Las formas de la manipulación
Raúl Prada Alcoreza
Hay que prestar mucha atención a ciertas formas
del uso del poder que tienen que ver directamente con lo que llamamos la
manipulación,
es decir, a la forma cómo se quiere forzar e inducir para lograr los objetivos
establecidos. Sobre todo llama la atención el manejo de la gente, el manejo de
la opinión pública, el manejo de las instituciones y de las organizaciones, el
manejo de la información, el manejo de los conflictos. Se interviene
impúdicamente para convencer y conducir a la gente, para influir en sus
conductas; se maneja la propaganda, la publicidad, la comunicación para mostrar
una imagen de la realidad de acuerdo al espejo del poder. El poder se mira en
lo que informa y lo que expresa termina siendo la imagen del espejo, es allí
donde se legitima y ratifica el poder. Se manejan las instituciones como
dispositivos de poder; aunque toda institución es un dispositivo de poder, lo
que hace a la manipulación es el uso forzado que se hace de las instituciones,
buscando alcanzar otros fines, distintos a las finalidades normativas. En el
caso de las organizaciones, estas son cooptadas en la perspectiva de los fines
extra-organizacionales impuestos. Se maneja la información como herramienta de
propaganda, como una extensión de los alcances y el cumplimiento del gobierno.
Quizás lo más grave pasa con el manejo
de los conflictos; lo primero que se hace es ignorarlos, después se los
descalifica, si avanza el conflicto, se intenta cooptar y dividir a las
organizaciones involucradas en la demanda; por este camino se termina optando
por los medios de disuasión y represivos. También se puede pretender arreglar
con los grupos más vulnerables y dóciles del conflicto, como lo que ocurre
ahora en lo que respecta al conflicto del TIPNIS. No se quiere atender ni
dialogar seriamente, solo se transmite la decisión antelada, la crónica de la
muerta anunciada del territorio y del parque, empero se manipula montando una
escenificación en una comunidad, la de Santo Domingo, donde habitan un grupo de
familias indígenas, ahora invadida por visitantes del tramo tres de la
carretera Villa Tunaría-San Ignacio de Moxos, quienes no habitan el TIPNIS, para
aparentar multitud y hacer creer que se conversa y se consulta con las
comunidades asentadas en el TIPNIS.
A propósito de la temática de la manipulación, José
Luis Vega Carballo dice
Se entiende por manipulación un ejercicio velado, sinuoso y abusivo
del poder. Se presenta en cualquier
relación social o campo de la actividad humana, donde la parte dominante se
impone a otras en virtud de que éstas carecen de control, conciencia y
conocimiento sobre las condiciones de la situación en que se encuentran. Aunque
la imposición de cualquier curso de acción tiene siempre consecuencias reales,
lo cierto es que, dentro del campo de la interacción social manipulada, no hay
manera de que las partes afectadas puedan vislumbrarlas anticipadamente,
tampoco analizarlas y menos impedirlas; solo les queda afrontarlas como hechos
consumados.
La manipulación es un
ejercicio velado, sinuoso y abusivo del poder. El poder se ejerce decía Michel
Foucault, no es una propiedad, no es una sustancia, no es una ideología;
diríamos que se trata de relación de fuerzas, una fuerza que afecta y otra
fuerza afectada, una fuerza que hace de función de poder, otra fuerza que hace
de materia de poder. La manipulación se basa en relaciones de poder que buscan
afectar conductas y comportamientos, como toda relación de poder, pero que
recurre en este caso al engaño, a la distorsión, al chantaje, a la presión, al
encubrimiento, al montaje, al teatro, pero también a sutiles mecanismos y
deslizamientos de la violencia, que tienen una particularidad cuando se trata
del Estado y de sus formas de gobierno.
