Genealogía del racismo
Raúl Prada Alcoreza
Immanuel
Wallerstein y Etienne Balibar compartieron una serie de ensayos sobre los
tópicos del ámbito de relaciones entre raza, nación y clase, ensayos que se
agruparon en un libro que lleva el título que hace a la conjunción de esos
conceptos, raza, nación y clase[1].
En el libro se trabajan ensayos que tratan de responder a preguntas, hipótesis
y problemáticas sobre el ámbito saturado de relaciones cambiantes, de acuerdo a
los contextos históricos, entre los conceptos en cuestión. Una pregunta es:
¿Existe el neo-racismo? Otra cuestión es las relaciones entre universalismo,
racismo y sexismo, entendidas como tensiones ideológicas del capitalismo. Otro
problema tratado es la relación entre racismo y nacionalismo. También se
trabaja históricamente la construcción de los pueblos, desde la relación entre
racismo, nacionalismo y etnicidad. En la contingencia de la discusión, se
analiza la forma nación, desde la perspectiva de su historia e ideología. De
una manera más concreta se evalúa la unidad doméstica y la formación de la
fuerza de trabajo en la economía-mundo capitalista. Así mismo el conflicto de
clases en la economía-mundo capitalista. Retomando la mirada teórica, se retoma
la discusión de la relación de Marx y la historia, esta vez trabajada desde la
problemática de la polarización. Otro tema teórico recuperado de las polémicas
es la formación de la burguesía, su concepto y realidad. También se plantean
transformaciones en las mismas condiciones de la controversia, se dan lugar
mutaciones en el tiempo social y
político, como cuando aparece la pregunta de si pasamos ¿de la lucha de clases
a la lucha sin clases? También hay trabajos que retoman investigaciones
empíricas, más descriptivas, para abordarlas en el análisis teórico; el tema es
el conflicto social en África negra independiente, analizado desde el nuevo
examen de los conceptos de raza y grupos de status.
En el conjunto de los ensayos, aparece uno sugerente sobre el “racismo de clase”,
otro sobre la problemática del racismo y su vinculación con la crisis. Estos
son los ensayos que comparten y conforman un libro rico en la polémica, la
actualidad y la reflexión sobre los temas candentes puestos en mesa. Retomando
los ensayos, optamos por concentrarnos en una perspectiva del abordaje; cómo de
alguna manera trabajamos con las temáticas afrontadas por Immanuel Wallerstein[2].
Ahora lo haremos con los ensayos trabajados por Etienne Balibar.
Dos son las
preguntas que se hace Etienne Balibar: ¿Cuál es la especificidad del racismo
contemporáneo?, y ¿cómo puede relacionarse con la división de clases en el
capitalismo y con las contradicciones del Estado-nación? Se trabaja el ámbito
saturado de relaciones entre raza, nación y clase, y a la zaga, por abajo o por
encima tribus, etnias, pueblos, estados, grupos, comunidades, clanes, castas,
capas, segmentos y las gentes. A la pregunta de si ¿existe un neoracismo?,
contesta: De hecho, no hay racismo sin
teorías. Sería completamente inútil preguntarse si las teorías racistas
proceden de las élites o de las masas, de las clases dominantes o de las clases
dominadas. Por el contrario, es evidente que están racionalizadas por los
intelectuales[3].
Empero, también dice que, la propia
categoría de masa (o de popular) no
es neutra, está en comunicación directa con la lógica de naturalización y de
racialización de lo social[4]. La hipótesis es que, contemporáneamente, se avanza hacia un racismo diferencial, que
consiste paradójicamente en incorporar en su seno al antirracismo e incluso al
humanismo ¿De qué se trata? Etienne Balibar dice que se produce una desestabilización de las defensas del
antirracismo tradicional, en la medida en que su argumentación viene a
contrapelo e incluso se vuelve contra él (lo que Taguieff llama oportunamente
el efecto de retorsión del racismo diferencialista). Se acepta
inmediatamente que las razas no constituyen unidades biológicas delimitables;
que, de hecho, no hay razas humanas. También se puede aceptar que el
comportamiento de los individuos y sus “aptitudes” no se explican a través de
la sangre o incluso de los genes, sino por su pertenencia a culturas históricas[5].
