miércoles, 30 de mayo de 2012

Las singularidades del acontecimiento


Las singularidades del acontecimiento

Raúl Prada Alcoreza

Índice

Potencia social y poder en Bolivia
En defensa del proceso constituyente                                                                               
Sintomatología del conflicto                                                                                                           
La densidad imaginaria de los centrismos
Esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos                                                     
Un Estado tramposo                                                                                                                  
La guerra sucia                                                                                                             
Psicología de los gobernantes
Cuando ya no se tiene vergüenza de nada                                                                        
Las líneas de fuga de las marchas indígenas
Las nueve marchas indígenas                                                                                                  
Diletantismo gubernamental                                                                                                 
De la violencia contra la mujer                                                                              












Potencia social y poder en Bolivia
En defensa del proceso constituyente
Es importante concentrarse en el proceso constituyente y en la Constitución. No solamente porque se trata de acontecimientos cardinales, sino para tratar de comprender por qué suscita tanta reacción. Se han escuchado y se siguen escuchando voces que observan al proceso constituyente y descalifican la Constitución. De un lado y de otro, desde lo que se nombra como derecha, también desde la izquierda, así como desde el nacionalismo. ¿Qué se dice? ¿Qué se observa? ¿Qué se descalifica? Se entiende que la derecha haya visto como una amenaza el proceso constituyente, así como ve como una amenaza a la Constitución. Pero, ¿por qué la izquierda está en desacuerdo con el proceso constituyente y la Constitución? También se puede entender que el nacionalismo, sobre todo el nacionalismo de Estado, encuentre problemática la Constitución; hasta ahora no puede concebir algo tan extraño a sus prejuicios como el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Para el nacionalismo el Estado-nación es eterno o el fin de la historia. En lo que sigue nos concentraremos en las críticas de la izquierda al proceso constituyente y a la Constitución.
Vamos a seleccionar los argumentos más sobresalientes de la crítica. Se dice que el proceso constituyente, respaldado por el proceso de las luchas y movimientos sociales anti-sistémicos, desconoce la lucha de clases y se concentra en la guerra de razas, cuyo efecto es provocar un racismo al revés, un racismo invertido. También se critica el localismo del proceso boliviano, el de refugiarse en las contradicciones locales sin observar las contradicciones que se dan en el mundo. En esta perspectiva también se critica la disposición descolonizadora del proceso constituyente; se dice que ocurre como si el proceso se encontrara atrapado en una lucha que se dio hace siglos, que sigue luchando contra el colonialismo cuando debería estar luchando contra el capitalismo. El proceso constituyente, abierto por la lucha anticolonial de los pueblos indígenas, no se sitúa en la actualidad, no comprende la modernidad. Por lo tanto, de aquí se deduce que se critica la posición indígena anti-moderna y en contra el desarrollo. Se dan también críticas desde la izquierda parecidas a las críticas efectuadas por los nacionalistas y también por la derecha. Se dice que no se ha debido reconocer a las naciones indígenas, a su libre determinación y autogobierno, pues esto equivale a la disgregación del Estado boliviano, otorgando a las naciones indígenas el derecho a la autodeterminación. Que sólo hay una nación boliviana con sus composiciones diferenciales, basadas en las fuentes indígenas, mestizas, criollas y migrantes. También se critica la perspectiva y condicionante comunitaria de la Constitución. Se dice que querer revivir las comunidades ancestrales es un retorno insostenible al pasado, que esta posición es un obstáculo al desarrollo y a la industrialización. Aunque se dan también posiciones a favor de las comunidades, empero se exige observar su pluralidad, también tomar en cuenta las condiciones y características urbanas, donde no se dan comunidades. En la misma perspectiva, va a ser sugerente introducir una discusión sobre la relación entre Estado y comunidad. ¿Puede darse un Estado comunitario? ¿No ocurre más bien que la comunidad se opone al Estado?
Hasta aquí una gama de argumentaciones críticas vertidas por la izquierda. Las cuales van a ser atendidas en la evaluación y análisis de estas observaciones.
Antes de iniciar la evaluación parece indispensable situarse en el mapa político, ya que se ha nombrado a la derecha, a la izquierda y al nacionalismo. ¿Dónde se encuentra ubicada la posición indígena? ¿Dónde se encuentra ubicada las perspectivas de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos, de las naciones y pueblos indígenas originarios? ¿Más allá de la izquierda y la derecha? ¿Más allá del nacionalismo? ¿Una tercera vía? ¿Una nueva izquierda, no tradicional? El problema de este mapa es que se basa en un esquema inmóvil y dual, izquierda-derecha. ¿Puede mantenerse este esquema cuando se enfrentan procesos dinámicos? Procesos que además son contradictorios, atravesados por pugnas de tendencias, unas que tratan de detener el proceso, otras que buscan mas bien profundizarlo, aunque también se detectan tendencias que buscan un ritmo más lento, diferido y conciliador. ¿Puede sostenerse el esquema cuando el mismo proceso se halla inserto en contextos regionales e internacionales, condicionados y controlados por relaciones y estructuras de poder consolidadas? Parece mas bien que es necesario contar con mapas dinámicos y esquemas móviles para poder aplicarlos a procesos altamente complejos. Lo que era considerada izquierda puede dejar de serlo simplemente porque sus posiciones se convierten en resistentes y obstáculos al proceso, se convierten en posiciones francamente conservadoras y pre-juiciosas respecto a los fines mismos del proceso. No decimos que la derecha se puede volver la izquierda; esto parece imposible debido a los intereses de clases y de casta que se defiende. Empero decimos que lo que era posición de izquierda en una coyuntura puede llegar a ser una posición conservadora en otra coyuntura. Estos cambios son notorios sobre todo cuando se está en funciones de gobierno. La llamada izquierda, o una parte de ella, tienden a defender el gobierno y la institucionalidad, obligada a enfrentarse a las exigencias de los movimientos sociales, sobre todo a sectores radicalizados de estos movimientos y sus organizaciones. Ocurre que en procesos complejos y contradictorios las alianzas se rompen, pues los intereses de su composición entran en conflicto,  en condiciones de incompatibilidad. Por lo tanto, aparecen nuevos posicionamientos, que se plantean la continuidad de las luchas con el objeto de profundizar el proceso.
En estos escenarios mutables, ¿cómo identificar a la izquierda, a la derecha, al centro? Aunque este esquema dual de izquierda-derecha puede servir perentoriamente, empero bajo la condición que sea también móvil y dinámico. Pero, lo que importa no es identificar dónde están las fuerzas, en la izquierda o en la derecha, sino comprender el juego complejo de las fuerzas, de sus correlaciones, del entrelazamiento de sus tendencias, de la marcha dificultosa del proceso, de su ritmo y direccionalidades. ¿Para esto hace falta definir la izquierda y la derecha? Puede ser, pero no es lo más indispensable, lo fundamental es comprender e interpretar el carácter de la lucha en la coyuntura en cuestión. Las acusaciones de derechismo son muy fáciles y livianas, son parte de la retórica política y de la táctica de descalificación. Esto no debe preocuparnos, aunque ya muestra síntomas alarmantes de la decadencia política e ideológica. Lo que debe preocupar en primera instancia es identificar la estructura, si podemos hablar así, de las contradicciones del proceso y en la coyuntura. No se trata de una derecha en abstracto, tampoco de una izquierda en abstracto, de lo que a muchos les gusta investirse para cubrir sus propias contradicciones, conservadurismo y prejuicios. Se trata de problemas concretos, puestos en mesa, como la discusión sobre los territorios indígenas, los bosques, los ecosistemas, la madre tierra, el carácter del modelo político, del modelo económico, del modelo territorial, de la Constitución. Problemas como los relativos al control sobre los recursos naturales y el proceso de su explotación. Problemas como los relativos a la transición, a las transformaciones en la transición, a la transición transformadora. No se puede eludir estos problemas simplemente acudiendo a hipótesis débiles de la conspiración.
En relación a la ubicación en el mapa político de la posición indígena, se puede decir con claridad que, en primer, es lugar anti-colonial y descolonizadora. Las luchas indígenas contemporáneas se basan en la tesis de la colonialidad, es decir, de la subsistencia de las formas coloniales de dominación hasta la actualidad. Esta tesis se ha resumido en la definición del colonialismo interno. Este es un problema político mayúsculo; no se puede construir la democracia, la democratización, la profundización democrática, sobre la base de la subsistencia de relaciones y estructuras coloniales, es decir, basadas en la racialización de las relaciones de clase. El olvido de esta formación concreta lleva a posiciones abstractas de lucha contra el capitalismo, posición general que no afecta a la dominación y al control del capitalismo,  pues se trata de una posición discursiva, que vale para todas partes y, por lo tanto, para ninguna. No tiene efectos de destrucción del capitalismo, mas bien este discurso general termina siendo funcional. Es como una autosatisfacción de ser anticapitalista pero sin luchar concretamente contra el capitalismo, tal como se da en las periferias del sistema-mundo capitalista. La tesis indígena es más bien la premisa primordial del anti-capitalismo efectivo.
Retomando el esquema simple discutido, el esquema dual de izquierda-derecha, el mapa político acostumbrado, podemos decir con toda precaución que se trata de aproximaciones esquemáticas, que la manera efectiva de asumir una posición de izquierda es desplegar primero una lucha anticolonial y descolonizadora. Esta es la base del anti-capitalismo efectivo, no de un anti-capitalismo discursivo, que pelea contra las formas generales del capitalismo sin lograr articularse a las luchas concretas del proletariado, de las masas y de las multitudes. Ahora bien, ¿qué clase de izquierda denota esta posición o este posicionamiento concreto y específico de los movimientos sociales anti-sistémicos, de las naciones y pueblos indígenas originarios? No se trata de repetir las posiciones y los enunciados de la izquierda tradicional, que a lo largo de la historia política de Bolivia no han dado resultado, no han logrado interpretar la formación económica y social boliviana, sobre todo en sus coyunturas críticas, llegando a aislarse de los acontecimientos más importantes desatados por las luchas sociales del pueblo boliviano. En lo que respecta a la posición indígena y anti-sistémica, se trata de una izquierda efectiva, de una izquierda anti-colonial, descolonizadora y anticapitalista.
Ciertamente los movimientos sociales anti-sistémicos no son solamente indígenas;  en las luchas desatadas se ha manifestado elocuentemente la participación de las ciudades, de los sectores populares urbanos, del proletariado nómada y del pueblo movilizado. Sobre todo se han hecho evidentes las interpelaciones populares al proyecto neo-liberal. Estos sectores tienen arraigada una tradición nacional-popular, vinculada a las luchas por la recuperación y soberanía sobre los recursos naturales, además de las luchas sociales y democráticas. La parte más radicalizada de estos sectores, los obreros, llegaron a asumir posiciones anti-capitalistas; ahora, después de la experiencia de la crisis de la izquierda tradicional, no es tan fácil que esto se dé, salvo en los mineros sindicalizados. Hay trabajadores de empresas privadas, incluso de minas privadas, que exigen más bien garantías para sus fuentes de trabajo. Los del sector textil pidieron incluso la reapertura de la ATPDA, el convenio especial con los Estados Unidos de América para la exportación de manufacturas bajo la condición del cumplimento de la lucha contra el narcotráfico. Estos posicionamientos nos muestran más bien un mapa político disperso de los trabajadores. A estas alturas, no se puede caer en una especie de hegelianismo vulgar, que se esconde en las elucidaciones de un marxismo vulgar, que concibe la dialéctica de la clase en sí que contiene la posibilidad de la clase para sí. La confrontación política con el control y dominación capitalista no dependen de una dialéctica encapsulada como posibilidad en el en de la clase, sino depende del despliegue y la intensidad de la misma lucha de clases.  Edward Palmer Thompson ya decía que las clases sociales sólo existen como producto de la lucha de clases. Los mineros bolivianos reunidos en Pulacayo el año 1946 llegaron a la famosa tesis política empujados por la lucha de clases y por un trabajo político sistemático; ahora se llegará a nuevas tesis anti-capitalistas empujado por la lucha de clases y la guerra anticolonial y descolonizadora. No es la providencia de la dialéctica la que logra una consciencia política anti-capitalista.
Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la lucha anticolonial y descolonizadora indígena y la lucha anti-capitalista? ¿Cuál es la relación entre los movimientos indígenas y los movimientos sociales anti-sistémicos? ¿Cuál la relación entre las naciones y pueblos indígenas y los sectores populares urbanos? Estas preguntas tienen que vislumbrarse a la luz de las experiencias de las luchas sociales. Durante la llamada guerra del agua de Cochabamba (1999-2000) las organizaciones de regantes, las organizaciones de fabriles, las organizaciones campesinas, las organizaciones indígenas, las organizaciones de vecinos, las organizaciones de profesionales y las ONGs se coaligan en torno a la defensa de un bien común, el agua, de un bien primordial para la reproducción de la vida. Durante la llamada guerra del gas, que termina de concentrarse en la ciudad de El Alto (2003), las organizaciones campesinas, las organizaciones indígenas, las juntas de vecinos y toda clase de gremios, además de las organizaciones obreras y de los trabajadores, se coaligan en torno a la defensa del gas, de los recursos naturales, además de acordar la convocatoria a la Asamblea Constituyente. La resistencia al proyecto neoliberal se convierte en una ofensiva popular, que logra articular la lucha anticolonial y descolonizadora con la lucha contra la desposesión y el despojamiento efectuados por el proyecto neoliberal, logra articular la defensa de los bienes comunes con la lucha contra la última forma política del capitalismo, el neoliberalismo. Es en esta articulación, en esta coalición, que debemos encontrar el secreto no sólo de las alianzas sino del carácter de las luchas sociales contemporáneas.
La alianza entre indígenas, campesinos y sectores populares urbanos se realiza sobre la base de la defensa de lo común, la tierra, el territorio, los bienes comunes para la reproducción de la vida. Se trata de una proyección indígena y popular anti-neoliberal. Contra la privatización de las condiciones de vida, tanto financiera como empresarial trasnacional. Esta es la base de la articulación de proyectos políticos más propios de los conglomerados componentes de las alianzas; el proyecto descolonizador indígena y el proyecto nacional-popular de recuperación soberana de los recursos naturales. No se trata en este caso de una idea general de lo nacional-popular, por ejemplo de la continuidad plebeya de las banderas de abril, de la revolución nacional de 1952, de la conclusión de la construcción del Estado-nación. No es esa idea nacional-popular la que se ha ventilado en las luchas sociales del 2000 al 2005 y en el proceso constituyente. Se trata de la recuperación de los recursos naturales para los bolivianos, de su uso y aprovechamiento en la perspectiva del vivir bien. El pacto constitucional no apunta a la conclusión de la construcción del Estado-nación, sino a la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Se trata de la condición nacional-popular en el marco del Estado plurinacional, no del Estado-nación. Lo popular urbano se mueve en otros códigos, que ya no son nacionalistas.
En este contexto de realizaciones políticas no es la nación boliviana el sustento ideológico de legitimación, no es la nación boliviana lo que unifica a los proyectos políticos en cuestión, inherentes al proceso. Es difícil aceptar un núcleo común en este panorama complejo; se trata más bien de redes y tejidos, de recorridos y circuitos, que articulan la diversidad. Es una confederación de naciones y pueblos el espectro de esta articulación; son el autogobierno, la libre determinación, el pluralismo institucional, las materialidades políticas de esta articulación social, económica y cultural. Se trata entonces de una coordinación complementaria e integrante más que de una centralidad. Ya se puede ver entonces las dificultades de la transición hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico. También se puede entender que se den resistencias institucionales a esta transformación, resistencias de las instituciones del Estado-nación, liberal y colonial. Resistencias no sólo liberales sino también modernas a este viaje histórico a las condiciones de la pluralidad. Estas resistencias no sólo vienen de los nacionalistas sino también de los marxistas. A los marxismos le son difíciles salir de los esquematismos de la centralidad, de la unidad, del uno, de la unificación homogeneizante. Le son difíciles aceptar la complejidad y la alteridad de la pluralidad interrelacionada y dinámica.
Este es el tema filosófico y epistemológico que hay que discutir en relación al proceso constituyente y a la Constitución, proceso y Constitución que deben ser pensados desde la pluralidad, a partir de un pensamiento pluralista. Caso contrario, si pretendemos interpretar la Constitución y el proceso constituyente desde los paradigmas modernos arborescentes, jerárquicos y centralistas, no se podrá acceder a los desafíos del proceso y la coyuntura política. No se podrá entender la Constitución y se terminará identificando contradicciones en el texto constitucional, leído como exposición jurídica-política y no como acontecimiento político.
Ahora nos concentraremos en las críticas de la izquierda tradicional al proceso constituyente y la Constitución.

