De la violencia contra la mujer
Raúl Prada Alcoreza
Hay ciertamente paradojas y contradicciones, hasta aporías; eso lo
sabemos por experiencias; pero, qué se puede decir de un gobierno progresista donde
se desatan violencias y atropellos como los de la venganza y tortura contra el
cuerpo de la enfermera Leonor Boyán, acusada
de lanzar una piedra contra la cabeza del viceministro de régimen interior Jorge
Pérez. También nos acordaremos, entre muchos contrastes repudiables, de la
violencia represiva descomunal desatada en Chaparina contra la VIII marcha indígena;
nada menos desencadenada por un gobierno que se reclama de ser gobierno indígena.
La actuación de los policías y de los del servicio de inteligencia se parece a
la de pandilleros que vengan la agresión a uno de sus compañeros. ¿Acaso no hay
leyes? ¿Si fuese el caso, no comprobado, que la enfermera haya arrojado la
piedra, acaso no se hace la acusación formal, se acude a las leyes y al proceso
judicial? ¿Por qué recurrir a la violencia de los machos resentidos que actúan con
impunidad de una manera tan bochornosa, como dejar en el hospital a la
enfermera, seguramente bajo amenazas si es que habla y denuncia. ¿Ante qué
clase de policías, oficiales, servicios de inteligencia se encarga la seguridad
del Estado? Grave jarabe.
Estos hechos, contrastes alucinantes, contradicciones espasmódicas, nos
muestran que hemos llegado demasiado lejos. Hay gente del gobierno, los
funcionarios, los oficiales de policía, los militantes del partido del
gobierno, que creen que por que uno se nombra gobierno de los movimientos
sociales, por que se enaltece la figura del caudillo, en una evidente muestra
de culto a la personalidad, por que se dice que se defiende el proceso de
cambio, basta, es suficiente. Esta legitimación imaginaria queda en la cabeza
paranoica de los gobernantes, funcionarios, policías, militantes, esta
imaginada legitimación contrasta grotescamente con las prácticas políticas,
sobre todo las prácticas del orden y de la seguridad, prácticas que se
aproximan a las violencias descarnadas y descomunales de las jaurías de machos
que buscan venganza. Sin embargo, los hechos no cuentan para esta gente y, lamentablemente,
tampoco cuentan para el órgano judicial, totalmente cooptado por el gobierno.
El órgano judicial no mira ni observa estos atropellos y otras violaciones a los
derechos fundamentales, solo observa las transgresiones de una oposición
imaginaria, atinando a decir que estamos ante una conspiración evidenciada por
las acusaciones que se le hacen a la flamante magistratura que perdió las
elecciones ante el voto nulo.
La violencia desatada contra Leonor Boyán, con rapto incluido, pues no
puede ser otra cosa, el llevársela a las celdas secretas donde se le propinó la
golpiza y se le interrogó sobre la persona y el nombre que arrojó la piedra. Lo
que agrava más el hecho y el atropello; pues se entiende que se raptó a la
enfermera recurriendo a la violencia descomunal del Estado para interrogarla y
sacarle nombres. Esto suena a guión de Hopkins Hitchcock y a cuento de Franz
Kafka; ya no vamos a hablar de las dictaduras militares, pues esta recurrencia
se ha vuelto trillada, sobre todo porque incluso supera en este caso a la
brutalidad de las propias dictaduras, aunque se parece mucho en el descaro con
el que se lo hace. No nos olvidemos de la forma cómo se asesino a Marcel
Quiroga Santa Cruz, después de acribillarlo y llevárselo herido los cuartos
lúgubres del Estado Mayor, se lo torturó agonizante hasta matarlo. Ahora el gobierno
que se dice socialista es cómplice de un silencio tenebroso, pues no ha hecho
nada, absolutamente nada para develar los hechos crueles de este asesinato, ni
descubrir a los autores, ni desclasificar los archivos secretos militares. Para
el gobierno lo importante es garantizar la lealtad de los militares, aunque
haya oficiales que fueron asesinos en el pasado.
Uno se pregunta: ¿Qué tienen en la cabeza estos policías, estos
servicios de inteligencia? ¿Servir mejor al ministro? ¿Vengar al viceministro
por el vejamen que se le ha cometido? Lo que se puede sacar de conclusión es
que estamos en manos de gente sin escrúpulos, cuya formación como policías e
inteligencias deja mucho que desear. Pero, lo que también debemos preguntarnos
es: ¿Qué piensa el ministro del interior? ¿Qué piensa la justicia? ¿Qué piensa
el gobierno? ¿Van a justificar como lo hicieron en el caso de la represión a
las y los marchistas indígenas en Chaparina? ¿Van a volver a ocultar las
responsabilidades de los mandos superiores? Esto no va ser otra cosa que una
nueva muestra de cobardía, pretendiendo que la gente es tan inocente que cree
los cuentos pueriles de que yo no fui, fue el otro. Llegando incluso a la falta
de hidalguía total pues se opta por descargar la responsabilidad en los
subordinados, acudiendo a chivos expiatorios, como si esto resolviera el
problema.
Lo que ha pasado con Leonor Boyán es muy grave. La ciudadanía y el
pueblo boliviano no pueden quedar callados, menos las mujeres. Si lo que ha
ocurrido pasa como si nada, como si fuese parte de una rutina cruel
acostumbrada, los ciudadanos, el pueblo, las mujeres, habríamos perdido el
sentido de la dignidad humana, la comprensión de la responsabilidad nuestra en
la defensa de los derechos fundamentales, en la defensa de los derechos de la
mujer. Llama la atención que estas reflexiones tengamos que hacerlas teniendo
como referente a un gobierno que dice responder a la Constitución, que dice que
saca leyes a favor de la mujer, ante el referente de una Asamblea Legislativa
que está discutiendo una ley contra el acoso a la mujer. Esto es parte de los
contrastes y contradicciones, de las que hablamos al principio. Si las mujeres
dejan pasar esto, sobre todo hablando de las mujeres legisladoras, esto querrá
decir que respondemos también a estas paradojas. Se dicen que son mujeres
feministas o que defienden los derechos de la mujer, empero en la práctica y
efectivamente seguimos respondiendo a los estereotipos machistas, a la
fraternidad de los hombres, que en este caso se trata de la fraternidad de
vengadores. No es ninguna casualidad que se haya golpeado y torturado con saña
contra el cuerpo de la mujer. Estamos
hablando de mentalidades mórbidas, construidas en contra de la mujer,
mentalidades para las que la mujer es solamente objeto de placer o de venganza.
Esas son las condiciones subjetivas sobre las que se construye el cambio. La evaluación del estado de situación resulta perversa.
EL TEMA DE LA VIOLENCIA A LA MUJER, MERECE SER DEBATIDO DESDE DIFERENTES ESFERAS DE LA SOCIEDAD, Y A PARTIR DE LA COMPRENSION DE QUE LA VIOLENCIA EJERCIDA A LA MUJER NO ES PROBLEMA EN SI, MAS BIEN EL SINTOMA DE UNA SOCIEDAD Y UNA CULTURA ATRAPADA, ME ANIMO A DECIR: "EN SU CASTRACION".
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