Diletantismo gubernamental
Raúl Prada Alcoreza
Parece que el presidente ya no
sabe lo que quiere, primero, durante la VIII marcha indígena, amenaza con que
de todas maneras se hará la carretera. Después, cuando la VIII marcha llega a
La Paz, hace aprobar una ley, la 180, de defensa del TIPNIS, declarándolo
incluso intangible; esta ley la promulga. A los pocos días, decide hacer
campaña en contra la ley que promulgó; lo siguen sumisos todos los funcionarios,
los asambleístas y ministros en este devaneo y diletantismo estrambóticos, sin
inmutarse de sus gruesas contradicciones. Después aprueban la ley 222, que
dicen que es de consulta cuando es un triste cuestionario impuesto, violando la
estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios
internacionales y en la Constitución. Se trata de un cuestionario y un
protocolo que inducen a la construcción de la carretera. ¿Qué clase de consulta
es esta? Paralelamente invaden militarmente el TIPNIS, presionando,
chantajeando, dando obsequios, obligando a firmar su inasistencia a la IX
marcha a dirigentes de comunidades. Todo esto anula plenamente la legalidad y legitimidad
de su propio cuestionario impuesto. Empero no se dan por aludidos. Ahora el
presidente dice que se inclina por un referéndum a los departamentos
involucrados, Cochabamba y el Beni. ¿Quién entiende al presidente? Lo que
demuestra este diletantismo y dubitación constantes del presidente es que los
intereses en cuestión son muy grandes. No
interesan las comunidades indígenas del TIPNIS, interesa la perspectiva del
negocio, tanto del gobierno de Brasil, involucrado en el IIRSA, las empresas
brasileras, petroleras y de la construcción, así como también interesa la compulsión
por la ampliación de la frontera agrícola para el cultivo de la coca
excedentaria. Queda claro que quieren hacer la carretera a como dé lugar, empleando
todos los medios a su alcance, la violencia estatal, abierta y velada, el
chantaje y la presión, la estrategia de división de las organizaciones
indígenas, la cooptación de dirigentes, la manipulación, la aprobación y la imposición
de una consulta espuria, hasta un referéndum no contemplado en la Constitución,
cuando se trata de territorios y derechos de pueblos indígenas.
¿Hay diletantismo en el
presidente o se trata de un juego de fuerzas y distintos posicionamientos al
interior del gobierno? Se puede lanzar una hipótesis interpretativa. Tal parece
que los que se oponen a la imposición de la carretera es el sector de menor
influencia, empero hace sentir de alguna manera su posición, sobre todo cuando
el conflicto arrecia. Empero, los que siguen como caballos cocheros la consigna
de la carretera del supuesto “desarrollo” parecen ser la fuerza preponderante.
Estos hacen sentir su influencia permanentemente, aunque entran en pánico
cuando el conflicto adquiere intensidad y amenaza con desencadenar una crisis
mayor. Empero, lo que es como la estructura causal de estos devaneos y
diletantismos, estas gruesas contradicciones, manifestadas incluso en las
declaraciones, es la estructura de poder inscrita y mantenida en el Estado, en
la sociedad y en las relaciones dependientes del gobierno en el contexto
regional e internacional, estructura y relaciones de poder basadas en el modelo
extractivista del capitalismo dependiente.
¿Qué clase de gobierno es este de
los diletantismos? Para entender esta pregunta y para responderla debemos hacer
visibles los planos en los que se mueve esta gubernamentalidad con ribetes
populares y nacionalistas. Hay que preguntarse si el diletantismo se mueve en
el plano de los discursos y no en el plano de las prácticas. Si esto ocurre
entonces se puede entender que se trata de cortinas de humo mientras se hace otra
cosa. ¿Pero, es así? Si se llega aprobar una ley en defensa del TIPNIS y
después se busca desesperadamente abrogarla, terminando aprobando una ley de
consulta, aunque en realidad ya no se trate de una consulta, sino de la
imposición de un cuestionario inductor, entonces podemos entrever que el
diletantismo no está solamente en los discursos sino también en las prácticas.
¿Cómo se explica esto? ¿Improvisación, falta de estrategia? Empero el de las
leyes no es el único otro plano de funcionamiento del gobierno; hay otros, los
acuerdos, convenios, arreglos, proyectos, compromisos políticos y operativos,
como los relativos a los créditos. El proyecto de la carretera que conecta
Villa Tunari y San Ignacio de Moxos es anterior, por lo menos, en lo que
corresponde al gobierno de Evo Morales Ayma; data de los acuerdos con el
gobierno del Brasil, BNDES y OAS en el 2008. Uno de los planos más materiales,
por así decirlo, es este de las transacciones, relaciones y acuerdos entre
gobiernos. ¿Es esta la estrategia, construir carreteras que cumplan con el
proyecto IIRSA? Por otra parte, el llamado polígono siete del TIPNIS, que
corresponde a la zona de avasallamiento de los cocaleros, ya se había dado,
incluso con anterioridad al gobierno de Evo Morales. Enfrentamos entonces una
realidad, la expansión de la frontera agrícola, en este caso de la frontera de
la coca excedentaria. Esta es la materialidad de los desplazamientos y
movilidad social, migración, agotamiento de tierras y, por lo tanto, necesidad
de tierras nuevas.