Lucha de clases y guerra anticolonial
La lucha de clases y las clases sociales no son una abstracción ni se dan como generalidad; la lucha de clases de da de forma concreta y especifica, en relación a determinados problemas, a determinadas demandas, en coyunturas específicas y lugares definidos. Hay lo que podemos llamar la temporalidad de la lucha de clases, que comprende el mismo tiempo, el ritmo, la intensidad de las luchas; también se da lo que podemos llamar la espacialidad de la lucha de clases, que comprende no sólo el lugar, sino el mapa de fuerzas, de frentes, de puntos de enfrentamiento. Integralmente deberíamos hablar del espacio-tiempo de la lucha de clases, también del espaciamiento de la lucha de clases; también deberíamos hablar de lo que una vez se atribuyó a Antonio Gramsci, de la categoría de fracción geográfica de clase. Aunque el concepto de clase viene de la taxonomía de la clasificación, la clase social pensada desde el marxismo tiene que ver directamente con la dinámica de las luchas y los enfrentamientos. Las clases sociales se constituyen en la lucha de clases. El análisis de las clases sociales desde las perspectivas marxistas tiene que ver con la sociedades modernas y el modo de producción capitalistas; las tesis de la lucha de clases son validas para las sociedades capitalistas, para las sociedades modernas, atravesadas por la explotación de la fuerza de trabajo, los procesos de proletarización, de disgregación social y de polarización.
La conquista y la colonización van a conformar sociedades coloniales, sociedades estructuradas sobre la base de la racialización de las clases sociales y de la lucha de clases. Las resistencias a la colonización van a derivar en la guerra anticolonial, esta guerra adquiere connotación de guerra de razas y también, en momentos y periodos de la lucha anticolonial, en guerra de naciones. En las periferias del sistema-mundo capitalista la lucha de clases se realiza en forma de guerra anticolonial. La guerra anticolonial que figura en forma de lucha contra la administración colonial, contra los impuestos, los tributos, las obligaciones y servicios; de este modo es una lucha contra la burocracia y el Estado colonial, empero también deriva en una lucha contra los propietarios de haciendas y a veces de minas.  En la medida que las sociedades coloniales y poscoloniales se desarrollan, la modernidad barroca los atraviesa y hace de matriz cultural, así como después estas sociedades van a ser atravesadas por la modernidad iluminista, la modernidad de la revolución industrial, asumida en una etapa avanzada como modernidad de los Estado-nación; en estas condiciones históricas la guerra anticolonial adquiere formas más concretas de una lucha de clases moderna; el proletariado se enfrenta a los propietarios mineros. Este enfrentamiento no es abstracto y general, se trata de un proletariado minero, migrante del campo, un proletariado de piel cobriza que enfrenta a propietarios mestizos, a la burguesía criolla. La lucha de clases asume los perfiles de una historia efectiva y se da en un contexto que reconocemos como de colonialidad.
Cuando la dominación capitalista evoluciona en su forma imperialista, los Estado-nación, en germen o institucionalizados, entren en contradicción con esta forma de dominación y su expansión. La lucha de clases avanza en una lucha directa con las formas de intervención imperialista y sus empresas trasnacionales; en estos escenarios, las alianzas populares configuran alianzas de clases de acuerdo a las circunstancias y la estructura de las contradicciones. El proletariado es el eje articulador de estas alianzas, aunque en la mayoría de los casos no sea la expresión política ni dirija los frentes. La guerra anticolonial adquiere la figura de una lucha antiimperialista y de una lucha contra el neo-colonialismo. Sólo en contados casos la dirección política de la lucha antiimperialista caerá bajo la dirección de las expresiones políticas del proletariado. Por lo tanto la lucha contra la burguesía nativa y los terratenientes se da en el contexto de la lucha antiimperialista. En cada país, en cada periodo, adquiere perfiles históricos particulares. Como se puede ver, la lucha de clases no es una abstracción ni se da como generalidad, como categoría aislada del acontecer y la historia efectiva. Las elucubraciones sobre la lucha de clases en abstracto sólo se dan en la cabeza de ideólogos y propagandistas dogmáticos; también en teóricos que separan teoría y praxis de la lucha de clases. Esto lleva a deducciones, a análisis e interpretaciones al margen de los acontecimientos y las historias efectivas.
A propósito, en la modernidad también se dan fenómenos y comportamientos que reconocemos como tótem y tabú; las agrupaciones, las corporaciones, los partidos, terminan asumiendo identificaciones en las cuales se reconocen y actúan de acuerdo a esquemas de comportamiento afines. Cuando los marxistas se invisten de esta identidad militante no están lejos de la fenomenología del tótem y del tabú. La investidura los hace propietarios de una verdad histórica, frente a los mortales que no habrían llegado a esta consciencia histórica. Esta posición es una especie de clausura. El problema no es tanto la diferencia y la distinción que plantea, pues de alguna manera, las diferenciaciones, las distinciones y las identificaciones son propias de las subjetividades humanas, sino que muchas veces la ortodoxia los aísla de las historias efectivas y las realidades concretas de la lucha de clases, a tal punto que cuando estallan estas luchas no participan en espera que el cuadro teórico se realice. Tampoco esta posición está lejos de los que esperan la llegada del mesías.
Lo importante no es declararse marxista – a Marx tampoco le gustaba que se lo clasifique de esa manera -, lo indispensable es participar en los acontecimientos y luchas de clases efectivas, tal como se dan en los procesos históricos. Es mucho más claro, se entiende mejor, comprender el comunismo como la realización práctica de la lucha de clases. El problema no está tanto en la consecuencia teórica como en la consecuencia política. Al respecto, el desafío del proceso boliviano es mayúsculo; se trata de interpretar, comprender y participar en la lucha de clases tal como se da, en tanto guerra anticolonial y descolonizadora. No se trata de defender una teoría, de defender las tesis o las hipótesis heredadas, tampoco de sólo usar las tesis e hipótesis aproximativas a los acontecimientos de referencia; se trata de comprender lo novedoso de las nuevas experiencias sociales relativas a los horizontes abiertos por las luchas, por lo tanto se trata de elaborar nuevos conceptos para pensar los nuevos desafíos de las luchas, de los procesos y las coyunturas, en el contexto de los horizontes abiertos.
En relación a la racialización de la lucha de clases, este fenómeno no es una invención de los indígenas ni de los afro-descendientes; es algo propio de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. La racialización de la geografía de dominación es un fenómeno de la colonialidad y de la modernidad, en tanto contextos de realización de las violencias múltiples y culturales, relativas a la experiencia de la vertiginosidad; sobre todo en tanto manifestación propia de la estructura de la acumulación de capital y división del trabajo a escala mundial. Como dice Franz Fanón la violencia se cristaliza en los huesos y se asienta en la piel; cuando los dominados se levantan, no pueden hacer otra cosa que devolver la violencia cristalizada en los huesos al dominador y al colonialista. Acusar a la guerra anticolonial y al proyecto descolonizador de racista es transferir las características de la dominación capitalista a los indígenas sublevados, como si el racismo fuera una responsabilidad de ellos.  Esta acusación no tiene sentido, salvo la demostración del desconocimiento de los que la emiten de la estructura, las características, la espacialidad y geopolítica del sistema-mundo capitalista. También en una clara muestra de la marea de cómo se separan de la lucha de clases concreta y efectiva.
Etiene Balibar e Immanuel Wallerstein debatieron y reflexionaron sobre este fenómeno de la estructura racial de las sociedades modernas y sus proliferantes manifestaciones y consecuencias políticas, económicas y culturales[1]. El racismo y la racialización atraviesa a todas las sociedades modernas, las clases sociales y las luchas de clases están también racializadas, las luchas de clases se dan de una manera concreta afectadas y estructuradas a partir de la racialización. No es por tanto una casualidad que sean los movimientos indígenas los que efectúen la interpelación más radical al capitalismo; esta interpelación es tanto a la ejecución a escala global  del procedimiento de despojamiento y desposesión neoliberal, a la explotación de la fuerza de trabajo, a la privatización financiera de lo común; así también es una interpelación a la dominación racial de los Estado-nación y del orden mundial. La lucha contra el racismo, contra la estructura racial de las sociedades y de los estados es una tarea ineludible de la lucha de clases por parte de las clases explotadas racializadas; la forma de la guerra de razas es una figura de la lucha de clases. No se puede desconocer esta concreción y esta manifestación empírica de la lucha de clases.
Ahora bien, la problemática es bastante compleja; no se trata solamente del mapa disperso, distribuido y abundante de las clasificaciones que se hacen localmente o regionalmente, clasificaciones sintomáticas debido a la configuración colorida y diseminada que se hace de acuerdo a los imaginarios raciales locales, sino también de los juegos de poder en torno a las representaciones raciales. Ante la expansión y emergencia de las luchas sociales, los movimientos anti-sistémicos y la guerra anticolonial desatada por las naciones y pueblos indígenas, los prejuicios raciales retrocedieron sin necesidad de desaparecer;  en este contexto, de manera problemática y solapada, usada ideológicamente y discursivamente la representación indígena puede servir políticamente para legitimar gestiones restauradoras y proyectos extractivistas. Puede servir también para objetivos menores, como sustituir en la administración a los funcionarios tradicionales, mestizos y criollos, aunque el problema de fondo no sea éste, sino cambiar definitivamente la estructura y las relaciones de poder, las prácticas de gestión de la administración pública. El síntoma se encuentra en estos espacios de disputa; no se persigue cambiar el Estado sino copar el mismo Estado, haciendo lo mismo que hacían los funcionarios tradicionales. La justificación se encuentra en el cambio de piel. La acusación de racismo invertido es emitida por los funcionarios mestizos y criollos que se sienten amenazados; la justificación de de la copación de cargos es ventilada por los que se consideran indígenas urbanos. Es este el síntoma dónde debemos detenernos, pues, a pesar de sus limitados contornos puede mostrarnos el sentido de la acusación de racismo invertido.
Descartemos de la evaluación el alcance estratégico de esta pugna, lo que interesa es comprender el sentido de las posiciones en torno al tema, la legitimidad de quiénes ocupan los puestos de un Estado que permanece, de una arquitectura administrativa que se mantiene. Lo que se demanda por un lado es la copación de los puestos, lo que se demanda del otro lado es la conservación de la experiencia y la profesionalidad. Lo que llama la atención de estos reclamos es que los cambios que se han dado en el aparato público son mínimos, no ha habido un copamiento masivo de funcionarios de procedencia indígena, aunque la presión haya sido constante por parte de los dirigentes. También llama la atención que la preocupación sobre el cambio se restrinja a ocupar puestos y no la transformación estructural de la arquitectura administrativa del Estado.
Haciendo un balance descriptivo de los cambios y desplazamientos en la administración estatal, podemos ver que la llamada clase media mestiza y criolla no ha sido substituida; que lo que ha ocurrido es la incorporación de algunos avalados por las organizaciones, además de los cambios en los ministros, vice ministros, directores y jefes de unidad con gente de confianza, aunque no sean indígenas. Retomando este cuadro se nota que es exagerada la acusación de racismo invertido. ¿Qué es lo que ocurre entonces? Se trata de un empoderamiento masivo de los espacios de expresión, de manifestación, discursivos y de imágenes; esto ocurre en el ámbito de las relaciones sociales, aunque no se refleje en las modificaciones del aparato público, si descartamos al mismo presidente y algunos ministros. Lo que ha cambiado es la valoración simbólica; se ha producido el trastrocamiento de las estructuras simbólicas, de los imaginarios, de las predisposiciones psicológicas. Concurre entonces una descolonización en los espacios simbólicos, imaginarios y psicológicos, aunque este proceso no haya concluido de ninguna manera. Este es uno de los efectos más notorios del proceso. Teniendo en cuenta este desplazamiento, no se puede afirmar que hay un racismo invertido. El racismo aparece más bien en los que acusan de esta manera.
El gran desafío de las sociedades plurales y del Estado plurinacional es lograr la interculturalidad emancipadora, es abrir el curso a las intersubjetividades interculturales, es construir consensos a partir de la práctica intercultural y la convivencia plurinacional. No son tareas fáciles de cumplir; se trata de procesos de maduración y de transformación profundos. La base jurídica-política de estas transformaciones se encuentra en la Constitución, la matriz histórica-política de estas transformaciones se encuentra en la experiencia de las luchas sociales; que puedan efectuarse depende de las transformaciones en las prácticas y relaciones cotidianas, en la conformación de sujetos y de las conexiones intersubjetivas. Considerando la problemática intercultural y observando desde la perspectiva de la transición se detecta la debilidad de la acusación de racismo invertido. La pregunta a los que emiten la acusación es si se quiere no solo asumir la especificad de la lucha de clase sino también sus consecuencias transformadoras; una de estas consecuencias tiene que ver con la convivencia intercultural.

