Horizontes de la descolonización II
Raúl Prada Alcoreza
I.
Horizontes del
Estado plurinacional
1.
Fin del Estado-nación
2.
Nacimiento del Estado plurinacional
3.
Estado plurinacional comunitario.
La
refundación del Estado en América Latina.
Epistemología
del Sur
4.
La fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico
5.
Desiderátum en la transición
6.
Tiempo político y decadencia
7.
Los
entretelones del poder: Teatro político,
burocracia e industrialización
8. Genealogía del racismo
Horizontes
del Estado plurinacional
Fin del Estado-nación
El paso del Estado-nación al
Estado plurinacional, comunitario y autonómico es todo un desafío. Se trata de
dejar la modernidad, la historia de la soberanía en la modernidad, la historia
del Estado en la modernidad, la historia de una relación entre Estado y
sociedad, una historia que define la separación entre gobernantes y gobernados,
entre sociedad política y sociedad civil, en un contexto matricial donde se
demarcó la relación entre dominantes y dominados, a partir de mecanismos de
dominación y diagramas de poder que atraviesan los cuerpos y los territorios,
incidiendo en las conductas y comportamientos, en la administración de la
tierra y los territorios, en la explotación de la fuerza de trabajo. Dejamos
atrás una historia de colonización y dominaciones polimorfas desplegadas en el
mundo, donde la geopolítica de la economía-mundo y del sistema-mundo
capitalista divide el planeta entre centro y periferia, racializando la
explotación de la fuerza de trabajo y controlando las reservas y recursos
naturales, estableciendo una división del trabajo planetaria, convirtiendo a
los países periféricos en exportadores de materias primas y reservas de mano de
obra barata, transfiriéndoles más tarde, a algunos de estos países que ingresan
tardíamente a la revolución industrial, tecnología obsoleta, desplazando la
industria pesada, considerada de alta y masiva inversión de capital, pero con
bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo optar por eso por la
circulación y la inversión del capital financiero, que rinde grandes beneficios
a corto plazo. Dejamos atrás entonces la ilusión que provocaron los
Estado-nación subalternos, una vez concluidas las guerras de independencia y
las luchas de liberación nacional, la ilusión de nuestra independencia e
igualdad en el concierto de las naciones, en el marco jerárquico de las
Naciones Unidas. Descubrimos dramáticamente que no se logró la descolonización,
tampoco la independencia y menos haber logrado establecer condiciones de
igualdad entre los estados. Los Estado-nación centrales, sobre todo los que
están en la franja de seguridad de Naciones Unidas, siguen imponiendo sus condiciones al resto
del mundo, sin importarles el derecho internacional y el derecho de las
naciones a la autodeterminación.
Después de la caída de los países
socialistas de la Europa oriental, Estados Unidos, Europa y Japón, quizás China
también, impone su diseño de orden mundial al resto de los Estado-nación, bajo
la conducción norteamericana. En lo que corresponde al ciclo del capitalismo
estadounidense, la hiperpotencia mundial norteamericana condujo la expansión,
la acumulación y la transformación del capitalismo, sobre todo después de la
segunda guerra mundial, después de la conflagración su gravitante presencia fue
innegable. Se convirtió en el garante de la economía-mundo capitalista,
construyó su expansiva hegemonía desde la finalización de la guerra mundial
hasta la derrota sufrida en la guerra de Vietnam; después de este
acontecimiento su hegemonía entra en crisis y opta por la descarnada dominación;
particularmente esto es patente después de la caída de la Unión Soviética,
cuando se convierte en la única superpotencia mundial. Podemos decir que, en el
contexto del declive de la hegemonía norteamericana, en pleno desplazamiento de
la crisis del ciclo del capitalismo estadounidense, en el atiborrado momento
crítico caracterizado por la hipertrofia financiera, que opta diferir la crisis
por medio de la financierización, ocasionando no otra cosa que la agudización y
profundización de la crisis misma, la forma del Estado-nación entra también en
crisis o, mas bien, revive su crisis de modo manifiesto. Esto por una razón
entre muchas otras, además de la historia crítica de las formas de soberanía,
la razón es que los Estado-nación no pueden resolver la crisis, no pueden
oponerse a su irradiación, les resulta difícil construir una alternativa, a no
ser la repetición tardía de proyectos desarrollistas y de las metas de la
industrialización, proyectos que no hacen otra cosa que recrear escenarios donde
se replantean las relaciones entre centro y periferia, reacondicionando y
trasladando la dinámica de la crisis a otros espacios, que ya no son sólo los
correspondientes a las economías basadas en la exportación de materias primas
sino también a las nuevas economías basadas en la industrialización. Las
economías de los Estado-nación, basados en el desarrollo y la
industrialización, son obligadas a competir en el mercado internacional con los
altamente productivos países asiáticos. Se puede decir que los Estado-nación se
mueven en un intervalo de opciones que se circunscriben a administrar la
crisis.
La salida a la crisis estructural
del capitalismo sólo se puede dar a escala mundial, esta superación de la
crisis del capitalismo solo se puede dar ingresando a un nuevo horizonte
histórico y cultural, un horizonte que
se sitúa en otro espacio-tiempo, que se encuentra más allá del mundo
capitalista, más allá del mundo moderno. Mientras tanto, en este encaminarse,
en la transición a un pos-capitalismo, se hace necesario preparar el terreno,
crear las condiciones para la superación del capitalismo. Para el transcurso de
esta transición transformadora es menester la imaginación y lo imaginario
radicales, su potencia creativa, además de la fuerza instituyente. A propósito,
en relación a la estructura institucional - algo que se dijo durante la
Asamblea Constituyente vale la pena recordar - se requiere un nuevo mapa
institucional, pero también se requiere un nuevo imaginario social. Ambos
ámbitos, lo imaginario y lo institucional, requieren de una conexión simbólica.
En resumen, estos tres ámbitos, lo imaginario, lo simbólico y lo institucional
hacen al horizonte histórico cultural; en ese sentido, un nuevo horizonte
histórico y cultural se abre cuando se dan transformaciones imaginarias,
transformaciones simbólicas y transformaciones institucionales[1].
¿Qué papel juega en todo esto la
economía? Si llamamos economía al espacio de la producción, distribución y el
consumo, fuera de denominarse así la disciplina o ciencia, como se quiera llamar, que estudia este espacio, estos
procesos, estos fenómenos. La ciencia económica cuenta además con un área
llamada economía política. Se puede ver que el espacio económico está
constituido por relaciones sociales. En este espacio histórico se formaron
instituciones, llamadas empresas, en el nivel más propio de la economía,
organizaciones organismos, dispositivos
jurídicos, disposiciones políticas, a escala nacional y a escala mundial. Estas
instituciones no podrían funcionar sin recurrir al leguaje, a nuevas cadenas
simbólicas, sobre todo no podrían constituirse si no se instauran también en la
dimensión imaginaria de la sociedad, en ese sentido la economía es también una
institución imaginaria. La racionalización que conlleva su conformación y
organización corresponde a los nuevos sistemas simbólicos y formas imaginarias
construidos durante la modernidad. El
fenómeno de la autonomización económica es moderno, corresponde al desarrollo
del capitalismo, que ha convertido al espacio económico no sólo en autónomo
sino en predominante respecto a otros espacios de la vida social. La economía
se ha expandido, ha irradiado todas las áreas, mercantilizando sus relaciones y
sus actividades. Hay un dominio casi absoluto de la economía, aunque esto se da
en el sentido del fetichismo de la mercancía, es decir, como alienación, como
cosificación; se concibe las relaciones entre humanos como si fuesen relaciones
entre cosas. No se trata de reducir este problema a la tesis dialéctica de la
conciencia enajenada, conciencia atrapada en la relación con el objeto, sin
poder constituirse en autoconciencia que se reconoce en la relación con otra
autoconciencia. El problema es más complejo, aunque, en todo caso tendríamos
que hablar de una conciencia histórica, por lo tanto social, colectiva. El
problema no se reduce a lo que le pasa a la conciencia o a lo que le pasa al
sujeto, sea esta conciencia o este sujeto individual o colectivo; el problema
responde a sus condicionamientos históricos. Por un lado, el desarrollo del
capitalismo transforma las sociedades trastrocando sus relaciones, sus
instituciones, sus ámbitos de funcionamiento, sus cadenas simbólicas, sus
circuitos significantes, creando alternativamente ámbitos nuevos y sus
respectivas autonomizaciones, la autonomización de la economía, la
autonomización de la política, la separación entre sociedad civil y sociedad
política; por otro lado, la emergencia de nuevas experiencias, de nuevas
sensaciones y de nuevas percepciones, hacen emerger empiricidades como el
lenguaje, el trabajo y la vida, dando lugar a nuevos saberes y ciencias, como
la filología, el economía y la biología, iniciando lo que se viene en llamar la
analítica de la finitud[2].
La economía viene a ser tanto el referente descubierto por la nueva experiencia
del trabajo, así como la formación discursiva que habla de ello. Lo que quiere
decir que se trata de una formación enunciativa, de una formación conceptual,
que hace el análisis del ámbito del trabajo, la producción, distribución y
consumo. La economía también es un espacio de instituciones que hacen de
agenciamientos concretos de poder. Referente empírico, formación discursiva e
instituciones es el triángulo en que nos inscribimos para hablar de economía,
de economía capitalista.
El Estado-nación deviene, por así
decirlo, de otra genealogía, arranca con la conformación de los estados
patrimoniales, se constituye en
Estado-moderno, en el contexto de esa componente articulación entre Estado
territorial y capitalismo, convirtiéndose en una macro-institución o, mas bien,
en un mapa concéntrico institucional, que abarca un conjunto de instituciones
articuladas a un eje de funcionamiento y a una dirección política, aunque esta
se exprese en una distribución de poderes, supuestamente equilibrados. La
llamada ciencia política se cruza en
el camino, viene de la teoría jurídico-política, de la teoría de la soberanía,
se plantea el problema del Estado más que del poder, se propone estudiarlo y
analizarlo, empero termina desarrollando tesis sobre la legitimidad del Estado.
¿Esta ciencia política es una teoría
que corresponde a la analítica de la finitud? ¿Se plantea algún problema sobre
el dilema de la emergencia de las empiricidades
y los a priori trascendentales? No,
se trata más bien de una disciplina que restaura los dilemas de la soberanía y
la legitimidad en el contexto de la modernidad. Una formación discursiva que se
plantea los problemas de legitimidad en la labor de la restauración de la vieja
maquinaria estatal. Se desentiende de los campos de relaciones de poder,
también de visualizar los mecanismos de dominación. Se trata de un saber que
estudia las formalidades del campo político. Se puede decir, de manera
concreta, que la ciencia política
estudia el Estado. De modo distinto a lo que ocurre con otras ciencias y
saberes modernos, la ciencia política
pretende mantener una relación de continuidad con la filosofía política; esta
suposición es en sí problemática, no solamente debido a la idea ingenua de una
historia lineal de las ciencias, sino también por lo que connotan la filosofía
política y la ciencia política, por su relación problemática con la política.
Jacques Rancière dice que la política funciona sobre el principio de igualdad,
principio que ocasiona el litigio entre los que no tienen parte ni título, los
pobres, y los que si lo tienen, los oligarcas y los aristócratas. Este litigio
viene acompañado por una distorsión, un desacuerdo, causado por el ejercicio de
la libertad; al ser todos libres se tiene derecho a la palabra, los pobres se
asumen como pueblo, se constituyen como totalidad, conforman la democracia. La
política entonces contiene una desmesura, sobre el principio de la libertad se
constituye un todo que es más que las partes, se pasa del reclamo de las partes
a las exigencias inconmensurables que desata la libertad. Se puede decir en
resumen que la política es una lucha de clases. Ahora bien, lo que se viene en
llamar filosofía política trata de hacer desaparecer este problema, trata de
resolver el litigio, en el fondo busca poner en suspenso la política[3].
Por una parte tenemos a la política que es una desmesura, por otra a la
filosofía política que busca hacer desaparecer a esta desmesura; por último
tenemos a la ciencia política, como
continuidad de la filosofía política, que busca sustituir la política, la
lucha, el litigio, el desacuerdo, por la policía,
en el sentido pleno de la palabra, por el establecimiento del orden.
Retomando el hilo conductor,
Estado-nación, economía y política, todo el análisis que hemos hecho hasta
ahora supone el fin del Estado-nación, la clausura de la filosofía política y
la ciencia política, además de la crisis terminante del capitalismo. Las
preguntas que se suceden son: ¿Nos abrimos a una nueva episteme, después de haber abandonado las ciencias generales del
orden y las ciencias atravesadas por la historicidad, como la economía, la
biología y la lingüística? ¿Es posible otras ciencias de las condiciones
pluralistas y de la condición plurinacional, de la emergencia de lo
comunitario, de la extensión de las formas proliferantes de la
descentralización administrativa y política? ¿Cuál es la configuración de la
forma de Estado ante la geografía política de las autonomías? ¿Qué es lo que
viene más allá del capitalismo? Hay más preguntas, pero nos vamos a quedar con
estas, vamos a detenernos a analizarlas y buscar respuestas.
Hablemos de los límites del mundo de la
economía-mundo y del sistema mundo capitalista. Por lo tanto también de los
límites del Estado-nación. Esta macro-institución, esta forma de soberanía, fue
la instancia de una forma de organización política a escala mundial. Los
Estado-nación se situaron como en una pirámide jerárquica distribuyéndose el
control mundial para los países centrales y el relativo control local para los
países periféricos. Hay por cierto espacios al medio para países que lograron
cierto control regional, también para los países que se llamaron del segundo
mundo, entre los que se encontraban los países del socialismo real,
distinguiéndolos de los países llamados del primer mundo y de los países
definidos como del tercer mundo. Aunque estos términos quedaron obsoletos en la
actualidad vertiginosa, mezclada y cruzada, pues el primero, el segundo y el
tercer mundo se pueden encontrar en un mismo país, por ejemplo, en cualquier
país del primer mundo, en un contexto atravesado por las nuevas corrientes
migratorias de trabajadores, que se asentaron, dejando generaciones en su nuevo
lugar de residencia, en un contexto donde el nuevo capitalismo salvaje, que
apuesta a políticas neoliberales y de globalización, recrea grandes
diferencias, quizás abismales, entre pobres y ricos en todos los países y en
todas las ciudades. De alguna manera la forma Estado-nación ocultó estas diferenciaciones,
estas jerarquías, estas dominaciones polimorfas. Ahora los estado-nación
estallan en mil pedazos; el multiculturalismo liberal trata de matizar esta
crisis, este desborde, reconociendo derechos culturales; pero lo que no puede
detener es la emergencia de nuevas formas políticas, de nuevas formas de
relación entre la forma Estado y la forma sociedad, lo que no puede detener es
el desborde y la desmesura de las multitudes, los nuevos imaginarios
colectivos, que incluso se llaman en la transitoriedad naciones, oponiéndose al
mono-culturalismo, a la forma mono-nacional. Aunque esta forma multinacional
perduró como anacronismos en la modernidad, recorriendo como tejido resistente
las formas institucionales homogeneizantes de la modernidad, de la forma
Estado-nación, creando una dinámica de tensiones inherentes a la vida política
de las sociedades y los Estado-nación, estas contradicciones inherentes
estuvieron encubiertas, escondidas, ocultadas por los aparatos ideológicos de
los Estado-nación. Su reemergencia presente las actualiza, desatando renovados
discursos, y sobre todo transformando su condición encubierta en una condición
develadamente plural, desbordando el mapa institucional disciplinario y
normalizado de la modernidad. En plena crisis estructural del capitalismo la
condición plurinacional, la condición proliferante de lo plural, adquiere otra
connotación, convirtiéndose en una alternativa al mundo único, al pensamiento
único.