Por lo tanto tenemos por lo menos
cuatro planos, el de los discursos, el de
las leyes, norma y reglamentos, el de los acuerdos y transacciones operativas,
y el de la ampliación de la frontera agrícola; todos estos planos sostenidos
por la matriz colonial de la economía extractivista y su formulación estatal
rentista.
La base del MAS y el núcleo
fuerte del presidente son las federaciones del trópico de Cochabamba. ¿Hay un
compromiso del presidente, del gobierno y del MAS de favorecer la ampliación de
la frontera de la hoja de coca excedentaria? Todo apunta a que si lo hay. ¿Entonces
cuál es el proyecto, industrialización de la coca, expansión de la economía
política de la cocaína? Algunas voces ingenuas, como queriendo justificar el
diletantismo gubernamental, dicen, ya en su desesperación, que se trata de un
proyecto geopolítico, se trata de quitarle el dominio y la hegemonía a la oligarquía
de Santa Cruz, formando una burguesía cocalera y beniana. ¿Qué es esto? ¿Geopolítica?
En todo caso podríamos aceptar a duras penas que se trata de una versión vulgar
e improvisada de la “geopolítica”. Esto no se sostiene cuando los acuerdos
implícitos y explícitos se han dado precisamente con la burguesía
agro-industrial, los terratenientes y los soyeros, que también están
interesados en la ampliación de la frontera agrícola. Pero, dejando de lado
esta constatación empírica, tomando en cuenta su pretendida “geopolítica”,
llama la atención que la gente del gobierno haya reducido su comprensión del proyecto
del proceso al emplazamiento de nuevas elites y al enriquecimiento de las
mismas; obviamente comprensión alejada de una interpretación de la
Constitución, la que ha quedado colgada en la vitrina del palacio quemado; se
trata como se ve de la formación de una burguesía cocalera y beniana. Parece
salido de las elucubraciones asombrosas de la ideología del nacionalismo
revolucionario, que efectivamente se encaminó, en su momento, a formar una
burguesía nacional, pues las tareas democrático burguesas estaban pendientes. Esta formación contó con la transferencia de
recursos del Estado, con préstamos y créditos jamás devueltos, con la
complicidad de la tolerancia de escandalosas corrupciones. Empero, al final el
balance es negativo, tal burguesía nunca se conformó; lo que se produjeron son
nuevos ricos, el empobrecimiento de las arcas del Estado y del proyecto
nacionalista.
Una burguesía no se forma con
transferencia dineraria, tampoco con sólo el empleo de la violencia estatal,
con el forcejeo político inconstitucional, favoreciendo a los sectores más
fieles y sumisos al gobierno. La formación de una burguesía requiere tiempo,
control económico, articulación coherente y expansiva con los circuitos
comerciales, monopolio de mercados, control financiero; sobre todo perspectivas
a largo plazo de los productos en circulación e intercambio, cosa que
obviamente no tiene la hoja de coca excedentaria. Se trata de una economía a
corto plazo, un enriquecimiento rápido, acompañado por el agotamiento de la
tierra, transfiriendo los grandes costos a la naturaleza. Es pues una ilusión,
que dura lo que puede durar la explotación irresponsable de la tierra, mientras
los que verdaderamente controlan los tráficos de valor agregado, la acumulación
ilícita dineraria, son otros, los famosos carteles. No tiene sentido el proyecto
de estos geopolíticos de los últimos días.
Una respuesta a la pregunta
parece ser mas bien que se trata de un gobierno progresista que no puede salir
de la telaraña del modelo extractivista, no puede resolver sus profundas
contradicciones, prefiriendo engañar y engañarse con geopolíticas baratas,
cuando en realidad se somete a los dominios consagrados por el orden mundial y hegemonías
en emergencia. En todo este transcurso los costos son altos, costos políticos,
pero también costos morales, pues se tiene que tolerar la expansión morbosa de
la corrupción.
El diletantismo no es una salida,
es la manifestación más triste de las contradicciones profundas que no se
quieren reconocer, es la expresión penosa de las renovadas subordinaciones al
sistema financiero internacional, al mapa opresivo de los monopolios explosivos
de las empresas trasnacionales extractivitas, ahora desplegándose en pleno
campo de irradiación de la compulsión por materias primas de la potencia
industrial emergente de China.
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