sábado, 31 de diciembre de 2011

Ciclos largos y medianos del capitalismo Una perspectiva desde las economías periféricas extractivistas



Ciclos largos y medianos del capitalismo
Una perspectiva desde las economías periféricas extractivistas

Raúl Prada Alcoreza

Es indispensable contar con una mirada temporal del capitalismo, así como con una mirada espacial; a David Harvey le hubiera gustado decir geográfica, pero quizás sea mejor volver a recoger la perspectiva geopolítica del sistema-mundo capitalista, así como también las estructuras y ciclos de larga duración ya investigados por Fernad Braudel. En lo que respecta a la periferia del sistema-mundo es también importante evaluar lo que ocurre en la economía-mundo desde la perspectiva del saqueo de sus recursos naturales; desde este punto de vista, desde la temporalidad propia de los recursos naturales, de los tiempos del modelo extractivista, de la renta vinculada a la explotación con los recursos naturales, podemos hablar de los ciclos de la extracción y explotación de estos recursos, de las estructuras periféricas vinculadas a las formas del capitalismo dependiente y de los Estado-nación subalternos, a las formas de su economía rentista.
En el presente ensayo vamos a tratar de dibujar algunas de las articulaciones estratégicas entre periferia y centro del sistema-mundo capitalista, a partir de los ciclos de los recursos naturales. No se trata de configurar las formaciones económicas y sociales, tampoco la articulación de los modos de producción en la formación económica y social, aunque estos temas sean subyacentes, sino de comprender como funciona el sistema-mundo en la periferia, sobre todo en periferias determinadas, vinculadas a la extracción minera e hidrocarburífera. Uno de los casos paradigmáticos, por las características de tierra adentro, el condicionamiento geológico de la Cordillera de Los Andes, sus cadenas y ramales, del altiplano, de la Amazonia y el Chaco, es ciertamente Bolivia; su historia económica, historia política y social, si podemos hablar así. Entonces vamos a tratarnos de situarnos al interior de los ciclos de la minería de la plata y de la minería del estaño, y después al interior del ciclo de los hidrocarburos, como ejes dominantes en la formación de las matrices económicas. En relación a esta delimitación, se va buscar incidir en las estructuras cualitativas y no en los cuadros e indicadores cuantitativos. Estas descripciones cuantitativas se dejaran para otro momento. Lo que interesa es poder construir una interpretación conceptual de los ciclos del capitalismo desde la periferia y teniendo en cuenta la materialidad de los recursos naturales.      
Giovanni Arrighi describe los ciclos largos del capitalismo en lapsos de prolongada duración, ciclos que comienzan a durar como 220 años (largos siglos XV-XVI), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía genovesa, para ir luego, en la secuencia de los siguientes ciclos, acortando su duración, haciéndola menos extensa, pero sí más intensa; el siguiente ciclo dura 180 años (largo siglo XVIII), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía holandesa; le sigue un ciclo de 130 años (largo siglo XIX), es el caso del ciclo que contiene la hegemonía británica; por último le sigue un ciclo de 100 años (largo siglo XX), que corresponde al ciclo que contiene la hegemonía estadunidense[1]. Durante estos ciclos la estructura de la hegemonía se mantiene, también la configuración y composición del estilo del capitalismo desplegado. Lo que se observa es un avance hacia el dominio del capital financiero, pasando por el capital comercial y el capital industrial. Habría que hacer dos apuntes sobre el estilo hegemónico de los países y las burguesías involucradas; la hegemonía genovesa se basa en una fuerte red comercial y financiera, apoyada de alguna manera por las ciudades Estado; la hegemonía holandesa se basa en la creación de un sistema de acciones que amplían considerablemente los recursos de capital, apoyados de alguna manera por su Estado, constituido después de una larga lucha con el imperio español, del que formaron parte; la hegemonía británica se basa en el imperialismo del libre comercio, el dominio del mar, y en la revolución industrial, que trastoca las condiciones de la producción capitalista, apoyada directamente por un Estado territorial que se articula plenamente con el capitalismo; la hegemonía estadounidense se basa en el auge del sistema de libre empresa, una revolución administrativa y en la organización de la producción en cadena, apoyados por un imperialismo geopolítico y estratégico a escala mundial, emergiendo después de las conflagraciones mundiales como hiperpotencia económica, tecnológica, militar y comunicacional.
Comprendiendo estos grandes ciclos del capitalismo, debemos entender cómo han incidido en la configuración del sistema-mundo capitalista, en la relación entre centro y periferia, cómo han afectado y estructurado las economías en la periferia, pero también cómo han afectado en la formación de sus estados y sus formaciones económicas y sociales. Para hacer esto es conveniente centrarse en lo que pasa con los recursos naturales, pues los países de la periferia del sistema capitalista son convertidos en reserva de recursos naturales, productores y exportadores de materias primas. La división internacional del trabajo les asigna esta tarea, reduciéndolos a países que transfieren valores, que constantemente sufren de des-acumulación relativa y de despojamiento de sus recursos naturales y económicos, debido a la constante reaparición de a acumulación originaria de capital, en beneficio de la acumulación ampliada de capital de los países del centro, sobre todo de la potencia hegemónica. Desde esta perspectiva, desde las miradas de la periferia, se puede hablar de los ciclos de despojamiento de los recursos naturales, durante los ciclos hegemónicos del capitalismo. En Bolivia podemos distinguir los ciclos de la plata, del estaño y de los hidrocarburos, correspondientes a la hegemonía británica y a la hegemonía estadounidense. Lo que se da antes, durante la hegemonía genovesa y holandesa, ocurre bajo el manto del dominio del imperio español; la articulación con el sistema-mundo se produce a través de las redes comerciales monopolizadas por la corona española. Los virreinatos, las audiencias y las capitanías son formas administrativas extraterritoriales de la Corona y del imperio; en ese contexto histórico otra modernidad se gestaba durante esos siglos coloniales, anteriores a la revolución industrial[2]. Las independencias en el continente coinciden con la hegemonía británica y las repúblicas constituidas se articulan con el sistema-mundo a través de las redes comerciales del dominio marítimo británico. Entonces los ciclos de la economía de la plata, de la economía del estaño y de la economía de los hidrocarburos son como las matrices de espacio-tiempos que condicionan la conformación de los circuitos, de los mercados, de los flujos de capital, de la infraestructura técnica y material de las instalaciones productivas, de las minas, de los ingenios, de los sistemas de exploración y explotación de yacimientos, de los ferrocarriles y los caminos. Un tejido de relaciones sociales atraviesa y usa estos dispositivos, formas de propiedad, relaciones con el mercado externo, con el capital financiero, relaciones con el Estado, normas jurídicas, cruzan estos ámbitos de circuitos, flujos y stocks. Las poblaciones se asientan en los territorios y en los espacios configurados por estos procesos de articulación al capitalismo, las sociedades forman sus estratificaciones, se conforma un mapa institucional y se termina dándole un carácter al Estado, definido por el perfil de los gobiernos. Lo que interesa es comprender en qué se distinguen estos ciclos en la periferia; ¿cuál es la característica del ciclo de la plata a diferencia del ciclo del estaño y en qué se distinguen estos ciclos del ciclo de los hidrocarburos?

Nacimiento del ciclo de la plata
No se puede insertar mecánicamente los recorridos de los minerales, de los hidrocarburos, en general de los recursos naturales, dentro de los llamados ciclos del capitalismo, pues estas materialidades geológicas, sus lógicas de explotación y producción, terminan imponiendo también sus propias temporalidades y sus propios ritmos, que no necesariamente coinciden con los ciclos del capitalismo, aunque hay que entender que estos terminan condicionando a partir de sus propias estructuras y trasformaciones estructurales a las formas de exploración y explotación de los recursos naturales. Sin embargo, lo que interesa es identificar las formas de articulación de la periferia y el centro del sistema-mundo capitalista para entender las lógicas de acumulación y des-acumulación, las lógicas de acumulación ampliada de capital y las lógicas de la acumulación originaria o por despojamiento, cómo se forman las estructuras especificas económicas en la periferia y cuáles son las características de la administración estatal participes de estas lógicas e inscrita en el campo de las articulaciones entre centro y periferia. Por estas razones usamos la figura de ciclo de los recursos naturales más como una aproximación al condicionamiento de los ciclos hegemónicos del capitalismo.
A propósito, hay que hacer por lo menos dos anotaciones, que una cosa es la geología de los recursos naturales no-renovables, cuyos orígenes tienen que ver con la formación de la tierra, y por lo tanto su tiempos se pierden los nacimientos mismos del sistema solar; también que otra cosa es las grandes temporalidades históricas de la explotación minera, que incluso datan de tiempos pre-coloniales, y atraviesan varios ciclos del capitalismo, en los periodos coloniales y en los periodos republicanos; y algo distinto es tratar de identificar los condicionamientos de los ciclos del capitalismo, sus hegemonías y dominaciones, sobre las formas de explotación de los recursos naturales. Como se puede ver, la preocupación del ensayo no es geológica, tampoco hacer una historia larga de la minería como base de la economía de una región de la periferia, sino entrever las articulaciones entre ciclos del capitalismo, formas de acumulación y formas de explotación, coincidentes en temporalidades identificadas de hegemonía y dominio del capitalismo. Aunque se siga en la exposición una secuencia histórica, el sentido de la misma se orienta a bosquejar una genealogía de las estructuras de poder del modelo económico extractivista preponderante en la mayoría de las periferias del sistema-mundo capitalista.      
Sergio Almaraz Paz dice que la estructura de poder de la minería de la plata era directa, los propietarios de minas eran a la vez los que ejercían también las funciones de gobierno, además de contar con tierras[3]. Antes de ellos los caudillos militares ejercieron directamente el ejercicio de gobierno, en una compulsa intensa y caótica entre caudillos, usando el motín como medio de expresión política, en un ambiente donde preponderaba precisamente el vacío político[4]. La Guerra del Pacífico (1879) marca dramáticamente el derrumbe de una forma de Estado, condicionado por la propiedad latifundista y la explotación servil de la población nativa, por las relaciones de explotación gamonal, ámbito de relaciones mezcladas con las relaciones capitalistas, promoviendo articulaciones complejas como las que se dan en la explotación de las propiedades mineras, explotación que se hace de manera rudimentaria y combinando relaciones salariales con relaciones casi serviles. La crisis del Estado gamonal se hace sentir hasta el fin del siglo XIX cuando estalla la Guerra Federal (1898-1899). El derrumbe del Estado gamonal abre el espacio a los periodos del Estado liberal, que no expresa una figura federal sino mas bien unitaria, como resultado de los acuerdos entre la burguesía comercial y minera paceña con los terratenientes y mineros del sur, entre el ejército del norte y el ejército del sur. El epicentro del poder deja de ser Sucre con el traslado de la sede de gobierno a La Paz. Se inicia una nueva época en la historia política, se conforma un sistema liberal, reciclado y reproducido por elecciones, se establece legalmente un sistema democrático, empero reducido a una restringida población votante de hombres, propietarios privados e ilustrados. Las grandes mayorías, sobre todo las naciones y pueblos indígenas fueron excluidos de participar en este Estado liberal. Los partidos liberales y después los republicanos se harán cargo del gobierno hasta la siguiente crisis estructural. Este es el perfil de la configuración de la superestructura, en tanto que en la estructura o base económica se va conformando un modo de producción capitalista subalterno y supeditado. Después de la firma del tratado de 1904, que terminaba entregando a Chile los territorios costeros conquistados por medio de la violencia de la guerra, se termina de resolver la salida de los minerales Bolivianos por el Pacífico. En este sentido podemos decir que los más interesados en la firma del tratado de 1904 eran los liberales y los propietarios de minas.

Hagámonos una pregunta directa: ¿Cuáles son las articulaciones en este ciclo de la plata con la economía-mundo capitalista y con el sistema-mundo capitalista? Para responder esta pregunta, basémonos en las investigaciones de Antonio Mitre y Gustavo Rodríguez Ostria, quienes efectúan una prospección histórica en el desarrollo de la minaría durante el siglo XIX. Antonio Mitre publica su tesis de doctorado con el título sugestivo de Los patriarcas de la plata[5] y Gustavo Rodríguez trabaja un ensayo evaluativo de la investigación de Antonio Mitre titulado Fuentes para historia de la minería boliviana del siglo XIX[6]. En eta evaluación Gustavo Rodríguez hace al principio dos anotaciones que deberíamos resaltar en nuestro análisis. Dice que desde 1873 a 1885 la minería de la plata logró movilizar un importante flujo de capital tanto extranjero, preponderantemente chileno, y nacional para tecnificar la fase de extracción, refinado de mineral y sistema de transporte. La otra anotación nos muestra el desarrollo de una minería de la plata que no integra el mercado interno, tampoco se integra al mercado interno, ocasionando más bien su desmembramiento, fortaleciendo el mercado chileno por medio de la importación. De estas dos anotaciones obtenemos dos datos de suma importancia, la articulación con la economía-mundo a través de la inversión de capital y la tecnificación de la extracción minera. El otro dato es que este despliegue de capital y su articulación con el mercado internacional a través de las rutas del pacífico desmembra el mercado interno, no beneficia una acumulación endógena de capital sino una acumulación exógena de capital. Hablamos de un desarrollo económico articulado al mercado externo empero des-articulador del campo económico nacional, lo que no ocurría, según Sempat Assadourian con el funcionamiento del espacio peruano de raigambre colonial[7].