Hemos llegado a los límites del
mundo, estamos situados en el lugar fronterizo de las transformaciones, también
de las experiencias, de las sensaciones, así como de las formas de pensar, de
significar y simbolizar el mundo. Eugenio Trías habla de límites del mundo como
los relativos a la tautología y la contradicción, la tautología que repite lo
que es, lo mismo, de manera obsesiva, que no dice nada, y la contradicción que
quiere decirlo todo, que desborda y desgarra. Quizás el filósofo más lúcido de
la modernidad fue Hegel, que consciente de la contradicción y el universo del
sinsentido, quiso domesticar ambas, mediatizándolas con una lógica dialéctica,
buscando el retorno a lo mismo, a la repetición, a la tautología, después de
haber vivido la experiencia del desgarro[4].
Hegel es el filósofo de la restitución absoluta de la razón, de la filosofía de
la historia, de la filosofía del derecho, pero también de la filosofía del
Estado. Podemos decir que se trata de una filosofía que coincide con el
termidor, que busca desesperadamente terminar con la revolución. Hegel ha muerto
y también con él la filosofía del fin de la historia. Aunque el Estado-nación
haya sobrevivido a su muerte ha entrado a su tiempo crepuscular, a su clausura,
anunciando su propia muerte, repitiendo el crepúsculo de los ideólogos.
Nacimiento del Estado plurinacional
Estamos ante un nuevo nacimiento,
lo que en aymara se dice pachakuti, que vendría a ser algo así como cambio,
trastrocamiento en el espacio-tiempo, de acuerdo a una traducción
pretendidamente teórica, filosófica. Sin embargo, en la discreción, en la
disquisición, de estas cosas no nos vamos a detener, por el momento. Quizás
después volvamos a abordarlas, aunque de alguna manera siempre las tenemos que
tener en cuenta. Este nuevo comienzo se daría en la geografía política de Bolivia,
la anterior Audiencia de Charcas del Virreinato de la Plata, antes Alto Perú
del Virreinato del Perú, y antes del cataclismo de la conquista y su
consecuente colonización, el Qullasuyu, uno de los territorios, de los cuatro
del Tawantinsuyu. Este nacimiento se puede considerar como el resultado de un
dramático parto, gestado por las guerras políticas desatadas por los
movimientos sociales, durante el ciclo de luchas que van del 2000 al 2005. Este
nacimiento también tiene que ver con la gestión de gobierno del presidente Evo
Morales Ayma, durante la cual se nacionalizan los hidrocarburos y se convoca a
la Asamblea constituyente. Por lo tanto este nuevo comienzo, esta fundación de
la segunda república, tiene que ver con el proceso constituyente, concretamente
con el texto constitucional desarrollado por la Asamblea Constituyente, en
pleno campo de batallas, en el que se convirtió la ciudad de Sucre, sede de la
Asamblea Constituyente. Una vez que se aprueba la nueva constitución en Oruro,
los dados estaban echados, a pesar de las modificaciones arbitrarias del
Congreso, donde se trató de deformar el sentido del cuerpo de la constitución,
las ciento cuarenta y cuatro modificaciones, no pudieron cambiar el espíritu
constituyente, recurriendo a un lenguaje constitucional, no pudieron cambiar
los principios y las finalidades de la Constitución, los contenidos
descolonizadores, la estructura y los modelos propuesto por la Constitución, el
modelo de Estado, el modelo territorial y el modelo económico. En el Congreso
se pretendió revertir el proceso, unos quisieron abolir las medidas inherentes
a las transformaciones institucionales de la Constitución, como la reforma
agraria, otros confundieron la política con el pacto; se dedicaron a construir
escenarios de pacto con la derecha, creyendo que ese era el camino, olvidando
que todo ya había cambiado por la energía y el poder masivo desplegado por los
movimientos sociales durante el lapso que viene del 2000 y llega al 2005. El
pueblo boliviano termina aprobando la Constitución Política del estado en un
referéndum constituyente, referente arrancado por una fabulosa movilización de
las organizaciones sociales, que terminaron sitiando al Congreso presionando
para la aprobación de la ley que convocaba al referéndum. Otra vez mostraban
los movimientos sociales su determinación en empujar el proceso hacia el
horizonte abierto por las luchas sociales de la guerra del agua y de la guerra
del gas. Este nuevo empiezo también tiene que ver con las consecutivas derrotas
sufridas por la derecha, las oligarquías regionales, sus partidos, sus medios
de comunicación y todos sus dispositivos conspirativos. Fueron derrotados con
la aprobación de la Constitución por parte del pueblo boliviano; también fueron
derrotados cuando primero la Constituyente y después la Constitución incorpora
las autonomías, demanda regional, al texto constitucional, quedando sin bandera
y sin discurso, sin capacidad de convocatoria; vuelven a ser derrotados en el
terreno dibujado por la violencia desatada por grupos de choque, en una espiral
de la violencia que comienza con la toma de instituciones y deriva en la
Masacre del Porvenir, esta derrota ya es político y militar. Estas derrotas
políticas se van a expresar en la contundente derrota electoral que van a sufrir
en las elecciones de diciembre del 2009. El Movimiento al Socialismo (MAS) gana
con aproximadamente el sesenta y cuatro por ciento, gana en el departamento de
Tarija, uno de los baluartes de la llamada “Media Luna”, se recupera el
departamento de Chuquisaca, se avanza en el departamento de Santa Cruz, de Beni
y de Pando; todo esto dibuja un escenario expedito en la Asamblea Legislativa
Plurinacional, donde el MAS controla los famosos dos tercios que se requieren
para aprobar las leyes. Todo este contexto histórico político hace de condición
de posibilidad histórica del nacimiento del Estado Plurinacional.
En el ensayo Articulaciones de la complejidad[5]
se escribe lo siguiente:
1.
Esta demás
decirlo, que el Estado plurinacional no es un Estado-nación y, no está demás
decir, que el Estado plurinacional ya no es un Estado, en el pleno sentido de
la palabra, pues el acontecimiento plural desbroza el carácter unitario del
Estado. El Estado ya no es la síntesis política de la sociedad, tampoco es ya
comprensible la separación entre Estado, sociedad política, y sociedad civil,
pues el ámbito de funciones que corresponden al campo estatal es absorbida por
las prácticas y formas de organización sociales. El Estado plurinacional se
abre a las múltiples formas del ejercicio práctico de la política, efectuada
por parte de las multitudes. Hablamos de un estado plural institucional, que
corresponden a la condición multisocietal. Se trata de mapas institucionales
inscritos en múltiples ordenamientos territoriales; por lo menos cuatro:
territorialidades indígenas, geografías locales, geografías regionales y
cartografías nacionales. La emergencia de lo plural y lo múltiple desgarra el
viejo mapa institucional, no permite la expropiación institucional, la
unificación de lo diverso, la homogeneidad de la diferencia; se abre mas bien
al juego de la combinatoria de distintas formas de organización, al juego en
red y de entramados flexibles. Hablamos de matrices organizacionales y de
estructuración abiertas a la contingencia. Se vive entonces la política como
desmesura[6].
Se puede interpretar de la cita
que ya no se trata de la forma de Estado moderno sino de una nueva forma
política, de una nueva forma de relación entre la sociedad y sus formas de
organización política, como decíamos en la Constituyente, se trata de un nuevo
mapa institucional. Es cierto que en Europa podemos encontrar estados
plurinacionales, pero se trata de Estados modernos, que se limitan al alcance
dibujado por el multiculturalismo, recogiendo incluso formas confederadas, como
en el caso Suizo. La nueva concepción de la condición plurinacional de las
formas políticas se tienen que decodificar desde la voluntad colectiva de la
descolonización, implica, además, el reconocimiento de la condición
multisocietal, que recoge la concepción de la múltiple temporalidad, además de
la multiinstitucionalidad. Esta multiplicidad que atraviesa la forma homogénea
del Estado termina desacoplándolo, inventando una nueva forma de articulación,
una nueva forma de integración, más cohesiva, más dinámica, creativa, flexible,
adecuada a la problemática compleja de la formación abigarrada, de la
composición barroca de la formación económico social boliviana, adecuada, sobre
todo a la forma de gobierno propuesta por la Constitución Política del Estado,
que es la democracia participativa, que reconoce el ejercicio plural de la
democracia, como el relativo a la democracia directa, a la democracia
representativa y a la democracia comunitaria. Se puede decir que esta forma
política de la condición plurinacional descolonizadora se encuentra más allá
del Estado.
El Estado-nación ha muerto, nace
el Estado Plurinacional, comunitario y autonómico. ¿Cuáles son las condiciones,
las características, la estructura, los contenidos y las formas institucionales
de este Estado? Uno de los primeros rasgos que hay que anotar es su condición
plurinacional, no en el sentido del multiculturalismo liberal, sino en el
sentido de la descolonización, en el sentido de la emancipación de las naciones
y pueblos indígenas originarios. Una descolonización entendida no sólo en el
sentido del reconocimiento de las lenguas, de la interculturalidad e
intraculturalidad, sino también en el sentido de las transformaciones
institucionales, de la creación de un nuevo mapa institucional, encaminadas a
la incorporación de las instituciones indígenas a la forma de Estado. Una
descolonización entonces que implica el pluralismo institucional, el pluralismo
administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y esto significa
una descolonización de las prácticas, de las conductas y de los
comportamientos, conllevando una descolonización de los imaginarios. Esto es la
revolución cultural. Una descolonización que implica la constitución de nuevos
sujetos, de nuevos campos de relaciones intersubjetivas, la creación de nuevas
subjetividades, de nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una
interculturalidad constitutiva e instituyente, enriquecedora y acumulativa de
las propias diferencias y diversidad inherentes. Una descolonización que
implique el desmontaje de la vieja maquinaria estatal, que no puede dejar de
ser sino colonial; se trata de la maquinaria que llega con la Conquista, que se
consolida en la Colonia, que se restaura y moderniza en los periodos republicanos,
que termina viviendo una crisis múltiple, de legitimidad, de representación,
política, económica y cultural. El estado-nación fracasa en su proyecto
consustancial, la revolución industrial, el desarrollo nacional, el romper con
la cadena perversa de la dependencia. El Estado plurinacional se encuentra más
allá de los umbrales del Estado-nación, definitivamente se ha abierto otro
horizonte, otras tareas, otras finalidades, otros objetivos estratégicos,
siendo la tarea primordial la descolonización. No puede haber nada parecido a
las estrategias anteriores, si hay algunos rasgos que sugieren cierta analogía,
como las relativas a la transformación tecnológica y su incorporación a la
economía social y comunitaria, tienen que leerse en los códigos no de la
revolución industrial del siglo XIX sino en el contexto de lo que significa la
revolución tecnológica, irradiarte, expansiva, en red, impulsando saltos, que
no pueden leerse desde la linealidad histórica sucesiva de seguir el curso de
los países desarrollados. Esto significaría volver a aportar por los
nostálgicos proyectos nacionalistas y populistas. La revolución del Estado
plurinacional es una revolución descolonizadora, aperturante de otro proyecto
civilizatorio y cultural. Entonces uno de los rasgos fundamentales del nuevo
Estado plurinacional es la descolonización.
Otro rasgo fundamental del Estado
plurinacional es su carácter comunitario. Si bien el artículo uno de la
Constitución establece el carácter plurinacional, comunitario y autonómico como
los ejes nuevos estructurales y transversales de la constitución, pues lo
unitario y social de derecho ya estaban contemplados en la Constitución
anterior, el segundo artículo plantea el reconocimiento de la preexistencia a
la Colonia de las naciones y pueblos indígenas originarios, por lo tanto su
derecho al autogobierno, a la libre determinación, a sus instituciones propias, normas y
procedimientos propios, gestión territorial, beneficio exclusivo sobre los recursos
naturales renovables, consulta sobre la explotación de los recursos naturales
no renovables, legua y cosmovisión propias. Esto significa la reconstitución y
la reterritorialización comunitaria, acompañando profundamente al
desplazamiento de la forma de gobierno como democracia participativa,
incorporando como uno de los ejes de la democracia participativa a la
democracia comunitaria. El sentido comunitario es transversal a la
Constitución, esto implica la actualización de las instituciones comunitarias,
sus redes, sus tejidos, sus desplazamientos, sus alianzas territoriales, sus
estrategias de reconstitución. También connota la recuperación, recreación,
enriquecimiento, e irradiación de sus imaginarios, de sus estructuras
simbólicas, de sus valores, conllevando la restitución de la dimensión ética
comunitaria, haciendo circular los saberes colectivos, las memorias largas, la
información y los conocimientos ancestrales. Encaminando la presencia, la
inmanencia y trascendencia de la comunidad en la perspectiva de la
transformación institucional del Estado, de la relación entre Estado y sociedad
y de la descolonización de las políticas públicas. Lo más propio del interior
de la periferia, como escribí en Estado periférico y sociedad interior, en Los
límites del poder y del Estado[7],
es la forma comunidad, son las instituciones comunitarias, son los principios y
valores comunitarios como solidaridad, reciprocidad, complementariedad y
redistribución, son las innovaciones de las estrategias de resistencia y
transfiguración de las sociedades
políticas, como las denomina Partha Chatterjee, de los bricolaje o los
abigarramientos, parafraseando a René Zavaleta Mercado, o los barrocos
modernos, como diría Bolívar Echeverría. Las formas de comunidad han atravesado
los periodos de la colonia y los periodos republicanos, han resistido, se han
transformado, se han actualizado y atravesado la modernidad misma. Esta
institución imaginaria de la comunidad se convierte en una proyección
alternativa en plena crisis del capitalismo y replanteo de las relaciones entre
centro y periferia de la economía mundo capitalista, del sistema mundo. Que se
haya constitucionalizado la forma comunidad, que forme parte de la composición
del nuevo Estado, proyecta una luz en los ámbitos de las relaciones sociales,
en las transformaciones del campo político y en las recuperaciones sociales del
campo económico. La comunidad diseña el nuevo horizonte del Estado
plurinacional.
Otra característica en la
arquitectura del Estado plurinacional es la participación y el control social.
La participación social establece otra relación entre Estado y sociedad,
convirtiendo al Estado en instrumento de la sociedad, efectiviza la democracia
participativa, desarrollando una construcción colectiva de la decisión
política, de la construcción de las leyes y de la gestión pública. La
participación social se convierte en la matriz de la nueva forma política y el
control social hace abiertamente transparente el ejercicio de la ejecución de
las políticas públicas, expandiendo los alcances del acceso a la información y
la rendición de cuentas a la sociedad. La participación social es el verdadero
gobierno del pueblo, la democracia, suspende los mecanismos de dominación y
cuestiona la especialización weberiana del aparato público, avanzando a una
nueva concepción de la gestión pública, que ahora tiene que ser plurinacional,
comunitaria e intercultural.
Una cuarta característica del
Estado plurinacional es precisamente el pluralismo autonómico, En el contexto
de los pluralismos, pluralismo económico, social, político, jurídico y
cultural, el pluralismo autonómico es consecuente con esta perspectiva múltiple
y proliferante. Se trata del nuevo modelo territorial, que concibe, en igualdad
de condiciones, comprendiendo equivalentes jerarquías, distintas formas de autonomía,
autonomía departamental, autonomía regional, autonomía regional y autonomía,
siendo la más importante la autonomía indígena por las características del
Estado plurinacional, se trata del lugar, el espacio, el escenario, donde se
plasma efectivamente el estado plurinacional. Todas estas autonomías tienen sus
competencias exclusivas, además de las concurrentes y compartidas, gobiernan y
legislan en su jurisdicción, en tanto que la autonomía indígena adiciona su
facultad jurídica debido al pluralismo jurídico, a la jurisdicción indígena
originaria campesina. El entramado de las competencias configura el espacio de
desenvolvimiento de las gubernamentalidades y la gestión comunitarias desatadas
por la expansión de la descentralización administrativa política. El pluralismo
autonómico, el nuevo modelo territorial, definen el otro nivel de complejidad
del nuevo Estado.
