Notas sobre
Trayectorias territoriales.
La geografía ante el desafío de los Andes
De Hubert Mazurek
Raúl Prada Alcoreza
Lugares, territorios
y espacios en la geografía humana
Indudablemente la descripción y
el estudio de la tierra comprenden temas y tópicos apasionantes, además de
ilustrativos y espléndidos. Pero, sobre todo mostrando sus complejidades
abigarradas, pues se trata de la intervención de varias dimensiones en las
construcciones de los lugares, de los territorios y los espacios. El Parcurs de territoire de Hubert Mazurek
es un relato y reflexión intensa sobre los problemas que llamaremos, en
principio, espaciales. Por un lado, están las epistemologías mismas de la
geografía, las corrientes científicas y teoréticas que tratan estos problemas;
por otro lado, las experiencias, los afectos, las percepciones, las vivencias
de la gente, expresadas imaginariamente, configuradas simbólicamente, adquiriendo
sentido significativamente e irradiando estéticamente. Estas formas de expresión
se conforman en saberes de la gente, en conocimientos concretos y heredados, en
manifestaciones culturales y colectivas, que, a su vez, viven sus propias
mutaciones, transformaciones y desplazamientos. También hay otros lados que hay
que tomar en cuenta; las prácticas, las relaciones, las redes de relaciones,
las formas de convivencia, de desplazamiento, de ocupación y de gestión local,
territorial y espacial. En este comentario no pretendamos abarcar la gran discusión sobre las definiciones e
interpretaciones de lugar, territorio y espacio; esta discusión es enormemente rica y transmite la variedad
de las perspectivas, sobre todo por la polisemia de los significados. Empero
también aprendemos sobre las perspectivas teóricas de los estudios del espacio,
llamemos a estas perspectivas geografías; por ejemplo, hablamos de la geografía
física, de la geografía política, de la geografía cultural, de la geografía
humana, de la geografía histórica, de la geografía económica. La matriz
organizadora de estas formaciones discursivas, de estas formaciones
enunciativas, de estos cuadros y horizontes de visibilidad, se consolida en
distintas densidades perceptivas y conceptuales. Por ejemplo, la geografía
física se detiene en la descripción de la variada morfología de la superficie
terrestre, notoriamente accidentada, configurada por una larga historia
geológica y ecológica. En cambio la geografía cultural hace hincapié en mapas étnicos
y culturales, tratando de encontrar homogeneidades y continuidades, sobre todo
construidos a partir de ciertas centralidades simbólicas o de sistemas de
símbolos que texturan los pueblos. Esta geografía considera que hay como una per-duración
en el tiempo, por lo tanto, una transmisión de generación a generación, de ciertas
pautas culturales, que explican comportamientos, conductas,
intersubjetividades. Estas pautas culturales codifican a las instituciones en
determinadas regiones consistentes. En cambio la geografía humana se concentra
en la construcción de los lugares, los territorios y los espacios a partir de
ámbitos de relaciones, de estructuras
estructuradas y estructuras
estructurantes, esquemas de prácticas y de acciones, acompañadas por
cosmovisiones, percepciones, representaciones y saberes. Esta geografía se
enfrenta a las transformaciones efectuadas por las sociedades y comunidades,
pero sobre todo para explicar la construcción de los lugares, de los
territorios y de los espacios.
Por eso mismo, se entiende, que
una de las discusiones más complejas dadas en esta episteme geográfica es la
interpretación de estos topos. ¿Qué
es el lugar? ¿Qué es el territorio? ¿Qué es el espacio? El Parcurse de territoire nos dibuja los distintos recorridos de las
interpretaciones y explicaciones teóricas y científicas, pero también nos
muestra los desafíos que enfrentan estas interpretaciones y explicaciones, así como contrasta con las
percepciones, cosmovisiones y saberes de los distintos colectivos, sociedades y
comunidades que habitan construyendo estos lugares, territorios y espacios.
En este comentario no vamos a
inmiscuirnos en la historia de las corrientes, ni citar a los autores
involucrados en la discusión, los mismos que se encuentran pormenorizadamente
trabajados en el Parcurse de territoire.