Modernidad y colonialidad                                                   
Entendamos la modernidad como la matriz cultural del capitalismo, donde se incuba el capitalismo y se desenvuelve, transformando al mismo tiempo a la misma modernidad. La colonialidad es la herencia estructural de la colonización y la colonia; se trata de una estructura de poder racializada. La modernidad no puede entenderse sin la colonialidad, tampoco el capitalismo sin la colonización y el colonialismo; forman parte del sistema-mundo capitalista. La profundidad, si se quiere, el espesor de la modernidad, se encuentra precisamente en la colonialidad. La historia de la modernidad, la realización misma de la modernidad, concurre con la colonización y la expansión colonial; la dominación y el control capitalista se instauran y despliegan en el mundo, se configura un mundo, un sistema-mundo, por medio del despliegue de las violencias polimorfas de la colonización y la colonia. El transformado de la modernidad es la colonialidad.  
Ciertamente, cuando hablamos de modernidad no hablamos de algo homogéneo, sobre todo de una experiencia homogénea; la realización y expansión de la modernidad se da mas bien de manera heterogénea. Hablemos entonces de la modernidad en clave heterogénea, discutamos entonces las modernidades heterogéneas. Bolívar Echeverría identifica distintas modernidades de alguna manera secuenciales[2]; la modernidad barroca, correspondiente a los primeros periodos coloniales; la modernidad iluminista, a partir de las reformas borbónicas y la revolución industrial; y la modernidad de los Estado-nación, correspondiente a los proyectos nacionales. Podríamos añadirle una nueva forma de modernidad como parte de la experiencia contemporánea; nos referimos a la modernidad relativa al proyecto neoliberal, que ha sido identificada como posmodernidad por una lectura más filosófica y estética. Esta taxonomía de la modernidad de Bolívar Echeverría es sugerente pero no es exhaustiva; lo que no hay que perder de vista es que las experiencias de la modernidad no pueden ser sino heterogéneas, dependiendo de los momentos y los lugares.
Como dice Enrique Dussel el primer hombre moderno es Hernán Cortés, el primer acto constitutivo de la modernidad es la conquista[3]. La modernidad se construye sobre la base de la colonización, es decir, el despojamiento y la desposesión de territorios, de recursos, de pueblos y poblaciones, la asimilación de sociedades y civilizaciones a la vorágine del capitalismo. El capitalismo no es un fenómeno europeo, como creen muchos marxistas, es un fenómeno mundial, ocasionado por la conquista, la colonización, la expansión imperialista, el dominio global de los mares y los mercados. La modernidad deviene de la experiencia de la vertiginosidad, del trastrocamiento profundo de instituciones, valores, sistemas de símbolos, imaginarios, de costumbres, tradiciones, relaciones, estructuras y formas antiguas de sociedad. A la modernidad se la ha representado en tanto experiencia volátil, como cuando todo lo solido se desvanece en el aire. La modernidad ha sido producida por movimientos impactantes de población, el comercio de esclavos, la migración europea al nuevo continente, sobre todo el etnocidio y genocidio de las oblaciones nativas. La formación de ciudades y puertos que conectan la vida económica y social del nuevo continente con un mundo del que forma parte, una parte importante, debido a sus riquezas, sus pueblos y poblaciones, sus saberes y sus cultivos. La explotación minera, los circuitos minerales y monetarios van a formar parte indispensable de la acumulación originaria de capital. La dinámica de los mercados adquiere una complejidad, integralidad y velocidades sin precedentes. En la experiencia de la crisis se forma la modernidad y la modernidad condiciona la constitución de sujetos y subjetividades. Se forman mezclas, entrelazamientos, abigarramientos, barroquismos de todo tipo en estos procesos de trastrocamiento y volatilización. Se produce un redibujo de la familia, nuclarizándola, y se atomiza las redes sociales conformando a los individuos. Los procesos de disciplinamiento se dan a través de instituciones encargadas de modular los cuerpos e inducir cambios en las conductas. Hay una variedad grande de instituciones que hacen de agenciamientos concretos de poder, no solo nos referimos al cuartel, a la escuela y a la fábrica, sino al conjunto de instituciones que terminan trabajando los cuerpos, modulando y adecuándolos no sólo a la producción sino también al consumo. Ciertamente esta modulación de cuerpos, esta inducción de conductas, estos disciplinamientos,  pero también los hedonismos proliferantes, no se dan de manera homogénea, aunque estén ligados a ejes de homogeneización. Pues las familias compuestas y extendidas, las redes de parentesco y las alianzas, los esquemas de comportamiento y de conductas tradicionales, no desaparecen del todo, aunque hayan sido fraccionados y diseminados, quebrados en su unidad y sentido. Los fragmentos se re-articulan y mezclan con los propios esquemas de comportamiento y conductas modernos, las redes de parentesco y las alianzas se rearman aunque sea provisionalmente en las fiestas, aunque también en momentos de emergencia. Aparecen estrategias de sobrevivencia en migrantes asentados en las ciudades de crecimiento urbano, donde se puede observar tanto la reproducción y el uso de pautas tradicionales como prácticas de adecuación en sus nuevos asentamientos.
La modernidad barroca era el de las mezclas civilizatorias y de la saturación de códigos, de evangelización y sincretismos, de resistencias y de anexiones, de conexiones culturales, acompañadas por imposiciones y subordinaciones. Aunque también de transformaciones de pautas de consumo, de cultivos, pero también de transferencia de productos nativos y alimentos no conocidos en Europa y en el mundo, como la papa, el maíz y muchos vegetales producidos en Mesoamérica. A decir de Serge Gruzinski esta otra modernidad era, en principio, renacentista; se trataba de un nuevo renacimiento, ya no continental europeo sino mundial, un renacimiento indígena, con participación indígena[4]. Un humanismo global y completado con la mirada indígena. Empero este renacimiento duró poco, pues ante los levantamientos indígenas debido a las reformas borbónicas, los indígenas nobles que participaban en la estructura de poder fueron separados del mismo, fueron sacados de estas estructuras, implementándose mas bien reformas del despotismo ilustrado. La modernidad iluminista deja de lado la saturación y yuxtaposiciones barrocas ingresando a una hegemonía cultural europea, al trastrocamiento que va producir la revolución industrial. El iluminismo, el enciclopedismo, la irradiación de las ciencias positivistas, la seducción tecnológica, se van a convertir en los ideales de una época centrada en los desenvolvimientos económicos, tecnológicos y culturales europeos. Se trata de dos modernidades en contraste; la modernidad barroca se articula provisoriamente sobre la base de los dominios españoles y portugueses, articulando desde los mares del Japón, la China, la India, con nueva España y el continente conquistado. La modernidad iluminista se configura mundialmente, empero convirtiendo al Atlántico en el eje articulador de la economía-mundo capitalista. El dominio británico en el nuevo ciclo del capitalismo, acompañado por la revolución industrial, transforma el comercio y convierte la economía-mundo en el sistema de la libre empresa. La transformación de los mercados, de la estructura de los mercados, estableciendo los circuitos del comercio de los minerales, así como el consumo de energía basada en el carbón y el vapor transforma la configuración misma de los mercados y de las finanzas. Las tecnologías sociales disciplinarias se dan en este periodo; la modernización de las instituciones, de las burocracias estatales, de la administración pública y de la contabilidad económica se da también en esta época. Una especie de revolución de la individualización también es notoria; una de las expresiones de estas transformaciones en las subjetividades se da en la proliferación de las novelas y en la aparición en ellas del antihéroe, el dramático personaje del conflicto de la individuación. La modernidad de los Estado-nación, identificada por Bolívar Echeverría, sobre todo con relación a las periferias de América Latina y el Caribe, es una modernidad que corresponde a una etapa avanzada de la revolución industrial, congruente al ciclo capitalista de hegemonía estadounidense. Esta es una modernidad en clave heterogénea, que debe ser entendida en parte como adecuación y respuesta de los proyectos estatales nacionalistas, proyectando una revolución industrial y la independencia económica para los países involucrados. La construcción del Estado-nación, la modernización del Estado, las reformas democráticas, entre ellas la reforma agraria, además de la nacionalizaciones, la ampliación de los derechos y la ciudadanía, como el voto universal y la reforma educativa, van a ser los dispositivos institucionales que van a tener incidencia en los ámbitos sociales y culturales, reconfigurando también las identidades y replanteando la constitución de sujetos. En términos culturales deberíamos hablar de una modernidad mestiza, pues ese es el  proyecto de los Estado-nación.
Empero qué ocurre fuera del imaginario estatal, ¿se da la modernidad en el sentido buscado por los Estado-nación? Este sentido está muy bien expresado en el deseo de desarrollo. Este tema, como se sabe, es altamente problemático y contradictorio; lo pusieron en la mesa, en toda su complejidad los de la Teoría de la dependencia, sobre todo en lo que respecta a la comprensión de que el desarrollo produce subdesarrollo. En relación a la pregunta hay que tener en cuenta que no puede entenderse la modernidad como una experiencia homogénea, no sólo por lo que respecta a las modernidades heterogéneas, sino por la variabilidad de fenómenos, por la diferencia de intensidades y de expansiones diferenciales de la fenomenología de la modernidad. Si bien comprendemos que el continente se involucra en la conformación, despliegue y expansión de la modernidad, a partir de la conquista y la colonia, forma parte de la fenomenología de la modernidad, que tiene como matriz constitutiva precisamente a la colonización y la colonialidad, las distintas modernidades no se dan de manera homogénea, dependiendo del lugar y de las relaciones con el mercado mundial. Ya en la modernidad desarrollista, identificada como modernidad de los Estado-nación, siguen siendo notorias las diferencias entre ciudad y campo, entre ciudades capitales y pueblos, entre las aéreas urbanas y las áreas rurales, entre unos países y otros.
¿Se puede decir que el área rural, el campo, las comunidades, los pueblos y hasta algunas ciudades menores no son modernos, como algún discurso desarrollista acostumbra a hacerlo? No, de ninguna manera, todas las comunidades, los pueblos, las sociedades nativas, fueron involucradas y articuladas a la modernidad tempranamente, desde los ordenamientos territoriales de los virreinatos y capitanías, desde la implantación de las visitas y revisitas, el establecimiento de los impuestos y tributos, la circulación monetaria y la expansión de los mercados. La modernidad es la experiencia de trastrocamiento profundo que cambia la condición subjetiva, las instituciones, los valores y los sentidos. Como vasallos del rey, como comunarios censados en las visitas y revisitas, con nombres y apellidos, ya se desatan tempranamente incipientes procesos de individuación. Cuando los comunarios se hacen propietarios de la tierra con la reforma agraria, estos procesos de individualización avanzan lo suficiente como para hablar de la igualación de los hombres a través de la obtención de la propiedad de la tierra. Desde James Harrington hasta Zavaleta Mercado este es el mecanismo indispensable de la democratización. La modernidad se realiza en esa experiencia de mutación y cambio, de despliegue de los procesos de individuación; la modernidad es la articulación al mundo dominante y hegemónico del capitalismo.
Ahora bien, no hay que olvidar que la modernidad es un concepto estético, elaborado por los poetas malditos, particularmente por Baudelaire. En  la poesía de Baudelaire la modernidad aparece como experiencia de una ciudad turbulenta, ruidosa, de calles fangosas, recorridas por coches y peatones, donde todo se mezcla. La simultaneidad de todo; la desvalorización, la relativización, el suspenso, forman parte de esta experiencia. Entonces ya la modernidad denotaba mezcla. Llama la atención, que después, cuando este concepto se asume teóricamente, adquiera una connotación de homogeneidad e incluso de universalidad. Los teóricos de la modernidad confunden escenarios y espacios; confunden la modernidad como experiencia multitudinaria con la “modernidad” como proyecto institucional y de racionalización. Esta “modernidad” es ciertamente estatal, forma parte del despliegue de instituciones, procedimientos, arquitecturas, dispositivos y agenciamientos de disciplinamiento. La modernización estatal es un  proyecto de racionalización y ordenamiento en contra de la espontaneidad moderna de las sociedades abigarradas.
La modernidad inicialmente es un concepto estético, en su matriz conceptual está la idea de plasticidad y transformación; empero las filosofías estatalistas convierten el concepto en un proyecto de racionalización y de universalización. Incluso en las periferias del sistema-mundo capitalista los estados van a buscar la “modernidad” como fin, como telos, van a buscar realizarla como proyecto político     y arquitectónico. Entonces hay una contradicción inherente al concepto o percepciones dicotómicas, relativas a la experiencia y a la ilusión, a la espontaneidad y a la racionalización. La modernidad es entonces contradictoria; por una parte esta experiencia desata movimientos, movilizaciones, migraciones, suspensiones de valores, de estructuras e instituciones, liberando a los cuerpos de sus amarres consuetudinarios; por otra parte la “modernidad” aparece como proyecto estatal, como proyecto de racionalización, disciplinamiento y universalización. En tanto espontaneidad las multitudes, el pueblo, el proletariado, los movimientos feministas, se levantan y ponen en suspenso la legitimidad de las dominaciones y de las instituciones. La historia de la modernidad está plagada de estas rebeliones, la guerra civil en Gran Bretaña, la rebelión indígena pan-andina, la guerra anticolonial norteamericana, la revolución francesa, la guerra anticolonial de los esclavos de la isla de Santo Domingo, la revueltas proletarias, la comuna de París, la revolución mexicana, la revolución bolchevique, la guerra prolongada china, la revolución nacional boliviana, la revolución cubana, las guerras de la independencia en el África y en Asia, las nuevas revueltas indígenas en el continente de Abya Ayala. La “modernidad” como proyecto estatal irrumpe en estos escenarios y trata de domesticarlos, al buscar instituir la racionalización de las conductas y los comportamientos, el orden, la administración, el gobierno, las formas de gubernamentalidad, al desplegar un mapa institucional de control, sobre todo, en los países periféricos, al buscar como fin político el desarrollo.
Para aclararnos el problema conceptual y de interpretación de la modernidad debemos retomar dos puntos; uno es el de la matriz colonial de la modernidad, el otro es el sentido inicial estético del concepto. En relación al primer punto, debe quedar claro que la conquista, la colonización y la colonialidad no han buscado la modernidad como objetivo, no tenían en mente este fin; lo que se buscaba era riqueza, tierras, recursos, minerales, oro, plata y, por lo tanto, ganancias. Estos despliegues de violencia desataron sin buscarlo el caos, la transvaloración de los valores, la suspensión de las instituciones y estructuras tradicionales, volcaron a las poblaciones hacia un estado de suspensión y predisposiciones alternativas, donde la experiencia del tiempo, la consciencia del tiempo, la comprensión de que las instituciones son históricas, abrieron horizontes para la potencia social. Ante la evidencia de estas emergencias sociales, los estados, las disposiciones políticas y filosóficas estatalistas, buscaron estratégicamente su control y domesticación. Entonces frente a la modernidad espontánea de las masas, el Estado se propuso conformar una “modernidad” racional, ordenada, homogénea, disciplinada y controlada.
Por otra parte, es indispensable comprender que la modernidad es un productos no una condicionante histórica y cultural; la modernidad es un efecto producido por el trastrocamiento profundo y violento, también es producto de los despliegues sociales, de los sujetos en constitución, una vez liberados de todos sus amarres, suspendidas sus instituciones, valores y sistemas simbólicos. En contraposición la “modernidad” también es un producto de la racionalidad estatal.
Volviendo al tema de discusión, retomando la acusación de la izquierda tradicional al proceso constituyente, a la constitución y a las posiciones indígenas, de que se quiere volver al pasado, a la comunidad ancestral despreciando la modernidad y el desarrollo, vemos que la izquierda tiene una concepción estatalista de modernidad. No entiende que la descolonización es parte de las resistencias, las rebeliones, los levantamientos, las insurrecciones y los horizontes abiertos por las masas, las multitudes, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado nómada, no entiende que el proyecto de transición pluralista es parte de la potencia social, de la espontaneidad de la fuerza social y comunitaria. El pluralismo se opone a la unidad racionalista del Estado, liberal y colonizante; lo comunitario es la defensa de lo común, de lo que pertenece a todos, frente a lo privado y lo público, que constantemente expropian lo común de las comunidades. Se trata de la actualización de formas institucionales comunitarias, pero también de la invención de formas de comunidad que enfrenten la crisis del capitalismo, la expropiación privada y financiera de lo común, así como también la expropiación estatal de lo común.
Las luchas indígenas por la descolonización son luchas actuales y anti-capitalistas, es una de las formas concretas de la lucha contra el capitalismo. Desconocer esta actualidad, su pertinencia y su fuerza, es apartarse de la lucha efectiva contra el capitalismo a nombre de viejos fantasmas que golpea la cabeza nostálgica de la izquierda tradicional. La perspectiva indígena, las cosmovisiones indígenas, la lucha por sus territorios, sus instituciones, su libre determinación, autogobierno, sus normas y procedimientos propios, es una lucha profundamente anti-capitalista. Ahora bien, cuando se critica la modernidad y se define el vivir bien como proyecto alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, qué se entiende por este modelo alternativo, sobre todo en lo que respecta a la modernidad. Lo primero que se critica es el nacimiento colonial de la modernidad, también su proyección colonizante en tanto proyecto estatal de racionalización y disciplinamiento, homogeneizante y domesticador. La crítica es a la modernidad como cultura hegemónica y dominante del control mundial capitalista, la crítica es al sentido de la modernidad de los Estado-nación en tanto teleología desarrollista. Aunque se critique la matriz colonial de la modernidad, no se puede desconocer la producción de modernidades por parte de las multitudes, pueblos, proletariados, movimientos indígenas, movimientos feministas. No se puede desconocer las conquistas democráticas y ciudadanas, culturales y de derechos colectivos, conquistas que se han dado como parte de la espontaneidad y potencia social, en claves alterativas y alternativas modernas. Desde esta perspectiva, no se puede pensar una afuera de la modernidad que interpele a la modernidad; la modernidad es interpelada desde su propia crisis, desde sus propias contradicciones, es interpelada por los propios sujetos que producen modernidades. Por eso es importante decodificar las modernidades heterogéneas y pensar los alcances de la propuesta de Enrique Dussel, en el sentido de un horizonte civilizatorio, otra modernidad, una trans-modernidad.
Ahora, abordaremos la discusión sobre la relación entre Estado y comunidad.