Una quinta característica del
Estado plurinacional es la equidad y alternancia de género. Esta transversal de
la constitución, esta perspectiva, no sólo exige la justicia en lo que respecta
al género, es decir, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, sino
que también apunta a abolir la dominación masculina, demoler el Estado
patriarcal. La emancipación de la mujer forma parte de los proyectos inherentes
a los nuevos movimientos sociales, vinculado al desarrollo de los nuevos
derechos, abriéndose a la hermenéutica de los nuevos sujetos, de las nuevas
subjetividades, comprendiendo los contextos culturales diversos, respetando las
complementariedades inscritas en las formas de relación masculino femeninas de
las culturas indígena originario campesina, empero requiriendo la adecuación a
los derechos fundamentales constitucionalizados. Con la transversal de la
equidad de género, el Estado plurinacional se abre a la participación activa de
las mujeres en la construcción de la nueva forma de Estado y la nueva forma de
hacer política.
Una sexta característica del
estado plurinacional tiene que ver con el modelo económico, que de acuerdo a una
primera definición que s encuentra en la Constitución, se trata de una economía
plural, pero que en el sentido mismo, en la dirección que toma, el proyecto
económico, la segunda definición explicita del modelo económico es la economía
social y comunitaria. Este era en realidad el nombre dado por la comisión
económica en la constitución, se lo cambio por economía plural en ámbito de
negociaciones con las minorías en ese espacio extra asambleísta que se llamó la
multipartidaria. En la parte que corresponde a la organización económica del
Estado se le atribuye un papel fundamental al Estado como articulador de las
distintas formas de organización económica, en la industrialización de los
recursos naturales, en el potenciamiento de la economía comunitaria y de la
pequeño y micro empresa, también de la forma de organización social
cooperativa. Empero todo esto hay que contextuar en un modelo económico más
amplio desarrollado en la organización económica del Estado. El modelo se
amplía a la incorporación de tierra, territorio, la biodiversidad, los recursos
naturales, los hidrocarburos, la minería, el agua, la energía, la biodiversidad
y el desarrollo sostenible. Se puede decir que se trata también de un modelo
ecológico. Este nivel de complejidad del Estado plurinacional rompe con los
límites y las limitaciones del economicismo y de una economía subsumida a la
acumulación capitalista. Como se puede ver los desafíos son grandes, exigen
claridad en cuanto a la comprensión de los horizontes abiertos por el Estado plurinacional,
además del despliegue de una imaginación y un imaginario radicales, de una
fuerza instituyente creadora de los nuevos ámbitos del desenvolvimiento social
y político emancipados.
Estado plurinacional comunitario. La refundación del Estado
en América Latina.
Epistemología del Sur
El libro de Boaventura de Sousa
Santos La refundación del Estado en
América Latina, comprende dos partes, una teórica y otra analítica,
entendida como comparada, de los procesos boliviano y ecuatoriano. En la
primera parte se trabaja las Dificultades
de la imaginación política o el fin de lo que no tiene fin, además de La distancia en relación a la tradición
crítica eurocéntrica; también se vuelve a exponer Una epistemología del sur. La segunda parte trabaja, en el capítulo
cuarto, El contexto latinoamericano,
en el quinto, La naturaleza de la
transición, en el capítulo seis, La
refundación del Estado y los falsos positivos, en el capítulo siete, La reconfiguración del conjunto político.
Nuevas fracturas, dualidades y oportunidades. Después vienen las
conclusiones. Al principio se hace la pregunta sobre si el capitalismo tiene
fin, qué tendríamos que hacer para que llegue ese fin, cuál es el fin del
capitalismo sin fin. La misma pregunta se repite en otro espesor y en otra
genealogía, esta vez sobre el fin del colonialismo sin fin. La clave de este
fin está en la movilización coordinada y politizada de los movimientos
sociales, de las naciones y pueblos der Sur, en el desplazamiento y la ruptura
epistemológica del Sur respecto a la herencia eurocéntrica, en el
desplazamiento político del centro al Sur del sistema-mundo capitalista; así
también en la conformación de las condiciones, el desprendimiento y el devenir
de un nuevo modelo civilizatorio, que en el caso de Bolivia y Ecuador está
vinculado al vivir bien, suma qamaña, suma kausay. ¿Podrá convertirse este modelo que nace de la matriz
de las culturas y civilización indígena, que nace de las cosmovisiones
indígenas, en un modelo descolonizador y diferencial planetario? Eso depende
por lo menos de dos cosas, de la imaginación descolonizadora, del alcance de la
descolonización, y de la correlación de fuerzas a nivel mundial. Para esto se
requiere quebrar los monopolios de los países imperialistas del centro del
sistema mundo capitalista. Entre estos quiebres de los monopolios se encuentra
el monopolio del acceso a las riquezas naturales del planeta, también el
monopolio financiero y el monopolio tecnológico, además del monopolio de los
medios de información y de comunicación, fuera del monopolio de las armas de
destrucción masiva. Esta lucha
antimonopólica de parte de los países del Sur no sólo tiene que llevarnos a un
mundo multipolar, saliendo del mundo unipolar basado en el dominio y la
hegemonía norteamericana, sino también debe llevarnos a una revolución cultural
a escala mundial, que no sólo signifique la ruptura y el desplazamiento
epistemológico, sino también una recodificación y una revalorización múltiple
de las conductas, los comportamientos, las prácticas, los imaginarios, los
cuerpos, en un contexto de procesos y acontecimientos que logren las
transformaciones institucionales, económicas, política y culturales. Una
transformación profundas de las relaciones entre formas de Estado y formas de
sociedad, creando nuevas formas políticas y de gubernamentalidad, donde las
multitudes, las naciones, los pueblos, las sociedades tengan incidencia
primordial. Esto significa la profundización y transformación multitudinaria de
la democracia, desarrollando la acción directa, las formas colectivas, las
formas comunitarias, las consultas permanentes, el respeto absoluto a los
derechos de las naciones, los pueblos, las sociedades, los colectivos, las
comunidades, los individuos.
Boaventura observa que en
nuestras temporalidades de transición se han perdido los sustantivos críticos,
entre ellos socialismo, comunismo, dependencia, lucha de clases, alienación,
participación, frente de masas; que se produce un desplazamiento conceptual,
una pérdida, una relativización, pero también la emergencia de nuevas formas de
pensar, que no caen en la hegemonía del pensamiento único liberal-neoliberal,
que más bien proponen alternativas emancipadoras. Se da también una relación
fantasmal entre teoría y práctica. La crítica va dirigida a la tradición
crítica eurocéntrica, respecto de la cual debemos realizar un distanciamiento.
Las posibilidades emancipadoras se encuentran en los movimientos del Sur, en
los movimientos indígenas, en los movimientos sociales, en el conglomerado de
movimientos diversos que se enfrentan a las formas polimorfas de dominación del
capitalismo y de sus estados. Una nueva teoría crítica debe adecuarse o, mas
bien, devenir de la experiencia de las prácticas emancipadoras del Sur. Tomar
distancia implica estar simultáneamente adentro y afuera de lo que se critica,
de tal modo que se desprende de esta actitud la sociología transgresiva de las
ausencias y de las emergencias. En lo que respecta a la sociología de las
ausencias, ésta consiste en hacer presente lo ausente, en volver existente lo
inexistente, en calificar y valorar lo descalificado por la racionalidad
represiva de la mono-cultura vigente. La sociología de las emergencias consiste
en sustituir el tiempo lineal por múltiples temporalidades emergentes, un
futuro vacío por un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultáneamente
utópicas y realistas.
Boaventura entiende por
epistemología del Sur el reclamo de nuevos procesos de producción y de
valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos, la
perspectiva múltiple de nuevas relaciones entre diferentes tipos de
conocimiento, a partir de las prácticas de las clases y de grupos sociales que
han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades y las
discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo[8]. ¿Qué se entiende por el Sur? El Sur no es un
concepto geográfico, es mas bien una metáfora del sufrimiento humano causado
por el capitalismo y el colonialismo y de la resistencia para superarlo[9].
Se trata de un Sur anticapitalista,
anticolonialista y antiimperialista. Por eso dice Boaventura que la
comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo[10]. Se requiere no tanto alternativas como un
pensamiento alternativo de alternativas[11].
Las dos ideas centrales de la epistemología del Sur son la ecología de los saberes
y la traducción intercultural[12]. El fundamento de la ecología de los saberes
es que no hay ignorancia o conocimiento en general; toda ignorancia es
ignorante de un cierto conocimiento, y todo conocimiento es el triunfo de una
ignorancia en particular[13]. Como dijimos, la segunda idea de la
epistemología del Sur es la traducción intercultural; ésta debe ser entendida
como el procedimiento para crear inteligibilidad recíproca entre las diversas
experiencias del mundo. No atribuye a ningún conjunto de experiencias ni el
estatuto de totalidad exclusiva ni el de parte homogénea[14]. Las experiencias del mundo son tratadas como
como totalidades o partes y como realidades que no se agotan en esas
totalidades o partes[15].
El trabajo de traducción incide tanto sobre los saberes como sobre las
prácticas. La traducción entre saberes asume la forma de una hermenéutica diatópica. Ésta consiste en
un trabajo de interpretación entre dos o más culturas con el objetivo de
identificar preocupaciones isomórficas entre ellas y las diferentes respuestas
que proporcionan[16].
La epistemología de los saberes
comprende en su contorno una sociología de las ausencias y una sociología de
las emergencias, en su interior una ecología de los saberes y una traducción
intercultural, entendida como una hermenéutica diatópica. Se trata de una
epistemología múltiple y diferencial que emerge desde el Sur, una epistemología
deconstructiva, también una epistemología emancipadora, que se encamina a hacer
circular los saberes puestos en la sombra por la ciencia y los juegos de poder
de los mecanismos de dominación vigentes. Se trata de una epistemología
descolonizadora, que interpela, cuestiona los saberes dominantes, que abre
horizontes de visibilidad y de decibilidad distintos, diferenciales y alternativos
al paradigma cultural dominante, el de la modernidad. Una epistemología
descolonizadora por el desmontaje de los dispositivos de poder, por la
deconstrucción de las relaciones de poder, incorporadas al cuerpo y
cristalizada en los huesos, transferidas al espesor del cuerpo, internalizadas
en el sujeto y la subjetividad. Ahora bien una epistemología de sur no puede
ser solamente un enunciado, un conjunto de enunciados, un proyecto alternativo,
no puede ser sólo una demarcación, un deslinde, respecto a la epistemología
eurocéntrica de la modernidad; tiene que ser algo más, tiene que ser un
despliegue múltiple de prácticas discursivas y de prácticas no discursivas, que
efectivamente hagan circular la pluralidad de los otros saberes y los articulen
en una hermenéutica múltiple e intercultural. Una epistemología del Sur debe
abrirse a una transformación radical de las formaciones discursivas, a
alternativas formas de decodificación, de significación, de re-significación y
de traducción, de figuraciones, de configuraciones y re-figuraciones. Una epistemología del Sur debe desenvolver
nuevas formas, métodos y técnicas de construcción de los objetos, nuevas
lógicas y teorías de construcción de los conceptos, nuevas hermenéuticas del
sujeto.
La fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico
En
el análisis del contexto latinoamericano Boaventura de Sousa Santos distingue
cuatro dimensiones, la de las luchas, la de la acumulación, la de la hegemonía,
y la del debate civilizatorio. Diferencia las luchas ofensivas de las luchas
defensivas, dice que las luchas ofensivas de los movimientos indígenas han
conducido al constitucionalismo transformador en Bolivia y Ecuador; podríamos
decir también a la apertura del horizonte del Estado plurinacional, lo que
equivale decir la muerte del Estado-nación, del Estado moderno, del Estado
liberal. Empero estas revoluciones tienen que ser tomadas en cuenta con
respecto a la colateralidad de la revolución bolivariana en Venezuela,
caracterizada como nuevo nacionalismo definido en términos del control de los
recursos naturales. Como ejemplo de las luchas defensivas entra el resto de los
países, cuyos movimientos sociales se abocan a la lucha contra la
criminalización de la protesta social, contra la contrarrevolución jurídica que
busca desconstitucionalizar las conquistas sociales, contra el paramilitarismo
y el asesinato político, contra el golpismo, contra el control de los medios de
comunicación por parte de las oligarquías. Las dos formas de luchas no están
separadas pues también tienen que combinarse en tanto que la articulación entre los dos tipos de
lucha es compleja. Incluso – dice
Boaventura - en países o contextos
políticos donde dominan las luchas ofensivas hay que recurrir a luchas
defensivas cuando la toma del poder del Estado no es total o cuando el Estado
no tiene control eficaz sobre los poderes fácticos y la violencia política
no-estatal[17]. Habría que decir también cuando el
Estado no termina de transformarse y resiste al cambio y a las revoluciones
institucionales, cuando reproduce mecanismos represivos ante las
demandas y emergencias participativas de los movimientos sociales. Estos
movimientos buscan radicalizar la democracia, realizando la democracia
participativa, comunitaria e intercultural, lograr el acceso efectivo a la
tierra, la redistribución del excedente de los recursos naturales, la promoción
de alternativas al desarrolló, como es el caso del vivir bien, así como
oponerse a la separación entre sociedad y naturaleza, concibiendo mas bien la
integralidad de la madre tierra. También podríamos decir que se trata del
trastrocamiento de la concepción liberal que separa Estado de sociedad civil,
integrando a la saciedad al Estado, a la forma de Estado y a las formas de
gobierno, que deben contemplar la democracia participativa, la democracia
comunitaria y la democracia directa, además de la democracia representativa.
La
segunda dimensión tratada es la que se refiere a la acumulación, respecto a la
cual es indispensable entender la combinación articulada de las dos formas de
acumulación analizadas por Marx, la acumulación ampliada y la acumulación
originaria, la primera relacionada a la transformación de las condiciones de
producción y por lo tanto a la valorización dineraria por medio de la
explotación del trabajo y la modificación de la composición orgánica del
capital; la segunda forma de acumulación relacionada al despojamiento violento
de los recursos naturales por medio de la ocupación colonial de tierras y el
sometimiento de las poblaciones nativas, la privatización descomunal de las
empresas públicas, el saqueo de ahorro de las sociedades y de los trabajadores,
la mantención de formas extractivitas de explotación orientadas a formar
economías rentistas. Ambas formas de acumulación se articulan retroalimentándose
de distintas formas dependiendo los problemas que enfrenta el capitalismo en su
proceso de acumulación y el desplazamiento de la crisis estructural.