Llama la atención la
reiteración desembozada de las formas de manipulación de un gobierno que se
dice indígena y popular, más aún que se concibe como gobierno de los
movimientos sociales, de acuerdo a las expresiones rimbombantes del
Vicepresidente. En los conflictos con las organizaciones indígenas,
particularmente en lo que ocurre con el conflicto del TIPNIS, ha desplegado de
manera abierta todas las artes de la política vulgar, la astucia “criolla”,
como decimos popularmente, adelantándose a las consecuencias de la construcción
de la carretera; la maniobra se muestra patentemente cuando se hace tres trazos
de la carretera que va de Villa Tunari a San Ignacio de Moxos, buscando eludir
el estudio de impacto ambiental, sobre todo en lo que respecta al Territorio
Indígena y al Parque. La anticipación no consultada también se hace evidente cuando
se acuerda con el entonces presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva
la construcción de la carretera, financiada en gran parte por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social
(BNDES) de Brasil (2008-2009); en este acuerdo se establece el
compromiso fuera de normas de que la construcción de la carretera queda a cargo
de la empresa constructora brasilera OAS. Esta forma de comportamiento sinuoso
y callado, toda esta actitud velada preveía conflictos, por eso se adelantó a
los hechos, encubriendo los acuerdos y convenios antelados. Cuando estalla el
conflicto del TIPNIS la respuesta es escabrosa; primero se confronta
internamente al entonces Viceministro de Biodiversidad del Ministerio de Medio
Ambiente y Agua, Juan Pablo Ramos, quien no quería firmar la ficha ambiental
justamente del tramo II, que pasa por el TIPNIS; segundo se oculta la
información y se miente a la opinión pública acerca del estado de la cuestión
de esta carretera; tercero se dice que no hay trazo del segundo tramo; cuarto,
cuando se desprende la marcha indígena en defensa del Territorio Indígena y
Parque Isiboro-Sécure, se descalifica a las organizaciones indígenas
acusándolas de estar en contacto con la Embajada norteamericana, insinuando que
esta marcha ha sido preparada por agentes de la embajada, volviendo a acusar a USAID
por enésima vez de estar fomentando la marcha indígena; también se acusa a un
conjunto fantasmagórico de ONGs de estar involucradas en la conspiración.
Cuando la marcha se acerca a San Ignacio-de Moxos, altos personeros de gobierno
van a azuzar a los pobladores para que se levanten contra los indígenas de la
marcha. Si bien no consiguen esto, lo que logran es que no se les dé
alojamiento, comida ni agua. Cuando la marcha se aproxima a Yucumo, se movilizan
a colonizadores, cocaleros, policías e incluso la ABC para impedir el paso de
la marcha pacífica, bloqueando a la marcha en esta localidad comercial. Cuando
la marcha consigue apoyo internacional y del país, movilizando a múltiples
grupos de jóvenes, a la organización de regantes, a la federación de
estudiantes de la ciudad de El Alto, a mineros e incluso a organizaciones de la
ciudad de El Alto, como la conocida Coordinadora por la Dignidad de la Ciudad
de El Alto, cuando es patente su contradicción en relación a la consulta previa
libre e informada, consulta que exige la Constitución, buscan dividir a las comunidades
del TIPNIS; todo esto sin responder a la demanda de los marchista. Se opta
entonces por el teatro político, se hace el montaje de un escenario grotesco de
una reunión manipulada en la comunidad de Santo Domingo, llevando gente del
tramo III, que habita fuera del TIPNIS. El presidente va a esa comunidad y
efectúa una tertulia improvisada con los supuestos comunarios, reunión que es
transmitida por la radio emisora oficial Patria Nueva.
El comportamiento del gobierno en todo el conflicto
del TIPNIS devela descarnadamente el sentido de las políticas gubernamentales
en relación al medio ambiente, a la ecología, a los parques y territorios
indígenas, en relación a los derechos de las naciones y pueblos indígenas
originarios, en relación también al modelo heredado, el extractivismo,
incluyendo a la ampliación de la frontera agrícola y la desforestación, así
mismo devela el sentido de las políticas en relación a la coca y la cocaína.
