus correlaciones de fuerzas. Sobre todo tratar de explicarse la crisis del proceso. Teniendo en cuenta las hipótesis planteadas y la experiencia del proceso, lo que llama la atención es la separación casi inmediata entre ejecutivo, incluso gobierno, y movimientos sociales en lo que respecta a la construcción de la decisión política, de las políticas públicas y de las medidas que deberían estar destinadas al cambio. En otras palabras, los que lucharon y abrieron el camino del proceso no gobiernan, gobiernan los funcionarios. Quizás esta separación forma parte importante de la matriz de la crisis, empero para tratar la matriz de la crisis debemos tener una mirada integral. Tampoco debemos circunscribirnos sólo a las condicionantes internas de la crisis del proceso sino también debemos abrirnos a sus condicionantes externos; no podemos olvidar que nos encontramos insertos en un sistema-mundo y en una economía-mundo capitalista, que, por lo tanto estamos también afectados por la crisis global. En este sentido, al conjunto de hipótesis relativas a las condicionantes de la crisis del proceso, debemos añadir una lectura de la crisis estructural del capitalismo.
¿A qué llamamos crisis estructural del capitalismo? Hablamos de una crisis múltiple, crisis de reproducción, de sobreproducción, crisis de hegemonía, crisis financiera. Esta crisis es estructural porque afecta al sistema-mundo ya la economía-mundo capitalista, pero lo hace bajo las condiciones históricas concretas, las que corresponden al ciclo del capitalismo vigente, nos referimos al ciclo que contuvo la hegemonía norteamericana y ahora contiene el dominio a secas de los Estados Unidos de América. Este ciclo ha ingresado a su fase de crisis financiera, que es como el lugar especulativo del sistema económico del capital, cuando se transfiere la crisis de sobreproducción a los mecanismos especulativos financieros. Los Estados Unidos hegemonizan el despliegue del ciclo de acumulación capitalista vigente desde el fin de la segunda guerra mundial, imponen su sello, transformando el sistema de libre comercio, conformado por la hegemonía británica, en un sistema de libre empresa, produciendo transformaciones estructurales en la forma del capitalismo, introduciendo nuevas formas de administración industrial y de administración económica, como el taylorismo y el fordismo, expandiendo estas formas por el mundo, amparados por su dominio y mediante la inversión directa de capital y la instalación de sus corporaciones trasnacionales. Esta hegemonía se clausura con la derrota en la guerra de Vietnam, dándose lugar desde entonces a una crisis política, a un replanteo de sus estrategias y a un dominio a secas sobre el mundo, sin hegemonía y sin legitimidad. Hablamos de un mundo capitalista estructurado y jerarquizado geopolíticamente y geográficamente; en la cúspide contamos con el dominio tecnológico, militar, económico y comunicacional de los Estados Unidos de América; después están los países centrales, que comparten la dominación y se comportan ambiguamente, a veces como satélites, otras veces resistiendo o abriendo la posibilidad de bloques alternativos como la Unión Europea, también emergiendo como posibilidades de un nuevo ciclo, como es el caso del desplazamiento capitalista de China en la red regional asiática; después vienen los países semi-periféricos; por último se encuentra el gigantesco espacio multi-diverso de la periferia, lugar indomable, de plurales resistencias, aunque también de complicadas sumisiones. En este contexto del sistema-mundo nos interesa las formas de inserción e irradiación de la crisis estructural del capitalismo en la periferia, sobre todo interesa comprender los efectos de esta crisis en el desenvolvimiento de las crisis políticas y las crisis económicas en la periferia. En lo que respecta a Bolivia interesa entender cómo la crisis política desatada el 2000 y la crisis del Estado-nación que se extiende hasta nuestros días (2011) son afectadas, se articulan y forman parte de la crisis estructural del capitalismo. De cómo ambos escenarios de las crisis, la mundial y la periférica, desatan procesos de emancipación y de descolonización. Esto sobre todo para evaluar las posibilidades y los alcances de los procesos desatados.