Estado y comunidad
Hay que pensar el Estado como relación o como ámbito de relaciones, también la comunidad debe ser pensada como otro ámbito de relaciones. El Estado puede ser pensado como instrumento o aparato separado de la lucha de clases, separado de la sociedad, para servir mejor a los intereses de las clases dominantes, sobre todo al interés general de la acumulación capitalista. En cambio las formas comunitarias, sobre todo indígenas, no separan, no tienen un ámbito especial político de gobierno separado de las relaciones y prácticas comunitarias. El poder se diluye en la potencia comunitaria, los mandos son rotativos y participativos, las asambleas son las instancias de resolución y formación de consensos. Tomando en cuenta estas definiciones, se dice que el Estado se opone a la comunidad y la comunidad se opone al Estado. Por lo tanto no puede haber un Estado comunitario.
Viendo de esta forma el enunciado de Estado comunitario, el concepto aparece como una contradicción inherente. Empero, hay que tener en cuenta en la coyuntura varias cosas. La primera es que la Constitución se refiere a una transición, a un Estado en transición; la misma Constitución se define como en transición, establece las condiciones de la transición. Por otra parte, el Estado del que se habla es plurinacional y comunitario. Esto quiere decir que se reconoce distintas condiciones estructurales e institucionales, no sólo comunitarias; por lo tanto, de lo que se trata es de acordar la coordinación entre naciones y pueblos, entre formas comunitarias y formas no-comunitarias. El sentido de Estado plurinacional diseña esta posibilidad. Lo comunitario ingresa a esta acuerdo a partir de su propia autonomía y libre determinación; el Estado plurinacional comunitario debe lograr la relación coordinada entre comunidades y otras formas estructurales e institucionales. La otra condición definida por la Constitución en lo que respecta al Estado es la condición autonómica, que responde a la demanda de descentralización administrativa y política, así como a las demandas territoriales, de los enfoques territoriales y eco-sistémicos. Estas tres condicionantes de la transición estatal, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica diseñan los ejes de la transición, pero también conforman los ámbitos de la participación, del ejercicio plural de la democracia.
El problema de la relación entre Estado y sociedad en la transición no es solamente un problema teórico, que se va a resolver teóricamente, sino es un problema también político, un problema de ingeniería institucional, si usamos arbitrariamente este término, de la transición y de la transformación.
Por último el enunciado de Estado plurinacional comunitario y autonómico ha sido tanto una construcción colectiva por parte del Pacto de Unidad, si nos remontamos al documento para la constituyente de esta organización indígena y campesina. Sólo que, en este caso, la autonomía se tiene que entender como autonomía indígena. También el enunciado ha sido producto de la construcción dramática de un pacto social logrado en la Asamblea Constituyente. El enunciado entonces es una construcción política. El problema teórico que plantea este acontecimiento es mayúsculo, pues exige que el análisis se sitúe en la comprensión del contexto, de la coyuntura, del proceso, del campo de fuerzas. No es aconsejable hacer solamente elucidaciones en el mapa abstracto de los conceptos; es indispensable pensar los acontecimientos históricos y políticos a partir de conceptos, usando los conceptos para pensar estas realidades. No es aconsejable pensar los conceptos sin el espesor histórico y político  de los acontecimientos.

La cuestión estatal en la Constitución
La cuestión estatal, parece un tema no resuelto. Fue largamente debatido por los marxismos, empero parece sin solución, sobre todo debido a que las experiencias del llamado socialismo real derivaron en espantosos estados burocráticos y represivos. Los revolucionarios no pudieron destruir el Estado, el Estado los destruyó a ellos. ¿Por qué pasó esto? ¿No pudieron escapar de la historia? ¿Qué tiene que ver todo esto con las estructuras y las lógicas de poder? Estos problemas quisiéramos retomarlos, empero a la luz de lo establecido en la Constitución.
Ante todo la Constitución asume la comprensión de que vivimos una transición política, una transición descolonizadora, una transición civilizatoria hacia el modelo alternativo del vivir bien. El Estado plurinacional comunitario y autonómico es la forma institucional de esta transición. El modelo político, Estado plurinacional comunitario; el modelo territorial, el pluralismo autonómico; el modelo económico, la economía social y comunitaria; modelos articulados por el mega-modelo del vivir bien, entendido como modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo; son los diseños y los ejes institucionales de la transición. Se trata de un mapa institucional pensado desde el pluralismo institucional. La transición política se concibe como transición civilizatoria, una transición que se propone ir más allá de la modernidad. Se diferencia de la transición pos-capitalista de la dictadura del proletariado precisamente por no circunscribirse en el contexto de la modernidad. En lo que respecta al desmontaje del Estado-nación, se proponen transformaciones pluralistas, comunitarias, interculturales y participativas del Estado. Sobre todo lo último es importante por cuanto se trata de romper con la separación entre Estado y sociedad, gobernantes  gobernados, funcionarios y usuarios. Se trata de construir el ejercicio plural de la democracia, democracia directa, democracia representativa  y democracia comunitaria. Se trata de conformar el sistema de gobierno como democracia participativa. Efectuar la construcción colectiva de la decisión política, la construcción colectiva de la ley y la construcción colectiva de la gestión pública. La gestión pública debe servir para desmontar el Estado-nación y construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. La gestión pública deja de entenderse como administración de normas, deja de estar meramente vinculada a la gestión por resultados; se trata de una gestión dirigida al impacto, valorizada por los efectos de cambio y transformación. Esta gestión pública es plurinacional comunitaria e intercultural.
¿Cómo interpretamos esta concepción de la cuestión estatal y de la transición? En primer lugar, el principal problema planteado es con respecto al Estado-nación, considerado Estado liberal y colonial. Se trata de salir de la órbita de la colonialidad, de escapar de la condena de los Estado-nación subalternos, subordinados a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, convertidos en instancias administrativas de la transferencia de recursos naturales a las metrópolis. La descolonización  implica el desmontaje de la herencia colonial del poder; el desmontaje de la colonialidad del poder significa el desmantelamiento de este aparato de Estado-nación, cuyo proyecto desarrollista implica un proyecto cultural de mestización,  borrando la identidad de las naciones y pueblos indígenas originarios. Entonces la cuestión estatal en la Constitución tiene que ver en primer lugar con la problemática heredada del Estado-nación.
La segunda cuestión, aunque puede ser también la primordial, es el problema del Estado como instrumento separado de la lucha de clases. El Estado como aparato y heurística del poder, como estructura efectiva e institucionalidad del poder. El Estado como forma, contenido y expresión del poder, del ejercicio del poder. Entonces el Estado como espacio y tiempo de las formas de gubernamentalidad, de las formas de gobierno y gobernanza. El problema en esta cuestión es cómo salir de las formas de gubernamentalidad jerárquicas, verticales y burocrática, de las formas de gubernamentalidad conformadas en la monarquía absoluta, en la república, en tanto gubernamentalidad liberal, así como en la etapa tardía republicana, en tanto biopoder, como forma de gubernamentalidad neo-liberal. La propuesta es construir formas de gubernamentalidad de las multitudes, participativas, desburocratizadas, colectivas, formadoras de consensos, coordinadas y en armonía con los ecosistemas.
En tercer lugar es indispensable tener en cuenta el carácter de los Estado-nación subalternos, cuál es su función en el orden mundial, en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Se ha dicho que los Estado-nación en la periferia son como resistencias a los proyectos imperialistas, defienden las soberanías de las naciones conformadas. Esta sería la diferencia con los Estado-nación imperialistas, que abiertamente se convierten en aparatos de sometimiento tanto internamente, respecto a sus sociedades, como externamente, respecto a otras naciones y estados. Hay que decir que esto es relativamente cierto, dependiendo de los gobiernos, los proyectos políticos y la relación con las sociedades nativas. Cuando se dan gobiernos progresistas, proyectos de resistencia anti-imperialista y movilizaciones de apoyo a la defensa de las soberanías, esto puede ser cierto. En cambio, cuando los gobiernos son más bien claramente pro-imperialistas, cuyos proyectos son más bien de sometimiento y subordinación, además de enfrentarse con sus propios pueblos, la interpretación no es correcta. Por otra parte, incluso en el caso de gobiernos progresistas, los límites del los Estado-nación terminan mostrando las concomitancias con las dominaciones del orden mundial. Se trata de estados que administran la transferencia de recursos naturales a las metrópolis del centro del sistema mundo, se  trata de estados que administran el modelo económico extractivista colonial del capitalismo dependiente. Desde esta perspectiva la cuestión estatal en las periferias se hace más problemático. Aparecen como formas políticas de resistencia a los imperialismos, empero, terminan siendo instrumentos y engranajes de las estructuras de poder de la dominación mundial. La historia de los Estado-nación subalternos nos muestra este itinerario, este círculo vicioso de la dependencia.
No parece ser posible salir del círculo vicioso de la dependencia solamente apostando a proyectos políticos de nacionalización de los recursos naturales, tampoco parece posible hacerlo apostando por proyectos de industrialización y sustitución de importaciones. Este camino nos conduce a nuevas formas de dependencia mientras no se rompa con la estructura de poder mundial, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, y sobre todo las formas políticas de los Estado-nación que atan a las periferias al centro del sistema-mundo y a las lógicas de acumulación de capital. Por eso es indispensable pensar, proponer y efectuar una alternativa política diferente. En el cambio y ruptura con las formas políticas de los Estado-nación, en la propuesta de transición del Estado plurinacional comunitario y autonómico, radica lo novedoso de la propuesta emancipadora indígena y de los movimientos anti-sistémicos contemporáneos.  Nuevas formas políticas que trasciendan el Estado-nación, formas participativas y pluralistas, que incorporen gubernamentalidades de las multitudes, la irrupción de las sociedades y comunidades, la formación de consensos, el ejercicio plural de la democracia, la integración ecológica de las sociedades, pueblos y países del mundo, la apertura de mercados complementarios, basados en la valorización de la vida, la internacional de los pueblos, son algunas de las formas organizativas e institucionales solidarias de un mundo alternativo, una transformación civilizatoria, basada en las emancipaciones múltiples.
Por último, debemos volver a discutir ¿qué es el Estado? Escapar de la idea de que es una esencia, que tiene una esencia, que hay un problema ontológico en la cuestión estatal. No hay una esencia, tampoco una sustancia estatal. El Estado es básicamente la idea de totalidad política de la genealogía de las soberanías, es la idea de totalidad que acompaña a las formas prácticas de gobierno y gubernamentalidad, a las formas de administración de los cuerpos y los recursos, a las formas de modulación de los cuerpos y constitución de subjetividades subordinadas y domesticadas. El Estado no existe como materialidad política única, como positividad, como empírea; lo que existe son administraciones burocráticas, normativas, de gestiones, y campos de dominios, en los límites de una geografía política y de acuerdo a los alcances de una geopolítica, sea esta elaborada o incipiente. Lo que existe son los instrumentos y aparatos más o menos articulados en función de diagramas de poder. El Estado es un imaginario empero sostenido en una apabullante materialidad de prácticas, de relaciones, de estructuras, de sistemas normativos, reglamentaciones, de disuasión y ejecución. En cada Estado hay que descubrir más bien su propia genealogía del poder, su propia historia heurística, su propia historia de dominaciones, historia de poderes que vencen resistencias.
Entonces se requiere una acuciante mirada crítica del poder, nuevas teorías del poder, de las relaciones de poder, de las estructuras de poder, de las instituciones y de las lógicas de poder. Por lo tanto se requieren para sostener estas teorías de investigaciones empíricas, investigaciones en profundidad, en múltiples niveles, macro-física y micro-físicas del poder. Empero, paralelamente a estas investigaciones, se requiere de teorías actualizadas de la potencia social, de las resistencias, las capacidades y posibilidades de los cuerpos, de las multitudes, de los pueblos, las comunidades, las colectividades, los proletariados. La tesis que proponemos al respecto es que hay poder, en tanto relaciones de fuerza vinculadas a las dominaciones, y hay potencia social, en tanto relaciones de fuerza y subjetividades creativas emancipadoras. Debemos estudiar poder y potencia en sus contradicciones, en sus luchas, pero también en sus mezclas y entrelazamientos.