La tercera dimensión que describe y analiza el autor es la
del uso contra-hegemónico de instrumentos hegemónicos, como son la democracia representativa, el derecho, los derechos
humanos y el constitucionalismo. Al respecto habría que preguntarse: ¿Se puede decir que la lucha del pueblo
boliviano, de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos indígenas
originarios campesinos se resume a un uso contra-hegemónico de instrumentos
hegemónicos? A propósito en un ensayo titulado Emancipaciones poscoloniales escribo lo siguiente: Una mirada genealógica de la guerra
anticolonial, actualizada en distintos contextos de la historia, nos muestra la
recurrencia transversal de la insurgencia indígena y de una guerra popular
prolongada. Nos referimos a trayectorias subversivas que terminan inscribiendo
las huellas de los recorridos alterativos, nómadas y líneas de fuga. En la
perspectiva de un mapa temporal, nos referimos a la guerra india desatada por
quischwas y aymaras, acompañada por los levantamientos indígenas del siglo
XVIII; siguiendo la secuencia, tenemos la continuidad de estos levantamientos durante
el siglo XIX, a pesar de la participación dual de los indígenas en los dos
bandos, el realista y el criollo, durante las guerras de la independencia, que
corresponde a la lucha de los guerrilleros y los combates del ejército
independentista; luego viene el estallido de nuevos levantamientos en la
primera mitad del siglo XX, incluyendo las resistencias y participaciones
comunitarias en el reclutamiento para la Guerra del Chaco; en la segunda mitad
del mismo siglo tenemos ciertas
reminiscencias de los levantamientos indígenas, estrictamente localizados
después de la Revolución Nacional y la Reforma Agraria; más tarde, durante el
crepúsculo del régimen militar, la reiteración de levantamientos campesinos,
durante la masacre del valle y después, incluyendo el gran bloqueo de caminos
de 1979 de la flamante CSUTCB, dirigida por el dirigente aymara Genaro Flores;
cerrando el siglo, como iniciando un nuevo ciclo de levantamientos indígenas
emerge desde el fondo amazónico la marcha indígena de tierras bajas por la
dignidad y el territorio, en 1990 y
1992; ya al comienzo del nuevo milenio tenemos al magma ardiente del
levantamiento indígena contemporáneo, emergiendo volcánicamente desde las
profundidades de las contradicciones y la memoria larga; este acontecimiento es el bloqueo de caminos
indígena-campesino y el sitio de ciudades, en septiembre del 2000; después
viene el tejido de recorridos de-constructores de los movimientos sociales,
confluyendo de manera entrelazada entre múltiples movimientos, en bloqueos y
marchas, durante el ciclo semi-insurreccional de corrientes sociales e
indígenas anticapitalistas y descolonizadoras del 2000 al 2005. Este recorrido
profuso nos muestra el uso recurrente de instrumentos de contrapoder y
contra-hegemónicos que nada tienen que ver con una analogía respecto los
instrumentos institucionales y hegemónicos. Esto es importante anotar, sobre
todo retomar cuando tengamos que analizar la experiencia democrática del 2006
al 2010, que corresponde a la primera gestión del gobierno indígena y popular y
una primera parte de la segunda gestión de este gobierno[18]. Podemos decir que es en esta última
etapa cuando se usan los instrumentos hegemónicos de manera contra-hegemónica;
aunque se pueda detectar en la historia periodos de uso de instrumentos
hegemónicos, como es el caso del periodo de la Revolución Nacional (1952-1964),
como es el caso de parte del periodo llamado democrático (1982-2005), que
incluye el periodo neoliberal (1985-2005), el lapso que propiamente se hace uso
contra-hegemónico de instrumentos hegemónicos es cuando se da la apertura
a la democracia plebeya y durante la
primera gestión del gobierno indígena popular, incorporando también la segunda
gestión de este gobierno (2005-2010). Sin embargo, no puede explicarse esta
etapa sin la acumulación histórica de la experiencia del uso de instrumentos
contra-hegemónicos en el sentido contra-hegemónico. Esto quiere decir que la profundización
democrática en Bolivia se basa primordialmente en los levantamientos, en la
guerra anticolonial, en la movilización, en las marchas, en los bloqueos,
sitios, en los acontecimientos insurreccionales, en las emergencias
semi-insurreccionales. El espesor histórico, el fondo y el trasfondo, del uso
de los instrumentos hegemónicos en el sentido contra-hegemónico, es pues la
desmesura política de la revuelta, la revolución y el proceso de
movilizaciones.
La cuarta dimensión encontrada en el
análisis del contexto latinoamericano es el debate civilizatorio. Boaventura de
Sousa Santos dice: hoy, debido a la
renovada eficacia de las luchas de los pueblos indígenas y afro-descendientes,
el debate civilizatorio está en la agenda política y se manifiesta a través de
dualidades complejas ancladas en universos culturales y políticos muy
distintos. No se trata de diferencias culturales siempre presentes en el seno
de cualquier universo civilizatorio, sino de diferencias culturales entre
universos civilizatorios distintos. A título de ejemplo, algunas de las
dualidades: ¿recursos naturales o Pachamama?, ¿desarrollo o SumakKawsay?,
¿tierra para reforma agraria o territorio como requisito de dignidad, respeto e
identidad?, ¿Estado-nación o Estado plurinacional?, ¿sociedad civil o
comunidad?, ¿ciudadanía o derechos colectivos?,
¿descentralización/desconcentración o autogobierno indígena originario
campesino?[19]Se puede resumir el debate civilizatorio
en torno al vivir bien, suma qamaña, suma kausay, que es tomado, desde la Conferencia
Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre
Tierra, llevada a cabo el 22 de abril en
Tiquipaya-Cochabamba, como modelo civilizatorio y cultural
alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. La peculiaridad
del vivir bien es que arranca de la matriz de cosmovisiones indígenas del
continente y se proyecta como proyecto civilizatorio de los movimientos
sociales del mundo en lucha contra el capitalismo.
Naturaleza de la
transición
¿Cuál es la estructura, la composición,
la orientación y la dirección de la transacción? Esta es la pregunta que no
solamente tiene que ver con la temporalidad sino también con el desplazamiento
político y la transformación política. La pregunta implícita es más o menos la
siguiente: ¿A dónde va la transición? También podríamos preguntarnos: ¿Es
transformadora la transición? Y podemos seguir: ¿Cuáles son las experiencias de
la transición? ¿Cuáles son las percepciones de la transición? Volviendo atrás,
sin necesariamente repetir la pregunta: ¿A dónde vamos con la transición?
¿Dónde nos lleva? Sobre todo esta pregunta se hace inquietante cuando sabemos
que se trata de la transición hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico.
¿Hemos dejado el Estado-nación? ¿Podemos dejar esta estructura política
heredada? ¿El Estado plurinacional comunitario es una utopía o mas bien es la
potencia y la potencialidad inmanente del poder constituyente e instituyente,
de la voluntad de poder de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos
indígenas originarios campesinos y afro-bolivianos? ¿Este proyecto anhelante,
esta proyección política y social, coincide con la sustentación de las
condiciones de posibilidad históricas? ¿Puede la voluntad política
multitudinaria cambiar las condiciones, transformarlas? Para responder estas
preguntas no debemos olvidarnos que nos situamos en campos de correlaciones de
fuerzas, en el espacio-tiempo de procesos en curso, plásticos y moldeables. Hay
que distinguir la lectura de las fuerzas desde la perspectiva de su cantidad de
la lectura cualitativa de las fuerzas, que se basa en la distinción de su
diferencia; así también distinguir la direccionalidad y el sentido del juego de
fuerzas. Así, por este camino, es también importante distinguir lo anterior de
la interpretación hecha por la voluntad de poder, afirmativa o reactiva.
Podemos decir, transformadora o restauradora.
De acuerdo a la apreciación de
Boaventura de Sousa Santos se cuenta con una vasta bibliografía sobre
transiciones políticas contemporáneas. Hablamos de estudios sobre las
transiciones de las dictaduras o “Estados burocrático autoritarios” de la
década de los años 60 y 70 del siglo pasado hacia las democracias liberales de
los años 80. Entre estos estudios sobresale la investigación de Guillermo
O’Donnell[20].
La problemática medular en este conjunto de investigaciones es definir dónde
comienza la transición y hasta dónde va[21].
Al respecto, lo importante es subrayar que, en general, la teoría crítica latinoamericana, en especial de los años 80 del siglo
pasado, concentró sus críticas en el carácter “superestructural” de los
análisis de las transiciones, totalmente centrados en las dinámicas y procesos
políticos (casi siempre dominados por las élites y con muy poco espacio para
las clases populares), y en el hecho de que las transiciones democráticas
ocurrieron al mismo tiempo que la liberalización de las economías exigida por
la nueva ortodoxia, el neoliberalismo, y por eso coincidieron con el aumento
exponencial de las desigualdades sociales, lo que acabó por deslegitimar la
democracia liberal en la percepción de las clases populares[22]. En la nueva generación de transiciones
de los procesos de transformación recientes, el perfil, la forma, el contenido,
la estructura, la composición y la orientación de los mismos cuestiona las
concepciones sobre la transición conformadas por la academia. Los movimientos
sociales, los movimientos indígenas,
afro-descendientes y campesinos, los movimientos relativos a las identidades
cuestionan las tesis e hipótesis consolidadas sobre la transición. Estos movimientos subvirtieron los
fundamentos de las transiciones “canónicas” en tres dimensiones distintas: a)
el inicio y el término de la transición, b) el concepto de tiempo que gobierna
la transición y c) las totalidades en cuyo seno ocurre la transición[23].
En lo que respecta al inicio y el
término de la transición, estas conmociones han trastornado toda la cuidadosa
indagación sobre las transiciones al mostrar que sus duraciones son demasiado
cortas, además de que las transformaciones “canonizadas” por ellas, sin ser
minimizadas o menospreciadas, resultan como circunscritas a la coyuntura de
referencia y no toman en cuenta los contextos históricos expansivos y dilatados
de la emancipación y de la liberación[24].
En lo que respecta a el concepto de
tiempo que gobierna la transición, no solamente la temporalidad ha sido
alterada, sino también el concepto de tiempo que le subyace. Dada la concepción de tiempo lineal que
subyace a la modernidad occidental, las transiciones son siempre una
trayectoria que va del pasado al futuro[25].
En lo que respecta a las totalidades en
cuyo seno ocurre la transición, el trastrocamiento de las concepciones
establecidas tiene que ver con las diferentes cosmovisiones que son llamadas a
converger en las transiciones de largo plazo. Las transiciones canónicas de las décadas pasadas son transiciones en
el seno de totalidades homogéneas: dictadura y democracia en cuanto dos
sub-especies de regímenes políticos modernos. En el caso de los indígenas y
afro-descendientes, las transiciones ocurren entre civilizaciones distintas,
universos culturales con cosmovisiones propias cuyo diálogo posible, a pesar de
tanta violencia y de tanto silenciamiento, solamente es posible a través de la
traducción intercultural y siempre con el riesgo de que las ideas más
fundamentales, los mitos más sagrados, las emociones más vitales se pierdan en
el tránsito entre universos lingüísticos, semánticos y culturales distintos[26].
La naturaleza de la transición supone
una ruptura y quiebre civilizatorio y cultural, una ruptura y desplazamiento
epistemológico, transformaciones radicales institucionales, económicas,
políticas y culturales. La interpretación de esta transición es
descolonizadora, entonces el inicio de la transición se remonta a la emergencia
de la guerra anticolonial, a los levantamientos indígenas del siglo XVIII; la
construcción de la nueva conceptualización de la transición descolonizadora
supone poner en suspenso los mecanismos de dominación, la violencia
corporizada, la discriminación y la explotación, la internalización de las
relaciones de poder, la construcción del concepto apunta a una nueva forma de
pensar la estructura de la temporalidad y el ritmo de los procesos; la
des-totalización de la cultura y la civilización hegemónica corresponde al
núcleo mismo de la transición, la misma que se orienta a la emancipación
múltiple se los sujetos y subjetividades emergentes, de los ámbitos de
relaciones alternativas y actualizadas, de las naciones y pueblos subyugados.
La pregunta de ¿a dónde vamos con la
transición? La vamos a poder responder si visualizamos lo que contiene la
transición, las fuerzas que la componen y la dirigen, la correlación de fuerzas,
las tendencias en juego. Ya habíamos dicho que lo que se nota en la inercia del
viejo Estado, del Estado-nación, la resistencia del Estado liberal a morir, la
restauración del Estado colonial, la repetición del Estado moderno
mono-nacional y mono cultural, atrapado en las redes del orden mundial, de la
dominación mundial delos países dominantes del centro del sistema mundo
capitalista, bajo la hegemonía y dominación de la hiperpotencia económica,
tecnológica, militar y comunicacional de los Estados Unidos de Norte América.
Hablamos de la persistencia de las estructuras burocráticas del Estado liberal,
de la mantención obsesiva de sus viejas normas, viejos procedimientos, viejas
prácticas, que restituyen la forma de gobierno liberal que separa gobernantes de
gobernados, Estado de sociedad civil. Comprendiendo esta restauración colonial
en el marco de un Estado que sigue siendo subalterno, por lo tanto enredado en
la textura de la múltiple dependencia. También hablamos de la dramática
situación en a que se encuentra la Constitución Política del Estado, la
aplicación de la constitución, pues ante un proceso de restauración colonial y
liberal, lo que se hace es desconstitucionalizar el texto constitucional. La
elaboración de leyes terminan siendo transitorias, no son el resultado de una
construcción colectiva y de una ruptura conceptual con las formas coloniales de
hacer leyes, reproduciendo mecánicamente el pensamiento represivo del derecho y
del pensamiento jurídico, repitiendo mecánicamente la técnica legislativa, sin
abordar para nada la producción legislativa desde un nuevo paradigma, desde la
fuerza creativa de la imaginación y el imaginario radicales. Las leyes
fundacionales fundan el nuevo Estado plurinacional comunitario y autonómico, no
restauran el Estado liberal, el Estado-nación, el Estado moderno, es decir lo
que llamamos el Estado colonial. Por lo
tanto, podemos encontrar dos tendencias en pugna en el proceso de transición ,
una, dominante, que encarna el proyecto de un capitalismo de Estado, atrapado
acríticamente en el marco avejentado e inútil del paradigma de la revolución
industrial, sin poder articular el cambio del modelo productivo, incluyendo la
industrialización efectiva de las áreas estratégicas en el contexto articulado,
complementario e integral de una economía plural, orientada a la economía
social y comunitaria, la misma que despliega un modelo ecológico, en la
perspectiva del modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, la
modernidad y el desarrollo. La otra
tendencia se encuentra subsumida, fragmentada y dispersa, tratando de responder
desde distintas perspectivas a la aplicación consecuente de la constitución.
Esta corriente abarca corrientes indianistas, ambientalistas, agraristas,
plurinacionales y comunitarias.
La fundación del
Estado plurinacional comunitario o más allá del Estado
Boaventura de Sousa
Santos plantea dos vertientes de transformación del Estado, la primera es el
Estado como comunidad ilusoria, la segunda es el Estado de las venas cerradas.
Respecto a la caracterización de la primera vertiente dice que:
El Estado-comunidad-ilusoria tiene una vocación política
nacional-popular y trans-clasista. La “comunidad” reside en la capacidad del
Estado para incorporar algunas demandas populares por vía de inversiones
financieras y simbólicas ideológicas. La acción represiva del Estado asume,
ella misma, una fachada simbólico-ideológica (la “seguridad ciudadana”). El
carácter “ilusorio” reside en el sentido clasista del trans-clasismo. Las
tareas de acumulación dejan de contraponerse a las tareas de legitimación para
ser su espejo: el Estado convierte intereses privados en políticas públicas no
porque sea “el comité de la burguesía”, sino porque es autónomo en la defensa
del bien común. Por otro lado, al denunciar las más arrogantes manifestaciones
del poder clasista (demonizando la ostentación, los bonos y gratificaciones),
el Estado hace que los fundamentos de este poder queden todavía más invisibles
e intocados[27].