Volviendo a la anotación del comienzo, podemos concluir lo siguiente:
a) Los movimientos sociales desatados el 2000 y que continúan hasta el 2005 logran desarticular la legitimidad y la dominación de la clase política, representantes de la burguesía intermediaria y de la casta blancoide-mestiza privilegiada por la perduración de las estructuras coloniales, logran poner en evidencia la crisis múltiple del Estado-nación y logran expulsar a los gobiernos neoliberales, abriendo un nuevo curso descolonizador con el gobierno de Evo Morales, el proceso constituyente y el inicio de un proceso de nacionalización. Empero, una vez en el gobierno, los movimientos sociales no logran transformar las condiciones, las estructuras y las instituciones sobre las que se conforma y reproduce el Estado-nación. Los aparatos, la maquinaria estatal, las estructuras de gobierno, siguen siendo prácticamente las mismas. Las prácticas de gestión siguen siendo recurrentemente liberales, las normas de la gestión siguen las mismas lógicas liberales. También en la sociedad perduran las estructuras desiguales, las estratificaciones históricas, las relaciones y prácticas de reproducción de clases y de castas. Lo que se ha dado es una irrupción indígena, un empoderamiento de espacios, un trastrocamiento simbólico de los imaginarios coloniales. En este sentido, lo que podemos decir es que desde el 2006 se experimentan intentos de construir un proceso de transformación, empero de una manera diferida, pragmática, contradictoria, que incluso puede tomarse como regresiva. Este intento de cambio se efectúo desde el gobierno a través de políticas, que en principio fueron de irrupción, como el inicio del proceso de nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, pero, en la medida que pasaba el tiempo, las otras políticas fueron excesivamente tímidas, en la medida que se dejó intacto el aparato estatal, la estructura ejecutiva y la forma de gobierno y la forma de gestión. El intento de trasformación también se hizo sentir, de alguna manera, desde las actividades desesperadas de las organizaciones sociales, intentando desordenadamente incidir en las decisiones políticas del gobierno. Así mismo desde el accionar crítico de las organizaciones indígenas originarias, intentando redefinir voluntariamente un proyecto coherente con la descolonización. Ciertamente el mayor intento de transformación se efectúo desde la Asamblea Constituyente, escribiendo una Constitución descolonizadora que apunta al Estado plurinacional comunitario y autonómico. También se puede decir que el intento de transformación se efectúo de una manera dispersa y distribuida, a partir de un conjunto puntos y líneas de enfrentamiento que intentan lograr transformaciones concretas y específicas. Sin embargo, estos intentos no han logrado articularse y conformar una fuerza hegemónica de conducción del proceso; han prevalecido las fuerzas resistentes al cambio, consolidadas en estructuras, en instituciones y en la arquitectura estatal, han prevalecido las prácticas y relaciones consolidadas en la costumbre social. Entonces se puede decir que la articulación de un proceso de transformación está pendiente.
b) En relación a la puesta en prueba del concepto de proceso para referirnos a la segunda etapa del periodo en cuestión, pues la primera corresponde más claramente a un proceso de movilización social que replantea la correlación de fuerzas en el campo político, descompagina las estructuras de poder, cuestiona las formas de dominación y legitimación liberal del Estado-nación, barre con el modelo neoliberal. El proceso de transformación del que hablamos, etapa cuya delimitación arranca el 2006, no está articulado, en otras palabras, no está conformado, se encuentra en curso de una difícil construcción; se encuentra como emergiendo, empero enfrentando grandes resistencias y obstáculos de las estructuras de la vieja maquinaria estatal, de las costumbres liberales, de la ideología nacionalista cristalizada en los huesos de los funcionarios y dirigentes. La exigencia del momento, la emergencia de la coyuntura, es desatar una revolución cultural descolonizadora y una movilización generalizada que reconduzca el proceso a sus cauces iniciales, establecidos en la Constitución.
Subjetividad y nomadismo en el proceso
¿De qué hablamos cuando usamos el término sujeto? ¿Desde qué perspectiva? Se dice que de acuerdo a la gramática se concibe que el sujeto es uno de los sintagmas nominales requeridos por los verbos finitos no impersonales en las lenguas nominativo-acusativas, por lo tanto , es uno de los dispositivos destacados de la mayoría de oraciones en esas lenguas[38]. Hablando nebulosamente, en términos generales, se puede decir que en filosofía, al pensar en el sujeto se hace referencia a un ser que es responsable de sus actos, en el sentido de que su comportamiento o conducta no son meramente reactivas, sino que aporta un excedente de originalidad que responde a lo que solemos entender por decisión o voluntad. A lo que se añade también la capacidad de un conocimiento inteligente, lo que quiere decir que es capaz de conocer la realidad como objeto, es decir, tal cual es, con independencia de las condiciones propias del conocimiento subjetivo. Este es el concepto de sujeto cognoscitivo[39]. Immanuel Kant define estructuras innatas del sujeto, el espacio y el tiempo, capaces de ordenar la experiencia de la exterioridad y la experiencia de la interioridad. Interpretando, podemos decir que el núcleo fundamental, estructurante del sujeto se encuentra pues en las condiciones a priori de la estética trascendental. Siguiendo con la interpretación, podemos decir que el segundo nivel estructurante del sujeto es la imaginación, facultad que es capaz de lograr una síntesis configurativa