Conclusiones
1.       Un mismo fantasma del Estado comparten las derechas, los nacionalismos y las izquierdas; nos referimos notoriamente a la llamada izquierda tradicional. Se trata de proyectos estatalistas. Sus diferencias radican en que unos defienden los intereses imperialistas; los otros las soberanías, entendidas como legitimaciones de estructuras de poder; en tanto que los terceros defienden los intereses del proletariado sindicalizado. Empero todos lo hacen en el campo gravitatorio del Estado, por lo tanto control, comando, dirección, jerarquía e instrumento jurídico-político separado de la sociedad. Esta proyección los ata a “modernidad” estatalista, disciplinaria, homogeneizante y universalista.

2.       Los Estado-nación subalternos de las periferias del sistema-mundo capitalista terminaron formando parte del engranaje de dominación del orden mundial. Sus límites estructurales se definen en el carácter administrativo de la transferencia de recursos naturales y en el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.

3.       El horizonte del Estado plurinacional comunitario y autonómico abre recorridos de descolonización, de participación, de gubernamentalidades plurales democráticas de las multitudes, de emancipaciones múltiples, conformando pluralismos institucionales, de gestiones plurinacionales comunitarias e interculturales.


4.       La defensa del proceso constituyente y de la Constitución, proceso que no ha concluido, es una indispensable tarea política en un proceso contradictorio y en el contexto de la lucha de clases racializada, es decir anti-colonial y descolonizadora.     
         

Sintomatología del conflicto
No solo hay una sumatoria de conflictos sino también una acumulación de los mismos, esto quiere decir sencillamente que se produce el efecto de multiplicación, pero también de desenvolvimiento de los conflictos en el tiempo; en otras palabras, de maduración. La crisis del proceso tiene su temporalidad, su maduración y obviamente su desenlace. Hay que leer los conflictos como síntomas, pero también como signos; son síntomas de algo que no es visible a la vista ni palpable a la percepción, por lo menos de una manera inmediata. La lectura del síntoma es como un diagnóstico y la  lectura de los signos es como la de una narrativa de los acontecimientos. ¿Cómo leer entonces el conflicto del TIPNIS, el conflicto de los trabajadores, el conflicto de los médicos, trabajadores de salud y estudiantes de medicina y de enfermería, incluyendo a los estudiantes nutricionistas, también el conflicto de los maestros, sumando a todos estos el conflicto de los choferes? No podemos olvidarnos añadir otros conflictos que merodean en este espectro, el conflicto de los ayllus, el conflicto regional, el conflicto por las regalías y por el reparto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos, también los conflictos de la ciudad de El Alto, particularmente de las juntas de vecinos con el gobierno municipal.
Para comenzar, no se puede decir que durante las dos gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma habrían desaparecido, por lo menos en un principio, los conflictos sociales, que se los habría resuelto o comenzado a resolver, por lo menos en lo que va parte de la primera gestión de gobierno, pues esto no es cierto. Hubo conflictos desde el 2006, particularmente asombró el conflicto entre los obreros y los cooperativistas mineros, hablamos del enfrentamiento en Huanuni, que arrojó más de una docena de muertos y decenas de heridos. Se puede decir que el carácter de la conflictividad, el perfil de la conflictividad, la intensidad y la composición de la crisis, no son las mismas que cuando se sucedieron las luchas sociales del 2000 al 2005, que en este periodo eran luchas correspondientes a movimientos sociales anti-sistémicos que enfrentaban e interpelaban el proyecto neoliberal implementado en Bolivia desde 1985. La crisis del 2006 es diferente; en el caso del enfrentamiento entre los obreros y cooperativistas mineros, se trataba de una compulsa entre sindicatos y cooperativas, entre obreros y cooperativistas, entre trabajadores del Estado y el gremio de cooperativistas mineros; forma cooperativa que debería responder a una economía social y solidaria, empero terminó siendo una economía privada dispersa, con recontrataciones de trabajadores a destajo, en condiciones de explotación que parecían superadas. De todas maneras los cooperativistas demandaban y demandan más concesiones en áreas fiscales, en tanto que los obreros mineros defendían y defienden sus fuentes laborales. Ese conflicto específico intenso y sangriento fue resuelto, por lo menos por un periodo, quedando en suspenso la contradicción entre obreros y cooperativistas en los demás lugares, como una tensión latente; el conflicto se superó momentáneamente con la contratación de cooperativistas mineros en condición de trabajadores de la empresa estatal COMIBOL; en otras palabras, con su incorporación y sindicalización. Esta manera de resolver el conflicto cargaba el peso de los nuevos salarios a la empresa estatal, empero el contienda social aparentemente se superaba, por lo menos por un periodo.
El espectro del conflicto ascendente en los últimos años, por lo menos desde la segunda gestión de gobierno, es distinto. Trabajadores y maestros pelean por mantener el poder adquisitivo de sus salarios y sueldos, además exigir el respeto a los derechos conquistados; los médicos y trabajadores de salud luchan por abrogar la ley 1126, que establece ocho horas de trabajo, aumentándoles dos horas más a las seis horas obligadas,  sin incorporarlos a la ley del trabajo. La naciones y pueblos indígenas batallan por la defensa de sus territorios indígenas, sus TCOs, los derechos consagrados en la Constitución, las áreas protegidas, además de defender la madre tierra contra la ampliación de la frontera agrícola y la extensión del modelo extractivista. Por otro lado, desde otra perspectiva, la de los transportistas, los choferes hacen un paro de transportes pidiendo consensuar la ley del transporte y oponiéndose a las determinaciones del gobierno municipal de la ciudad de La Paz sobre la regulación del transporte y la incorporación del servicio de transporte masivo a mayor escala, eficiente y barato. Hay juntas de vecinos que se opusieron al paro de transportes, incluso se dieron amagues de enfrentamiento y hasta enfrentamientos con usuarios del transporte.   ¿Cómo interpretar el mapa de estos conflictos?
No son conflictos que tienen la misma densidad ni el mismo peso gravitacional en la configuración de la crisis del proceso, unos vienen de trayectorias antiguas, por ejemplo el conflicto entre maestros y Estado, también la lucha por un salario mínimo vital; otros conflictos son de reciente data, la de los médicos y trabajadores de salud; otros conflictos en cambio tienen que ver con el núcleo mismo del proceso, la descolonización. El enfrentamiento entre el gobierno y la naciones y pueblos indígenas devela el carácter mismo del gobierno progresista; es un gobierno que puede apostar a medidas rentistas como la de los bonos, empero no puede cambiar las políticas públicas, menos las políticas económicas, las mismas que están encaminadas a continuar con el modelo extractivista del capitalismo dependiente. Este enfrentamiento particularmente devela la distancia del gobierno respecto del horizonte abierto por la Constitución; la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico; el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y participativa; la economía social y comunitaria, en la perspectiva de vivir bien como alternativa civilizatoria. Entonces, ¿qué podemos decir al respecto del mapa del conflicto social en la coyuntura? 
Si comparamos los conflictos dados en Bolivia con los dados en Ecuador y Venezuela, podemos ver que los conflictos en Bolivia se parecen mucho a los desatados en Ecuador, empero son distintos a los de Venezuela, donde la oposición de los partidos conservadores logra todavía mantener su convocatoria y movilizar gente en algunas ciudades de importancia. Empero, no hay que descuidar que los tres gobiernos progresistas muestran de alguna manera el mismo perfil populista y la misma característica de una economía rentista, que se basa en la matriz del modelo extractivista, lo que no termina de desatar contradicciones análogas, aunque no exactamente los mismos conflictos. ¿Qué quiere decir Esto? Por una parte, asistimos a las contradicciones profundas de los gobiernos progresistas. No pueden resolver la problemática histórica-política de la cuestión estatal, la herencia liberal de los estilos del gobierno, que entran en contradicción con las esperanzas de la gente, las promesas de participación y de transformaciones estructurales.  Por otra parte, asistimos a las luchas económicas de los trabajadores por un salario digno y por el cumplimiento de los derechos conquistados, algo que ocurre en todos los países y sociedades capitalistas, manteniendo sus diferencias contextuales, sobre todo teniendo en cuenta las características de los países periféricos del sistema mundo capitalista, donde se tienen salarios bajos en comparación con lo que ocurre en los países del centro del sistema-mundo capitalista. Empero, aparte de la contradicción entre discurso y realidad en las prácticas políticas, aparte de la contradicción estructural entre capitalismo y proletariado, la contradicción del gobierno de Bolivia y del gobierno de Ecuador con las naciones y pueblos indígenas es no solamente estructural, sino profundamente histórica e institucional, pues nos muestra la ineptitud orgánica de estos gobiernos de encaminarse por los recorridos de la descolonización. Terminan siendo gobiernos anti-indígenas al defender el modelo extractivista, la economía rentista, ventilando la ilusión de desarrollo y progreso.
Si la tesis de interpretación que utilizamos es que la contemporánea lucha contra el capitalismo es nuevamente anticolonial y profundamente descolonizadora, el enfrentamiento de los gobiernos progresistas y los pueblos indígenas nos muestran el alcance político de estos gobiernos y de sus programas populistas. Primero, como dijimos antes, no pueden, no logran, son incapaces de encaminarse por el proceso descolonizador. Segundo, no logran tampoco desplegar un programa alternativo al capitalismo, al contrario incursionan en el modelo de la valorización dineraria por el sendero más crudo, el extractivismo. Al hacerlo, refuerzan la persistencia en el círculo vicioso de la dependencia. En todo esto, ¿Qué papel juegan las nacionalizaciones? Como vimos en otro ensayo, en la Genealogía de la dependencia[5], las nacionalizaciones por sí mismas no garantizan la incursión por la industrialización de las materias primas, el cambio de modelo económico, la salida del extractivismo. Esta ruta de la industrialización requiere de otras condiciones para que pueda efectuarse, condiciones que tienen que ver no sólo con la inversión productiva, cosa que no se cumple, pues la mayor parte del uso del ingreso se destina al gasto, sobre todo administrativo. Otras condiciones para la industrialización tienen que ver con la articulación entre las economías agrícolas y las economías comerciales, entre las economías agrícolas y las iniciativas industriales, también la complementariedad de las iniciativas industriales, su relación con el mercado interno y su relación con el mercado externo, buscando una conexión soberana. Así como con su vinculo con los circuitos comerciales, los circuitos financieros, pero, sobre todo, la capacidad de acumulación, reinversión productiva; además claro está, su participación en las políticas estatales. Empero todo esto está asociado a la formación de una masa crítica, formación de científicos y la creación de la capacidad de recepción de transferencia tecnológica  y construcción de una plataforma científica. Lo que tiene que ver directamente con transformaciones en las estructuras e instituciones educativas, algo así como una revolución en la matriz y el diseño educativo, pedagógico y formativo. Como se puede ver ninguna de estas condiciones se cumple.
Ahora bien, si a todo este campo de condicionantes para efectuar la industrialización se le añade la exigencia contemporánea de la condicionante ecológica, si decimos que la industrialización de la que hablamos debe desplegar y desenvolverse en los términos del empleo de tecnología limpia, de lo que se trata es de una industrialización en el marco y el contexto de los equilibrios y complementariedades ecológicas, entonces las condicionantes se hacen más exigentes, y vemos la abismal distancia entre los gobiernos progresistas extractivista y el cumplimiento de estas condicionantes. Por otra parte, si añadimos condicionantes que tienen que ver con las constituciones, por ejemplo con el ejercicio de la democracia participativa, vemos que esta condición política no se cumple. Los pueblos no son consultados, no se consensuan las políticas, no se consensuan  las leyes, no se ejerce la participación ni en la decisión política, ni en las leyes, ni en la gestión pública. Entonces estamos ante distancias muy grandes entre el ejercicio de gobierno y las prácticas participativas. Puede verse por lo tanto que la acumulación de la presión social tiene que salir por alguna parte, tiene que derivar en el conflicto. El conflicto se convierte entonces en el síntoma, en la indicación material de un malestar profundo, en la señal corporal de causas y contradicciones profundas. También se convierte el conflicto en signo de la narrativa de los acontecimientos; los conflictos expresan el desacuerdo, el desborde democrático, la manifestación popular, colectiva, proletaria y comunitaria respecto a un orden institucional, que se mantiene incólume, como si nada hubiera cambiado. Que ha resistido a los embates de las luchas, de las movilizaciones, del proceso constituyente, de la decisión electoral de las mayorías. Los cimientos, las columnas, la arquitectura del orden institucional antiguo se mantienen inmóviles, como si el terremoto no les hiciese nada. Después de la tormenta todo vuelve a su cauce, todo vuelve a su lugar, todo vuelve a ordenarse; el clamor, la catarsis social pasó; ahora hay que volver a gobernar. Para esto son buenos los gobernantes, los funcionarios, los abogados, los administrativos, mejor si cuentan con cierto asesoramiento de expertos de otros gobiernos afines, que también pasaron por lo mismo; mucho mejor si se involucran de buena voluntad técnicos de las empresas trasnacionales a coadyuvar en los contratos de operaciones, en el manejo técnico de las empresas estatales, en la administración de las empresas estatales. Al final de cuentas se trata de lograr lo que todos persiguen, la eficiencia. Lo demás, las demandas sociales, se pueden resolver de varias maneras; hay una gama de cartas para ello. Desde enseñarles a las masas el realismo político, el pragmatismo y la paciencia, hasta métodos de disuasión y de represión, pasando por toda clases de manipulaciones. Empero, lo que no se puede hacer es introducir el desodoren en la administración pública, no se puede aceptar por ningún motivo la participación plebeya. Eso es utopía, seamos realistas ajustémonos a lo posible y viable.
En tanto signos los conflictos nos muestran una dramaturgia conocida.  Mientras los gobernantes controlan el timón del barco y luchan contra las fuerzas naturales para mantener la nave estable, no pueden controlar los motines en la embarcación. Entonces dicen los voceros del gobierno, los agoreros de la política realista, que nos encaminamos al naufragio o a la deriva, lo peor es que en río revuelto se da la ganancia de pescadores. Anteriores gobernantes de la nave volverían a tomar el timón y a darnos otra vez su curso. A nadie se le ocurre pensar que esta nave especial, que es más que el mismo Estado, pues involucra a sus sociedades y comunidades, a sus territorialidades, ecosistemas y biodiversidades, sus yacimientos geológicos, puede ser conducido de otra manera, es más que requiere ser conducida de otra manera. Requiere la participación de todos para encontrar el rumbo adecuado, rumbo que no es secreto de ningún mapa, menos de un mapa imaginario en la cabeza de un clarividente. Son los saberes en circulación, el intelecto general, la potencia social y la riqueza común, las que pueden introducir una forma de conducción colectiva, social, comunitaria en formas participativas, enriqueciendo la construcción integral de las decisiones, pero también de la orientación en plena contingencia embravecida. De hecho los gobernantes de la nave, los que controlan el timón, descartan estas alternativas, que les parecen alocadas, pues están hechos, en el mejor de los casos, a la usanza de los viejos marineros, lobos de mar, solitarios, levitando sobre el nubarrón de las contingencias o distantes, en la cúspide de la jerarquía, por lo tanto doblemente solos. A estos gobernantes no les entra en la cabeza que la nave de la que hablamos, nave compleja, vital, histórica, política, económica, social y cultural, está compuesta de otra manera, que la tripulación que la compone tiene uso de razón, que por lo tanto puede aportar e ilustrar sobre la conducción de la nave y la orientación de la ruta. No se les pasa por la cabeza que la organización alternativa pasa por las prácticas participativas, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria.
Por lo tanto hay como dos naves; una, la que está en la cabeza de los gobernantes, que responde a los planos antiguos, recogidos en pergaminos; otra, la nave real, compleja, dinámica, en constante armado, respondiendo a planos de consistencia vitales. Como los gobernantes están convencidos de su verdad, quieren domesticar la realidad, quieren ajustarla a los planos de la arquitectura estatal, heredada de templos y del diseño arquetípico de maestros constructores del orden opuesto al caos. Empero los problemas han sobrepasado a las propias posibilidades del Estado liberal, la crisis estructural del capitalismo ha desbordado todos los pronósticos, se ha extendido destructoramente, amenazante, descargando su furia ya no solamente en los cuerpos martirizados de los más explotados, discriminados y marginados, los condenados de la tierra, sino incluso en los cuerpos hasta ahora exultantes de las llamadas clases medias, poniendo en entredicho su propia estabilidad económica, laboral, de seguro, empujándolas a la condición de la precariedad misma. En los países del centro esto se lee como políticas de austeridad,  en los países de las periferias como un abandono completo a la inversión en la estructura de salud, en la estructura educativa, en la estructura productiva. Para los arquitectos del drama social y de las políticas de autoridad o, en su caso, de abandono y desidia, estos problemas quieren resolverse con el incremento de impuestos y con la emisión de bonos, que solo satisfacen el carácter coyuntural de la demanda inmediata sin poder resolver la estructura permanente de la demanda. Estos problemas quieren resolverse descargando en la población el peso de la crisis misma y de la carga administrativa del Estado.
Se puede releer el problema desde otra perspectiva, más bien integral que parcial y sesgada, como se acostumbra, interpretar como sintomatología el conflicto del gobierno con los médicos y los trabajadores de salud, el conflicto con los maestros, incluso el conflicto con los choferes, aunque se dé este último en contra de otro gobierno, el gobierno autónomo municipal de la ciudad de La Paz, el conflicto entonces entre este gobierno autónomo y el gremio transportista; así como también hay que considerar en este cuadro el conflicto entre usuarios y los transportistas. Viendo el panorama podemos considerar por lo tanto estos conflictos como desplazamientos de la crisis de sus núcleos permanentes hacia los espacios colindantes, desde las clases explotadas y condenadas de la tierra hacia las llamadas clases medias; el costo de la crisis ha llegado a ellas. A este fenómeno, de la expansión de la crisis y su efecto extensivo al conjunto de la sociedad, lo llamaremos la desatención estructural del Estado ante necesidades y demandas sociales estructuradas. No se resuelve este problema con la ampliación por dos horas del horario de trabajo de médicos y de trabajadores de salud, no se resuelve este problema estructural descalificando a los maestros mal pagados y mal atendidos en su formación, no se puede resolver este problema con ómnibus de mayor alcance cuando lo que se requiere es desplazarse definitivamente al transporte masivo, sistemáticamente colectivo, de una manera integral, por ejemplo usando los sistemas modernos de rieles, desde trenes hasta metros y tranvías. La ciudad misma debe ser pensada de otra manera, como ciudad del vivir bien, donde se preserve el ambiente sano y saludable para la población, como establece la Constitución, y no se atente contra los derechos de la población con la construcción descomunal de edificios que quitan sol y dan sombra, sin respetar los derechos de los ciudadanos y de los que habitan los espacios aledaños a estos edificios construidos con un mal gusto y en contra de la estética de la ciudad. La concepción de la ciudad del vivir bien no es parcial, obviamente no se llega al vivir bien sólo con barrios nuevos, tampoco sólo con algunas vías de ómnibus colectivos, sino que debe implicar la transformación misma de la concepción urbana, arquitectónica y cultural de la ciudad. Hoy por hoy las ciudades, su administración, se rigen por concepciones comerciales y de mejora de la administración impositiva; por eso terminan distorsionando la poca estética que queda de las ciudades entregando espacios urbanos a las empresas de las construcción, negocio bancario, de las constructoras y de los propietarios, quizás también del lavado de dinero.
Volviendo a la lectura de los síntomas y de los signos del conflicto, podemos decir que hay niveles tanto en lo que corresponde a la sintomatología como en lo que corresponde a la lectura de los signos. Lo inmediato tiene que ver con las demandas expresadas, también con la percepción de las visibles contradicciones, empero estas demandas y contradicciones visibles se asientan en una sedimentación, en una estratificación, en una genealogía de los conflictos y de la lucha de clases, en estructuras del conflicto duraderas y ciclos largos.