Lo que vamos a hacer es dibujar ciertas composiciones conceptuales de las
definiciones relativas a los topos
que tocamos y están en el centro de las cuestiones de las investigaciones
espaciales. Parece que una de las tendencias es entender el lugar como el sitio
de articulación de prácticas y de relaciones sociales, otorgándole cierta
densidad gravitacional al lugar, donde las comunidades, colectivos y grupos se
reconocen, es decir, construyen sus identidades. Se trata de una relación
perceptiva, aunque también cognitiva, basada en la experiencia del territorio.
Ahora bien, el territorio se construye a partir de la articulación de lugares,
del desplazamiento y ocupación efectuados; se trata de un juego de
desplazamientos y de ocupaciones, así como de un flujo de actividades, también
de flujos materiales y humanos; desplazamientos que realizan el espacio,
conforman el espacio, lo construyen y lo estructuran. ¿Cuál de estos niveles es
más abstracto? ¿Cuál de estos niveles es más concreto? ¿Cuál es anterior y hace
de condición de posibilidad? ¿Cuál es
posterior y hace como de efecto, apareciendo como una derivación o, si se
quiere, más simplemente como resultado? Estas preguntas no son fáciles de
resolver, incluso no se resuelven, no pueden resolverse, pues enfrentamos un
abigarrado panorama de entrecruzamientos de lugares, territorios y espacios. Contando
con esta historia de las formas teóricas y descriptivas del espacio, de la
construcción conceptual efectuada, de la lógica relacional, secuencial,
simultánea, lograda por las corrientes geográficas, podemos dibujar el
itinerario epistemológico de estas corrientes teóricas.
En unas corrientes aparece el
espacio como a priori, como condición de posibilidad histórica, como
matriz estructurante de los lugares y territorios, en cambio en otras
corrientes, el espacio es, mas bien, lo más abstracto, lo más general, aparece
como una representación homogénea, como un referente o cuadro donde dibujamos
los lugares y territorios. Hay, sin embargo, otras corrientes geográficas que
asumen la complejidad misma como campo abigarrado de estudio, que conciben como
una saturación de correspondencias, yuxtaposición y articulación inmediata,
compenetración, entre estos topos. No
sería posible pensar los lugares sin tener una configuración de territorio y
una idea del espacio; tampoco se podría tener una idea del espacio sin la
experiencia del lugar y sin el tejido del territorio. En este caso se trata de
una teoría de la complejidad; no hay antes ni después, no hay a priori y a posteriori, no hay jerarquía conceptual. Lo que hay es una
narrativa simultánea y concomitante en múltiples planos a la vez.
Todo esto nos lleva a una mayor
complejidad de la problemática. Enfrentamos una pluralidad inmensa de lugares,
que además se encuentran sometidos a la mutación temporal, que sitúa a los
lugares en espesores territoriales, conformados a partir de yuxtaposición de
territorios, dependiendo de la forma desplazamiento y de re-plegamiento. Los
mismos que no sólo se combinan y definen una coyuntura, entendida como articulación a territorial. A su vez,
este juego y movimiento territorial, también comprende sus propias
temporalidades. Complejidades de lugares diversos, distribución y combinación
de diferentes tejidos territoriales, concurrentes en diseminaciones espaciales,
construidas por esta abigarrada configuración de lugares y territorios. Empero,
a pesar de estos entrelazamientos territoriales, los espacios aparecen conformando
ciertas equilibraciones, parecen consolidar cierta perduración, parecen
contener ciertas estructuras que terminan institucionalizándose.