de la experiencia mediante el procedimiento del esquematismo. Un tercer nivel estructurante del sujeto vendría dada por la lógica trascendental, que comprenden categorías trascendentales del entendimiento, las que se comportan como juicios sintéticos a priori, los que permiten la construcción de conceptos físicos, matemáticos, y los relativos a la descripción de la naturaleza. Un cuarto nivel estructurante del sujeto son las ideas, las mismas que aparecen como telos (fines) capaces de orientar concepciones y teorías. Como atravesando este cuadro se encentra el juicio estético, que adecúa los medios a los fines de la experiencia sensible-sensual, conformando el gusto, el sentido de lo bello y de lo sublime. También tenemos que hablar de otra transversal práctica, que articula razón y voluntad, que conforma la dimensión ética y moral del sujeto, empujándolo a la acción, mediante imperativos categóricos. Como podrán ver el sujeto trascendental aparece en Kant como un armazón de condiciones a priori y predisposiciones arquetípicas que lo ayudan a ordenar la experiencia, avanzar en el conocimiento, configurar las sensaciones, orientar sus finalidades, empujarlo a la acción a partir de una perspectiva moral. En cambio en Georg Wilhelm Friedrich Hegel el sujeto aparece como un espesor altamente dúctil inmanente y trascendente, empujado al despliegue del extrañamiento y al retorno del ensimismamiento; hablamos de un espesor subjetivo atravesado por el devenir de la experiencia de la consciencia. De manera distinta, opuesta, Friedrich Nietzsche critica la noción de sujeto, que la considera una creencia en la existencia de un sustrato de donde surgen las acciones[40]. Tomando en cuenta el Breve Diccionario de Psicoanálisis, publicado por Jorge Alemán[41], se define a este sustrato emotivo, sensitivo, imaginativo y cognitivo de la siguiente manera: el sujeto no es ni la conciencia, ni la reflexión, ni el yo. Es una escisión incurable, una fractura originaria y estructural, que se tiene que elegir a ella misma a través de sus deseos. La conciencia, del yo, la reflexión, son distintas ficciones que intentan suturar una herida inaugural, la del sujeto del inconsciente[42]. Michel Foucault, Gilles Deleuze y Félix Guattari van a desechar esta creencia en un sustrato de nuestras acciones y de nuestras representaciones, también van a criticar el concepto de escisión del psicoanálisis pues consideran que conserva la creencia en un sustrato aunque sea entendida como fractura, reviviendo la estructura simbólica fundante de la familia nuclear, padre-madre-hijo, la santa familia. Se desplazan mas bien a los análisis de la constitución de las subjetividades, a la construcción de los mapas de los distintos posicionamientos de los sujetos, pensando más que en una fractura, en una distribución dinámica, un juego de movimientos de resistencias y líneas de fuga. No hay sujeto sino un pluralismo de subjetividades en campos de batalla, en espesores territoriales y corporales definido por el enfrentamiento de resistencias y nomadismos con las cartografías de poder.
Como se podrá ver en este breve mapa conceptual en torno al sujeto y la subjetividad, tenemos también un campo de batalla en torno a la enunciación sobre este sustrato de las acciones, desde un conjunto de perspectivas, o desde este mapa accidentado de posicionamientos, agenciamientos y líneas de fuga, desde otras perspectivas. Es importante tener en cuenta este mapa conceptual al momento de tratar sobre el sujeto del proceso que vivimos como consecuencia de las movilizaciones sociales de 2000 al 2005.
Constitución de sujetos y subjetividades
Dejamos de lado en el mapa teórico pendientes otras figuras conceptuales en torno al sujeto, las que tienen que ver con la psicología social, pero también las que tienen que ver con las corrientes marxistas. Según la psicología social el sujeto se constituye a través de los grupos con los que se vincula incluso desde antes del nacimiento. Por eso aquella habla de un sujeto en tanto se entiende esto como sujetado pero también productor y creativo, en tanto posee la capacidad de transformar su mundo y a sí mismo[43]. En las corrientes marxistas se puede considerar al sujeto social como clase, clase que se constituyen en la lucha de clases[44], clase que pasa de ser clase en sí a clase para sí, cuando pasa de la lucha económica a la lucha política. Se trata de un sujeto histórico constitutivo del proyecto anticapitalista por excelencia, el comunismo. Se entiende que se trata de un sustrato histórico que sostiene acciones de resistencia, de rebelión, de sublevación y de insurrección, de un sujeto encargado de abrir el horizonte del comunismo como alternativa al capitalismo. La enunciación de este sujeto ha sido sostenida hasta la caída de los estados socialistas de la Europa oriental (1989-1991); en Bolivia se puede decir que la enunciación de su convocatoria ha sido sostenida hasta la experiencia de la Asamblea Popular (1971), incluso extendiéndose un poco más, hasta la caída de la UDP (1984). Después de desaparecer este sujeto proletario de las formaciones enunciativas gravitantes y de las cartografías del poder en ejercicio, se abre el abanico de sujetos y subjetividades que también resisten a las formas del capitalismo, a las polimorfas estructuras de dominación, de relaciones de poder, al Estado colonial, al Estado patriarcal. Ciertamente la emergencia de estos posicionamientos subjetivos comienza mucho antes de la caída estrepitosa de los estados socialistas de la Europa oriental, antes del derrumbe de la hegemonía discursiva de la enunciación del sujeto de clase; sin embargo, se hacen plenamente visibles en el ejercicio de sus resistencias y estrategias alternativas una vez desmoronado el imaginario del proletariado.
