Las singularidades del acontecimiento
Raúl Prada Alcoreza
Índice
Potencia social y poder en Bolivia
En defensa del
proceso constituyente
Sintomatología del conflicto
La densidad imaginaria de los
centrismos
Esencialismos,
sustancialismos y fundamentalismos
Un Estado tramposo
La guerra sucia
Psicología de los gobernantes
Cuando ya no se tiene
vergüenza de nada
Las líneas de fuga de las marchas indígenas
Las nueve marchas indígenas
Diletantismo gubernamental
De la violencia contra la mujer
Potencia social y poder en Bolivia
En defensa del proceso constituyente
Es importante concentrarse en el
proceso constituyente y en la Constitución. No solamente porque se trata de
acontecimientos cardinales, sino para tratar de comprender por qué suscita
tanta reacción. Se han escuchado y se siguen escuchando voces que observan al
proceso constituyente y descalifican la Constitución. De un lado y de otro,
desde lo que se nombra como derecha, también desde la izquierda, así como desde
el nacionalismo. ¿Qué se dice? ¿Qué se observa? ¿Qué se descalifica? Se
entiende que la derecha haya visto como una amenaza el proceso constituyente,
así como ve como una amenaza a la Constitución. Pero, ¿por qué la izquierda
está en desacuerdo con el proceso constituyente y la Constitución? También se
puede entender que el nacionalismo, sobre todo el nacionalismo de Estado,
encuentre problemática la Constitución; hasta ahora no puede concebir algo tan
extraño a sus prejuicios como el Estado plurinacional comunitario y autonómico.
Para el nacionalismo el Estado-nación es eterno o el fin de la historia. En lo
que sigue nos concentraremos en las críticas de la izquierda al proceso
constituyente y a la Constitución.
Vamos a seleccionar los argumentos más
sobresalientes de la crítica. Se dice que el proceso constituyente, respaldado
por el proceso de las luchas y movimientos sociales anti-sistémicos, desconoce
la lucha de clases y se concentra en la guerra de razas, cuyo efecto es
provocar un racismo al revés, un racismo invertido. También se critica el
localismo del proceso boliviano, el de refugiarse en las contradicciones
locales sin observar las contradicciones que se dan en el mundo. En esta
perspectiva también se critica la disposición descolonizadora del proceso
constituyente; se dice que ocurre como si el proceso se encontrara atrapado en
una lucha que se dio hace siglos, que sigue luchando contra el colonialismo
cuando debería estar luchando contra el capitalismo. El proceso constituyente,
abierto por la lucha anticolonial de los pueblos indígenas, no se sitúa en la
actualidad, no comprende la modernidad. Por lo tanto, de aquí se deduce que se
critica la posición indígena anti-moderna y en contra el desarrollo. Se dan también
críticas desde la izquierda parecidas a las críticas efectuadas por los
nacionalistas y también por la derecha. Se dice que no se ha debido reconocer a
las naciones indígenas, a su libre determinación y autogobierno, pues esto
equivale a la disgregación del Estado boliviano, otorgando a las naciones
indígenas el derecho a la autodeterminación. Que sólo hay una nación boliviana
con sus composiciones diferenciales, basadas en las fuentes indígenas,
mestizas, criollas y migrantes. También se critica la perspectiva y
condicionante comunitaria de la Constitución. Se dice que querer revivir las
comunidades ancestrales es un retorno insostenible al pasado, que esta posición
es un obstáculo al desarrollo y a la industrialización. Aunque se dan también
posiciones a favor de las comunidades, empero se exige observar su pluralidad,
también tomar en cuenta las condiciones y características urbanas, donde no se
dan comunidades. En la misma perspectiva, va a ser sugerente introducir una
discusión sobre la relación entre Estado y comunidad. ¿Puede darse un Estado
comunitario? ¿No ocurre más bien que la comunidad se opone al Estado?
Hasta aquí una gama de argumentaciones
críticas vertidas por la izquierda. Las cuales van a ser atendidas en la
evaluación y análisis de estas observaciones.
Antes de iniciar la evaluación parece
indispensable situarse en el mapa político, ya que se ha nombrado a la derecha,
a la izquierda y al nacionalismo. ¿Dónde se encuentra ubicada la posición
indígena? ¿Dónde se encuentra ubicada las perspectivas de los movimientos
sociales anti-sistémicos contemporáneos, de las naciones y pueblos indígenas
originarios? ¿Más allá de la izquierda y la derecha? ¿Más allá del
nacionalismo? ¿Una tercera vía? ¿Una nueva izquierda, no tradicional? El
problema de este mapa es que se basa en un esquema inmóvil y dual,
izquierda-derecha. ¿Puede mantenerse este esquema cuando se enfrentan procesos
dinámicos? Procesos que además son contradictorios, atravesados por pugnas de
tendencias, unas que tratan de detener el proceso, otras que buscan mas bien
profundizarlo, aunque también se detectan tendencias que buscan un ritmo más
lento, diferido y conciliador. ¿Puede sostenerse el esquema cuando el mismo
proceso se halla inserto en contextos regionales e internacionales,
condicionados y controlados por relaciones y estructuras de poder consolidadas?
Parece mas bien que es necesario contar con mapas dinámicos y esquemas móviles
para poder aplicarlos a procesos altamente complejos. Lo que era considerada
izquierda puede dejar de serlo simplemente porque sus posiciones se convierten
en resistentes y obstáculos al proceso, se convierten en posiciones francamente
conservadoras y pre-juiciosas respecto a los fines mismos del proceso. No
decimos que la derecha se puede volver la izquierda; esto parece imposible
debido a los intereses de clases y de casta que se defiende. Empero decimos que
lo que era posición de izquierda en una coyuntura puede llegar a ser una
posición conservadora en otra coyuntura. Estos cambios son notorios sobre todo
cuando se está en funciones de gobierno. La llamada izquierda, o una parte de
ella, tienden a defender el gobierno y la institucionalidad, obligada a
enfrentarse a las exigencias de los movimientos sociales, sobre todo a sectores
radicalizados de estos movimientos y sus organizaciones. Ocurre que en procesos
complejos y contradictorios las alianzas se rompen, pues los intereses de su
composición entran en conflicto, en
condiciones de incompatibilidad. Por lo tanto, aparecen nuevos
posicionamientos, que se plantean la continuidad de las luchas con el objeto de
profundizar el proceso.
En estos escenarios mutables, ¿cómo
identificar a la izquierda, a la derecha, al centro? Aunque este esquema dual
de izquierda-derecha puede servir perentoriamente, empero bajo la condición que
sea también móvil y dinámico. Pero, lo que importa no es identificar dónde
están las fuerzas, en la izquierda o en la derecha, sino comprender el juego
complejo de las fuerzas, de sus correlaciones, del entrelazamiento de sus
tendencias, de la marcha dificultosa del proceso, de su ritmo y
direccionalidades. ¿Para esto hace falta definir la izquierda y la derecha? Puede
ser, pero no es lo más indispensable, lo fundamental es comprender e
interpretar el carácter de la lucha en la coyuntura en cuestión. Las
acusaciones de derechismo son muy fáciles y livianas, son parte de la retórica
política y de la táctica de descalificación. Esto no debe preocuparnos, aunque
ya muestra síntomas alarmantes de la decadencia política e ideológica. Lo que
debe preocupar en primera instancia es identificar la estructura, si podemos
hablar así, de las contradicciones del proceso y en la coyuntura. No se trata
de una derecha en abstracto, tampoco de una izquierda en abstracto, de lo que a
muchos les gusta investirse para cubrir sus propias contradicciones,
conservadurismo y prejuicios. Se trata de problemas concretos, puestos en mesa,
como la discusión sobre los territorios indígenas, los bosques, los
ecosistemas, la madre tierra, el carácter del modelo político, del modelo
económico, del modelo territorial, de la Constitución. Problemas como los
relativos al control sobre los recursos naturales y el proceso de su
explotación. Problemas como los relativos a la transición, a las
transformaciones en la transición, a la transición transformadora. No se puede
eludir estos problemas simplemente acudiendo a hipótesis débiles de la
conspiración.
En relación a la ubicación en el mapa
político de la posición indígena, se puede decir con claridad que, en primer, es
lugar anti-colonial y descolonizadora. Las luchas indígenas contemporáneas se
basan en la tesis de la colonialidad, es decir, de la subsistencia de las formas
coloniales de dominación hasta la actualidad. Esta tesis se ha resumido en la
definición del colonialismo interno. Este es un problema político mayúsculo; no
se puede construir la democracia, la democratización, la profundización
democrática, sobre la base de la subsistencia de relaciones y estructuras
coloniales, es decir, basadas en la racialización de las relaciones de clase.
El olvido de esta formación concreta lleva a posiciones abstractas de lucha
contra el capitalismo, posición general que no afecta a la dominación y al
control del capitalismo, pues se trata
de una posición discursiva, que vale para todas partes y, por lo tanto, para
ninguna. No tiene efectos de destrucción del capitalismo, mas bien este
discurso general termina siendo funcional. Es como una autosatisfacción de ser
anticapitalista pero sin luchar concretamente contra el capitalismo, tal como
se da en las periferias del sistema-mundo capitalista. La tesis indígena es más
bien la premisa primordial del anti-capitalismo efectivo.
Retomando el esquema simple discutido,
el esquema dual de izquierda-derecha, el mapa político acostumbrado, podemos
decir con toda precaución que se trata de aproximaciones esquemáticas, que la
manera efectiva de asumir una posición de izquierda es desplegar primero una
lucha anticolonial y descolonizadora. Esta es la base del anti-capitalismo
efectivo, no de un anti-capitalismo discursivo, que pelea contra las formas
generales del capitalismo sin lograr articularse a las luchas concretas del
proletariado, de las masas y de las multitudes. Ahora bien, ¿qué clase de
izquierda denota esta posición o este posicionamiento concreto y específico de
los movimientos sociales anti-sistémicos, de las naciones y pueblos indígenas
originarios? No se trata de repetir las posiciones y los enunciados de la
izquierda tradicional, que a lo largo de la historia política de Bolivia no han
dado resultado, no han logrado interpretar la formación económica y social
boliviana, sobre todo en sus coyunturas críticas, llegando a aislarse de los
acontecimientos más importantes desatados por las luchas sociales del pueblo
boliviano. En lo que respecta a la posición indígena y anti-sistémica, se trata
de una izquierda efectiva, de una izquierda anti-colonial, descolonizadora y
anticapitalista.
Ciertamente los movimientos sociales
anti-sistémicos no son solamente indígenas;
en las luchas desatadas se ha manifestado elocuentemente la
participación de las ciudades, de los sectores populares urbanos, del
proletariado nómada y del pueblo movilizado. Sobre todo se han hecho evidentes
las interpelaciones populares al proyecto neo-liberal. Estos sectores tienen
arraigada una tradición nacional-popular, vinculada a las luchas por la
recuperación y soberanía sobre los recursos naturales, además de las luchas
sociales y democráticas. La parte más radicalizada de estos sectores, los
obreros, llegaron a asumir posiciones anti-capitalistas; ahora, después de la
experiencia de la crisis de la izquierda tradicional, no es tan fácil que esto
se dé, salvo en los mineros sindicalizados. Hay trabajadores de empresas
privadas, incluso de minas privadas, que exigen más bien garantías para sus
fuentes de trabajo. Los del sector textil pidieron incluso la reapertura de la
ATPDA, el convenio especial con los Estados Unidos de América para la
exportación de manufacturas bajo la condición del cumplimento de la lucha
contra el narcotráfico. Estos posicionamientos nos muestran más bien un mapa
político disperso de los trabajadores. A estas alturas, no se puede caer en una
especie de hegelianismo vulgar, que se esconde en las elucidaciones de un
marxismo vulgar, que concibe la dialéctica de la clase en sí que contiene la posibilidad de la clase para sí. La confrontación política con el control y
dominación capitalista no dependen de una dialéctica encapsulada como
posibilidad en el en sí de la clase,
sino depende del despliegue y la intensidad de la misma lucha de clases. Edward Palmer Thompson
ya decía que las clases sociales sólo existen como producto de la lucha de
clases. Los mineros bolivianos reunidos en Pulacayo el año 1946 llegaron a la
famosa tesis política empujados por la lucha de clases y por un trabajo
político sistemático; ahora se llegará a nuevas tesis anti-capitalistas
empujado por la lucha de clases y la guerra anticolonial y descolonizadora. No
es la providencia de la dialéctica la que logra una consciencia política
anti-capitalista.
Ahora bien, ¿cuál es la relación entre
la lucha anticolonial y descolonizadora indígena y la lucha anti-capitalista?
¿Cuál es la relación entre los movimientos indígenas y los movimientos sociales
anti-sistémicos? ¿Cuál la relación entre las naciones y pueblos indígenas y los
sectores populares urbanos? Estas preguntas tienen que vislumbrarse a la luz de
las experiencias de las luchas sociales. Durante la llamada guerra del agua de
Cochabamba (1999-2000) las organizaciones de regantes, las organizaciones de
fabriles, las organizaciones campesinas, las organizaciones indígenas, las
organizaciones de vecinos, las organizaciones de profesionales y las ONGs se
coaligan en torno a la defensa de un bien común, el agua, de un bien primordial
para la reproducción de la vida. Durante la llamada guerra del gas, que termina
de concentrarse en la ciudad de El Alto (2003), las organizaciones campesinas,
las organizaciones indígenas, las juntas de vecinos y toda clase de gremios,
además de las organizaciones obreras y de los trabajadores, se coaligan en
torno a la defensa del gas, de los recursos naturales, además de acordar la
convocatoria a la Asamblea Constituyente. La resistencia al proyecto neoliberal
se convierte en una ofensiva popular, que logra articular la lucha anticolonial
y descolonizadora con la lucha contra la desposesión y el despojamiento
efectuados por el proyecto neoliberal, logra articular la defensa de los bienes
comunes con la lucha contra la última forma política del capitalismo, el
neoliberalismo. Es en esta articulación, en esta coalición, que debemos
encontrar el secreto no sólo de las alianzas sino del carácter de las luchas
sociales contemporáneas.
La alianza entre indígenas, campesinos
y sectores populares urbanos se realiza sobre la base de la defensa de lo
común, la tierra, el territorio, los bienes comunes para la reproducción de la
vida. Se trata de una proyección indígena y popular anti-neoliberal. Contra la
privatización de las condiciones de vida, tanto financiera como empresarial
trasnacional. Esta es la base de la articulación de proyectos políticos más
propios de los conglomerados componentes de las alianzas; el proyecto
descolonizador indígena y el proyecto nacional-popular de recuperación soberana
de los recursos naturales. No se trata en este caso de una idea general de lo
nacional-popular, por ejemplo de la continuidad plebeya de las banderas de
abril, de la revolución nacional de 1952, de la conclusión de la construcción
del Estado-nación. No es esa idea nacional-popular la que se ha ventilado en
las luchas sociales del 2000 al 2005 y en el proceso constituyente. Se trata de
la recuperación de los recursos naturales para los bolivianos, de su uso y
aprovechamiento en la perspectiva del vivir bien. El pacto constitucional no
apunta a la conclusión de la construcción del Estado-nación, sino a la
construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Se trata de la
condición nacional-popular en el marco del Estado plurinacional, no del
Estado-nación. Lo popular urbano se mueve en otros códigos, que ya no son
nacionalistas.
En este contexto de realizaciones
políticas no es la nación boliviana el sustento ideológico de legitimación, no
es la nación boliviana lo que unifica a los proyectos políticos en cuestión,
inherentes al proceso. Es difícil aceptar un núcleo común en este panorama
complejo; se trata más bien de redes y tejidos, de recorridos y circuitos, que
articulan la diversidad. Es una confederación de naciones y pueblos el espectro
de esta articulación; son el autogobierno, la libre determinación, el
pluralismo institucional, las materialidades políticas de esta articulación
social, económica y cultural. Se trata entonces de una coordinación
complementaria e integrante más que de una centralidad. Ya se puede ver
entonces las dificultades de la transición hacia el Estado plurinacional
comunitario y autonómico. También se puede entender que se den resistencias
institucionales a esta transformación, resistencias de las instituciones del
Estado-nación, liberal y colonial. Resistencias no sólo liberales sino también
modernas a este viaje histórico a las condiciones de la pluralidad. Estas
resistencias no sólo vienen de los nacionalistas sino también de los marxistas.
A los marxismos le son difíciles salir de los esquematismos de la centralidad,
de la unidad, del uno, de la unificación homogeneizante. Le son difíciles
aceptar la complejidad y la alteridad de la pluralidad interrelacionada y
dinámica.
Este es el tema filosófico y
epistemológico que hay que discutir en relación al proceso constituyente y a la
Constitución, proceso y Constitución que deben ser pensados desde la
pluralidad, a partir de un pensamiento pluralista. Caso contrario, si
pretendemos interpretar la Constitución y el proceso constituyente desde los
paradigmas modernos arborescentes, jerárquicos y centralistas, no se podrá
acceder a los desafíos del proceso y la coyuntura política. No se podrá
entender la Constitución y se terminará identificando contradicciones en el
texto constitucional, leído como exposición jurídica-política y no como
acontecimiento político.
Ahora nos concentraremos en las críticas
de la izquierda tradicional al proceso constituyente y la Constitución.
Lucha de clases y guerra anticolonial
La lucha de clases y las clases
sociales no son una abstracción ni se dan como generalidad; la lucha de clases
de da de forma concreta y especifica, en relación a determinados problemas, a
determinadas demandas, en coyunturas específicas y lugares definidos. Hay lo
que podemos llamar la temporalidad de la lucha de clases, que comprende el
mismo tiempo, el ritmo, la intensidad de las luchas; también se da lo que
podemos llamar la espacialidad de la lucha de clases, que comprende no sólo el
lugar, sino el mapa de fuerzas, de frentes, de puntos de enfrentamiento.
Integralmente deberíamos hablar del espacio-tiempo de la lucha de clases,
también del espaciamiento de la lucha de clases; también deberíamos hablar de lo
que una vez se atribuyó a Antonio Gramsci, de la categoría de fracción
geográfica de clase. Aunque el concepto de clase viene de la taxonomía de la
clasificación, la clase social pensada desde el marxismo tiene que ver
directamente con la dinámica de las luchas y los enfrentamientos. Las clases
sociales se constituyen en la lucha de clases. El análisis de las clases
sociales desde las perspectivas marxistas tiene que ver con la sociedades modernas
y el modo de producción capitalistas; las tesis de la lucha de clases son
validas para las sociedades capitalistas, para las sociedades modernas, atravesadas
por la explotación de la fuerza de trabajo, los procesos de proletarización, de
disgregación social y de polarización.
La conquista y la colonización van a
conformar sociedades coloniales, sociedades estructuradas sobre la base de la
racialización de las clases sociales y de la lucha de clases. Las resistencias
a la colonización van a derivar en la guerra anticolonial, esta guerra adquiere
connotación de guerra de razas y también, en momentos y periodos de la lucha
anticolonial, en guerra de naciones. En las periferias del sistema-mundo
capitalista la lucha de clases se realiza en forma de guerra anticolonial. La
guerra anticolonial que figura en forma de lucha contra la administración
colonial, contra los impuestos, los tributos, las obligaciones y servicios; de
este modo es una lucha contra la burocracia y el Estado colonial, empero
también deriva en una lucha contra los propietarios de haciendas y a veces de
minas. En la medida que las sociedades
coloniales y poscoloniales se desarrollan, la modernidad barroca los atraviesa
y hace de matriz cultural, así como después estas sociedades van a ser atravesadas
por la modernidad iluminista, la modernidad de la revolución industrial,
asumida en una etapa avanzada como modernidad de los Estado-nación; en estas
condiciones históricas la guerra anticolonial adquiere formas más concretas de
una lucha de clases moderna; el proletariado se enfrenta a los propietarios
mineros. Este enfrentamiento no es abstracto y general, se trata de un
proletariado minero, migrante del campo, un proletariado de piel cobriza que
enfrenta a propietarios mestizos, a la burguesía criolla. La lucha de clases
asume los perfiles de una historia efectiva y se da en un contexto que
reconocemos como de colonialidad.
Cuando la dominación capitalista
evoluciona en su forma imperialista, los Estado-nación, en germen o
institucionalizados, entren en contradicción con esta forma de dominación y su
expansión. La lucha de clases avanza en una lucha directa con las formas de
intervención imperialista y sus empresas trasnacionales; en estos escenarios,
las alianzas populares configuran alianzas de clases de acuerdo a las
circunstancias y la estructura de las contradicciones. El proletariado es el
eje articulador de estas alianzas, aunque en la mayoría de los casos no sea la
expresión política ni dirija los frentes. La guerra anticolonial adquiere la
figura de una lucha antiimperialista y de una lucha contra el neo-colonialismo.
Sólo en contados casos la dirección política de la lucha antiimperialista caerá
bajo la dirección de las expresiones políticas del proletariado. Por lo tanto
la lucha contra la burguesía nativa y los terratenientes se da en el contexto
de la lucha antiimperialista. En cada país, en cada periodo, adquiere perfiles
históricos particulares. Como se puede ver, la lucha de clases no es una
abstracción ni se da como generalidad, como categoría aislada del acontecer y
la historia efectiva. Las elucubraciones sobre la lucha de clases en abstracto
sólo se dan en la cabeza de ideólogos y propagandistas dogmáticos; también en
teóricos que separan teoría y praxis de la lucha de clases. Esto lleva a
deducciones, a análisis e interpretaciones al margen de los acontecimientos y
las historias efectivas.
A propósito, en la modernidad también
se dan fenómenos y comportamientos que reconocemos como tótem y tabú; las
agrupaciones, las corporaciones, los partidos, terminan asumiendo
identificaciones en las cuales se reconocen y actúan de acuerdo a esquemas de
comportamiento afines. Cuando los marxistas se invisten de esta identidad
militante no están lejos de la fenomenología del tótem y del tabú. La
investidura los hace propietarios de una verdad histórica, frente a los
mortales que no habrían llegado a esta consciencia histórica. Esta posición es
una especie de clausura. El problema no es tanto la diferencia y la distinción
que plantea, pues de alguna manera, las diferenciaciones, las distinciones y
las identificaciones son propias de las subjetividades humanas, sino que muchas
veces la ortodoxia los aísla de las historias efectivas y las realidades
concretas de la lucha de clases, a tal punto que cuando estallan estas luchas
no participan en espera que el cuadro teórico se realice. Tampoco esta posición
está lejos de los que esperan la llegada del mesías.
Lo importante no es declararse
marxista – a Marx tampoco le gustaba que se lo clasifique de esa manera -, lo
indispensable es participar en los acontecimientos y luchas de clases
efectivas, tal como se dan en los procesos históricos. Es mucho más claro, se
entiende mejor, comprender el comunismo como la realización práctica de la
lucha de clases. El problema no está tanto en la consecuencia teórica como en
la consecuencia política. Al respecto, el desafío del proceso boliviano es
mayúsculo; se trata de interpretar, comprender y participar en la lucha de
clases tal como se da, en tanto guerra anticolonial y descolonizadora. No se
trata de defender una teoría, de defender las tesis o las hipótesis heredadas,
tampoco de sólo usar las tesis e hipótesis aproximativas a los acontecimientos
de referencia; se trata de comprender lo novedoso de las nuevas experiencias
sociales relativas a los horizontes abiertos por las luchas, por lo tanto se
trata de elaborar nuevos conceptos para pensar los nuevos desafíos de las
luchas, de los procesos y las coyunturas, en el contexto de los horizontes
abiertos.
En relación a la racialización de la
lucha de clases, este fenómeno no es una invención de los indígenas ni de los
afro-descendientes; es algo propio de la geopolítica del sistema-mundo
capitalista. La racialización de la geografía de dominación es un fenómeno de
la colonialidad y de la modernidad, en tanto contextos de realización de las
violencias múltiples y culturales, relativas a la experiencia de la
vertiginosidad; sobre todo en tanto manifestación propia de la estructura de la
acumulación de capital y división del trabajo a escala mundial. Como dice Franz
Fanón la violencia se cristaliza en los huesos y se asienta en la piel; cuando
los dominados se levantan, no pueden hacer otra cosa que devolver la violencia
cristalizada en los huesos al dominador y al colonialista. Acusar a la guerra
anticolonial y al proyecto descolonizador de racista es transferir las
características de la dominación capitalista a los indígenas sublevados, como
si el racismo fuera una responsabilidad de ellos. Esta acusación no tiene sentido, salvo la
demostración del desconocimiento de los que la emiten de la estructura, las
características, la espacialidad y geopolítica del sistema-mundo capitalista.
También en una clara muestra de la marea de cómo se separan de la lucha de
clases concreta y efectiva.
Etiene Balibar e Immanuel Wallerstein
debatieron y reflexionaron sobre este fenómeno de la estructura racial de las
sociedades modernas y sus proliferantes manifestaciones y consecuencias
políticas, económicas y culturales[1]. El
racismo y la racialización atraviesa a todas las sociedades modernas, las
clases sociales y las luchas de clases están también racializadas, las luchas
de clases se dan de una manera concreta afectadas y estructuradas a partir de
la racialización. No es por tanto una casualidad que sean los movimientos
indígenas los que efectúen la interpelación más radical al capitalismo; esta
interpelación es tanto a la ejecución a escala global del procedimiento de despojamiento y
desposesión neoliberal, a la explotación de la fuerza de trabajo, a la privatización
financiera de lo común; así también es una interpelación a la dominación racial
de los Estado-nación y del orden mundial. La lucha contra el racismo, contra la
estructura racial de las sociedades y de los estados es una tarea ineludible de
la lucha de clases por parte de las clases explotadas racializadas; la forma de
la guerra de razas es una figura de la lucha de clases. No se puede desconocer
esta concreción y esta manifestación empírica de la lucha de clases.
Ahora bien, la problemática es
bastante compleja; no se trata solamente del mapa disperso, distribuido y
abundante de las clasificaciones que se hacen localmente o regionalmente,
clasificaciones sintomáticas debido a la configuración colorida y diseminada
que se hace de acuerdo a los imaginarios raciales locales, sino también de los
juegos de poder en torno a las representaciones raciales. Ante la expansión y
emergencia de las luchas sociales, los movimientos anti-sistémicos y la guerra
anticolonial desatada por las naciones y pueblos indígenas, los prejuicios
raciales retrocedieron sin necesidad de desaparecer; en este contexto, de manera problemática y
solapada, usada ideológicamente y discursivamente la representación indígena
puede servir políticamente para legitimar gestiones restauradoras y proyectos
extractivistas. Puede servir también para objetivos menores, como sustituir en
la administración a los funcionarios tradicionales, mestizos y criollos, aunque
el problema de fondo no sea éste, sino cambiar definitivamente la estructura y
las relaciones de poder, las prácticas de gestión de la administración pública.
El síntoma se encuentra en estos espacios de disputa; no se persigue cambiar el
Estado sino copar el mismo Estado, haciendo lo mismo que hacían los
funcionarios tradicionales. La justificación se encuentra en el cambio de piel.
La acusación de racismo invertido es emitida por los funcionarios mestizos y
criollos que se sienten amenazados; la justificación de de la copación de
cargos es ventilada por los que se consideran indígenas urbanos. Es este el
síntoma dónde debemos detenernos, pues, a pesar de sus limitados contornos
puede mostrarnos el sentido de la acusación de racismo invertido.
Descartemos de la evaluación el
alcance estratégico de esta pugna, lo que interesa es comprender el sentido de
las posiciones en torno al tema, la legitimidad de quiénes ocupan los puestos
de un Estado que permanece, de una arquitectura administrativa que se mantiene.
Lo que se demanda por un lado es la copación de los puestos, lo que se demanda
del otro lado es la conservación de la experiencia y la profesionalidad. Lo que
llama la atención de estos reclamos es que los cambios que se han dado en el
aparato público son mínimos, no ha habido un copamiento masivo de funcionarios
de procedencia indígena, aunque la presión haya sido constante por parte de los
dirigentes. También llama la atención que la preocupación sobre el cambio se
restrinja a ocupar puestos y no la transformación estructural de la
arquitectura administrativa del Estado.
Haciendo un balance descriptivo de los
cambios y desplazamientos en la administración estatal, podemos ver que la
llamada clase media mestiza y criolla no ha sido substituida; que lo que ha
ocurrido es la incorporación de algunos avalados por las organizaciones, además
de los cambios en los ministros, vice ministros, directores y jefes de unidad
con gente de confianza, aunque no sean indígenas. Retomando este cuadro se nota
que es exagerada la acusación de racismo invertido. ¿Qué es lo que ocurre entonces?
Se trata de un empoderamiento masivo de los espacios de expresión, de
manifestación, discursivos y de imágenes; esto ocurre en el ámbito de las
relaciones sociales, aunque no se refleje en las modificaciones del aparato
público, si descartamos al mismo presidente y algunos ministros. Lo que ha
cambiado es la valoración simbólica; se ha producido el trastrocamiento de las
estructuras simbólicas, de los imaginarios, de las predisposiciones
psicológicas. Concurre entonces una descolonización en los espacios simbólicos,
imaginarios y psicológicos, aunque este proceso no haya concluido de ninguna
manera. Este es uno de los efectos más notorios del proceso. Teniendo en cuenta
este desplazamiento, no se puede afirmar que hay un racismo invertido. El
racismo aparece más bien en los que acusan de esta manera.
El gran desafío de las sociedades
plurales y del Estado plurinacional es lograr la interculturalidad
emancipadora, es abrir el curso a las intersubjetividades interculturales, es
construir consensos a partir de la práctica intercultural y la convivencia
plurinacional. No son tareas fáciles de cumplir; se trata de procesos de
maduración y de transformación profundos. La base jurídica-política de estas
transformaciones se encuentra en la Constitución, la matriz histórica-política
de estas transformaciones se encuentra en la experiencia de las luchas
sociales; que puedan efectuarse depende de las transformaciones en las
prácticas y relaciones cotidianas, en la conformación de sujetos y de las
conexiones intersubjetivas. Considerando la problemática intercultural y
observando desde la perspectiva de la transición se detecta la debilidad de la
acusación de racismo invertido. La pregunta a los que emiten la acusación es si
se quiere no solo asumir la especificad de la lucha de clase sino también sus
consecuencias transformadoras; una de estas consecuencias tiene que ver con la
convivencia intercultural.
Modernidad y colonialidad
Entendamos la modernidad como la
matriz cultural del capitalismo, donde se incuba el capitalismo y se
desenvuelve, transformando al mismo tiempo a la misma modernidad. La
colonialidad es la herencia estructural de la colonización y la colonia; se
trata de una estructura de poder racializada. La modernidad no puede entenderse
sin la colonialidad, tampoco el capitalismo sin la colonización y el
colonialismo; forman parte del sistema-mundo capitalista. La profundidad, si se
quiere, el espesor de la modernidad, se encuentra precisamente en la colonialidad.
La historia de la modernidad, la realización misma de la modernidad, concurre
con la colonización y la expansión colonial; la dominación y el control
capitalista se instauran y despliegan en el mundo, se configura un mundo, un
sistema-mundo, por medio del despliegue de las violencias polimorfas de la
colonización y la colonia. El transformado de la modernidad es la colonialidad.
Ciertamente, cuando hablamos de
modernidad no hablamos de algo homogéneo, sobre todo de una experiencia
homogénea; la realización y expansión de la modernidad se da mas bien de manera
heterogénea. Hablemos entonces de la modernidad en clave heterogénea, discutamos
entonces las modernidades heterogéneas. Bolívar Echeverría identifica distintas
modernidades de alguna manera secuenciales[2];
la modernidad barroca, correspondiente a los primeros periodos coloniales; la
modernidad iluminista, a partir de las reformas borbónicas y la revolución
industrial; y la modernidad de los Estado-nación, correspondiente a los
proyectos nacionales. Podríamos añadirle una nueva forma de modernidad como
parte de la experiencia contemporánea; nos referimos a la modernidad relativa
al proyecto neoliberal, que ha sido identificada como posmodernidad por una
lectura más filosófica y estética. Esta taxonomía de la modernidad de Bolívar
Echeverría es sugerente pero no es exhaustiva; lo que no hay que perder de
vista es que las experiencias de la modernidad no pueden ser sino heterogéneas,
dependiendo de los momentos y los lugares.
Como dice Enrique Dussel el primer
hombre moderno es Hernán Cortés, el primer acto constitutivo de la modernidad
es la conquista[3].