Pero, sobre todo, devela la constante recurrencia del procedimiento más
apreciado por los funcionarios en su relacionamiento con la sociedad, los
pueblos y las organizaciones, este expediente es el de la múltiple manipulación
abierta y desembozada. ¿Por qué recurre a esta maniobra? ¿Qué expresa esta
recurrencia? ¿Una gran debilidad, una gran vulnerabilidad, una descomposición?
José Luis Vega Carballo, el
autor citado sobre la definición de manipulación, dice que:
Pero aún allí, en momentos de crisis de
consenso, cuando se ponen en entredicho la legalidad y legitimidad del régimen, los dirigentes
terminan apostando a la manipulación para controlar las reacciones de los
dominados. Surgen distintas fórmulas para encubrir decisiones de emergencia,
desde los discursos efectistas hasta los despliegues de propaganda,
tácticamente destinados a compensar la carencia de argumentos capaces de
persuadir a las masas y mantenerlas leales al régimen. Cuanto más avance la
desestabilización y se aproxime la posible subversión violenta del régimen, es
mayor la frecuencia con que se aplican dosis variables de manipuleo con
represión, incluyendo las llamadas “cortinas de humo”, cuyo propósito es
distraer la atención de los subordinados para apartarla de los verdaderos
problemas que la dirigencia no puede resolver.
La recurrencia
a la manipulación parece aumentar cuando hay crisis de consenso. Desde esta
perspectiva vendría a ser algo que sustituye al consenso o cuando falta
consenso se recurre más a la manipulación. Este procedimiento de maniobra
vendría a ser un síntoma de la crisis de consenso, que también significa una
crisis de credibilidad; la pérdida de confianza también generaría el incremento
del uso de la manipulación. Esta tesis podría llevarnos a pensar en una
relación inversamente proporcional, pero no es así, pues la variedad de los
recursos, dispositivos y agenciamientos de poder más bien presentan un mapa de
combinaciones complejo, que se da de una determinada manera, dependiendo de las
coyunturas y los contextos. Incluso cuando hay consenso los gobiernos no dejan
de recurrir a tácticas de maniobra. Se trata de procedimientos altamente
extendidos, diversos, recurrentes, no sólo por gobiernos sino instituciones,
también en las relaciones de grupos, así como en las relaciones
interpersonales. Pero, en el caso que nos interesa, la manipulación política,
muestra los secretos engranajes de las formas de poder y de los entretelones
gubernamentales. Se trata de un procedimiento no democrático y mucho menos
participativo, en todo caso tampoco transparente. Se da cuando se tienen
finalidades establecidas, las mismas que no quieren ni deben discutirse, de
acuerdo a los criterios de los “diseñadores” de las finalidades; estas tienen
que ejecutarse, para su cumplimiento se usan todos los medios al alcance,
incluyendo preponderantemente los que tienen que ver con la manipulación. En
este caso las finalidades son como ordenes; se hace creer a los participantes
que se está discutiendo, que se está tomando en serio el debate, la demanda, la
reivindicación, las propuestas alternativas, aunque en realidad este dialogo
sólo sirva para legitimar lo ya decidido, el cumplimiento de finalidades
políticas.
Esta manera de
proceder nos muestra también una percepción bastante esquemática de los
gobernantes, que se resume en el creer que los otros, los interlocutores, la
opinión pública, son manejables. Esta percepción expresa una sobreestimación
extrema de las posibilidades del gobierno y una desvalorización también extrema
de los otros, de los interlocutores, del auditórium, de la opinión pública. Hay
más de una sorpresa cuando los gobernantes se enfrentan a resistencias, a
obstáculos, a conductas no manejables ni manipulables, que responden a
criterios formados sobre los temas en debate. Lo sorprendente es que en vez de
corregir este comportamiento gubernamental, generalmente los gobernantes
insisten como en una terca persistencia en estos métodos, aunque estos métodos
pueden llevar ineludiblemente a la confrontación. ¿Por qué? Hay una especie de
extensión estimativa de los microclimas institucionales gubernamentales a la
sociedad. Se espera que de la misma manera que se obedece en las instituciones,
las sociedades deban hacerlo. Hay un presupuesto de disciplina generalizada,
que obviamente no se cumple en la realidad. No se considera para nada los
propios raciocinios de la sociedad, de
los grupos, de las organizaciones, de los movimientos. Lo que cuenta es la
estrategia diseñada o supuestamente diseñada, las finalidades establecidas; lo
demás es objeto, es materia de poder, es manipulable.