¿Cómo funciona esta forma de capitalismo extractivista? ¿Desarticula completamente el campo económico nacional, de alguna manera cohesionado por el mercado interno? No ocurre de una forma tan extrema, se dan ambas conformaciones, una red de articulaciones al mercado externo, también un campo económico endógeno, cohesionado por un incipiente y rudimentario desarrollo del mercado interno. En este contexto estructurado el mercado interno termina supeditado al mercado externo, el campo económico nacional termina supeditado a la economía-mundo capitalista. Gustavo Rodríguez Ostria nos muestra que paralelamente al emprendimiento de grandes empresas y grandes inversiones de capital se daba un entorno significativo y extendido de pequeñas empresas vinculadas al kajcheo, a un trabajo a destajo, improvisado y rudimentario, no asalariado, sino que puede entenderse como una forma combinada y perversa de la reciprocidad, el kajchero ingresaba a la mina aportando las herramienta, los instrumentos y la pólvora, dirigidos por un barretero; en cambio el dueño de la mina aportaba con la propiedad. Una vez terminado el trabajo se hacían las entregas del mineral y el reparto se daba a mitades. La ventaja del propietario consistía en que tenía sometidos a los trabajadores mineros del kajcheo por adelantos y anticipos; terminaba comprándoles el mineral a precios más bajos que en el mercado, obteniendo ventajas comparativas. Puede observarse que alrededor de estos trabajadores, de las pequeñas y medianas empresa, que terminaban supeditadas a las grandes empresas, se forma una red de circuitos mercantiles destinada al consumo de estas poblaciones y centros mineros. Por lo menos la producción agrícola de los valles se encuentra vinculada al consumo de los centros mineros y de las ciudades. ¿Qué pasa con la producción agrícola y pecuaria de Santa Cruz? Parece que desde la vinculación de la minería al mercado externo y a las grandes inversiones de capital, desde la explotación a gran escala, se opta por la importación marginando a la producción del oriente. Se descompagina el espacio nacional o la construcción de este espacio, se lo descoyunta, replegándose hacia la región minera, que creara sus propios entornos en los valles y sus rutas comerciales con Chile, Perú y Argentina. Con esto también se aleja de toda posibilidad de elaborar una geopolítica propia, articuladora, por lo menos cohesionadora de los territorios y de la geografía nacional. Esta cohesión, esta articulación tendrá que esperar a la revolución nacional de 1952 cuando se articule oriente y occidente con la construcción de la carretera que une Cochabamba y Santa Cruz, cumpliendo con lo proyectado con el Plan Bohan. Hasta entonces se tiene que cerrar el ciclo de la minería de la plata o del dominio de la minería de la plata, sufrir la crisis de esta minería, y abrirse un nuevo ciclo, el de la minería del estaño. Además se tendrá que vivir la dramática experiencia de la Guerra del Chaco.

Nacimiento del ciclo del Estaño
La clausura del ciclo de la plata no quiere decir que se ha dejado de explotar este mineral, sino que ya no va a ser el eje de la economía boliviana. La crisis de precios de la plata en el mercado internacional a fines del siglo XIX, su reducción calamitosa, va a convertir en insostenible su explotación, por lo menos con la tecnología empleada en el siglo XIX. El mercado internacional va demandar durante el siglo XX otros minerales para el consumo de su industria, entre ellos el estaño, sobre todo debido a la demanda de la industria bélica en los periodos de las dos guerras mundiales. Esta demanda del estaño va hacer emerger en Bolivia otro estilo de minería, con mayor composición tecnológica y mayor composición del capital, articulado de una forma más directa al sistema financiero internacional. En este contexto emerge una burguesía minera cualitativamente más fuerte y dominante que la anterior; una burguesía cuyo epicentro se va conocer como el núcleo hegemónico de los “barones del estaño”. Ellos son los conocidos personajes como Simón I. Patiño, Mauricio Hoschild y Carlos Víctor Aramayo. Simón I. Patiño comenzó fortuna con el descubrimiento de una veta sumamente rica el año 1900, en la mina que se va a llamar La Salvadora; por esta razón la mina lleva ese nombre. Esta mina se encuentra en el cerro Llallagua del departamento de Potosí. A partir de entonces emprende una carrera ascendente en el rubro de la minería, convirtiéndose no solamente en el más emprendedor propietario minero sino en uno de los hombres más ricos del mundo.  En adelante fue adquiriendo otras minas, su fortuna creció raudamente. Durante 1910 termina conformado un complejo minero vigoroso aglutinando las minas de Llallagua, Catavi, Siglo XX, Uncía y Huanuni, además de otras propiedades de su entorno. Durante 1911 con el objeto del transporte de minerales desde sus minas construyó el Ferrocarril Machacamarca-Uncía. Este magnate fue adquiriendo acciones de mineros chilenos en minas bolivianas mediante compras secretas en la bolsa de Santiago de Chile. Así de este modo logró obtener la mayoría de las acciones de la Compañía Estañífera de Llallagua, hasta entonces en manos de capitalistas chilenos. Cuando se cumplió con el cometido se podría decir que habría “nacionalizado” la minería. En de 1924 apuntaló su emporio en la Patiño Mines and Enterprises and Consolidated, Inc., cuyo registro se encuentra en Delaware de los Estados Unidos de América. En el conglomerado se encontraban la Compañía Estañífera Llallagua, la Salvadora y el ferrocarril Machacamarca-Uncía. La expansión del magnate siguió avanzando, Patiño adquirió las fundidoras de Liverpool (Willams Harvey & Co.), también lo hizo con la fundidora de estañó en Alemania. Su expansión lo llevó a la lejana Malasia, comprando también minas en este país asiático. Se trata, como se puede ver de un crecimiento vertical, logrando conformar un dominio integral de sus intereses; esta ubicación en la economía-mundo del estaño le otorgó la gran posibilidad de jugar un papel determinante en la conformación del Comité Internacional del Estaño. Este comité fue, en realidad, el primer cartel que intentó controlar el precio de una materia prima.

En la historia y perfil de este magnate se puede observar las formas de articulación de la economía boliviana con la economía-mundo en ese periodo del ciclo del estaño. La economía boliviana, una economía dependiente, circunscrita al modelo extractivista, se hace cada vez más accesoria del mercado internacional, cada vez más se supedita al mercado externo y a sus condicionamientos. Los que ganan en este proceso de subsunción, en esta intermediación, son los miembros de esta burguesía minera; el que pierde es el Estado boliviano, que no se beneficia con este crecimiento vertiginoso de la riqueza de esta burguesía y su internacionalización. Obviamente en este proceso de supeditación los grandes perdedores son las mayorías de la población boliviana, en términos estructurales y sistémicos, la sociedad boliviana.  El Estado no llegaba a percibir sino un porcentaje miserable de las ganancias de las empresas mineras. Esta polarización, si se puede hablar así, entre la expansión, el crecimiento internacional de la minería privada, y un Estado pobre, sin recursos, atormentado por sus conflictos y contradicciones, es mantenida, inducida, y legitimada por el llamado super-Estado minero, es decir el conjunto de dispositivos y mecanismos de influencia de las empresas mineras sobre el Estado. Los ministros eran nombrados por el super-Estado, había una planta de abogados y bufetes que defendían los intereses de los magnates, los medios de comunicación caían en el campo gravitatorio de esta estructura de poder, también el ejército formaba parte de este diagrama de poder. En El Poder y la caída Sergio Almaraz caracteriza a la estructura del poder minero de una manera penetrante y analítica, escribe:
El nuevo poder es consciente de sí mismo. Al saber que hay diferencia entre sus intereses y los de Bolivia, busca una cierta forma de unidad entre sus integrantes, trata de armonizar la conducta de las empresas, de estereotipar actitudes y planteamientos y se afana por lograr un sentido solidario en la conducta de los mineros grandes. Todo ello le servirá para la actividad legal y la conspirativa, para presentar el rol "progresista" y "nacional" de la empresa y para definir ese mismo rol en términos más íntimos y menos propagandísticos[8].
Se forma un espíritu de cuerpo, se podría decir también que se forma una conciencia de clase; si fuera dúctil este término y esta clasificación, puesto que de lo que hablamos es de una estructura de poder, una red de relaciones y de fuerzas influyentes, de un conjunto de engranajes y mediaciones que manejan al Estado. Se trata de comportamientos y de subjetividades, de posicionamientos afines, que terminan reproduciendo la estructura de poder dominante.
No se trata aquí de hacer la historia del poder y la caída de esta burguesía minera; esto ya se hizo, se efectuó el análisis del ascenso de esta burguesía no solamente en lo que respecta a la estructura económica, en lo que se refiere a la estructura social y en lo que concierne a la estructura política de Bolivia, sino en lo que implica a los ámbitos del dominio de los grandes monopolios capitalistas y de las finanzas. Sergio Almaraz Paz nos dejó esta mirada penetrante de la formación económica y social de Bolivia en época definida por la explotación del estaño. Teniendo en cuenta estas estructuras de poder, lo que hacemos es dibujar las articulaciones que conectan y condicionan la relación entre centro y periferia en el sistema-mundo capitalista. De lo que se trata es de responder a la pregunta de cómo se configura, se conforma y se consolida esta articulación de una manera específica en una historia concreta, como se articulan la explotación minera, los ferrocarriles, los caminos, los mercados y las instituciones al sistema-mundo capitalista y a la economía-mundo capitalista, cómo se realiza este sistema-mundo en regiones determinadas, con características definidas por contener reservas estratégicas de recursos naturales. De lo que se trata es entender cómo el modelo extractivista convierte las articulaciones con el sistema-mundo capitalista en cadenas que atan y condenan a la división internacional del mercado, convirtiéndose en una estructura de dominación del orden mundial sobre las regiones de la periferia.