En lo que respecta a la
segunda vertiente de la transformación del Estado dice que:
Cuando los movimientos indígenas, en el continente latinoamericano y
en el mundo, levantan la bandera de la refundación del Estado lo hacen por
haber sufrido históricamente y por seguir sufriendo hoy en día las consecuencias
de todas las características arriba mencionadas del Estado moderno en muchas de
sus metamorfosis[28]. De acuerdo a lo que
se escribe en Refundación del Estado en
América latina, el Estado de las venas cerradas es el Estado plurinacional
que se construye en Bolivia y Ecuador. Como dijimos varias veces este Estado de
las venas cerradas no es un Estado moderno, no es un Estado liberal, por lo
tanto no es un Estado colonial; por lo tanto se trata de un Estado que se
construye sobre su condición pluralista, su condición heterogénea no moderna,
podríamos llamarla postmoderna, su condición comunitaria, su condición
descolonizadora. Para entender esta transformación estatal, esta
transfiguración política, debemos tener en cuenta dos cosas, las dificultades
de la transición y las condicionantes, los recursos, los medios y experiencias
por las que pasa esta transición de la fundación del Estado plurinacional.
Primero evaluaremos las dificultades de la transición y después pasaremos a los
medios de la transición.
Teniendo en cuenta
estas vertientes de la transformación del Estado, el proceso de refundación del
Estado, incluso podemos decir mejor, el proceso de fundación de una nueva forma
de Estado, tiene siete dificultades principales:
La primera dificultad
puede resumirse del modo siguiente: no es fácil transformar radicalmente una institución
que, en su forma moderna, tiene más de trescientos años. La segunda dificultad
puede describirse de la siguiente forma: la prolongada permanencia del Estado
moderno ocasiona que su imaginario esté presente en la sociedad mucho más allá
de su materialidad institucional; esta es la razón por lo que el proceso de
fundación del nuevo Estado no se restrinja a una lucha política en sentido estricto,
mas bien se abre a las formas plurales de la lucha social y cultural,
transformando los símbolos, viviendo transvaloraciones, cambiando mentalidades,
instaurando nuevos habitus y subjetividades. Visto de esta forma se trata del combate por una
nueva hegemonía[29].
La tercera tiene que ver con la necesidad de contar con alianzas estratégicas. Esta
querella no puede ser sobrellevada exclusivamente por las clases más
explotadas, las naciones y pueblos, los grupos más oprimidos; es ineludible
crear alianzas con conglomerados, grupos y clases sociales más extensos[30].
La cuarta dificultad puede asumirse de la siguiente manera: lo que llamamos
fundación del nuevo Estado es en el fondo
una ruptura y un desplazamiento
civilizatorio. En este horizonte se requiere de un diálogo intercultural;
para que se produzca este diálogo intercultural es imprescindible la concurrencia
de voluntades políticas diferenciadas históricamente[31].
La quinta dificultad tiene que ver con la condición de posibilidad histórica
del propio proceso de fundación del Estado; esta condición exige transformar el
orden de relaciones y el carácter mismo de las relaciones sociales y culturales;
particularmente en los ámbitos de la economía capitalista se requiere
transformar las relaciones económicas, las de producción y las de reproducción[32].La
sexta dificultad tiene que ver con distintas perspectivas de los movimientos
involucrados en la fundación del Estado. Para los aliados del movimiento
indígena la refundación del Estado significa crear algo nuevo, para el
movimiento indígena el Estado plurinacional comunitario tiene sus raíces en
formas que precedieron a la conquista[33].
Por último, la séptima dificultad tiene que ver con representaciones sociales
reiterativas de los proyectos revolucionarios del siglo pasado. Otra
representación recurrente es la relativa a la modificación reformista del
Estado moderno; esto es la experiencia de la
socialdemocracia y del Estado de Bienestar[34].
Retomando el hilo,
según Boaventura de Sousa Santos hay dos vertientes de la transformación del
Estado, de la fundación del nuevo Estado, la que tiene que ver con
Estado-comunidad-ilusoria y la del Estado-venas-cerradas. La primera vertiente
se resume a mantener el mismo Estado, su misma estructura de poder, su misma
composición institucional, operativa y práctica, incorporando reformas en el
marco de la comunidad ilusoria, que si bien satisfacen parcialmente demandas
populares no cambian las estructuras mismas que generan las desigualdades, las
inequidades, los desequilibrios, las dominaciones polimorfas. Mas bien
refuerzan estas estructuras alimentando la ilusión de transformaciones
ficticias, coyunturales, frágiles. La segunda vertiente, la del Estado-venas-cerradas,
busca responder al desafío de las transformaciones estructurales del Estado, de
las transformaciones institucionales y de las transformaciones económicas,
políticas, sociales y culturales. Se trata de quebrar las estructuras que
generan desigualdades y dominaciones polimorfas, quebrar al Estado estructurado
sobre relaciones de poder que reproducen las clases, la discriminación racial y
la acumulación capitalista. Se trata de fundar un nuevo Estado basado en
relaciones de poder que establezcan la equidad social, la descolonización y la
interculturalidad, la generación creativa de producciones complementarias e
integrales, en armonía con la naturaleza, formas de vida múltiples en
interacción equilibrada.
Las condicionantes, los
recursos, los medios y las experiencias de la transición pueden describirse del
siguiente modo: hablamos del constitucionalismo transformador, de las rutas
abiertas en el horizonte del Estado plurinacional, del proyecto de país, de la
nueva institucionalidad, del pluralismo jurídico, de la nueva territorialidad,
de la nueva organización del Estado y de las nuevas formas de planificación, de
la democracia intercultural, del mestizaje postcolonial emergente, de la
participación de las mujeres en la fundación del nuevo Estado, de la educación
para la democracia intercultural y la refundación del Estado a partir de la
epistemología del Sur, y de los recorridos experimentales del Estado
plurinacional. Llamemos a las condicionantes, recursos, medios y experiencias
instrumentos de la transición; entonces estos instrumentos de la transición
transformadora en la fundación del Estado plurinacional comunitario nos
muestran los múltiples niveles en los que hay que moverse en el acto
fundacional y creativo del nuevo Estado. Importa entender que el nuevo
constitucionalismo es participativo, resulta de una construcción colectiva, se
proyecta como voluntad política transformadora de las multitudes. Es
indispensable comprender que las transformaciones institucionales se abren a
otra forma de gobierno, que resulta de la participación activa de los sujetos
colectivos, los movimientos sociales, de la ciudadanía intercultural. El nuevo
mapa institucional corresponde a una circulación horizontal de fuerzas y de
poder que organizan los instrumentos y agenciamientos políticos en una dinámica
de profundización democrática. El pluralismo jurídico se abre a distintas
esferas éticas, incorporando la ética colectiva y la cosmovisión de las
naciones y pueblos indígena originarios. Este pluralismo forma parte del
pluralismo institucional, del pluralismo normativo, del pluralismo
administrativo, del pluralismo de gestiones del Estado plurinacional
comunitario. La condición plurinacional del Estado y la condición autonómica,
sobre todo la presencia re-constitutiva de las territorialidades indígenas
exige un nuevo orden territorial, una nueva territorialización, entendiendo al
territorio como espesor cultural y espesor ecológico. Estas transformaciones
conducen a nuevas formas organizativas del Estado basadas en el ejercicio
plural de la democracia participativa, también conlleva un nuevo enfoque de
planificación integral, complementaria y participativa, desarrollando una
visión territorial de las políticas, los planes y los programas. El Estado
plurinacional supone tanto la reconstitución comunitaria como la articulación
intercultural de la emancipación. Esto requiere de una educación intercultural
que movilice la crítica y las potencialidades descolonizadoras, hablamos de una
educación descolonizadora e intercultural. Como puede verse la condición
compleja y múltiple del Estado plurinacional exige el uso alternativo de un
pensamiento pluralista, que recurre a la circulación crítica de múltiples
paradigmas.
Desiderátum en la transición
Cómo es lógico, las concesiones se hicieron
mayores y más frecuentes en una dinámica en la que no es posible distinguir la
gravedad de cada paso que se da. Todas las concesiones fueron comprometedoras
en grados y medidas siempre crecientes. La revolución no se derrumbó de un solo
golpe: cayó poco a poco, pedazo a pedazo. La contrarrevolución no pasó por el
país como una aplanadora y sus efectos fueron demoledores, necesitó varios años
para echar abajo lo que encontraba a su paso.
Sergio Almaráz
Paz: Réquiem para una república. El
tiempo de las cosas pequeñas.
El
2006 comienza una nueva etapa, después de haber vivido y experimentado la
intensa y expansiva movilización general del 2000 al 2005. Esta nueva etapa se
caracteriza por ser la primera gestión del primer gobierno elegido en diciembre
de 2005, como consecuencia de la toma de la ciudad de Sucre el 9 de junio por
los ayllus en la mañana, y por el proletariado minero en la tarde, en una
especie de clausura de las movilizaciones de mayo y junio del 2005. Las
elecciones eran un instrumento democrático para viabilizar la agenda de octubre
(2003) y el ímpetu del poder constituyente de los movimientos sociales. Empero
en el 2006, después de la asunción de mando por parte del presidente Evo
Morales Ayma y el Vicepresidente Álvaro García Linera, la disyuntiva se
presenta al flamante gobierno indígena y popular: Cambiar todo o efectuar
cambios paulatinos de una manera diferida y pragmática. Se escoge lo segundo
ante el temor de no poder manejar un gobierno inserto en radicales
transformaciones institucionales. Esta decisión cautelosa se toma no sin dudas,
sobre todo por parte de las organizaciones sociales. Empero tal era el
entusiasmo en el que se hallaban las multitudes que estos primeros pasos
titubeantes eran incluso bien venidos, figurando un niño que comenzaba a
caminar. ¿Habrá sido una buena decisión? Esto sólo lo podremos saber haciendo
un balance analítico y profundo de la primera gestión de gobierno, a la luz de
los acontecimientos desatados durante este periodo inaugural, que incluyen a un
dramático proceso constituyente, pero también teniendo en cuenta las tareas que
tiene que emprender el segundo gobierno de Evo Morales Ayma, en una etapa que
denominaremos de la aplicación de la Constitución Política del Estado,
temporalidad que exige actos, acciones y leyes fundacionales, transformaciones
institucionales radicales sobre las que se asiente el Estado plurinacional
comunitario y autonómico.
Durante
la primera gestión de gobierno se toman dos medidas fundamentales que
corresponden a la llamada Agenda de Octubre, la nacionalización de los
hidrocarburos, el primero de mayo de 2006, y la convocatoria a la Asamblea
Constituyente, el 6 de marzo del mismo año. Estas dos medidas cambian el
escenario económico y el escenario político del país. El primer artículo del Decreto
Supremo 28.071“Héroes del Chaco” dicen que el Estado recupera la propiedad, la posesión y el
control total y absoluto de estos recursos. En la Leyespecial de convocatoria a la Asamblea
Constituyente se dice que El
objeto de la presente Ley Especial es convocar a la Asamblea Constituyente y se
basa en los Artículos 2ª, 4ª y 232ª de la Constitución Política del Estado y
Artículo 1ª de la Ley Especial 3091 del 6 de julio de 2005, señalando la forma
y modalidad que establecen dichos artículos. Con estas medidas se inicia el
proceso de nacionalización de los recursos naturales y el proceso
constituyente. Ambos procesos van a experimentar sus propias contingencias, el
primero técnicas, de implementación y de creación de las condiciones para la
industrialización de los hidrocarburos, en un ámbito internacional de grandes
compras de volúmenes de gas, principalmente por parte de Brasil y de Argentina.
El segundo proceso resulta mucha más duro que el primero y cualitativamente
diferente, tiene que sortear los problemas y los obstáculos que le siembran en
el camino una oposición recalcitrante, las oligarquías regionales y el Comité
Interinstitucional de Chuquisaca que levanta a la ciudad de Sucre contra la
Asamblea Constituyente. Finalmente, después de un año y cuatro meses, el tesón,
el esfuerzo, hasta el sacrificio y el acto heroico de los constituyentes salvan
a la Asamblea Constituyente, la mayoría de los constituyentes aprueba en el
Liceo Militar y después en Oruro la Constitución Política del Estado. El
Congreso, declarado constitucional, hará después ciento cuarenta y cuatro
modificaciones, revisando ciento vente y dos artículos, empero no podrá cambiar
el espíritu constituyente, la voluntad constituyente, expresada en la
estructura misma de la constitución, en la visión de país y en el modelo de
Estado; manifestando esta voluntad principalmente en la parte declarativa de la
Constitución y derivando consecuencias importantes en la parte orgánica de la
misma.
La
primera gestión de gobierno tuvo que enfrentar la conspiración de la derecha,
conspiración que se realiza en varias etapas. Primero se comenzó con una agenda
opuesta a la Agenda de Octubre de 2003, la llamada Agenda Autonómica, después
se dio lugar el referéndum autonómico, comenzando el 4 de mayo de 2008 en Santa
Cruz, en franca oposición al Gobierno Nacional y a la Corte Nacional Electoral.
Después del referéndum constituyente del 25 de enero de 2009, las oligarquías
regionales se lanzan a una ofensiva movilizada y violenta, efectuando toma de
instituciones gubernamentales, utilizando el argumento de que persiguen
recuperar la parte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que
supuestamente se les quitó, transfiriendo este monto al bono dignidad. Esta
ofensiva culmina en su espiral de violencia ascendente el 11 de septiembre de
2008 con una cruenta masacre de campesinos. El gobierno declara Estado de Sitio
en Pando e interviene la región con el objeto de restituir el orden, capturar a
los responsables de la masacre y juzgarlos. En defensa del decreto que declara
Estado de Sitio se dice que se establece una situación excepcional de "extrema
gravedad" para "garantizar la vida" y "los intereses de la
colectividad" en el departamento de Pando.
La derecha es derrotada por lo
menos cuatro veces en este lapso te tiempo político; primero con la aprobación
popular de la Constitución Política del Estado en el referéndum constitucional,
segundo con la ratificación del presidente Evo Morales Ayma en la revocatoria
de mandato, tercero con la derrota político y militar en Pando, y cuarto con la
derrota electoral de diciembre de 2010. En estas elecciones la derecha se
encuentra dispersa, fragmentada, desmoralizada, sin discurso político, pues el
discurso autonómico es reapropiado por la Constitución con una propuesta más
integral de pluralismo autonómico. La derecha al oponerse a la aprobación de la
Constitución queda al margen de la propia nueva agenda autonómica. La segunda
gestión de gobierno se inicia con una abrumadora mayoría del Movimiento al
Socialismo (MAS) en la Asamblea Legislativa Plurinacional, controlando las dos
cámaras, lo que habilita al gobierno, en coordinación con la Asamblea, a la
promulgación de leyes que deberían ser fundacionales. Estos resultados hacen
pensar en las condiciones de posibilidad adecuadas para la construcción y
conformación de una hegemonía indígena y popular, hegemonía indispensable para
la realización de las tareas de transformaciones institucionales, políticas,
económicas, sociales y culturales que requiere la fundación del Estado
plurinacional comunitario y autonómico.
Este ambiente despejado y
promisorio no se empaña del todo con los resultados de las elecciones
departamentales y municipales del cuatro de abril de 2010, donde si bien gana
el MAS en seis de los nueve departamentos, pierde en tres, Santa Cruz, Tarija y
Beni. Gana en la mayoría de los municipios, más de 200 de los 337 municipios;
sin embargo, perdió en las elecciones municipales en siete
de las diez principales ciudades, contándose entre ellas a la ciudad de La Paz,
así también Oruro, ciudades estas asentadas entierras altas donde se despliega
la preponderancia electoral del MAS, ciudades que se consideran baluartes del
Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP).Otra cosa que llama
la atención es lo que ocurrió en la ciudad de El Alto, donde ganó el MAS, pero
sólo con el cuarenta por ciento de los votos, bajando su votación a la mitad
respecto a las elecciones presidenciales. Haciendo un balance cuantitativo de
lo que aconteció en el departamento de la sede de gobierno, el MAS bajó su
votación en La Paz de ochenta a cincuenta por ciento. Considerando este rápido
recuento, ¿qué significa este desplazamiento electoral? ¿Un reacomodo de las
fuerzas políticas? ¿Un desplazamiento hacia el centro? ¿Desacuerdo de las bases
en lo que respecta a la selección de los candidatos? ¿Un síntoma de las
variaciones emocionales de la gente? ¿Desgaste del MAS? ¿O mas bien se trata de
un fenómeno pasajero y circunstancial? ¿Estos desplazamientos se explican por
la ausencia de Evo Morales como candidato, la diferencia entre elecciones
nacionales y elecciones departamentales y municipales? Estas preguntas dibujan un espacio de
preguntas, pero también de problemas, así como de probables hipótesis, que
pueden ayudarnos a analizar y a interpretar las coyunturas que se van a suceder
desde las elecciones departamentales y municipales hasta el conflicto de Potosí
de agosto de 2010.