La modernidad se construye sobre la base de la colonización, es decir, el
despojamiento y la desposesión de territorios, de recursos, de pueblos y
poblaciones, la asimilación de sociedades y civilizaciones a la vorágine del
capitalismo. El capitalismo no es un fenómeno europeo, como creen muchos
marxistas, es un fenómeno mundial, ocasionado por la conquista, la
colonización, la expansión imperialista, el dominio global de los mares y los
mercados. La modernidad deviene de la experiencia de la vertiginosidad, del
trastrocamiento profundo de instituciones, valores, sistemas de símbolos,
imaginarios, de costumbres, tradiciones, relaciones, estructuras y formas
antiguas de sociedad. A la modernidad se la ha representado en tanto
experiencia volátil, como cuando todo lo solido se desvanece en el aire. La
modernidad ha sido producida por movimientos impactantes de población, el
comercio de esclavos, la migración europea al nuevo continente, sobre todo el
etnocidio y genocidio de las oblaciones nativas. La formación de ciudades y
puertos que conectan la vida económica y social del nuevo continente con un
mundo del que forma parte, una parte importante, debido a sus riquezas, sus
pueblos y poblaciones, sus saberes y sus cultivos. La explotación minera, los
circuitos minerales y monetarios van a formar parte indispensable de la
acumulación originaria de capital. La dinámica de los mercados adquiere una complejidad,
integralidad y velocidades sin precedentes. En la experiencia de la crisis se
forma la modernidad y la modernidad condiciona la constitución de sujetos y
subjetividades. Se forman mezclas, entrelazamientos, abigarramientos,
barroquismos de todo tipo en estos procesos de trastrocamiento y
volatilización. Se produce un redibujo de la familia, nuclarizándola, y se
atomiza las redes sociales conformando a los individuos. Los procesos de
disciplinamiento se dan a través de instituciones encargadas de modular los
cuerpos e inducir cambios en las conductas. Hay una variedad grande de
instituciones que hacen de agenciamientos concretos de poder, no solo nos
referimos al cuartel, a la escuela y a la fábrica, sino al conjunto de
instituciones que terminan trabajando los cuerpos, modulando y adecuándolos no
sólo a la producción sino también al consumo. Ciertamente esta modulación de
cuerpos, esta inducción de conductas, estos disciplinamientos, pero también los hedonismos proliferantes, no
se dan de manera homogénea, aunque estén ligados a ejes de homogeneización.
Pues las familias compuestas y extendidas, las redes de parentesco y las
alianzas, los esquemas de comportamiento y de conductas tradicionales, no
desaparecen del todo, aunque hayan sido fraccionados y diseminados, quebrados
en su unidad y sentido. Los fragmentos se re-articulan y mezclan con los
propios esquemas de comportamiento y conductas modernos, las redes de
parentesco y las alianzas se rearman aunque sea provisionalmente en las
fiestas, aunque también en momentos de emergencia. Aparecen estrategias de
sobrevivencia en migrantes asentados en las ciudades de crecimiento urbano,
donde se puede observar tanto la reproducción y el uso de pautas tradicionales
como prácticas de adecuación en sus nuevos asentamientos.
La modernidad barroca era el de las
mezclas civilizatorias y de la saturación de códigos, de evangelización y
sincretismos, de resistencias y de anexiones, de conexiones culturales,
acompañadas por imposiciones y subordinaciones. Aunque también de
transformaciones de pautas de consumo, de cultivos, pero también de
transferencia de productos nativos y alimentos no conocidos en Europa y en el
mundo, como la papa, el maíz y muchos vegetales producidos en Mesoamérica. A
decir de Serge Gruzinski esta otra modernidad era, en principio, renacentista;
se trataba de un nuevo renacimiento, ya no continental europeo sino mundial, un
renacimiento indígena, con participación indígena[4].
Un humanismo global y completado con la mirada indígena. Empero este
renacimiento duró poco, pues ante los levantamientos indígenas debido a las
reformas borbónicas, los indígenas nobles que participaban en la estructura de
poder fueron separados del mismo, fueron sacados de estas estructuras,
implementándose mas bien reformas del despotismo ilustrado. La modernidad
iluminista deja de lado la saturación y yuxtaposiciones barrocas ingresando a
una hegemonía cultural europea, al trastrocamiento que va producir la
revolución industrial. El iluminismo, el enciclopedismo, la irradiación de las
ciencias positivistas, la seducción tecnológica, se van a convertir en los
ideales de una época centrada en los desenvolvimientos económicos, tecnológicos
y culturales europeos. Se trata de dos modernidades en contraste; la modernidad
barroca se articula provisoriamente sobre la base de los dominios españoles y
portugueses, articulando desde los mares del Japón, la China, la India, con
nueva España y el continente conquistado. La modernidad iluminista se configura
mundialmente, empero convirtiendo al Atlántico en el eje articulador de la
economía-mundo capitalista. El dominio británico en el nuevo ciclo del
capitalismo, acompañado por la revolución industrial, transforma el comercio y
convierte la economía-mundo en el sistema de la libre empresa. La
transformación de los mercados, de la estructura de los mercados, estableciendo
los circuitos del comercio de los minerales, así como el consumo de energía
basada en el carbón y el vapor transforma la configuración misma de los
mercados y de las finanzas. Las tecnologías sociales disciplinarias se dan en
este periodo; la modernización de las instituciones, de las burocracias
estatales, de la administración pública y de la contabilidad económica se da
también en esta época. Una especie de revolución de la individualización
también es notoria; una de las expresiones de estas transformaciones en las
subjetividades se da en la proliferación de las novelas y en la aparición en
ellas del antihéroe, el dramático personaje del conflicto de la individuación.
La modernidad de los Estado-nación, identificada por Bolívar Echeverría, sobre
todo con relación a las periferias de América Latina y el Caribe, es una
modernidad que corresponde a una etapa avanzada de la revolución industrial,
congruente al ciclo capitalista de hegemonía estadounidense. Esta es una
modernidad en clave heterogénea, que debe ser entendida en parte como
adecuación y respuesta de los proyectos estatales nacionalistas, proyectando
una revolución industrial y la independencia económica para los países
involucrados. La construcción del Estado-nación, la modernización del Estado,
las reformas democráticas, entre ellas la reforma agraria, además de la
nacionalizaciones, la ampliación de los derechos y la ciudadanía, como el voto
universal y la reforma educativa, van a ser los dispositivos institucionales
que van a tener incidencia en los ámbitos sociales y culturales, reconfigurando
también las identidades y replanteando la constitución de sujetos. En términos
culturales deberíamos hablar de una modernidad mestiza, pues ese es el proyecto de los Estado-nación.
Empero qué ocurre fuera del imaginario
estatal, ¿se da la modernidad en el sentido buscado por los Estado-nación? Este
sentido está muy bien expresado en el deseo de desarrollo. Este tema, como se
sabe, es altamente problemático y contradictorio; lo pusieron en la mesa, en
toda su complejidad los de la Teoría de la dependencia, sobre todo en lo que
respecta a la comprensión de que el desarrollo produce subdesarrollo. En
relación a la pregunta hay que tener en cuenta que no puede entenderse la
modernidad como una experiencia homogénea, no sólo por lo que respecta a las
modernidades heterogéneas, sino por la variabilidad de fenómenos, por la
diferencia de intensidades y de expansiones diferenciales de la fenomenología
de la modernidad. Si bien comprendemos que el continente se involucra en la
conformación, despliegue y expansión de la modernidad, a partir de la conquista
y la colonia, forma parte de la fenomenología de la modernidad, que tiene como
matriz constitutiva precisamente a la colonización y la colonialidad, las
distintas modernidades no se dan de manera homogénea, dependiendo del lugar y
de las relaciones con el mercado mundial. Ya en la modernidad desarrollista,
identificada como modernidad de los Estado-nación, siguen siendo notorias las
diferencias entre ciudad y campo, entre ciudades capitales y pueblos, entre las
aéreas urbanas y las áreas rurales, entre unos países y otros.
¿Se puede decir que el área rural, el
campo, las comunidades, los pueblos y hasta algunas ciudades menores no son modernos,
como algún discurso desarrollista acostumbra a hacerlo? No, de ninguna manera,
todas las comunidades, los pueblos, las sociedades nativas, fueron involucradas
y articuladas a la modernidad tempranamente, desde los ordenamientos
territoriales de los virreinatos y capitanías, desde la implantación de las
visitas y revisitas, el establecimiento de los impuestos y tributos, la
circulación monetaria y la expansión de los mercados. La modernidad es la
experiencia de trastrocamiento profundo que cambia la condición subjetiva, las
instituciones, los valores y los sentidos. Como vasallos del rey, como
comunarios censados en las visitas y revisitas, con nombres y apellidos, ya se
desatan tempranamente incipientes procesos de individuación. Cuando los
comunarios se hacen propietarios de la tierra con la reforma agraria, estos
procesos de individualización avanzan lo suficiente como para hablar de la
igualación de los hombres a través de la obtención de la propiedad de la
tierra. Desde James Harrington hasta Zavaleta Mercado este es el mecanismo
indispensable de la democratización. La modernidad se realiza en esa
experiencia de mutación y cambio, de despliegue de los procesos de
individuación; la modernidad es la articulación al mundo dominante y hegemónico
del capitalismo.
Ahora bien, no hay que olvidar que la
modernidad es un concepto estético, elaborado por los poetas malditos,
particularmente por Baudelaire. En la
poesía de Baudelaire la modernidad aparece como experiencia de una ciudad
turbulenta, ruidosa, de calles fangosas, recorridas por coches y peatones,
donde todo se mezcla. La simultaneidad de todo; la desvalorización, la
relativización, el suspenso, forman parte de esta experiencia. Entonces ya la
modernidad denotaba mezcla. Llama la atención, que después, cuando este
concepto se asume teóricamente, adquiera una connotación de homogeneidad e
incluso de universalidad. Los teóricos de la modernidad confunden escenarios y
espacios; confunden la modernidad como experiencia multitudinaria con la
“modernidad” como proyecto institucional y de racionalización. Esta
“modernidad” es ciertamente estatal, forma parte del despliegue de
instituciones, procedimientos, arquitecturas, dispositivos y agenciamientos de
disciplinamiento. La modernización estatal es un proyecto de racionalización y ordenamiento en
contra de la espontaneidad moderna de las sociedades abigarradas.
La modernidad inicialmente es un
concepto estético, en su matriz conceptual está la idea de plasticidad y
transformación; empero las filosofías estatalistas convierten el concepto en un
proyecto de racionalización y de universalización. Incluso en las periferias
del sistema-mundo capitalista los estados van a buscar la “modernidad” como
fin, como telos, van a buscar
realizarla como proyecto político y
arquitectónico. Entonces hay una contradicción inherente al concepto o
percepciones dicotómicas, relativas a la experiencia y a la ilusión, a la
espontaneidad y a la racionalización. La modernidad es entonces contradictoria;
por una parte esta experiencia desata movimientos, movilizaciones, migraciones,
suspensiones de valores, de estructuras e instituciones, liberando a los
cuerpos de sus amarres consuetudinarios; por otra parte la “modernidad” aparece
como proyecto estatal, como proyecto de racionalización, disciplinamiento y
universalización. En tanto espontaneidad las multitudes, el pueblo, el
proletariado, los movimientos feministas, se levantan y ponen en suspenso la
legitimidad de las dominaciones y de las instituciones. La historia de la
modernidad está plagada de estas rebeliones, la guerra civil en Gran Bretaña,
la rebelión indígena pan-andina, la guerra anticolonial norteamericana, la
revolución francesa, la guerra anticolonial de los esclavos de la isla de Santo
Domingo, la revueltas proletarias, la comuna de París, la revolución mexicana,
la revolución bolchevique, la guerra prolongada china, la revolución nacional
boliviana, la revolución cubana, las guerras de la independencia en el África y
en Asia, las nuevas revueltas indígenas en el continente de Abya Ayala. La
“modernidad” como proyecto estatal irrumpe en estos escenarios y trata de
domesticarlos, al buscar instituir la racionalización de las conductas y los
comportamientos, el orden, la administración, el gobierno, las formas de
gubernamentalidad, al desplegar un mapa institucional de control, sobre todo,
en los países periféricos, al buscar como fin político el desarrollo.
Para aclararnos el problema conceptual
y de interpretación de la modernidad debemos retomar dos puntos; uno es el de
la matriz colonial de la modernidad, el otro es el sentido inicial estético del
concepto. En relación al primer punto, debe quedar claro que la conquista, la
colonización y la colonialidad no han buscado la modernidad como objetivo, no
tenían en mente este fin; lo que se buscaba era riqueza, tierras, recursos,
minerales, oro, plata y, por lo tanto, ganancias. Estos despliegues de violencia
desataron sin buscarlo el caos, la transvaloración de los valores, la
suspensión de las instituciones y estructuras tradicionales, volcaron a las
poblaciones hacia un estado de suspensión y predisposiciones alternativas,
donde la experiencia del tiempo, la consciencia del tiempo, la comprensión de
que las instituciones son históricas, abrieron horizontes para la potencia
social. Ante la evidencia de estas emergencias sociales, los estados, las
disposiciones políticas y filosóficas estatalistas, buscaron estratégicamente
su control y domesticación. Entonces frente a la modernidad espontánea de las
masas, el Estado se propuso conformar una “modernidad” racional, ordenada,
homogénea, disciplinada y controlada.
Por otra parte, es indispensable
comprender que la modernidad es un productos no una condicionante histórica y
cultural; la modernidad es un efecto producido por el trastrocamiento profundo
y violento, también es producto de los despliegues sociales, de los sujetos en
constitución, una vez liberados de todos sus amarres, suspendidas sus
instituciones, valores y sistemas simbólicos. En contraposición la “modernidad”
también es un producto de la racionalidad estatal.
Volviendo al tema de discusión,
retomando la acusación de la izquierda tradicional al proceso constituyente, a
la constitución y a las posiciones indígenas, de que se quiere volver al
pasado, a la comunidad ancestral despreciando la modernidad y el desarrollo,
vemos que la izquierda tiene una concepción estatalista de modernidad. No
entiende que la descolonización es parte de las resistencias, las rebeliones,
los levantamientos, las insurrecciones y los horizontes abiertos por las masas,
las multitudes, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado nómada, no
entiende que el proyecto de transición pluralista es parte de la potencia
social, de la espontaneidad de la fuerza social y comunitaria. El pluralismo se
opone a la unidad racionalista del Estado, liberal y colonizante; lo
comunitario es la defensa de lo común, de lo que pertenece a todos, frente a lo
privado y lo público, que constantemente expropian lo común de las comunidades.
Se trata de la actualización de formas institucionales comunitarias, pero
también de la invención de formas de comunidad que enfrenten la crisis del
capitalismo, la expropiación privada y financiera de lo común, así como también
la expropiación estatal de lo común.
Las luchas indígenas por la
descolonización son luchas actuales y anti-capitalistas, es una de las formas
concretas de la lucha contra el capitalismo. Desconocer esta actualidad, su
pertinencia y su fuerza, es apartarse de la lucha efectiva contra el
capitalismo a nombre de viejos fantasmas que golpea la cabeza nostálgica de la
izquierda tradicional. La perspectiva indígena, las cosmovisiones indígenas, la
lucha por sus territorios, sus instituciones, su libre determinación,
autogobierno, sus normas y procedimientos propios, es una lucha profundamente
anti-capitalista. Ahora bien, cuando se critica la modernidad y se define el
vivir bien como proyecto alternativo al capitalismo, a la modernidad y al
desarrollo, qué se entiende por este modelo alternativo, sobre todo en lo que
respecta a la modernidad. Lo primero que se critica es el nacimiento colonial
de la modernidad, también su proyección colonizante en tanto proyecto estatal
de racionalización y disciplinamiento, homogeneizante y domesticador. La
crítica es a la modernidad como cultura hegemónica y dominante del control
mundial capitalista, la crítica es al sentido de la modernidad de los Estado-nación
en tanto teleología desarrollista. Aunque se critique la matriz colonial de la
modernidad, no se puede desconocer la producción de modernidades por parte de
las multitudes, pueblos, proletariados, movimientos indígenas, movimientos
feministas. No se puede desconocer las conquistas democráticas y ciudadanas,
culturales y de derechos colectivos, conquistas que se han dado como parte de
la espontaneidad y potencia social, en claves alterativas y alternativas
modernas. Desde esta perspectiva, no se puede pensar una afuera de la
modernidad que interpele a la modernidad; la modernidad es interpelada desde su
propia crisis, desde sus propias contradicciones, es interpelada por los
propios sujetos que producen modernidades. Por eso es importante decodificar
las modernidades heterogéneas y pensar los alcances de la propuesta de Enrique
Dussel, en el sentido de un horizonte civilizatorio, otra modernidad, una
trans-modernidad.
Ahora, abordaremos la discusión sobre
la relación entre Estado y comunidad.
Estado y comunidad
Hay que pensar el Estado como relación
o como ámbito de relaciones, también la comunidad debe ser pensada como otro
ámbito de relaciones. El Estado puede ser pensado como instrumento o aparato
separado de la lucha de clases, separado de la sociedad, para servir mejor a
los intereses de las clases dominantes, sobre todo al interés general de la
acumulación capitalista. En cambio las formas comunitarias, sobre todo
indígenas, no separan, no tienen un ámbito especial político de gobierno
separado de las relaciones y prácticas comunitarias. El poder se diluye en la
potencia comunitaria, los mandos son rotativos y participativos, las asambleas
son las instancias de resolución y formación de consensos. Tomando en cuenta
estas definiciones, se dice que el Estado se opone a la comunidad y la
comunidad se opone al Estado. Por lo tanto no puede haber un Estado
comunitario.
Viendo de esta forma el enunciado de
Estado comunitario, el concepto aparece como una contradicción inherente.
Empero, hay que tener en cuenta en la coyuntura varias cosas. La primera es que
la Constitución se refiere a una transición, a un Estado en transición; la
misma Constitución se define como en transición, establece las condiciones de
la transición. Por otra parte, el Estado del que se habla es plurinacional y
comunitario. Esto quiere decir que se reconoce distintas condiciones
estructurales e institucionales, no sólo comunitarias; por lo tanto, de lo que
se trata es de acordar la coordinación entre naciones y pueblos, entre formas
comunitarias y formas no-comunitarias. El sentido de Estado plurinacional
diseña esta posibilidad. Lo comunitario ingresa a esta acuerdo a partir de su
propia autonomía y libre determinación; el Estado plurinacional comunitario
debe lograr la relación coordinada entre comunidades y otras formas
estructurales e institucionales. La otra condición definida por la Constitución
en lo que respecta al Estado es la condición autonómica, que responde a la
demanda de descentralización administrativa y política, así como a las demandas
territoriales, de los enfoques territoriales y eco-sistémicos. Estas tres
condicionantes de la transición estatal, la condición plurinacional, la
condición comunitaria y la condición autonómica diseñan los ejes de la
transición, pero también conforman los ámbitos de la participación, del
ejercicio plural de la democracia.
El problema de la relación entre
Estado y sociedad en la transición no es solamente un problema teórico, que se
va a resolver teóricamente, sino es un problema también político, un problema
de ingeniería institucional, si usamos arbitrariamente este término, de la
transición y de la transformación.
Por último el enunciado de Estado
plurinacional comunitario y autonómico ha sido tanto una construcción colectiva
por parte del Pacto de Unidad, si nos remontamos al documento para la
constituyente de esta organización indígena y campesina. Sólo que, en este
caso, la autonomía se tiene que entender como autonomía indígena. También el
enunciado ha sido producto de la construcción dramática de un pacto social
logrado en la Asamblea Constituyente. El enunciado entonces es una construcción
política. El problema teórico que plantea este acontecimiento es mayúsculo,
pues exige que el análisis se sitúe en la comprensión del contexto, de la
coyuntura, del proceso, del campo de fuerzas. No es aconsejable hacer solamente
elucidaciones en el mapa abstracto de los conceptos; es indispensable pensar
los acontecimientos históricos y políticos a partir de conceptos, usando los
conceptos para pensar estas realidades. No es aconsejable pensar los conceptos
sin el espesor histórico y político de
los acontecimientos.
La cuestión estatal en la Constitución
La cuestión estatal, parece un tema no
resuelto. Fue largamente debatido por los marxismos, empero parece sin
solución, sobre todo debido a que las experiencias del llamado socialismo real
derivaron en espantosos estados burocráticos y represivos. Los revolucionarios
no pudieron destruir el Estado, el Estado los destruyó a ellos. ¿Por qué pasó
esto? ¿No pudieron escapar de la historia? ¿Qué tiene que ver todo esto con las
estructuras y las lógicas de poder? Estos problemas quisiéramos retomarlos,
empero a la luz de lo establecido en la Constitución.
Ante todo la Constitución asume la
comprensión de que vivimos una transición política, una transición
descolonizadora, una transición civilizatoria hacia el modelo alternativo del
vivir bien. El Estado plurinacional comunitario y autonómico es la forma
institucional de esta transición. El modelo político, Estado plurinacional
comunitario; el modelo territorial, el pluralismo autonómico; el modelo
económico, la economía social y comunitaria; modelos articulados por el
mega-modelo del vivir bien, entendido como modelo alternativo al capitalismo, a
la modernidad y al desarrollo; son los diseños y los ejes institucionales de la
transición. Se trata de un mapa institucional pensado desde el pluralismo institucional.
La transición política se concibe como transición civilizatoria, una transición
que se propone ir más allá de la modernidad. Se diferencia de la transición
pos-capitalista de la dictadura del proletariado precisamente por no
circunscribirse en el contexto de la modernidad. En lo que respecta al
desmontaje del Estado-nación, se proponen transformaciones pluralistas,
comunitarias, interculturales y participativas del Estado. Sobre todo lo último
es importante por cuanto se trata de romper con la separación entre Estado y
sociedad, gobernantes gobernados,
funcionarios y usuarios. Se trata de construir el ejercicio plural de la
democracia, democracia directa, democracia representativa y democracia comunitaria. Se trata de
conformar el sistema de gobierno como democracia participativa. Efectuar la
construcción colectiva de la decisión política, la construcción colectiva de la
ley y la construcción colectiva de la gestión pública. La gestión pública debe
servir para desmontar el Estado-nación y construir el Estado plurinacional
comunitario y autonómico. La gestión pública deja de entenderse como
administración de normas, deja de estar meramente vinculada a la gestión por
resultados; se trata de una gestión dirigida al impacto, valorizada por los efectos
de cambio y transformación. Esta gestión pública es plurinacional comunitaria e
intercultural.
¿Cómo interpretamos esta concepción de
la cuestión estatal y de la transición? En primer lugar, el principal problema
planteado es con respecto al Estado-nación, considerado Estado liberal y
colonial. Se trata de salir de la órbita de la colonialidad, de escapar de la
condena de los Estado-nación subalternos, subordinados a la geopolítica del
sistema-mundo capitalista, convertidos en instancias administrativas de la
transferencia de recursos naturales a las metrópolis. La descolonización implica el desmontaje de la herencia colonial
del poder; el desmontaje de la colonialidad del poder significa el desmantelamiento
de este aparato de Estado-nación, cuyo proyecto desarrollista implica un
proyecto cultural de mestización,
borrando la identidad de las naciones y pueblos indígenas originarios.
Entonces la cuestión estatal en la Constitución tiene que ver en primer lugar
con la problemática heredada del Estado-nación.
La segunda cuestión, aunque puede ser
también la primordial, es el problema del Estado como instrumento separado de
la lucha de clases. El Estado como aparato y heurística del poder, como
estructura efectiva e institucionalidad del poder. El Estado como forma,
contenido y expresión del poder, del ejercicio del poder. Entonces el Estado
como espacio y tiempo de las formas de gubernamentalidad, de las formas de
gobierno y gobernanza. El problema en esta cuestión es cómo salir de las formas
de gubernamentalidad jerárquicas, verticales y burocrática, de las formas de
gubernamentalidad conformadas en la monarquía absoluta, en la república, en
tanto gubernamentalidad liberal, así como en la etapa tardía republicana, en
tanto biopoder, como forma de gubernamentalidad neo-liberal. La propuesta es
construir formas de gubernamentalidad de las multitudes, participativas,
desburocratizadas, colectivas, formadoras de consensos, coordinadas y en
armonía con los ecosistemas.
En tercer lugar es indispensable tener
en cuenta el carácter de los Estado-nación subalternos, cuál es su función en
el orden mundial, en el contexto de la geopolítica del sistema mundo
capitalista. Se ha dicho que los Estado-nación en la periferia son como
resistencias a los proyectos imperialistas, defienden las soberanías de las
naciones conformadas. Esta sería la diferencia con los Estado-nación
imperialistas, que abiertamente se convierten en aparatos de sometimiento tanto
internamente, respecto a sus sociedades, como externamente, respecto a otras
naciones y estados. Hay que decir que esto es relativamente cierto, dependiendo
de los gobiernos, los proyectos políticos y la relación con las sociedades
nativas. Cuando se dan gobiernos progresistas, proyectos de resistencia
anti-imperialista y movilizaciones de apoyo a la defensa de las soberanías,
esto puede ser cierto. En cambio, cuando los gobiernos son más bien claramente
pro-imperialistas, cuyos proyectos son más bien de sometimiento y
subordinación, además de enfrentarse con sus propios pueblos, la interpretación
no es correcta. Por otra parte, incluso en el caso de gobiernos progresistas,
los límites del los Estado-nación terminan mostrando las concomitancias con las
dominaciones del orden mundial. Se trata de estados que administran la transferencia
de recursos naturales a las metrópolis del centro del sistema mundo, se trata de estados que administran el modelo
económico extractivista colonial del capitalismo dependiente. Desde esta
perspectiva la cuestión estatal en las periferias se hace más problemático. Aparecen
como formas políticas de resistencia a los imperialismos, empero, terminan
siendo instrumentos y engranajes de las estructuras de poder de la dominación
mundial. La historia de los Estado-nación subalternos nos muestra este itinerario,
este círculo vicioso de la dependencia.
No parece ser posible salir del
círculo vicioso de la dependencia solamente apostando a proyectos políticos de
nacionalización de los recursos naturales, tampoco parece posible hacerlo
apostando por proyectos de industrialización y sustitución de importaciones.
Este camino nos conduce a nuevas formas de dependencia mientras no se rompa con
la estructura de poder mundial, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, y
sobre todo las formas políticas de los Estado-nación que atan a las periferias
al centro del sistema-mundo y a las lógicas de acumulación de capital. Por eso
es indispensable pensar, proponer y efectuar una alternativa política
diferente. En el cambio y ruptura con las formas políticas de los
Estado-nación, en la propuesta de transición del Estado plurinacional
comunitario y autonómico, radica lo novedoso de la propuesta emancipadora
indígena y de los movimientos anti-sistémicos contemporáneos. Nuevas formas políticas que trasciendan el
Estado-nación, formas participativas y pluralistas, que incorporen
gubernamentalidades de las multitudes, la irrupción de las sociedades y
comunidades, la formación de consensos, el ejercicio plural de la democracia,
la integración ecológica de las sociedades, pueblos y países del mundo, la
apertura de mercados complementarios, basados en la valorización de la vida, la
internacional de los pueblos, son algunas de las formas organizativas e
institucionales solidarias de un mundo alternativo, una transformación civilizatoria,
basada en las emancipaciones múltiples.
Por último, debemos volver a discutir
¿qué es el Estado? Escapar de la idea de que es una esencia, que tiene una
esencia, que hay un problema ontológico en la cuestión estatal. No hay una
esencia, tampoco una sustancia estatal. El Estado es básicamente la idea de
totalidad política de la genealogía de las soberanías, es la idea de totalidad
que acompaña a las formas prácticas de gobierno y gubernamentalidad, a las
formas de administración de los cuerpos y los recursos, a las formas de
modulación de los cuerpos y constitución de subjetividades subordinadas y
domesticadas. El Estado no existe como materialidad política única, como
positividad, como empírea; lo que existe son administraciones burocráticas, normativas,
de gestiones, y campos de dominios, en los límites de una geografía política y
de acuerdo a los alcances de una geopolítica, sea esta elaborada o incipiente.
Lo que existe son los instrumentos y aparatos más o menos articulados en
función de diagramas de poder. El Estado es un imaginario empero sostenido en
una apabullante materialidad de prácticas, de relaciones, de estructuras, de
sistemas normativos, reglamentaciones, de disuasión y ejecución. En cada Estado
hay que descubrir más bien su propia genealogía del poder, su propia historia
heurística, su propia historia de dominaciones, historia de poderes que vencen
resistencias.
Entonces se requiere una acuciante
mirada crítica del poder, nuevas teorías del poder, de las relaciones de poder,
de las estructuras de poder, de las instituciones y de las lógicas de poder.
Por lo tanto se requieren para sostener estas teorías de investigaciones
empíricas, investigaciones en profundidad, en múltiples niveles, macro-física y
micro-físicas del poder. Empero, paralelamente a estas investigaciones, se
requiere de teorías actualizadas de la potencia social, de las resistencias,
las capacidades y posibilidades de los cuerpos, de las multitudes, de los
pueblos, las comunidades, las colectividades, los proletariados. La tesis que
proponemos al respecto es que hay poder, en tanto relaciones de fuerza
vinculadas a las dominaciones, y hay potencia social, en tanto relaciones de
fuerza y subjetividades creativas emancipadoras. Debemos estudiar poder y
potencia en sus contradicciones, en sus luchas, pero también en sus mezclas y
entrelazamientos.
Conclusiones
1.
Un mismo fantasma del Estado comparten
las derechas, los nacionalismos y las izquierdas; nos referimos notoriamente a
la llamada izquierda tradicional. Se trata de proyectos estatalistas. Sus
diferencias radican en que unos defienden los intereses imperialistas; los
otros las soberanías, entendidas como legitimaciones de estructuras de poder;
en tanto que los terceros defienden los intereses del proletariado sindicalizado.
Empero todos lo hacen en el campo gravitatorio del Estado, por lo tanto control,
comando, dirección, jerarquía e instrumento jurídico-político separado de la
sociedad. Esta proyección los ata a “modernidad” estatalista, disciplinaria,
homogeneizante y universalista.
2.
Los Estado-nación subalternos de las
periferias del sistema-mundo capitalista terminaron formando parte del
engranaje de dominación del orden mundial. Sus límites estructurales se definen
en el carácter administrativo de la transferencia de recursos naturales y en el
modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.
3.
El horizonte del Estado plurinacional
comunitario y autonómico abre recorridos de descolonización, de participación,
de gubernamentalidades plurales democráticas de las multitudes, de
emancipaciones múltiples, conformando pluralismos institucionales, de gestiones
plurinacionales comunitarias e interculturales.
4.
La defensa del proceso constituyente y
de la Constitución, proceso que no ha concluido, es una indispensable tarea
política en un proceso contradictorio y en el contexto de la lucha de clases
racializada, es decir anti-colonial y descolonizadora.
Sintomatología del conflicto
No solo hay
una sumatoria de conflictos sino también una acumulación de los mismos, esto
quiere decir sencillamente que se produce el efecto de multiplicación, pero
también de desenvolvimiento de los conflictos en el tiempo; en otras palabras,
de maduración. La crisis del proceso tiene su temporalidad, su maduración y
obviamente su desenlace. Hay que leer los conflictos como síntomas, pero
también como signos; son síntomas de algo que no es visible a la vista ni
palpable a la percepción, por lo menos de una manera inmediata. La lectura del
síntoma es como un diagnóstico y la
lectura de los signos es como la de una narrativa de los
acontecimientos. ¿Cómo leer entonces el conflicto del TIPNIS, el conflicto de
los trabajadores, el conflicto de los médicos, trabajadores de salud y
estudiantes de medicina y de enfermería, incluyendo a los estudiantes
nutricionistas, también el conflicto de los maestros, sumando a todos estos el
conflicto de los choferes? No podemos olvidarnos añadir otros conflictos que
merodean en este espectro, el conflicto de los ayllus, el conflicto regional,
el conflicto por las regalías y por el reparto del Impuesto Directo a los
Hidrocarburos, también los conflictos de la ciudad de El Alto, particularmente
de las juntas de vecinos con el gobierno municipal.