De este modo
podemos decir que la manipulación dibuja una psicología especial de los
gobernantes, de la clase política; se sienten inmunes, se instala un
egocentrismo que da lugar a una sensación de que se es todo poderoso, una
distancia cualitativa los separa de los mortales. Esta percepción es alimentada
por los propios funcionarios que rodean como cortes modernas a los ejecutivos.
La ceremonialidad del poder, la adulación constante, la información
seleccionada, terminan convenciendo a los que toman decisiones de que es así,
que los que gobiernan tienen el sartén por el mango, que sus decisiones son
indiscutibles. Muchos de estos escenarios, de estos montajes políticos, son construcciones
de los subalternos inmediatos, que quieren ganar puntos. La manipulación
termina entrampando a todos, como en un círculo vicioso; no convence, no
disuade, y termina echando leña al fuego, incrementando la intensidad del
conflicto.
El autor citado
continúa con la contrastación de la manipulación, escribe:
Si para un uso racional, persuasivo y
legítimo del poder –es
decir, la dominación según Max Weber–, se requiere
comúnmente la transparencia y una conciencia relativamente lúcida acerca de los
intereses en juego, la manipulación se ubica en la esfera opuesta. Al
rechazar la transparencia, la argumentación y la persuasión –procesos que en
la democracia se
aplican para llegar al consenso–, los manipuladores, en su maquiavelismo,
apelan a las dimensiones instintivas de la mente individual y colectiva, a
impulsos inconscientes, a deseos y aspiraciones insatisfechas, a dependencias
emocionales y pasionales de la conducta individual o de masas. Se esmeran por
provocar reacciones impremeditadas que no requieran la aquiescencia ni el
raciocinio, por obviar discursos que justifiquen las pretensiones de dominio,
por evitar todo recurso metódico de justificación y convencimiento.
Descartando esa
personalización de los manipuladores
y de su supuesto maquiavelismo, pues
no se trata de caer en la individualización, como si la manipulación fuera un
atributo de ciertas personas, inclinadas a ello, y el maquiavelismo un plan antelado, una conspiración inherente. Este
maquiavelismo, que proviene de la lectura francesa de la época de Nicolás
Maquiavelo, interpretación segada por cierto, que ha reducido las tesis de Maquiavelo
a la caricatura de proposición que se expresa en la frase popularizada de que los
fines justifican los medios,
convirtiendo a Maquiavelo en un teórico de las conspiraciones, las artimañas,
las astucias y las intrigas. Lectura que no comprende la estructura, el
contenido y el núcleo de la teoría de Nicolás Maquiavelo que tiene que ver con
la figura del príncipe como articulador de la voluntad nacional. Dejemos
entonces de lado esta apreciación del autor para concentrarnos en sus
definiciones sobre la manipulación. Se concibe un aire irracional en el ejercicio
de la manipulación; ¿esto es sostenible? Depende cómo concibamos la razón y la
racionalidad; si aparece como un discurso iluminista, que exige argumentación y
justificación, reducimos la razón a su forma lógica e instrumental; en cambio sí
ampliamos el uso de la razón a la elaboración de juicios, entendidos como la
adecuación de los medios a los fines, nos abrimos a múltiples formas de la
razón y de la racionalidad. La manipulación no está exenta de una forma de racionalidad
ligada a la astucia; no se trata en este caso de pretensiones de verdad y de validez.