Perfiles del ciclo del petróleo
Sergio Almaraz Paz escribe en su libro Petróleo en Bolivia que:
Hay una abundante bibliografía acerca de la existencia de petróleo en Bolivia. Varios autores coloniales se refieren a “bitúmenes o jugos de tierra” que afloran a la superficie en diversos puntos del territorio del Alto Perú. Desde fines del siglo pasado científicos bolivianos y extranjeros exploraron el territorio nacional en busca de petróleo. En 1895 se obtuvieron las primeras muestras en la zona de Incahuasi, a orillas del río Azero, en el departamento de Chuquisaca. Según se cuenta, su descubridor, Ignacio Prudencio, intentando una segunda exploración, fue devorado por un puma o algún otro felino. Varias monografías e informes científicos demostraron la indudable riqueza petrolera en el norte. Centro y sudeste del país[9].
La historia del petróleo en Bolivia no es distinta a la del ciclo de la plata y a la del ciclo del estaño, salvo porque se trata de un recurso fósil y obviamente la extracción del petróleo requiere de otros métodos y otra tecnología. También podríamos decir que se produce un desplazamiento en la propia forma del capitalismo, de las estructuras del capitalismo, pues a partir de un determinado momento, que de alguna manera es posterior a la revolución industrial, la modernidad, la civilización moderna, puede ser concebido como la civilización del recurso fósil. La matriz energética de este capitalismo es indudablemente la energía obtenida de los hidrocarburos, prioritariamente del petróleo. Hablamos de un capitalismo que se va alimentar de petróleo, aunque no sólo, pues la explotación de los recursos minerales va a continuar, sólo que esta vez, fuertemente articulados al extractivismo hidrocarburífero.
Aunque la importancia de los hidrocarburos en la economía boliviana es mas bien reciente; se hace indispensable cuando se da la crisis de los precios de los minerales. La baja de estos precios convierte el ingreso por concepto de exportación de petróleo y gas en el de mayor peso gravitante, a tal punto que podemos hablar de una economía hidrocarburífera, sobre todo gasífera. El año 2010 las exportaciones por concepto de hidrocarburos se aproximaron a los 3000 millones de dólares, lo que hace una participación preponderante en un total del valor de las exportaciones que se aproximan a los 7000 millones de dólares, lo que convierte su aportación aproximadamente en un 43% de la estructura de las exportaciones. Comparando con la participación de los minerales en la estructura las exportaciones, que es del orden del 27%, y con la participación agropecuaria que fue del orden del  26%, ya se puede ver la importancia de los hidrocarburos en la economía boliviana. Pero también se puede ver que se trata de una típica economía primario exportadora.
Recogiendo la perspectiva histórica, podemos decir que al ciclo de la economía de la plata le sigue el ciclo de la economía del estaño y a este ciclo de extracción minera le sigue el ciclo de la economía de los hidrocarburos. Podemos decir que el primer ciclo extractivista, el de la plata, está asociado a la hegemonía del ciclo del capitalismo británico, en tanto que el ciclo de la economía del estaño, se reparte entre la clausura de la hegemonía británica y el inicio de la hegemonía del ciclo norteamericano. El ciclo extractivista de los hidrocarburos continúa acompañando a la hegemonía del ciclo capitalista de hegemonía norteamericana, empero en una etapa avanzada de este ciclo, cuando se vislumbran síntomas de la crisis estructural del capitalismo, en pleno dominio estructural de la forma del capitalismo financiero. Síntomas de la crisis que muestran también la curva descendente del modelo energético, de la llamada civilización de la energía fósil, así como también se tienen evidencias de la extensión del a crisis ecológica.
La extracción hidrocarburífera deja huecos, pozos vacíos, así como la extracción minera dejó cementerios mineros, además de dejar la contaminación en la zona y en la región, cuyos costos ecológicos nunca son contabilizados. ¿Cuánto de esta historia extractivista ha beneficiado al país? Ya dijimos que la división internacional del mercado y del trabajo, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, convierte a los países de la periferia del capitalismo en la geografía del despojamiento, de la eterna acumulación originaria de capital. En tanto que los países del centro del sistema-mundo se convierten en el espacio de la acumulación ampliada de capital, principalmente donde concurre la hegemonía y el dominio del ciclo del capitalismo vigente.
Dadas las características del control y administración de los recursos hidrocarburíferos de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), por lo menos nominal, se puede seguir lo que pasa con los ingresos provenientes de los hidrocarburos, provenientes de la parte del excedente que retiene el Estado por la explotación del recurso fósil. Esto se encuentra en el Presupuesto General del Estado.
Lo que se observa es que los ingresos de los hidrocarburos se distribuyen y son absorbidos por el Tesoro General de la Nación, por los gobiernos departamentales, por los gobiernos municipales, por las universidades y por el Fondo Indígena. En otras palabras, la mayor parte del ingreso se destina al gasto administrativo del complejo de gobiernos del Estado; gobierno central y gobiernos autonómicos, además de universidades. El modelo extractivista es una suerte de condena; a pesar de que es la base de los procesos de producción a escala mundial,  no sirve para salir del extractivismo sino para mantenerse en el mismo, como una expiación de la agresión desencadenada contra la naturaleza. No es una lógica que apunte a la inversión productiva, al cambio de la matriz económica, sino es un modelo de economía rentista. En este caso, mucho más que en el caso de la minería, se puede decir que la economía extractiva de los hidrocarburos vive de la expoliación a la naturaleza, aunque también hay la parte de la explotación de la fuerza de trabajo, pero una intensidad y extensión menor que la dada en la minería.
La venta de los hidrocarburos se divide, de acuerdo a su destino, en una mayor parte  destinada al mercado externo, en su condición de materia prima,  y una parte mucho menor destinada al mercado interno, en su condición de combustibles. Del Impuesto Especial a los Hidrocarburos IEHD, que es un impuesto a la importación y a la comercialización de los hidrocarburos en el mercado interno, el 75% se queda en el TGN, el 20% se distribuye a los gobiernos municipales y el 5% se distribuye a las universidades. Del Impuesto Directo a los Hidrocarburos IDH, que corresponde al 32% de la producción de hidrocarburos, el 19% se queda en el TGN, el 10% va a los gobiernos departamentales, el 35% a los gobiernos municipales, el 7% a las universidades, el 3,5% al Fondo Indígena y el 25,5% a la renta dignidad. De las regalías por hidrocarburos, que corresponde al 18% de la producción, el 33,3% se queda en el TGN y el 66,7% va los gobiernos departamentales.
Como se puede ver y como dijimos antes, estamos ante un modelo económico típicamente extractivista, empero, también y casi por lo mismo estamos ante una economía rentista. La excusa del extractivismo, de la incursión en el extractivismo de las élites gobernante, de las fracciones de la burguesía minera, pero también de los gobiernos nacionalistas, sobre todo cuando se trata de la explotación de los hidrocarburos, es de que esta apertura a los capitales, esta explotación extractivista va permitirnos ingresar en el desarrollo, suponiendo que la acumulación extractivista va crear las condiciones iniciales de la inversión industrial. Pero esto no ocurre generalmente, es una ilusión de los desarrollistas; la lógica de la acumulación vinculada a la explotación de hidrocarburos está íntimamente relacionada a la lógica de la acumulación de capital, que se da a nivel mundial. Los efectos multiplicadores de esta explotación, la mayor parte del excedente, no se queda en los países periféricos, sino vive el curso de los ciclos de inversión y acumulación a escala mundial. Los que se benefician son los que controlan  el monopolio financiero, el monopolio tecnológico, el monopolio de acceso a los recursos naturales, el monopolio de los mercados y el monopolio militar. Generalmente la industria, el capital industrial, no nace porque tiene como antecedente alguna matriz extractiva, nace por que se formó un capital industrial, por intermediación de una burguesía industrial, o en su caso por participación del Estado. Incluso, cuando esto último ocurre se observa la tendencia a que no se dé propiamente una acumulación; no se comporta el Estado como un administrador de empresas, sino que tiende a seguir mas bien una lógica rentista, salvo en los escasos casos donde la geopolítica estatal logra cruzar los umbrales de la lógica rentista e ingresa en la lógica de la acumulación.  