Para comenzar,
no se puede decir que durante las dos gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma
habrían desaparecido, por lo menos en un principio, los conflictos sociales,
que se los habría resuelto o comenzado a resolver, por lo menos en lo que va
parte de la primera gestión de gobierno, pues esto no es cierto. Hubo conflictos
desde el 2006, particularmente asombró el conflicto entre los obreros y los
cooperativistas mineros, hablamos del enfrentamiento en Huanuni, que arrojó más
de una docena de muertos y decenas de heridos. Se puede decir que el carácter
de la conflictividad, el perfil de la conflictividad, la intensidad y la
composición de la crisis, no son las mismas que cuando se sucedieron las luchas
sociales del 2000 al 2005, que en este periodo eran luchas correspondientes a
movimientos sociales anti-sistémicos que enfrentaban e interpelaban el proyecto
neoliberal implementado en Bolivia desde 1985. La crisis del 2006 es diferente;
en el caso del enfrentamiento entre los obreros y cooperativistas mineros, se
trataba de una compulsa entre sindicatos y cooperativas, entre obreros y cooperativistas,
entre trabajadores del Estado y el gremio de cooperativistas mineros; forma
cooperativa que debería responder a una economía social y solidaria, empero
terminó siendo una economía privada dispersa, con recontrataciones de
trabajadores a destajo, en condiciones de explotación que parecían superadas.
De todas maneras los cooperativistas demandaban y demandan más concesiones en
áreas fiscales, en tanto que los obreros mineros defendían y defienden sus
fuentes laborales. Ese conflicto específico intenso y sangriento fue resuelto,
por lo menos por un periodo, quedando en suspenso la contradicción entre
obreros y cooperativistas en los demás lugares, como una tensión latente; el
conflicto se superó momentáneamente con la contratación de cooperativistas
mineros en condición de trabajadores de la empresa estatal COMIBOL; en otras
palabras, con su incorporación y sindicalización. Esta manera de resolver el
conflicto cargaba el peso de los nuevos salarios a la empresa estatal, empero
el contienda social aparentemente se superaba, por lo menos por un periodo.
El espectro
del conflicto ascendente en los últimos años, por lo menos desde la segunda
gestión de gobierno, es distinto. Trabajadores y maestros pelean por mantener
el poder adquisitivo de sus salarios y sueldos, además exigir el respeto a los
derechos conquistados; los médicos y trabajadores de salud luchan por abrogar
la ley 1126, que establece ocho horas de trabajo, aumentándoles dos horas más a
las seis horas obligadas, sin
incorporarlos a la ley del trabajo. La naciones y pueblos indígenas batallan por
la defensa de sus territorios indígenas, sus TCOs, los derechos consagrados en
la Constitución, las áreas protegidas, además de defender la madre tierra
contra la ampliación de la frontera agrícola y la extensión del modelo
extractivista. Por otro lado, desde otra perspectiva, la de los transportistas,
los choferes hacen un paro de transportes pidiendo consensuar la ley del
transporte y oponiéndose a las determinaciones del gobierno municipal de la
ciudad de La Paz sobre la regulación del transporte y la incorporación del
servicio de transporte masivo a mayor escala, eficiente y barato. Hay juntas de
vecinos que se opusieron al paro de transportes, incluso se dieron amagues de
enfrentamiento y hasta enfrentamientos con usuarios del transporte. ¿Cómo
interpretar el mapa de estos conflictos?
No son
conflictos que tienen la misma densidad ni el mismo peso gravitacional en la
configuración de la crisis del proceso, unos vienen de trayectorias antiguas, por
ejemplo el conflicto entre maestros y Estado, también la lucha por un salario
mínimo vital; otros conflictos son de reciente data, la de los médicos y
trabajadores de salud; otros conflictos en cambio tienen que ver con el núcleo
mismo del proceso, la descolonización. El enfrentamiento entre el gobierno y la
naciones y pueblos indígenas devela el carácter mismo del gobierno progresista;
es un gobierno que puede apostar a medidas rentistas como la de los bonos,
empero no puede cambiar las políticas públicas, menos las políticas económicas,
las mismas que están encaminadas a continuar con el modelo extractivista del
capitalismo dependiente. Este enfrentamiento particularmente devela la
distancia del gobierno respecto del horizonte abierto por la Constitución; la
construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico; el ejercicio
plural de la democracia, directa, representativa y participativa; la economía
social y comunitaria, en la perspectiva de vivir bien como alternativa
civilizatoria. Entonces, ¿qué podemos decir al respecto del mapa del conflicto
social en la coyuntura?
Si comparamos
los conflictos dados en Bolivia con los dados en Ecuador y Venezuela, podemos
ver que los conflictos en Bolivia se parecen mucho a los desatados en Ecuador,
empero son distintos a los de Venezuela, donde la oposición de los partidos
conservadores logra todavía mantener su convocatoria y movilizar gente en
algunas ciudades de importancia. Empero, no hay que descuidar que los tres
gobiernos progresistas muestran de alguna manera el mismo perfil populista y la
misma característica de una economía rentista, que se basa en la matriz del
modelo extractivista, lo que no termina de desatar contradicciones análogas,
aunque no exactamente los mismos conflictos. ¿Qué quiere decir Esto? Por una
parte, asistimos a las contradicciones profundas de los gobiernos progresistas.
No pueden resolver la problemática histórica-política de la cuestión estatal,
la herencia liberal de los estilos del gobierno, que entran en contradicción
con las esperanzas de la gente, las promesas de participación y de
transformaciones estructurales. Por otra
parte, asistimos a las luchas económicas de los trabajadores por un salario
digno y por el cumplimiento de los derechos conquistados, algo que ocurre en
todos los países y sociedades capitalistas, manteniendo sus diferencias
contextuales, sobre todo teniendo en cuenta las características de los países
periféricos del sistema mundo capitalista, donde se tienen salarios bajos en
comparación con lo que ocurre en los países del centro del sistema-mundo
capitalista. Empero, aparte de la contradicción entre discurso y realidad en
las prácticas políticas, aparte de la contradicción estructural entre
capitalismo y proletariado, la contradicción del gobierno de Bolivia y del
gobierno de Ecuador con las naciones y pueblos indígenas es no solamente
estructural, sino profundamente histórica e institucional, pues nos muestra la
ineptitud orgánica de estos gobiernos de encaminarse por los recorridos de la
descolonización. Terminan siendo gobiernos anti-indígenas al defender el modelo
extractivista, la economía rentista, ventilando la ilusión de desarrollo y
progreso.
Si la tesis de
interpretación que utilizamos es que la contemporánea lucha contra el
capitalismo es nuevamente anticolonial y profundamente descolonizadora, el
enfrentamiento de los gobiernos progresistas y los pueblos indígenas nos
muestran el alcance político de estos gobiernos y de sus programas populistas.
Primero, como dijimos antes, no pueden, no logran, son incapaces de encaminarse
por el proceso descolonizador. Segundo, no logran tampoco desplegar un programa
alternativo al capitalismo, al contrario incursionan en el modelo de la
valorización dineraria por el sendero más crudo, el extractivismo. Al hacerlo,
refuerzan la persistencia en el círculo vicioso de la dependencia. En todo
esto, ¿Qué papel juegan las nacionalizaciones? Como vimos en otro ensayo, en la
Genealogía de la dependencia[5],
las nacionalizaciones por sí mismas no garantizan la incursión por la
industrialización de las materias primas, el cambio de modelo económico, la
salida del extractivismo. Esta ruta de la industrialización requiere de otras
condiciones para que pueda efectuarse, condiciones que tienen que ver no sólo
con la inversión productiva, cosa que no se cumple, pues la mayor parte del uso
del ingreso se destina al gasto, sobre todo administrativo. Otras condiciones
para la industrialización tienen que ver con la articulación entre las
economías agrícolas y las economías comerciales, entre las economías agrícolas
y las iniciativas industriales, también la complementariedad de las iniciativas
industriales, su relación con el mercado interno y su relación con el mercado
externo, buscando una conexión soberana. Así como con su vinculo con los
circuitos comerciales, los circuitos financieros, pero, sobre todo, la
capacidad de acumulación, reinversión productiva; además claro está, su
participación en las políticas estatales. Empero todo esto está asociado a la
formación de una masa crítica, formación de científicos y la creación de la capacidad
de recepción de transferencia tecnológica y construcción de una plataforma científica.
Lo que tiene que ver directamente con transformaciones en las estructuras e
instituciones educativas, algo así como una revolución en la matriz y el diseño
educativo, pedagógico y formativo. Como se puede ver ninguna de estas
condiciones se cumple.
Ahora bien, si
a todo este campo de condicionantes para efectuar la industrialización se le
añade la exigencia contemporánea de la condicionante ecológica, si decimos que
la industrialización de la que hablamos debe desplegar y desenvolverse en los
términos del empleo de tecnología limpia, de lo que se trata es de una
industrialización en el marco y el contexto de los equilibrios y
complementariedades ecológicas, entonces las condicionantes se hacen más
exigentes, y vemos la abismal distancia entre los gobiernos progresistas
extractivista y el cumplimiento de estas condicionantes. Por otra parte, si
añadimos condicionantes que tienen que ver con las constituciones, por ejemplo
con el ejercicio de la democracia participativa, vemos que esta condición
política no se cumple. Los pueblos no son consultados, no se consensuan las
políticas, no se consensuan las leyes,
no se ejerce la participación ni en la decisión política, ni en las leyes, ni
en la gestión pública. Entonces estamos ante distancias muy grandes entre el
ejercicio de gobierno y las prácticas participativas. Puede verse por lo tanto
que la acumulación de la presión social tiene que salir por alguna parte, tiene
que derivar en el conflicto. El conflicto se convierte entonces en el síntoma,
en la indicación material de un malestar profundo, en la señal corporal de
causas y contradicciones profundas. También se convierte el conflicto en signo
de la narrativa de los acontecimientos; los conflictos expresan el desacuerdo,
el desborde democrático, la manifestación popular, colectiva, proletaria y
comunitaria respecto a un orden institucional, que se mantiene incólume, como
si nada hubiera cambiado. Que ha resistido a los embates de las luchas, de las
movilizaciones, del proceso constituyente, de la decisión electoral de las
mayorías. Los cimientos, las columnas, la arquitectura del orden institucional
antiguo se mantienen inmóviles, como si el terremoto no les hiciese nada.
Después de la tormenta todo vuelve a su cauce, todo vuelve a su lugar, todo
vuelve a ordenarse; el clamor, la catarsis social pasó; ahora hay que volver a
gobernar. Para esto son buenos los gobernantes, los funcionarios, los abogados,
los administrativos, mejor si cuentan con cierto asesoramiento de expertos de
otros gobiernos afines, que también pasaron por lo mismo; mucho mejor si se
involucran de buena voluntad técnicos de las empresas trasnacionales a
coadyuvar en los contratos de operaciones, en el manejo técnico de las empresas
estatales, en la administración de las empresas estatales. Al final de cuentas
se trata de lograr lo que todos persiguen, la eficiencia. Lo demás, las
demandas sociales, se pueden resolver de varias maneras; hay una gama de cartas
para ello. Desde enseñarles a las masas el realismo político, el pragmatismo y
la paciencia, hasta métodos de disuasión y de represión, pasando por toda
clases de manipulaciones. Empero, lo que no se puede hacer es introducir el desodoren
en la administración pública, no se puede aceptar por ningún motivo la
participación plebeya. Eso es utopía, seamos realistas ajustémonos a lo posible
y viable.
En tanto
signos los conflictos nos muestran una dramaturgia conocida. Mientras los gobernantes controlan el timón
del barco y luchan contra las fuerzas naturales para mantener la nave estable,
no pueden controlar los motines en la embarcación. Entonces dicen los voceros
del gobierno, los agoreros de la política realista, que nos encaminamos al
naufragio o a la deriva, lo peor es que en río revuelto se da la ganancia de
pescadores. Anteriores gobernantes de la nave volverían a tomar el timón y a
darnos otra vez su curso. A nadie se le ocurre pensar que esta nave especial,
que es más que el mismo Estado, pues involucra a sus sociedades y comunidades,
a sus territorialidades, ecosistemas y biodiversidades, sus yacimientos
geológicos, puede ser conducido de otra manera, es más que requiere ser
conducida de otra manera. Requiere la participación de todos para encontrar el
rumbo adecuado, rumbo que no es secreto de ningún mapa, menos de un mapa
imaginario en la cabeza de un clarividente. Son los saberes en circulación, el
intelecto general, la potencia social y la riqueza común, las que pueden
introducir una forma de conducción colectiva, social, comunitaria en formas
participativas, enriqueciendo la construcción integral de las decisiones, pero
también de la orientación en plena contingencia embravecida. De hecho los
gobernantes de la nave, los que controlan el timón, descartan estas
alternativas, que les parecen alocadas, pues están hechos, en el mejor de los
casos, a la usanza de los viejos marineros, lobos de mar, solitarios, levitando
sobre el nubarrón de las contingencias o distantes, en la cúspide de la
jerarquía, por lo tanto doblemente solos. A estos gobernantes no les entra en
la cabeza que la nave de la que hablamos, nave compleja, vital, histórica,
política, económica, social y cultural, está compuesta de otra manera, que la
tripulación que la compone tiene uso de razón, que por lo tanto puede aportar e
ilustrar sobre la conducción de la nave y la orientación de la ruta. No se les
pasa por la cabeza que la organización alternativa pasa por las prácticas
participativas, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y
comunitaria.
Por lo tanto
hay como dos naves; una, la que está en la cabeza de los gobernantes, que
responde a los planos antiguos, recogidos en pergaminos; otra, la nave real,
compleja, dinámica, en constante armado, respondiendo a planos de consistencia
vitales. Como los gobernantes están convencidos de su verdad, quieren
domesticar la realidad, quieren ajustarla a los planos de la arquitectura
estatal, heredada de templos y del diseño arquetípico de maestros constructores
del orden opuesto al caos. Empero los problemas han sobrepasado a las propias
posibilidades del Estado liberal, la crisis estructural del capitalismo ha
desbordado todos los pronósticos, se ha extendido destructoramente, amenazante,
descargando su furia ya no solamente en los cuerpos martirizados de los más
explotados, discriminados y marginados, los condenados de la tierra, sino
incluso en los cuerpos hasta ahora exultantes de las llamadas clases medias,
poniendo en entredicho su propia estabilidad económica, laboral, de seguro,
empujándolas a la condición de la precariedad misma. En los países del centro
esto se lee como políticas de austeridad,
en los países de las periferias como un abandono completo a la inversión
en la estructura de salud, en la estructura educativa, en la estructura
productiva. Para los arquitectos del drama social y de las políticas de
autoridad o, en su caso, de abandono y desidia, estos problemas quieren
resolverse con el incremento de impuestos y con la emisión de bonos, que solo satisfacen
el carácter coyuntural de la demanda inmediata sin poder resolver la estructura
permanente de la demanda. Estos problemas quieren resolverse descargando en la
población el peso de la crisis misma y de la carga administrativa del Estado.
Se puede
releer el problema desde otra perspectiva, más bien integral que parcial y
sesgada, como se acostumbra, interpretar como sintomatología el conflicto del
gobierno con los médicos y los trabajadores de salud, el conflicto con los
maestros, incluso el conflicto con los choferes, aunque se dé este último en contra
de otro gobierno, el gobierno autónomo municipal de la ciudad de La Paz, el
conflicto entonces entre este gobierno autónomo y el gremio transportista; así
como también hay que considerar en este cuadro el conflicto entre usuarios y
los transportistas. Viendo el panorama podemos considerar por lo tanto estos
conflictos como desplazamientos de la crisis de sus núcleos permanentes hacia los
espacios colindantes, desde las clases explotadas y condenadas de la tierra
hacia las llamadas clases medias; el costo de la crisis ha llegado a ellas. A
este fenómeno, de la expansión de la crisis y su efecto extensivo al conjunto
de la sociedad, lo llamaremos la desatención estructural del Estado ante
necesidades y demandas sociales estructuradas. No se resuelve este problema con
la ampliación por dos horas del horario de trabajo de médicos y de trabajadores
de salud, no se resuelve este problema estructural descalificando a los
maestros mal pagados y mal atendidos en su formación, no se puede resolver este
problema con ómnibus de mayor alcance cuando lo que se requiere es desplazarse
definitivamente al transporte masivo, sistemáticamente colectivo, de una manera
integral, por ejemplo usando los sistemas modernos de rieles, desde trenes
hasta metros y tranvías. La ciudad misma debe ser pensada de otra manera, como
ciudad del vivir bien, donde se preserve el ambiente sano y saludable para la
población, como establece la Constitución, y no se atente contra los derechos de
la población con la construcción descomunal de edificios que quitan sol y dan
sombra, sin respetar los derechos de los ciudadanos y de los que habitan los
espacios aledaños a estos edificios construidos con un mal gusto y en contra de
la estética de la ciudad. La concepción de la ciudad del vivir bien no es
parcial, obviamente no se llega al vivir bien sólo con barrios nuevos, tampoco
sólo con algunas vías de ómnibus colectivos, sino que debe implicar la
transformación misma de la concepción urbana, arquitectónica y cultural de la
ciudad. Hoy por hoy las ciudades, su administración, se rigen por concepciones
comerciales y de mejora de la administración impositiva; por eso terminan
distorsionando la poca estética que queda de las ciudades entregando espacios
urbanos a las empresas de las construcción, negocio bancario, de las
constructoras y de los propietarios, quizás también del lavado de dinero.
Volviendo a la
lectura de los síntomas y de los signos del conflicto, podemos decir que hay
niveles tanto en lo que corresponde a la sintomatología como en lo que
corresponde a la lectura de los signos. Lo inmediato tiene que ver con las
demandas expresadas, también con la percepción de las visibles contradicciones,
empero estas demandas y contradicciones visibles se asientan en una
sedimentación, en una estratificación, en una genealogía de los conflictos y de
la lucha de clases, en estructuras del conflicto duraderas y ciclos largos.
Interpretación de los signos del conflicto
Antes una
anotación. Ciertamente hay diferencias entre la interpretación de las
narrativas literarias, de las escrituras, y la interpretación de los entramados
materiales de los acontecimientos, de los tejidos sociales y de las
composiciones de los conflictos y las luchas de clases. Esto es cierto, empero ambas no dejan de ser
gramatologías[6],
por lo tanto pueden entenderse como narrativas escritas de distinta manera,
unas con la escritura, otras con las acciones.
A propósito de
la interpretación de los signos del conflicto, de lo que hemos llamado la
narratividad del conflicto, vamos a recurrir al sugerente libro de Gilles
Deleuze sobre Proust y los signos,
donde encuentra distintos mundos y circuitos de signos, por lo tanto distintos
recursos interpretativos. Deleuze escribe:
El primer mundo de la Recherche es
el de la mundanidad. No hay medio que emita y concentre tantos signos, en
espacios tan reducidos y a una velocidad tan grande. Bien es verdad que estos
signos no son homogéneos en sí mismos. En un mismo momento se diferencian, no
sólo según las clases, sino según «agrupaciones espirituales» aún más
profundas. En cada momento evolucionan, se fijan o ceden sitio a otros signos.
De forma que la tarea del aprendiz consiste en comprender por qué alguien es
«recibido» en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos
obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes…
El signo de lo mundano aparece como si hubiese reemplazado una acción o
un pensamiento. Sirve de acción y de pensamiento. Por lo tanto, es un signo que
no remite a algo distinto, significación trascendente o contenido ideal, sino
que ha usurpado el valor supuesto a su sentido. Por ello la mundanidad, juzgada
desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde
el punto de vista del pensamiento, aparece como estúpida. No se piensa, no se
actúa, se indican signos... El signo mundano no remite a algo, ocupa su lugar,
pretende valer por su sentido. Anticipa tanto la acción como el pensamiento,
anula el pensamiento y la acción, y se declara suficiente. De ahí su aspecto
estereotipado y su vacuidad. No debemos concluir con ello que estos signos sean
desdeñables. El aprendizaje sería imperfecto, e incluso imposible, si no pasase
por ellos. Están vacíos, pero esta vacuidad les confiere una perfección ritual,
un formalismo que no se encontrará en ningún otro lugar. Los signos mundanos
son los únicos capaces de causar una especie de exaltación nerviosa, efecto que
en nosotros producen las personas que saben emitirlos[7].
Siguiendo con la estratificación de los signos, sus planos y circuitos, también sus mundos, Deleuze interpreta en Busca del tiempo perdido de Marcel Proust y encuentra otros campos de signos:
El segundo círculo es el del amor... Enamorarse es individualizar a
alguien por los signos que causa o emite. Es sensibilizarse frente a estos
signos, hacer de ellos el aprendizaje... Es posible que la amistad se alimente
de observación y conversión, sin embargo, el amor nace y se alimenta de
interpretación silenciosa. El ser amado aparece como un signo, un «alma»:
expresa un mundo posible desconocido para nosotros. El amado implica, envuelve,
aprisiona un mundo que hay que descifrar, es decir, interpretar. Se trata
incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo del amor no sólo concierne a
la multiplicidad de los seres amados, sino a la multiplicidad de las almas o de
los mundos de cada uno de ellos. Amar es tratar de explicar, desarrollar, estos mundos desconocidos que
permanecen envueltos en lo amado. Por esta razón nos es tan fácil enamorarnos
de mujeres que no son de «mundo», ni siquiera de nuestro tipo. Por ello,
también las mujeres amadas están tan a menudo asociadas a paisajes, que
conocemos tanto como para desear su reflejo en los ojos de una mujer, pero
entonces se reflejan desde un punto de vista tan misterioso que para nosotros
son como países inaccesibles, desconocidos… ¿Cómo podríamos acceder a un
paisaje que no es el que vemos, sino al contrario aquel en el que somos vistos?
…
Hay, por tanto, una contradicción del amor. No podemos interpretar los
signos de un ser amado sin desembocar en estos mundos que no nos han esperado
para formarse, que se formaron con otras personas, y en los que no somos en
principio más que un objeto entre otros. El amante desea que el amado le
dedique sus preferencias, sus gestos y sus caricias. Pero los gestos del amado,
en el mismo momento que se dirigen a nosotros y nos son dedicados, expresan
todavía este mundo desconocido que nos excluye. El amado nos envía signos de
preferencia; pero como estos signos son los mismos que los que expresan mundos
de los que no formamos parte, cada preferencia de la que nos beneficiamos traza
la imagen del mundo posible en
el que otros podrían ser o son preferidos... La contradicción del amor consiste
en lo siguiente: los medios con que contamos para preservarnos son los mismos
medios que desarrollan estos celos, dándoles una especie de autonomía, de
independencia respecto a nuestro amor.
La primera ley del amor es subjetiva. Subjetivamente, los celos son más
profundos que el amor, contienen su verdad. La razón está en que los celos
llegan más lejos en la recogida e interpretación de los signos. Son el destino
del amor, su finalidad. En efecto, es inevitable que los signos de un ser
amado, desde que los «explicarnos», se manifiesten engañosos. Dirigidos y
aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que el
amado no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala intención
del amado, sino por una contradicción más profunda que depende de la naturaleza
del amor y de la situación general del ser amado. Los signos amorosos no son como
los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan pensamiento y aceren,
son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que
expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y
pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan una
exaltación nerviosa especial, sino el sufrimiento de una profundización. Las
mentiras del amado son los jeroglíficos del amor. El intérprete de los signos
amorosos es necesariamente el intérprete de las mentiras. Su propio destino
está contenido en la siguiente divisa: amar sin ser amado.
¿Qué esconde la mentira en los signos amorosos? Todos los engañosos
signos emitidos por una mujer amada convergen hacia un mismo mundo secreto: el
mundo de Gomorra que tampoco depende de tal o cual mujer (aunque una mujer
determinada pueda encarnarlo mejor que otra); mundo que es la posibilidad
femenina por excelencia, como un a
priori que los celos descubren. El mundo expresado por la mujer
amada es siempre un mundo que nos excluye, incluso cuando nos remite una señal
de preferencia. Sin embargo, de todos los mundos ¿cuál es el más exclusivo?...
Interpretamos cada signo de la mujer amada, pero al final de esta
dolorosa interpretación chocamos con el signo de Gomorra como con la expresión
más profunda de una realidad femenina original.
La segunda ley del amor proustiano se encadena a la primera:
objetivamente, los amores intersexuales son menos profundos que la
homosexualidad, su verdad la encuentran en la homosexualidad. Pues, si es
cierto que el secreto de la mujer amada es el secreto de Gomorra, el secreto
del amante es el de Sodoma... En el infinito de nuestros amores está el
Hermafrodita original, pero el Hermafrodita no es el ser capaz de fecundarse a
sí mismo, pues en vez de reunir los sexos los separa; es la fuente de la que
manan continuamente las dos series homosexuales divergentes, la de Sodoma y la
de Gomorra. Es el que posee la clave de la predicción de Sansón: «Los dos sexos
morirán cada uno por su lado». De tal modo que los amores intersexuales son
sólo la apariencia que recubre el destino de cada uno, escondiendo el fondo
maldito en el que todo se elabora. Y, además, las dos series homosexuales son
lo más profundo en función de los signos. Los personajes de Sodoma y los de
Gomorra compensan con la intensidad del signo el secreto en el que son
mantenidos... En su totalidad, el mundo del amor se dirige de los signos
reveladores de la mentira a los signos ocultos de Sodoma y Gomorra[8].
De los signos mundanos
pasamos a los signos del amor y de éstos a los signos sensibles. Al respecto,
Deleuze define estos signos de la siguiente manera:
El tercer mundo es el de las impresiones o de las cualidades sensibles.
Sucede a menudo que una cualidad sensible nos proporciona un extraño gozo al
mismo tiempo que nos transmite una especie de imperativo. De tal modo experimentado,
la cualidad no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee, sino como
el signo de un objeto distinto, que
hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier
momento puede fracasar. Todo sucede como si la cualidad envolviese, retuviese
cautiva, el alma de otro objeto distinto del que en su presente designa.
«Desenvolvemos» esta cualidad, esta impresión sensible, como un papelito
japonés que abriéndose en el agua liberaría la forma prisionera. Esta clase de
ejemplos son los más célebres de la Recherche, y
al final se multiplican (la revelación final del «tiempo recobrado» está
anunciada por una multiplicación de los signos). Sin embargo, cualesquiera que
sean los ejemplos, magdalena, campanarios, árboles, losas, servilleta, ruido de
la cuchara o de un canal de agua, siempre asistimos al mismo desarrollo. En
primer lugar, una alegría prodigiosa, de manera que estos signos se distinguen
ya de los precedentes por su efecto inmediato. Luego, una especie de consciente
obligación, que requiere un trabajo del pensamiento: buscar el sentido del
signo (sucede, sin embargo, que nos sustraemos a este imperativo, por pereza, o
que nuestras búsquedas fracasan, por impotencia o mala suerte: así, por
ejemplo, con los árboles). Después, el sentido del signo aparece,
descubriéndonos el objeto oculto…
Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí… La razón
estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien
interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no
son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos
mundanos. No son tampoco signos engañosos que nos hacen sufrir, como los signos
del amor, y cuyo verdadero sentido nos prepara dolor siempre mayor. Son signos
verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos
plenos, afirmativos y alegres. Son
signos materiales… Sin embargo, no estamos todavía en condición de
comprender qué es esta esencia ideal, ni por qué sentimos tanta alegría[9]...
Por último tenemos los
signos del arte, el sentido de estos signos se encuentra en una esencia ideal.
Deleuze define estos signos y su consecuente interpretación de la siguiente forma:
Ahora bien, el mundo del Arte es el último mundo de los signos; y estos
signos, como desmaterializados, encuentran
su sentido en una esencia ideal. Desde entonces, el mundo revelado del Arte reacciona
sobre todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los
integra, los colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que
todavía conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensibles ya remitían a una esencia ideal
que se encarnaba en su sentido material. Pero sin el Arte no habríamos podido
comprenderlo, ni superar el nivel de interpretación que correspondía al
análisis de la magdalena. Por ello todos los signos convergen en el arte; todos
los aprendizajes, por las vías más diversas, son ya aprendizajes inconscientes
del arte mismo. En el nivel más profundo, lo esencial está en los signos del
arte[10].
¿Qué podemos utilizar de
todo esto, como podemos utilizar esta
hermenéutica de los signos de la novela de Proust para aplicarla a la
interpretación de los signos del conflicto? Para comenzar, podemos coincidir
que se trata también de signos mundanos, sólo que la mundanidad en este caso
tiene que ver con el ámbito de las relaciones sociales y del conflicto social
en el sentido político como se lo entiende, no tanto así, como en el caso de la
novela En busca del tiempo perdido,
con las relaciones sociales en el sentido de las estructuras y jerarquías
sociales, en el sentido de los signos de una sociedad jerarquizada y
aristocrática. Después podemos desplazarnos de los signos del amor a los signos
pasionales, a los signos de las pasiones colectivas, pero también de las
pasiones encontradas de los bandos en conflicto. También podemos coincidir en
los signos sensibles, en los signos materiales, en los signo de la percepción.
Empero, en este caso, se trata de paisajes sociales o, si se quiere, de
geografías humanas. Los lugares y los escenarios del conflicto. Por último,
tenemos los signos del arte; buscaremos en la estética, llegando a ella, a una
interpretación estética, recurriendo a una crítica en el sentido de una la ideología
estética, tal como la define Paul de Man[11],
el sentido integral de la interpretación del conflicto, en sus perspectivas
articuladas, históricas, políticas, sociales y culturales.
En lo que viene jugaremos
con paráfrasis al texto de Gilles Deleuze sobre la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido[12].
Estas aproximaciones metodológicas al método hermenéutico de Deleuze, este
juego de analogías y extensiones de similitudes, no borran diferencias, empero
ayudan a experimentar otra interpretación de los acontecimientos, tomados como
una narrativa factual y dramática.
El mundo del que hablamos es
el moderno sistema mundial, el sistema-mundo capitalista, basado en la
economía-mundo capitalista, sistema que configura una geopolítica que
diferencia centros y periferias del sistema mundo, asignando a los centros un
papel positivo en la acumulación ampliada de capital y condenando a los
segundos a un papel negativo en el mismo proceso de acumulación, a la
transferencia de recursos naturales. Bolivia forma parte de las periferias, es
despojada y desposeída de sus recursos naturales desde la Colonia; esto no ha
cambiado, al contrario ha venido actualizándose, desplazándose las formas de los
colonialismos, los extractivismos, de acuerdo a las formas hegemónicas de los
ciclos del capitalismo. Los signos del mundo tienen que ver con el dinero, la
ganancia, los precios, la renta, el salario, la división del trabajo; los
signos del mundo en las periferias tienen que ver además con la pobreza, la
precariedad, la escasez, el servilismo, la supeditación, la subalternidad, la
subordinación. La interpretación de estos signos pasa por la hermenéutica de la
mutación y de la velocidad de las experiencias. De forma que la tarea del intérprete consiste en comprender por qué
alguien es albergado en determinado
mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles
son sus legisladores y sus sumos sacerdotes. Los signos del mundo nos
llevan a interpretar las formas concretas de la lucha de clases, las formas
específicas de la dominación, las formas concretas de las manipulaciones y del gobierno de los sacerdotes. Los signos
mundanos son signos de acción y de pensamiento, son signos de luchas y de
recursos discursivos. Son signos de circulación y de diferenciación, signos que
dibujan las geografías y los escenarios del mundo. Se trata de signos que ponen
en la superficie de las cosas el significado de los hechos; en este sentido se
puede decir que lo más profundo está en las superficies. Por ello la mundanidad, juzgada desde el punto de vista de las
lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del
pensamiento, aparece como insulsa. Desde esta perspectiva se puede decir
que el pensamiento no puede totalizar esta profusión de flujos de hechos y
eventos, cambiantes, veloces y mutables. Los signos mundanos sustituyen a los
sentidos, aparecen en la epidermis de
los acontecimientos y valen por su elocuencia empírica. Los signos mundanos
tienen una vida fugaz, no por eso dejan de ser imprescindibles, al contrario
son administrados por formalidades y acuerdos, hasta por consensos, nos afectan
inmediatamente instigándonos a actuar.