No estamos en el terreno de la acción comunicativa ni de sus racionalidades
desplegadas, estamos mas bien en los espacios de las formas de violencia, en
los mapas de la dominación, aunque esta violencia y esta dominación tenga que
hacerse discursiva. En todo caso estamos ante pretensiones de logro, de
ejecución, pretensiones de dominación. El uso de los discursos en la
manipulación no pretenden convencer de la verdad expuesta, al contrario son
usados para engañar. Entonces las formas de la manipulación tienen que ver con
las formas de la dominación; por eso no es un mecanismo democrático, puesto que
la democracia en sentido pleno suspende los mecanismos de la dominación. El uso
recurrente de la manipulación caracteriza el perfil de los estados y gobiernos
que la ejercen. No se trata de estados democráticos en pleno sentido de la
palabra, que deberían ser más participativos que representativos, sino de
maquinarias, instrumentos, estrategias
gubernamentales al servicio de la dominación. No se trata entonces de un
proyecto emancipatorio sino de un proyecto de poder. Esto es importante a la
hora de caracterizar al Estado-nación boliviano y al gobierno popular. Ciertamente
lo que debería ser un proyecto emancipatorio, pues arranca de las luchas
sociales, de los movimientos sociales, de la guerra anticolonial y
descolonizadora, termina siendo otro proyecto de dominación. ¿De quienes es
esta dominación? No es una pregunta fácil en una transición que debería ser de
transformación y resulta mas bien de restauración.
Al respecto, en
relación a esta pregunta, que tiene que ver con la estructura de poder, pero
también con la estructura de clases, asentadas ambas en la matriz y estructuras
coloniales, vamos desplegar una hipótesis de interpretación.
Después de la
movilización prolongada (2000-2005) nos encontramos ante dos gestiones de gobierno
popular y un proceso constituyente, ambos contradictorios, que expresan de
manera dramática las contradicciones inherentes de los proyectos políticos congénitos
que nacen como producto de la movilización; uno de ellos es el proyecto político
que expresa la transición descolonizadora hacia el Estado plurinacional
comunitario y autonómico, en la perspectiva de conformar una economía social y
comunitaria que apunta al modelo alternativo a la modernidad, al capitalismo y
al desarrollo; el otro modelo está encaminado claramente a la continuidad
expansiva e intensiva del estándar capitalista dependiente periférico basado en
el extractivismo compulsivo; modelo que se sostiene en la restauración del Estado-nación,
liberal y colonial. Ambos modelos son opuestos, contradictorios y antagónicos.
El primer modelo alternativo ha quedado transcrito en la Constitución política del
Estado, el segundo modelo vigente es el que efectivamente se realiza desde el
Estado y desde el gobierno. El primer modelo ha quedado como un ideal y el
segundo modelo es el realmente implantado. El primer modelo es defendido por
las naciones y pueblos indígenas originarios, por sus organizaciones
matriciales, de tierras altas y de tierras bajas; el segundo modelo es el
asumido por el gobierno, por el MAS, por las organizaciones campesinas,
colonizadoras y cocaleras, en alianza ahora con la burguesía intermediaria
boliviana, banqueros, empresarios, agroindustriales, soyeros, terratenientes, apoyados
en este trámite por las empresas trasnacionales mineras, hidrocarburíferas, las
empresas constructoras, el gobierno brasilero, en el contexto de reacomodo de
la estructura de la geopolítica del sistema mundo capitalista.
Tomando en
cuenta este panorama, ¿qué sucede en la transición? Concurre la reorganización
de la composición de la burguesía intermediaria boliviana; campesinos ricos,
colonizadores ricos, cocaleros ricos ingresan a formar parte de esta nueva
composición de la burguesía, conjuntamente con los comerciantes; algunos de
ellos se introducen en su condición de dirigentes o ex dirigentes, al formar
parte de la nueva clase política. Las formas de esta recomposición burguesa no
son distintos al de las otras y anteriores composiciones de la burguesía,
procedimientos de despojamiento, de apropiación, incluso de trafico de tierras
y circuitos de influencias. Obviamente no son todos los campesinos, todos los
colonizadores ni todos los cocaleros los que ingresan a formar parte de esta
nueva burguesía, como en la genealogía de las burguesías, se forman estructuras
piramidales, la gran masa social queda en la base piramidal y son determinados
grupos pujantes y agresivos los que terminan ocupando el sitio de la cúspide. Empero,
como se comparte la ilusión desarrollista y el imaginero modernista, creyendo
que el logro de la riqueza está al alcance de todos, el conjunto social cree
que puede acceder y se embarga en un proyecto que obviamente va a recrear las
desigualdades.