¿Qué es lo que ocurre en el paso del racismo tradicional al racismo diferencial
contemporáneo? De hecho asistimos a un
desplazamiento general de la problemática. De la teoría de razas o de la lucha
de razas en la historia humana, tanto si se asienta sobre bases biológicas como
psicológicas, pasamos a una teoría de las relaciones étnicas (o de
racerelations) en la sociedad, que naturaliza, no la pertenencia racial, sino
el comportamiento racista. El racismo diferencialista es desde el punto de
vista lógico, un meta-racismo o lo que podríamos llamar un racismo de segunda
categoría, que se presenta como si hubiera aprendido del conflicto entre
racismo y antirracismo, como una teoría políticamente operativa, de las causas
de la agresividad social[6].
Por lo tanto, se puede concluir que la idea de un racismo sin raza no es tan
revolucionario como se pudiera imaginar, el racismo se solapa, se mimetiza en
el desplazamiento de una clasificación diferencial, esmerada en el detalle de
la diferencia cultural. Se trata de un paso de la teoría de razas a un racismo
diferenciador, que no es otra cosa que el paso de un racismo, centrado en la
distinción biológica, a un racismo, centrado en la distinción cultural.
Etienne Balibar
también trabaja la relación entre racismo y nacionalismo. Dice que parte de los
historiadores argumentan que el racismo se desprende y desarrollo en el campo del
nacionalismo, campo omnipresente en la modernidad. De este modo, el nacionalismo sería, si no lo única causa del racismo,
en cualquier caso la condición determinante para su aparición[7].
Dicho de otro modo, las explicaciones económicas o psicológicas sólo serían
pertinentes en la medida que iluminaran presupuestos o efectos provocados por
el nacionalismo[8].
Esta interpretación confirma que el racismo no tiene nada que ver con la
existencia de razas biológicamente objetivas, dejando de lado el equívoco de las
explicaciones culturalistas, que, de una y otra manera, tienden a convertir el
racismo en una especie de elemento invariable de la naturaleza humana[9].
Sin embargo, no hay que creer que se establece una relación causal entre
nacionalismo y racismo; la interpretación no implica que el racismo sea una
consecuencia inevitable del nacionalismo, tampoco que el nacionalismo sea
históricamente imposible sin la existencia del racismo abierto o latente. En
este contexto de la discusión hay que distinguir el racismo como discurso
teórico y el racismo como fenómeno de masa, aunque ambos fenómenos se hallen
conectados y se retroalimenten.
Según el autor
tenemos tres modelos de racismo heredados del pasado: el antisemitismo nazi, la
segregación de los afroamericanos en Estados Unidos, percibida como una larga
secuela de esclavitud, y el racismo imperialista de las conquistas y
dominaciones coloniales. La reflexión teórica sobre estos modelos heredados ha
producido una serie de diferenciaciones analíticas, ligadas a la defensa de la
democracia, de los derechos humanos y de los derechos civiles; también la
liberación nacional ha producido una serie de diferenciaciones, vinculada a la
búsqueda de las causas de los efectos de la racialización imperialista y
colonial. La primera diferenciación tiene que ver con la distinción entre
racismo teórico, doctrinal, y racismo espontáneo, lo que tiene que ver
propiamente con el prejuicio. También nos encontramos con la diferenciación
entre un racismo interior, contra la población considerada minoritaria, y un
racismo exterior, que es una forma extrema de xenofobia. También podemos
caracterizar a determinadas posiciones como autorreferenciales, que tienen que
ver con los portadores de los prejuicios, quienes ejercen la violencia física o
simbólica, en contraposición de un racismo heterorreferencial, en el que se
asimila a las víctimas del racismo. El análisis político diferencia también
entre un racismo institucional y un racismo sociológico. De alguna manera esta
distinción se yuxtapone a la diferencia entre un racismo teórico y un racismo
espontáneo. Esto podemos explicar del siguiente modo: de todas maneras siempre
hay recurrencia a alguna doctrina para justificar el ejercicio del racismo,
esto pasa efectivamente cuando median instituciones que segregan; la situación
mencionada se distingue de lo que llamamos racismo sociológico, que supone una
dimensión dinámica que va más allá de los prejuicios propiamente dichos,
enfocándose en los problemas que plantean los movimientos colectivos de
carácter racista. Sin embargo no podemos olvidar que todo racismo histórico es
al mismo tiempo institucional y sociológico[10]. También se puede dar una combinación de
modelos de racismo que terminan desarrollando otras formas de racismo; desde
esta perspectiva podemos distinguir entre un racismo de exterminio, excluyente,
de un racismo de opresión, incluyente[11].