Los signos del conflicto en
el sentido mundano, del conflicto de la coyuntura, nos muestran la
proliferación de las demandas, que no necesariamente tienen que ver con la
crisis del proceso, sino que muchas de ellas vienen desde atrás, desde antes,
desde el pasado mediato. Tienen que ver con el fracaso del Estado y las
resistencias sociales, con las luchas contra las formas del capitalismo
periférico. Otras demandas tienen que ver directamente con la crisis del
proceso, como la efectuada por las naciones y pueblos indígenas originarios. Las
demandas de largo y mediano plazo se mezclan con las demandas relativas a la
crisis del proceso dibujando una coyuntura explosiva. Ponen en cuestión la
representación del Estado y el carácter del gobierno. Las preguntas de fondo
son: ¿Por qué los trabajadores tienen que ganar por debajo de la satisfacción
de sus necesidades? ¿Por qué tienen que ser los condenados de la tierra? ¿Por
qué no cambia esta situación? ¿Por qué no se invierte en la infraestructura de
salud y en la logística educativa en gran escala? ¿Acaso no estamos en un
proceso de cambio? ¿Por qué se culpa a los maestros por el fracaso de las
reformas educativas? ¿Por qué se culpa a los choferes por la evidencia
des-armante de un transporte comercial? ¿Por qué se carga la furia estatal
sobre los cuerpos de los manifestantes, en su mayoría estudiantes, además de
los trabajadores de salud, fuera de los médicos? ¿Por qué se descarga sobre las
naciones y pueblos indígenas el peso de la destrucción del modelo extractivista
del capitalismo dependiente? La interpretación de los signos del conflicto nos
habla de varias crisis; por lo menos de tres, la crisis del proceso, la crisis
del Estado, la crisis del capitalismo periférico.
Siguiendo la sedimentación
de los mundos de signos y la estratificación de las interpretaciones posibles,
hemos dicho que vamos a hablar de los signos pasionales, de las pasiones en las
que se encuentran involucrados los bandos en conflicto. El gobierno, por un
lado, acompañado por las organizaciones sociales campesinas y otras
organizaciones urbanas, como algunas centrales obreras regionales y juntas de
vecinos, que lo apoyan. Los movimientos sociales anti-sistémicos, las naciones
y pueblos indígenas originarios, las organizaciones indígenas, la COB, los
estudiantes, otras juntas de vecinos y otras organizaciones regionales, por
otro lado. En este caso, no ocurre como con los signos del amor, que
ciertamente es una pasión, que se enfocan en una persona y se individualizan;
en el caso de los signos pasionales la percepción es más difusa y desenfocada,
si es que no decimos que se trata de un juego de enfoques, aunque parezca ocurrir
una cierta individualización y personificación, cuando el repudio identifica
gobernantes. Se trata más bien de afectos colectivos que descargan su pasión en
instituciones, en los espectros institucionales y en las representaciones
institucionales, aunque terminen nombrándolas como si fuesen personas e
individuos. Sin embargo, como en el caso
de los signos del amor, se trata incluso
de una pluralidad de mundos; el pluralismo de las pasiones no sólo concierne a
la multiplicidad de los seres estimados o repudiados, sino a la multiplicidad
de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Estar apasionado es tratar
de explicar, desarrollar, estos
mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo estimado o amado, en lo
valorado o descalificado. Hay por lo tanto contradicciones en las pasiones,
no solo porque son encontradas, sino porque reclaman imágenes e imaginarios que
les anteceden, correspondientes a instituciones que fueron formadas con mucha
anterioridad, temporalidad que excede la vida de los individuos y a la vida de
una generación. Se exige respuestas como si se tratase de personas; el Estado
es el patriarca otoñal. La relación paternal aparece en unos y en otros. Los
gobernantes también se creen la encarnación del padre ancestral. Por un lado,
se exige manifestaciones de condescendencia, por otro lado, se exige respeto a
la investidura. Empero los gestos institucionales expresan la fenomenología de
un mundo desconocido, el mundo del poder, que nos excluye. Los medios con que contamos para preservarnos son los mismos medios que
desarrollan las insatisfacciones y las frustraciones, otorgándoles una especie
de condena, de fatalidad respecto a nuestras pasiones.
La primera ley de las pasiones es subjetiva. Subjetivamente, las pasiones
son recónditas, devienen de una expectativa ancestral, contienen una verdad no
revelada. Por eso los signos pasionales resultan engañosos. Dirigidos y
aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que la
institución no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala
intención, sino por una contradicción más insondable que depende de la complexión
de la institución y de la situación general de las demandas. Los signos pasionales
no son como los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan
pensamiento, son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros
escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de
acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan
una exaltación nerviosa especial, sino la angustia de una excavación en la
matriz de los acontecimientos. Los subterfugios institucionales son los
jeroglíficos de las pasiones. El intérprete de los signos pasionales es
necesariamente el intérprete de los disfraces. Su propio destino está contenido
en la siguiente divisa: esperar una respuesta que nunca ha de llegar.
La segunda ley es objetiva, las pasiones evidenciadas son menos hondas que
la intersubjetividad, su verdad la encuentran en el aniquilamiento. En el
infinito de nuestras pasiones está el origen mítico, sin embargo la institución
no es el ser capaz de fecundarse a sí misma, pues en vez de reunir la
pluralidad las separa; tampoco tiene el atributo de la reproducción, sino de la
permanencia y la inmovilidad. De tal modo que las pasiones evidenciadas son
sólo la apariencia que recubre el destino de cada quien, escondiendo el fondo perverso
en el que todo se elabora. Y, además, las series de aniquilamiento son lo más subterráneo
en función de los signos. En su totalidad, el mundo de las pasiones se dirige
de los signos reveladores del disimulo, a los signos ocultos del aniquilamiento
y el antagonismo absoluto.
Ahora estamos con los
signos de las cualidades sensibles. Sucede
a menudo que una condición sensible nos proporciona una extraña complacencia al
mismo tiempo que nos transmite una especie de mandato preceptivo. De tal modo experimentado,
la condición sensible no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee,
sino como el signo de un objeto distinto, que
hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier
momento puede fracasar. Todo sucede como si la condición envolviese, retuviese
cautiva, la intimidad de otro objeto distinto del que en su presente designa. La
interpretación de los signos sensibles concurre por asociación y analogías;
funciona como una inteligencia intuitiva que opera por comparaciones, mejor
dicho por aproximaciones y parecidos, por integraciones sucesivas. En todo caso
se trata de la memoria, que remonta el tiempo de manera inversa a como avanza. En primer lugar, una alegría prodigiosa, de
manera que estos signos se distinguen ya de los precedentes por su efecto
inmediato. Luego, una especie de consciente obligación, que requiere un trabajo
del pensamiento: buscar el sentido del signo. Después, el sentido del signo
aparece, descubriéndonos el objeto oculto.
Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí. La razón
estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien
interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no
son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos
mundanos. No son tampoco signos embaucadores que nos hacen sufrir, como los
signos del amor o que nos afectan como los signos pasionales, y cuyo verdadero
sentido nos prepara un dolor siempre mayor o un afecto más intenso. Son signos
verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos
plenos, afirmativos y alegres. Son
signos materiales; sin embargo, no estamos todavía en condición de
comprender qué es esta inmanencia, ni por qué sentimos tanta alegría.
Los signos materiales del
conflicto son las calles, los bloqueos, los caminos, por eso mismo también las
losas, el asfalto, los objetos y materiales del bloqueo, las explanadas de los
caminos, pero también los paisajes colindantes, los árboles, los ríos, también
las montañas de la Cordillera y después la meseta silenciosa del Altiplano.
Cuando se llega, son las calles y las casas de las ciudades. También hay que
nombrar las sensaciones, de calor o, en su caso, de frío, dependiendo dónde se
encuentre la marcha o dónde se suscita la movilización. También debemos tomar
en cuenta las sensaciones de hambre y de sed. Una marcha hace recuerdo a otras
marchas, un bloqueo a otros bloqueos, en enfrentamiento con la policía a otros
enfrentamientos; también la represión hace recuerdo a todas las represiones,
pues suspende los derechos y arremete contra los cuerpos, como si hubiese una
represión absoluta, repetitiva e inaudita. Hay pues una memoria de las marchas,
un recuerdo de los bloqueos y de los enfrentamientos; los signos sensibles del
conflicto ayudan a la intuición de las luchas y de las movilizaciones. El
sentido se encuentra en un combate ininterrumpido contra la opresión, la
dominación, la explotación, la conculcación de los derechos y el control
reiterativo del capital.
Los signos estéticos corresponden al último mundo de los signos; y estos
signos, como desmaterializados, encuentran
su sentido en una existencia inmanente. ¿Se trata de un sentido integral? ¿Un
sentido que ha totalizado todos los signos, todas las interpretaciones de los
signos, todos los otros mundos? Mas bien diremos que los signos estéticos
develan la capacidad creativa y la potencia social, la biopolítica colectiva opuesta
al biopoder. Desde entonces, el mundo revelado por la estética reacciona sobre
todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los integra, los
colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que todavía
conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensibles ya remitían a una creación
alegre y desbordante, que se encarnaba en su sentido material. Pero sin la
estética no habríamos podido comprenderlo, ni superar el nivel de
interpretación que correspondía al análisis intuitivo. Por ello todos los
signos convergen en la estética; todos los aprendizajes, por las vías más
diversas, son ya aprendizajes inconscientes de la estética misma. En el nivel
más profundo, lo primordial está en los signos estéticos pues son creativos. Hablamos de la auto-poiesis.
Los signos estéticos del
conflicto son como la confluencia de todas las interpretaciones de todos los
otros signos del conflicto. Es el sentido mayúsculo creado por los movilizados,
los marchistas, los bloqueadores, los combatientes; es la utopía, el horizonte
abierto por las luchas. Es el sueño de la alteridad y la dimensión secreta de
lo alternativo. Más allá de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, es lo
estético, es el encuentro entre el artista, que en este caso son las
multitudes, y la multiplicidad de formas de la materia, convertida en
plasticidad para la creación colectiva.
Fenomenología del conflicto
Tenemos que oponernos a los
negociadores del conflicto, a los que se hacen llamar conflicto-logos. Esta metodología
confunde el conflicto con la concurrencia mercantil y la competencia en el
mercado. Hay que lograr acuerdos a
partir de los puntos coincidentes, negociando los puntos en conflictos. Así
como hay expertos en mercadotecnia, hay también expertos en el mercado del
conflicto, o del conflicto convertido en una concurrencia. Estos expertos no
entienden nada, todo lo han reducido a la competencia o a la lectura
distributiva y cuantitativa del conflicto, creen leer curvas del conflicto,
como si fuese una geometría analítica. Obviamente están muy lejos de acceder a
los signos del conflicto y a las hermenéuticas de estos mundos de signos. Están
lejos de entender que el conflicto es parte del gasto heroico de las
multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, las mujeres, las
subjetividades diversas, los condenados de la tierra. Es la entrega cualitativa
que no se puede cuantificar, son los flujos y las líneas de fuga que no puede
atrapar la geometría analítica. Es la creación del espacio liso que de-construye
el espacio estriado, es la desterritorialización inmensa de la movilización que
desarma las cartografías del poder.
La fenomenología, palabra que viene
del griego antiguo φαινόμενoν,
que quiere decir aparición, manifestación, combinada con λογος, que
significa estudio, es una corriente
filosófico que estudia los
fenómenos tal como se presentan a
la conciencia, es decir, que estudia a los hechos, eventos y acontecimientos en
tanto que se manifiestan. La fenomenología fue un movimiento filosófico del
siglo XX, que puede ser identificado por su pretensión radical de fidelidad a
lo dado o, si se quiere a lo que va dándose, que puede ser muy bien expresado
como experiencia. Nosotros retomaremos la fenomenología en el sentido de
experiencia de las multitudes, por lo tanto como devenir, también como
hermenéutica colectiva y comunitaria.
Por lo tanto la fenomenología del conflicto tiene que ver con la
experiencia de las multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, los movilizados.
Esta fenomenología expresa entonces el devenir de la experiencia en memoria e
interpretación colectivas, en devenir de las expresiones de las multitudes,
formas que tienen que ver con la multiplicidad de los lenguajes, lenguajes
discursivos, lenguajes corporales, lenguajes de la imagen. También se trata del
devenir utopía, del devenir horizonte, así como también del devenir alteridad y
alternativa, la invención de otro campo de relaciones, la constitución de otras
subjetividades e intersubjetividades.
Las manifestaciones del conflicto social en la coyuntura nos trasladan a
los espesores de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos;
los recientes, la memoria inmediata, los anteriores, la memoria mediata, los
más antiguos, la memoria larga. Hay como una memoria acumulativa. Importa, por
el momento evaluar la relación del conflicto reciente con las luchas sociales
desatadas en el periodo del 2000 al 2005, pues tienen que ver directamente con
la crisis del proceso. La interpretación colectiva es la de un fracaso, pero no
se trata del fracaso del proceso sino del fracaso de los gobernantes, pues la
interpretación más compartida es que el proceso emerge y forma parte de los
mismos movilizados. El proceso emerge de la dinámica de los cuerpos, del flujo
de afectos de los cuerpos de las multitudes. Lo que ocurre con los gobernantes
es otra cosa, ellos son otra cosa, no son el proceso, son como la reiteración
de lo conocido, de lo vivido en la experiencia, responden a los signos y
símbolos del Estado, a las conductas y comportamientos del esquematismo
estatal. Son como el contra-proceso, lo que se opone a la creatividad de la
movilización y la participación.
Por eso resulta gracioso observar las pretensiones de parar el conflicto
con maniobras o con represiones, con trampas y disuasión, sino son con violencias.
Pretender parar el conflicto con divisiones y estigmatizaciones de los
movilizados. Con decretos y leyes, con acuerdos precipitados, que quieren
mantener la apariencia de que no se ha perdido, que al final, a pesar de que
ustedes, los otros, los movilizados, lograron sus objetivos, Yo, el Estado, el
gobierno, los órganos de poder, imponemos la formalidad del acuerdo. Esto sólo dura un momento, pues
la estructura del conflicto no ha desaparecido. La salida no está en la astucia
de los políticos, pues esta sólo alcanza lograr la ilusión una perdurabilidad
fugaz mediante un acuerdo, lo que puede durar la satisfacción de una maniobra.
Las olas del conflicto volverán con el vaivén de los flujos y reflujos.
La densidad imaginaria de los centrismos
Esencialismos, sustancialismos y
fundamentalismos
Recuerdo una
tarde que discutía con mi querido amigo Juan Pelerman Fajardo sobre la cuestión
nacional; también estaba Nicómedes
Sejas, un intelectual aymara, quien estudió filosofía[13].
Nos conocimos durante la resistencia a la dictadura del general Hugo Banzer
Suarez; formábamos parte del inter-facultativo, una organización estudiantil
clandestina que articulaba la resistencia a la ocupación de la Universidad
Mayor de San Andrés. Me acuerdo, que en el debate acalorado que tenía con mi
bien ponderado y lúcido activista e intelectual Juan Pelerman, Nicómedes
Sejas dijo: No basta
ser boliviano, no basta haber nacido en Bolivia para conocer la cuestión
nacional, para conocer su problemática. Hoy recuerdo esa frase tan clara y
pertinente. Nicómedes
Sejas siempre ha sido así, pertinente. Recuerdo también una
sugerente posición de Nicómedes
Sejas durante la experiencia del
inter-facultativo; en ese periodo de resistencia. Todos los grupos de izquierda
formaron sus grupos de estudio; estudiábamos marxismo, por lo menos los textos
de lectura requeridos, aunque a mí me gustaban los más teóricos. Todo el mundo
competía por ser marxista, el más marxista. En ese entonces Nicómedes
Sejas leía a Hegel, recuerdo que se trataba de La ciencia de la lógica; decía no se
puede entender a Marx sin leer a Hegel. Tenía toda la razón. Creo que Nicómedes
Sejas era un filósofo nato; tranquilo, siempre al alcance de
frases meditadas. Después de un tiempo, ya fuera de la universidad, volví a ver
a Nicómedes Sejas en una reunión de un
grupo de intelectuales del movimiento katarista, movimiento político-cultural
anticolonial y descolonizador; los kataristas fueron la base organizativa y de
apoyo de la CSUTCB de Genaro Flores, la primera organización nacional campesina
independiente del Estado y con un discurso anti-colonial. Fue una reunión
interesante en el Tambo Quirquincho[14].
Se discutió un más allá del marxismo. En ese entonces yo era deleuziano y
obviamente me parecía superado el marxismo. Nicómedes
Sejas dijo: No le
pregunten a Raúl sobre ese tema pues él ya considera superado el marxismo. Nicómedes
Sejas siempre me
llamó la atención. Yo esperaba una dedicación a la filosofía de parte de él.
Empero, la vida lo llevó por otros caminos, incluso por caminos contradictorios
a las tesis Kataristas; lo mismo ocurrió con Víctor Hugo Cárdenas, que era como
el ideólogo del katarismo por aquel entonces. No vamos a discutir aquí estas
concretas rutas a la deriva, pues se comprometieron con el proyecto neoliberal;
lo que hacemos es resaltar el papel del katarismo en la construcción de un
pensamiento descolonizador. Por otra
parte, no olvidar que la tarea de este ensayo es poner en mesa de discusión el
problema de una herencia ideológica; hablo de los esquemas de imaginarios
centrismos auto-centrados y auto-referidos, que sustancializan identidades como
principio ontológico. Me parece que aquí se repite un esquematismo religioso,
el de las grandes religiones monoteístas, que puede resumirse en el mito del
pueblo escogido por Dios. Este esquematismo religioso debe ser develado, pues
de lo que se trata es de seguir los recorridos y responder a los desafíos de la
descolonización. Cuando se aborda este gran tema y problemática histórica es
indispensable llevar el análisis y la reflexión hasta sus últimas
consecuencias.
Volví a
encontrar a Nicómedes Sejas en el
entierro de mi tía Eliana Alcoreza de Eizaguirre, en el Cementerio Jardín; me
habló con mucho cariño de mi tía, lo que no dejaba de sorprenderme, pues si
bien mi tía fue la primera decana de la Facultad de Ciencias Sociales, que
venga el reconocimiento de parte de Nicomedes Sejas me agradó mucho. La última vez que me volví a encontrar con Nicómedes
Sejas fue en un seminario sobre el TIPNIS. Yo expuse mi
punto de vista, en defensa del TIPNIS y por la descolonización. Nicomedes
habló, esta vez lo hizo con pasión, dejando su acostumbrada tranquilidad. En
ese momento tuve la comprensión de la importancia del recuerdo, de la
concomitancia de la memoria; con Nicomedes Sejas habíamos compartido
momentos de resistencia, aunque después Nicomedes se haya alejado en una
coyuntura fatídica; sin embargo, lo compartido no se borra de la memoria. Tomé
consciencia de lo que habíamos conllevado, lo que
teníamos en común, pero también lo que en otro periodo nos distanció. Empero,
volviendo al asunto, quiero retomar esa frase de Nicomedes Sejas, no es suficiente ser boliviano, haber nacido en Bolivia, para
conocerla. Esta frase indudablemente es anti-esencialista, anti-sustancialista
y anti-fundamentalista. Hay que retomar las prudentes posiciones de Nicomedes
Sejas del periodo de resistencias.
A lo largo de
la historia política reciente se han conocido posiciones que podemos
reconocerlas por sus presupuestos esencialistas, sustancialistas y
fundamentalistas. A estas posiciones se las puede reconocer por su punto de
partida; hay como un presupuesto ontológico afectivo; nuestra verdad radica en
lo que somos, lo que somos es suficiente para afirmar nuestra verdad, frente a
la impostura occidental. Nuestro conocimiento es superior pues es
anti-colonial. El hecho de que seamos lo que somos, de que hayamos nacido en
nuestro territorio y continuemos la herencia y la tradición ancestral, nos hace
propietarios de un conocimiento propio. Estos presupuestos son sólidos y
consistentes, afirman una perspectiva política que se gesta en la comprensión
de la experiencia colonial. Estas son las bases del anti-colonialismo y del
orgullo propio, de la identificación de la potencia social de lo nuestro, lo
colonizado, subyugado y dominado. Es como cuando dice Frantz Fanón que la
violencia cristalizada en nuestros huesos se la revierte al colonizador; la
construcción de la identidad propia pasa por este momento de ruptura. Empero,
esta matriz no puede quedarse ahí, tiene que ser trabajada, tiene que
confrontarse y contrastarse, situarse en el mundo. En otras palabras, hay que
tomar conocimiento de lo que somos históricamente, de los contextos en los que
nos movemos y la genealogía de las coyunturas de las luchas. No basta con nacer
y ser distinto, es indispensable constituir la diferencia política y
epistemológica.
Quedarnos en
la constatación de la diferencia es sólo eso, descubrir una distinción, empero
queda un camino largo que tiene que ver
con construir una alternativa. La historia del katarismo ha sido rica en lo que
respecta a retomar la memoria larga y actualizar la lucha anti-colonial y
descolonizadora, empero también ha sido una historia complicada por habernos
mostrados los límites de una ordenación orientación que no lleva hasta sus
últimas consecuencias sus propios postulados. El katarismo es indudablemente la
base de los contemporáneos discursos anticoloniales y descolonizadores, ha
servido de base para la conformación de los sindicatos independientes
campesinos, las centrales sindicales y
la confederación sindical. También ha sido la base ideológica para la
conformación de los partidos kataristas, incluso para lo que después va a ser
el proyecto de lucha armada del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK).
Empero esta base ideológica ha sido usada para justificar divisiones y hasta
rencillas por cuotas de poder. El katarismo se hace trizas, incluso una de sus
versiones termina justificando su alianza con el proyecto neoliberal del MNR de
Sánchez de Lozada. ¿Qué pasó?
No era
suficiente declararse katarista, era indispensable sacar las consecuencias
políticas y conceptuales de ello. Lo peligroso era usar el katarismo como
capital político para lograr acuerdos y alianzas, que podían terminar
orientando el proyecto por otro lado, repitiendo las prácticas de la política
criolla. El sector katarista de Genaro Flores entra a la UDP y el sector
katarista de Macabeo Chilla se alía con el MNR de Paz Estensoro, más tarde el sector
katarista de Víctor Hugo Cárdenas se alía al proyecto neo-liberar de Sánchez de
Lozada. Le otorga la cara indígena a un proyecto que no dejaba ser la
renovación del colonialismo por la vía de la desposesión y el despojamiento de
tierras y recursos naturales en tiempos de la crisis estructural del
capitalismo. El sector katarista de Fernando Untoja justifica una alianza con
el partido del general Banzer, en su etapa democrática, lo que habilita el
ingreso de Fernando Untoja al Congreso como diputado. En una discusión que tuve
con Fernando Untoja a propósito de esta alianza, ante mi interpelación, me dijo
que la izquierda también había hecho lo mismo, se había aliado con Sánchez de
Lozada. Lo que no dejaba de ser cierto, si tomamos en cuenta a izquierdistas
seducidos por el “gringo”. Empero no justificaba, desde ningún punto de vista,
la alianza con Banzer y la ADN.
El katarismo que
retomó la radicalidad del discurso de Fausto Reinaga es el de Felipe Quispe. El
katarismo parecía haber desaparecido, debido a las divisiones y vaivenes
políticos, empero durante el periodo de resistencias al neoliberalismo de la
década de los noventa, aparecía renovado, retomando incluso la versión original
de Túpac Katari, la versión militar y la expresión de la movilización indígena
del cerco. Felipe Quispe corrige las interpretaciones kataristas que podríamos
llamarlas incluso reformistas, lanzando una guerra de razas en la perspectiva
de una descolonización. El discurso de las dos Bolivias fue contundente. Forma
parte de las expresiones radicales de las luchas sociales del 2000 al 2005.
Desde los acontecimientos de septiembre del 2000 hasta ahora, en plena crisis
del proceso de cambio (2012), vemos que el katarismo está no sólo vigente sino
que tiene que ver con la comprensión del momento y de la crisis del proceso.
Al respecto,
una pregunta que debemos hacernos, revisando los acontecimientos, es: ¿Por qué
Evo Morales y no Felipe Quispe? ¿Por qué el primero llegó a la presidencia y el
segundo no pudo continuar con su proyecto insurreccional? Esta pregunta es
clave, no sólo para los aymaras, también para los quechuas, así mismo para
todos los pueblos indígenas de tierras altas y tierras bajas, como también para
todos los bolivianos, mestizos y migrantes a las urbes. Esta pregunta es
importante ante la crisis del proceso. Para responder esta pregunta no vamos a
optar por el camino fácil; partir de la división del Movimiento Indio Pachacuti
(MIP), del debate y de la división entre Germán Choquehuanca y Felipe Quispe.
Pues este debate está saturado de una típica división partidaria. Al respecto
no tomaremos partido por nadie, ni por Germán Choquehuanca ni por Felipe
Quispe. Este es un tema que tendrá que aclararse con el tiempo. Optaremos mas
bien por un camino difícil; por escudriñar en el campo de posibilidades del
movimiento indígena aymara del Altiplano, cuyo núcleo se encuentre en la
provincia Omasuyos.
Pero, antes
debemos resolver el problema planteado, recogiendo las tesis de Nicómedes Sejas,
que para el caso tendríamos que expresarla de otra manera, más específica. No
es suficiente ser aymara, nacer aymara, para conocer la problemática colonial; extendiendo,
también podríamos decir que no es suficiente ser quechua, nacer quechua, para
conocer la problemática colonial. Lo mismo podríamos decir de todas las
identidades colectivas. La generalización podría darse también el sentido de no
es suficiente ser alguien para conocer la problemática existencial. Esto tiene
sentido pues el fenómeno de los centrismos imaginarios, de su sustancialización
y ontologización, no sólo es cultural y étnica, sino también institucional y
organizacional; por ser lo que soy, sindicalista, izquierdista, comunista,
etc., por ser por tanto el centro protagónico de la historia del mundo tengo el
privilegio del conocimiento absoluto, soy la consciencia histórica. Este
fenómeno de los centrismos imaginarios se manifiestas de manera elocuente y
pasional con las religiones, las grandes religiones, las religiones
monoteístas.
El
reconocimiento de lo que sé es, la identidad, es la base fundamental de la resistencia,
emancipación y liberación; esta identidad es primordial en la lucha anticolonial
y por la descolonización, empero ahí no puede quedar el discurso y la
reflexión; es indispensable construir el conocimiento emancipador de esta
experiencia. Es primordial abrir el camino hacia la descolonización efectiva,
para eso también es indispensable darse como tarea la descolonización de uno
mismo o de una misma, puesto que la colonia también está cristalizada en
nuestros huesos. En esta perspectiva es indispensable discutir la experiencia
de la guerra anti-colonial del siglo XVIII, del levantamiento indígena
pan-andino, de las perspectivas planteadas por Túpac Amaru, Tomas Katari y Túpac
Katari. Discutir los alcances de la descolonización y de las alianzas con los
mestizos. Tema pendiente. Del significado de la lucha anticolonial y anticapitalista
en la actualidad, de la participación de todos los involucrados en esta lucha,
de la participación de los movimientos sociales anti-sistémicos emergentes, de
la problemática regional y continental, además de mundial. Y, obviamente, es
menester evaluar críticamente el proceso de cambio, su crisis y
contradicciones. Ante esta gama de problemas no se puede responder con una
reiteración afectiva de la identidad. Soy lo que soy, los que no son lo que soy
están descalificados de antemano. Este fundamentalismo peca no solamente por no
ser reflexivo sino por tener consecuencias debilitantes del propio proyecto
político descolonizador y anti-capitalista.
El problema
político y cultural de la
descolonización no se puede reducir a un problema genético; no lo es, es un
tema histórico y político, además de social. Las posibilidades del conocimiento
de estas problemáticas no derivan de una herencia genética, ni del lugar donde
nací. Esto depende de las posiciones que se toman y de la apertura de la
crítica, de la capacidad política, de la potencia social y de las fuerzas
desencadenadas. La experiencia de las luchas sociales, de la movilización
prolongada del 2000 al 2005, nos muestra la confluencia de la potencia social
de múltiples movimientos sociales anti-neoliberales, en parte anti-coloniales y
anti-capitalistas. La lucha contemporánea se decide en las ciudades, la
articulación ciudad-campo es indispensable para la victoria política. Las tres
victorias del ciclo de movimientos sociales del 2000 al 2005 estuvieron
selladas por una alianza ciudad-campo; la guerra del agua, la guerra del gas y
la movilización de mayo y junio del 2005 que toma El Alto, La paz, Oruro,
Potosí, concluyendo la toma de la ciudad de Sucre. La grandiosa movilización de
septiembre del 2000, que sitió a cuatro ciudades del eje central, que ocupó
territorialmente el país, tuvo una victoria, por así decirlo militar, empero lo
que se ganó en los caminos se perdió en la mesa de negociaciones.
En otras
palabras, no es posible pensar en una lucha de unos contra todo, descartando a
los demás que están involucrados en la lucha. Esta posición deriva en el
aislamiento y en la derrota. Tampoco se puede caer en un desmesurado afecto por
la distinción pura, por el orgullo etno-centrado y local-centrado, que no lleva
a otra cosa que a un egocentrismo. La lucha política exige descentramientos, el
tratamiento integral y des-localizada de la crisis, la coordinación de los
movimientos, la incidencia de las alianzas. Por otra parte, la descolonización
exige el descentramiento de los egos, el desapego a los caudillismos, la
liberación de las auto-referencias. Es indispensable abrirse a la construcción
de conocimientos colectivos y la recuperación de saberes colectivos. Bueno,
todo esto también nos lleva a escapar de la facilidad de las descalificaciones.
Optar por la investigación, el conocimiento crítico y el debate abierto,
buscando siempre el análisis.
Los
esencialismos, los sustancialismos y los fundamentalismos son mas bien síntoma
de una profunda debilidad. La demarcación de lugares privilegiados, únicos, la
resonancia de un centro trascendente, jerarquizado sobre todo los demás
espacios, no es más que una religión. Se parece mucho a la repetición de los
esquemas de la tradición judeo-cristiana, por eso mismo no parece ser otra cosa
que una reminiscencia colonial. Los esencialismos, sustancialismos y
fundamentalismos chocan con una perspectiva pluralista, con un pensamiento
pluralista, incluso con una interpretación animista e inmanentista, que
considero es propio de las cosmovisiones de los pueblos indígenas. Llegar a
extremos de descalificar a los que no nacieron donde yo nací, a los que no
viven donde yo vivo, es extremar descomunalmente el centramiento en uno mismo.
En el fondo se dice lo siguiente: nadie salvo yo puede hablar de estos temas,
los demás son unos advenedizos. ¿Por qué se llega a efectuar estos gestos? En
este caso, el caso de estos extremos ego-céntricos, no se puede adjudicar la
causa sólo a los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos. Pues estas
conductas no tienen que ver estrictamente con estos fenómenos ideológicos sino
mas bien con las propias concurrencias del mundo moderno, de su modernidad
competitiva, llena de exigencias, de representaciones y sobre todo de
publicidad. El reconocimiento anhelado responde a las concurrencias de las
instituciones modernas, sean académicas o no. A este juego se han prestado los
individuos empujados a la competencia. No es sorprendente encontrar en este
juego no solamente en personas no comprometidas con proyectos de resistencia y
emancipatorios, encontrar en este juego a personas no comprometidas con
proyecciones críticas, por lo tanto personas totalmente adscritas a la
concurrencia fetichista de las mercancías,
sino lo sorprendente es que también nos topamos también en este juego
competitivo a personas que se dedican a la crítica y tienen posiciones
políticas contrarias a las dominaciones capitalistas-coloniales, incluso
críticas al diletantismo de los gobiernos progresistas. Gran parte de la
contienda entre las izquierdas tiene que ver con estas concurrencias que llegan
a las descalificaciones mutuas. Otro escenario de esta competencia por los
reconocimientos es el mundo académico. Empero, este ya no es un problema
ideológico, como en el caso de los esencialismos, sustancialismos y
fundamentalismos. Es un problema de las individuaciones y las individualidades.
Lo que forma parte y se explica debido a la irradiación de la concurrencia
mercantil.