La genealogía de las nacionalizaciones
La historia de los hidrocarburos en Bolivia está vinculada a la historia dramática de sus insurgencias y de sus actos heroicos, a los procesos de nacionalización, en contraste con los periodos de apertura y de concesiones al gran capital de las empresas trasnacionales. Hay que seguir esta historia en el devenir de tres nacionalizaciones, la de 1937, después de la Guerra del Chaco, la de 1969, durante el gobierno del general Ovando Candía, y la de 2006, en el primer año y la primera gestión del gobierno de Evo Morales.
En un sentido homenaje al Ingeniero Enrique Mariaca, homenaje que se encuentra en una revista de Jubileo, dedicada a la nacionalización de los hidrocarburos, reproduciendo las Memorias del insigne ingeniero ligado al destino de los hidrocarburos en Bolivia, en la introducción la de las memorias se  escribe:
Al mediodía del 14 de junio de 1935, bolivianos y paraguayos dejaron caer sus armas para darse un abrazo emotivo, en medio de un llanto sin rencor. La Guerra del Chaco había llegado a su fin, pero no era la última batalla de los patriotas en la defensa del petróleo[10].
Dos años más tarde se nacionalizaba a la empresa concesionaria Standard Oil por incumplimientos múltiples y estafa al Estado boliviano. Entre los acuerdos que tenía con el Estado era el abastecimiento del mercado interno, que nunca cumplió. En la misma revista, en la parte de las memorias del Ingeniero Mariaca, el autor de las mismas interpreta la situación del modo siguiente:
Sin embargo, el abastecimiento del mercado interno no fue prioritario para la Standard Oil que buscó, principalmente, obtener información valiosa sobre el potencial hidrocarburífero del país, a objeto de preservar reservas hidrocarburíferas a futuro ya que, en ese tiempo, contaba con importantes volúmenes de producción en el ámbito mundial. Toda esta información geológica, junto con los datos de las inversiones realizadas dentro del contrato de concesión, no fue entregada al gobierno boliviano para su aprovechamiento. Además, Bolivia debía importar desde Perú el combustible necesario para el consumo interno, el cual, irónicamente, era producido y comercializado por la misma Standard Oil en Perú. Este conjunto de irregularidades, además del incumplimiento del pago de regalías y patentes, la resistencia a ingresar en etapas de producción y las denuncias presentadas sobre exportaciones ilegales de petróleo del campo Bermejo hacia Argentina –donde también la empresa tenía concesiones– ocasionaron que en marzo de 1937, durante el gobierno del general David Toro, se decidiera la caducidad de todas las concesiones de la Standard Oil en territorio boliviano y la reversión total de sus bienes a favor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal creada el 21 de diciembre de 1936. Finalmente, en 1942, luego de varias solicitudes presentadas, y a cambio de la información geológica obtenida por la Standard Oil durante el tiempo de permanencia en Bolivia, se llegó a un acuerdo de indemnización por un millón de dólares aproximadamente, equivalente a unos sesenta millones de dólares en la actualidad[11].
Estas situaciones de enfrentamientos entre Estado y empresas trasnacionales de los hidrocarburos va volver a repetirse, sobre todo por el comportamiento sinuoso de las empresas, acostumbradas a manejar los negocios, los altos negocios, los negocios estratégicos, como es este del petróleo y del gas, como creen que se debe, imponiendo la ley del más fuerte. Si no imponen sus propias normas internacionales, que siempre les favorece, transgreden las propias normas nacionales. Siempre buscan el sobre-beneficio, la ganancia extraordinaria  en todos los detalles, en todas las transacciones, y cuando pueden ocultan información. Ante el tamaño de sus jugadas, todos los conquistadores y piratas se quedan pequeños. Han ocasionado guerras por todas partes, como en el caso de la Guerra del Chaco y siguen haciéndolo.  Esta historia de trampas se vuelve a repetir con la Gulf Oil treinta años más tarde.
El igeniero Mariaca escribe:
El 26 de septiembre de 1969, el General Ovando Candia asumió la Presidencia de la República y casi inmediatamente, en fecha 17 de octubre del mismo año, decidió revertir las concesiones de la Gulf Oil Company al Estado, así como nacionalizar todos sus bienes e instalaciones, incluidos muebles, medios de transporte, estudios, planos, proyectos y todo otro bien, sin excepción alguna. Producto de esta nacionalización, la Gulf Oil Company entró en disputa con el gobierno boliviano y aplicó un embargo petrolero que impedía a Bolivia la comercialización del petróleo producido y la continuación de la construcción del Gasoducto Bolivia–Argentina, que hasta entonces presentaba un avance de 10%, aproximadamente.
En los dos casos, el de la nacionalización de la Standard Oil en 1937 y el de la nacionalización de la Gulf Oíl en 1969, ambas empresas consiguieron hacerse indemnizar, lo que descapitalizó a la empresa estatal. En la medida que tienen el monopolio del mercado, el monopolio financiero y el monopolio tecnológico, logran chantajear, presionar, efectuar coerción sobre los gobiernos nacionalistas. Estos gobiernos, ante la eventualidad de no poder vender la producción, se sienten acorralados y ceden.
De la primera nacionalización a la segunda, las reservas comprometidas son mayores, la escala de la economía hidrocarburífera es mayor, así también los compromisos de venta, sobre todo en el caso de la Gulf Oil, que contaba con reservas gasíferas y con negociaciones de venta de gas a la Argentina. El Estado se hace cargo cada vez de mayores dimensiones del proceso hidrocarburífero, comprendiendo la exploración, la explotación, la separación de líquidos, la industrialización y la comercialización. Por lo tanto la confrontación con los dominios de estas empresas es mayor. La situación de enfrentamiento entre Estado y empresas trasnacionales hidrocarburíferas vuelve a reaparecer en los primeros años del milenio, esta vez haciéndose clara y directa la confrontación entre empresas trasnacionales y pueblo, incluso entre pueblo y gobierno neoliberal.
Después de seis años de luchas semi-insurreccionales, de procesos desatados por los movimientos sociales autogestionarios, autoconvocados y con vocación al autogobierno, se abre un proceso constituyente que irradia el poder constituyente de los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Se optan por elecciones después de la fabulosa movilización de mayo y junio de 2005, que toma la ciudad de La Paz, de El Alto, de Oruro y Potosí, culminando con la toma de la capital, Sucre, donde se encontraba sesionando Congreso para tratar una nueva sustitución constitucional. El pueblo movilizado obligó a la extraordinaria sesión del Congreso a la renuncia del presidente del Congreso y del presidente de la cámara baja, habilitando la sustitución constitucional del presidente de la Corte Suprema, quien recibía el mandato de convocar a elecciones.
En adelante transcribimos el balance que hace de la tercera nacionalización la Fundación Jubileo en la revista mencionada[12].
Las elecciones realizadas a fines del año 2005 llevan a la presidencia al líder sindical Evo Morales Ayma, quien asumió la Presidencia de la República el 22 de enero de 2006. Entre las primeras medidas que adoptó el flamante gobierno popular fue la promulgación del Decreto Nº 28701 de Nacionalización de los Hidrocarburos “Héroes del Chaco”. El objetivo de esta norma fue recuperar, a favor del Estado, la propiedad y el control absoluto y total de los recursos naturales hidrocarburíferos del país. Además, con la emisión de este decreto, se pretendía que las empresas petroleras que realizaban actividades de producción de gas natural y petróleo entregasen toda esta producción a YPFB, empresa que definiría nuevas condiciones comerciales, aplicando una política de reposición de reservas que no fue aplicada luego del proceso de capitalización.
La medida inmediata más efectiva y más visible de cambio, a propósito de la nacionalización, fue la aplicación, durante un periodo de seis meses, de una participación para YPFB equivalente a 32% del valor de la producción, adicional al pago de 50% que ya se tributaba a partir de la vigencia de la Ley Nº 3058. Hay que aclarar, sin embargo, que esta participación no se aplicaba a todos los campos, sino solamente a aquellos cuya producción de gas natural se encontraba por encima de los 100 millones de pies cúbicos por día, es decir que esta participación se aplicaba prácticamente a los mega-campos San Alberto y Sábalo, operados por la empresa Petrobras Bolivia S.A.
Una segunda medida importante fue la conminatoria para la suscripción de nuevos contratos petroleros, los mismos que debían ser firmados dentro de un plazo máximo de 180 días, en las condiciones establecidas por el Gobierno nacional, caso contrario, las empresas petroleras no podían seguir operando en el país. Para este fin, se instruyó al Ministerio de Hidrocarburos y Energía realizar auditorías petroleras que permitan cuantificar el monto de inversiones que iba a ser reconocido a cada una de estas empresas, así como las amortizaciones, costos de operación y rentabilidad de cada campo.
Con estas medidas se potenciaría a YPFB para que nuevamente, después de tantos años, asuma la operación y administración de toda la cadena productiva de hidrocarburos. De acuerdo con el Decreto de Nacionalización, YPFB debía reestructurarse de manera integral y debía convertirse en una empresa modelo, transparente y eficiente. Lamentablemente ese cambio tan esperado aún no se ha producido, ya que la empresa petrolera todavía se encuentra en una situación muy crítica, con falta de recursos humanos, técnicos y económicos.
La información sobre el sector todavía es muy escasa y los datos que se publican de manera oficial no son presentados de manera oportuna. Respecto a otras determinaciones de esta tercera nacionalización, no se puede dejar de mencionar la transferencia a favor de YPFB, a título gratuito, de las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva de las empresas capitalizadas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A., que eran administradas por las AFP. Complementando esta medida, se instruye, como parte de la nacionalización, que YPFB controle, como mínimo, el 50% + 1 de las acciones necesarias en las empresas citadas, además de Petrobras Bolivia Refinación y la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia.
Con el control de estas empresas se pretendía que YPFB retome las actividades de exploración, explotación, transporte, refinación, almacenaje y comercialización de todos los hidrocarburos en el territorio nacional.
Sin embargo, luego de la promulgación del Decreto de Nacionalización se sucedieron eventos que alteran al mismo proceso de nacionalización:
En septiembre de 2006 se iniciaron las auditorías a las empresas petroleras a cargo del Ministerio de Hidrocarburos y Energía, bajo la dirección del ingeniero Enrique Mariaca Bilbao. A través de un proceso de contratación, estas auditorías fueron adjudicadas a 11 empresas consultoras, a objeto de determinar las inversiones que serían reconocidas para la puesta en vigencia de los nuevos contratos petroleros. Sin embargo, considerando la elevada tasa tributaria fijada para los mega-campos y el plazo definido en el Decreto Supremo, estos contratos fueron suscritos en fechas 27 y 28 de octubre de 2006, dejando de lado los resultados que dichas auditorías estaban obteniendo.
El tipo de contrato aplicado fue el Contrato de Operación, el mismo que contenía siete anexos técnicos, contables y económicos. Entre ellos se encuentran el Anexo F y el Anexo G que establecen, respectivamente, las fórmulas para la retribución al titular y las inversiones que les serán reconocidas. De acuerdo con el Ingeniero Mariaca, a pesar del  establecimiento de estas fórmulas, aún no se cuenta con la información necesaria a objeto de verificar cuán beneficiosas son las condiciones económicas establecidas en cada contrato para YPFB; más aún, se desconoce la metodología para la determinación de las mismas.
Un aspecto observado en los 44 Contratos de Operación, aprobados por el Congreso Nacional, es el tema de inversiones. Si se lee y revisan bien estos contratos se notará que en ninguna parte existen obligaciones claras para realizar inversiones que permitan incrementar los niveles de producción de cada campo. Esta ausencia de inversiones ha traído consigo disminuciones en la producción de petróleo y, por ende, en las cargas de refinerías que actualmente entregan menores volúmenes de combustibles líquidos.
En el caso del diesel oíl, el país se ve continuamente obligado a importar cada vez mayores cantidades a precios internacionales, para luego comercializarlos a precios subsidiados, cuya diferencia es asumida por el Gobierno nacional, a través de la emisión de notas de crédito fiscal a favor de YPFB. En el caso de la gasolina, a la fecha, YPFB está importando aditivos de alto octanaje que, mezclados con la gasolina blanca, permiten obtener gasolina especial dentro de las especificaciones de calidad establecidas para este producto en el reglamento de calidad correspondiente.
Con relación al GLP, Bolivia, a pesar de ser un país productor de hidrocarburos, ha iniciado la importación de volúmenes mínimos de este combustible, a través de la República Argentina. Por lo anteriormente expuesto, YPFB debería ajustar los contratos petroleros vigentes, a través de la suscripción de adendas que establezcan compromisos y garantías de inversión que permitan incrementar los niveles de producción, así como las cargas en refinería, a objeto de garantizar el abastecimiento del mercado interno y reducir el nivel de importación de combustibles.
Siguiendo con el proceso de nacionalización, posterior a la suscripción de los nuevos Contratos de Operación, YPFB inició negociaciones con la empresa Petrobras Refinación S.A., a fin de recuperar las principales refinerías del país. Producto de estas negociaciones, en junio de 2007, YPFB compró el 100% de las acciones de las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel, hasta entonces propiedad de Petrobras Refinación, en 112 millones de dólares americanos. Así, más que una nacionalización de las refinerías del país fue más bien un proceso de concertación y compra de las empresas por parte de YPFB, sin existir de por medio procesos de confiscación de bienes y/o pagos por indemnización.
Como siguiente paso, YPFB decidió adquirir el 50% + 1 de las acciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia (CLHB), encargada del transporte y almacenaje de productos derivados como gasolina, diesel oíl, GLP, etc. Luego de intensas negociaciones en las que CLHB no cedía, el Gobierno emitió, en fecha 1º de mayo de 2008, el Decreto Supremo Nº 29542, a través del cual YPFB adquiere el 100% de las acciones, pagando un monto total de 12 millones de dólares americanos, aproximadamente.
La siguiente empresa que fue adquirida por YPFB fue Transredes S.A., cuyas acciones fueron “nacionalizadas” mediante Decreto Supremo Nº 29586, de fecha 2 de junio de 2008. El costo de esta adquisición, de acuerdo a información proporcionada por el Gobierno, fue de aproximadamente 240 millones de dólares. La empresa Andina S.A. llegó a un acuerdo para que YPFB adquiera el 50% + 1 de sus acciones, tomando el control de la misma y participando de manera conjunta en la administración de la empresa, toma de decisiones y operación de los campos que se encuentran bajo contrato.
Finalmente, en fecha 23 de enero de 2009, el Gobierno emitió el Decreto Supremo Nº 29888, mediante el cual “nacionaliza” la totalidad de las acciones de la empresa Chaco S.A., a un costo aproximado de 233 millones de dólares americanos.
A diferencia de las primeras nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, la tercera no se produjo bajo políticas de confiscación de bienes y resolución inmediata de contratos, sino que respondió a un proceso de concertación y negociación de nuevas condiciones económicas para la suscripción de nuevos contratos, así como para la adquisición del total del paquete accionario de aquellas empresas capitalizadas y privatizadas[13].
Como se puede ver se trata de una nacionalización sui generis, sin expropiación, como en los otros casos, la primera y la segunda nacionalización de los hidrocarburos. Esta es la razón por la que hemos preferido, en su momento, hablar de un proceso de nacionalización que tiene que completarse. Sin embargo, el proceso parece revertirse en el mismo momento que se firman los contratos de operaciones. Se entiende que las dificultades cada vez son mayores para la realización de una nacionalización, más si se trata de la explotación de los hidrocarburos. Se entiende que nos encontramos con un dominio mucho más estructurado del capital financiero, se entiende también que la globalización ha conformado redes complejas de asociación, subsidiarias, flujos de capital, cadenas de producción, complementariedades de rubros y capitales, que estas redes hacen más difícil que antes lograr los resultados de la nacionalización. Sin embargo, esto no quiere decir que sea imposible una nacionalización, que no se pueda llevar adelante un proceso de nacionalización, teniendo muy claro que se debe tener un control del proceso productivo y del proceso comercial, que se tiene que tener sobre todo el control técnico de la producción, que se debe refundar YPFB en todo el sentido de la palabra. Que esta empresa estatal debe tener, además del control nominal, el control real de las decisiones, del proceso técnico y de los flujos del petróleo y el gas. El problema radica en esto, no se tiene este control técnico, no se tiene el control real de las decisiones técnicas y operativas, no se tiene el control de los flujos; el control técnico y real la siguen teniendo las empresas trasnacionales.
En un estudio de CEDLA se afirma que:
En el 2009, el 85,2% del total de reservas de gas y petróleo de Bolivia estaba bajo el dominio de las petroleras extranjeras como Petrobras, Repsol y Total[14].
En el informe de CEDLA mencionado se sacan algunas consecuencias de esta situación, una de ellas es la siguiente:
Al no tener el control real del sector hidrocarburífero y mantener una presencia estatal secundaria a través de YPFB, el gobierno nacional optó por ofrecer mejores condiciones a las transnacionales para intentar superar por esta vía los grandes problemas del sector como la caída en la producción de líquidos y el virtual estancamiento en la producción de gas.
De acuerdo al estudio se interpreta que la reversión del proceso de nacionalización, las consecuencias del no cumplimiento de la nacionalización, ocasionan el desabastecimiento de los combustibles en el mercado interno, provocando por esto los desesperados intentos del gobierno por viabilizar la medida de shock conocida popularmente como el “gasolinazo”, buscando estabilizar el gasto y el ingreso con la suspensión de la subvención. La baja de la producción de los combustibles, la subida de la demanda interna, el estancamiento de las reservas, el control efectivo de las empresas trasnacionales, han incidido en una situación altamente problemática en lo que respecta a los hidrocarburos. Empero, lo que es más grave, el balance del proceso de nacionalización muestra que no hubo tal nacionalización, que no se llegó a completar el proceso, que no se refundó YPFB, que no se controla el proceso productivo y el flujo de exportaciones. Lo que se tiene ahora es un proceso de reversión de la nacionalización. Esta lectura del proceso de nacionalización amerita una reflexión sobre los proyectos de nacionalización, sobre sus perspectivas de romper las cadenas de dependencia, sobre los proyectos de desarrollo casados a las nacionalizaciones.
Una pregunta directa que habría que hacerse es: ¿qué pasó con las nacionalizaciones, por qué no fueron la base del desarrollo? Dejemos las respuestas fáciles, dejemos de lado el problema de la burocratización, también el de la corrupción, así como la hipótesis de la conspiración, la traición o la falta de consecuencia. El problema es comprender las condiciones de posibilidad histórica y económica para lo que se supone es el desarrollo, centrado en la industrialización. ¿Puede una nacionalización llevarnos de por sí a la industrialización, por lo menos a la industrialización de los hidrocarburos? En relación a esta pregunta hay que despejar una confusión, que debería estar despejada desde la crítica de la economía política; el dinero no es capital, el ahorro no es capital, el ahorro de dinero no es capital; el capital es el dinero que se valoriza en el proceso de producción. El principal problema de las nacionalizaciones tiene que ver con esta distinción, que acabamos de hacer. Las nacionalizaciones tienden a llevar al Estado a optar por una economía rentista; el ingreso proveniente de la nacionalización es usado para el gasto no productivo, es usado para cubrir demandas, es usado en la distribución del presupuesto, que mayormente usa los recursos para cubrir gastos administrativos del fabuloso aparato de Estado. No se trata sólo de redistribuir el ingreso, que puede darse a través de bonos, sino, de lo que se trata es cómo la nacionalización convierte la recuperación del excedente en acumulación, en inversión productiva, en transformación de las condiciones de producción.
¿Ausencia de una burguesía nacional?  Esta era la hipótesis de la izquierda latinoamericana. ¿Falta de vocación industrial del Estado? Hipótesis de la inconsecuencia. Estas hipótesis son posibles si se tiene como referente la historia europea o por lo menos parte de esta historia, lo que se cree saber sobre esta historia, su reducción a la interpretación de la revolución industrial inglesa, de la formación de la burguesía francesa y, con dificultades, de la vía prusiana, la vía emprendida por Otto von Bismarck, donde el Estado juega un papel fundamental en la industrialización de Alemania. A propósito de estas hipótesis, resultan contraídas como por imitación de una supuesta historia europea; por otra parte, pecan de ser generales. Suponen una identidad universal de la burguesía, portadora del desarrollo capitalista; no tienen para nada en cuenta la historia efectiva de las burguesías nacionales y de la variación de sus identidades. Por otra parte, también se tiene una idea abstracta del Estado, de la que se deduce su papel protagónico en la industrialización y el desarrollo.  Lo llamativo de ambas hipótesis es que pretenden resultar de apreciaciones históricas; sin embargo, hay que decirlo, la historia es concebida como repetición o emulación. La historia efectiva, pensada en el espesor del flujo de acontecimientos, no se repite, ni siquiera dos veces. Cuando Hegel se expresa de esa manera lo hace desde la fenomenología del espíritu y de la filosofía de la historia, donde el devenir de los acontecimientos se convierte en la dialéctica de los conceptos. Cuando Marx parafrasea a Hegel, lo hace irónicamente, diciendo que la historia se repite dos veces, pero una como tragedia y la otra como comedia.
Hay que rescatar a la historia de estas interpretaciones teleológicas; hay que entender la historia no sólo como relato, no sólo como narración; es evidente que forma parte de las experiencias y el trabajo de la memoria, empero también, se ha convertido en un campo de batalla de las interpretaciones. Se ha distinguido, por ejemplo la historia de los vencedores de la historia de los vencidos. Empero, todo esto nos lleva a re-plantearnos nuestra relación compleja con las temporalidades, las experiencias, las memorias, las vivencias de los acontecimientos. Quizás se acerca a esta comprensión la relación que establece la hermenéutica entre historia y singularidad. La historia es singular, no universal, salvo la que tiene que ver con la narratividad de los vencedores. Las historias son singulares, hay que contar historias singulares, los acontecimientos son singulares, además de estar configurados por múltiples singularidades. Vale decir, la historia es plural. Cada presente, cada coyuntura, cada momento, cada perfil histórico, por ejemplo, de tal o cual burguesía, es singular. Desde esta perspectiva no podría hablarse de una identidad única de la burguesía. Lo que ocurrió en el siglo XIX con la burguesía británica no se repitió con la burguesía francesa, menos con la burguesía alemana. Se trata de distintas constituciones de la clase propietaria de los medios de producción. Menos puede pasar lo mismo con las burguesías latinoamericanas. No sólo porque los tiempos son diferentes, las condiciones distintas, los contextos heterogéneos, sino porque la historia de su constitución obedece a la combinación singular de condiciones y factores sociales, económicos, políticos y culturales que se dan en las periferias del sistema-mundo capitalista.