Contemplando este mapa conceptual de diferenciaciones relativas a las formas de
racismo, Etienne Balibar concluye que: Estas
distinciones no sirven tanto para clasificar tipos de comportamiento o de
estructuras idealmente puros como para
identificar trayectorias históricas. Su pertinencia relativa nos conduce a la
sensata conclusión de que no existe un
racismo invariable, sino unos
racismos que forman un espectro abierto de situaciones[12].
Al mismo tiempo el autor advierte que: una
configuración racista determinada no tiene fronteras fijas, es un momento de
evolución que sus potencialidades latentes y también las circunstancias
históricas, las relaciones de fuerza en la formación social, se desplazaran a
lo largo del espectro de los racismos posibles[13].
Lo anterior nos
sirve como para tener una mirada dinámica y en desplazamiento, que pueda seguir
la mutación, la transformación y la transvaloración de las formas diferenciales
de racismo. Hay que tener en cuenta, como dice Balibar, que el racismo es en sí mismo una historia
singular, con sus puntos de retroceso, sus fases subterráneas, y sus
explosiones[14].
La genealogía del racismo en Bolivia ciertamente no se ha detenido en el modelo
imperialista y colonial; se ha desplegado desprendiéndose y convirtiéndose en un colonialismo interno, convirtiendo a
las mayorías poblacionales en minorías políticas y a estas minorías en materia
de un racismo interno, que puede ser tomado también como opresivo. A lo largo
de la historia republicana se ha desplegado también un racismo institucional,
que se diferencia de las propias dinámicas de las prácticas racistas de la
gente. La historia del racismo en Bolivia no se ha detenido en los aspectos y
características de un racismo biológico, centrado en las características y
clasificaciones somáticas; ciertamente se ha avanzado a las formas del racismo
cultural, con todas las distinciones y diferenciaciones relativas a los comportamientos,
conductas y aptitudes leídas por estas formas de racismo. Las formas del
racismo no sólo son diversas, sino que han mutado, en la medida que se han
vivido distintos proyectos de modernización, conducidas por las distintas
reformas estatales, borbónicas, liberales, nacionalistas y neoliberales. Un
racismo demarcador, que estableció el dualismo entre dos sociedades
históricamente distintas, la hispánica y la indígena, queda como modelo, como
matriz, de las otras formas de racismo que han de venir sedimentándose; racismo
incluyente y domesticador, que busca normalizar a la población, arraigada a sus
costumbres, persiguiendo a través de la reforma educativa condicionar e
incorporar otros comportamientos, adecuados a la sociedad que pretende ser moderna.
El nacionalismo, en cambio, ha de buscar a través del proyecto de mestización,
subsumir la herencia nativa a una síntesis biológica y cultural. Es otro
proyecto de modernización, mas bien incluyente. Podemos considerar al
nacionalismo como movimiento que despliega mecanismos institucionales,
políticos y legislativos, de inclusión nacional, mediante procedimientos
democráticos, de construcción de la individuación a través de la reforma
agraria y la reforma educativa. La ideología del nacionalismo revolucionario se
puede considerar, desde la evaluación de la genealogía del racismo en Bolivia,
como una dialéctica racista, que sintetiza las razas en el proyecto político,
social y cultural del nacionalismo, es decir el mestizaje. En este proyecto
desaparece del discurso la clasificación racial, como ocurría y ocurre en el
discurso de la oligarquía minero-latifundista, empero, como dijimos más arriba
no abandona el campo del racismo, sino que desarrolla un racismo sin razas, un
racismo de clasificación culturalista y sociológica, encaminada a la
incorporación, a la inclusión, de lo indígena al proyecto nacional de
capitalismo de Estado. Los discursos socialistas no dejan el campo extenso y
dilatado del racismo; en la medida que exigen un proyecto de modernización, por
la vía del modelo occidental obrerista, descalifican los proyectos alternativos
propios de las sociedades, pueblos y naciones indígenas. La discusión actual
entre comunitaristas y socialistas ilustra fehacientemente sobre esta
situación. El discurso neoliberal va tratar de implementar políticas públicas
bilingües y multiculturales, en la perspectiva también de la incorporación a un
proceso que raya en el multiculturalismo liberal, sin lograr desplazarse del
todo a este nuevo terreno. De lo que se trataba es de subordinar la pluralidad
cultural y lingüística a las leyes del mercado. La tercera reforma educativa y
la ley de participación popular se encaminaron en esta dirección. Ahora bien,
recorriendo estos decursos y temporalidades heterogéneas de la genealogía del
racismo en Bolivia, analizando el presente a través de una mirada retrospectiva
del pasado, debemos preguntarnos si bajo las condiciones del Estado
plurinacional comunitario y autonómico se termina saliendo del campo extenso y
dilatado del racimo. Esta pregunta es crucial sobre todo para evaluar los
alcances del proceso de descolonización.