En relación a
lo que evaluamos, la tesis que sostenemos es que el tratamiento crítico de la
problemática política e histórica de la colonialidad no está garantizado por
una ubicación territorial, por una herencia genética, por un privilegio de
auto-centramiento y auto-referencia, sino por la posición crítica y
deconstructiva de la problemática en cuestión. Ahondando en la tesis de Nicómedes
Sejas, en su periodo de resistencias y de crítica, de lo que se trata es de
apropiarse de la estructura y la composición de la problemática, comprender su
temporalidad, su contexto y la coyuntura. Al respecto, podemos comenzar
diciendo que la colonización y la colonialidad es un fenómeno mundial, ha
afectado directamente por lo menos a las tres cuartas partes de la geografía
mundial y de la demografía de la población mundial. No es algo que nos ha
ocurrido nosotros nomas, sino a la mayoría de los pueblos que tuvieron que
soportar la violencia descomunal de la expansión capitalista. En este sentido
es indispensable revisar estas experiencias, las experiencias de las luchas
anti-coloniales, los conocimientos críticos de la descolonización, las teorías
que se han dado en la deconstrucción de la colonialidad y la dominación
capitalista. Creer que somos nosotros los únicos que hemos elaborado teorías
descolonizadoras ya es un débil punto de partida. La necesaria comprensión de
la problemática en su dimensión mundial nos lleva también a comprender que la
lucha contra el colonialismo y capitalismo es mundial, que es muy difícil que
pueda vencerse esta lucha en un solo país, mucho menos en una sola micro-región
o, en su defecto, en una sola localidad. Esta situación nos lleva también a
comprender que en la lucha anti-colonial están involucrados varios pueblos y
tonalidades de identidades colectivas; también los mestizos e incluso en el
mundo las poblaciones de los pueblos del centro del sistema mundo-capitalista,
sometidos también a los efectos de una suerte de colonialismo interno
replanteado para sus países, en las condiciones de la financiarización de la
crisis capitalista. Todos requieren liberarse de las relaciones y estructuras
de dominación colonial y capitalista. Todos son víctimas de estas estructuras y relaciones de dominación,
de control y poder del capital. Sólo centenares de familias multimillonarias en
el mundo estarían interesadas en el fondo en mantener un sistema basado en la
explotación de la fuerza de trabajo, en la dominación de la naturaleza y en la
destrucción de las condiciones de vida. Ciertamente estas familias manejan
gigantescos monopolios y oligopolios, empresas trasnacionales, el control de
los mercados, el control financiero, el control tecnológico, el control
mediático y de la comunicación, además del control militar de las armas de
destrucción masivas. La lucha contra este sistema no es fácil, pues estos
controles, estos monopolios, estos diagramas de poder, ocupan y modulan
nuestros cuerpos, afectando nuestras subjetividades. Por eso el recorrido de
las resistencias a las emancipaciones y de las emancipaciones a las
liberaciones múltiples forma parte de la experiencia de los movimientos
sociales anti-sistémicos contemporáneos en el mundo. La crisis estructural del
capitalismo, la crisis financiera, la crisis ecológica, la crisis del modelo
energético basado en la energía fósil, abren la posibilidad a una internacional
de los pueblos en lucha contra el capitalismo y en defensa de la madre tierra.
Ante tareas de
semejante magnitud, es imprescindible desplazarse hacia el sentido de lo común,
de las comunidades, de lo comunitario, frente a lo privado y frente a lo
público. Autonomizar e independizar la potencia social, la capacidad creativa
de la biopolítica de las multitudes frente al biopoder de los Estado-nación y
del orden mundial. Esto significa comprender la magnitud de la producción
colectiva de conocimientos y del intelecto general. No son los individuos los
propietarios del conocimiento, no son los individuos los portadores del fuego
santo; son colectividades, son intelectos y saberes generales; se trata de
construcciones colectivas. No hay autores ni intelectuales. Hay comunidades y
colectividades, formamos parte de ellas, aportando, experimentando, integrando
la potencia social. Los perfiles singulares forman parte de esta vivencia
colectiva[15].
Ahora bien,
ahora podemos responder a una pregunta que llega a ser crucial, considerando la
crisis del proceso. ¿Por qué Evo Morales y no Felipe Quispe?
Desenlaces políticos y representaciones
Habría que
situarse en septiembre del 2000 cuando un gigantesco movimiento indígena y
campesino, bajo la dirección de la CSUTCB, toma el territorio del eje central,
cerca a cuatro ciudades importantes, La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.
La figura sobresaliente, el dirigente interpolador, que recordaba casi
inmediatamente al sitio de La Paz de 1871, que se lo asociaba a la imagen de Túpac
Katari era el conocido líder, levantado en armas, Felipe Quispe, secretario
general de la confederación campesina. El discurso de las dos Bolivias, la qhara, blanca-mestiza y la indígena,
caló hondo y dirimió las aguas. Desde lo profundo emerge nuevamente la guerra
anticolonial, se actualizan antiguas luchas e interpela al Estado-nación
boliviano, a la nación boliviana y a la sociedad boliviana. En la mesa de
negociaciones se trataba de hablar de presidente a presidente, el presidente de
los indígenas y el presidente de Bolivia. El dirigente paradigmático de la
provincia Omasuyos habla claro y directo, pone el dedo en la llaga, dice de lo
que se trata, del sentido de la lucha, la emancipación de los pueblos indígenas
de las dominaciones coloniales heredadas. Ya se lo conocía; en una entrevista
en la cárcel que le hace Amalia Pando, a la pregunta de por qué se había levantado
en armas, el guerrillero le contesta: para que mi hija no sea tu empleada. Esta
respuesta es contundente e indiscutible. Claro como el agua, es un rayo a medio
día y a plena luz. Es pues este dirigente y combatiente el que conduce las
movilizaciones, los múltiples bloqueos de los caminos, la toma del territorio
por el eje central.
Después de
septiembre de 2000 hubo varias reuniones e intentos de reuniones entre los
dirigentes connotados de entonces, Evo Morales Ayma, Felipe Quispe y Oscar
Olivera. Fueron reuniones difíciles, empero cuya tarea era unir fuerzas.
Incluso hubo un intento de formar la COMUNAL, una coordinadora de movimientos
sociales, durante el 2001. Pero no se pudo organizar esta coordinadora; no
había acuerdo entre las dirigencias. Hacia el 2002 el empuje hacia las
elecciones era fuerte, sobre todo la atracción de lograr una presencia
significativa en el Congreso. El MAS optó por esta vía; después los
acontecimientos de 2000, la influencia y el prestigio de Felipe Quispe era
grande, sobre todo en el Altiplano. Gran parte de la dirigencia que actuó en
las movilizaciones de septiembre de 2000, gran parte de los jóvenes
involucrados en el cuartel de Calachaca, además de las dirigencias de las
comunidades, se vieron envueltos en el dilema: ¿ir a las elecciones, por lo
tanto formar un partido, o proseguir la lucha por la vía de la movilización? A
pesar de que hubo voces en contra de formar un partido, la mayoría se inclino
por formarlo. Se conformó el Movimiento Indio Pachacuti (MIP), se habilitó el
partido para las elecciones y se entró en campaña. Las únicas organizaciones
que decidieron no involucrarse en las prácticas y en las campañas electorales fueron
las organizaciones indígenas, el CIDOB y el CONAMAQ, además de la gente que
estuvo involucrada en la guerra del agua, sobre todo el equipo formado
alrededor de Oscar Olivera. El CIDOB y el CONAMAQ marcharon días antes de las
elecciones del 2002 por la Asamblea Constituyente; proponían ir a la Asamblea
Constituyente y no a las elecciones. La marcha llegó a La Paz después de una
sacrificada marcha e innumerables peripecias en el camino, sobre todo el boicot
a la marcha. Sin embargo, los dados estaban echados, el Congreso, el MAS y el
MIP decidieron las elecciones.
A estas
alturas, en plena crisis del proceso, la discusión debe ser replanteada: ¿Era
más conveniente ir a la Asamblea Constituyente y no a las elecciones
nacionales? ¿Al embarcarse en las elecciones se perdió el rumbo del proceso?
Esta es una discusión estratégica y fundamental, sobre todo ahora que el
proceso se debate en profundas contradicciones; particularmente ahora que se
plantea la necesidad de reconducir el proceso, cuando estamos a dos años del
calendario electoral.
Los resultados
electorales mostraron los grandes cambios en los comportamientos, en las
conductas, en las mentalidades y por lo tanto en la inclinación al voto; esto
se debió a las rupturas provocadas por la crisis política, las movilizaciones
semi-insurreccionales y las victorias políticas populares logradas. El MAS saco
el 21% de la votación, siguiendo al MNR, que obtuvo el 22% de la votación. El
MIP sacó el 6% de la votación, concentrando sus votos en el Altiplano norte. El
ingreso masivo de dirigentes indígenas y campesinos fue notorio. Cambió el
escenario político, ahora las masas ingresaban al parlamento, dándole su perfil
y su propia densidad. Empero, leídos estos hechos en el lapso del proceso de la
crisis múltiple del Estado, vemos que la victoria electoral no es otra cosa que
la verificación estadística de la victorias políticas y militares en los
territorios y las ciudades. De ninguna manera se puede creer que se trata de
audaces estrategias electorales. La gente fue a votar con la convicción de que
los tiempos están cambiando; aunque no todos estaban seguros si la salida era
electoral, de todas maneras en la medida que se resolvió así, había que mostrar
en el voto la voluntad popular. No fue fácil la labor de los diputados y
senadores populares en un Congreso liberal, se tuvo que aprender y hacer
oposición. Dos temas fueron de crucial importancia, el referéndum sobre la
venta del gas a Chile y el tema de contratos con las empresas trasnacionales.
El MAS llegó a un acuerdo con el gobierno de Carlos Mesa en relación al
referéndum y limitó los alcances de la política hidrocarburífera a una nueva
distribución entre Estado y empresas, un nuevo reparto entre Estado y empresas trasnacionales
del orden del 50% a cada quien. Los partidos de la derecha postulaban modificar
la participación del Estado a un 32%. Al respecto no hay que olvidar que la
posición de El Alto, del pueblo boliviano levantado y movilizado, expresada en
la agenda de Octubre, era la nacionalización de los hidrocarburos.
Un balance
rápido puede mostrarnos que los partidos indígenas y campesinos terminan
atrapados en la labor legislativa; como consecuencia disminuyen el alcance de
los planteamientos construidos por los movimientos sociales. Se producen
ciertas desvinculaciones de los congresistas populares con los movimientos
sociales, la práctica liberal de la política condiciona la actuación política.
Entre tanto la crisis política y social continúa, la movilización social sigue
efectuando su interpelación material. Bolivia es un país atravesado por las
movilizaciones y por el debate político, sobre todo en torno a la
nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. En este
contexto el MIP vive una crisis interna, que termina provocando su división
orgánica. Se enfrentan públicamente Felipe Quispe y el Qhara Choquehuanca; las acusaciones llegan lejos y deterioran la
imagen del líder de la movilización indígena y campesina de septiembre de 2000.
Como dijimos
anteriormente, no vamos a tomar la vía de este enfrentamiento, que
indudablemente quiebra al MIP, sino la otra vía, la de evaluar por qué se llega
tan rápido a una escisión en un partido indianista. Ya había ocurrido esto con
el katarismo en tiempos de la UDP. Por otra parte, la otra pregunta tiene que
ver con el despegue de la figura de Evo Morales y la restricción aguda de la
figura de Felipe Quispe. Para responder a ambas preguntas vamos a recurrir a
hipótesis interpretativas, las mismas que van a tratar de evaluar las dinámicas
orgánicas, políticas e ideológicas, por un lado, además de los contextos y
atmósferas donde se configura la imagen del líder y caudillo que va a ser
aceptado por las masas.
La primera
hipótesis que vamos a usar es la que tiene que ver con sentido práctico de la gente,
deciden apostar por lo más probable, por el eje aglutinador de las fuerzas o lo
que parecía ser. El MAS aparece como el centro de aglutinación de las fuerzas.
El centro de aglutinación de las fuerzas que se encontraban en una clara
confrontación con el Estado-nación, entonces es claramente comprensible que
estas fuerzas vean como una opción evidente al MAS. De lo que se trataba era de
aglutinar fuerzas, de concentrarla y de construir una unidad. Entonces lo
importante es unir, sumar, por lo tanto evitar la dispersión y las divisiones.
Se optó por el MAS por estas razones, dejando pendiente la discusiones de las
diferencias de posiciones. Había que defender el proceso frente a la derecha y
para esto era necesario sumar fuerzas. Es este pragmatismo, la apuesta por la
mayor probabilidad, la que decide el curso de los acontecimientos. Se apuesta
por el MAS porque tenía mayores opciones, se perfilaba mejor. El razonamiento
es el siguiente: no es conveniente dividir las fuerzas ni dispersarla, has que
concéntralas en un punto. De esta forma el MAS se convirtió en el referente electoral.
El MIP no sólo
que estaba enfrascado en una crisis interna, sino que no pudo articular a las
distintas fuerza involucradas en el conflicto. Como dice Luis Tapia Mealla, el MAS
se convirtió en el espacio de negociación de las organizaciones sociales, por
este camino se articuló un acuerdo entre las instancias organizativas
involucradas[16];
en cambio el MIP no pudo hacer esto, articular un proyecto de y para las
distintas fuerzas sociales. ¿Por qué? ¿Cuáles eran las diferencias entre le MAS
y el MIP? El núcleo generativo del MAS son las federaciones cocaleras del
Chapare, empero cuando crece, sobre todo después del salto electoral del 2002,
se incorporan contingentes de simpatizantes y de militantes, principalmente de
las ciudades. Nuca hubo una muestra de confianza de parte del presidente del
MAS y de las federaciones cocaleras ante esta avalancha. Sin embargo, el MAS se
convirtió en un espacio de negociaciones con las múltiples organizaciones
sociales; negociaciones de representación, negociaciones de cuotas de
participación en las instituciones; así como se convirtió en un espacio de coordinaciones
entre las mismas organizaciones. Al principio, de alguna manera, dio resultados
esta disposición a la articulación de fuerzas; sin embargo, el acuerdo entre
las organizaciones se fue complicando y fue llegando a la disputa. Se dieron
casos graves como la presencia de representaciones paralelas en todas las
circunscripciones, en las departamentales y, de alguna manera, hasta en la
nacional. Empero, de todas maneras, el MAS fue un espacio de encuentro de las
organizaciones sociales. En cambio el MIP se restringió a la representación
campesina del Altiplano norte. Si interpretamos estos comportamientos y
tendencias a partir de las intenciones, sin considerar las prácticas y las
relaciones, podemos concluir que, en el transcurso del agitado tiempo político,
el MIP mantuvo su estrategia anticolonial,
en tanto que el MAS buscó alianzas desde una perspectiva mas bien
pragmática de sumatoria de fuerzas. El perfil de Evo morales se acerca más a estrategia
de alianzas, se convirtió en un líder articulador de alianzas; en tanto que el
perfil de Felipe Quispe era la del líder de combate, de interpelación directa,
cuya proyección no podía ser otra que la nación aymara.
En las
elecciones del 2005 el MAS obtuvo el 54% de la votación, en tanto que el MIP
sólo logró el 2%, bajando como cuatro puntos en relación a las elecciones del
2002. El MAS al obtener la mayoría absoluta entró directamente al gobierno sin
mediación necesaria del Congreso. Esta victoria terminaba siendo la salida
efectiva de la crisis política. Bolivia, tenía, por primera vez, un presidente
indígena. Fue un acontecimiento histórico. La mayoría consideró este hecho como
el comienzo del cambio, el principio de la descolonización. El debate interno,
que se había mantenido hasta ahí, quedó en suspenso. Ahora había que apoyar al
proceso. No vamos a evaluar lo que ocurrió después, para esto me remito a
varios textos; uno de ellos es Horizontes
de la descolonización[17],
otro es Descolonización y transición[18],
sin mencionar otros. Lo que interesa es tratar de explicar estos desenlaces y
estas diferencias entre las trayectorias de dos líderes indígenas.
Boceto de perfiles carismáticos
Ciertamente la
vida y la historia están llenas de casualidades. No se puede encontrar una
determinación lineal, menos si hablamos de historias de vida. De todas maneras en este juego de azar hay
que encontrar explicaciones, así como lo hace la estadística en la teoría de
los grandes números para poder entender el azar.
En 1981 Evo
Morales Ayma fue Secretario de Deportes de su sindicato, San
Francisco. Cuando falleció su
padre, en 1983, tuvo que dejar sus cargos sindicales para dedicarse
íntegramente al trabajo y apoyar a su familia. Por otra parte, tuvo que
trasladarse con frecuencia desde el Chapare a Orinoca para atender actividades agrícolas en
su comunidad de origen. Evo Morales ha sido representante legislador del sector
de los colonos inmigrantes provenientes de Ganimedes, campesinos cultivadores
de la hoja de coca de la
región del Chapare. Su carrera sindical es retomada en 1985 cuando es nombrado Secretario General
de su sindicato. Tres años más tarde, el gobierno de entonces, uno de la
coalición neoliberal, empero esta vez bajo la dirección del MNR, en arreglo con Congreso aprueba y
promulga la Ley del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas (Ley 1.008).
Esta ley considera la reducción y sustitución graduales de las cosechas
excedentarias, mediante la siembra de cultivos alternativos o bien el
desarraigo forzoso de cocales sin derecho a indemnización. Este año, 1988, las
federaciones cocaleras del Chapare eligen a Evo Morales Ayma Secretario Ejecutivo
de la Federación del Trópico de Cochabamba en
un ampliado sindical.
La
década de los noventa fue de enfrentamientos entre los cocaleros y los
gobiernos de turno. Durante la presidencia del general Hugo Banzer Suárez se efectúo el compromiso con el
gobierno de los Estados Unidos de Norte América para la erradicación total de
los cultivos de coca. La Federación del Trópico de Cochabamba se resistió a estos
planes de erradicación del cultivo de la hoja de coca. Parte de la estrategia
de las resistencias a la erradicación, a la interdicción y a la sustitución de
la coca fueron las marchas cocaleras; una de las marchas que se hizo famosa es la
Marcha por el respeto y la dignidad. Se
camino unos 600 kilómetros desde Cochabamba hasta La Paz. Fueron atacados
consecutivamente por las fuerzas combinadas de la policía y del ejército. Los
marchistas supieron burlar los controles de los uniformados en el recorrido. La
marcha recibió apoyo de los pobladores de pueblos y ciudades intermedias, en la
medida que se acercaban a la sede de gobierno. Cuando la marcha cocalera
ingresó a la ciudad de La Paz fueron recibidos por la población; había gente
que gritaba consignas, otras aplaudían y muchas mujeres lloraban de emoción. El
gobierno no tuvo otra alternativa que dialogar con los dirigentes y buscar
acuerdos. Se llegó a convenios en la sede de gobierno, empero el gobierno no
cumplió con ninguno cuando los marchistas regresaron a sus lugares.
La
fama del dirigente cocalero llegó al plano internacional; la izquierda vio en Evo
Morales Ayma al nuevo líder de los nuevos tiempos. Fue invitado varias veces a
eventos y congresos, reuniones, encuentros y seminarios. Desde entonces Evo
Morales ya contaba con apoyo internacional. Una asociación internacional de
políticos y académicos de izquierda nominó Morales para el Premio Nobel de la
Paz de
1995 y 1996. En lo que respecta a la defensa de la hoja de coca, para el
dirigente de las federaciones cocaleras, quedó claro que se requiere apoyo
internacional, sobre todo de Europa. Se viajó entonces con el objeto de
conseguir el dicho apoyo internacional, Evo Morales viajó con otros dirigentes cocaleros
del Trópico, también de los Yungas,
así como de cultivadores del Perú y de Colombia. Se hizo
toda una campaña en defensa de la hoja de coca, en contra de las políticas
antidrogas, acusándolas de no distinguir entre la hoja de coca y la cocaína.
En
el contexto de la crisis y de estas luchas, las federaciones del trópico de
Cochabamba y la CSUTCB concibieron la idea de formar un instrumento político de
las organizaciones sindicales; entre los muchos nombres que se dieron para
bautizar al instrumento político, el más adecuado y consensuado fue el de
Asamblea por la Soberanía de los Pueblos. Sin embargo el instrumento político no
se pudo inscribir en la Corte Electoral ante el boicot mismo de la Corte. A
pesar de este boicot, los dirigentes campesinos participaron el en las
elecciones de 1997 con la Izquierda Unida, fue cuando sacaron seis diputados
nacionales. Esta votación se concentró básicamente en el Chapare. Entre los
diputados se encontraba Evo Morales Ayma. La embajada norteamericana y el
Congreso conspiraron para sacarlo de su representación parlamentaria; fue
expulsado del Congreso bajo una trama oscura empero efectiva. Esta expulsión
convirtió al representante y líder cocalero en victima; la opinión pública se
volcó a apoyarlo ante la tramoya política.
Empero
la convulsión social se expandió y profundizó cualitativamente desde la guerra
del agua. El MAS, cuya influencia se encontraba circunscrita al Chapare, apoyó
a la Coordinadora de defensa del Agua y de la Vida. Con la victoria política de
los movimientos sociales implicados en la guerra del agua se expulsó a la
trasnacional del agua, Aguas del Tunari, subsidiaria de la empresa trasnacional
Bechtel, evitando, de este modo, la aprobación y promulgación de ley del agua,
que se venía con toda la privatización del agua, en todas sus formas, además la
subida y multiplicación de las tarifas. En esta coyuntura insurgente el MAS
también se convirtió en un referente nacional. Este dato es clave al momento de
comparar la trayectoria de los dirigentes campesinos; el MAS se expandió por el
país, en tanto que el MIP quedo circunscrito a su área de influencia
tradicional; el Altiplano norte.
¿Qué
hace que el MAS se expanda y el MIP se regionalice y localice? ¿Sus programas,
sus proyectos, sus formas de organización, sus convocatorias, sus actividades,
son tan diferentes? Por la proximidad a las ciudades de El Alto y La Paz se
podría esperar una influencia y una irradiación importantes de parte del MIP; empero
esto no ha ocurrido. En cambio el MAS extiende rápidamente su presencia a la
ciudad de Cochabamba, incorpora a adherentes; lo mismo hace en otras ciudades.
¿Por qué le es más fácil al MAS hacer esto que al MIP? De todas maneras hay que
tener en cuenta que mientras pasaban esto con los partidos campesinos en
cuestión, las organizaciones sociales pasaban la experiencia de la emergencia y
despliegue de la movilización general; estas organizaciones tenían como desafío
la coordinación de movimientos sociales anti-sistémicos, los mismos que no estaban
afiliados a ninguno de los partidos campesinos. Sin embargo, esta coordinación
se efectúo en la práctica y de manera provisional, dependiendo del motivo de
las movilizaciones, de las organizaciones involucradas y del escenario donde se
daban. A diferencia de lo que ocurría con los partidos campesinos, estos
movimientos y sus organizaciones mas bien eran autogestionarios, se sentían auto-convocados,
también eran no-electoralistas, en todo caso interesados en la autogestión de
los bienes, en las formas comunitarias y en la Asamblea Constituyente.
Veamos
ahora el otro perfil, el de Felipe Quispe Huanca. Nace en 1942 en la comunidad
de Ajllata Grande de la legendaria provincia de Omasuyos. Se incorpora de joven
al activismo indianista; en el año 1978 participa en la fundación del
Movimiento Indígena Túpac Katari (MITKA). La fundación del MITKA es, a la vez,
un intento de escapar de la crisis del katarismo, pero también manifestación de
la misma crisis; crisis expresada en sus las divisiones y proliferación de
fracciones kataristas. Como parte de una explicación de lo que acontecía en el
contexto de la coyuntura de entonces, podemos ver que el katarismo comparte las
consecuencias de la caída de la UDP, incluyendo no solo a los kataristas que
ingresaron a la UDP, con Genaro Flores, sino también a otros katarista, que no
ingresaron a este frente democrático y eran mas bien una expresión más radical.
A fines de la década de los ochenta y principio de los noventa se conforma la
organización Ayllus Rojos, denotando ya una confluencia entre indianismo y
marxismo. Los Ayllus Rojos tuvieron una ardua actividad y desplegaron acciones
de lucha ideológica en los sindicatos y congresos campesinos. En este contexto
se conforma el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), que se declara en
alzamiento armado contra el Estado boliviano. La estrategia es entonces la
guerrilla, que pasa por la preparación y formación militar de las comunidades.
Si bien no se llega a efectuar la guerrilla, se logra un trabajo de formación
de importantes contingentes de jóvenes aymaras. El proyecto guerrillero queda a
las puertas de la acción abierta y territorial cuando hace volar torres
eléctricas. Los aparatos de inteligencia y la represión actúan en la captura de
los miembros del EGTK. Felipe Quispe
fue encarcelado por alzamiento armado; es recluido por cinco años en la cárcel
de alta seguridad de Chonchocoro; sin embargo, queda en libertad por falta
pruebas en su contra. Felipe Quispe adquiere mucho prestigio y reconocimiento
por parte de sectores campesinos del Altiplano, también de sectores populares
de las ciudades de El Alto y La Paz. A fines de los noventa, debido a la
división interna de la CSUTCB no se logra elegir a la nueva dirigencia en el
congreso campesino; la división entre Evo Morales y Alejo Veliz es dramática.
La salida que se encuentra es buscar un tercer dirigente que pueda aunar las
fuerzas y representar al movimiento campesino. Se elige a Felipe Quispe como
Secretario Ejecutivo de la CSUTCB. Bajo su dirección la CSUTCB participa en las
movilizaciones de 2000, en abril, cuando la guerra del agua, y sobre todo en
septiembre, cuando se da el cerco a cuatro ciudades del eje central y se toma el
territorio de por lo menos cuatro departamentos.
El
prestigio ganado durante las movilizaciones el 2000 sirvió de base para la
formación del MIP. Es el candidato para las elecciones del 2002 por este
partido indígena. Como dijimos, en estas elecciones el MIP consigue seis
diputaciones, incluyendo al mismo Felipe Quispe. Si bien el 6 % conseguido en
estas elecciones están muy por debajo del 21% conseguido por el MAS, en
términos departamentales es significativo debido a la concentración del voto en
el Altiplano. Se puede decir que estos resultados se explican como efectos de
las movilizaciones y las victorias populares. Sin embargo, la experiencia del
MIP en el congreso más que fortalecerlo lo debilita y lo divide; a diferencia
de lo que pasa con el MAS, que aprovecha esto como aprendizaje, la experiencia
en el parlamento desata en el MIP una crisis interna que va terminar llevando
al partido a la desaparición. ¿Por qué pasa esto? ¿Un proyecto indianista no
condice con la actividad electoral? ¿Los diputados del MIP no estaban
preparados para soportar las veleidades de la actividad liberal del Congreso?
¿Se dejaron llevar por sus encantos? Es muy difícil responder a estas
preguntas, tampoco vamos a optar, como dijimos, por escudriñar en las
acusaciones que se hicieron dos diputados del MIP, pues esto puede perdernos.
De lo que se trata es de intentar un análisis estructural de lo que pasó. Sobre
todo teniendo en cuenta que después de estas elecciones, la provincia Omasuyos
y la propia comunidad de Felipe Quispe ya no van a volver a votar por el MIP en
las elecciones de 2005. Toda la votación del Altiplano se va inclinar a
concentrar la acumulación electoral hacia el MAS.
Después
de la crisis en el MIP Felipe Quispe cae como en desgracia política, deja de
ser un referente en la contienda política, sobre todo en el periodo del proceso
constituyente y en el lapso de las dos gestiones de gobierno. Ahora que el
proceso ventila su propia crisis Felipe Quispe ha tomado posiciones contra el
gobierno, contra Evo Morales Ayma y contra el Vicepresidente Álvaro García
Linera. En la crisis del gasolinazo se ha declarado estar en contra la medida
impopular y en el caso del conflicto del TIPNIS a criticado el carácter anti-indígena
de las políticas del gobierno. Estas posiciones vuelven a mostrar al perfil del
dirigente indígena del periodo de las movilizaciones, empero ahora como una voz
solitaria, sin influencia e irradiación política. Ahora, después de esta
intensa experiencia, Felipe Quispe dirige un equipo de futbol que lleva el
nombre de Pachacuti, formando a jóvenes aymaras en el deporte y la autoestima.
No ha perdido el carisma y el manejo de escenarios a partir de frases claras y
contundentes. Empero, por el momento, no parece poder lograr una convocatoria
en plena crisis del proceso. Sin embargo, no hay que olvidar que esto también pasó
con otros dirigentes de las movilizaciones de 2000 al 2005. Oscar Olivera quedó
aislado después de la gran conquista de la guerra del agua, atrapado en la
gestión del agua, que no llegó a ser autogestionaria, como postulaba sino
municipal. El MAS no lo dejó participar como candidato a la Constituyente,
tampoco permitió que conforme su agrupación ciudadana para las elecciones.
Antes había quedado en el camino el dirigente campesino del valle Alejo Veliz,
debido a desavenencias con Evo Morales. ¿Por qué ocurre esto? ¿Sólo hay espacio
para un solo líder? ¿Es como una competencia donde se decide quien continúa? ¿O
mas bien se trata de juegos de poder, de habilidades políticas, de astucias,
combinadas con intuiciones y pulsiones del ritmo político?
Ahora
que tenemos los bocetos de los perfiles, por lo menos de líneas y trazos
rápidos, de dos dirigentes indígenas y campesinos connotados, vamos a tratar de
responder a todas las preguntas acumuladas mediante un análisis político de los
contextos y coyunturas en los que se movieron ambos dirigentes, el juego de
relaciones en el que se involucraron y el ámbito imaginario y de convocatoria
que abrieron.
Hipótesis interpretativa
Para
comenzar debemos distanciarnos de la creencia común en los caudillos, del
imaginario de los caudillos, imaginario que cree la historia política se
explica por sus perfiles y decisiones, por sus características intrínsecas, pos
su carisma. Esto es atribuir demasiado control sobre las condicionantes y
factores del proceso a personas que llegan a ser representantes de movimientos
y organizaciones. Cuando las crisis estallan, cuando estas crisis remueven las
estructuras, relaciones e instituciones, por lo menos cuestionan su
legitimidad, lo que hagan o decidan los líderes carismáticos va depender no
tanto de su perfil subjetivo y de sus decisiones como del campo de
posibilidades abierto y el juego de las fuerzas. En este caso, lo que importa
es averiguar cuál es el espacio de movimientos que escogen, cual es la relación
de estos líderes con el campo de fuerzas, con las relaciones y estructuras que
todavía se encuentran vigentes. En todo caso lo que hagan los lideres depende
también y sobre todo de la relación que establecen con sus bases, de lo que lo
dejen hacer sus bases. Hay pues corresponsabilidad con las organizaciones y los
movimientos que se aglutinan y delegan la representación en el líder. Entonces
se trata de la participación del líder en el contexto del campo de fuerzas. El
problema aparece cuando las organizaciones y fuerzas sociales aglutinadas
proyectan en el líder el imaginario del patriarca, el mesías que conduce a su
pueblo a la tierra prometida. Entonces las expectativas se centran en el líder-patriarca
y se le otorgan los atributos de la decisión política, incluso de la decisión
sobre el destino del proceso en curso. Como los patriarcas son producto de un
imaginario conservador, un imaginario
fosilizado en la memoria social, tienden a mantener las instituciones y darle
un significado milenarista a la interpretación del proyecto. Aunque esto ocurre
a un principio, pues esta interpretación es sustituida después por
significaciones mas bien pragmáticas. Los patriarcas son imaginarios, empero el
cuerpo significante son los cuerpos y personas reales, no solamente con nombre
y apellido sino con historias de vida propias. Las personas que encarnan los
significados pueden entrar en contradicción con sus imaginarios, sobre todo en
algunos momentos críticos de los procesos en curso; estas personas son también
producto de sus historias de vida, así como de la internalización de las
relaciones e instituciones que los sometieron. Por eso también tienden a
mediano y largo plazo a adecuarse a las condicionantes heredadas, a las
instituciones que fueron interpeladas. En el corto plazo el discurso radical
puede hacerse elocuente, se puede llegar a decir que se interpela al Estado y a
las instituciones heredadas, empero para que este discurso se convierta en política
práctica y en práctica política se requiere de la movilización y la
participación, la profundización democrática y el cambio de las formas de
gobierno. Algo que no es por lo general aceptado por los gobernantes, menos por
los líderes, pues esto implicaría desplazar el mito del líder y el supuesto del
gobierno de los especialistas.