Interpretación de los signos del conflicto
Antes una anotación. Ciertamente hay diferencias entre la interpretación de las narrativas literarias, de las escrituras, y la interpretación de los entramados materiales de los acontecimientos, de los tejidos sociales y de las composiciones de los conflictos y las luchas de clases.  Esto es cierto, empero ambas no dejan de ser gramatologías[6], por lo tanto pueden entenderse como narrativas escritas de distinta manera, unas con la escritura, otras con las acciones. 

A propósito de la interpretación de los signos del conflicto, de lo que hemos llamado la narratividad del conflicto, vamos a recurrir al sugerente libro de Gilles Deleuze sobre Proust y los signos, donde encuentra distintos mundos y circuitos de signos, por lo tanto distintos recursos interpretativos. Deleuze escribe:
El primer mundo de la Recherche es el de la mundanidad. No hay medio que emita y concentre tantos signos, en espacios tan reducidos y a una velocidad tan grande. Bien es verdad que estos signos no son homogéneos en sí mismos. En un mismo momento se diferencian, no sólo según las clases, sino según «agrupaciones espirituales» aún más profundas. En cada momento evolucionan, se fijan o ceden sitio a otros signos. De forma que la tarea del aprendiz consiste en comprender por qué alguien es «recibido» en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes… 

El signo de lo mundano aparece como si hubiese reemplazado una acción o un pensamiento. Sirve de acción y de pensamiento. Por lo tanto, es un signo que no remite a algo distinto, significación trascendente o contenido ideal, sino que ha usurpado el valor supuesto a su sentido. Por ello la mundanidad, juzgada desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del pensamiento, aparece como estúpida. No se piensa, no se actúa, se indican signos... El signo mundano no remite a algo, ocupa su lugar, pretende valer por su sentido. Anticipa tanto la acción como el pensamiento, anula el pensamiento y la acción, y se declara suficiente. De ahí su aspecto estereotipado y su vacuidad. No debemos concluir con ello que estos signos sean desdeñables. El aprendizaje sería imperfecto, e incluso imposible, si no pasase por ellos. Están vacíos, pero esta vacuidad les confiere una perfección ritual, un formalismo que no se encontrará en ningún otro lugar. Los signos mundanos son los únicos capaces de causar una especie de exaltación nerviosa, efecto que en nosotros producen las personas que saben emitirlos[7].


Siguiendo con la estratificación de los signos, sus planos y circuitos, también sus mundos, Deleuze interpreta en Busca del tiempo perdido de Marcel Proust y encuentra otros campos de signos:

El segundo círculo es el del amor... Enamorarse es individualizar a alguien por los signos que causa o emite. Es sensibilizarse frente a estos signos, hacer de ellos el aprendizaje... Es posible que la amistad se alimente de observación y conversión, sin embargo, el amor nace y se alimenta de interpretación silenciosa. El ser amado aparece como un signo, un «alma»: expresa un mundo posible desconocido para nosotros. El amado implica, envuelve, aprisiona un mundo que hay que descifrar, es decir, interpretar. Se trata incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo del amor no sólo concierne a la multiplicidad de los seres amados, sino a la multiplicidad de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Amar es tratar de explicar, desarrollar, estos mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo amado. Por esta razón nos es tan fácil enamorarnos de mujeres que no son de «mundo», ni siquiera de nuestro tipo. Por ello, también las mujeres amadas están tan a menudo asociadas a paisajes, que conocemos tanto como para desear su reflejo en los ojos de una mujer, pero entonces se reflejan desde un punto de vista tan misterioso que para nosotros son como países inaccesibles, desconocidos… ¿Cómo podríamos acceder a un paisaje que no es el que vemos, sino al contrario aquel en el que somos vistos? …

Hay, por tanto, una contradicción del amor. No podemos interpretar los signos de un ser amado sin desembocar en estos mundos que no nos han esperado para formarse, que se formaron con otras personas, y en los que no somos en principio más que un objeto entre otros. El amante desea que el amado le dedique sus preferencias, sus gestos y sus caricias. Pero los gestos del amado, en el mismo momento que se dirigen a nosotros y nos son dedicados, expresan todavía este mundo desconocido que nos excluye. El amado nos envía signos de preferencia; pero como estos signos son los mismos que los que expresan mundos de los que no formamos parte, cada preferencia de la que nos beneficiamos traza la imagen del mundo posible en el que otros podrían ser o son preferidos... La contradicción del amor consiste en lo siguiente: los medios con que contamos para preservarnos son los mismos medios que desarrollan estos celos, dándoles una especie de autonomía, de independencia respecto a nuestro amor. 

La primera ley del amor es subjetiva. Subjetivamente, los celos son más profundos que el amor, contienen su verdad. La razón está en que los celos llegan más lejos en la recogida e interpretación de los signos. Son el destino del amor, su finalidad. En efecto, es inevitable que los signos de un ser amado, desde que los «explicarnos», se manifiesten engañosos. Dirigidos y aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que el amado no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala intención del amado, sino por una contradicción más profunda que depende de la naturaleza del amor y de la situación general del ser amado. Los signos amorosos no son como los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan pensamiento y aceren, son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan una exaltación nerviosa especial, sino el sufrimiento de una profundización. Las mentiras del amado son los jeroglíficos del amor. El intérprete de los signos amorosos es necesariamente el intérprete de las mentiras. Su propio destino está contenido en la siguiente divisa: amar sin ser amado. 

¿Qué esconde la mentira en los signos amorosos? Todos los engañosos signos emitidos por una mujer amada convergen hacia un mismo mundo secreto: el mundo de Gomorra que tampoco depende de tal o cual mujer (aunque una mujer determinada pueda encarnarlo mejor que otra); mundo que es la posibilidad femenina por excelencia, como un a priori que los celos descubren. El mundo expresado por la mujer amada es siempre un mundo que nos excluye, incluso cuando nos remite una señal de preferencia. Sin embargo, de todos los mundos ¿cuál es el más exclusivo?...

Interpretamos cada signo de la mujer amada, pero al final de esta dolorosa interpretación chocamos con el signo de Gomorra como con la expresión más profunda de una realidad femenina original. 

La segunda ley del amor proustiano se encadena a la primera: objetivamente, los amores intersexuales son menos profundos que la homosexualidad, su verdad la encuentran en la homosexualidad. Pues, si es cierto que el secreto de la mujer amada es el secreto de Gomorra, el secreto del amante es el de Sodoma... En el infinito de nuestros amores está el Hermafrodita original, pero el Hermafrodita no es el ser capaz de fecundarse a sí mismo, pues en vez de reunir los sexos los separa; es la fuente de la que manan continuamente las dos series homosexuales divergentes, la de Sodoma y la de Gomorra. Es el que posee la clave de la predicción de Sansón: «Los dos sexos morirán cada uno por su lado». De tal modo que los amores intersexuales son sólo la apariencia que recubre el destino de cada uno, escondiendo el fondo maldito en el que todo se elabora. Y, además, las dos series homosexuales son lo más profundo en función de los signos. Los personajes de Sodoma y los de Gomorra compensan con la intensidad del signo el secreto en el que son mantenidos... En su totalidad, el mundo del amor se dirige de los signos reveladores de la mentira a los signos ocultos de Sodoma y Gomorra[8].

De los signos mundanos pasamos a los signos del amor y de éstos a los signos sensibles. Al respecto, Deleuze define estos signos de la siguiente manera:  

El tercer mundo es el de las impresiones o de las cualidades sensibles. Sucede a menudo que una cualidad sensible nos proporciona un extraño gozo al mismo tiempo que nos transmite una especie de imperativo. De tal modo experimentado, la cualidad no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee, sino como el signo de un objeto distinto, que hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier momento puede fracasar. Todo sucede como si la cualidad envolviese, retuviese cautiva, el alma de otro objeto distinto del que en su presente designa. «Desenvolvemos» esta cualidad, esta impresión sensible, como un papelito japonés que abriéndose en el agua liberaría la forma prisionera. Esta clase de ejemplos son los más célebres de la Recherche, y al final se multiplican (la revelación final del «tiempo recobrado» está anunciada por una multiplicación de los signos). Sin embargo, cualesquiera que sean los ejemplos, magdalena, campanarios, árboles, losas, servilleta, ruido de la cuchara o de un canal de agua, siempre asistimos al mismo desarrollo. En primer lugar, una alegría prodigiosa, de manera que estos signos se distinguen ya de los precedentes por su efecto inmediato. Luego, una especie de consciente obligación, que requiere un trabajo del pensamiento: buscar el sentido del signo (sucede, sin embargo, que nos sustraemos a este imperativo, por pereza, o que nuestras búsquedas fracasan, por impotencia o mala suerte: así, por ejemplo, con los árboles). Después, el sentido del signo aparece, descubriéndonos el objeto oculto…

Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí… La razón estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos mundanos. No son tampoco signos engañosos que nos hacen sufrir, como los signos del amor, y cuyo verdadero sentido nos prepara dolor siempre mayor. Son signos verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos plenos, afirmativos y alegres. Son signos materiales… Sin embargo, no estamos todavía en condición de comprender qué es esta esencia ideal, ni por qué sentimos tanta alegría[9]...