Tres conflictos se suceden en una
coyuntura postelectoral; el conflicto de Caranavi por la instalación de una
planta de cítricos, que se prolonga durante las dos primeras semanas de mayo,
derivando en un desenlace fatal que se lleva dos muertos y veintinueve heridos;
el conflicto con el CIDOB, la central indígena de pueblos del Oriente
boliviano, que se prolonga casi todo julio, que tiene que ver con un conjunto
de demandas vinculadas a los territorios indígenas, a la implementación de las
autonomías indígenas, al Fondo Indígena, a la anulación de concesiones
forestales, a la realización de la consulta, al saneamiento de tierras en los
territorios indígenas, así como al problema de la presencia de los terceros en
territorios indígenas; y el conflicto de Potosí, que se prolonga durante las
dos primeras semanas de agosto, conflicto que estalla en principio por un
problema limítrofe departamental entre Oruro y Potosí, conectado con la
instalación de una planta industrial de cemento y la explotación de yacimientos
en el cerro Pahua, empero el conflicto se amplifica a un conjunto de demandas
regionales. Estos tres conflictos dibujan nuevos escenarios en el proceso
político en marcha; se trata de organizaciones sociales, una indígena y otra
sindical campesina, además del comité cívico de un departamento; no hay que
olvidar que el departamento de Potosí forma parte de la geografía política de
apoyo al gobierno, al MAS y al proceso. No se puede equiparar estos conflictos
con los anteriores, los llevados a cabo por los comités cívicos de los
departamentos de la llamada “media luna” y el Comité interinstitucional de
Chuquisaca; son distintos, son causas diferentes y distintos actores, también
son problemas desemejantes. Sería un error de análisis el creer que hay una continuidad
entre estos conflictos y los anteriores. La discontinuidad es clara; ahora
bien, de lo que se trata es de entender la genealogía de los últimos
conflictos.
Para tal efecto, en primer lugar nos haremos la siguiente pregunta: ¿Cuál
es la materialidad social y política de los distintos perfiles de conflictos,
el llevado a cabo por los comités cívicos de la “media luna” y el llevado a
cabo por los indígenas de tierras bajas, los vecinos y campesinos de Caranavi,
además del comité cívico de Potosí (COMCIPO), donde participó el pueblo de
Potosí, por lo menos de la ciudad de Potosí? Respondamos a esta pregunta.
En un ensayo sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomías, que aparece en el libro de Comuna bajo el título Horizontes
y límites del poder y del Estado, publicado por el 2005, se escribe lo
siguiente:
El campo social del
departamento de Santa Cruz no es nada homogéneo. Hay una estructura social
jerárquica, consolidada de una forma vertical y elitaria. Sólo una minoría
controla el monopolio de la tierra, de las finanzas, de la economía, de los
circuitos de influencia, de la prefectura, del gobierno municipal, de los
medios de comunicación. En este espacio social tenemos un monopolio de los
dispositivos políticos departamentales de parte de una oligarquía regional, que
es al mismo tiempo una burguesía nacional intermediaria. Hablamos entonces de
una estructura de poder que tiende a la hegemonía regional. Hablamos de una
estructura económica basada en la concentración abismal de recursos en unas
cuantas familias. También hablamos del control casi absoluto del espacio
virtual, la caja de resonancia prioritaria en el contexto contemporáneo, los
medios de comunicación de masa. Los empresarios controlan casi todos los medios
de comunicación disponibles a nivel nacional, a excepción de las radios
populares, el canal de televisión
popular (RTP) y otros medios alternativos. Casi todos los medios de
comunicación, incluyendo particularmente la prensa, están controlados por esta
oligarquía regional. Este monopolio de los medios se manifiesta en su
programación, diseño y contenidos que están vertiendo. En esta programación,
diseño y contenidos se puede entrever a donde se está apuntando, cuáles son los
objetivos estratégicos. Se trata de una construcción ideológica, además del
control efectivo de los medios, se trata de un control mediático de la realidad
nacional, de un control virtual de la información. Por medio de estos
procedimientos los medios de comunicación crean una realidad virtual, se
inventan una realidad comunicativa. Esta hiper-realidad
termina siendo la única realidad que tenemos en cuenta; porque la
realidad real, efectiva, el acontecimiento de singularidades acaba siendo
ocultada. Por ejemplo no se visualizan, no se hacen audibles, las vivencias
sociales de las provincias, las formas de existencia de las mayorías de los cambas, mestizos, rancheros. Todo
esto ha desaparecido. Ahora solo existe la representación del camba en los términos ideológicos del
discurso de la nación camba.
Práctica discursiva incipiente, desplegada por una minoría, que se ha creído
siempre hispánica, que ha usado el término de cambas bien de modo despectivo. Tardíamente trata de invertir el
término usual, otorgándole un valor ideológico de aglutinamiento, buscando desesperadamente
la hegemonía parcial al interior de la frontera regional[35].
Obviamente este no es el campo social de los conflictos en tierras
bajas con el CIDOB, tampoco en tierras altas con los conflictos suscitados en
Caranavi y en Potosí. En lo que respecta a la marcha indígena, la composición
social la definen las organizaciones indígenas de tierras bajas, aglutinadas en
el CIDOB, incluyendo a las organizaciones que terminan distanciándose de la
marcha como la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG). Podemos incluir en esta
composición a las Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) que apoyan a las
organizaciones indígenas de tierras bajas. Entre las organizaciones indígenas y
las ONGs tenemos una red de técnicos y asesores de las mismas organizaciones;
también podemos incluir a medios populares e intelectuales que simpatizan con
las causas indígenas. Trasladándonos a la zona subtropical de Caranavi el campo
social es dibujado por organizaciones sindicales campesinas de los llamados
colonizadores, que desde la aprobación de la Constitución se hacen llamar
interculturales, juntas de vecinos de la ciudad intermedia, autoridades
municipales, instituciones del lugar, medios de comunicación locales, también
tenemos que destacar la participación de los representantes asambleístas de la
provincia. En lo que respecta al conflicto regional de Potosí, vale la pena
acudir al análisis que realiza Samuel Rosales, militante potosino del MAS; en
el documento describe los contenidos y los actores de las reivindicaciones de Potosí
del siguiente modo:
La movilización potosina
tiene carácter reivindicativo y contenidos desarrollistas con participación
popular… De esta movilización participan sectores populares como desocupados,
amas de casa, organizaciones de pequeños empresarios, transportistas,
magisterio entre otros[36].
Entre esos otros podemos incluir a las organizaciones del Comité
Cívico de Potosí (COMCIPO), también a la Gobernación del departamento y a los
representantes asambleístas, a los sindicatos mineros y a los cooperativistas,
además de medios de comunicación regional e intelectuales potosinos. Empero en
el espacio del campo social del conflicto potosino también debemos comprender a
las organizaciones campesinas aglutinadas en la Federación Campesina del
Departamento de Potosí, así mismo al Consejo de Marcas y Ayllus del Qullasuyu
(CONAMAQ) que, dependiendo del momento de la temporalidad del conflicto, han
actuado en contra de COMCIPO, ventilando una contradicción entre ciudad y
campo. En la extensión de este campo social hay que situar a una red de ONGs
que trabajan en la región, que tienen sus oficinas en la ciudad, empero muchas
de ellas trabajan en las provincias, con los sindicatos y ayllus; también hay
ONGs que trabajan con cooperativistas mineros.
Como se puede ver los campos sociales son diferentes en la “media
luna” y en tierras altas, en momentos distintos de dicotómicos conflictos. Esta
constatación nos muestra una situación y un momento diferente del proceso de
cambio y de la transición. Se trata de demandas y reivindicaciones sectoriales,
locales y regionales que tienen que ver con la aplicación de la Constitución,
autonomías indígenas, el modelo económico, particularmente con su
característica de modelo productivo, demandas que tienen que ver con la autonomía
departamental. Se puede decir que la gente, las multitudes, las organizaciones,
las localidades y las regiones han combatido, han apoyado, han votado varis
veces, han resistido al embate de las oligarquías regionales, han marchado y
sostenido el proceso constituyente, exigiendo la aprobación de la Constitución,
han elegido apoyando el proceso; después de una larga temporalidad de entrega y
despliegue de voluntades ahora piden resultados inmediatos de cambio en sus
condiciones de vida, respuestas y productos concretos de transformación social,
económica, política y cultural. Todo esto lo hacen desde sus propias
perspectivas sectoriales, locales regionales, desde discursos fragmentarios,
todavía sin concatenar un discurso político plurinacional comunitario. Hay que
entender esta mutación en las entrañas mismas del proceso, es indispensable la
participación de la gente, los pueblos, las naciones, las sociedades, las
poblaciones, los territorios en la conducción del proceso en los términos
aprobados por la Constitución como sistema de gobierno: la democracia
participativa.
Tiempo político y decadencia
La revolución boliviana se empequeñeció y
con ella sus hombres, sus proyectos, sus esperanzas. La política se realiza a
base de concesiones, y entre estas y la derrota no hay más que diferencias
sutiles. ¿Cuándo se tomó el desvío que condujo a la capitulación? Previamente
debiera interrogarse: ¿los conductores estaban conscientes de que capitulaban,
se dieron cuenta de que llegaron a aquel punto desde el que no hay retorno
posible?
Sergio Almaraz
Paz: Réquiem para una República. El
tiempo de las cosas pequeñas.
Uno de los más lúcidos
intelectuales bolivianos es indudablemente Sergio Almaraz Paz, sus libros, Petróleo en Bolivia, El poder y la caída, el
estaño en la historia de Bolivia, Réquiem para una República, y otros
ensayos, constituyen no sólo un valioso aporte al análisis de los grandes
tópicos de la problemática de un país dependiente y de un Estado subordinado,
sino también constituyen herramientas que hacen inteligible la realidad
económica y política, los procesos inherentes, los campos de fuerza subyacentes
y los intereses puestos en juego. Almaraz forma parte de un eje intelectual y
crítico de la episteme boliviana, conformada por intelectuales preocupados por
la defensa de los recursos naturales, la soberanía, la historia efectiva del
poder y las manifestaciones concretas de la economía, preocupados por la
comprensión específica y el conocimiento concreto de las formaciones históricos
sociales abigarradas, preocupados por entender las específicas estructuras de
poder que se despliega la política nacional.
En esta línea podemos citar a Carlos Montenegro, Sergio Almaraz Paz,
René Zavaleta mercado y Marcelo Quiroga Santa Cruz. Sus reflexiones, análisis e
investigaciones corresponden a una época en que está en juego la soberanía del
Estado-nación. Su crítica emerge como
fuerza histórica de un pensamiento propio, una fuerza del entendimiento
irradiante de las complejas realidades de las periferias de la economía-mundo
capitalista. Su pensamiento tiene por objeto la crítica a una formación
discursiva colonial, oligárquica, enajenante y alienante, seducida por los
abalorios de la dependencia. El discurso de estos pensadores de la cuestión
nacional es denunciativa y militante, comprometida y muchas veces solitaria.
Pelean como naves intrépidas que cursan el océano de las formaciones
enunciativas, como nómadas o viajeros en el desierto de la
desterritorialización capitalista, enfrentándose a las fuerzas hegemónicas,
aparentemente aplastantes y demoledoras; sin embargo, se trata de decursos
intelectuales intrépidos que logran surcar los océanos, los desiertos y los
bosques de las ideologías dominantes, legitimadoras de las estructuras de
poder.
Lo que ahora interesa del
análisis de Almaraz es la evaluación que hace de la Revolución Nacional de
1952, que duró hasta el 4 de noviembre de 1964, cuando un golpe militar
interrumpe el problemático proceso nacionalista revolucionario. En Réquiem para una República escribe sobre
la Psicología de la vieja rosca,
poniendo en evidencia los prejuicios de la oligarquía, su racismo enconado, su
desprecio por el país, del que sin embargo viven y se enriquecen; también
escribe un brillante análisis del último periodo de la revolución, su fase que
podemos llamar decadente, se trata de un ensayo que intitula sugerentemente El tiempo de las cosas pequeñas. El
análisis es minucioso, detallista, persigue seguir los ritmos de los hechos, de
los acontecimientos, de las políticas y de las decisiones políticas, trabaja la
forma de la degradación, de la corrosión y el retroceso de la revolución. Ésta
fue retrocediendo poco a poco, peleando aquí, cediendo allá, sin dejar de hacer
el cálculo puntilloso de dónde se podía resistir y dónde se podía resignarse.
Empero este método de guerra de posiciones, un tanto ambiguo e irreversible,
tendió una trampa; se trató de defender la minería a costa de entregar el
petróleo a los norteamericanos, se defendió al Banco Minero ante la exigencia
de reorganización impuesta por la institución financiera, tratando de proteger
a los pequeños productores mineros, empero ya se había entregado la dirección
técnica de COMIBOL a ingenieros norteamericanos, se resistió hasta el último
una intervención militar a las minas, exigida por la embajada estadounidense,
sin embargó llego de todas maneras el enfrentamiento de Sora Sora. Mediante
este procedimiento del paso a paso, no se dieron cuenta los movimientistas
cuando se pasaron al otro lado de la vereda. La confusión fue tal que en la
abrumadora mutación política, los nacionalistas se vieron enfrentados al pueblo
que hizo la revolución. Es este proceso sinuoso el que debe ser entendido y
analizado; como dice Albert Camus: lo
difícil en efecto es asistir a los extravíos de una revolución sin perder la fe
en la necesidad de ésta. Para sacar de
la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias, es preciso sufrir con
ellas, no alegrarse de esta decadencia. ¿Cómo se pasó de una heroica
insurrección que destruyó al ejército, llevó raudamente a las milicias de
obreros y campesinos a imponer la nacionalización de las minas y la reforma
agraria, a la situación calamitosa de noviembre de 1964 cuando oficiales de
aviación y del ejército acribillaban oficiosamente a los pocos milicianos que
quedaron para defender lo que subsistía de la revolución de 1952? Este
desenlace catastrófico le llevo a Almaraz a decir que en Laicacota se disparó sobre el cadáver de una revolución.
Hay que evaluar las distintas
etapas del proceso nacionalista, 1952-53, que corresponde al periodo del
Cogobierno; 1953-56, que corresponde a la implementación de las medidas y al
reacomodo de las fuerzas integrantes del nacionalismo revolucionario;
1956-1960, periodo que corresponde al punto de inflexión y al comienzo de la
curva descendente, periodo de regresión y de las grandes capitulaciones, como
las del plan triangular; 1960-1964; tiempo de las cosas pequeñas, periodo de la
decadencia de la revolución. Viendo la curva y la función del proceso, lo grave
fue haber llegado al punto de inflexión cuando la curva ascendente se convierte
en curva descendente. En ese momento se llega a un gobierno pragmático que
busca resolver el problema del desabastecimiento, el problema recursos
financieros para COMIBOL, el problema de la estabilidad y de la gobernabilidad,
de una manera “técnica”. Es cuando se opta por un programa monetarista y por la
asistencia “técnica” a COMIBOL; prácticamente quedan atrás la figura compartida
del Cogobierno, también se abandona la vigencia de la cogestión, es decir de la
participación de los obreros en el gobierno y en la gestión. A partir de ese
momento la suerte está sellada, se abandonaron los postulados de la
insurrección de abril; se prefirió optar por un realismo político sin imaginación,
creyendo que de esta manera podíamos atraer la inversión del capital financiero
y sortear los obstáculos del proceso político.