Empero
de estas tendencias no son consientes ni los líderes, ni los conductores, ni
los gobernantes, tampoco, mucho menos, los partidarios del régimen. Estas
tendencias se tejen desde un principio, desde antes, cuando se construye el
instrumento político. Sin embargo, en los contextos de las luchas sociales no
se atienden a estos temas, pues la velocidad de los acontecimientos impide
detenerse en la reflexión y el análisis; entonces ¿cómo construir un
instrumento que no caiga en los mismo de los partidos, en la usurpación de la
representación, en la suplantación de la voluntad colectiva? Son temas
teóricos. Cuando se está en la pelea concreta, en la lucha de las demandas, lo
que importa es resolver problemas de organización de la movilización, problemas
de consensos de los sindicatos, problemas del relacionamiento con otras
organizaciones y otros movimientos. No hay tiempo para temas teóricos. El
problema es que las relaciones habituales y las estructuras de relaciones
heredadas ya están inscritas en las propias prácticas sindicales y de
organización social. Es muy difícil moverse de otro modo. Están las reuniones
sindicales definidas, la forma de hacer lo congresos también. No parece haber
problema cuando se tiene que concentrar el esfuerzo en combatir al enemigo. Los
problemas de poder se hacen visibles cuando se está en el gobierno; como que se
suman herencias complicadas, las relaciones y estructuras habituales de
organización, añadiéndose a las estructuras de relaciones de poder y normas de
Estado, habitus de la forma de hacer
gobierno. La gestión está entonces doblemente atrapada. Ciertamente es el
momento del gran debate; empero en estas circunstancias lo que menos quieren
los gobernantes es debatir, pues consideran que lo único que hay que hacer es
defender al gobierno y confiar; los que no hacen esto son enemigos.
Alrededor
de Evo Morales se conformaron redes y articulaciones de apoyo. Contaba con el
apoyo de la izquierda tradicional y de gobiernos de izquierda. En el país el
MAS se convirtió en un espacio de negociaciones entre organizaciones sociales,
también entre estas organizaciones y el MAS. En las ciudades se formaron unidades
barriales, por distritos, incluso por circunscripciones, además de
departamentales. Muchas veces estas formas de agrupamiento se organizaron sobre
la base de lo que fue CONDEPA, sobre todo en lo que respecta a las ciudades de
El Alto y La Paz. Este conglomerado de formas de participación tanto en las
ciudades como en el campo llevó a convertir al MAS en una expresión nacional.
Se encontraba en todo el país, aunque con diferente densidad, dependiendo de
las regiones. Pero el tema no es tanto su crecimiento sino cómo se articulan
las distintas formas de organización, ¿armaban una organización y un tejido
orgánico o, mas bien, se añadían sin lograr una estructura, dejando que la
jerarquía se organice por antigüedad, por peso organizativo, convirtiéndose los
sindicatos campesinos y entre estos los sindicatos cocaleros en el núcleo
dominante? Por otra parte, tampoco
quedaba lo suficiente claro dónde terminaba de ubicarse el núcleo gravitante de
decisión, en las organizaciones campesinas o en el ejecutivo.
Es
interesante observar que debido a esta flexibilidad, a esta apertura, a este
escenario de negociaciones, el MAS crece rápidamente y está en condiciones de
la convocatoria electoral a gran escala. El cambio el MIP tiene otra historia;
su composición es más compacta, se asienta sobre la base de los sindicatos
combativos del Altiplano norte, también sobre la experiencia y la organización
de organizaciones de acción directa y de formación ideológica. Una de las
primeras dificultades ha sido adecuar estas formas de organización de combate a
la actividad electora y después a la actividad parlamentaria. La fidelidad de
la gente de las comunidades vota por el MIP por reconocimiento de quiénes son.
Empero el parlamentarismo termina de quebrar a los representantes y ocasionar
la crisis en la organización partidaria. Felipe Quispe era más un dirigente de
combate; nunca se pudo adecuar a la actividad parlamentaria. Terminaron
habiendo grandes desacuerdos entre los diputados y la militancia, sobre todo
con los sectores más combativos que pidieron la renuncia de algunos diputados.
Si
se puede interpretas el espíritu del programa del MIP, se puede decir que es de
guerra anticolonial, en tanto que el programa del MAS era más bien nacionalista
y populista; nunca lo dejó de ser, a pesar de los esfuerzos que hacen los
estudiosos del MAS, los propagandistas y los propios portavoces. Es difícil
asumir que se trata de un programa socialista, menos de un socialismo comunitario;
estos son nombres que se utilizan para rebautizar el programa, empero no se
encuentra por ningún lado la expropiación de los medios de producción, sus
socialización o su estatalización. Cuando se habla se socialismo comunitario es
para hacer reminiscencia a las comunidades indígenas y campesinas, se acude a
la retórica para recordar que la base del socialismo está en la propiedad
comunitaria. Empero esto no es más que una enunciación de reconocimiento, pero
sin efectos políticos ni prácticos. El programa ha servido para convocar
electoralmente, también para legitimar las gestiones, empero, como está
conformado por generalidades, no tiene por objeto su realización. El efectivo
programa del MAS se lo ha terminado de definir en la Cumbre Social de Cochabamba
a fines del 2011, donde claramente se establece un programa administrativo del
modelo extractivista.
Alguien
podría decir que bajo las condiciones políticas, económicas y sociales de
Bolivia, entendiendo que se encuentra además en un contexto regional definido
también por una economía extractivista, aunque con todas sus variantes, Evo
Morales tenía más chance que Felipe Quispe. Esto suena a una descripción
pragmática, empero esta descripción olvida que la política no es el resultado
pasivo de las condiciones sino el resultado del accionar de las fuerzas. Si
bien el MAS electoralmente había crecido, esto no quiere decir, de ninguna
manera, que representaba a las fuerzas y los movimientos desencadenados del
2000 al 2005. Son dos escenarios distintos, el de las movilizaciones y el de
las elecciones. La lucha la ganaron los movimientos sociales anti-sistémicos,
en tanto que el MAS ganó las elecciones. Los movimientos sociales no pudieron
proyectar las consecuencias de la transformación política que exigía su propia
práctica de lucha. La salida política no dejó de ser dual, la llegada al
gobierno no expresaba el contenido transgresor, transformador y colectivo de
las movilizaciones, sino expresaba la forma liberar de incorporar las demandas
sociales.
Empero
no nos perdamos tanto en los individuos, lo que importa es indagar en el campo
de posibilidades en que se mueven, el juego que establecen en ese campo
conjuntamente con los grupos y organizaciones involucrados, sobre todo importa
la relación que establecen con el horizonte abierto por los movimientos sociales.
Ambos dirigentes se encuentran íntimamente ligados a su experiencia de lucha,
en un caso claramente anti-colonial, en el otro caso en defensa de la hoja de
coca y los derechos de los cultivadores de la coca, que adquiere ribetes
anti-imperialista con la interpretación política de las federaciones del
trópico, dada la guerra de baja intensidad desatada por el Departamento de Estado, el
Pentágono y la DEA.
El
horizonte abierto por las luchas no es inmediatamente visible, hace falta
enunciarlo. La visualización tardó en lograrse; los perfiles del horizonte
aparecen cuando se ingresa a la experiencia del proceso constituyente, aunque
la intuición del horizonte se hizo presente antes, durante la deliberación
colectivo del Pacto de Unidad en la elaboración del documento teórico y
político para la Asamblea Constituyente. Por otra parte, hay que tener en
cuenta que muchas cosas se escapan al control de todos los actores, son los
imponderables de las contingencias y el devenir oculto de los acontecimientos.
Con todo, podemos decir que la continuidad de la guerra anticolonial en la
realización de la descolonización dependía no sólo de la Constitución sino de
la consecuente aplicación de la misma, acompañada por movilizaciones colectivas
implicadas en las transformaciones. Por otra, parte la realización de la Agenda
de Octubre, que fue el programa entregado por los movimientos sociales
anti-sistémicos y la ciudad del El Alto al nuevo gobierno, dependía de las
medidas que asuma el ejecutivo en la perspectiva de su cumplimiento. La primera
gestión de Evo Morales pudo cumplir parcialmente la Agenda de Octubre y queda
pendiente el proceso efectivo de descolonización con las transformaciones
estructurales e institucionales que establece la Constitución.
Entonces,
en conclusión sobre la pregunta ¿por qué Evo Morales Ayma y no Felipe Quispe?,
podemos decir que al primero lo favorecieron las circunstancias de la compulsa
electoral, circunstancias asociadas a la ampliación de su convocatoria, a la
capacidad articuladora y negociadora del MAS con organizaciones sociales,
también a un programa coyuntural y en constante revisión, al alcance de los
mínimos consensos. En tanto que el segundo, que contaba con una convocatoria
más compacta, empero regionalizada, y con un programa cuyo espíritu afinca en
la guerra anti-colonial, requería no sólo del activismo electoral sino de una
combinación de formas de lucha, la acción directa y la electoral, sin
subordinar la primera a la segunda. En la medida que el MIP fue atrapado en la
política liberal del parlamento, terminó inhibiendo su lucha y práctica
anti-colonial.
Estos
temas pasaron a la Asamblea Constituyente. Allí la problemática no dejaba de
ser complicada, pues la misma Asamblea se debatió en un dilema existencial en el
intervalo temporal que duró su gestión constituyente. La Asamblea Constituyente
era originaria porque emergía de las entrañas de las luchas sociales, pero
también la Asamblea Constituyente era derivada debido a haber sido convocada
por el poder constituido, por el Congreso. La Asamblea Constituyente tuvo que
encontrar el recorrido descolonizador de su espíritu y voluntad liberadora en
la discusión de una veintena de comisiones que trataban temas institucionales y
de transición, en una temporalidad que se puede reconocer como la de la
construcción dramática del pacto social, donde también se mantienen
concepciones liberales y democráticas heredadas. Por eso se puede decir que la
Constitución es de transición y define el curso de la transición de un Estado-nación
a un Estado-plurinacional comunitario y autonómico. En la Constitución se
encuentra la huella de las luchas, de los movimientos sociales, de las
esperanzas y pasiones de la gente, aunque también, en menor incidencia, la
inscripción indeleble de los perfiles de las dirigencias; sin embargo, sobre
todo se encuentra la hendidura de la presencia de las resistencias
institucionales a las transformaciones. Se hicieron concesiones en aras de la
construcción del consenso. De todas maneras, a pesar de las crudas
contingencias, la Constitución supo mantener la estructura fundamental de las
transformaciones estructurales e institucionales, la composición del proyecto
descolonizador, estableciendo la condición plurinacional, la condición
comunitaria, la condición autonómica y la condición intercultural del Estado.
Ahora queda realizar la Constitución con la muerte del Estado-nación y la
construcción del Estado plurinacional.
Lo
que viene adelante no depende tanto de los caudillos, los anteriores o nuevos
que pueda aparecer, sino de la capacidad y el empuje de la potencia social, del
logro de la democracia participativa, el ejercicio plural de la democracia,
directa, representativa y comunitaria. Lo que viene adelante depende de la
movilización general, de la revolución cultural, de institucionalización de la
participación y la conformación orgánica de los sujetos colectivos y
comunarios. Las contradicciones profundas por las que pasa el proceso exigen la
politización de las multitudes, su participación en la definición política, su
directo involucramiento en la transformación de la política y de las formas de
gobierno. Lo que se ha vivido es indudablemente una experiencia rica que debe
ser analizada y evaluada colectivamente, de manera abierta y objetiva. Para lograr
esto es indispensable despojarse de centrismo y auto-referencias que aún
quedan, pues lo único que hacen es obstaculizar el análisis e impedir el debate
con el objeto de mantener “verdades” trascendentes indiscutibles, ancladas en
la autosatisfacción ególatra de sus enunciadores. El ejercicio político
transgresor y descolonizador requiere del ejercicio libre y creativo del debate
colectivo, así como también del despliegue de prácticas colectivas y
comunitarias transformadoras.
Excusos
Psicología de los centrismos
Habría que
hacer una psicología de estos centrismos, el apego a estos esencialismos,
sustancialismos y fundamentalismos. ¿Cómo se explican? Para comenzar, en lo que
respecta a la constitución del sujeto, tendríamos que decir que el primer
centramiento deviene en realidad de un descentramiento. Para lograr la
identidad, reconocerse como tal, la individuación debe despegarse de la imago inaugural, de la imagen de la
madre, de la relación cautiva y dependiente de la madre. El descubrimiento de
uno mismo pasa por este descentramiento. Ahora bien, la constitución misma de
la identidad es un viaje de descentramientos; lograr el equilibrio psicomotor
del cuerpo, después lograr internalizar esquemas de comportamiento, por lo tanto
configurar el espacio y establecer una comunicación con su entorno es todo un
proceso de descentramientos y equilibraciones. La conducta es una respuesta del
individuo a la ruptura momentánea del equilibrio, la conducta tiende a
readaptar el organismo. Visto de esta forma, la conducta supone dos aspectos
esenciales e interdependientes, uno afectivo y otro cognitivo. El juego de
descentramiento-centramiento tiene que ver entonces con la búsqueda de
equilibraciones cada vez más amplias. No es pues posible sostener un centro
absoluto, un centramiento repetitivo y estancado, salvo imaginariamente y por
la anulación de la dinámica adaptativa y de acomodación[19].
Después de
considerar varias observaciones e hipótesis explicativas sobre la percepción y
la inteligencia, Jean Piaget llega a una conclusión que no deja de ser
sugerente; sin olvidar la interrelación entre percepción e inteligencia;
escribe:
La relatividad perceptiva es una relatividad
deformante, en el sentido de que el lenguaje corriente dice “todo es relativo”,
queriendo negar la posibilidad de objetividad: la relación perceptiva altera
los elementos que vincula... Al contrario, la relatividad de la inteligencia es
la condición misma de la objetividad: así, la relatividad del espacio y del
tiempo es la condición de su propia medida. Todo acontece, pues, como si la
percepción, obligada a proceder paso a paso, por contacto inmediato, pero
parcial, con su objeto, lo deformase por el acto mismo de centrarlo, con el
riesgo de atenuar esas deformaciones por descentraciones igualmente parciales,
en tanto que la inteligencia, abrazando en un solo todo un número mucho mayor
de realidades, según trayectos móviles y flexibles, alcanza la objetividad por
una descentración, mucho más amplia[20].
En esta
revisión de la psicología genética de la inteligencia es importante considerar
la relación del hábito y la inteligencia senso-motriz. Después, también y sobre
todo el proceso de constitución de la inteligencia intuitiva y el paso a la
inteligencia operativa, al uso de las operaciones formales. Se produce primero
un control del cuerpo y de sus movimientos, de sus dinámicas, de los espacios
donde se desplaza inmediatamente. Estamos, por así decirlo, ante la
conformación de los esquemas de acción. Después, mediante la introducción del
simbolismo, se logra un mayor desplazamiento, el control de las distancias, las
reversiones, así como de las temporalidades; se incorporan esquemas de
comportamiento; una suerte de ritmos y centramiento del tiempo a través de los
hábitos. Se puede decir que estos desplazamientos son horizontales, después
diagonales; pasamos entonces a los desplazamientos verticales. Esto se logra
con las operaciones formales, con la conformación, consolidación y distinción
de la representación, con el desplazamiento del símbolo al signo, sobre todo
con la formalización de las operaciones matemáticas. Entonces nos introducimos
a la experiencia sistemática de la reflexión. Como se puede ver estamos ante
una dinámica de desplazamientos que concurren conformando descentramientos y
centramientos cada vez más inclusivos. De este modo, la dinámica de
constitución y des-constitución del sujeto, la dinámica de constitución y
des-constitución de subjetividades, no se basa en el centrismo, esta dinámica
no responde a la permanencia absoluta de un centro inmóvil o establecido de una
vez por todas; al contrario, se trata de la vivencia y la experiencia de un
descentramiento constante, de desplazamientos permanentes, de transformaciones
corporales, de esquemas de acción, de esquemas operativos, de esquemas de
comportamientos, de esquemas de operaciones formales, de esquemas
representativos y esquemas reflexivos. Los centramientos son momentos
constituidos por procesos constitutivos de descentramientos y desplazamientos.
Epistemología de los centrismos
El problema de
los centrismos no puede explicarse sólo psicológicamente, pues sus
conformaciones no responden sólo a auto-centramientos y auto-referencias
individuales o individualizadas, sino responde a centramientos sociales,
incluso podríamos decir psicosociales, centramientos culturales y, no en todos
los casos, civilizatorios. Hablamos de etnocentrismos, de socio-centrismos, pero
también hay que incluir a los centramientos ideológicos que construyen mundos e
universos imaginarios al estilo de Claudio Ptolomeo; en el centro el hombre,
dentro de un centro matriz que es la tierra, alrededor de la cual giran los
planetas, incluyendo al sol y las estrellas. Estas auto-referencias son
explicables desde una perspectiva no sólo de la psicología genética sino de la
historia de la ideas, pero sobre todo es indispensable ponerlas en el tapete
para las consideraciones que pueda ejercer la historia critica de las
estructuras de pensamiento.
Una rápida
revisión de la arqueología del saber de las ciencias humanas nos muestra la
genealogía creativa del pensamiento; historia atravesada por rupturas y
descentramientos. Podemos comenzar el viaje desde la prosa del mundo, donde el
animismo congénito conecta analogías y apariencias, vecindades y semejanzas; el
mundo es interpretable a partir de sus marcas, señales y símbolos. Pasamos a
una diferenciación radical entre palabras y cosas, con la consciencia de que
las palabras no son las cosas, son mundos distintos. Se produce un repliegue
del pensamiento al lenguaje y el descubrimiento de sus estructuras innatas,
sobre todo su lógica, a partir de las cuales se interpreta el mundo. Ahora la
escritura descifra el mundo, también las ciencias lo hacen en busca del orden
matricial del mundo. Esta episteme vive su curso y encuentra sus límites en su
propio fracaso, no encuentra el orden matricial del mundo. La episteme que
emerge de su crisis es mas bien historicista, nace la conciencia científica del
tiempo, tiempo que atraviesa todo o emerge de todo como contenido inmanente y
dinámico. El tiempo aparece en el estudio de la vida, el trabajo y el lenguaje.
La culminación de esta episteme encuentra una de sus más altas expresiones en
las ciencias humanas, ciencias que al buscar al hombre descubren que no está
por ningún lado, es apenas una sobra que circula en el intersticio de una
episteme y otra, para luego desaparecer rápidamente. Lo que encuentran las
ciencias humanas es una pluralidad de sociedades y sistemas sociales; una
pluralidad de culturas e instituciones culturales, donde se conciben distintas
identidades colectivas; y en vez de encontrar un sujeto encuentra la escisión del sujeto y la
tragedia mítica del inconsciente, retenido en su memoria reiterativa y
obsesiva. Lo que vivimos ahora es otra episteme, donde otras fuerzas externas
atraviesan al ser humano, no al hombre, que es distinto; abriéndose un campo de
posibilidades a los nuevos saberes. La sobrevivencia de lo genético más allá
del hombre, la complejidad y la potencialidad de las escrituras a-gramáticas,
la revolución cibernética, nos muestran estos nuevos ámbitos de relaciones; así
como la dinámica del caos y su potencia creativa configuran la integración, la
articulación y la conectividad de las
ecologías[21].
El horizonte
abierto por los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos coincide
con este horizonte de la nueva episteme. Es posible que asistamos al nacimiento
de nuevas formas de acción que van más allá de la política, del mismo modo que
asistamos a nuevas formas del conocimiento que van más allá de las disciplinas
científicas.
Un Estado tramposo
Se ha hablado
de estados aparentes o de formaciones aparentes del Estado, desde la teoría
marxista del Estado, como refiriéndose a la falta de totalización, pero también
a una dosis exagerada del imaginario; es decir, a una no correspondencia entre
estructura económica y superestructura jurídica, política, ideológica y
cultural. También desde otra perspectiva, esta vez de la intelectualidad
conservadora del Imperio, se ha hablado de estados fallidos, como de un fracaso
irremediable, refiriéndose a estados no solamente no logrados sino que no
pueden gobernarse, que no puede construir un mínimo de orden jurídico y
político. En un caso el supuesto de apariencia es complicado sostenerlo; ¿desde
qué perspectiva se puede decir que no habría logrado su totalización? Tendría
que haber un referente, este es el Estado moderno; pero, ¿cuál Estado moderno?
El que se considere más acabado, más desarrollado, más armado desde el punto de
vista de su institucionalidad, normativa y soporte económico. Empero este
referente es coyuntural y tiene que ver con la auto-referencia de un Estado
dominante. Por otra parte, hablar de un desfase entre estructura y
superestructura, es abordar el tema
desde la perspectiva del determinismo económico, haciendo que un Estado
logrado, totalizado, sea el resultado de un pleno desarrollo capitalista.
Cuando se habla de estados aparentes se hace hincapié en una especie de
desborde de la voluntad, una voluntad institucional que busca imponer la
modernidad desde el Estado, como una construcción estatal; se dibujan estados
que tienen que administrar una articulación abigarrada de modos de producción.
También se refieren a Estados que son más que una ilusión jurídica, estados que
no habrían pasado por reformas institucionales y democráticas. La idea del
Estado-nación sería en este caso el referente. Pero, tomando en cuenta esta
hipótesis, habría estados más reales que otros y más aparentes que otros. La
realidad entonces estaría definida por el ejemplo del Estado moderno, del
Estado-nación.
Estas tesis
suponen que el Estado moderno, el Estado-nación, es como un fin y un centro, a
partir del cual se puede valorizar lo que avanza a esta conformación; así
como el modo de producción capitalista
se vuelve un fin y un centro en la historia económica, a partir del cual se
comprende y se ilumina sobre los otros modos de producción. Empero, en este
caso, no se dice que los otros modos de producción son aparentes sino que son
pre-capitalistas o no-capitalistas. ¿Por qué entonces se habla de algunas
formas de Estado como aparentes, a pesar de ser reales, aunque diferentes? En
todo caso estas tesis forman parte de toda una discusión sobre la relación
entre estructura y superestructura, incluso cuando se introduce la hipótesis de
la autonomía relativa del Estado.
Las otras
tesis, sobre los estados fallidos, se basan en una perspectiva
intervencionista; se trata de estados que no sólo no se pueden gobernar, que
son un rotundo fracaso, sino incluso estados peligrosos, que requieren de una
intervención humanitaria. Estas tesis pueden ilustrarse teóricamente a partir
de las concepciones de dos ideólogos conservadores, uno es Samuel Phillips Huntington y el
otro es Francis Fukuyama; el libro polémico y difundido del primero es Choque de civilizaciones, el libro más conocido
y discutido del segundo es El fin de la
historia y el último hombre. Estos autores no hablan de estados fallidos,
pues el término de estados fallidos es más periodístico y tiene el objeto de
comentario como de la difusión, así como de la clasificación descalificadora; con el argumento
de hacer más detalla la enunciación, el centro de estudio Fund for Peace ha
propuesto algunos parámetros descriptivos: pérdida de control físico del
territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza, erosión de la
autoridad legítima en la toma de decisiones, incapacidad para suministrar
servicios básicos, incapacidad para interactuar con otros estados, como miembro
pleno de la comunidad internacional. Un Estado fallido se identifica por un
fracaso social, político y económico, distinguiéndose por tener un gobierno
débil e ineficaz, que no tiene control sobre extensas regiones de su
territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos
niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados, así
como una marcada degradación económica. Noam
Chomsky ha criticado estas concepciones en su libro Estados Fracasados: El Abuso de Poder y la Agresión a la
Democracia. El intelectual crítico norteamericano
invierte la proposición y define a los Estados Unidos como un imperialismo que
pone en peligro la democracia en el mundo.
Hasta ahí
estas dos discusiones sobre las caracterizaciones del Estado, unas marxistas,
las otras conservadoras. No vamos a continuar con estos temas ni estas
discusiones, tan sólo poner en suspenso los supuestos en los que se basan, uno dialéctico,
el otro claramente descalificador e intervencionista. Lo que interesaba es
ilustrar sobre debates en torno a los problemas de los estados en la
contemporaneidad. Introduciremos un juego metafórico, sin pretensiones de
definición teórica ni mucho menos, sino tan sólo con pretensiones figurativas
para caracterizar los usos del Estado para afrontar problemas contingentes por
parte de un gobierno progresista. Llamaremos tramposo a este uso del Estado,
pues no podemos llamar tramposo al gobierno, pues la trampa excede al gobierno,
se involucran el órgano legislativo, el órgano judicial y el órgano electoral,
además de los aparatos de emergencia del Estado, la policía y las fuerzas
armadas. Por lo tanto es el Estado el que se involucra en procedimientos
tramposos para afrontar problemas sociales.
Toda la
política sinuosa que se ha seguido en torno al conflicto del TIPNIS por parte
del gobierno y los otros órganos de poder llama la atención. El quitar al
TIPNIS más de 250 mil hectáreas, entregándoselas a los avasalladores del
territorio indígena y parque, fue una medida elocuente en lo que respecta a
develar el sentido de las políticas de gobierno respecto a los territorios
indígenas y áreas protegidas. El firmar el contrato y el convenio con el gobierno
brasilero el 2008 para la construcción de la carretera, comprometiéndose el
préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico del Brasil, seleccionando a
la empresa constructora OAS sin cumplir con las normas de contratación de
bienes y servicios, fue otra muestra patética las relaciones secretas en las
que está medido el gobierno, además de ser una evidencia de los procedimientos
velados y opacos que se emplean. El uso de un discurso de defensa de la madre
tierra en los foros internacionales en contraste con una política pragmática y
extractivista es otra muestra de las profundas contradicciones en las que se
debate el gobierno. La forma de enfrentar a la resistencia indígena a la
afectación de sus derechos, al incumplimiento de la Constitución y de los convenios
internacionales, es otro comportamiento escandaloso que devela una falta de
escrúpulos buscando denigrar y descalificas a los dirigentes indígenas,
convertidos en enemigos. El hacer leyes y abrogarlas después, de acuerdo a las
circunstancias, es una demostración de la falta de seriedad. Sobre todo llama
la atención el comportamiento en relación a la VIII marcha indígena que termina
llegando a la sede de gobierno, apoyada por un millón de paceños que salen a
recibir a los marchistas como héroes, consiguiendo arrancar la ley 180 de
protección del TIPNIS. Días después el gobierno prepara el contra ataque con el
objeto de abrogar la ley, arma una contra marcha con los cocaleros del CONISUR,
marcha que no logra los efectos buscados, pues no recibe ninguna clase de apoyo
popular. La gente interpreta rápidamente esta marcha como una maniobra. En
estas circunstancias el gobierno y la Asamblea Legislativa no se atreven a
abrogar la ley y buscan desesperadamente otra salida. Aprueban una ley de
consulta, la ley 222, que supuestamente tiene por objeto subsanar un error, el
no haber hecho la consulta a los pueblos indígenas que habitan el TIPNIS,
moxeños, chimanes y yuracares. Sin embargo, esta ley de consulta es totalmente
forzada, no cumple con ninguno de los requisitos y condiciones de la consulta
establecidas en los convenios internacionales y en la Constitución. No cuenta
con el consentimiento de los pueblos indígenas, de sus representantes, de sus
organizaciones matrices. No es previa, pues el contrato con OAS, el diseño de
la carretera, la división en tres tramos, el avance en el tramo 1 y 3, el
compromiso de préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico del Brasil,
ya se efectuaron desde el 2008. No es libre, pues se impone sin haber discutido
y acordado con los pueblos indígenas. No es informada, pues no se ha informado
sobre los alcances del proyecto debidamente y en las lenguas de los pueblos. En el desarrollo de esta ley se involucra al
CONISUR, organización afiliada a las federaciones cocaleras, que representa a
los sindicatos de la zona de avasallamiento del polígono siete y quizás a la
única comunidad yuracaré y moxeña que queda en la zona, Santísima Trinidad. No
se toma en cuenta para nada a la representación legítima de las más de sesenta
comunidades del TIPNIS, la subcentral del TIPNIS, menos a la organización
matriz de los pueblos indígenas de tierras bajas, la CIDOB. Esta conducta torpe
y forzada, sigue adelante; se arma un protocolo espantoso, que induce a la
opción por la carretera. Para respaldar estos procedimientos, se prácticamente ocupa
militarmente el TIPNIS, se efectúan incursiones, se hacen obsequios,
presionando a las comunidades para que se comprometan con la construcción de la
carretera. También se dividen a las comunidades, formando organizaciones
paralelas o separando a algunas dirigencias. El propio presidente se convierte
en el jefe de campaña de esta escandalosa coerción.
En
adelante analizaremos la tramposa ley 222 y su protocolo, acompañada por
discursos encubridores y la visita de una delegación canadiense, que se hace
pasar como representación oficial de Naciones Unidas, cuando es sólo del PNUD,
representación que avala, con algunas reticencias, una violación flagrante a
los convenios internacionales y a la Constitución. Pero antes de hacer esto, estableceremos
los criterios primordiales de la consulta a los pueblos indígenas, instituidos en
el Convenio 169 de la OIT, en la Declaración de Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas y en la Constitución.
La consulta a los pueblos indígenas
La
consulta no solamente es un derecho de los pueblos indígenas sino una garantía
de estos derechos[22].
Derechos que tienen que ver con el derecho a su territorio, a su cultura, a su
lengua, a sus instituciones, a sus normas y procedimientos propios, a sus
formas de organización y representación, a sus formas de gestión, a la libre
determinación, autogobierno y autonomía. Para que la consulta sea una consulta,
tal como está establecida en los convenios internacionales, debe la misma a ser
consultada; se debe preguntar a los pueblos afectados sobre la consulta misma.
Debe contar con su consentimiento. No pueda ser una consulta inventada por el
gobierno u otros órganos del Estado, menos por las empresas, no puede ser impuesta,
tal como lo ha sido la ley 222. La ley misma debía haber sido discutida con los
pueblos indígenas, sus representantes legítimos, sus organizaciones matrices. Esto no ocurrió,
salvo la complicidad del CONISUR, que no tiene que ver nada con la TCO del TIPNIS,
donde se debe hacer la consulta, y algunas dirigencias locales. La consulta
debe ser previa, empero si el gobierno y el Estado reconocen su error por no
haber consultado, pueden hacerla, siempre acordando con las representaciones y
organizaciones indígenas. Si los pueblos indígenas no quieren la consulta, si
dicen que es extemporánea, entonces no se puede hacer la consulta.
Los
pueblos indígenas son autónomos, eso lo establecen los convenios
internacionales y la Constitución. Existen antes de la colonia, eso les
reconoce la Constitución. Por lo tanto son dueños de sus tierras y el Estado
tiene que consultarles y pedirles permiso para poder hacer planes y programas
que puedan afectarlos. Por otra parte, la Constitución define la condición
plurinacional del Estado, esto implica la convivencia de naciones, pueblos y
culturas, esto exige respeto a su libre determinación. La misma Constitución
define la condición comunitaria y la condición autonómica del Estado,
constitucionalizando las autonomías indígenas. La forma comunitaria y la forma
de autonomía son formas de Estado, por lo tanto condicionan a las políticas
públicas. La autonomía misma es una garantía de los derechos de los pueblos
indígenas.
El
gobierno, la Asamblea Legislativa y el órgano electoral, al elaborar y aprobar
la ley 222 y hacerla operable con el protocolo, violan no solamente el derecho
a la consulta de los pueblos indígenas sino también estas condicionantes
constitucionales, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición
de autonomía del Estado. Violan los derechos y violan las garantías de esos
derechos. El Tribunal Constitucional al abalar estos procedimientos violatorios
se hace cómplice de los atentados a la Constitución, a los derechos y a las
garantías de los derechos.
Cuando se
establece la condición de libre para efectuar la consulta se está planteando
precisamente eso, que se respete la libertad de los pueblos indígenas, que no
se les imponga procedimientos impropios a una consulta, un documento ya hecho por
abogados y legisladores, como parte de la presión a hacer la carretera, que es
la voluntad del gobierno. Cuando se dice que la consulta debe ser informada, se
habla de todo un proceso, de una información adecuada y transparente, efectuada
en las lenguas indígenas, que se informe sobre el impacto ambiental y las
consecuencias del proyecto. Nada de esto ha ocurrido, no se ha informado, se ha
desinformado, se ha hecho propaganda, se manipula constantemente a través de
los medios del gobierno, lo que ya invalida la consulta misma.
Los vicios de la ley 222 y el protocolo
Los
principales vicios de la ley 222 tienen que ver con las contradicciones
flagrantes con la Constitución, los convenios internacionales y la ley 180, en
defensa del TIPNIS. Los otros vicios tienen que ver con las contradicciones con
la estructura conceptual y normativa de la consulta. Otro grupo de vicios tiene
que ver con las contradicciones en su propia redacción. Por último, los vicios
más calamitosos tienen que ver con la redacción del protocolo. No se puede
hacer una ley que contravenga la condición plurinacional, la condición
comunitaria y la condición autonómica del Estado en transición. No se respeta
el artículo dos de la Constitución, se viola el carácter de libre
determinación, autogobierno y de autonomía de los pueblos indígenas. No se
puede hacer una ley que contradiga la ley 180, en defensa del TIPNIS. Y
obviamente no se puede hacer una ley que no responda a las clausulas y
condicionantes de los convenios internacionales. ¿Por qué se hace todo esto?