En el continente de Abya Ayala emerge un espesor de subjetividades, un campo de posicionamientos de sujetos, con capacidad de interpelación integral y de larga duración histórica; este espesor y este espacio de subjetividades puede ser nombrado como el relativo al sujeto plural indígena. La emergencia de su enunciación comenzó en la región andina con los levantamientos indígenas del siglo XVIII, después reiteradamente e intermitentemente aparece en la forma de levantamientos y sublevaciones en defensa de los territorios comunitarios, dando lugar en los momentos más intensos de la lucha a la enunciación de un proyecto político de reconstitución. Uno de esos momentos intensos se da con la masacre del valle, la ruptura del pacto militar campesino y el surgimiento de un discurso anticolonial y descolonizador, un proyecto político-cultural reconocido como katarista. La expresión efectiva y práctica de este discurso, la expresión territorial del proyecto de reconstitución, se da con el bloqueo nacional de caminos de 1979 organizado por la CSUTCB, bajo la dirección de Genaro Flores. Sin embargo, los momentos más intensos que derivan en un quiebre histórico y en un desplazamiento epistemológico se dan en el periodo de luchas insurreccionales de 2000 a 2005, después de una acumulación de resistencias y periodos constitutivos que arrancan con la marcha indígena de tierras bajas por el territorio y la dignidad (1990-1992).
El sujeto plural indígena se concibe como naciones y pueblos, como culturas y civilizaciones, como resistencias múltiples anticoloniales, no se concibe como clase, aunque las clases sociales estructuradas por el capitalismo periférico la atraviesen. Su identidad no se construye dialécticamente, en un devenir del en sí a un para sí, sino mas bien como una alteridad radical, como una diferencia absoluta con la civilización y cultura dominante, la modernidad, aunque la manifestación heterogénea de las modernidades proliferantes termine constituyendo su auto-referencia y su hetero-referencia. La identidad se construye como memoria, como lectura de la inscripción colonial en los cuerpos. La emancipación entonces tiene que ver con la recuperación de los símbolos y valores, aunque en el mundo en que vivimos se hayan transformado, hayan sufrido su transvaloración. Lo importante es construir la significación del mundo desde el imaginario de la ancestralidad, como valor supremo frente a la degradación capitalista. Se trata de la recuperación de los territorios, de los espesores culturales, como alternativas a la mercantilización. Podríamos decir que se trata de una constitución nómada debido a la circularidad de los movimientos, la dinámica de los recorridos, la transformación hermenéutica de las redes sociales. En otras palabras, se interpreta el presente desde otro lugar, desde los márgenes, desde una afuera resistente, no subsumido, que permanece como espacio de refugio, aunque también se combina el movimiento con resistencias desde adentro. Esta capacidad de movimiento y articulación le ha permitido a la subjetividad plural indígena amarrar varios escenarios de lucha, la lucha por la reconstitución con la lucha por la interculturalidad, la lucha por los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios con la lucha por la recuperación de los recursos naturales, la lucha cultural con la lucha anti-neoliberal, la lucha comunitaria con la lucha urbana. La mayor expresión de convocatoria y de alianzas se encuentra en el proyecto alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo del vivir bien. Con la alternativa del vivir bien se abre una perspectiva distinta en el combate contra el capitalismo, la defensa de los derechos de los seres vivos de la madre tierra, articulándose entonces con las luchas ecologistas. Se entiende entonces que el sujeto plural indígena es el sujeto del proceso de cambio, es el sujeto del proceso constituyente y el sujeto de la fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico.
La irradiación del sujeto plural indígena, de las múltiples subjetividades resistentes y las líneas de fuga alterativas, no excluyen otras identidades colectivas, al contrario las integran en un juego hermenéutico intercultural abierto. No se entiende entonces por qué se acusa al movimiento indígena de excluyente, culpándolo de racismo invertido; lo que ocurre es que al quedar suspendidos los privilegios de la hegemonía mono-cultural, mono-nacional y mono-civilizatoria se abre un ámbito de relaciones nuevos, horizontales, interculturales, complementarios a los que no se está acostumbrado. El sujeto plural indígena se ha convertido en el articulador de nuevas alianzas en la lucha contra el capitalismo, en la construcción de la condición plurinacional, de la condición intercultural, de la condición comunitaria y de la condición autonómica, también en el articulador de una integración complementaria de las sociedades, naciones y pueblos con los seres vivos y los ciclos vitales.
Este es el horizonte histórico abierto por los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas originarios, ahora nos toca ver las contradicciones del proceso, sobre todo las contradicciones entre este espesor de subjetividades nómadas y las estructuras de poder instituidas, las sedimentaciones institucionales acumuladas, las prácticas cristalizadas en las costumbres y las conductas, las formas gubernamentales liberales heredadas.