Por último tenemos los signos del arte, el sentido de estos signos se encuentra en una esencia ideal. Deleuze define estos signos y su consecuente interpretación de la siguiente forma:

Ahora bien, el mundo del Arte es el último mundo de los signos; y estos signos, como desmaterializados, encuentran su sentido en una esencia ideal. Desde entonces, el mundo revelado del Arte reacciona sobre todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los integra, los colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que todavía conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensibles ya remitían a una esencia ideal que se encarnaba en su sentido material. Pero sin el Arte no habríamos podido comprenderlo, ni superar el nivel de interpretación que correspondía al análisis de la magdalena. Por ello todos los signos convergen en el arte; todos los aprendizajes, por las vías más diversas, son ya aprendizajes inconscientes del arte mismo. En el nivel más profundo, lo esencial está en los signos del arte[10]

¿Qué podemos utilizar de todo esto,  como podemos utilizar esta hermenéutica de los signos de la novela de Proust para aplicarla a la interpretación de los signos del conflicto? Para comenzar, podemos coincidir que se trata también de signos mundanos, sólo que la mundanidad en este caso tiene que ver con el ámbito de las relaciones sociales y del conflicto social en el sentido político como se lo entiende, no tanto así, como en el caso de la novela En busca del tiempo perdido, con las relaciones sociales en el sentido de las estructuras y jerarquías sociales, en el sentido de los signos de una sociedad jerarquizada y aristocrática. Después podemos desplazarnos de los signos del amor a los signos pasionales, a los signos de las pasiones colectivas, pero también de las pasiones encontradas de los bandos en conflicto. También podemos coincidir en los signos sensibles, en los signos materiales, en los signo de la percepción. Empero, en este caso, se trata de paisajes sociales o, si se quiere, de geografías humanas. Los lugares y los escenarios del conflicto. Por último, tenemos los signos del arte; buscaremos en la estética, llegando a ella, a una interpretación estética, recurriendo a una crítica en el sentido de una la ideología estética, tal como la define Paul de Man[11], el sentido integral de la interpretación del conflicto, en sus perspectivas articuladas, históricas, políticas, sociales y culturales.

En lo que viene jugaremos con paráfrasis al texto de Gilles Deleuze sobre la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido[12]. Estas aproximaciones metodológicas al método hermenéutico de Deleuze, este juego de analogías y extensiones de similitudes, no borran diferencias, empero ayudan a experimentar otra interpretación de los acontecimientos, tomados como una narrativa factual y dramática.

El mundo del que hablamos es el moderno sistema mundial, el sistema-mundo capitalista, basado en la economía-mundo capitalista, sistema que configura una geopolítica que diferencia centros y periferias del sistema mundo, asignando a los centros un papel positivo en la acumulación ampliada de capital y condenando a los segundos a un papel negativo en el mismo proceso de acumulación, a la transferencia de recursos naturales. Bolivia forma parte de las periferias, es despojada y desposeída de sus recursos naturales desde la Colonia; esto no ha cambiado, al contrario ha venido actualizándose, desplazándose las formas de los colonialismos, los extractivismos, de acuerdo a las formas hegemónicas de los ciclos del capitalismo. Los signos del mundo tienen que ver con el dinero, la ganancia, los precios, la renta, el salario, la división del trabajo; los signos del mundo en las periferias tienen que ver además con la pobreza, la precariedad, la escasez, el servilismo, la supeditación, la subalternidad, la subordinación. La interpretación de estos signos pasa por la hermenéutica de la mutación y de la velocidad de las experiencias. De forma que la tarea del intérprete consiste en comprender por qué alguien es  albergado en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes. Los signos del mundo nos llevan a interpretar las formas concretas de la lucha de clases, las formas específicas de la dominación, las formas concretas de las manipulaciones y  del gobierno de los sacerdotes. Los signos mundanos son signos de acción y de pensamiento, son signos de luchas y de recursos discursivos. Son signos de circulación y de diferenciación, signos que dibujan las geografías y los escenarios del mundo. Se trata de signos que ponen en la superficie de las cosas el significado de los hechos; en este sentido se puede decir que lo más profundo está en las superficies. Por ello la mundanidad, juzgada desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del pensamiento, aparece como insulsa. Desde esta perspectiva se puede decir que el pensamiento no puede totalizar esta profusión de flujos de hechos y eventos, cambiantes, veloces y mutables. Los signos mundanos sustituyen a los sentidos, aparecen  en la epidermis de los acontecimientos y valen por su elocuencia empírica. Los signos mundanos tienen una vida fugaz, no por eso dejan de ser imprescindibles, al contrario son administrados por formalidades y acuerdos, hasta por consensos, nos afectan inmediatamente instigándonos a actuar. 

Los signos del conflicto en el sentido mundano, del conflicto de la coyuntura, nos muestran la proliferación de las demandas, que no necesariamente tienen que ver con la crisis del proceso, sino que muchas de ellas vienen desde atrás, desde antes, desde el pasado mediato. Tienen que ver con el fracaso del Estado y las resistencias sociales, con las luchas contra las formas del capitalismo periférico. Otras demandas tienen que ver directamente con la crisis del proceso, como la efectuada por las naciones y pueblos indígenas originarios. Las demandas de largo y mediano plazo se mezclan con las demandas relativas a la crisis del proceso dibujando una coyuntura explosiva. Ponen en cuestión la representación del Estado y el carácter del gobierno. Las preguntas de fondo son: ¿Por qué los trabajadores tienen que ganar por debajo de la satisfacción de sus necesidades? ¿Por qué tienen que ser los condenados de la tierra? ¿Por qué no cambia esta situación? ¿Por qué no se invierte en la infraestructura de salud y en la logística educativa en gran escala? ¿Acaso no estamos en un proceso de cambio? ¿Por qué se culpa a los maestros por el fracaso de las reformas educativas? ¿Por qué se culpa a los choferes por la evidencia des-armante de un transporte comercial? ¿Por qué se carga la furia estatal sobre los cuerpos de los manifestantes, en su mayoría estudiantes, además de los trabajadores de salud, fuera de los médicos? ¿Por qué se descarga sobre las naciones y pueblos indígenas el peso de la destrucción del modelo extractivista del capitalismo dependiente? La interpretación de los signos del conflicto nos habla de varias crisis; por lo menos de tres, la crisis del proceso, la crisis del Estado, la crisis del capitalismo periférico.

Siguiendo la sedimentación de los mundos de signos y la estratificación de las interpretaciones posibles, hemos dicho que vamos a hablar de los signos pasionales, de las pasiones en las que se encuentran involucrados los bandos en conflicto. El gobierno, por un lado, acompañado por las organizaciones sociales campesinas y otras organizaciones urbanas, como algunas centrales obreras regionales y juntas de vecinos, que lo apoyan. Los movimientos sociales anti-sistémicos, las naciones y pueblos indígenas originarios, las organizaciones indígenas, la COB, los estudiantes, otras juntas de vecinos y otras organizaciones regionales, por otro lado. En este caso, no ocurre como con los signos del amor, que ciertamente es una pasión, que se enfocan en una persona y se individualizan; en el caso de los signos pasionales la percepción es más difusa y desenfocada, si es que no decimos que se trata de un juego de enfoques, aunque parezca ocurrir una cierta individualización y personificación, cuando el repudio identifica gobernantes. Se trata más bien de afectos colectivos que descargan su pasión en instituciones, en los espectros institucionales y en las representaciones institucionales, aunque terminen nombrándolas como si fuesen personas e individuos.  Sin embargo, como en el caso de los signos del amor, se trata incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo de las pasiones no sólo concierne a la multiplicidad de los seres estimados o repudiados, sino a la multiplicidad de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Estar apasionado es tratar de explicar, desarrollar, estos mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo estimado o amado, en lo valorado o descalificado. Hay por lo tanto contradicciones en las pasiones, no solo porque son encontradas, sino porque reclaman imágenes e imaginarios que les anteceden, correspondientes a instituciones que fueron formadas con mucha anterioridad, temporalidad que excede la vida de los individuos y a la vida de una generación. Se exige respuestas como si se tratase de personas; el Estado es el patriarca otoñal. La relación paternal aparece en unos y en otros. Los gobernantes también se creen la encarnación del padre ancestral. Por un lado, se exige manifestaciones de condescendencia, por otro lado, se exige respeto a la investidura. Empero los gestos institucionales expresan la fenomenología de un mundo desconocido, el mundo del poder, que nos excluye. Los medios con que contamos para preservarnos son los mismos medios que desarrollan las insatisfacciones y las frustraciones, otorgándoles una especie de condena, de fatalidad respecto a nuestras pasiones. 

La primera ley de las pasiones es subjetiva. Subjetivamente, las pasiones son recónditas, devienen de una expectativa ancestral, contienen una verdad no revelada. Por eso los signos pasionales resultan engañosos. Dirigidos y aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que la institución no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala intención, sino por una contradicción más insondable que depende de la complexión de la institución y de la situación general de las demandas. Los signos pasionales no son como los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan pensamiento, son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan una exaltación nerviosa especial, sino la angustia de una excavación en la matriz de los acontecimientos. Los subterfugios institucionales son los jeroglíficos de las pasiones. El intérprete de los signos pasionales es necesariamente el intérprete de los disfraces. Su propio destino está contenido en la siguiente divisa: esperar una respuesta que nunca ha de llegar. 


La segunda ley es objetiva, las pasiones evidenciadas son menos hondas que la intersubjetividad, su verdad la encuentran en el aniquilamiento. En el infinito de nuestras pasiones está el origen mítico, sin embargo la institución no es el ser capaz de fecundarse a sí misma, pues en vez de reunir la pluralidad las separa; tampoco tiene el atributo de la reproducción, sino de la permanencia y la inmovilidad. De tal modo que las pasiones evidenciadas son sólo la apariencia que recubre el destino de cada quien, escondiendo el fondo perverso en el que todo se elabora. Y, además, las series de aniquilamiento son lo más subterráneo en función de los signos. En su totalidad, el mundo de las pasiones se dirige de los signos reveladores del disimulo, a los signos ocultos del aniquilamiento y el antagonismo absoluto.

Ahora estamos con los signos de las cualidades sensibles. Sucede a menudo que una condición sensible nos proporciona una extraña complacencia al mismo tiempo que nos transmite una especie de mandato preceptivo. De tal modo experimentado, la condición sensible no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee, sino como el signo de un objeto distinto, que hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier momento puede fracasar. Todo sucede como si la condición envolviese, retuviese cautiva, la intimidad de otro objeto distinto del que en su presente designa. La interpretación de los signos sensibles concurre por asociación y analogías; funciona como una inteligencia intuitiva que opera por comparaciones, mejor dicho por aproximaciones y parecidos, por integraciones sucesivas. En todo caso se trata de la memoria, que remonta el tiempo de manera inversa a como avanza.  En primer lugar, una alegría prodigiosa, de manera que estos signos se distinguen ya de los precedentes por su efecto inmediato. Luego, una especie de consciente obligación, que requiere un trabajo del pensamiento: buscar el sentido del signo. Después, el sentido del signo aparece, descubriéndonos el objeto oculto.

Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí. La razón estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos mundanos. No son tampoco signos embaucadores que nos hacen sufrir, como los signos del amor o que nos afectan como los signos pasionales, y cuyo verdadero sentido nos prepara un dolor siempre mayor o un afecto más intenso. Son signos verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos plenos, afirmativos y alegres. Son signos materiales; sin embargo, no estamos todavía en condición de comprender qué es esta inmanencia, ni por qué sentimos tanta alegría.

Los signos materiales del conflicto son las calles, los bloqueos, los caminos, por eso mismo también las losas, el asfalto, los objetos y materiales del bloqueo, las explanadas de los caminos, pero también los paisajes colindantes, los árboles, los ríos, también las montañas de la Cordillera y después la meseta silenciosa del Altiplano. Cuando se llega, son las calles y las casas de las ciudades. También hay que nombrar las sensaciones, de calor o, en su caso, de frío, dependiendo dónde se encuentre la marcha o dónde se suscita la movilización. También debemos tomar en cuenta las sensaciones de hambre y de sed. Una marcha hace recuerdo a otras marchas, un bloqueo a otros bloqueos, en enfrentamiento con la policía a otros enfrentamientos; también la represión hace recuerdo a todas las represiones, pues suspende los derechos y arremete contra los cuerpos, como si hubiese una represión absoluta, repetitiva e inaudita. Hay pues una memoria de las marchas, un recuerdo de los bloqueos y de los enfrentamientos; los signos sensibles del conflicto ayudan a la intuición de las luchas y de las movilizaciones. El sentido se encuentra en un combate ininterrumpido contra la opresión, la dominación, la explotación, la conculcación de los derechos y el control reiterativo del capital.

Los signos estéticos corresponden al último mundo de los signos; y estos signos, como desmaterializados, encuentran su sentido en una existencia inmanente. ¿Se trata de un sentido integral? ¿Un sentido que ha totalizado todos los signos, todas las interpretaciones de los signos, todos los otros mundos? Mas bien diremos que los signos estéticos develan la capacidad creativa y la potencia social, la biopolítica colectiva opuesta al biopoder. Desde entonces, el mundo revelado por la estética reacciona sobre todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los integra, los colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que todavía conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensibles ya remitían a una creación alegre y desbordante, que se encarnaba en su sentido material. Pero sin la estética no habríamos podido comprenderlo, ni superar el nivel de interpretación que correspondía al análisis intuitivo. Por ello todos los signos convergen en la estética; todos los aprendizajes, por las vías más diversas, son ya aprendizajes inconscientes de la estética misma. En el nivel más profundo, lo primordial está en los signos estéticos pues son creativos. Hablamos de la auto-poiesis.

Los signos estéticos del conflicto son como la confluencia de todas las interpretaciones de todos los otros signos del conflicto. Es el sentido mayúsculo creado por los movilizados, los marchistas, los bloqueadores, los combatientes; es la utopía, el horizonte abierto por las luchas. Es el sueño de la alteridad y la dimensión secreta de lo alternativo. Más allá de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, es lo estético, es el encuentro entre el artista, que en este caso son las multitudes, y la multiplicidad de formas de la materia, convertida en plasticidad para la creación colectiva.


Fenomenología del conflicto
    
Tenemos que oponernos a los negociadores del conflicto, a los que se hacen llamar conflicto-logos. Esta metodología confunde el conflicto con la concurrencia mercantil y la competencia en el mercado.  Hay que lograr acuerdos a partir de los puntos coincidentes, negociando los puntos en conflictos. Así como hay expertos en mercadotecnia, hay también expertos en el mercado del conflicto, o del conflicto convertido en una concurrencia. Estos expertos no entienden nada, todo lo han reducido a la competencia o a la lectura distributiva y cuantitativa del conflicto, creen leer curvas del conflicto, como si fuese una geometría analítica. Obviamente están muy lejos de acceder a los signos del conflicto y a las hermenéuticas de estos mundos de signos. Están lejos de entender que el conflicto es parte del gasto heroico de las multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, las mujeres, las subjetividades diversas, los condenados de la tierra. Es la entrega cualitativa que no se puede cuantificar, son los flujos y las líneas de fuga que no puede atrapar la geometría analítica. Es la creación del espacio liso que de-construye el espacio estriado, es la desterritorialización inmensa de la movilización que desarma las cartografías del poder.

La fenomenología, palabra que viene del griego antiguo  φαινόμενoν, que quiere decir aparición, manifestación, combinada con λογος, que significa estudio,  es una corriente filosófico que estudia los fenómenos tal como se presentan a la conciencia, es decir, que estudia a los hechos, eventos y acontecimientos en tanto que se manifiestan. La fenomenología fue un movimiento filosófico del siglo XX, que puede ser identificado por su pretensión radical de fidelidad a lo dado o, si se quiere a lo que va dándose, que puede ser muy bien expresado como experiencia. Nosotros retomaremos la fenomenología en el sentido de experiencia de las multitudes, por lo tanto como devenir, también como hermenéutica colectiva y comunitaria.