Para
responder esta pregunta contamos con dos hipótesis de interpretación. La
primera hipótesis tiene que ver con la incomprensión de la Constitución y de
los convenios internacionales. Incomprensión que tiene que ver con resistencias
a la interpretación del texto constitucional, a la discusión y deliberación del
texto, y también a la distancia de los funcionarios respecto al proceso
constituyente. La segunda hipótesis tiene que ver con el interés demostrado de
defender un proyecto pragmático, realista, que es la continuación del modelo
extractivista, y renunciar al proyecto constitucional del vivir bien, de la
construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, tiene que ver
con la renuncia a la economía social comunitaria y al modelo ecológico,
inscritos en la Constitución.
Ciertamente
estas renuncias y estas incomprensiones no se hacen explícitas, pues esto no se
puede hacerlo; políticamente sería una confesión. Las renuncias al proyecto de
cambio tienen que ser ocultadas, escondidas, camufladas. Las incomprensiones
obviamente no son reconocidas, pues esto sería como comprender la propia
incomprensión. Entonces la comunicación se hace confusa y saturada. Se efectúa
una campaña de desinformación y haciendo creer que se está en lo mismo, en el
proceso de cambio, cuando todas las acciones lo contradicen. El gobierno ya
forma parte del contra-proceso, desacatando la Constitución y los mandatos
constitucionales, enfrentando al pueblo boliviano y a las naciones y pueblos
indígenas originarios. Todas las acciones optan por la trampa, hacer trampa;
los responsables de estas acciones creen que esto es una astucia política,
cuando lo único que hacen es mostrar su propia decadencia ética y moral.
Es un
perfil muy peculiar de estos astutos políticos; tienen una representación de la
realidad de película. Se trata de un juego de apariencias, lo que vale son las
apariencias, lo que aparenta que es, no lo que es en realidad. Por lo tanto se
opta por campañas publicitarias y obviamente están muy lejos de la
investigación de los hechos, de los acontecimientos, de los problemas. Esto
para ellos es pérdida de tiempo y especulación. De lo que se trata es de
modelar la opinión pública de acuerdo a los mensajes propagandísticos y
publicitarios. Por eso mismo, es preferible el engaño que la transparencia. No
se podía esperar de ellos una preocupación por cumplir con las condiciones, los
requisitos, la estructura conceptual y normativa de la consulta. Es lo que
menos les preocupa; de lo que se trata es de hacer creer que se trata de una
consulta. No importa cómo se la haga, tiene que servir este mecanismo para
imponer una voluntad antelada, la construcción de la carretera. Por eso se
plantea en la ley 222 el dilema de intangibilidad o carretera, cuando ya el
SERNAP y las organizaciones indígenas acordaron áreas identificadas como
vulnerables, de aprovechamiento económico y de reproducción comunitaria, cuando
en la reglamentación de la ley 180 el gobierno, la Asamblea legislativa y las
organizaciones indígenas acordaron el significado de intangibilidad. Por eso
también el protocolo es un documento indecoroso y descarado de inducción a
optar por la carretera, inventándose procedimientos anómalos de encuesta,
inventándose representaciones indebidas para abordar estos procedimientos en
las localidades dónde se aplicaría el cuestionario. Todo esto se hace sin
resquemor, sin rubor alguno, con pleno descaro. ¿Por qué se opta por el
mecanismo de la trampa y no por una construcción consentida y consensuada con
los pueblos indígenas?
El proceso
de la consulta es complicado, llevaría por lo menos dos años en prepararla y
ejecutarla. Se requiere participación, reunir la información, difundirla en
lenguas propias de los pueblos indígenas; se requiere esperar el desenvolvimiento
de las deliberaciones y de las asambleas. Para esto es menester la
participación de las representaciones genuinas de los pueblos indígenas,
representaciones que el gobierno considera como enemigos. Para esto es
necesario informar sobre los impactos ambientales y sobre la organización,
cohesión y cultura indígenas. Se requiere buena fe, que es lo que más le falta
al gobierno. No se quiere la consulta, pues no se aprecia la decisión libre de
los pueblos indígenas; se suplanta su opinión por la presuposición
gubernamental, se supone que las comunidades quieren desarrollo, quieren
escuelas, quieren hospitales; por lo tanto quieren la carretera. Acostumbrados
a la violencia estatal, no hacen otra cosa que continuar con la misma
violencia, con el monopolio de la violencia, que creen que es el monopolio de
la verdad.
El
problema es que todos están comprometidos con esta estrategia, si se la puede
llamar así. No sólo el ejecutivo, también la Asamblea Legislativa, el órgano
judicial, el órgano electoral, incluso el Tribunal Constitucional. No hay dónde
acudir para defender los derechos constitucionalizados. El Defensor del Pueblo
es una instancia, empero es débil para hacer cumplir y garantizar los derechos.
Los organismos internacionales ayudan, empero sólo terminan observando y
acompañando las marchas. Sólo queda confiar en la propia fuerza, en la propia
potencia social, en las marchas y movilizaciones populares. La solución del
problema vuelve a remitirse a la correlación de fuerzas, correlación puede
desatar otras acciones, jurídicas, de denuncia y hasta de exigencia. Otra vez
está en manos del pueblo corregir los decursos históricos.
Como se
puede ver, se trata de una coyuntura política complicada, de un panorama
polarizado, incluso paradójico. Por un lado hay un control casi absoluto del
Estado, todos los órganos de poder, todas las instituciones oficiales, incluso
la amplia mayoría de las gobernaciones, están en manos de lo que llamaremos
provisionalmente los grupos de poder. A propósito no nombramos al MAS, pues es
difícil creer que el MAS gobierna. La impresión es diferente, incluso en las
dirigencias del MAS. El más no dejó de ser un instrumento electoral, de
convocatorias electorales y espacio de negociaciones y acuerdos con las
organizaciones sociales. Empero nunca se discutió en los congresos del MAS la
dirección de las políticas públicas. Todo quedó en manos del ejecutivo. Muchas
direcciones del MAS tienen la percepción
de que los que se encuentran en el ejecutivo son invitados y no miembros del
MAS. Este tema es digno de análisis, pero no se puede hacerlo en este momento y
en este ensayo, quedará pendiente. Por lo tanto, volviendo al análisis, vemos
que los grupos de poder controlan todo, pero este control no se encuentra
respaldado por la legitimidad. Al contrario se ha venido perdiendo la
legitimidad en la medida que se ha hecho evidente la dirección política
inconstitucional y la opción por el modelo extractivista. La crisis del
gasolinazo y la crisis del TIPNIS terminaron quitándole la legitimidad que le
quedaba al gobierno. Después de las elecciones de los magistrados se constata
que el MAS, en términos electorales, es ya una minoría, al ser vencidos en la
votación por el voto nulo. La paradoja entonces es esta, el costo del control
del Estado a como dé lugar resultó en un vacío de legitimidad, que puede también
constatar un vaciamiento político.
Otra
paradoja es la que tiene que ver con las actuales alianzas políticas que
sostienen al gobierno. La alianza con las naciones y pueblos indígenas
originarios ha desaparecido, se ha roto el Pacto por la Unidad; por un lado
están las organizaciones campesinas, denominadas popularmente como las
trillizas, apoyando al gobierno; por otro lado están las organizaciones
indígenas, el CONAMAQ y el
CIDOB, buscando la reconducción del proceso, encaminadas en la defensa del TIPNIS,
de la madre tierra y de la Constitución. La nueva alianza del gobierno es con
la burguesía boliviana, con los agroindustriales, los banqueros, los
empresarios, los terratenientes y los nuevos ricos, comerciantes,
intermediarios, contrabandistas y campesinos ricos, vinculados a los
monocultivos. Esta alianza convierte al gobierno en administrador de los
intereses de la burguesía y de las empresas trasnacionales. Además esta alianza
enfrenta al gobierno con el pueblo.
La
paradoja más contrastante es la que tiene que ver con la continuación expansiva
del modelo extractivista y la economía rentista, renunciando a la transición al
vivir bien, como modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al
desarrollo, renunciando a la construcción de una economía social y comunitaria,
renunciando sobre todo a la transición y la construcción del Estado
plurinacional comunitario y autonómico, al sistema de gobierno de la democracia
participativa, del ejercicio plural de
la democracia, directa, representativa y comunitaria. Esta paradoja
muestra los alcances del realismo y el pragmatismo del gobierno; no se cree en
el cambio sino solo en la necesidad de mantenerse en el poder. Hay pues un
acomodo a las estructuras y relaciones de poder regionales e internacionales.
Por eso, las políticas se retienen sólo en la emisión de bonos, completamente
adecuados a la economía rentista; empero se renuncia a las inversiones
estructurales y logísticas en salud, en educación, en la calidad de vida. Se
prefiere optar en la provisionalidad de la coyuntura y renunciar a políticas
estructurales de mediano y largo plazo. Peor aún, se renuncia taxativamente a
la industrialización de las materias primas y se prefiere extender la
exportación de recursos naturales; se renuncia a la soberanía alimentaria,
prefiriendo apoyar el comercio de monocultivos destinados al mercado externo;
se renuncia a fortalecer, expandir y consolidar el mercadeo interno. También se
renuncia a la inversión productiva, prefiriendo el gasto, el incremento de la deuda
interna y externa, además del ahorro sin sentido de las reservas
internacionales, cuyo objeto es un efecto sumatorio como resultado del
equilibrio macroeconómico, tan buscado por las políticas monetaristas.
Entonces
se entiende que lo que tenemos no es tanto un Estado aparente, figura de la
discusión marxista, no es tanto un Estado fallido, discusión conservadora e
imperialista, sino la figura de un Estado usado no sólo en el sentido de la
separación entre Estado y lucha de clases, entre estado y sociedad, entre
Estado y comunidades, sino en el sentido de la manipulación masiva, de la
disuasión represiva, en el sentido de los engaños múltiples, de las astucias
políticas proliferantes, en el sentido de la efectuación de la política como
trampa.
Obviamente el caso boliviano no es el
único caso, todo esto forma parte de la crisis múltiple del Estado, de la forma
Estado, de los Estado-nación. El caso boliviano tiene sus propias
peculiaridades, sus intensidades y sus dramatismos, que tienen que ver con su
propia historia política, sobre todo la reciente. Hay quienes todavía se
ilusionan con concluir la construcción del Estado-nación, pues consideran que
su construcción ha quedado inconclusa, inacabada, que el fracaso económico
tiene que ver con este inacabamiento del Estado-nación, que el fracaso de las
nacionalizaciones tiene que ver con esta inconclusión y falta de totalización.
Esto parece más un justificativo para seguir insistiendo en una perspectiva
política en crisis, sin considerar el carácter subalterno de los Estado-nación
periféricos. Es también un justificativo de algún ideólogo del gobierno que
explica el diferimiento del Estado-nación, por lo tanto su dilatación y la
postergación de la construcción del Estado plurinacional comunitario y
autonómico, debido a la tarea pendiente de concluir con la construcción del
Estado-nación. Esta justificación sirve en sentido pragmático para proseguir
con la línea del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. La
crisis actual del capitalismo, la crisis política del orden mundial, la crisis
ecológica que es la medida del costo del capitalismo transferido a la
naturaleza, muestran la insostenibilidad de esta perspectiva política
nacionalista. Es menester e indispensable una transición más allá del
Estado-nación. Esta perspectiva ha sido
pensada por los movimientos sociales anti-sistémicos y las naciones y pueblos
indígenas, esta es la transición política del Estado plurinacional comunitario
y autonómico.
La guerra sucia
Los militares argentinos emprendieron
una guerra sucia en la década de los setenta, que llegó a irradiarse incluso
hasta la década de los ochenta, afectando la interpretación buscada en la
década de los noventa. Se habla de 30 000 desaparecidos. Si el Estado se
sustenta en el concepto de fuerza mayúscula, en la excepción misma que pone en
suspenso los derechos fundamentales, la acción militar actúa en el sentido de
la desaparición de los sujetos de derechos. En el mapa de estos recursos
violentos tenemos los medios de la descalificación y de la denigración, como
parte de una guerra psicológica. No es casual que ahora se emplee estos medios
contra las organizaciones indígenas y sus dirigentes. El Estado, los hombres de
Estado; el gobierno, los métodos de gobierno; no conocen otros recursos para
afrontar una crisis, la crisis de su propia legitimidad y gubernamentalidad.
Son viejos procedimientos, no se necesita genialidad para ejecutarlos, sino
rutina, hombres sin pudor para decir y ejecutar. Los dirigentes y las
organizaciones indígenas confrontan estos procedimientos y a esta clase de
personajes.
¿Cuál es la lógica en todo esto? ¿La
pretensión de los descalificadores es hacer creer a la gente en la veracidad de
sus denuncias? ¿Eso esperan? ¿O mas bien se trata de actos de guerra, denigrar,
descalificar al enemigo, hundirlo, convertirlo en un monstruo, pasible de la
descarga más violenta de la acción de limpieza estatal, justificada? Es difícil
aceptar la hipótesis de que quieren convencer; este ya no es un problema en un
mundo mediatizado, donde ya no importa la objetividad o la correspondencia con
los hechos sino las escenificaciones. Tampoco se puede esperar que los que
emiten estas acusaciones lo crean; lo hacen porque están persuadidos de que
tienen que hacerlo. Tienen que atacar, demoler, destruir. El único lugar
inocente donde parece circular cierta credibilidad sobre estas cosas es el
espacio donde se inscribe el discurso, espacio blando, moldeable, que acepta
todo lo que se imprime; empero este espacio comunicacional, de difusión y
circulación, es un espacio sin sujeto. En cambio los que perciben el mensaje
son sujetos; ellos son sometidos al bombardeo sistemático de la descarga
ideológica. ¿Cuántos de los sujetos creen? Ya acostumbrados a esta guerra
mediática, es difícil esperar que la mayoría caiga en la ingenuidad de creer.
Por lo menos se duda. Ahora bien debe haber una variedad de perfiles en
relación a la percepción y recepción de la comunicación. En este mapa de
perfiles debe haber un grupo, afín, que dice que cree y lo rarifica. Esta
postura es no solamente condescendiente sino cómplice. Empero, no hay que
olvidar que no se trata de una lucha por la verdad; esta relación ética y
cognitiva se encuentra fuera de estas preocupaciones por imponer la versión
oficial. Es un problema de fuerzas; de lo que se trata es de crear la atmósfera
correspondiente de desprestigio para justificar una acción; por ejemplo, la
ocupación militar del TIPNIS.
Lo que está en juego son las fuerzas,
la correlación de fuerzas; la movilización de la IX marcha indígena y las
acciones que pueda realizar el gobierno para detener, descalificar, diseminar,
dividir a la movilización misma. Los discursos son dispositivos de poder en estos
escenarios de la coyuntura. En esta perspectiva lo que desplaza el gobierno son
acciones de guerra. Imponer una consulta extemporánea, es decir, un
cuestionario; desplegar juicios a los dirigentes indígenas; amenazar,
chantajear, presionar, por todos los medios a las comunidades del TIPNIS;
descalificar a sus dirigencias; ocupar militarmente el TIPNIS; preparar la
consulta con toda la logística estatal, incumpliendo con la Constitución, los
convenios internacionales, el consentimiento, la condición de previa, libre e
informada; no es otra cosa que actos de guerra, la guerra del Estado-nación
contra el germen del Estado plurinacional comunitario y autonómico, que se
encuentra en la Constitución y es defendido por las naciones y pueblos
indígenas.
Estos actos de guerra se complementan
con otros procedimientos que podemos identificar como de desinformación y
manipulación abierta. La presidenta de la cámara de senadores despliega toda
una exposición justificativa de la ley de consulta, dice que cumple con la Constitución,
con los convenios internacionales, con los requisitos del consentimiento y las
condiciones de previa, libre e informada. Lo dice de una manera rutinaria,
incluso acudiendo a James Anaya, responsable en Naciones Unidas de la unidad encargada
de los derechos de los pueblos indígenas. También acude a Bartolomé Clavero, un
defensor de los derechos indígenas, conocido por su apoyo y difundida escritura
de análisis sobre los tópicos problemáticos de la garantía y cumplimiento de los derechos indígenas por
parte de los estados. Lo que se observa en esta desesperada utilización es que
se desconoce la posición de estos connotados caballeros; Bartolomé Clavero ya
ha escrito y hecho conocer su posición crítica, su observación al
incumplimiento por parte del gobierno en relación al derecho a la consulta
previa; y NNUU ha notificado oficialmente su preocupación por la suspensión de
los derechos indígenas en torno a los pleitos desatados por la expansión
extractiva. ¿Por qué se hace esto, la utilización descomedida y des-contextuada
de estas dos referencias connotadas? ¿Por qué se lo hace? ¿Se considera que
tanto Anaya como Clavero no van a escuchar y leer estas reminiscencias? ¿Se
quiere hacer creer a los bolivianos que la ley de consulta está bien estructurada
y recibe incluso el apoyo de connotados defensores de los derechos indígenas? A
diferencia de las acciones de guerra, este discurso si quiere convencer; se
desenvuelve como retórica. Tampoco aquí se trata de lograr la verdad, como en
filosofía, ni mucho menos el rigor, como en lógica; se trata simplemente de
convencer. Ahora bien, uno de los requisitos de la retórica para con su auditórium
es la empatía, otro es la seducción, también podemos hablar de la forma de la
exposición y el orden, de un preámbulo y de unas conclusiones, teniendo en el
medio la argumentación. Ninguna de estas condiciones son atributos de los
expositores del gobierno. Tampoco les va bien con la retórica, menos con la
política, que además de ser un juego práctico de las relaciones de fuerza,
también hace la conjunción articulada del uso de los lenguajes, incluyendo al
lenguaje de la imagen, a la retórica, a la lógica, de alguna manera a la
filosofía y, porque no, un uso particular de las ciencias. En resumidas
cuentas, la exposición retórica del congreso no convence.
Tenemos entonces dos ejes de
despliegue político del gobierno, las acciones de guerra y la retórica, la
preparación del terreno para las acciones de despliegue y lo que debería ser el
arte del convencimiento. La pregunta es ¿cómo abordar esta problemática, tanto
desde la perspectiva de la comprensión así como desde la perspectiva de la
resistencia política? Ante todo no se puede caer en la acción comunicativa, en
las pretensiones de verdad, en creer que el problema se resuelve en la
discusión diferida sobre la verdad, en quién tiene la verdad. Esto no le
interesa al gobierno, no le interesa al aparataje del Estado, no les interesa a
los órganos del Estado, a los llamados poderes, tampoco se espere que le
interese a la administración de justicia, que está totalmente cooptada y forma
parte, como un aditamento, de una estrategia de disuasión y de criminalización
de la protesta. Ciertamente a los únicos que les interesarían la dilucidación
de la verdad, de la correspondencia con los hechos son las víctimas. Son las
únicas que estarían interesadas en el esclarecimiento. Empero se encuentran
lejos de los recursos del poder como para defenderse adecuadamente, sólo pueden
recurrir a la potencia social, a la resistencia, a la movilización, a la
defensa de sus derechos. Entonces la verdad, en este caso, vendría a ser
problemática, enfrentando el problema del encubrimiento, del ocultamiento, de
la forma como se encapsula en la experiencia dramática de las víctimas.
Experiencia que por sí mismo no puede ser muda, pues en todo caso quedan los
testimonios, los testimonios de la violencia; también la memoria, la memoria
devenida de la experiencia del sufrimiento, pero también de la alegría de las
luchas. Las victimas no se callan,
hablan; este es un grave problema para el poder.
Si bien hay que afrontar a las fuerzas
de la represión con fuerzas de la resistencia, si bien hay que enfrentar a la
mala retórica del congreso con exposiciones claras, no se puede dejar encerrada
a la verdad en el lugar más espeso de la memoria, en el lugar más dramático de
la experiencia, en la huella que deja en los cuerpos. Es menester liberar este
ámbito de la experiencia y de las relaciones de los saberes con ella, es
menester expresar la verdad desde la experiencia de las naciones y pueblos
indígenas, desde las comunidades, desde la perspectiva de las comunidades de la
TCO del TIPNIS. La lucha por la verdad viene a ser una lucha por la develación
y la revelación, además de contener ribetes filosóficos. Esto es importante,
porque la apropiación de ese lugar de la dominación, desde donde se dice
supuestamente la verdad, que no es más que un simulacro del poder, porque la
toma de la colina, desde donde se observa el paisaje, debe ser una conquista de
las y los que resisten, las y los que luchan, las y los que combaten. Este
puesto debe ser arrancado de los que han monopolizado los manejos discursivos;
la verdad debe dejar de ser un producto del poder.
La experiencia de las comunidades de
la TCO del TIPNIS tiene que ver con la memoria larga, con el ciclo largo de las
estructuras de la rebelión, con aquello que los llevó un día a lanzarse a la
primera marcha indígena en defensa del territorio y la vida, con todo lo que ha
acontecido desde entonces hasta ahora, en plena convocatoria a la IX marcha
indígena. Es la experiencia de sufrimientos, pero también de luchas, devenida
en perspectiva propia, amazónica, de reconstitución y reterritorialización,
devenida en derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, devenida
en el horizonte abierto por la visión del Estado plurinacional comunitario y
autonómico. La verdad de las comunidades de la TCO del TIPNIS tiene que ver con
la alternativa concebida como ñandereco,
ivimarey, suma kausay, suma qamaña, traducida al castellano como vivir
bien. Una verdad que interpela la ilusión del desarrollo y de la riqueza fácil,
que interpela por lo tanto la construcción de la carretera que atravesaría el
territorio indígena y parque Isiboro-Sécure; carretera que destruiría el
bosque, el territorio indígena y el parque, por lo tanto que destruiría el
ecosistema. Esta experiencia y esta verdad están sometidas a una prueba dura;
el gobierno ha decidido el 2008 construir la carretera, ha intentado desde
entonces imponer su voluntad extractivista. Después de un sinuoso recorrido de
comportamientos ambiguos y contradictorios en torno al TIPNIS quiere imponer un
cuestionario, al que le llama consulta, sin consentimiento de los pueblos
indígenas. La novena marcha indígena busca defender su verdad, ampliar la
experiencia de las luchas, convocando al pueblo boliviano a la reconducción del
proceso.
Psicología de los gobernantes
Cuando ya no se tiene vergüenza de
nada
A veces uno no sabe si reírse
ante ciertos aspavientos. ¿Qué pensar de ciertas demostraciones de fuerza? ¿La
gente que lo hace cree qué lo hace bien, qué es una astucia o sencillamente le
basta con amenazar? ¿Se ha perdido definitivamente la proporción de las cosas,
de las relaciones, de las composturas? ¿Qué hay en eso de decir cuidado, yo los
controlo, soy el vigilante de la noche y el día, tengo sus secretos, estoy al
tanto de sus intimides? ¿Qué hay en eso de decir cuidado, los hemos grabado,
sabemos lo que dicen, tenemos más gravitaciones? Es como decir mejor pórtense
bien pues los tenemos grabados, conocemos lo que declaran y en qué andan. ¿Qué
es esto? ¿Un juego de espías? ¿Cómo en
las películas? ¿Se sienten como si
fuesen los actores de una film de acción? ¿O se trata del gusto avieso de
detentar el poder, mostrar la fuerza que puede ser usada, disuadir, sentirse
poderosos? ¿Es eso? ¿El estar en condiciones de disponibilidad de recursos y
del acceso monopólico de la violencia suscita segregaciones particulares que
convierten a la gente de poder en una especie rara, una extraña especie que
degusta de los escenarios y las puesta en escena, de los show, gente a la que
le encanta y goza del ejercicio de poder, siente placer en el uso mismo del
poder, en el desplazamiento descomunal de las fuerzas sobre los demás? ¿Es así?
Difícil saberlo, empero lo que llama la atención es la inocencia con la que hace
esta gente poderosa sus aseveraciones; tenemos más registros, cuidado señores y
señoras. Cualquier rato podemos darlas a conocer. Ni se inmutan ante semejantes
dictámenes, no se enteran de que las mismas son prueba de un delito, la
intromisión en la vida privada, el espionaje, el violar los derechos
fundamentales, los derechos civiles y políticos. Lo que importa es dar a
conocer que se posee algo, una especie de secreto de las intimidades de los
demás. Hay un gusto morboso en hacerlo. Como una confesión. Esta revelación no
fue arrancado en el confesionario, tampoco por medio del recurso de la tortura,
a la que podrían recurrir si lo demás es inútil, sino logrado por medio del
espionaje, la grabación, la escucha, la intromisión. ¿Se lo hace por la
seguridad del Estado? Acaso este es un justificativo. Nadie ni nada está por
encima de los derechos fundamentales. Pero también nadie está sobre la lógica,
por lo menos como en un mínimum minimorum de lógica, aunque esta expresión
sea mas bien matemática. Empero se cree que se puede decir cualquier cosa,
expresar cualquier necedad sin inmutarse, pues se tiene los dos tercios de la
Asamblea Legislativa y el control de los cuatro órganos de poder.
¿Cómo se llega a esta situación
donde uno se cree inmune, estar sobre las cosas y sobre la gente? Este estado
de ánimo es digno de estudiarse. ¿Qué se hace? No tanto con la gente grabada,
espiada, sino con la gente que ha grabado, escuchado sin permiso ni
consentimiento y tiene en su poder las intimidades de los que son objeto de
espionaje. Pues esto es un delito. Imposible recurrir al órgano judicial. Ellos
tienen de antemano una respuesta, totalmente justificativa, aunque viole la
Constitución y los derechos fundamentales. El poder produce otras verdades,
sobre todo derivadas de las complicidades y el agradecimiento de favores. Al
final es la connivencia del ejecutivo, la Asamblea Legislativa y el órgano
electoral la que los ha puesto donde están, ha impuesto a los magistrados,
candidatos oficialistas, contra viento y marea, sin contar con la participación
y selección deliberativa desde las circunscripciones, desde las bases, como
establece la Constitución. ¿Es que las y los ciudadanos se encuentran tan
indefensos? No es así, el recurso a la denuncia, el recurso a la protesta, el
recurso a la movilización, son recursos que están en manos del pueblo, son las
garantías materiales y políticas de la defensa de los derechos fundamentales y
de la Constitución. Aunque se tenga la amenaza en muchos países, incluyendo al
nuestro, de la criminalización de la
protesta, es difícil sino imposible impedir las resistencias contra al abuso
del poder y el poder mismo, en todas sus múltiples formas.
El pueblo boliviano está
movilizado, por lo menos gran parte del pueblo boliviano; las naciones y
pueblos indígenas originarios, las organizaciones de los trabajadores
aglutinados en la COB, los médicos y trabajadores de salud, los estudiantes,
ciertas regiones en defensa de sus competencias autonómicas. Otra parte del
pueblo, como los campesinos, están cooptados por la telaraña de redes de
complicidades, circuitos de influencias y expectativas sobre beneficios que
brinda el apoyo al gobierno oficial, olvidándose de la reforma agraria, tarea
ineludible para un movimiento campesino que se pregone como tal. El proceso ha
llegado a uno de sus momentos de mayor intensidad en la trama de sus
contradicciones y en el entramado de sus dilemas. ¿Se va dejar expropiar el
sentido del proceso por parte de estos personajes enamorados de sí mismos y
amantes del poder? Para los gobernantes, para los funcionarios, para los
legisladores oficialistas, para los magistrados agradecidos de los favores,
para los supuestos garantes de las elecciones, también comprometidos en una red
articulada de complicidades, todo ya está resuelto; se trata de la defensa del
proceso, pues creen que el proceso son ellos. ¡Vaya osadía! ¡Qué muestra de
humildad! El proceso son estos egos inflamados. No podría ser tan pobre el
proceso.
Pero, no es así, el proceso es el
conjunto de acontecimientos histórico políticos, que escapan al control de
estos burócratas y administradores de normas, funcionarios, gente muy lejos de
tener ningún control sobre las dinámicas moleculares de los acontecimientos.
Nadie los tiene. El proceso es como la forma y el desplazamiento de la crisis
en el sentido la invención de otros horizontes históricos y culturales, que
comprenden las nuevas formas políticas e institucionales. El proceso es la
potencia social, comprende las múltiples fuerzas políticas en acción,
desplegando sus capacidades creativas. Ningún proceso histórico y político de
transformación se reduce a la gente del gobierno, a sus ánimos ego-céntricos,
tampoco a la instrumentalidad oxidada y chirriante de la maquinaria estatal.
Estos son mas bien los obstáculos que hay que vencer, estos son los
contra-proceso que hay que desmantelar y de-construir.
Que haya gente que cree que ellos
son el proceso no debe sorprendernos, esto siempre ha ocurrido en otros
procesos y en otras revoluciones. Cuando ocurre esto es cuando el proceso,
cuando la revolución, se repliega a sus coagulaciones más conservadoras, los
ánimos y los intereses de los gobernantes, que defienden los intereses de las
estructuras de poder que los gobiernan, estructuras y relaciones, diagramas y
mapas de poder, en los que están atrapados e insertos, formando parte de ellos
como engranajes del poder estructurado; se den o no se den cuenta de estas
condicionantes y estas mediaciones. Es parte de la inflamación afectiva de los
egos gobernantes. Lo que sorprende es otra cosa, que esto vuelva a ocurrir
ahora, en un proceso descolonizador, como si fuese una condena de todo proceso,
incluso del proceso descolonizador. Toda revolución termina hundida por sus
propias contradicciones, aunque la misma haya cambiado el mundo y el mundo no
vuelva a ser el mismo. Lo anecdótico es que los personajes del poder declaren,
de una u otra forma, más figurativa, menos figurativamente, que ellos son el
proceso, que es en ellos donde se guarece el proceso. Estas declaraciones son
pieza del anecdotario.
Para seguir adelante, en estas
consideraciones sobre la psicología de los gobernantes, Haremos tres
anotaciones a partir de los registros tomados por Sigmund Freud sobre el
narcisismo. El famoso psicoanalista escribe:
El término narcisismo procede de la descripción clínica, y fue
elegido en 1899 por Paul Näcke para designar aquellos casos en los que
individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo y lo contempla con agrado,
lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una completa satisfacción. Llevado a este
punto, el narcisismo constituye una perversión que ha acaparado toda la vida
sexual del sujeto, cumpliéndose en ella todas las condiciones que nos ha
revelado el estudio general de las perversiones[23].
Otro apunte de Freud, cuando se
refiere a la intervención de la libido en la constitución del sujeto, registra que:
En este sentido, el narcisismo no sería ya una perversión sino el
complemento libidinoso del egoísmo del instinto de conservación; egoísmo que
atribuimos justificadamente, en cierta medida a todo ser vivo. La idea de un
narcisismo primario normal acabó de imponérsenos en la tentativa de aplicar las
hipótesis de la teoría de la libido a la explicación de la demencia precoz
(Kraepelin) o esquizofrenia (Bleuler).
Seguidamente escribe:
Estos enfermos, a los que yo he propuesto calificar de
parafrénicos, muestran dos características principales: el delirio de grandeza
y la falta de todo interés por el mundo exterior (personas y cosas).
Retomando los registros de Freud,
podemos ver que el narcisismo es atendido tanto como enfermedad, así como es
comprendido en tanto narcisismo primario en la construcción de la identidad. En
tanto enfermedad se la asocia a una expansión desmesurada de la sexualidad y de
la obsesión sexual; en tanto identificación primaria resulta ser un complemento libidinoso del egoísmo del
instinto de conservación; egoísmo que atribuimos justificadamente, en cierta
medida a todo ser vivo. Empero, cuando el narcisismo deja de ser primario e
invade la vida del sujeto, sobre todo adulto, se manifiesta como delirio de grandeza y la falta de todo interés
por el mundo exterior. Esto último sobre todo es importante cuando
comparamos la fenomenología narcisista con el comportamiento esquemático de los
gobernantes.