Subjetividades interpeladas y crisis del proceso
El estancamiento y las contradicciones del proceso han puesto en evidencia los problemas de la transición. Ya escribimos sobre los problemas que contrae la inercia estatal, la pervivencia del instrumento de separación y dominación del Estado, la persistencia y restauración del Estado-nación, la forma liberal, la forma moderna del Estado colonial. Hablamos sobre la persistencia y continuidad de la normatividad liberal, de la administración de estas normas en la gestión pública. También nos referimos a la repetición de la forma de gubernamentalidad liberal, que separa Estado de sociedad civil, gobernantes de gobernados, burócratas de gente común, especialistas de neófitos, representantes de representados, limitando los alcances de expansión y profundización democrática abiertos por el proceso constituyente, entendiendo al sistema de gobierno como democracia participativa, desatando el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria. También denunciamos el proyecto ambivalente del gobierno, un proyecto nacionalista, que apunta a la restauración del Estado-nación, al capitalismo de Estado, mediante la búsqueda de un trasnochado imaginario de la revolución industrial, que, en realidad esconde la supeditación al desarrollo de una potencia emergente, necesitada de energía y conexiones transoceánicas. Todo esto se encuentra en otros textos, ahora queremos concentrarnos en las contradicciones inherentes a las subjetividades en transición.
Tomando en cuenta las subjetividades del proceso o, mas bien, el conflicto de las subjetividades, los transcursos de constitución y de-constitución de sujetos, para comenzar es conveniente distinguir entre el sujeto de las movilizaciones, el sujeto de las organizaciones y el sujeto de las dirigencias. No son el mismo sujeto, se da como en una curva de comportamientos distintos posicionamientos del sujeto o, mejor, distintos perfiles de las subjetividades. El sujeto de las movilizaciones es un sujeto heroico, es capaz de las acciones más arriesgadas, de mayor gasto emocional, corporal y material, sin esperar nada en retribución, a no ser lo que tiene que ver con los fines mismos de la movilización, que tienen que ver con el alcance del acontecimiento trastrocador. Como se puede ver, se trata en pleno sentido de la palabra, de un gasto heroico, tal como lo definía Georges Bataille. Se trata de un sujeto colectivo, constituido en la articulación misma de la revuelta, un sujeto desbordante que articula cuerpos, experiencias, emotividades, pensamientos, empujándolos a desplegar un campo de intensidades desbocado, atravesando todos los límites y limitaciones, demoliendo inhibiciones, prohibiciones y conductas supeditadas. Es también la rebelión de las pasiones, de los deseos, de las esperanzas. Pasando a otro sujeto o a otros posicionamientos del sujeto, esta vez al sujeto de las organizaciones, podemos decir que, a diferencia del sujeto heroico de los movimientos sociales, el sujeto de la organización es un sujeto más estructurado, incluso más conservador, responde a acuerdos, a reglamentos, a sesiones y reuniones, tiene presente un principio de realidad, las relaciones establecidas entre instituciones, aunque todos estos compromisos se den en el marco del conflicto. Debido a esta diferencia de campos de subjetividades, muchas veces ocurre que lo que se gana en la movilización se pierde en la mesa de negociaciones. Ciertamente las organizaciones forman parte también de las movilizaciones, empero de otra manera, no imponen su voluntad, mas bien están sometidas a la voluntad colectiva, a la voluntad de las asambleas, a la voluntad de las bases. En este sentido se puede comprender que cuando se desata la movilización las organizaciones se convierten en instrumentos de los movilizados. La relación es distinta entre movimiento y organización durante la movilización respecto a lo que ocurre antes o después de ella. En la medida que las movilizaciones se detuvieron a fines de 2005, dejando la iniciativa al ejecutivo, la voluntad de la forma organizacional fue gravitante y la voluntad del ejecutivo fue determinante. El sujeto de la dirigencia es todavía más específico, individualizado, vinculado a las historias de vida, sometido a la contingencia del diario vivir, por eso conllevando sus propios intereses y optando por sus propios cálculos, incluso de costo y beneficio. Este sujeto de la dirigencia es vulnerable a la cooptación y a la negociación, sobre todo cuando se distancia de la relación con las bases, la deliberación y reflexión colectiva de las bases, incluso puede llegar al colmo de no consultar a la propia dirigencia con la que comparte la representación de la organización.
Esta diferencial de subjetividades, acompañada por la modificación de escenarios y coyunturas, saliendo de un periodo de movilización y entrando a una etapa de gestión de gobierno, es el substrato subjetivo que condiciona las variaciones de la conducción y orientación del proceso. Pongamos en la mesa una hipótesis de interpretación: Ocurre que la pusilanimidad de la dirigencia deja que la cooptación se convierta en el modus operandi de la relación entre gobierno y organizaciones sociales, por lo tanto no impulsa el control de las organizaciones de la gestión de gobierno, menos de la conducción del proceso. Las reuniones se convierten en rutinarias, ocupadas de trámites singulares y de cosas pequeñas, alejados del análisis y de la reflexión de lo que acontece con el proceso, salvo en algunos momentos álgidos y emergentes, cuando la dirigencia se vio obligada a convocar a las bases como aconteció con la marcha de Caracollo a la Plaza Murillo para exigir al Congreso la Ley de referéndum constituyente. Sin embargo, estas excepciones confirman la regla, no hubo participación y control social de la gestión de gobierno, menos hubo movilización para profundizar el proceso, sobre todo después de la promulgación de la Constitución, para garantizar su aplicación consecuente.