Volviendo al libro
de Raza, nación y clase, de Immanuel
Wallerstein y Etienne Balibar, vemos que se dan yuxtaposiciones,
intersecciones, cruces y entrelazamientos complejos entre nacionalismos y
racismos, en un contexto altamente diferenciado de condicionamientos e
isomorfismos mutuos. La comunidad imaginada de la nación ha buscado borrar la
condición plurinacional de una formación histórico social abigarrada y barroca,
conformada sobre la matriz de los pueblos indígenas. El pasar a la condición
plurinacional del Estado, de otra forma de Estado, parece apuntar a escapar del
campo gravitacional del colonialismo interno y de la colonialidad; el pasar a
la condición comunitaria del Estado, parece apuntar a salir de los espacios de
atracción de los racismos sociológicos; el pasar a la condición de un
pluralismo autonómico, que contiene a la autonomía indígena, con su
autogobierno, libre determinación, gestiones propias y normas y procedimientos
propias, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del racismo
institucional. ¿Será posible? Esto depende de la profundidad y de los alcances
de las transformaciones estructurales, institucionales, económicas, sociales,
políticas y culturales que se den en la transición del proceso de cambio,
depende de los actos fundacionales del nuevo Estado. En la medida que el Estado
plurinacional quede atrapado en una retórica discursiva que no es acompañada
por transformaciones institucionales y la revolución cultural, que reitere la
forma del Estado-nación, seguramente el proceso se ha de mantenerse en el campo
gravitacional reciclado del colonialismo y del campo gravitacional del racismo
diferencial. Lo mismo pasa con la condición comunitaria del Estado y la
condición autonómica del Estado. Si no se da una construcción efectiva del
nuevo mapa institucional, en el sentido del pluralismo institucional,
administrativo, normativo, económicos, social, cultural y lingüístico, seguramente
nos mantendremos en las formas de un racismo inclusivo, de un racismo cultural
y de un racismo sociológico. En la medida que no demos cabida a la
participación abierta de las distintas formas autonómicas, seguramente nos
mantendremos en un racismo perdurable institucional y centralista. Algo
parecido y dramático pasa con el nuevo modelo económico; en la medida que no se
abran espacios de realización efectivos a los emprendimientos sociales
alternativos y a la economía comunitaria, no saldremos de lo que llamaremos un
racismo diferencial económico. Las tareas de la descolonización tienen que
concentrarse en estos aspectos complejos y diferenciales de las formas
económicas subsumidas y articuladas a la
económica-mundo capitalista. La descolonización no puede ser solamente un
discurso retórico y de catarsis, pues este estallido emocional no resuelve los
problemas materiales de la descolonización, tampoco los problemas subjetivos de
la descolonización, menos los problemas epistemológicos de la descolonización.
[1] Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nación y clase. Madrid 1991; IEPALA.
[2] En Crisis y cambio. Umbrales y horizontes de la descolonización. de
Raúl Prada Alcoreza. La Paz
2010; Comuna, Muela del Diablo.
[3] Ob. Cit.: Pág. 33.
[4] Ibídem: Pág. 35.
[5] Ibídem: Pág. 37.
[6] Ibídem: Pág.40.
[7] Ibídem: Pág. 63.
[8] Ibídem: Pág. 64.
[9] Ibídem: Pág. 64.
[10] Ibídem: Págs. 65-66.
[11] Ibídem: Pág. 67.
[12] Ibídem: Pág. 67.
[13] Ibídem: Pág. 67.
[14] Ibídem: Pág. 68.