La pregunta entonces es: ¿Por qué la
puesta en escena del poder, los escenarios del poder, la disponibilidad de
poder como recurso a mano, generan esta clase de comportamientos, el delirio de
grandeza y la desconexión con la realidad? Baruch Spinoza decía que nadie sabe
de lo que el cuerpo es capaz; en
complementariedad y en contraste, nosotros deberíamos decir nadie sabe de lo
que es incapaz el sujeto; por ejemplo de que es incapaz de controlar el impacto
en su subjetividad de determinados escenarios, escenificaciones, del estar
expuesto y ser alguien público; sobre todo, el sujeto es incapaz de controlar
el efecto que le produce el disponer de poder. Un adagio popular dice: si
quieres conocer a una persona dale poder y verás lo que es ella. Esta es una
temática sugerente y digna de estudio, lastimosamente la psicología y el
psicoanálisis se han dedicado a construir clasificaciones de enfermedades,
alejándose de los estudios indispensables, del estudio de los comportamientos y
conductas de las personas en sus actividades, sobre todo en las actividades públicas,
particularmente cuando están en función de gobierno. Parece que en estas
condiciones las subjetividades son profundamente afectadas, incluso
desestructuradas y estructuradas de nuevo; los sujetos en condiciones de
presión pública terminan impulsadas a desatar un narcisismo secundario, así lo
llamaremos, que los conduce a sentirse impunes y suspendidos sobre los demás
mortales.
Al respecto, entiéndase bien, no se
trata de justificar los actos de la gente de gobierno, al contrario, se trata
de explicarse comportamientos, sobre todo se trata de comprender los
funcionamientos, la fenomenología, la genealogía del poder, en sus múltiples
planos y niveles. Uno de esos planos es psicológico, otro plano es político;
hay otros planos, como el económico y el sociológico, además de otros que
tienen que ver con los campos definidos por las estructuras y relaciones de
poder. En lo que respecta al plano psicológico es indispensable no solamente
identificar los esquematismos de comportamiento de la gente de poder sino sobre
todo su fenomenología y genealogía. No solamente se trata de continuar con la
crítica del poder, con la crítica de la política, lo que ciertamente es
necesario, sino de comprender que los escenarios de poder, la institucionalidad
del poder, es decir, los espacios de poder también crean una distancia ficticia
y son el lugar de producción de estos sujetos narcisos, de este narcisismo
secundario, de estos ejemplares de gobierno, que son responsables del uso y del
abuso de poder.
Otra cosa que llama la atención en el
comportamiento de los gobernantes es su maquiavelismo vulgar, lo llamaremos
así, pues nada tiene que ver con los análisis de Nicolás Maquiavelo y sus
aportes al análisis y comprensión de la política. Este maquiavelismo vulgar se
reduce a la tesis de que el fin justifica los medios, cosa que nunca ha
escrito, afirmado o dicho Maquiavelo. Este fin es figurado como objetivos,
también como programa, aunque estos mismos objetivos y el programa se haya
reducido a la mínima expresión; entonces todo vale para cumplir con los
consagrados objetivo y el caro programa, incluso sacrificar a la gente. A
nombre de la libertad y de la revolución se han cometido los peores crímenes.
Estos crímenes contra la humanidad y contra los derechos humanos no son perdonables
en nadie; no son perdonables a la derecha, que efectúa estas violaciones para
defender sus intereses de clase; menos son perdonables a la izquierda, que por
cumplir con las transformaciones termina sacrificando a los humanos y a la
naturaleza. Estas transformaciones no llegan, lo que se aparece es la
descomunal expansión del Estado, que termina defendiendo los intereses de la
burocracia, así como del control y dominio del capital; lo que se espera que debiera
estar superado en un proceso de transformaciones.
Esto no es nada más que una
suplantación. Los portadores del fuego santo, los clarividentes, la supuesta
vanguardia, se cree en el derecho, por considerarse tal cosa, de hacer
cualquier cosa, la misma que queda justificada por la mera extravagancia de su
identificación con un fantasma imaginario, por la investidura que le transmiten
los ropajes de espectros del pasado, los viejos revolucionarios. Esta es una
total confusión, los delincuentes del poder confunden la realidad con el guión
pre-establecido, guión de una interpretación antojadiza de la historia de las
revoluciones. Y cuando actúan creen que pelean como Don Quijote contra dragones
cuando lo hacen contra molinos de viento. Sólo que Don Quijote lo hacía a
nombre de las novelas de caballería y los gobernantes lo hacen a nombre de aburridos
programas monetaristas y descoloridos realismos políticos.
Las líneas de fuga de las marchas indígenas
Las nueve marchas
indígenas
La primera marcha indígena aconteció
en 1990, fue denominada "Marcha por el Territorio y la Dignidad"; esta
marcha comenzó por iniciativa del pueblo Moxeño y partió de Trinidad. Después
de un gran esfuerzo que ascendió a las alturas desde tierras bajas, atravesando
la diversidad ecológica de los territorios, la marcha llegó a La Paz para
sorpresa de los paceños, quienes estupefactos y sorprendidos recibieron
calurosamente a los marchistas. Esta marcha indígena es el punto inflexión
histórico y político; con este hito se abandona una era, la circunscrita en el
horizonte de las expectativas de la modernidad, constituida por las luchas
populares nacionalistas y por las luchas obreras por el socialismo, y se
ingresa a otra era, la era de la descolonización, en el sentido indígena, no el
sentido de la interpretación de Naciones Unidas, que es mas bien una
legitimación de las conquistas coloniales y las colonizaciones dadas desde el
siglo XVI. El sentido de-colonial indígena abre un horizonte alternativo a la
modernidad, al capitalismo y al desarrollo desde las cosmovisiones
indígenas.
La segunda marcha indígena se dio
lugar en 1996; esta marcha se denominó "Marcha por el Territorio, el
Desarrollo y la Participación Política de los Pueblos Indígenas". Se trató
de una caminata indígena-campesina de todos los pueblos miembros de la
Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB); la marcha
partió de Samaipata. Este desplazamiento indígena logro arrancar al gobierno de
turno dos reivindicaciones importantes: la promulgación de la Ley INRA y el
reconocimiento de 33 Tierras Comunitarias de Origen (TCOs).
La tercera marcha indígena ocurrió el
año 2000; fue denominada "Marcha por la Tierra, el Territorio y los
Recursos Naturales", fue organizada por la CPESC, el pueblo moxeño del
Beni, además de la participación de otros pueblos de la Amazonia. La marcha
comenzó en Montero. El resultado de este desplazamiento indígena fue la
modificación de la Ley INRA y un Decreto que reconocía oficialmente las lenguas
de los pueblos indígenas de las tierras bajas.
La cuarta marcha indígena aconteció en
mayo de 2002; esta marcha fue denominada la "Marcha por la Soberanía Popular,
el Territorio y los Recursos Naturales". Esta marcha contó con el apoyo y
la participación de las organizaciones campesinas; se llegaron a aglutinar y
desplazar más de cincuenta organizaciones sociales. La marcha partió de Santa
Cruz y llegó hasta La Paz. La marcha consiguió un convenio con el gobierno y
los partidos políticos con representación parlamentaria, los que se
comprometieron a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.
La quinta marcha indígena se dio lugar
el 2006; se efectuó con el objeto de la recuperación de los territorios
indígenas y la modificación de la Ley INRA. En esta
secuencia, la sexta marcha indígena ocurrió el 2007 y
partió de Santa Cruz de la Sierra, se planteó el objetivo de la defensa y
reconstitución del territorio y la reconducción comunitaria de la reforma
agraria.
La VII marcha indígena acaeció el 2010, se organizó
en defensa de la autonomía indígena y el derecho a la consulta. La demanda de
autonomía indígena y el respeto a la consulta. Esta marcha debería llegar a la
ciudad de La Paz desde Trinidad, empero sólo arribó a Santa Cruz, pues una
comisión del gobierno del presidente Evo Morales se comprometió a atender sus
demandas.
La VIII marcha indígena aconteció recientemente, el
2011, se efectuó por la defensa del Territorio Indígena y Parque Isiboro-Sécure,
en contra la construcción de una carretera que atravesaría el núcleo del
parque, donde prácticamente no hay comunidades, es zona que goza de la
protección de las leyes ambientales; el SERNAP la ha clasificado como zona
vulnerable a cualquier proyecto que afecte el ecosistema y la biodiversidad.
Esta marcha arranca del gobierno la ley 180 de protección del TIPNIS, empero
inmediatamente, como arrepentido de lo que ha hecho y queriendo hacer trampa,
el gobierno se encamina a borrar con el codo lo que escribió con la mano. Busca
abrogar la ley que promulgó el presidente y aprobó la asamblea legislativa, ante
la contingencia de no poder hacerlo, debido a las resistencias y las
observaciones internacionales, termina aprobando y promulgando la ley 222, que
irónica la denomina de consulta, cuando es un mañoso cuestionario que induce a
la inclinación por la carretera, a la que califica de “desarrollo”.
En esta perspectiva, el gobierno ha optado por una
violencia velada; mientras decía que apoyaba la consulta, en la práctica
intervenía militarmente en el TIPNIS, presionando, chantajeando, dando obsequios,
obligando a firmar compromisos con dirigentes medios o de comunidades para que
no asistan a la marcha. Por lo tanto, como se puede observar, el conflicto del
TIPNIS no ha concluido.
La novena marcha indígena estalla ante la maniobra
del gobierno y su espuria consulta, se efectúa por la defensa de la ley 180,
que protege al TIPNIS, y en contra de la ley 222, que impone un cuestionario
violando la estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en
los convenios internacionales y en la Constitución. El gobierno cree que puede
hacer lo que se le antoja; sólo por poner el nombre de consulta a la ley,
considera que por arte de magia ya se trata de consulta. La consulta, además de
previa, debe ser con consentimiento; es decir, debe contar con el consentimiento
de los pueblos indígenas; también debe ser libre e informada; es decir, debe
constituirse un proceso de consulta, de buena fe, donde se acuerde y se
construya una ley marco, las condiciones de la consulta, un protocolo
compartido, consensuado y las preguntas acordadas mutuamente. Como se puede ver
nada de esto se cumple.
Una comparación de la VIII y la novena marcha no se
la puede hacer pues la novena marcha no ha terminado. Sería un apresuramiento.
Empero lo que se observa hasta el momento es que el gobierno ha logrado dividir
las fuerzas con todo el peso de la intromisión del Estado, desconociendo a las
organizaciones matrices y representativas de los pueblos indígenas. Ventilando
en el aire que los jerarcas del gobierno deciden quién es representante y quien
no de los pueblos indígenas, con el mayor descaro y falta de pudor. Estos
jerarcas dicen que dialogan todo el rato con las dirigencias regionales, sin
darse cuenta que develan ingenuamente su propia intervención indebida, en una
acción indecorosa de división de las organizaciones indígenas. También se puede
observar un desgaste acumulado, sobre todo por las proximidades de la IX marcha
y la VIII marcha. Por otra parte, el contexto de la IX marcha no es equivalente
a la del contexto de la VIII marcha, pues ahora se enfrenta a la promulgación
de una ley tramposa y manipulada, que supone ser consulta, cuando es una
flagrante violación a los derechos de las naciones y pueblos indígenas,
consagrados en la Constitución y establecidos en el Convenio 169 y la
Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas;
también se trata de una violación de la estructura misma de la consulta, de sus
requisitos y sus condiciones.
Empero, hasta el momento la fuerza de la IX marcha
radica en las debilidades del gobierno y la Asamblea Legislativa. Primero, se
trata de una debilidad ética, moral y política; no pueden sostener el montaje
de que se trata de una consulta. Segundo, el gobierno y la Asamblea Legislativa
no pueden justificar y explicar, a pesar de los denodados esfuerzos y discursos
trillados, el por qué la carretera que atraviese un territorio indígena que
cuenta con título colectivo, entregado por el mismo presidente el 2009; por qué
se lo hace transgrediendo la Constitución y lo que debería ser el respeto a la
condición plurinacional comunitaria y autonómica del Estado. Tercero, el
gobierno ha enfrentado múltiples demandas y movilizaciones, a las cuales ha
tratado, en principio, de escamotear, pero, después de un tiempo, se ha visto obligado
a dar solución. El gobierno se ha apresurado a arreglar con los distintos
sectores, perdiendo perceptiblemente en todos los terrenos, quedándose enfrente
con el conflicto del TIPNIS. Respecto al cual hasta ahora el gobierno no da
muestras de buena voluntad y de sano juicio; al contrario, da muestras de
querer imponer o vengarse de su derrota ante la VIII marcha, sin atender a un
sano juicio que dice que si ha resuelto dialogando los demás conflictos, por
qué no resolver este conflicto con los pueblos indígenas también con diálogo,
abrogando la espuria ley 222, además del contrato con OAS y la suspensión del
préstamo del Banco de Desarrollo del Brasil.
¿Por qué insiste en la testaruda política de
imponer una carretera cuestionada, denunciada y mal vista por la mayoría de los
bolivianos? ¿Una seducción del abismo, buscando el despeñadero? ¿Demasiados
compromisos con el gobierno del Brasil, el IIRSA, el BNDES, con la empresa
constructora OAS u otra empresa a la que se puede transferir la construcción? ¿Compromisos
electorales con las bases cocaleras que requieren la ampliación de la frontera
agrícola, frontera del cultivo excedentario de la hoja de coca? ¿Entrabado ante
el espantoso crecimiento y expansión de la economía política de la cocaína? ¿Compromiso
con la empresas trasnacionales petroleras en lo que respecta a concesiones en
territorios indígenas y parques? ¿Compromisos afines a los que tiene el
gobierno con los terratenientes, pues se renunció a la reforma agraria, con los
agroindustriales, los soyeros, la burguesía boliviana y los nuevos ricos? La
política, sobre todo la política práctica y la práctica política, son
excesivamente complicadas y comprometedoras, sobre todo cuando las mismas se
asientan en estructuras y relaciones de poder ya establecidos, a los que no se
ha querido desmontarlas, manteniendo toda la estructura institucional del Estado-nación,
liberal y colonial. Los gobiernos progresistas de Sud América se debaten en la
turbulencia de sus propias contradicciones sin querer analizarlas y reflexionar
sobre ellas, prefieren justificar sus torpezas y continuismos, manteniendo la
dependencia y el extractivismo que someten colonialmente al país a los centros
del dominio del sistema-mundo capitalista.
Diletantismo gubernamental
Parece que el presidente ya no sabe lo
que quiere, primero, durante la VIII marcha indígena, amenaza con que de todas
maneras se hará la carretera. Después, cuando la VIII marcha llega a La Paz,
hace aprobar una ley, la 180, de defensa del TIPNIS, declarándolo incluso
intangible; esta ley la promulga. A los pocos días, decide hacer campaña en
contra la ley que promulgó; lo siguen sumisos todos los funcionarios, los
asambleístas y ministros en este devaneo y diletantismo estrambóticos, sin
inmutarse de sus gruesas contradicciones. Después aprueban la ley 222, que
dicen que es de consulta cuando es un triste cuestionario impuesto, violando la
estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios
internacionales y en la Constitución. Se trata de un cuestionario y un
protocolo que inducen a la construcción de la carretera. ¿Qué clase de consulta
es esta? Paralelamente invaden militarmente el TIPNIS, presionando,
chantajeando, dando obsequios, obligando a firmar su inasistencia a la IX
marcha a dirigentes de comunidades. Todo esto anula plenamente la legalidad y
legitimidad de su propio cuestionario impuesto. Empero no se dan por aludidos.
Ahora el presidente dice que se inclina por un referéndum a los departamentos
involucrados, Cochabamba y el Beni. ¿Quién entiende al presidente? Lo que
demuestra este diletantismo y dubitación constantes del presidente es que los
intereses en cuestión son muy grandes.
No interesan las comunidades indígenas del TIPNIS, interesa la
perspectiva del negocio, tanto del gobierno de Brasil, involucrado en el IIRSA,
las empresas brasileras, petroleras y de la construcción, así como también
interesa la compulsión por la ampliación de la frontera agrícola para el
cultivo de la coca excedentaria. Queda claro que quieren hacer la carretera a
como dé lugar, empleando todos los medios a su alcance, la violencia estatal,
abierta y velada, el chantaje y la presión, la estrategia de división de las
organizaciones indígenas, la cooptación de dirigentes, la manipulación, la
aprobación y la imposición de una consulta espuria, hasta un referéndum no
contemplado en la Constitución, cuando se trata de territorios y derechos de
pueblos indígenas.
¿Hay diletantismo en el presidente o
se trata de un juego de fuerzas y distintos posicionamientos al interior del
gobierno? Se puede lanzar una hipótesis interpretativa. Tal parece que los que
se oponen a la imposición de la carretera es el sector de menor influencia, empero
hace sentir de alguna manera su posición, sobre todo cuando el conflicto
arrecia. Empero, los que siguen como caballos cocheros la consigna de la
carretera del supuesto “desarrollo” parecen ser la fuerza preponderante. Estos
hacen sentir su influencia permanentemente, aunque entran en pánico cuando el
conflicto adquiere intensidad y amenaza con desencadenar una crisis mayor.
Empero, lo que es como la estructura causal de estos devaneos y diletantismos,
estas gruesas contradicciones, manifestadas incluso en las declaraciones, es la
estructura de poder inscrita y mantenida en el Estado, en la sociedad y en las
relaciones dependientes del gobierno en el contexto regional e internacional,
estructura y relaciones de poder basadas en el modelo extractivista del
capitalismo dependiente.
¿Qué clase de gobierno es este de los
diletantismos? Para entender esta pregunta y para responderla debemos hacer
visibles los planos en los que se mueve esta gubernamentalidad con ribetes
populares y nacionalistas. Hay que preguntarse si el diletantismo se mueve en
el plano de los discursos y no en el plano de las prácticas. Si esto ocurre
entonces se puede entender que se trata de cortinas de humo mientras se hace
otra cosa. ¿Pero, es así? Si se llega aprobar una ley en defensa del TIPNIS y
después se busca desesperadamente abrogarla, terminando aprobando una ley de
consulta, aunque en realidad ya no se trate de una consulta, sino de la
imposición de un cuestionario inductor, entonces podemos entrever que el
diletantismo no está solamente en los discursos sino también en las prácticas.
¿Cómo se explica esto? ¿Improvisación, falta de estrategia? Empero el de las
leyes no es el único otro plano de funcionamiento del gobierno; hay otros, los
acuerdos, convenios, arreglos, proyectos, compromisos políticos y operativos,
como los relativos a los créditos. El proyecto de la carretera que conecta
Villa Tunari y San Ignacio de Moxos es anterior, por lo menos, en lo que
corresponde al gobierno de Evo Morales Ayma; data de los acuerdos con el
gobierno del Brasil, BNDES y OAS en el 2008. Uno de los planos más materiales,
por así decirlo, es este de las transacciones, relaciones y acuerdos entre
gobiernos. ¿Es esta la estrategia, construir carreteras que cumplan con el
proyecto IIRSA? Por otra parte, el llamado polígono siete del TIPNIS, que
corresponde a la zona de avasallamiento de los cocaleros, ya se había dado,
incluso con anterioridad al gobierno de Evo Morales. Enfrentamos entonces una
realidad, la expansión de la frontera agrícola, en este caso de la frontera de
la coca excedentaria. Esta es la materialidad de los desplazamientos y
movilidad social, migración, agotamiento de tierras y, por lo tanto, necesidad
de tierras nuevas.
Por lo tanto tenemos por lo menos cuatro planos, el de los discursos, el de las
leyes, norma y reglamentos, el de los acuerdos y transacciones operativas, y el
de la ampliación de la frontera agrícola; todos estos planos sostenidos por la
matriz colonial de la economía extractivista y su formulación estatal rentista.
La base del MAS y el núcleo fuerte del
presidente son las federaciones del trópico de Cochabamba. ¿Hay un compromiso
del presidente, del gobierno y del MAS de favorecer la ampliación de la
frontera de la hoja de coca excedentaria? Todo apunta a que si lo hay. ¿Entonces
cuál es el proyecto, industrialización de la coca, expansión de la economía
política de la cocaína? Algunas voces ingenuas, como queriendo justificar el
diletantismo gubernamental, dicen, ya en su desesperación, que se trata de un
proyecto geopolítico, se trata de quitarle el dominio y la hegemonía a la
oligarquía de Santa Cruz, formando una burguesía cocalera y beniana. ¿Qué es
esto? ¿Geopolítica? En todo caso podríamos aceptar a duras penas que se trata
de una versión vulgar e improvisada de la “geopolítica”. Esto no se sostiene
cuando los acuerdos implícitos y explícitos se han dado precisamente con la
burguesía agro-industrial, los terratenientes y los soyeros, que también están
interesados en la ampliación de la frontera agrícola. Pero, dejando de lado
esta constatación empírica, tomando en cuenta su pretendida “geopolítica”,
llama la atención que la gente del gobierno haya reducido su comprensión del
proyecto del proceso al emplazamiento de nuevas elites y al enriquecimiento de
las mismas; obviamente comprensión alejada de una interpretación de la
Constitución, la que ha quedado colgada en la vitrina del palacio quemado; se
trata como se ve de la formación de una burguesía cocalera y beniana. Parece
salido de las elucubraciones asombrosas de la ideología del nacionalismo
revolucionario, que efectivamente se encaminó, en su momento, a formar una
burguesía nacional, pues las tareas democrático burguesas estaban pendientes. Esta formación contó con la transferencia de
recursos del Estado, con préstamos y créditos jamás devueltos, con la
complicidad de la tolerancia de escandalosas corrupciones. Empero, al final el
balance es negativo, tal burguesía nunca se conformó; lo que se produjeron son
nuevos ricos, el empobrecimiento de las arcas del Estado y del proyecto
nacionalista.
Una burguesía no se forma con
transferencia dineraria, tampoco con sólo el empleo de la violencia estatal,
con el forcejeo político inconstitucional, favoreciendo a los sectores más
fieles y sumisos al gobierno. La formación de una burguesía requiere tiempo,
control económico, articulación coherente y expansiva con los circuitos
comerciales, monopolio de mercados, control financiero; sobre todo perspectivas
a largo plazo de los productos en circulación e intercambio, cosa que obviamente
no tiene la hoja de coca excedentaria. Se trata de una economía a corto plazo,
un enriquecimiento rápido, acompañado por el agotamiento de la tierra,
transfiriendo los grandes costos a la naturaleza. Es pues una ilusión, que dura
lo que puede durar la explotación irresponsable de la tierra, mientras los que
verdaderamente controlan los tráficos de valor agregado, la acumulación ilícita
dineraria, son otros, los famosos carteles. No tiene sentido el proyecto de
estos geopolíticos de los últimos días.
Una respuesta a la pregunta parece ser
mas bien que se trata de un gobierno progresista que no puede salir de la
telaraña del modelo extractivista, no puede resolver sus profundas
contradicciones, prefiriendo engañar y engañarse con geopolíticas baratas,
cuando en realidad se somete a los dominios consagrados por el orden mundial y
hegemonías en emergencia. En todo este transcurso los costos son altos, costos
políticos, pero también costos morales, pues se tiene que tolerar la expansión
morbosa de la corrupción.
El diletantismo no es una salida, es
la manifestación más triste de las contradicciones profundas que no se quieren
reconocer, es la expresión penosa de las renovadas subordinaciones al sistema
financiero internacional, al mapa opresivo de los monopolios explosivos de las
empresas trasnacionales extractivitas, ahora desplegándose en pleno campo de
irradiación de la compulsión por materias primas de la potencia industrial
emergente de China.
De la violencia contra la mujer
Hay
ciertamente paradojas y contradicciones, hasta aporías; eso lo sabemos por
experiencias; pero, qué se puede decir de un gobierno progresista donde se
desatan violencias y atropellos como los de la venganza y tortura contra el
cuerpo de la enfermera Leonor Boyán,
acusada de lanzar una piedra contra la cabeza del viceministro de régimen
interior Jorge Pérez. También nos acordaremos, entre muchos contrastes
repudiables, de la violencia represiva descomunal desatada en Chaparina contra
la VIII marcha indígena; nada menos desencadenada por un gobierno que se
reclama de ser gobierno indígena. La actuación de los policías y de los del
servicio de inteligencia se parece a la de pandilleros que vengan la agresión a
uno de sus compañeros. ¿Acaso no hay leyes? ¿Si fuese el caso, no comprobado,
que la enfermera haya arrojado la piedra, acaso no se hace la acusación formal,
se acude a las leyes y al proceso judicial? ¿Por qué recurrir a la violencia de
los machos resentidos que actúan con impunidad de una manera tan bochornosa,
como dejar en el hospital a la enfermera, seguramente bajo amenazas si es que habla
y denuncia? ¿Ante qué clase de policías, oficiales, servicios de inteligencia
se encarga la seguridad del Estado? Grave jarabe.
Estos hechos,
contrastes alucinantes, contradicciones espasmódicas, nos muestran que hemos
llegado demasiado lejos. Hay gente del gobierno, los funcionarios, los
oficiales de policía, los militantes del partido del gobierno, que creen que
por que uno se nombra gobierno de los movimientos sociales, por que se enaltece
la figura del caudillo, en una evidente muestra de culto a la personalidad, por
que se dice que se defiende el proceso de cambio, basta, es suficiente. Esta
legitimación imaginaria queda en la cabeza paranoica de los gobernantes,
funcionarios, policías, militantes, esta imaginada legitimación contrasta
grotescamente con las prácticas políticas, sobre todo las prácticas del orden y
de la seguridad, prácticas que se aproximan a las violencias descarnadas y
descomunales de las jaurías de machos que buscan venganza. Sin embargo, los
hechos no cuentan para esta gente y, lamentablemente, tampoco cuentan para el
órgano judicial, totalmente cooptado por el gobierno. El órgano judicial no
mira ni observa estos atropellos y otras violaciones a los derechos
fundamentales, solo observa las transgresiones de una oposición imaginaria, atinando
a decir que estamos ante una conspiración, evidenciada por las acusaciones que
se le hacen a la flamante magistratura que perdió las elecciones ante el voto
nulo.
La violencia
desatada contra Leonor Boyán, con rapto incluido, pues no puede ser otra cosa,
el llevársela a las celdas secretas donde se le propinó la golpiza y se le
interrogó sobre la persona y el nombre que arrojó la piedra. Lo que agrava más
el hecho y el atropello; pues se entiende que se raptó a la enfermera
recurriendo a la violencia descomunal del Estado para interrogarla y sacarle
nombres. Esto suena a guión de Hopkins Hitchcock y a cuento de Franz Kafka; ya
no vamos a hablar de las dictaduras militares, pues esta recurrencia se ha
vuelto trillada, sobre todo porque incluso supera en este caso a la brutalidad
de las propias dictaduras, aunque se parece mucho en el descaro con el que se
lo hace. No nos olvidemos de la forma cómo se asesinó a Marcel Quiroga Santa
Cruz, después de acribillarlo y llevárselo herido a los cuartos lúgubres del
Estado Mayor, se lo torturó agonizante hasta matarlo. Ahora el gobierno que se
dice socialista es cómplice de un silencio tenebroso, pues no ha hecho nada,
absolutamente nada, para develar los hechos crueles de este asesinato, ni
descubrir a los autores, ni desclasificar los archivos secretos militares. Para
el gobierno lo importante es garantizar la lealtad de los militares, aunque
haya oficiales que fueron asesinos en el pasado.
Uno se
pregunta: ¿Qué tienen en la cabeza estos policías, estos servicios de
inteligencia? ¿Servir mejor al ministro? ¿Vengar al viceministro por el vejamen
que se le ha cometido? Lo que se puede sacar de conclusión es que estamos en
manos de gente sin escrúpulos, cuya formación como policías e inteligencias
deja mucho que desear. Pero, lo que también debemos preguntarnos es: ¿Qué
piensa el ministro del interior? ¿Qué piensa la justicia? ¿Qué piensa el
gobierno? ¿Van a justificar como lo hicieron en el caso de la represión a las y
los marchistas indígenas en Chaparina? ¿Van a volver a ocultar las
responsabilidades de los mandos superiores? Esto no va ser otra cosa que una
nueva muestra de cobardía, pretendiendo que la gente es tan inocente que cree
los cuentos pueriles de que yo no fui, fue el otro. Llegando incluso a la falta
de hidalguía total pues se opta por descargar la responsabilidad en los
subordinados, acudiendo a chivos expiatorios, como si esto resolviera el
problema.
Lo que ha
pasado con Leonor Boyán es muy grave. La ciudadanía y el pueblo boliviano no
pueden quedar callados, menos las mujeres. Si lo que ha ocurrido pasa como si
nada, como si fuese parte de una rutina cruel acostumbrada, los ciudadanos, el
pueblo, las mujeres, habríamos perdido el sentido de la dignidad humana, la
comprensión de la responsabilidad nuestra en la defensa de los derechos
fundamentales, en la defensa de los derechos de la mujer. Llama la atención que
estas reflexiones tengamos que hacerlas teniendo como referente a un gobierno
que dice responder a la Constitución, que dice que saca leyes a favor de la
mujer, ante el referente de una Asamblea Legislativa que está discutiendo una
ley contra el acoso a la mujer. Esto es parte de los contrastes y
contradicciones, de las que hablamos al principio. Si las mujeres dejan pasar
esto, sobre todo hablando de las mujeres legisladoras, esto querrá decir que
respondemos también a estas paradojas. Se dicen que son mujeres feministas o
que defienden los derechos de la mujer, empero en la práctica y efectivamente
seguimos respondiendo a los estereotipos machistas, a la fraternidad de los
hombres, que en este caso se trata de la fraternidad de vengadores. No es
ninguna casualidad que se haya golpeado y torturado con saña contra el cuerpo
de la mujer. Estamos hablando de mentalidades
mórbidas, construidas en contra de la mujer, mentalidades para las que la mujer
es solamente objeto de placer o de venganza. Esas son las condiciones
subjetivas sobre las que se construye el cambio. La evaluación del estado de situación resulta
perversa.
[2] Bolívar Echeverría: Crítica de
la modernidad capitalista. Vicepresidencia del Estado plurinacional de
Bolivia 2009. La Paz.
[5] Raúl Prada Alcoreza: Genealogía
de la dependencia. Bolpress 2012.
[6][6] De la gramatología, título
de un libro de Jacques Derrida. México; Siglo XXI. El libro es una teoría de la
archi-escritura, de la grama, del engrama, de las inscripciones y de las
huellas.
[7] Deleuze, Gilles: Proust y los signos. Editorial Anagrama,
Barcelona, 1970. Págs. 11-23. Traducción de Francisco Monge. Capítulo I.
ESTAFETA.
[9] Ibídem.
[13][13] Juan Pelerman Fajardo siempre me ha llamado la atención por su
lucidez, erudición y sobre todo por su intrépida militancia, aguerrida y
consecuente. Nico, siempre tranquilo como un sabio, nos ha transmitido mediante
frases cortas experiencias profundas y certezas iluminadoras.
[14] En esa reunión, que se
llevó a cabo a fines de la década de los ochenta, estaban presentes Víctor Hugo
Cárdenas, Walter Reinaga, Nico, Fernando Untoja y otros jóvenes kataristas.
[15] Revisar de Michel Foucault: ¿Qué
es un autor? Litoral 1998; Tucumán.
[17] Raúl Prada Alcoreza: Horizontes de la descolonización. Pronta
publicación en Abya Yala, Quito, también en Plural, La Paz.
[19][19][19] Jean Piaget escribe en
Psicología de la inteligencia, a propósito de la relación entre inteligencia y
percepción, lo siguiente: Hay, por lo
tanto, mucho más que una “recentración” (Unzentrierung) en un sistema de
razonamiento: hay una descentración general, que supone una especie de
disolución o deshielo de las formas perceptivas estáticas en provecho de la
inmovilidad operatoria y, en consecuencia, existe la posibilidad de una
construcción indefinida de estructuras nuevas, perceptibles o que sobrepasan los
límites de toda percepción real. Editorial Psique 1979. Buenos Aires. Pág.
75.
[20] Jean Piaget; Ob. Cit.; Pág. 86.
[21] Revisar de Michel
Foucault Las palabras y las cosas. Una
arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI 2008, Buenos Aires. También
de Edgar Morin El Método, siete
tomos; Cátedra; Madrid.
[22] Estas fueron las
expresiones de Bartolomé Clavero en la exposición que hizo en Trinidad en el
Seminario sobre Avances y retrocesos del Estado plurinacional, organizado por
el CEJIS. El seminario se llevó a cabo los días 20 y 21 de abril de 2012.
[23] Sigmund
Freud: Introducción al narcisismo. Edición
electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.