Se dejó el decurso del proceso en manos del ejecutivo. En este caso, ¿de qué sujeto hablamos? Se dice que el ejecutivo tiene el sartén por el mango, esto es relativamente cierto, dependiendo de las circunstancias, también de las condicionantes y los contextos en los que se mueve, sobre todo en los juegos, estrategias, alianzas con las que se compromete. En todo caso se trata de un gobierno llamado indígena-popular, que ha recibido el mandato de las movilizaciones de 2000 al 2005, de dos elecciones nacionales, de referéndums y sobre todo de la Asamblea Constituyente y del pueblo boliviano cuando aprueba la Constitución Política del Estado. El problema es que este mandato no es cumplido, la voluntad del ejecutivo va por un lado y la voluntad del mandato va por otro lado. ¿Cómo explicar esta diferencia? No se puede explicar solamente por la falta de integración del ejecutivo con el contenido histórico del proceso, con los movimientos sociales, con las organizaciones sociales y con la compresión del espíritu constituyente; una falta de conexiones estructurales con el magma instituyente no explica del todo la diferencia de perspectivas. Hace falta saber qué pasa al interior del ejecutivo y, desde la perspectiva de este ensayo, saber que posicionamiento efectúa el sujeto de gobierno. Habría que dibujar un cuadro tentativo que sería una segunda hipótesis de interpretación: Comencemos con las “cabezas”, es indiscutible el liderato del presidente de lo que debería ser el Estado plurinacional de Bolivia, la confianza popular se ha depositado en su figura, se ha construido un imaginario colectivo de su presencia. Este liderazgo se expresa en una personalidad carismática y dominante en el ejecutivo, sobre todo en las reuniones del gabinete. En las sesiones del ejecutivo el entorno del presidente, que son los ministros, tiende a un comportamiento acrítico, avalador, incluso adulador, transmitiendo información positiva, aunque no sea sostenible ante una mínima contrastación con los hechos y acontecimientos. Hablamos entonces, en este caso, en el caso de los entornos, de un sujeto sumiso, supeditado a los humores del líder, un sujeto contemplativo, pero también obediente. El mismo escenario se repite, con sus variantes, en los ministerios, en las instituciones descentralizadas y en todas las dependencias del Estado. Se trata de la repetición del mando, la obediencia de la jerarquía, se confunde la organización con la supeditación; ya no se discute, no se permite la crítica, no se ventila entonces el raciocinio, que demandaba Jürgen Habermas en el contexto de su teoría crítica de la comunicación y de la acción comunicativa. Como se puede ver, en esta estructura piramidal de la organización estatal se repite la forma de gestión por órdenes, no por construcción colectiva, por mandatos, no por consensos operativos, no por cotejo y comparaciones sino por deducciones ideológicas. Bajo estas condiciones subjetivas, en este contexto administrativo y organizacional, se explica entonces que el Estado no solamente sea un instrumento separado sino ajeno a la vida cotidiana, a las circunstancias concretas de los problemas evidentes de la sociedad. Por eso también se explica que el gobierno termina haciendo políticas públicas a parir de su imaginario político, que es el imaginario de la soberanía, es decir de la legitimidad del poder; en el mejor de los casos termina haciendo políticas publicas desde los supuestos técnicos, que casi siempre se reducen a una heurística cuantitativa, que reproduce en las dimensiones de las magnitudes y de los indicadores las hipótesis insostenibles del progreso o, con menor pretensión, de la eficacia. Comprendiendo el significado político e ideológico de estos términos, legitimidad, técnica y progreso, podemos ver que, efectivamente, los criterios de la legitimidad del poder, los criterios técnicos y las ideas de progreso son concomitantes, se colman y se auto complacen. Podríamos decir que al reforzarse mutuamente reproducen la separación del Estado, pero también su alejamiento de las contingencias de los acontecimientos, su separación de la lucha de clases y su alejamiento de la comprensión del momento, de la coyuntura y del proceso. Lo que ocurre con las “cabezas”, en la punta de la pirámide gubernamental, es preocupante; al asumir la carga de la representación en sus cuerpos pueden apreciar este simbolismo de manera descomunal y absoluta, por ejemplo, terminar expresando en el fondo de sus conductas y sus discursos, de sus posicionamientos subjetivos, un significado egocéntrico, terminar expresando el sentido supremo de la auto-referencia, transmitir este sentido en el discurso al enunciar la creencia de que el proceso soy yo, que repite de manera sobrecogedora la frase absolutista atribuida a Luis XIV cuando se dice que afirmaba categóricamente L'État, c'est moi, el Estado soy yo[45].