El circulo vicioso del estractivismo
Es menester meditar sobre el modelo extractivista, no sólo en lo que respecta a sus consecuencias, sino como condena, como un circulo vicioso que nos condena a la dependencia, también a ser espacio de reserva de recursos naturales explotables y lugar de explotación de los yacimientos. Las consecuencias son indudablemente devastadoras, la transferencia de los costos reales a la naturaleza provoca destrucción, contaminación y depredación, condenando también a los entornos de la explotación a sufrir los efectos perversos de la corrosión y la marginación. Contrasta con esta realidad la exacerbada ilusión de los gobiernos en resolver los grandes problemas con la atracción de capitales y lograr las inversiones milagrosas. ¿Qué significa este imaginario que cree en la barita mágica del capital, que reduce las políticas económicas a la curiosa disposición de seducción a las empresas trasnacionales? ¿Qué clase de fetichismo es este que cree en la magia de las inversiones, sobre todo cuando se trata de la explotación minera e hidrocarburífera? Se olvida completamente el sentido de los circuitos del capital, su lógica de acumulación, sus lugares de concentración. Se entrega lo más valiosos que se tiene, la naturaleza a su explotación y expoliación, esperando a cambio una transformación trascendental de las condiciones sociales y económicas. Este es obviamente el discurso, pues lo efectivo es el reparto del excedente; las burocracias y las burguesías nativas se quedan con una parte de la explotación. No solamente lo más apreciado de la torta se llevan las empresas trasnacionales, sino la materia, lo real, objetividad con la cuál van a producir el proceso de transformación y el proceso de acumulación de capital. Aquí radica no solo esa componenda viciada entre gobiernos y empresas trasnacionales, sino también el foco mismo de la infección que llamamos corrupción.
El Estado que se construye sobre la base de la economía extractivista se convierte en garante y administrador de la transferencia de recursos naturales, forma parte de la lógica destructiva de la explotación y es un dispositivo subalterno que coadyuva a la acumulación de capital que se concentra en el centro del sistema-mundo capitalista. Se trata de una forma de Estado peculiar, un Estado que vive de la tributación de la explotación de los recursos naturales; se trata del Estado rentista, pero también de un Estado guardián de los campamentos e ingenios de explotación y producción. No se trata solamente de las caracterizas generales del Estado-nación subalterno, sino de un aparato político que termina siendo un dispositivo esencial de las estrategias de las grandes empresas trasnacionales y del capital financiero internacional.
Es menester revisar el recorrido del circuito del círculo vicioso del extractivismo desde la revolución de 1952, desde la nacionalización de las minas, que buscan recuperar la soberanía, el control de los recursos naturales a través de la propiedad estatal e iniciar el proyecto de sustitución de importaciones para salir de la dependencia. Es menester hacer esta revisión pues estas medidas de nacionalización se propusieron salir de la dependencias, empero terminaron repitiendo la dependencia por los medios estatales, ya no privados. ¿Cuál la razón de esta condena? ¿Por qué se reproduce el modelo extractivista y con éste la misma dependencia a pesar de iniciar un proceso de nacionalizaciones y pretender incursionar el camino de la industrialización? Estas preguntas son indispensables cuando después de las insurrecciones sociales de 2000-2005 se abre un nuevo horizonte histórico y político, que coloca a un gobierno de transición en la tarea de cumplir con gestiones de transformación, un gobierno que vuelve a poner en escena las medidas de nacionalización. Nos vemos entonces nuevamente ante el problema de los alcances de la nacionalización de los recursos naturales, nos vemos nuevamente comprometidos con la gestión de los recursos naturales, por lo tanto con los límites del extractivismo y la necesidad de lograr cruzar el límite, lograr el umbral y entrar en otros agenciamientos, que ya no sean extractivistas. ¿Se puede? ¿De qué depende? Estos problemas van a tratar de ser analizados en adelante tomando en cuenta dos experiencias, la de la revolución nacional (1952-1964) y la reciente experiencia de las dos gestiones del gobierno de Evo Morales Ayma (2006-2011). La revolución nacional se entrampó en el modelo extractivista, sin poder salir de esta lógica depredadora, sin poder tampoco lograr la sustitución de importaciones y el camino de la industrialización. La lógica rentista de la economía nacionalista fue como un condicionante que condujo a la expansión casi institucionalizada de la corrupción. El proyecto que se planteó la formación de una burguesía nacional derivó en la formación de una burocracia extendida, ineficiente y corrupta. Nuevo ricos, sin embargo incapaces de iniciar un proceso de acumulación de capital. La coyuntura actual no es la misma, empero sorprenden las analogías de ambos procesos, el de la revolución nacional y el de la revolución democrática y cultural.

Experiencias políticas de nacionalización
 Indudablemente la recuperación de los recursos naturales, particularmente de los recursos minerales y los recursos hidrocarburíferos, es una acción soberana, que recupera la soberanía y el control de estos recursos naturales. Se trata de medidas que replantean los términos de intercambio entre centro y periferia del sistema-mundo capitalista. Empero se trata de medidas que son como el comienzo de un recorrido que debería conducirnos a escapar de la dependencia. El problema radica aquí, la dependencia se repite en otros términos, por otros medios y con nuevas formas. Por eso es indispensable analizar la relación de la estructura de las nacionalizaciones con las estructuras económicas mundiales, con las lógicas de acumulación de capital y con el sistema financiero internacional.
Con la nacionalización de las minas se conforma una de las corporaciones empresariales mineras más grandes del mundo, la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), con el control sobre las reservas fiscales, los yacimientos, las minas, las vetas, los socavones, los ingenios, los campamentos. Empero sin control de los mercados internacionales, de las fundidoras y de los circuitos financieros. Los llamados “barones del estaño” se valieron de esta situación para boicotear la salida de los minerales al mercado internacional. El gobierno boliviano tuvo que pagar una indemnización de 22 millones de dólares, descapitalizando a COMIBOL, y entregándose a las condiciones impuestas por los compradores de minerales. El ingeniero Roberto Arce Alvarez describe estas circunstancias de la siguiente manera:
Los concentrados de estaño exportados de Bolivia eran embarcados a la fundición de estaño de la William Harvey, situada en Bootle, Liverpool, Inglaterra, controlada pos Simon I. Patiño. Al producirse la nacionalización de las minas, sin pago alguno de indemnización, la gran minería embargó los concentrados de estaño enviados a la fundición de la William Harvey. Para salvar esta seria dificultad, el gobierno de Bolivia tuvo que aceptar la exigencia de los “barones del estaño” de descontar el valor de la venta del estaño fundido un porcentaje para el pago de las propiedades mineras expropiadas[15]
Uno de los problemas que tiene que enfrentar el programa de nacionalizaciones tiene que ver con su dependencia del mercado internacional, estructurado a partir del monopolio de las grandes empresas capitalistas; en el caso del estaño, dominado precisamente por el magnate boliviano que había sido expropiado, Simón I. Patiño. Esta dependencia condiciona y limita los alcances de la misma nacionalización, terminándola de incorporar a la lógica de acumulación de capital, manteniendo las condiciones de la dependencia y de la subordinación de la economía extractivista a los centros de concentración de capital. Empero el otro problema que enfrenta tiene que ver con la conexión de la minería nacionalizada con la economía del país, la conformación y consolidación de un mercado interno, los procesos de integración económica y, sobre todo el vínculo con el proceso iniciado por la reforma agraria. Quizás el más rotundo fracaso de la nacionalización de las minas tenga que ver con este aspecto, pues la minería nacionalizada se estanca en una proyección meramente extractivista, reproduciendo sus males, sobre todo el de desarticulación de la economía nacional sin llegar a integrarla. No se conecta la exportación de minerales con un proceso de industrialización de los recursos naturales, tampoco termina conectándose con los requerimientos de la reforma agraria. La minería mantiene la separación con la población campesina, como si fuesen universos completamente distintos. Todo esto sin considerar los niveles de contaminación y depredación que provoca, afectando no solamente al medio ambiente y a los ecosistemas, sino a las propias condiciones naturales de los entornos, con lo que las propias comunidades campesinas se encuentran gravemente afectadas, así como la producción agrícola y la pecuaria.
En la lógica rentista del gobierno nacionalista COMIBOL termina siendo una empresa que rinde ingresos, pero que no son utilizados como capital, no son usados en sentido de una inversión productiva, sino en una distribución que sostiene a la burocracia estatal y se transfiere a otros espacios económicos. La apertura de la carretera Cochabamba-Santa Cruz termina incorporando al oriente boliviano a la configuración económica nacional. Gran parte de los recursos van a ser destinados a formar una burguesía agraria, transformando las viejas haciendas en empresas modernas. Del proyecto de formación de una burguesía nacional, es esta burguesía agraria lo único que se logra. Los otros resultados se pueden considerar conformaciones pervertidas de la burguesía; los demás perfiles corresponden a nuevos ricos, quienes se benefician de los recursos del Estado y del manejo de la cosa pública, sin embargo, no orientan el dinero obtenido en inversión productiva.  En este complicado perfil de la burguesía intermediaria, no debemos dejar de contar con los propietarios de la dispersa industria textil y otros fragmentarios talleres vinculados a la minería.
Hay que tener una idea más concreta y literal de lo que es el modelo extractivista, de su forma de funcionamiento, de lo que se lleva, de lo que deja, del impacto social que imprime en la sociedad y en los pueblos. Uno de los más bellos capítulos de Réquiem para una república de Sergio Almaraz Paz es el Capítulo IV sobre Los cementerios mineros, sobre todo por las condensadas figuraciones de la dramática experiencia minera; en este capítulo el autor escribe:
Hay que conocer un campamento minero en Bolivia para descubrir cuánto puede resistir el hombre. ¡Cómo él y sus criaturas se prenden a la vida! En todas las ciudades del mundo hay barrios pobres, pero la pobreza en las minas tiene su propio cortejo: envuelta en un viento y un frío eternos, curiosamente ignora al hombre. No tiene color, la naturaleza se ha vestido de gris. El mineral, contaminando el vientre de la tierra, la ha tornado yerma. A cuatro o cinco mil metros de altura donde no crece ni la paja brava, está el campamento minero. La montaña enconada por el hombre, quiere expulsarlo. De ese vientre mineralizado, el agua mana envenenada. En los socavones el goteo constante de un líquido amarillento y maloliente llamado copajira, quema la ropa de los mineros. A centenares de kilómetros donde ya hay ríos y peces, la muerte llega en forma de veneno líquido proveniente de las deyecciones de los ingenios. El mineral se lo extrae y limpia pero la tierra se ensucia. La riqueza se troca en miseria. Y allí, en ese frío, buscando protección en el regazo de la montaña, donde ni la cizaña se atreve, están los mineros. Campamentos alineados con la simetría de prisiones, chozas achaparradas, paredes de piedra y barro cubiertas de viejos periódicos, techos de zinc, piso de tierra; el viento de la pampa se cuela por las rendijas y la familia apretujada en camas improvisadas – generalmente bastan unos cueros – si no se enfría, corre el riesgo de asfixiarse. Oculto en esos muros está el pueblo de hambre y de los pulmones enfermos, los de las “tres puntas” diarias de trabajo, los del “venticuatreo”[16].   
 Lo que deja el extractivismo minero son cementerios mineros, colas y desmontes, además de una contaminación irreversible. Un país que apuesta a esta economía del despojo compromete a parte de su población a una dramática existencia, obligada a estar sometida a un trabajo de explotación absoluta,  trabajo que exige del cuerpo la máxima exposición y el sacrificio. Este proletariado minero es el que ha creado la riqueza de los “barones del estaño”, también ha sostenido al Estado-nación, hasta que la crisis de los precios de los minerales de los años ochenta, sobre todo del estaño, convierten en no rentable a la exportación de minerales. Entonces los mineros van a ser abandonados a su propia suerte, cerrando las minas y relocalizando a los trabajadores.
Empero hasta que ocurra esto en 1986 la minería va atravesar todavía una etapa que podemos llamar de diferida desnacionalización, de destrucción minuciosa, efectuada por los gobiernos de las dictaduras militares. Durante el gobierno del General René Barrientos Ortuño se levantan las reservas fiscales y se las entregan a lo que se va conocer como la minería mediana, minería privada, que va a volver a retomar el camino dejado por los “barones del Estaño”. De 1964, año del golpe militar que clausura la revolución de 1952, hasta 1986 se da lugar un uso no solo rentista de COMIBOL sino también un sistemático saqueo de sus recursos. Cuando llega el proyecto neoliberal (1985) no hace otra cosa que consumar una larga y sostenida conspiración contra la empresa estatal, cierra minas, las privatiza, poniéndolas prácticamente a la venta, de la que se aprovechan empresarios mineros privados, convirtiendo a COMIBOL en una oficina de administración. Los únicos que podían resistir ante el desmantelamiento de la minería estatal eran los trabajadores mineros, intentan de una manera dramática hacerlo en una marcha por la defensa de la vida. Empero este esfuerzo termina en una lamentable derrota ante el cerco militar-policial en Calamarca. Los trabajadores mineros prefieren retornar y acabar la marcha antes que intentar romper el cerco mediante un acto heroico.
Cuando llega el gobierno de Evo Morales Ayma, después de seis años de luchas insurreccionales, hereda un cuadro minero controlado por empresas privadas, particularmente grandes empresas y sobre todo empresas trasnacionales. Por otra parte, la tecnología minera se había transformado, grandes empresas mineras de explotación de oro, como Inti Raymi ya había optado por la explotación arrasadora del cielo abierto. Otra gran empresa minera trasnacional como la de San Cristóbal, que explota concentrados de zinc-plata y plomo-plata, también incorpora esta última tecnología minera, movilizando grandes toneladas de tierra, dejando inmenso huecos en el paisaje, como si fuesen las huellas de un castigo divino.
Los gobiernos neoliberales convirtieron al país en un paraíso jurídico para las empresas trasnacionales y el Estado fue convertido en un receptor de tributos, que en comparación con las inversiones y los balances de los movimientos económicos de las empresas, son exiguos y miserables.
De un gobierno que comienza un proceso de nacionalización en los hidrocarburos se espera que también nacionalice la minería, recuperando nuevamente los recursos minerales para el pueblo boliviano, como establece la Constitución; empero esta medida hasta ahora no se ha dado, es más, se han mantenido las condiciones desventajosas para el Estado, impuestas por el proyecto neoliberal, en lo que respecta a su participación en el excedente, a través de tributos, impuestos y regalías. Por otra parte, de un gobierno que tiene como tarea la defensa de los derechos de la madre tierra se espera que ponga fin al saqueo depredador y contaminador de la minería, por lo menos diseñando una transición y exigiendo compensaciones a los daños ambientales, además de adecuaciones de la tecnología de explotación a la mantención de los equilibrios eco-sistémicos. Nada de esto ha ocurrido. Las preguntas son entonces: ¿Por qué se han respetado los grandes intereses de las empresas trasnacionales mineras? ¿Por qué no se ha optado en este terreno por una política que se plantee seriamente, por lo menos en términos transicionales, salir del modelo extractivista? Estas preguntas requieren del dibujo del contexto económico en el que se mueve el gobierno popular.