Los métodos, los procedimientos, las
teorías, tesis e hipótesis, los indicadores, los mapas, las cartografías, de
estas corrientes teóricas se introducen como recursos de descripciones
complementarias y representativas de estos ámbitos. Obviamente estos
instrumentos descriptivos ilustran las realidades tratadas, permiten el
esclarecimiento, ponderación, conmensuración, del tratamiento de los lugares,
territorios y espacios. Se hace posible una interpretación de los datos, una
lectura cuantitativa y espacial a partir de los datos, una hermenéutica de los
mapas, de sus cartografías, pero también de sus recorridos y circuitos. Estamos
ante la narrativa de otros lenguajes. Los leguajes espaciales y de los
espesores territoriales, también los lenguajes de los cuerpos. ¿Dónde se contrastan estos instrumentos, también
estas teorías, estos conocimientos, estas ciencias? Podemos decir que se
contrastan ante desafíos abrumadores de historias, experiencias y espacios-tiempos asumidos como verdaderos
desafíos. Por eso, el Parcurse de
territoire se convierte en toda un desafío y en una prueba cuando se hace
una evaluación de los recursos epistemológicos de las corrientes geográficas,
cuando se coloca ante el desafío de una complejidad efectiva, de una realidad
histórica, social, cultural, económica, configurada, es decir, dada, como es la
construcción del espacio, de los territorios y los lugares en los Andes.
El desafío andino
Este es el desafío. ¿Cómo
describir, interpretar y explicar la construcción del espacio andino? Esta es
una problemática asumida a partir de una interpelación del intelectual aymara
Simón Yampara y de la experiencia vivida a través de las investigaciones por
Hubert Mazurek en Bolivia y el Perú. El dialogo intercultural, la comunicación,
el juego decodificador entre geografía y espacio andino, se hace exuberante a lo largo
de las reflexiones del Parcurse. En
adelante no pretendemos una exposición exhaustiva de todo el decurso de la
contrastación que hace Hubert Mazurek; lo que busca es mostrar ciertos
encuentros interpretativos entre geografía y espacialidad andina.
Desde la lectura hecha del Parcurse, se considera que un núcleo
fundamental del desafío andino radica en la complejidad del ayllu, en su composición, conformación y
configuración institucional. Desde la perspectiva geográfica, parte del desafío
andino a la ciencia del espacio no sólo tiene que ver con la composición dual y
complementaria del ayllu, con la
estructura rotativa de los mandos, con la movilidad y la no-delimitación y
definición de fronteras, es decir, la ausencia de límites y fronteras, sino también con la
concepción combinada del espacio y tiempo. Otra parte del desafío tiene que ver
con la construcción del espacio, del territorio y del lugar, concebidos como
espaciamientos y temporalidades articuladas en su propia inmediatez de manera
simultánea, integrada y articulada, por lo tanto, en su propia complejidad.
Uno de los puntos de partida,
pues hay varios, es la comprensión del taypi,
del centro, como del lugar de encuentros y realización de las dualidades y
complementariedades. Este lugar, que es, al mismo tiempo no-lugar. Espacio
vacío y de ocupación provisional, espacio de reunión y de consenso, aunque
también de tensión y confrontación, de tinku,
como forma dramática y ritual de resolución de conflictos.
¿Qué función cumple el taypi en la construcción del espacio
andino? ¿Es como el lugar vacío y ausente que da sentido a la cadena o cadenas
móviles significantes? Haciendo uso de una interpretación psicoanalítica. Al
respecto, hay que decir que, en primer lugar, este centro no está ausente, no
es virtual, sino real, está presente; aunque es vacío es, empero, lugar de
conexión, de reunión, lugar ceremonial, lugar que expresa la densidad de la
complementariedad. A diferencia de la plaza de armas española, que es un centro
de poder, el taypi es centro de
comunicación y de fiesta, de consenso y de catarsis, donde se expresa la
potencia comunitaria. Es el lugar de fisura de la dualidad simbólica, pero
también, por eso mismo, es el lugar de conexión, contacto, del símbolo, es
decir de las dos partes que constituyen el símbolo. Lo que importa en este
caso, desde la interpretación geográfica, es responder a la pregunta de cómo se
construye el espacio a partir del taypi.
El taypi
es como el centro de la turbulencia, de los movimientos y de los
desplazamientos, de los circuitos complementarios y de los recorridos de las
prácticas. Entonces este centro ceremonial, de rituales, de comunicación, de
consensos, permite la configuración de un espacio intenso y dinámico, en
constante movimiento y desplazamiento.
Hay que tener en cuenta que el ayllu no es una entidad aislada, al
contrario, se halla conectada a otros ayllus, a otras comunidades, a las
familias y relaciones familiares componentes del ayllu y de los otros ayllus, a las alianzas político-territoriales.