Lo que vino después corresponde a una sorda y minuciosa resistencia, que
quería defender, mas bien simbólicamente, pequeños detalles, poses de dignidad,
en espacios y desenlaces perdidos. Se puede decir que la contrarrevolución se
incubó en las propias entrañas del proceso, en el propio gobierno, en el mismo
partido, fortaleciendo al ejército que iba a ser el instrumento de la CIA para
dar el golpe de noviembre, desarmando a las masas, a los milicianos, al pueblo
de sus propias convicciones logradas durante la formación de la concierna
nacional, que nace en las trincheras de la Guerra del Chaco, de las propias
certezas de la formación de la conciencia social, que nacen de las luchas de
los trabajadores y el proletariado minero. Lo que sustituye a estas grandes
convicciones, a estas grandes narrativas, es un sentido común de funcionarios
atrapados en la coyuntura y en la vida cotidiana, en las tareas recurrentes, en
las mesas de negociaciones, en el trámite molecular de las políticas públicas y
de las azarosas relaciones internacionales dominantes. Las grandes finalidades
de la revolución se perdieron, quedaron atrás, como parte de la memoria y de
los actos heroicos. Lo que se tenía delante era mas bien metas pequeñas,
mediocres, algunos pasos para adelante, otros pasos para atrás, decretos para
darle forma a una micro-política paulatina, de inútil resistencia, empero de
efectiva capitulación diferida.
Parafraseando nuevamente a Camus,
lo importante es asistir a los extravíos de una revolución, sacar de la
decadencia de las revoluciones lecciones necesarias; lo importante es aprender
de la dinámica molecular de sus proceso, de la lógica inherente a su decurso,
de sus fases sucesivas, de la concatenación de los hechos y de las decisiones
que se toman. Lo importante de estas lecciones es utilizar lo aprendido para
evitar que vuelva a suceder lo mismo cuando se da la oportunidad de un nuevo
proceso de transformación.
Los entretelones del poder: Teatro político, burocracia e
industrialización
La puesta en escena se ha
convertido en el procedimiento privilegiado por la acción política. La
escenificación del poder es el medio indispensable de la reproducción del
poder, de la transmisión de sus símbolos, de sus enunciados, de la figura
desmesurada y jerárquica de la representación del poder. La irradiación de los
medios de comunicación de masa, su transversalidad y la ocupación omnipresente
de los espacios sociales, terminan deformando el sentido de las cosas,
instaurando una realidad comunicacional sobre la propia realidad real, si se
puede hablar así. Lo que importa es la escena, la escenificación, el teatro, la
representación de lo que se suplanta, el referente perdido del mundo y de sus
hechos. Lo que importa es la conformación de lo público mediado por la
publicidad, la propaganda, las noticias, pero sobre todo la exposición
mediática, el lenguaje de la imagen y la locución. Las alegorías del poder son
esclarecedoras, dignas de tomarse en cuenta; lo que transmite es la jerarquía,
el orden, la ceremonia y la pleitesía de los mandos, la obediencia y
subordinación, y sobre todo dejar en claro que hay gobernantes y gobernados,
protagonistas y espectadores. Los que
hacen la historia y los observadores, quizás hasta víctimas, que se encuentran
en el espacio gris de la expectación y quizás también de la expectativa; porque
no decir esperanza multitudinaria en encontrar algo en aquellos espectáculos,
un sentido de vida, una respuesta benevolente, una política social que le
resuelva sus vidas. Esto pasa, pero lo que no podemos olvidar es que el teatro
político forma parte de la reproducción del poder como ceremonialidad del
mismo. Su elocuencia y colorido es necesaria para que el pueblo sepa quienes
gobiernan, quienes dirigen, quienes deciden por las multitudes que conforman el
pueblo. La representación del poder aparece rutilantemente durante las cortes
del rey, reaparece acompañando las formas burocráticas durante las monarquías
administrativas, se transforma en una escenificación apabullante con la
revolución arquitectónica y comunicacional de las repúblicas. El teatro
político adquiere su densidad acondicionadora en la vertiginosidad de una
modernidad trastrocadora y cambiante, donde lo que importa es la inflamación de
lo imaginario y la realidad virtual. Lo real ha terminado siendo suplantado.
Otro componente condicionante de
la reproducción del poder, de las formas del poder, históricamente
constituidas, es el aparato burocrático, es la burocracia como sistema de
funcionamiento administrativo y normativo. Las tareas recurrentes y la
aplicación de los procedimientos hacen a la rutina de una gestión pública
encaminada a mantener y conservar el Estado.
La gestión pública tiene como tarea la realización de las políticas
públicas, opera, ejecuta, pone en práctica, pero lo hace de una manera
aparatosa, que termina difiriendo las acciones, dilatando los procesos, a través de tantas mediaciones, convirtiendo
al proceso de ejecución en un círculo vicioso, donde el fin ya no parece ser
lograr determinados resultados sino el proceso mismo de cumplimiento
interminable de procedimientos. Franz Kafka retrata mejor que Max Weber este
fenómeno de la administración moderna. La burocracia, a pesar de lo que diga el
sociólogo, que dice que se conforma para lograr una eficiente administración,
se convierte en el aparatoso conjunto de procedimientos, de normas y reglas que
logran eficientemente separar Estado de sociedad civil, el dualismo
constitutivo del Estado moderno, convirtiendo a la sociedad política no sólo en
representante de la sociedad civil, sino en el espacio de especialistas que
toman decisiones a nombre de la sociedad y del pueblo, aunque estas decisiones
terminen afectando a la sociedad y al pueblo.
Se produce una suerte de doble suplantación, no sólo de los
representantes respecto de los representados, que ocurre de manera más clara
con los legisladores, sino de los que manejan la cosa pública respecto a los
públicos, los pueblos, las sociedades y los usuarios. Estas suplantaciones
adquieren formas paradójicas en los procesos revolucionarios cuando la
dictadura del proletariado se convierte en la dictadura del partido sobre el
proletariado, y la dictadura del partido en la dictadura de la nomenclatura.
También se repite en procesos recientes de transformación cuando los
funcionarios terminan suplantando a los movimientos sociales, la voluntad
burocrática termina suplantando la voluntad de los movimientos sociales.
Decimos que estas situaciones son paradójicas porque se supone que las
revoluciones y los procesos de transformación deben establecer relaciones
horizontales, participativas y colectivas de acción directa y de democracia
comunitaria. Pero no ocurre esto sino que se reitera la renovada separación y
suplantación de los funcionarios respecto a lo que debería ser la
auto-organización, la autodeterminación, la autonomía y el autogobierno, la
capacidad y potenciamiento multiforme de la sociedad. Se produce un
apoderamiento de los funcionarios de los mecanismos de conducción del proceso
de cambio. Por lo tanto podemos ver que
la burocracia se convierte en un conjunto de mediaciones, procedimientos y
normas de restauración de las formas de poder liberales y coloniales, ancladas
en las instituciones que perduran y no cambian, cristalizadas en los huesos y
las mentalidades de los funcionarios, que siguen siendo los mismos.
Un tercer componente
condicionante de la reproducción del poder es lo que llamaremos el imaginario
de la industrialización. A comienzos del siglo XX liberales y positivistas soñaron con las
rutas de ferrocarriles y las plantas industriales, para ellos se trataba de los
símbolos del progreso y de las estructuras de la modernización. Más tarde, a
mediados del siglo XX, los nacionalistas apostaron por la sustitución de
importaciones a través del proceso de industrialización; se trataba de salir de
la dependencia de la periferia respecto al centro de la economía-mundo
capitalista. No se dieron cuenta que su obsesión industrialista era una
manifestación paradójica de la dependencia, de la dependencia imaginaria del
paradigma de la revolución industrial. Esto no quiere decir que no se tenga que
industrializar en absoluto, sino que no puedes embaucarte en un paradigma
industrialista. Los ingleses no necesitaron un paradigma industrialista,
simplemente lo hicieron, construyeron industrias, transformando las condiciones
de producción y de acumulación del capital. Lo que llama la atención es que los
industrialistas de la periferia, los nacionalistas de las décadas de los
cincuenta y sesenta, los industrialistas tardíos de comienzos del siglo XXI, se
mueven y se encuentran atrapados en un imaginario industrialista, se hallan
enajenados en el paradigma de la revolución industrial, convirtiéndolo en el
único proyecto político, obviando que esto no es más que una manifestación
dramática de la consciencia dependiente.
Las tareas políticas y económicas
de la transformación pueden asumir seriamente la implementación de la
transformación productiva en el contexto de la revolución tecnológica y
científica, tomando en cuenta la compleja articulación entre modelo productivo,
soberanía económica, soberanía financiera, soberanía tecnológica y soberanía alimentaria,
además de comprender el carácter estratégico de lograr los equilibrios de los
ecosistemas. En este caso, la apuesta no es industrialista sino la construcción
de una economía integral y complementaria con la participación abierta de los
sujetos y actores económicos. La construcción transformadora de las políticas
económicas ahora debe ser participativa, la Constitución define una
planificación integral y participativa, un presupuesto participativo, un
régimen económico financiero autonómico. Esta perspectiva integral,
participativa y complementaria no es industrialista, aunque tenga como
componente la industrialización estratégica, no está enajenada en el paradigma
de la revolución industrial sino que comprende el modelo productivo de una
manera abierta y producente, es decir, con el objeto de afectar las relaciones
de reproducción, produciendo relaciones sociales alternativas, colectivas y
comunitarias. Es aquí donde toma importancia la economía social y comunitaria,
definida en la Constitución. La economía integral, complementaria y
participativa tiene como eje gravitante y estructurador a la economía
comunitaria y a los emprendimientos sociales.
Cuando nos encontramos con este
triángulo imaginario e ideológico de políticas públicas y políticas económicos,
que se compone con los recursos delirantes del teatro político, la burocracia
circulante y el imaginario industrialista, vemos que se recae en lo mismo de
las liberales y coloniales formas de poder. No se necesita mucha imaginación
para volver a andar por estos caminos recorridos, tampoco se requiere
creatividad y menos implican transformaciones institucionales, económicas,
políticas y culturales. Este triángulo de la reproducción del poder moderno es
la política, la metodología y la ideología de la restauración.
Genealogía del racismo
Immanuel Wallerstein y Etienne
Balibar compartieron una serie de ensayos sobre los tópicos del ámbito de
relaciones entre raza, nación y clase, ensayos que se agruparon en un libro que
lleva el título que hace a la conjunción de esos conceptos, raza, nación y clase[37].
En el libro se trabajan ensayos que tratan de responder a preguntas, hipótesis
y problemáticas sobre el ámbito saturado de relaciones cambiantes, de acuerdo a
los contextos históricos, entre los conceptos en cuestión. Una pregunta es:
¿Existe el neo-racismo? Otra cuestión es las relaciones entre universalismo,
racismo y sexismo, entendidas como tensiones ideológicas del capitalismo. Otro
problema tratado es la relación entre racismo y nacionalismo. También se
trabaja históricamente la construcción de los pueblos, desde la relación entre
racismo, nacionalismo y etnicidad. En la contingencia de la discusión, se
analiza la forma nación, desde la perspectiva de su historia e ideología. De una
manera más concreta se evalúa la unidad doméstica y la formación de la fuerza
de trabajo en la economía-mundo capitalista. Así mismo el conflicto de clases
en la economía-mundo capitalista. Retomando la mirada teórica, se retoma la
discusión de la relación de Marx y la historia, esta vez trabajada desde la
problemática de la polarización. Otro tema teórico recuperado de las polémicas
es la formación de la burguesía, su concepto y realidad. También se plantean
transformaciones en las mismas condiciones de la controversia, se dan lugar
mutaciones en el tiempo social y
político, como cuando aparece la pregunta de si pasamos ¿de la lucha de clases
a la lucha sin clases? También hay trabajos que retoman investigaciones
empíricas, más descriptivas, para abordarlas en el análisis teórico; el tema es
el conflicto social en África negra independiente4, analizado desde el nuevo
examen de los conceptos de raza y grupos de status.
En el conjunto de los ensayos, aparece uno sugerente sobre el “racismo de
clase”, otro sobre la problemática del racismo y su vinculación con la crisis.
Estos son los ensayos que comparten y conforman un libro rico en la polémica,
la actualidad y la reflexión sobre los temas candentes puestos en mesa.
Retomando los ensayos, optamos por concentrarnos en una perspectiva del
abordaje; cómo de alguna manera trabajamos con las temáticas afrontadas por
Immanuel Wallerstein[38].
Ahora lo haremos con los ensayos trabajados por Etienne Balibar.
Dos son las preguntas que se hace
Etienne Balibar: ¿Cuál es la especificidad del racismo contemporáneo?, y ¿cómo
puede relacionarse con la división de clases en el capitalismo y con las
contradicciones del Estado-nación? Se trabaja el ámbito saturado de relaciones
entre raza, nación y clase, y a la zaga, por abajo o por encima tribus, etnias,
pueblos, estados, grupos, comunidades, clanes, castas, capas, segmentos y las
gentes. A la pregunta de si ¿existe un neoracismo?, contesta: De hecho, no hay racismo sin teorías. Sería
completamente inútil preguntarse si las teorías racistas proceden de las élites
o de las masas, de las clases dominantes o de las clases dominadas. Por el
contrario, es evidente que están racionalizadas por los intelectuales[39].
Empero, también dice que, la propia
categoría de masa (o de popular) no
es neutra, está en comunicación directa con la lógica de naturalización y de
racialización de lo social[40]. La hipótesis es que, contemporáneamente, se avanza hacia un racismo diferencial, que
consiste paradójicamente en incorporar en su seno al antirracismo e incluso al
humanismo ¿De qué se trata? Etienne Balibar dice que se produce una desestabilización de las defensas del
antirracismo tradicional, en la medida en que su argumentación viene a
contrapelo e incluso se vuelve contra él (lo que Taguieff llama oportunamente
el efecto de retorsión del racismo diferencialista). Se acepta
inmediatamente que las razas no constituyen unidades biológicas delimitables;
que, de hecho, no hay razas humanas. También se puede aceptar que el
comportamiento de los individuos y sus “aptitudes” no se explican a través de
la sangre o incluso de los genes, sino por su pertenencia a culturas históricas[41].
¿Qué es lo que ocurre en el paso del racismo tradicional al racismo diferencial
contemporáneo? De hecho asistimos a un
desplazamiento general de la problemática. De la teoría de razas o de la lucha
de razas en la historia humana, tanto si se asienta sobre bases biológicas como
psicológicas, pasamos a una teoría de las relaciones étnicas (o de
racerelations) en la sociedad, que naturaliza, no la pertenencia racial, sino
el comportamiento racista. El racismo diferencialista es desde el punto de
vistas lógico, un meta-racismo o lo que podríamos llamar un racismo de segunda
categoría, que se presenta como si hubiera aprendido del conflicto entre
racismo y antirracismo, como una teoría políticamente operativa, de las causas
de la agresividad social[42].