La economía boliviana en las gestiones de transición
El modelo populista
Vamos a interpretar la coyuntura económica del país a partir de la Memoria de 2010 del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, una memoria que básicamente hace una evaluación macro-económica y monetarista, que a pesar de las restricciones descriptivas y reducidas a indicadores generales, nos permite la excusa para hacer un recorrido transversal al perfil y la estructura de la formación económico y social boliviana. Además de evaluar los propios alcances del discurso economicista y del discurso populista.
El Ministerio de Economía y Finanzas Públicos en su Memoria Anual de 2010 dice que se estima un crecimiento del 4.1 %, y que además la política económica se ha encaminado a garantizar la estabilidad macro económica, a continuar con la política social de apoyo a la población vulnerable, además del fomento al sector productivo. La memoria dice que el desempeño de la economía se ha debido al dinamismo del transporte, las comunicaciones, los hidrocarburos, los servicios financieros y la industria manufacturera, además del continuo trabajo de la construcción y servicios básicos. Aunque el crecimiento minero fue negativo, asociado a conflictos sociales, particularmente el de Potosí.  Por otra parte, el sector agropecuario tuvo un leve decrecimiento debido a efectos climáticos. Los indicadores externos mostraron saldos positivos, los depósitos y créditos del sistema financiero alcanzaron nuevos niveles récord, la bolivianización de la economía se aceleró. La solidez del sistema financiero también se evidenció. Los créditos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP) y la creación del Fondo Propyme Unión continuaron promoviendo el acceso al financiamiento y fomentando la actividad productiva, especialmente de los pequeños y medianos productores. Se dice también que se registró un superávit en las cuentas públicas; esto debido a mayores ingresos, principalmente tributarios e hidrocarburíferos, así como al control del gasto corriente. El nivel de recaudación superó el nivel del año pasado, esto asociado al desempeño económico y a la eficiencia tributaria. Por el lado del gasto fiscal, el incremento de recursos necesarios para las actividades de mayoreo de las empresas públicas estratégicas determinó un incremento de las partidas de bienes y servicios que incidió mayoritariamente en el crecimiento del gasto corriente. El año de evaluación de la memoria la inversión pública superó los 1500 millones de dólares, asignándose mayores recursos a la infraestructura, a proyectos sociales y al sector productivo. No se ve con preocupación la deuda interna y la deuda externa; la primera llega al 23 % y la segunda el 15 % del PIB.
Como se puede ver estamos ante un análisis típicamente monetarista, no muy distinto a los análisis que se hacen en otras partes y en los gobiernos anteriores. La diferencia radica en la en el papel del Estado, que ciertamente creció y tiene una mayor participación que en los periodos de implementación del proyecto neoliberal. Lo que se muestra con mayor notoriedad son los logros en el equilibrio macroeconómico, que en comparación con los periodos neoliberales, se logró con mayor eficacia. ¿Pero, esto qué nos dice? ¿Mayor consecuencia respecto a las políticas monetaristas? ¿Esa es una buena señal cuando se trata de transformar el modelo económico extractivista e incursionar en un modelo productivo que salga del paradigma primario exportador? ¿No se debería proyectar la política económica a una agresiva campaña de inversiones en los sectores productivos, prioritariamente en los que tienen que ver con la soberanía alimentaria, además de encaminarse seriamente a la industrialización de las materias primas? ¿Importa el equilibrio? ¿No es necesario y hasta urgente un desequilibrio dinámico destinado a una estrategia de inversión en la producción?  Estas son las preguntas a las que hay que responder. No convence el seguir una política tan conservadora cuando se trata de transformar la estructura económica extractivista, comercial, informal y soyera. Sólo sirve de propaganda, incluyendo  los modestos alcances de la política social.
La memoria estima que son como unas tres millones de personas las que se beneficiaron con las trasferencias condicionadas, cerca del 30 % de la población boliviana. Por ese camino se ponderan los logros de la alfabetización, el programa Bolivia Cambia, Evo Cumple; también Tarifa Dignidad y Vivienda solidaria, aunque con menos incidencia y más problemas en su cumplimiento. Son ciertamente de impacto inmediato la política de los bonos, empero no dejan de ser medidas de corto plazo; no llegan a resolver los problemas estructurales, pues las condiciones que determinan estos problemas se mantienen y no desaparecen con estas medidas. Lo que llama la atención es que ya en la segunda gestión de gobierno no se cuente con políticas a mediano y largo plazo, no se cuente con estrategias transformadoras y se siga optando por medidas coyunturales que terminan convirtiéndose en intrascendentes, pues no modifican la estructura de exclusiones y desigualdades.
Se dice que la pobreza moderada bajo del 56 % al 50 % y que la pobreza extrema lo hizo casi del 30 % al 26 %. No dejan de ser modestas estas variaciones en un gobierno popular y en proceso de cambio. No hay una política radical de erradicación de la pobreza; todo se parece a los objetivos del milenio, que es una herencia de gobiernos anteriores en acuerdos con la Cooperación Internacional. Lo mismo podemos decir de la reducción del desempleo que habría disminuido de un 7 % a menos de un 6 %. No se habla del subempleo ni del desempleo encubierto. La verdad es que no se ha resuelto el gran problema de las fuentes de trabajo, estables y con pleno reconocimiento de los derechos sociales de los trabajadores. El Ministerio de Economía y Finanzas no salió del discurso de propaganda, cuando lo que le compete al gobierno es un agudo análisis de la situación y enfrentar los problemas de manera abierta y crítica.
Lo que se ha notado es un incremento en la construcción con la participación compuesta de crédito bancario privado y empresas constructoras privadas. ¿A qué se debe este auge de la construcción, sobre todo de edificios de vivienda y de oficinas? ¿Gran disponibilidad de dinero de los bancos, que se dice que supera los cuatro mil millones de dólares? ¿Especulación financiera y de la construcción? A qué se debe esta sobreoferta de viviendas caras en las ciudades del eje central? ¿Por ahí va la solución a los problemas de la transformación económica, de la exclusión y la desigualdad? La verdad es que este auge contrasta con el pobre rendimiento de los programas de vivienda social, programas además llenos de obstáculos y con múltiples denuncias de corrupción. La iniciativa privada de sobreoferta para las clases medias altas contrasta con los exiguos alcances de la iniciativa pública en los programas de vivienda social. No vamos a preguntarnos por qué no se nacionalizó la banca, que forma parte del sistema financiero internacional, puesto que esto no está al alcance de un gobierno populista que no ha cumplido con la nacionalización de los hidrocarburos. Vamos a preguntarnos por qué no se ha condicionado a la banca a orientar el crédito a la producción y el crédito a los estratos necesitados. ¿Qué clase de compromisos tiene el gobierno con la banca para que no cuente con una política financiera clara y de transformación?
En la memoria se llama la atención sobre las políticas encaminadas a superar el modelo primario exportador; se menciona el apoyo a 16000 pequeños productores a través de EMAPA, contribuyendo a la producción de trigo, arroz, soya y maíz. Estos apoyos no dejan de ser importantes a partir del BDP y del Fondo Propyme Unión, pues tienen incidencia en los rubros que pueden armar las condiciones para la seguridad y soberanía alimentaria, empero los alcances de estas iniciativas son todavía modestas; 184 millones de dólares por parte del BDP y 4,2 millones de dólares por parte del Fondo. ¿Por qué no se tiene una política agresiva en este terreno?
¿A qué figura se parece el perfil de la formación económica y social boliviana? Estamos ante un perfil económico cuya base densa y fundamental radica en el extractivismo de hidrocarburos y minerales, con cierto peso de la producción agrícola y agroindustrial destinada al mercado interno; esta última también con acceso reciente al mercado externo. La construcción y la manufactura tiene su importancia, sobre todo la primera, que no ha dejado de tener incidencia, incluso en tiempos difíciles de la crisis; la segunda sobre todo en lo que tiene que ver con la producción alimentaria, sin descartar la industria textil con todos sus altibajos. En la memoria se dice que la producción de gas creció en el orden del 16,7 %, en tanto que la producción de petróleo en el orden de un 2,3 %. La construcción tuvo un crecimiento promedio desde el 2006 al 2010 del orden del 10%. Ahora bien hay que diferenciar los montos comprometidos tanto en hidrocarburos como en la construcción; la participación del petróleo crudo y gas natural en el PIB es el doble de la participación de la construcción. Lo mismo ocurre con los minerales metálicos y no metálicos, cuya participación es el doble que la participación de la construcción. Bajo esta misma comparación, la participación en el PIB de la industria manufacturera es el quíntuple que la participación de la construcción. La participación en el PIB de la agricultura, silvicultura, caza y pesca es el cuádruple que la participación de la construcción. En comparación la participación del comercio es dos veces y medio que la participación de la construcción y la del transporte, almacenamiento y comunicaciones es el triple y medio que la participación de la construcción. Comprendiendo este cuadro, ¿qué quiere decir esto? Si nos basamos en el esquema que divide la economía en tres sectores, primario, secundario y terciario, siendo el primario el extractivista, el secundario el de la industria y el terciario el de los servicios y el comercio, podemos decir que si bien el ingreso del país depende básicamente de las exportaciones hidrocarburíferas y minerales, se nota el peso creciente de los servicios y el comercio en el gasto, en el empleo, en el uso del excedente. Lo que se llama industria no deja de ser un espacio intermedio bastante exiguo, sin identidad propia, altamente vulnerable, dependiendo de los vaivenes del mercado interno, a pesar de su reciente incursión en el mercado externo. La construcción es una actividad sorprendente, se efectúa tanto en momentos de crisis como de bonanza; cuando hay crisis permite la inversión en la construcción de viviendas, lo que mantiene cierta rentabilidad, en bonanza, se siguen construyendo viviendas para satisfacer la demanda de las clases medias. Es una especie transversal en la estructura económica, primaria, secundaria y terciaria, logrando una cierta articulación de los sectores, también es un rubro de desemboque de la disponibilidad bancaria, que presta a las grandes constructoras, manteniendo el circuito de la especulación financiera. Para entender este fenómeno no es suficiente quedarse con los indicadores del PIB, pues estos indicadores no logran mostrar las dinámicas y los juegos nucleares de las actividades dedicadas a la construcción.  
Desde el punto de vista de la estructura social, no hay propiamente una burguesía industrial, como ocurre por ejemplo en Brasil; lo que puede observarse es una burguesía banquera y comercial, fuertemente articulada a un núcleo de formación agroindustrial, ligada a los latifundios del oriente del país. El papel del Estado ha cobrado peso desde la nacionalización de los hidrocarburos, incursionando en la formación de empresas estatales, que sin embargo no han terminado de consolidarse, salvo quizás EMAPA. De acuerdo a informes del mismo gobierno, se dice que el Estado tiene una participación del 32 % en la economía del país.
Ahora bien, desde el punto de vista de la formación de capital, no parece formar un capital estatal el ingreso por concepto de exportaciones de hidrocarburos y minerales, pues no hay acumulación de capital, es decir valorización dineraria, inversión en el sentido de la acumulación capitalista. Más parece ser una masa importante de disponibilidad dineraria, de ingreso, tragada por el Tesoro General de la Nación, por el presupuesto, con fines de gasto y de distribución. Lo que quiere decir que las grandes empresas estatales no son manejadas en términos de la formación de capital sino como dispositivos de captación de recursos dinerarios, el excedente no se convierte en plusvalía. Sin embargo, la formación de capital se produce en la burguesía bancaría, comercial y agroindustrial.
En esta descripción se puede ver que ni el Estado ni la burguesía industrial están realmente interesados ni en una primera ni en una segunda revolución industrial. El Estado está atrapado en la captación de recursos dinerarios, destinados al presupuesto, también a la acumulación de reservas, que ya superan a más de los doce mil millones de dólares; empero, se encuentra como rezagado a desarrollar una política de revolución industrial. La burguesía financiera, comercial y agro-industrial tampoco está interesada en una inversión de magnitud hacia una revolución industrial. La banca se encuentra conforme con la generación de ganancias debido a la captación del ahorro, la intermediación y la especulación financiera; la burguesía agroindustrial está interesada en la ampliación de la frontera agrícola, transfiriendo los costos de su crecimiento y enriquecimiento a la naturaleza; la burguesía comercial prefiere seguir creciendo aprovechando su papel intermediario en la circulación de mercancía. Los pequeños núcleos industriales estatales y privados están muy lejos de articular e integrar un proyecto de revolución industrial.
Cuando se habla de revolución industrial, se lo hace más desde un imaginario estatal, que orienta la política económica, de la inversión económica, más en la apertura a la construcción de una logística, de una infraestructura económica, ligada fuertemente a la construcción de carreteras. Se han recuperado fundiciones, como la de Vinto, dedicada a la fundición de estaño, que no abastece en absoluto para atender a la producción minera, que sigue exportando en la condición de minerales y materia prima. El complejo de Karachipampa, concebida para tratar concentrados de plomo y plata, no termina de comenzar a funcionar como se debe; tampoco se puede contar con otros proyectos de fundición de minerales, que no terminan de formalizarse, salvo el incierto proyecto siderúrgico del Mutún, que no termina de instalarse y de funcionar. Por lo tanto no podemos hablar de una industria pesada y de unas industrias livianas articuladas. Estamos ante fragmentos dispersos, islas, que no lograr formar una plataforma industrial. La industrialización sigue siendo un sueño, un imaginario, que no se toma en serio, pero sirve para el discurso de propaganda.
En este sentido, no se puede hablar de desarrollo, en el sentido de la interpretación que hacían los nacionalistas del siglo pasado, cuyo eje era la sustitución de importaciones. Aunque haya crecimiento económico, variaciones positivas del producto interno bruto, acumulación de reservas, no hay desarrollo, no hay acumulación de capital. Lo que hay es expansión del modelo extractivista, mayor dependencia de las exportaciones de materias primas, mayor control del Estado en la captación de los recursos monetarios, participación en el control administrativo de las empresas públicas, hidrocarburíferas y mineras, pero no formación de un capitalismo de Estado, aunque este proyecto haya estado en ciernes en los proyectos políticos. El capitalismo de Estado es un proyecto no una realidad.
No hay desarrollo, en el sentido mencionado, lo que hay es crecimiento, un crecimiento que permite la formación de una burguesía financiera, comercial y agroindustrial, un crecimiento donde el Estado juega un papel importante como administrador y captador de recursos monetarias, un Estado que no llega a ser empresario. Este crecimiento se basa en la super-explotación de los trabajadores, la mayoría de los cuales esta reducido a su condición informal o de proletariado nómada, que no se encuentra sindicalizado, tampoco goza de derechos y de seguro. Se han formado miles de micro-empresas sobre la base de la explotación familiar y explotación semi-esclava, parecidas a las condiciones salvajes del capitalismo. En este panorama se distribuyen de manera dispersa algunas industrias textiles y de alimentos que no llegan a articular una plataforma industrial. El crecimiento del núcleo agro-industrial se basa en la expansión de la frontera agrícola, por lo tanto en la transferencia de los costos a la naturaleza.
Lo que sí se puede constatar es la presencia gravitante de empresas trasnacionales en la minería, así como en los hidrocarburos, aunque estas últimas aparezcan supuestamente nacionalizadas y como empresas de servicios. Por lo tanto, en la conformación y estructuración económica, nos volvemos a encontrar con el peso condicionante de estas empresas trasnacionales en el campo económico.
¿Qué tenemos entonces como figura del perfil económico? La descripción se parece a la mayoría de las economías de las periferias del sistema-mundo capitalista; se trata de espacios de extracción y explotación de recursos naturales que alimentan la insaciable maquinaria del capitalismo. Se trata de países altamente dependientes y fuertemente condicionados por el mercado internacional. Países que se reducen a la relación incongruente y desarticulada entre un sector primario, dedicado primordialmente a la exportación, y un sector terciario, cuyo servicios y comercio conforman el mercado interior. La industria es incipiente, dispersa y fragmentada, no logra abastecer a la demanda interna y enfrenta la competencia de la importación y el contrabando. Si se forman burguesías, estas son mas bien intermediarias, mas bien vinculadas virtualmente a la globalización, y no cuentan con un proyecto nacional.
¿Esto significa que hay que retomar el proyecto desarrollista y el proyecto nacional, tanto en su versión de capitalismo de Estado o en su versión de burguesía nacional? De ninguna manera; no tanto porque estos proyectos son tardíos, sino porque enfrentan limites en la lógica de la acumulación ampliada de capital; sólo pueden disputar los términos de intercambio, no se proyectan a cambiar las estructuras de la dominación mundial del sistema capitalista. Por otra parte, una industrialización al estilo de las potencias emergentes, como Brasil, la India, México y sobre todo China, solo puede darse bajo costos muy altos ecológicos y de explotación salvaje de la población trabajadora. Además, que en el contexto de la globalización y la crisis del capitalismo, lo que hacen estas potencias emergentes es ampliar los plazos de la crisis del capitalismo, modificando las estructuras de mediación de las formas de dominación y la participación en la acumulación ampliada de capital. La tarea de los proyectos emancipatorios en las periferias del sistema mundo capitalista es mas bien contribuir a la abolición del capitalismo abriendo un horizonte civilizatorio alternativo.
                                 