Responde a las filiaciones y alianzas estratégicas. Entonces tenemos una distribución de ayllus en
espacios de tejidos territoriales, por lo tanto tenemos también una distribución
de centros de dualidades y complementariedades. Estos tejidos conforman la marka. Se trata de una composición
espacial más compleja, más abarcadora, que exige una coordinación de ayllus; lo
que va llevar también a una coordinación de markas.
El conjunto de markas, a su vez, constituye
al suyu, que es como una nación
pensada en términos territoriales, tal como se asumen ahora los suyus en el Consejo de Ayllus y Markas
del Qullasuyu (CONAMAQ). El suyu
aparece como una constelación de ayllus y markas,
donde los ayllus y markas se complementan, funcionan a partir de la lógica de las
complementariedades, haciendo posible la gestión transversal de los nichos
ecológicos, la administración de los cultivos, de los bienes y de los climas,
que van a ser movilizados en los circuitos de las compensaciones e los
circuitos complementarios. Los suyus formaron parte en otros tiempos de
verdaderas confederaciones.
La hipótesis interpretativa
subyacente se puede expresar de la manera siguiente: A partir del ayllu que se organiza esta espacialidad
compleja de complementariedades, de circuitos y de articulación del
archipiélago andino. Otra hipótesis, derivada de la anterior, nos muestra al ayllu como el núcleo de la potencia
comunitaria, también de la energía de la creación de un espacio articulado por
las lógicas de la complementariedad.
Una primera conclusión que
podemos sacar de este comentario se resume de la manera siguiente: Yano se
trata solamente de resolver la problemática de las relaciones entre lugares,
territorios y espacios, sino de comprender que lo que acabamos de dibujar, las
redes complejas de ayllu-marka-suyu,
tienen que concebirse a partir de ciclos espacio temporales, ciclos no
solamente dinamizados por las complementariedades, sino que son ciclos donde se
producen los que llamamos lugares, territorios y espacios. Por lo tanto, dejan
de ser solamente eso, lugares, territorios y espacios, dejan de ser tópicos; de
esta manera debemos concebirlos dentro de la temporalidad del ciclo, como
lugares, territorios y espacios en el ciclo del espacio-tiempo. Momentos de
movimientos cíclicos. Por lo tanto, ya no se trata sólo de la problemática
espacial, de la construcción social del espacio, sino de la construcción del
tiempo, de la temporalidad, en sentido de sus ciclos. Entonces tendríamos que
hablar ya no de una geografía, sino de una geo-tempo-grafía.
Pero, no se trata de dar nuevos
nombres a la geografía, sino de apuntar los desafíos. Entre estos desafíos se
encuentra la complejidad barroca de la historia misma del espacio andino. Los
periodos de la colonia y los periodos de la república van inscribir otros
espacios y otras cartografías que se yuxtaponen a la matriz espacial andina
ancestral. Los repartimientos, las mitas, las encomiendas, la fundación de
ciudades y la construcción de plazas, las reducciones de pueblos de indios, las
parroquias, los circuitos mineros y los de la coca, primero, durante la colonia;
y las intendencias, las administraciones de las repúblicas, los departamentos,
la conformación de una geografía política en el Estado-nación, la expansión de
los mercados, la expansión económica hacia el mercado internacional y la
división del trabajo en el sistema-mundo capitalista, después, en los periodos
republicanos; ambas secuencias históricas van a terminar de configurar,
conformar y construir otros lugares, territorios y espacios, erigidos en un
imaginario que separa espacio de tiempo y percibe un tiempo lineal.
La gran dificultad de la
geografía humana es entender este barroco espacial, sobre todo entender la
relación entre las distintas concepciones espaciales, territoriales y de
lugares. La forma cómo se conforman y se adecúan, cómo resuelven la diferencia
de sus lógicas y prácticas. La gran dificultad se encuentra en desentrañar esta
maraña.
Ahora es conveniente que
retomemos algunas conclusiones del Parcurse.