El poder es, en sí mismo, paranoico; absorbe de una manera descomunal el simbolismo y la representación del Estado y la nación. La afirmación expresa la desesperación o la exigencia del monopolio y el control del proceso. Estas afirmaciones también derivan en otras autodefiniciones egocéntricas, transmitidas también en el sentido mismo de los discursos, expresando en el fondo que la ideología del proceso soy yo. Petulancia intelectual, pero sobre todo una expresión dramática de la voluntad de verdad, de la voluntad de saber, de la voluntad de controlar la producción significativa del proceso. Estas actitudes que muestran las desmesuras subjetivas del poder, son demoledoras y destructivas en los momentos de más alta legitimidad y confianza, empero son extravagantes por su propia desmesura en los momentos de crisis, de baja legitimidad y confianza. En la coyuntura actual, caracterizada de crisis del proceso, el funcionamiento aparatoso de la maquinaria estatal, su rutinaria recurrencia de reproducción de relaciones micro-físicas y macro-físicas de poder, así como también la rimbómbate discursividad de la auto-referencia descomunal, de la convergencia desbordante del poder, de las formas de representación delegada del Estado y del proceso, replegadas al espesor paranoico del ego, aparecen en su completa dislocación grotesca respecto de las plurales y complejas manifestaciones de las vidas sociales, políticas, económicas y culturales. Desde esta perspectiva podemos decir que la crisis del proceso no solamente es política sino también de representación, no solamente se resume a la crisis política y a la crisis de representación, sino también la crisis se traslada al discurso mismo de la auto-referencial del poder.
Evaluando el contexto y la coyuntura del proceso podemos decir que, la reconducción del proceso no solamente pasa por la retoma de su dirección por parte de los actores y protagonistas del proceso, los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, el proletariado nómada, las mujeres del feminismo de-colonial, las subjetividades diversas, no sólo pasa por las transformaciones institucionales y las transformaciones estructurales que exige la fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico, sino también por el desborde del plano de inmanencias, el desborde de las subjetividades alternativas y emancipadas. Se requiere de un trastrocamiento radical de los imaginarios y de las subjetividades. Esto es acudir a la convocatoria del sujeto plural indígena, convocatoria descolonizadora, anticapitalista y por la integralidad de los seres y los ciclos vitales de la madre tierra.
[1] Entre sus fundadores se encontraban entre otros: Sergio Almaraz Paz, José Pereyra, Víctor Hugo Líbera, Mario Monje Molina, Luis Ballón Sanjinés, Jorge Ballón Sanjinés, Jorge Ovando Sanz, Néstor Taboada.
[2] En sus inicios el Partido Comunista de Bolivia envió militantes a entrenarse a Cuba y ellos participaron activamente en las columnas guerrilleras: Inti Peredo, "Loro" Vázquez Viana, Rodolfo Saldaña, "Ñato" Méndez Korné y Coco Peredo, todos militantes de la Juventud Comunista de Bolivia.
[3] Ver el Diario del Che.
[4] Guillermo Lora: La verdadera fecha de fundación.
[5] Karl Marx: El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Archivo Marx/Engels. Capítulo I.
[6] Ibídem: Capítulo I.
[7] René Zavaleta Mercado: Lo nacional-popular en Bolivia. Siglo XXI; México.
[8] Fausto Reinaga: La revolución india. PIB 1969; La Paz.
[9] Podemos citar al historiador Roberto Choque Canqui, al sociólogo Esteban Ticona, al investigador Carlos Mamani Condori, al investigador Pablo Mamani Ramírez, al sociólogo Inka Waskar Choquehuanca, a la socióloga María Eugenia Choque, al sociólogo Félix Patzi, al abogado Idón chivi, a la trabajadora social Lucía Choque, entre un conjunto de intelectuales aymaras destacados.
[10] Pablo Mamani Ramírez: El rugir de las multitudes. La fuerza de los levantamientos indígenas en Bolivia/Qullasuyu. Yachaywasi 2004; La Paz.
[11] Silvia Rivera Cusicanqui: Oprimidos pero no vencidos. Luchas del campesinado aymara y quichwa, 1990-1980. La Paz, Hisbol-CSUTCB; 1984.
[12] Silvia Rivera Cusicanqui: Memoria colectiva y movimiento popular: notas para un debate. Bases 1, México; 1981. También ver El movimiento campesino en la coyuntura democrática. Compilación, 1995. Así mismo La raíz: colonizadores y colonizados. En Violencias encubiertas en Bolivia. Vol 1, La Paz, CIPCA-Aruwiyiri; 1993.
[13] Silvia Rivera Cusicanqui: Bircholas. Segunda edición. Mama Huaco 2001; La Paz.