El modelo extractivista
El tema de fondo de nuestra discusión es el modelo extractivista, modelo que forma parte de la organización y de la división del trabajo a nivel internacional, forma parte de la economía-mundo capitalista, del sistema-mundo capitalista. Hay dos formas de explotación en el proceso de acumulación del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y la explotación de los recursos naturales. Se puede decir que la primera forma de explotación ha sido ampliamente explicada por la teoría del valor y que la segunda forma, en parte también ha sido explicada por la teoría del valor, en tanto se la puede considerarla como parte de esta teoría a la teoría de la renta, no de la tierra sino precisamente de los recursos naturales. Empero en este caso habría que diferenciar las formas de renta de los recursos naturales, la de los minerales, la de los hidrocarburos, la de las otras formas de recursos naturales. Sin embargo, esta investigación, sobre la renta de los recursos naturales, articulada al proceso de valorización no ha sido de ninguna manera agotado, acabado; al contrario, se trata de investigaciones pendientes. Esta problemática se complica mucho más desde la perspectiva ecológica, cuando se introduce como imponderables los daños causados a los ecosistemas, daños que pueden ser irreparables y que están afectando a los ciclos vitales de la reproducción de la vida. La teoría de la renta de la tierra se basa en que el capital o la incorporación del capital, en las explotaciones agrarias, termina valorizando, como si fuese producto del trabajo, algo que no tiene valor, en ese sentido, en el sentido económico. Al hacerlo introduce el concepto de renta, anexo al de ganancia y salario, en la composición del capital. ¿Pasa lo mismo cuando hablamos de renta minera, de renta petrolera, de rentas de otros recursos naturales? Ciertamente se les atribuye valor, como si formaran parte del capital, ingresando de este modo al proceso de acumulación de capital, es decir de valorización. En este caso, la renta no la reciben los terratenientes sino otros actores que aparecen en la escena, preponderantemente el Estado, si es que no se reconocen propietarios territoriales, que pueden ser privados o comunidades. En este caso el Estado, si tomamos esta figura, que es la que más aparece, no alquila, sino concesiona territorios de explotación, recibiendo a cambio un tipo de tributación por volúmenes de explotación. El Estado incluso puede participar como socio o, en su caso, como dueño exclusivo, y contar con empresas de servicios. El Estado entonces participa en la renta o percibe la renta de la explotación minera o hidrocarburífera, puede incluso participar en la ganancia, empero el control de la acumulación múltiple y agregativa se produce en el mercado internacional, bajo la condición de control de grandes monopolios empresariales, dándose lugar las respectivas transformaciones productivas e industriales. En este itinerario podemos ver dos fenómenos limítrofes; uno que ocurre en los territorios de explotación y en los respectivos ecosistemas, ocasionando depredación y desequilibrio ecológico, sin compensación equivalente al daño; el otro que ocurre en los centros de acumulación de capital, lugar del control efectivo de la acumulación y de los sistemas de control, como los relativos a las estructuras y redes financieras. En resumidas cuentas, la explotación no beneficia a los países convertidos en exportadores de materias primas sino a las burguesías de los países donde se manejan los grandes monopolios, el financiero, el de los mercados, el tecnológico, el comunicacional y el militar. En conclusión el modelo extractivista es un modelo colonial. En tanto tal sostiene el proceso de acumulación de capital mediante la explotación de los recursos naturales, el método de despojamiento, que no es otro que la reiterada acumulación originaria del capital. Así como hay trabajo no pagado que explica la formación de la plusvalía, también hay extracción no compensada, depredación no repuesta, desequilibrio no armonizado, en lo que respecta los componentes, los sistemas de vida, de lo que llamaremos la Madre Tierra. El capitalismo también se explica por esta dialéctica de la destrucción de las condiciones naturales de la reproducción de la vida.
Ciertamente el modelo extractivista no se circunscribe solamente a la geografía extensa de la periferia del sistema-mundo capitalista, pues forma parte de la historia y de los recorridos de los ciclos del capitalismo, extrayendo también recursos naturales en el centro del sistema-mundo. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que en la geopolítica de la economía-mundo se ha especializado prácticamente a la periferia en las formas extractivas, respondiendo a una división del mercado internacional. Aunque las fronteras de centro y periferia no son inmovibles, al contrario, son móviles y cambiantes, haciendo emerger nuevas potencias con vocación industrial, de todas maneras mientras haya un dominio y una hegemonía en el ciclo del capitalismo, en este sentido se puede seguir hablando de centro y periferias en los procesos de acumulación de capital. Visto desde la perspectiva de las periferias, el modelo extractivista es una condena al círculo vicioso de la dependencia. Visto desde una perspectiva ecológica, el modelo extractivista pone en peligro la reproducción de la vida, de sus ciclos vitales, de sus interrelaciones integrales. La acumulación desmedida o la compulsión por la acumulación tienen un costo irreparable y sin retorno, la vida misma.  Una segunda conclusión tiene que ver con que el modelo extractivista es depredador, en el sentido más destructivo del término. A mediano o a largo plazo sus daños son irreparables.
El modelo extractivista es una estructura compleja de explotación de la fuerza de trabajo. La incorporación de tecnología cada vez más avanzada ha ocasionado un uso intensivo de la fuerza de trabajo, disminuyendo el número de trabajadores, aumentando su rendimiento con las maquinarias y tecnologías sofisticadas, incluso pagando mejor a sus trabajadores, técnicos, ingenieros administrativos, empero produciendo entornos de poblaciones pobres y dependientes, afectadas por la contaminación y supeditadas a formas desmesuradas de dependencia y de discriminación. La diferencia descomunal entre los enclaves extractivistas, mineros e hidrocarburíferos, y los poderes locales, incluso el poder del Estado, provocan relaciones corrosivas con las instituciones locales, regionales y nacionales. Una tercera conclusión tiene que ver con la potencia altamente corrosiva del modelo extractivista respecto de las formas de cohesión social y las formas institucionales.
El modelo extractivista está íntimamente ligado al mercado internacional, es como ajeno al mercado interno, su lógica entonces se mueve con los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas, no con los requerimientos del mercado interno. Por eso mismo es tan difícil  arrancar desde el modelo extractivista un proyecto de industrialización de las materias primas. Esto ocurre cuando se modifican los términos de intercambio y se modifica la misma división del mercado internacional, transfiriéndose la industria pesada a las potencias emergentes. En todo caso, cuando esto pasa, las potencias emergentes no dejan de estar apegadas al modelo extractivista y les resulta difícil armonizar la composición desgarrada de su economía. Ya la vinculación con el mercado externo es muy grande y gravitante.
Ahora bien, hay que entender que cuando se habla de modelo extractivista se lo hace desde cierta perspectiva, la perspectiva de las periferias, donde el modelo concurre de manera expansiva y gravitante, condicionando toda la economía de los países, irradiando su lógica a todos los sectores e incluso orientando las políticas económicas de los gobiernos. Lo que hay que tener en cuenta es que este modelo no es un modelo distinto del modo de producción capitalista, no es un modelo externo a la economía-mundo capitalista, no está fuera del sistema mundo capitalista; al contrario forma parte del modo de producción capitalista, garantiza el flujo constante de materias primas, que serán transformadas e industrializadas. Forma parte integrante de la economía-mundo capitalista, de la división del trabajo internacional, de la articulación de flujos y stock en las redes de los mercados, en la articulación de un consumo productivo dado escala mundial. No cabe duda que el modelo extractivista es el modo de producción capitalista en su forma de dominación sobre la naturaleza, recogiendo esa idea brillante de los mitos de la modernidad, expuestos en Dialéctica del iluminismo de Horkheimer y Adorno, de que la modernidad y el progreso se basan en un dominio sobre la naturaleza, que pueden ejercer este dominio, sin tener consecuencias. El modo de producción capitalista supone no solo la transformación de la materia de producción, además de consumir tiempo de trabajo y producir la valorización en el proceso de producción, sino también la transformación de sus propias condiciones de producción. Lo que hay que anotar al respecto es que también produce la transformación de los ecosistemas, transformando radicalmente los territorios y espacios donde se asienta el sistema productivo. La economía-mundo capitalista convierte a todas estas gestiones extractivistas en dispositivos de una maquinaria global integrada, articulando plenamente al modelo extractivista a los procesos de acumulación de capital. El sistema-mundo capitalista define el papel del modelo extractivista en el contexto de la geografía y la geopolítica mundial.  Lo que queremos decir es que el modelo extractivista es parte estratégica de un modelo de acumulación, de un modelo de producción, de un modelo de consumo, incluso de un modelo energético. No es un modelo independiente, tampoco controla los hilos que hacen funcionar su maquinaria, pues al ser parte del modo de producción capitalista, de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista se encuentra sometido a los juegos del capital financiero, de los grandes monopolios, de las empresas trasnacionales, de los mismos mercados y sus vaivenes de precios de las materias primas. Podemos decir que este modelo se encuentra ligado a la base económica de los Estado-nación subalternos de la periferia, así como a su ilusión de desarrollo y progreso basado en la economía extractivista. El modelo extractivista es básicamente el modelo que adoptan estos Estado-nación y sus gobiernos. Esta apuesta explica el circulo vicioso de la dependencia; cuanto más apuestan al modelo extractivista más dependientes son sus economías particulares. Por eso estos Estado-nación terminan funcionando como engranajes administrativos de la transferencia de recursos naturales al centro del sistema-mundo capitalista. Se convierten en dispositivos políticos de la dominación capitalista a escala mundial. Cuando se dan intentos de replantear las condiciones de las relaciones de intercambio, buscando una salida nacionalista, puede mejorarse la situación, en la medida que se mejore el control del excedente, de parte del excedente, optando incluso por la industrialización de las materias primas; empero en la medida que sus propias salidas independientes mantienen el modelo extractivista, vuelven a caer en la lógica perversa de la dominación, que ocasiona la subalternidad, y en la lógica destructiva de la dependencia.  Los proyectos nacionalistas no dejan de ser intentos dramáticos de independencia económica en contextos definidos por el orden mundial de dominación capitalista. No es que no hay opción sino que las opciones deben ser alternativas, tienen que salir de la lógica extractivista, tienen que desconectarse de los condicionamientos del mercado internacional, del condicionamiento del sistema financiero, buscando en la pluralidad de intercambios posibles transiciones transformadoras y emancipadoras. La construcción de otro mundo es posible en tanto se den alianzas, complementariedades e intercambios alternativos.  Conformar otras lógicas de producción, abrir el horizonte de la valorización de la vida, saliendo de la valorización del capital.