En este mapa social, ¿qué
papel juegan los obreros? Si nos guiamos por el último el XXXI Congreso de la
Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, vamos a ver que el proletariado
minero retoma la Tesis de Pulacayo, la tesis de transición al socialismo, bajo
la caracterización de un país de capitalismo atrasado y dependiente. Vuelven a
plantear la alianza obrero campesina, bajo la dirección del proletariado en la
perspectiva de la revolución socialista. ¿Dónde entra este planteamiento en el
antagonismo que plantean los dos modelos mencionados anteriormente? ¿La
propuesta minera se acerca más a la modernidad, al desarrollismo, al
extractivismo o la propuesta obrera se acerca al modelo alternativo a la
modernidad, al capitalismo y al desarrollo? Este es un problema que tiene que
resolver el proletariado minero, que tienen que resolver los obreros, en el
contexto de las luchas y movimientos sociales antisistémicos contemporáneos,
que confrontan al capitalismo no solo en lo que respecta a la explotación de la
fuerza de trabajo sino por en lo que respecta a la explotación y dominación de
la naturaleza. Ya no es el contexto ni la coyuntura histórica del momento de
aprobación de la Tesis de Pulacayo, este momento, el actual, es de una lucha
contra el capitalismo en defensa de la Madre Tierra, que es el nombre que se
usa para referirse a los componentes y ciclos vitales integrados de la vida, en
toda su biodiversidad, comprendiendo su ecología y ecosistemas.
La hipótesis
interpretativa se resume a que hay una nueva composición de la burguesía de la
que forman parte los campesinos ricos, los colonizadores ricos y los cocaleros
ricos. Esta nueva composición en articulación con los estratos heredados de lo
que fue la burguesía intermediaria, ejerce el dominio sobre las naciones y
pueblos indígenas originarios y el proletariado, que tiene cada vez más
características nómadas. Esta nueva burguesía todavía no tiene un discurso
propio o adoptado, como en el caso de la burguesía liberal o el caso del
proyecto de burguesía nacional, en uno caso el discurso era liberal y en el
otro caso el discurso era nacionalista. El discurso Constitucional, por el Estado
plurinacional, comunitario y autonómico no les sirve, menos el discurso del
vivir bien, pues entra rápidamente en contradicción con sus propias acciones.
Por eso se han convertido en escenas cada vez más grotescas los montajes políticos
del gobierno; el discurso no coincide con la práctica. Esta nueva burguesía se ve
impelida a elaborar otro discurso acorde a su transición restauradora. Por el
momento no hay tal cosa, lo que hay es una recurrencia desesperada a las formas
polimorfas de la violencia, desconociendo los derechos fundamentales, los
derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de la
madre tierra.
Teniendo en
cuenta esta lectura de la transición podemos entender mejor el requerimiento recurrente
a las formas de la manipulación como parte de las formas de violencia, como
parte de las formas de dominación. De las tácticas y estrategias, de las
herramientas e instrumentos políticos, de las formas discursivas, es uno de los
mejores procedimientos que tienen a su alcance para implementar el proyecto de
continuidad capitalista y extractivista. El problema es que los pueblos no son
manejables ni manipulables, son resistencias que hay que vencer, el esquematismo
ingenuo de los gobernantes que recurren a la manipulación no comprende la compleja
realidad social, política, económica y cultura. Tiene enfrente un gran
obstáculo para la realización de su proyecto, la Constitución, el horizonte
abierto pluralista, los saberes y la politización de los pueblos.
José Luis VEGA
CARBALLO dice que: Se entiende por manipulación un ejercicio velado,
sinuoso y abusivo del poder. Revisar Manipulación, del citado autor; Comunidades.