A los desafíos de la geografía, tomando en cuenta el alcance de estos desafíos,
recogiendo de la evaluación los aportes epistemológicos de la geografía
contemporánea, sobre todo de la geografía humana, se sugiere algunas
conclusiones que pueden empujar a la investigación geográfica a avanzar a un
tratamiento más adecuado a las complejidades que enfrenta. Una conclusión
indispensable parece ser la de estudiar las formas dinámicas de los distintos
movimientos espaciales, considerando su inherente temporalidad. Esto implica
también concentrarse a estudiar las particularidades de la heterogeneidad. Se
requiere un análisis de las tensiones entre los anclajes territoriales y la
pluralidad de lugares. Lo que implica, a su vez, considerar la heterogeneidad y
la variedad de lugares como un efecto de grupo, significativo de la activación
de redes espaciales.
Otra conclusión sugerente tiene
que ver con concebir la teoría del territorio como una teoría de los riesgos y
las vulnerabilidades, visualizadas espacialmente. Al respecto debemos entender
que la vulnerabilidad se puede interpretar como la inestabilidad de un elemento
respecto a su adecuación con su entorno.
En este sentido, es indispensable estudiar el contexto donde aparece la
vulnerabilidad, el carácter que permite la expresión de la vulnerabilidad,
además de la relación del elemento en cuestión y su contexto donde se da la
vulnerabilidad.
Una tercera conclusión tiene que
ver con las respuestas posibles a estos riesgos y vulnerabilidades manifestados
espacialmente. La propuesta es la de retomar una comprensión participativa de
la democracia ampliando los alances, el sentido y la práctica de la gobernanza.
Una cuarta conclusión tiene que
ver con el despliegue de la geografía en el ámbito epistemológico de la teoría
de la complejidad, concibiendo una mirada integral e interdisciplinaria de las
ciencias.
Apreciación sobre la reflexión
Se puede decir que la
contrastación entre geografía y complejidades espaciales, territoriales y de
lugares, entre corrientes geográficas, por un lado, y experiencias,
percepciones, cosmovisiones de la gente,
además de esquemas de comportamientos y prácticas, por otro lado, nos muestra
los avances de la geografía contemporánea y el reconocimiento de una
sensibilidad mayor ante la heterogeneidad y diversidad de las realidades
espaciales.
Estamos ante un aporte de la
reflexión epistemológica y metodológica sobre los desarrollos cognoscitivos e
instrumentales de la geografía contemporánea, sobre todo de los despliegues y
el debate de la geografía humana. A través de esta revisión, logramos
visualizar el avance e incorporación de la geografía a las teorías de la
complejidad, es decir, al nuevo
paradigma. Sobre todo importa el desplazamiento epistemológico en torno a las
concepciones y significaciones territoriales. Este es uno de los temas más
inquietantes debido a la complejidad de los espesores territoriales y de los
espesores culturales que comprende el territorio.
En lo que respecta a la
contrastación entre miradas y perspectivas geográficas, decodificaciones e
interpretaciones epistemológicas, por un lado, y el desafío del espacio andino,
de la espacialidad y temporalidad andina, por otro lado, es importante anotar
el conocimiento, el manejo y la experiencia que se tiene respecto a los
imaginarios y configuraciones del espacio-tiempo andino, concebido desde la
cosmovisión de la pacha, dualidad,
complementariedad, equilibrio del espacio-tiempo, de la alaj-pacha, espacio tiempo universal, de la aca-pacha, espacio tiempo terrestre, de la manca-pacha, espacio tiempo del subsuelo y de la interioridad, que
además suponen la articulación de todos estos espacio-tiempos en la totalidad
plural y complementaria, tak’pacha. La
importancia del aporte radica en no sólo utilizar el bagaje representativo de
este espacio-tiempo, de estas espacialidades y temporalidades complejas, sino
en teorizar sobre otra forma de construcción de la espacialidad, que va más
allá de la relación entre lugares, territorios y espacios. El secreto de la
construcción del espacio andino radica en la idea transversal de ciclo, en el
esquema de la dualidad y complementariedad, situados en la estructura dinámica
y cíclica del ayllu, sobre todo
situados en un lugar que no es lugar, en un no-lugar, la idea de vacío del taypi.