Conclusiones
Una primera conclusión tiene que ver con la íntima compenetración que tienen el extractivismo con el sistema-mundo capitalista, la pertenencia profunda de los ciclos de la explotación extractivista, particularmente de minerales e hidrocarburos, con los ciclos largos del capitalismo. Si bien la explotación de minerales destinadas al mercado internacional, principalmente de oro y de plata, comienza en la colonia, por lo tanto correspondiente a los ciclos del capitalismo de hegemonía genovesa, primero, y de hegemonía holandesa después, la gran expansión de la explotación de minerales se dan con la revolución industrial, correspondiente al ciclo del capitalismo de hegemonía británica, expansión que continúa ampliamente en el ciclo del capitalismo de hegemonía estadounidense. Comprender esta compenetración y pertenencia de los ciclos del capitalismo y los ciclos de explotación extractivista es indispensable para entender las modificaciones de las estructuras de explotación extractivista y los cambios tecnológicos utilizados, además de comprender el papel del sistema financiero y de los Estado-nación subalternos en tanto mediaciones indispensables en los procesos de acumulación de capital.
Hemos dejado claro lo que entendemos por ciclos largos del capitalismo recurriendo a las investigaciones de Giovanni Arrighi, empero no ha quedado claro lo que entendemos por ciclos medianos. No nos referimos solamente a los ciclos estudiados por Nikolái Dmítrievich Kondrátiev, que duran entre 48 y 60 años, que comprenden ascensos y descensos sobre todo en el comportamiento de los precios con incidencia en la producción, sino que nos referimos a los ciclos en los que se encuentra envuelta la explotación extractivista, sobre todo de minerales y de hidrocarburos. Ciclos que aunque formen parte de los ciclos largos del capitalismo, en el sentido de Arrighi, conforman una temporalidad propia debida a los condicionamientos de los recurso naturales, la lógicas inherentes al extractivismo de minerales e hidrocarburos, fuera de las perspectivas posicionadas desde las periferias del sistema-mundo capitalista. El problema es llamar a estos ciclos medianos, que tampoco son en sentido de Kondrátiev, sino en un sentido diferente. Por ejemplo el ciclo de la plata formó parte del ciclo del capitalismo de hegemonía británica, pero también el ciclo del estaño forma parte de este ciclo del capitalismo. Ahora bien, el ciclo del estaño también forma parte del ciclo del capitalismo de hegemonía estadounidense, el ciclo de los hidrocarburos, sobre todo del petróleo, cobra gran importancia en el ciclo estadounidense. Por lo tanto los ciclos de explotación extractivista no se corresponden completamente con los ciclos del capitalismo, sino que los pueden atravesar y también corresponder a un lapso de estos ciclos. Los ciclos extractivistas tienen  particular importancia desde la perspectiva de las economías periféricas debido a su incidencia en estas economías. Hablar de ciclos medianos entonces tiene que ver más con una composición primordial de los ciclos del capitalismo, composición que tiene que ver  las condiciones iniciales del proceso de acumulación del capital, con las condiciones materiales del proceso productivo, que tiene que ver con los insumos y las materias primas. Son ciclos que tienen que ver también con las oscilaciones de los precios de las materias primas, por lo tanto también condicionados por el mercado. En este sentido se trata de ciclos condicionados por las propias exigencias de la explotación extractivista, condicionada a su vez por las características geológicas en las que se encuentran los minerales y los hidrocarburos; condicionada por el ciclo del capitalismo hegemónico, lo que comprende también transformaciones tecnológicas y organizativas; y obviamente condicionada por el propio mercado.
Una segunda conclusión tiene que ver con la relación de los ciclos con la complejización del Estado. Durante el ciclo de la plata las formas de gobierno del Estado liberal eran más o menos simples, los propietarios de minas fungían a la vez de gobernantes, no se observa una clara distinción entre lo económico y lo político, entre los intereses mineros y los intereses del Estado. Obviamente estaban las leyes y las instituciones, también a partir de 1900 los partidos y los calendarios electorales, empero la estructura gubernamental no respondía a mayores complicaciones que las exigidas por una economía basada en la exportación de la plata a través del Pacífico y las importaciones para cubrir las demandas del mercado interno, que sorprendentemente tenían que ver con la alimentación. La guerra del Pacífico había mostrado la gran vulnerabilidad del Estado boliviano, un Estado incapaz de defender sus costas del Pacífico, que afrontó la guerra de una manera altamente improvisada y de una manera rudimentaria[17]. En cambio en el ciclo del estaño se observa una separación entre ámbitos, el económico y el político. Los propietarios mineros no fungen de gobernantes, los “barones del estaño” conforman una estructura económica extractivista con tecnología avanzada, ligada al capital financiero internacional, con una articulación incidente en el mercado mundial. Se trata de un fragmento de la burguesía boliviana internacionalizada. Los gobiernos están condicionados por una determinante influencia de esta elite burguesa, empero ya se han formado mediaciones que transmiten esta influencia, los bufetes, los medios de comunicación, el mismo Congreso, la vinculación económica con el Estado a través de tributos e impuestos, que son sorprendente miserables en comparación con espectacular enriquecimiento que logran los “barones del estaño”. En este ciclo se afronta la guerra del Chaco, que muestra una mayor capacidad de organización y de respuesta bélica por parte del Estado. Se pierde la guerra del Chaco, pero, a diferencia de lo que ocurre en la guerra del Pacífico, se vive una experiencia que moviliza a la nación. El Estado va sufrir una crisis profunda desde la finalización de la guerra hasta la revolución nacional; en todo este periodo la sociedad se organiza y abre causes de lucha por los derechos sociales, por los derechos de los trabajadores, pero también en defensa de la soberanía y los recursos de la nación.  Se puede explicar la mayor complejización del Estado que se da con la revolución nacional de 1952 y el periodo de los gobiernos nacionalistas. El asumir el control de la producción minera, la formación de empresas públicas, el hacerse cargo de la economía nacional, la incorporación del oriente, la Amazonia y el Chaco, al proyecto económico nacional, además de las respuestas institucionales que se tiene que dar a una sociedad organizada, a un proletariado sindicalizado y protagonista de la misma revolución, a un campesinado mayoritario, que ahora es dueño de la tierra, después de la reforma agraria, sumando la reforma educativa, que expande las escuelas al área rural, contando además con lo que podemos llamar una reforma del sistema de salud, provocan una transformación del Estado. En este periodo se puede hablar de la construcción de un Estado-nación, de la apertura a un proyecto nacional. Empero se trata de un Estado-nación atado a la economía extractivista; atrapado en los límites de esta economía, convertido en un administrador de la transferencia de recursos naturales al centro del sistema mundo capitalista.
Una tercera conclusión tiene que ver con la pregunta de por qué no logra salir el gobierno popular de transición de Evo Morales Ayma del modelo extractivista y más bien ahonda y extiende esta economía dependiente. Al respecto podemos plantear tres hipótesis interpretativas: 1) La gravitación del peso del extractivismo en la economía boliviana impone una suerte de inercia que obliga como a la continuidad en este sistema de despojamiento; 2) la influencia de estructuras de poder mundial y regional provocan una conducta gubernamental que pretende ser pragmática y termina siendo de supeditación; 3) la lógica rentista a la que lleva la economía extractivista deriva en la corrosión institucional y prácticas vinculadas a formas de corrupción de tal manera que se termina optando por el camino fácil, no encontrar otra salida que la mantención y ampliación del modelo extractivista.
Una cuarta conclusión tiene que ver con la concomitancia del modelo extractivista no sólo con la expansión de la explotación de los recursos naturales a otros rubros, como el hierro y el manganeso del Mutún, incluso no metálicos, como el litio de los salares, sobre todo el Salar de Uyuni, sino también con la expansión de los circuitos comerciales vinculados a la importación, en su manera formal, y el contrabando, en su manera informal, además de la hipertrofia en la tercerización y el incremento de la precariedad de la condiciones de la fuerza de trabajo. Por otra parte el modelo extractivista es concomitante con la expansión de un sistema financiero especulativo, que termina profundizando la ruta del extractivismo. En otras palabras, la economía extractivista se convierte en un sistema perverso que logra recrear sus propias condiciones de reproducción.
Una quinta conclusión tiene que ver con el estilo populista del gobierno. La Constitución, el Estado plurinacional comunitario y autonómico, el modelo productivo orientado a la soberanía alimentaria, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originario, los derechos de la madre tierra, se convierten en figuras discursivas de legitimación de un efectivo proyecto que no dejó de ser extractivista y nacionalista.        
            


[1] Ver de Giovanni Arrighi El largo siglo XX. Akal 1999; Madrid.
[2] Ver de Serge Gruzinski Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización. Fondo de Cultura Económica 2010; México. 
[3] Ver de Sergio Almaraz Paz El poder y la caída. Amigos del libro 1988; La Paz.
[4] Revisar los escritos de Carlos Montenegro, particularmente Nacionalismo y coloniaje. Premio del concurso de en ensayo de la Asociación de Periodista 1943; publicado en 1946. La Paz.   
[5] Antonio Mitre: Los Patriarcas de la plata. Estructura económica de la minería boliviana en el siglo XIX. IEB, Lima, 1981.
[6] Gustavo Rodríguez Ostria: Fuentes pala historia de la minería boliviana del siglo XIX. America Latina en la historia Económica; enero-junio 1994. 
[7] Sempat Assadourian: Integración y desintegración regional en el espacio colonial: un enfoque histórico. Revista Latinoamericana de Estudios Urbano-Regionales. EURE, Santiago de Chile, 1972.
[8] Sergio Almaraz Paz: Ob. Cit.
[9] Sergio Almaraz Paz: Obra completa. Plural 2009; La Paz. Pág. 99.
[10] Nacionalizaciones de los Hidrocarburos en Bolivia. Memorias de Don Enrique Mariaca Bilbao. Fundación Jubileo. La Paz 2009. 
[11] Ibídem.
[12] Sólo se han hecho algunas pequeñas correcciones de sintaxis y alguna interpretación más insistente de cuándo comienza la reversión del proceso de nacionalización.       

[13] Ibídem.
[14] CEDLA: Cuadernos de coyuntura.
[15] Roberto Arce Alvarez: Desarrollo Económico e Histórico de la Minería en Bolivia. Plural 2003; La Paz. Pág. 323.
[16] Sergio Almaraz Paz: Obra completa. Plural 2010; La Paz. Pág. 477.
[17] Revisar el capítulo sobre la Querella del excedente del libro Lo nacional-popular en Bolivia de René Zavaleta Mercado. Plural 2009; La Paz.