[14] Tal parece que Pablo Stefanoni en su libro “Qué hacer con los indios…” pretende relativizar o hacer esfumar esta problemática colonial. Su descubrimiento a través de investigaciones académicas de diferenciales y tópicos distintos del entramado de las identidades en mundos heterogéneos y de heterogéneas modernidades le lleva a suponer que el tema indígena es utópico, romántico, ancestral y esencialista. Como si fuese un invento de fundamentalistas. Olvida que las estructuras coloniales no desaparecen por gracia de la filigrana de los detalles, de la elocuencia de las diferencias y las riquezas de las vidas culturales. Al contrario, es como las estructuras coloniales se restauran al modernizarse y complejizarse. Lo que hace Stefanoni es revalorar una especie de reinvención del nacionalismo, en oposición a los proyectos descolonizadores e interculturales.
[15] Marie Danielle Démelas: La invención política. Bolivia, Ecuador, Perú en el siglo XIX. IFEA-IEP.
[16] Revisar de María Luisa Soux El complejo proceso hacia la independencia de Charcas (1808-1826). Guerra, ciudadanía, conflictos locales y participación en Oruro. Plural 2010; La Paz.
[17] Tristán Marof: La tragedia del altiplano. Claridad 1935; Claridad.
[18] Revisar de Álvaro García Linera, Introducción al Cuaderno Kovalevsky de Karl Marx, La Paz, Ofensiva Roja, 1989.
[19] Gayatri Chakravorty Spivak: Crítica de la razón poscolonial. Hacia una historia del presente evanescente. Akal 2010; Madrid.
[20] Carta de Carlos Marx a Vera Zasulich. Material de formación política de la «Cátedra Che Guevara– Colectivo AMAUTA».
[21] Revisar de Pierre Rosanvallon El capitalismo utópico. Nueva visión 2006. Buenos Aires.
[22] Revisar de Franz Fanon Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México.
[23] Revisar de Serge Gruzinsky El pensamiento mestizo. Paidós 2000. Barcelona.
[25] Ver de Dominique Temple Teoría de la reciprocidad. Tres tomos. Padep, GTZ, 2003. La Paz.
[26] Imposturas Intelectuales. Impostures intellectuelles (publicado originalmente en francés por Éditions Odile Jacob, Octubre 1997 y en inglés por Profile Books, Londres, en julio de 1998, con el título Intellectual Impostures. En USA, en cambio, se publicó con el título Fashionable Nonsense en noviembre de 1998.) Alan Sokal y Jean Bricmont. Fue publicado en castellano por Editorial Paidós, Barcelona, 1999 y en catalán por Empúries.
[27] Dipesh Chakrabarty: Al margen de Europa. Tusquets 2008. Barcelona.
[28] Louis Althusser: Marx dentro de sus límites. Akal 2003; Madrid. Pág. 19.
[29] Ibídem: Pág. 20.
[30] Ibídem: Pág. 21.
[31] Expresión dirigida por Marx a Lafargue, contada por Engels en una carta a Berstein.
[32] Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondance Marx-Engels. Lettres sur “Le Capital”, Paris, Éditions sociales, 1964, p. 59. En castellano se puede ver K. Marx y F. Engels, Cartas sobre El Capital, Barcelona, Laia, 1974; pp. 50-51.
[33] Hay que anotar que esto ocurre en los momentos de mayor influencia política de estos partidos, no estamos teniendo en cuenta su etapa de declive y decadencia, cuando se convierten en partidos pequeños, conformados por miembros casi exclusivamente de las clases medias.
[34] Traducción hecha por Althusser. Esta traducción aparece en Marx dentro de sus límites, en el capítulo VIII, titulado Un límite absoluto: la superestructura. Ob. Cit.; págs.74-75.
[35] Louis Althusser: Marx dentro de sus límites. Ob. Cit.; Pág. 78.
[36] Revisar de Louis Althusser el capítulo IX ¿En qué sentido es el estado “instrumento” y “separado”? Libro citado.
[37] Transformaciones pluralistas del Estado. Libro colectivo de Comuna. Muela del diablo; La Paz.
[38] Wikipedia, enciclopedia libre.
[39] Ibídem.
[40] Ibídem.
[41] Jorge Alemán. Artículo publicado en EL CULTURAL, suplemento de Cultura de EL MUNDO, de 4-10 de mayo de 2006; Madrid.
[42] Ibídem.
[43] Wikipedia, enciclopedia libre.
[44] Edward Palmer Thompson: Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Barcelona; Crítica-Grijalbo, 1979.
[45] En Wikipedia, La enciclopedia libre, se encuentra la siguiente anotación: La frase «L'État, c'est moi» («El Estado soy yo») se le atribuye frecuentemente, aunque está considerada por los historiadores como una imprecisión histórica (si se hace caso de las fechas, Luis tendría 1 mes de vida cuando lo dijo), ya que es más probable que dicha frase fuera forjada por sus enemigos políticos para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político que Luis representaba, probablemente surgiendo de la cita "El bien del estado constituye la Gloria del Rey", sacadas de sus Reflexiones. En contraposición a esa cita apócrifa, Luis XIV dijo antes de morir: «Je m'en vais, mais l'État demeurera toujours» («Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá»).