Caminante, no hay camino
No hay forma de explicarlo. Las organizaciones
sociales, desde los rumbosos médicos, pasando por los nada pobres
transportistas, hasta los fabriles afiliados a la COB, están en huelga. El
Vicepresidente ha dicho que se trata de la vitalidad de un proceso de cambio y
que, el gobierno tiene la suficiente solvencia para manejar la situación sin
muchos sobresaltos. Ahí está el quid de la cuestión.
En el rostro de nuestras ciudadanas y nuestros
ciudadanos, se perciben los sobresaltos que causa esta inestable situación. Es
probable que muchos esperemos que haya un momento en el que se rectifiquen
posiciones y vislumbremos, una vez más, el camino a seguir en este proceso de
cambio. Pero hay que advertir que son muchos y muchas quienes descreen de tal
rectificación. ¿Por qué? Unos por la rutina; se acostumbraron a vivir, aunque
sea en la miseria, pero sin sobresaltos. Otras, porque apoyaron un proceso de
cambio que soñaron como una avenida donde no había ningún obstáculo, ningún
rompemuelles, ningún hueco ni siquiera desportilladura. Los hay, finalmente,
quienes vemos la realidad: el camino está por hacerse porque, según decía el poeta,
se hace camino al andar.
Claro que no se trata de andar en cualquier
dirección, porque así podemos llegar a cualquier parte, menos a la meta que nos
propusimos. No es simple hacer camino al andar, pues al menos debe seguirse
determinada orientación. El proceso de cambio tiene una dirección: vivir bien
como norma para todos los bolivianos y las bolivianas. Los que viven aquí,
originarios o recién llegados. Los que habitan el campo y los que se alojan en
la ciudad. Los pobres y los que nada tienen. Por supuesto, quienes están más
necesitados precisan una atención inmediata y mayor. Todo esto en función de
las posibilidades de nuestro país. Que esas posibilidades han mejorado, es muy
cierto, como lo es que hay un visible mejoramiento en el vivir de la gente.
¡Falta! Claro que hace falta mucho más y no es
precisamente lo que está haciendo nuestro gobierno. La carretera por el TIPNIS,
¿acaso no es un enfrentamiento grosero? Hay mucha gente dispuesta a apoyar la
construcción de esa vía. Pero las disposiciones de la consulta previa fueron
hechas para proteger la vida, los usos y costumbres de las minorías. Por eso no
es una consulta general, sino una particular a los pueblos que viven allí.
Seguramente, si se hubiese hecho a tiempo, antes de iniciar los trabajos, esta
tempestad de reclamos no se hubiese producido.
No es posible que haya tal desentendimiento con la
Central Obrera Boliviana. Seguir dando vueltas al tema salarial, puede
llevarnos a medio año sin una solución. No es correcto. No lo es, mucho más si
revisamos los balances presentados hace poco más de un mes, por los bancos y
nos chocamos con sus sustanciosas ganancias, a las que debe agregarse el
aumento de sus patrimonios. Se ha reducido la miseria, pero distamos mucho de
haber logrado una redistribución regular de la riqueza. Ésta sigue estando en
manos de los grandes empresarios.
Pedir 8.300 bolivianos como salario básico, es
irracional. Lo saben los dirigentes de la COB. Pero tampoco es apropiado un
simple resarcimiento de la inflación ocurrida el año pasado, según el conteo
del INE. ¿Para qué mostramos ingresos que son, cada año, mayores? El pueblo
quiere ver esos ingresos en sus manos. Gastamos en inversión; muy bien. Pero
esa inversión debe sentirse en el bolsillo de las personas. Se ha ampliado la
clase media; de acuerdo. Pero debemos dar un paso más hoy día. Nos estamos
enfrentando a nuestra propia gente, a las organizaciones sociales que son la
base sobre la que descansa nuestro gobierno.
Hemos dejado que, la exigencia de los médicos, se convierta
en una reivindicación de la COB. ¿Cómo puede ocurrir esto? Los médicos no
pertenecen al movimiento popular. Los trabajadores en salud, los
universitarios, se comprometen en defensa de los médicos; no es entendible. Si
estos profesionales logran su objetivo, no compartirán absolutamente nada con
quienes los están apoyando: universitarios, trabajadores en salud, COB. La
trama se hace más densa, más intrincada. Alguien ha perdido la orientación y no
es precisamente ésta o aquella organización social ni tampoco los profesionales
que saben cuáles son sus intereses y cómo lograrlos.
Debemos hacer el esfuerzo. Que la gente que está
desorientada, aquélla que tiene susceptibilidades, la que ha sufrido
desencantos y quienes, por último, dejaron de creer en el proceso de cambio,
comiencen a tener la visión de lo que puede ser este proceso. No se trata
solamente se saber manejar la situación. Hay mucho más que eso, está la gente a
la que nos debemos.
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