Por lo tanto, se puede concluir que la idea de un racismo sin raza no es tan
revolucionario como se pudiera imaginar, el racismo se solapa, se mimetiza en
el desplazamiento de una clasificación diferencial, esmerada en el detalle de
la diferencia cultural. Se trata de un paso de la teoría de razas a un racismo
diferenciador, que no es otra cosa que el paso de un racismo, centrado en la distinción
biológica, a un racismo, centrado en la distinción cultural.
Etienne Balibar también trabaja
la relación entre racismo y nacionalismo. Dice que parte de los historiadores
argumentan que el racismo se desprende y desarrollo en el campo del nacionalismo,
campo omnipresente en la modernidad. De
este modo, el nacionalismo sería, si no lo única causa del racismo, en
cualquier caso la condición determinante para su aparición[43].
Dicho de otro modo, las explicaciones económicas o psicológicas sólo serían pertinentes
en la medida que iluminaran presupuestos o efectos provocados por el
nacionalismo[44].
Esta interpretación confirma que el racismo no tiene nada que ver con la
existencia de razas biológicamente objetivas, dejando de lado el equívoco de
las explicaciones culturalistas, que, de una y otra manera, tienden a convertir
el racismo en una especie de elemento invariable de la naturaleza humana[45].
Sin embargo, no hay que creer que se establece una relación causal entre
nacionalismo y racismo; la interpretación no implica que el racismo sea una
consecuencia inevitable del nacionalismo, tampoco que el nacionalismo sea
históricamente imposible sin la existencia del racismo abierto o latente. En
este contexto de la discusión hay que distinguir el racismo como discurso
teórico y el racismo como fenómeno de masa, aunque ambos fenómenos se hallen
conectados y se retroalimenten.
Según el autor tenemos tres
modelos de racismo heredados del pasado: el antisemitismo nazi, la segregación
de los afroamericanos en Estados Unidos, percibida como una larga secuela de
esclavitud, y el racismo imperialista de las conquistas y dominaciones
coloniales. La reflexión teórica sobre estos modelos heredados ha producido una
serie de diferenciaciones analíticas, ligadas a la defensa de la democracia, de
los derechos humanos y de los derechos civiles; también la liberación nacional
ha producido una serie de diferenciaciones, vinculada a la búsqueda de las
causas de los efectos de la racialización imperialista y colonial. La primera diferenciación
tiene que ver con la distinción entre racismo teórico, doctrinal, y racismo
espontáneo, lo que tiene que ver propiamente con el prejuicio. También nos
encontramos con la diferenciación entre un racismo interior, contra la
población considerada minoritaria, y un racismo exterior, que es una forma
extrema de xenofobia. También podemos caracterizar a determinadas posiciones
como autorreferenciales, que tienen que ver con los portadores de los
prejuicios, quienes ejercen la violencia física o simbólica, en contra posición
de un racismo heterorreferencial, en el que se asimila a las víctimas del
racismo. El análisis político diferencia también entre un racismo institucional
y un racismo sociológico. De alguna manera esta distinción se yuxtapone a la diferencia
entre un racismo teórico y un racismo espontáneo. Esto podemos explicar del
siguiente modo: de todas maneras siempre hay recurrencia a alguna doctrina para
justificar el ejercicio del racismo, esto pasa efectivamente cuando median
instituciones que segregan; la situación mencionada se distingue de lo que
llamamos racismo sociológico, que supone una dimensión dinámica que va más allá
de los prejuicios propiamente dichos, enfocándose en los problemas que plantean
los movimientos colectivos de carácter racista. Sin embargo no podemos olvidar
que todo racismo histórico es al mismo tiempo institucional y sociológico[46]. También se puede dar una combinación de
modelos de racismo que terminan desarrollando otras formas de racismo; desde
esta perspectiva podemos distinguir entre un racismo de exterminio, excluyente,
de un racismo de opresión, incluyente[47].
Contemplando este mapa conceptual de diferenciaciones relativas a las formas de
racismo, Etienne Balibar concluye que: Estas
distinciones no sirven tanto para clasificar tipos de comportamiento o de
estructuras idealmente puros como para
identificar trayectorias históricas. Su pertinencia relativa nos conduce a la
sensata conclusión de que no existe un
racismo invariable, sino unos
racismos que forman un espectro abierto de situaciones[48].
Al mismo tiempo el autor advierte que: una
configuración racista determinada no tiene fronteras fijas, es un momento de
evolución que sus potencialidades latentes y también las circunstancias
históricas, las relaciones de fuerza en la formación social, se desplazaran a
lo largo del espectro de los racismos posibles[49].
Lo anterior nos sirve como para
tener una mirada dinámica y en desplazamiento, que pueda seguir la mutación, la
transformación y la transvaloración de las formas diferenciales de racismo. Hay
que tener en cuenta, como dice Balibar, que el
racismo es en sí mismo una historia singular, con sus puntos de retroceso,
sus fases subterráneas, y sus explosiones[50].
La genealogía del racismo en Bolivia ciertamente no se ha detenido en el modelo
imperialista y colonial; se ha desplegado desprendiéndose y convirtiéndose en un colonialismo interno, convirtiendo a
las mayorías poblacionales en minorías políticas y a estas minorías en materia
de un racismo interno, que puede ser tomado también como opresivo. A lo largo
de la historia republicana se ha desplegado también un racismo institucional,
que se diferencia de las propias dinámicas de las prácticas racistas de la
gente. La historia del racismo en Bolivia no se ha detenido en los aspectos y
características de un racismo biológico, centrado en las características y
clasificaciones somáticas; ciertamente se ha avanzado a las formas del racismo
cultural, con todas las distinciones y diferenciaciones relativas a los
comportamientos, conductas y aptitudes leídas por estas formas de racismo. Las
formas del racismo no sólo son diversas, sino que han mutado, en la medida que
se han vivido distintos proyectos de modernización, conducidas por las
distintas reformas estatales, borbónicas, liberales, nacionalistas y
neoliberales. Un racismo demarcador, que estableció el dualismo entre dos
sociedades históricamente distintas, la hispánica y la indígena, queda como
modelo, como matriz, de las otras formas de racismo que han de venir
sedimentándose; racismo incluyente y domesticador, que busca normalizar a la población,
arraigada a sus costumbres, persiguiendo a través de la reforma educativa
condicionar e incorporar otros comportamientos, adecuados a la sociedad que
pretende ser moderna. El nacionalismo, en cambio, ha de buscar a través del
proyecto de mestización, subsumir la herencia nativa a una síntesis biológica y
cultural. Es otro proyecto de modernización, mas bien incluyente. Podemos
considerar al nacionalismo como movimiento que despliega mecanismos
institucionales, políticos y legislativos, de inclusión nacional, mediante
procedimientos democráticos, de construcción de la individuación a través de la
reforma agraria y la reforma educativa. La ideología del nacionalismo
revolucionario se puede considerar, desde la evaluación de la genealogía del
racismo en Bolivia, como una dialéctica racista, que sintetiza las razas en el
proyecto político, social y cultural del nacionalismo, es decir el mestizaje.
En este proyecto desaparece del discurso la clasificación racial, como ocurría
y ocurre en el discurso de la oligarquía minero-latifundista, empero, como
dijimos más arriba no abandona el campo del racismo, sino que desarrolla un
racismo sin razas, un racismo de clasificación culturalista y sociológica,
encaminada a la incorporación, a la inclusión, de lo indígena al proyecto
nacional de capitalismo de Estado. Los discursos socialistas no dejan el campo
extenso y dilatado del racismo; en la medida que exigen un proyecto de
modernización, por la vía del modelo occidental obrerista, descalifican los
proyectos alternativos propios de las sociedades, pueblos y naciones indígenas.
La discusión actual entre comunitaristas y socialistas ilustra fehacientemente
sobre esta situación. El discurso neoliberal va tratar de implementar políticas
públicas bilingües y multiculturales, en la perspectiva también de la
incorporación a un proceso que raya en el multiculturalismo liberal, sin lograr
desplazarse del todo a este nuevo terreno. De lo que se trataba es de
subordinar la pluralidad cultural y lingüística a las leyes del mercado. La
tercera reforma educativa y la ley de participación popular se encaminaron en
esta dirección. Ahora bien, recorriendo estos decursos y temporalidades
heterogéneas de la genealogía del racismo en Bolivia, analizando el presente a
través de una mirada retrospectiva del pasado, debemos preguntarnos si bajo las
condiciones del Estado plurinacional comunitario y autonómico se termina
saliendo del campo extenso y dilatado del racimo. Esta pregunta es crucial
sobre todo para evaluar los alcances del proceso de descolonización.
Volviendo al libro de Raza, nación y clase, de Immanuel
Wallerstein y Etienne Balibar, vemos que se dan yuxtaposiciones,
intersecciones, cruces y entrelazamientos complejos entre nacionalismos y
racismos, en un contexto altamente diferenciado de condicionamientos e
isomorfismos mutuos. La comunidad imaginada de la nación ha buscado borrar la
condición plurinacional de una formación histórico social abigarrada y barroca,
conformada sobre la matriz de los pueblos indígenas. El pasar a la condición
plurinacional del Estado, de otra forma de Estado, parece apuntar a escapar del
campo gravitacional del colonialismo interno y de la colonialidad; el pasar a
la condición comunitaria del Estado, parece apuntar a salir de los espacios de
atracción de los racismos sociológicos; el pasar a la condición de un
pluralismo autonómico, que contiene a la autonomía indígena, con su
autogobierno, libre determinación, gestiones propias y normas y procedimientos
propias, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del racismo
institucional. ¿Será posible? Esto depende de la profundidad y de los alcances
de las transformaciones estructurales, institucionales, económicas, sociales,
políticas y culturales que se den en la transición del proceso de cambio, depende
de los actos fundacionales del nuevo Estado. En la medida que el Estado
plurinacional quede atrapado en una retórica discursiva que no es acompañada
por transformaciones institucionales y la revolución cultural, que reitere la
forma del Estado-nación, seguramente el proceso se ha de mantenerse en el campo
gravitacional reciclado del colonialismo y del campo gravitacional del racismo
diferencial. Lo mismo pasa con la condición comunitaria del Estado y la
condición autonómica del Estado. Si no se da una construcción efectiva del
nuevo mapa institucional, en el sentido del pluralismo institucional,
administrativo, normativo, económicos, social, cultural y lingüístico,
seguramente nos mantendremos en las formas de un racismo inclusivo, de un
racismo cultural y de un racismo sociológico. En la medida que no demos cabida
a la participación abierta de las distintas formas autonómicas, seguramente nos
mantendremos en un racismo perdurable institucional y centralista. Algo
parecido y dramático pasa con el nuevo modelo económico; en la medida que no se
abran espacios de realización efectivos a los emprendimientos sociales
alternativos y a la economía comunitaria, no saldremos de lo que llamaremos un
racismo diferencial económico. Las tareas de la descolonización tienen que
concentrarse en estos aspectos complejos y diferenciales de las formas
económicas subsumidas y articuladas a la
económica-mundo capitalista. La descolonización no puede ser solamente un
discurso retórico y de catarsis, pues este estallido emocional no resuelve los
problemas materiales de la descolonización, tampoco los problemas subjetivos de
la descolonización, menos los problemas epistemológicos de la
descolonización.
[1]Revisar de Cornelius Castoriadis
La institución imaginaria de la sociedad.
Volumen 1: Marxismo y teoría
revolucionaria. Volumen 2: El
imaginario social y la institución. Buenos Aires 2003. Tusquets.
[2]Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueología de
las ciencias humanas. México 2005. Siglo XXI.
[3]Ver de Jacques Rancière El desacuerdo. Política y filosofía.
Buenos Aires 1996. Nueva Visión.
[4] Ver de Eugenio Trías Los límites del mundo. Barcelona 1985.
Ariel.
[5] El ensayo aparece en el libro de Comuna intitulado Transformaciones pluralistas del Estado.
La Paz 2007. Muela del diablo.
[6]Boaventura de Sousa Santos escribe en El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, lo
siguiente: La supuesta inevitabilidad de
los imperativos neoliberales ha afectado de modo irreversible al ámbito y la
forma de poder. Este cambio no supone, sin embargo, una vuelta al pasado, ya
que sólo un Estado postliberal puede acometer la desestabilización de la
regulación social postliberal. Esta desestabilización crea al anti-Estado
dentro del propio Estado. A mi entender, estas transformaciones son tan
profundas que, bajo la misma denominación de Estado, está surgiendo una nueva
forma de organización política más vasta que el Estado, una organización
integrada por un conjunto híbrido de flujos, redes y reorganizaciones donde se
combinan e interpenetran elementos estatales y no estatales, tanto nacionales
como locales y globales, del que el Estado es el articulador. Esta nueva
organización política no tiene centro, la coordinación del Estado funciona como
imaginación del centro. Trotta/ilsa 2005. Madrid. Pág.331.
[7] Ver Horizontes y límites del
poder y del Estado. Texto colectivo de Comuna.
La Paz 2005. Muela del diablo.
[8]Boaventura de Sousa Santos: Refundación
del Estado en América Latina. Perspectivas desde la epistemología del sur.
Plural 2010, Plural. Pág. 41.
[9] Ibídem: Pág. 41.
[10] Ibídem: Págs. 41-42.
[11] Ibídem: Pág. 42.
[12] Ibídem: Pág. 42.
[13] Ibídem: Pág. 42.
[14] Ibídem: Pág. 44.
[15] Ibídem: Pág. 44.
[16] Ibídem: Pág. 45.
[17]Boaventura de Sousa Santos: Ob. Cit.; pág. 56.
[18] Raúl Prada Alcoreza: Emancipaciones
Poscoloniales. CLACSO 2010.
[19] Ibídem: Págs. 61-62.
[21]Boaventura de Sousa Santos: Refundación
del Estado en América Latina. Plural 2010. La Paz. Pág. 54.
[22] Ibídem: Pág. 54.
[23] Ibídem: Pág. 54.
[24] Ibídem: Pág. 54.
[25] Ibídem: Pág. 54.
[26] Ibídem: Pág. 54.
[27]Boaventura de Sousa Santos: Refundación del Estado en América Latina.
Perspectivas desde una epistemología del sur. La Paz; Plural 2010. Pág. 73.
[28] Ibídem: Pág. 74.
[29] Ibídem: Págs. 74-75.
[30] Ibídem: Pág. 75.
[31] Ibídem: Pág. 75.
[32] Ibídem: Pág. 75.
[33] Ibídem: Pág. 75.
[34] Ibídem: Págs. 75-76.
[35] Comuna: Horizontes y límites del
poder y del Estado. El escrito sobre Estado,
Asamblea Constituyente y autonomías es de Raúl Prada Alcoreza. La Paz,
Muela del diablo.
[36] Samuel Rosales: Documento para
contribuir a la comprensión de la movilización del pueblo de Potosí por el
problema de límites departamentales y otras demandas. También hay otro documento más reducido,
publicado en la Época el 29
de agosto al 4 de septiembre del 2010: Las jornadas de recuperación de la dignidad
potosina.
[37] Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nación y clase. Madrid 1991; IEPALA.
[38] En Crisis y cambio. Umbrales y horizontes de la descolonización. de
Raúl Prada Alcoreza. La Paz
2010; Comuna, Muela del Diablo.
[39] Ob. Cit.: Pág. 33.
[40] Ibídem: Pág. 35.
[41] Ibídem: Pág. 37.
[42] Ibídem: Pág.40.
[43] Ibídem: Pág. 63.
[44] Ibídem: Pág. 64.
[45] Ibídem: Pág. 64.
[46] Ibídem: Págs. 65-66.
[47] Ibídem: Pág. 67.
[48] Ibídem: Pág. 67.
[49] Ibídem: Pág. 67.
[50] Ibídem: Pág. 68.
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