Por lo tanto la fenomenología del conflicto tiene que ver con la experiencia de las multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, los movilizados. Esta fenomenología expresa entonces el devenir de la experiencia en memoria e interpretación colectivas, en devenir de las expresiones de las multitudes, formas que tienen que ver con la multiplicidad de los lenguajes, lenguajes discursivos, lenguajes corporales, lenguajes de la imagen. También se trata del devenir utopía, del devenir horizonte, así como también del devenir alteridad y alternativa, la invención de otro campo de relaciones, la constitución de otras subjetividades e intersubjetividades.

Las manifestaciones del conflicto social en la coyuntura nos trasladan a los espesores de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos; los recientes, la memoria inmediata, los anteriores, la memoria mediata, los más antiguos, la memoria larga. Hay como una memoria acumulativa. Importa, por el momento evaluar la relación del conflicto reciente con las luchas sociales desatadas en el periodo del 2000 al 2005, pues tienen que ver directamente con la crisis del proceso. La interpretación colectiva es la de un fracaso, pero no se trata del fracaso del proceso sino del fracaso de los gobernantes, pues la interpretación más compartida es que el proceso emerge y forma parte de los mismos movilizados. El proceso emerge de la dinámica de los cuerpos, del flujo de afectos de los cuerpos de las multitudes. Lo que ocurre con los gobernantes es otra cosa, ellos son otra cosa, no son el proceso, son como la reiteración de lo conocido, de lo vivido en la experiencia, responden a los signos y símbolos del Estado, a las conductas y comportamientos del esquematismo estatal. Son como el contra-proceso, lo que se opone a la creatividad de la movilización y la participación.

Por eso resulta gracioso observar las pretensiones de parar el conflicto con maniobras o con represiones, con trampas y disuasión, sino son con violencias. Pretender parar el conflicto con divisiones y estigmatizaciones de los movilizados. Con decretos y leyes, con acuerdos precipitados, que quieren mantener la apariencia de que no se ha perdido, que al final, a pesar de que ustedes, los otros, los movilizados, lograron sus objetivos, Yo, el Estado, el gobierno, los órganos de poder, imponemos la formalidad  del acuerdo. Esto sólo dura un momento, pues la estructura del conflicto no ha desaparecido. La salida no está en la astucia de los políticos, pues esta sólo alcanza lograr la ilusión una perdurabilidad fugaz mediante un acuerdo, lo que puede durar la satisfacción de una maniobra. Las olas del conflicto volverán con el vaivén de los flujos y reflujos.

         
          

La densidad imaginaria de los centrismos
Esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos
Recuerdo una tarde que discutía con mi querido amigo Juan Pelerman Fajardo sobre la cuestión nacional; también estaba  Nicómedes Sejas, un intelectual aymara, quien estudió filosofía[13]. Nos conocimos durante la resistencia a la dictadura del general Hugo Banzer Suarez; formábamos parte del inter-facultativo, una organización estudiantil clandestina que articulaba la resistencia a la ocupación de la Universidad Mayor de San Andrés. Me acuerdo, que en el debate acalorado que tenía con mi bien ponderado y lúcido activista e intelectual Juan Pelerman,  Nicómedes Sejas dijo: No basta ser boliviano, no basta haber nacido en Bolivia para conocer la cuestión nacional, para conocer su problemática. Hoy recuerdo esa frase tan clara y pertinente.  Nicómedes Sejas siempre ha sido así, pertinente. Recuerdo también una sugerente posición de  Nicómedes Sejas durante la experiencia del inter-facultativo; en ese periodo de resistencia. Todos los grupos de izquierda formaron sus grupos de estudio; estudiábamos marxismo, por lo menos los textos de lectura requeridos, aunque a mí me gustaban los más teóricos. Todo el mundo competía por ser marxista, el más marxista. En ese entonces  Nicómedes Sejas leía a Hegel, recuerdo que se trataba de La ciencia de la lógica; decía no se puede entender a Marx sin leer a Hegel. Tenía toda la razón. Creo que Nicómedes Sejas era un filósofo nato; tranquilo, siempre al alcance de frases meditadas. Después de un tiempo, ya fuera de la universidad, volví a ver a Nicómedes Sejas en una reunión de un grupo de intelectuales del movimiento katarista, movimiento político-cultural anticolonial y descolonizador; los kataristas fueron la base organizativa y de apoyo de la CSUTCB de Genaro Flores, la primera organización nacional campesina independiente del Estado y con un discurso anti-colonial. Fue una reunión interesante en el Tambo Quirquincho[14]. Se discutió un más allá del marxismo. En ese entonces yo era deleuziano y obviamente me parecía superado el marxismo. Nicómedes Sejas dijo: No le pregunten a Raúl sobre ese tema pues él ya considera superado el marxismo. Nicómedes Sejas siempre me llamó la atención. Yo esperaba una dedicación a la filosofía de parte de él. Empero, la vida lo llevó por otros caminos, incluso por caminos contradictorios a las tesis Kataristas; lo mismo ocurrió con Víctor Hugo Cárdenas, que era como el ideólogo del katarismo por aquel entonces. No vamos a discutir aquí estas concretas rutas a la deriva, pues se comprometieron con el proyecto neoliberal; lo que hacemos es resaltar el papel del katarismo en la construcción de un pensamiento descolonizador.  Por otra parte, no olvidar que la tarea de este ensayo es poner en mesa de discusión el problema de una herencia ideológica; hablo de los esquemas de imaginarios centrismos auto-centrados y auto-referidos, que sustancializan identidades como principio ontológico. Me parece que aquí se repite un esquematismo religioso, el de las grandes religiones monoteístas, que puede resumirse en el mito del pueblo escogido por Dios. Este esquematismo religioso debe ser develado, pues de lo que se trata es de seguir los recorridos y responder a los desafíos de la descolonización. Cuando se aborda este gran tema y problemática histórica es indispensable llevar el análisis y la reflexión hasta sus últimas consecuencias.
Volví a encontrar a Nicómedes Sejas en el entierro de mi tía Eliana Alcoreza de Eizaguirre, en el Cementerio Jardín; me habló con mucho cariño de mi tía, lo que no dejaba de sorprenderme, pues si bien mi tía fue la primera decana de la Facultad de Ciencias Sociales, que venga el reconocimiento de parte de Nicomedes Sejas me agradó mucho. La última vez que me volví a encontrar con Nicómedes Sejas fue en un seminario sobre el TIPNIS. Yo expuse mi punto de vista, en defensa del TIPNIS y por la descolonización. Nicomedes habló, esta vez lo hizo con pasión, dejando su acostumbrada tranquilidad. En ese momento tuve la comprensión de la importancia del recuerdo, de la concomitancia de la memoria; con Nicomedes Sejas habíamos compartido momentos de resistencia, aunque después Nicomedes se haya alejado en una coyuntura fatídica; sin embargo, lo compartido no se borra de la memoria. Tomé consciencia de lo que habíamos conllevado, lo que teníamos en común, pero también lo que en otro periodo nos distanció. Empero, volviendo al asunto, quiero retomar esa frase de Nicomedes Sejas, no es suficiente ser boliviano, haber nacido en Bolivia, para conocerla. Esta frase indudablemente es anti-esencialista, anti-sustancialista y anti-fundamentalista. Hay que retomar las prudentes posiciones de Nicomedes Sejas del periodo de resistencias.
A lo largo de la historia política reciente se han conocido posiciones que podemos reconocerlas por sus presupuestos esencialistas, sustancialistas y fundamentalistas. A estas posiciones se las puede reconocer por su punto de partida; hay como un presupuesto ontológico afectivo; nuestra verdad radica en lo que somos, lo que somos es suficiente para afirmar nuestra verdad, frente a la impostura occidental. Nuestro conocimiento es superior pues es anti-colonial. El hecho de que seamos lo que somos, de que hayamos nacido en nuestro territorio y continuemos la herencia y la tradición ancestral, nos hace propietarios de un conocimiento propio. Estos presupuestos son sólidos y consistentes, afirman una perspectiva política que se gesta en la comprensión de la experiencia colonial. Estas son las bases del anti-colonialismo y del orgullo propio, de la identificación de la potencia social de lo nuestro, lo colonizado, subyugado y dominado. Es como cuando dice Frantz Fanón que la violencia cristalizada en nuestros huesos se la revierte al colonizador; la construcción de la identidad propia pasa por este momento de ruptura. Empero, esta matriz no puede quedarse ahí, tiene que ser trabajada, tiene que confrontarse y contrastarse, situarse en el mundo. En otras palabras, hay que tomar conocimiento de lo que somos históricamente, de los contextos en los que nos movemos y la genealogía de las coyunturas de las luchas. No basta con nacer y ser distinto, es indispensable constituir la diferencia política y epistemológica.
Quedarnos en la constatación de la diferencia es sólo eso, descubrir una distinción, empero queda un camino largo  que tiene que ver con construir una alternativa. La historia del katarismo ha sido rica en lo que respecta a retomar la memoria larga y actualizar la lucha anti-colonial y descolonizadora, empero también ha sido una historia complicada por habernos mostrados los límites de una ordenación orientación que no lleva hasta sus últimas consecuencias sus propios postulados. El katarismo es indudablemente la base de los contemporáneos discursos anticoloniales y descolonizadores, ha servido de base para la conformación de los sindicatos independientes campesinos, las centrales sindicales  y la confederación sindical. También ha sido la base ideológica para la conformación de los partidos kataristas, incluso para lo que después va a ser el proyecto de lucha armada del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). Empero esta base ideológica ha sido usada para justificar divisiones y hasta rencillas por cuotas de poder. El katarismo se hace trizas, incluso una de sus versiones termina justificando su alianza con el proyecto neoliberal del MNR de Sánchez de Lozada. ¿Qué pasó?
No era suficiente declararse katarista, era indispensable sacar las consecuencias políticas y conceptuales de ello. Lo peligroso era usar el katarismo como capital político para lograr acuerdos y alianzas, que podían terminar orientando el proyecto por otro lado, repitiendo las prácticas de la política criolla. El sector katarista de Genaro Flores entra a la UDP y el sector katarista de Macabeo Chilla se alía con el MNR de Paz Estensoro, más tarde el sector katarista de Víctor Hugo Cárdenas se alía al proyecto neo-liberar de Sánchez de Lozada. Le otorga la cara indígena a un proyecto que no dejaba ser la renovación del colonialismo por la vía de la desposesión y el despojamiento de tierras y recursos naturales en tiempos de la crisis estructural del capitalismo. El sector katarista de Fernando Untoja justifica una alianza con el partido del general Banzer, en su etapa democrática, lo que habilita el ingreso de Fernando Untoja al Congreso como diputado. En una discusión que tuve con Fernando Untoja a propósito de esta alianza, ante mi interpelación, me dijo que la izquierda también había hecho lo mismo, se había aliado con Sánchez de Lozada. Lo que no dejaba de ser cierto, si tomamos en cuenta a izquierdistas seducidos por el “gringo”. Empero no justificaba, desde ningún punto de vista, la alianza con Banzer y la ADN.
El katarismo que retomó la radicalidad del discurso de Fausto Reinaga es el de Felipe Quispe. El katarismo parecía haber desaparecido, debido a las divisiones y vaivenes políticos, empero durante el periodo de resistencias al neoliberalismo de la década de los noventa, aparecía renovado, retomando incluso la versión original de Túpac Katari, la versión militar y la expresión de la movilización indígena del cerco. Felipe Quispe corrige las interpretaciones kataristas que podríamos llamarlas incluso reformistas, lanzando una guerra de razas en la perspectiva de una descolonización. El discurso de las dos Bolivias fue contundente. Forma parte de las expresiones radicales de las luchas sociales del 2000 al 2005. Desde los acontecimientos de septiembre del 2000 hasta ahora, en plena crisis del proceso de cambio (2012), vemos que el katarismo está no sólo vigente sino que tiene que ver con la comprensión del momento y de la crisis del proceso.
Al respecto, una pregunta que debemos hacernos, revisando los acontecimientos, es: ¿Por qué Evo Morales y no Felipe Quispe? ¿Por qué el primero llegó a la presidencia y el segundo no pudo continuar con su proyecto insurreccional? Esta pregunta es clave, no sólo para los aymaras, también para los quechuas, así mismo para todos los pueblos indígenas de tierras altas y tierras bajas, como también para todos los bolivianos, mestizos y migrantes a las urbes. Esta pregunta es importante ante la crisis del proceso. Para responder esta pregunta no vamos a optar por el camino fácil; partir de la división del Movimiento Indio Pachacuti (MIP), del debate y de la división entre Germán Choquehuanca y Felipe Quispe. Pues este debate está saturado de una típica división partidaria. Al respecto no tomaremos partido por nadie, ni por Germán Choquehuanca ni por Felipe Quispe. Este es un tema que tendrá que aclararse con el tiempo. Optaremos mas bien por un camino difícil; por escudriñar en el campo de posibilidades del movimiento indígena aymara del Altiplano, cuyo núcleo se encuentre en la provincia Omasuyos.
Pero, antes debemos resolver el problema planteado, recogiendo las tesis de Nicómedes Sejas, que para el caso tendríamos que expresarla de otra manera, más específica. No es suficiente ser aymara, nacer aymara, para conocer la problemática colonial; extendiendo, también podríamos decir que no es suficiente ser quechua, nacer quechua, para conocer la problemática colonial. Lo mismo podríamos decir de todas las identidades colectivas. La generalización podría darse también el sentido de no es suficiente ser alguien para conocer la problemática existencial. Esto tiene sentido pues el fenómeno de los centrismos imaginarios, de su sustancialización y ontologización, no sólo es cultural y étnica, sino también institucional y organizacional; por ser lo que soy, sindicalista, izquierdista, comunista, etc., por ser por tanto el centro protagónico de la historia del mundo tengo el privilegio del conocimiento absoluto, soy la consciencia histórica. Este fenómeno de los centrismos imaginarios se manifiestas de manera elocuente y pasional con las religiones, las grandes religiones, las religiones monoteístas.
El reconocimiento de lo que sé es, la identidad, es la base fundamental de la resistencia, emancipación y liberación; esta identidad es primordial en la lucha anticolonial y por la descolonización, empero ahí no puede quedar el discurso y la reflexión; es indispensable construir el conocimiento emancipador de esta experiencia. Es primordial abrir el camino hacia la descolonización efectiva, para eso también es indispensable darse como tarea la descolonización de uno mismo o de una misma, puesto que la colonia también está cristalizada en nuestros huesos. En esta perspectiva es indispensable discutir la experiencia de la guerra anti-colonial del siglo XVIII, del levantamiento indígena pan-andino, de las perspectivas planteadas por Túpac Amaru, Tomas Katari y Túpac Katari. Discutir los alcances de la descolonización y de las alianzas con los mestizos. Tema pendiente. Del significado de la lucha anticolonial y anticapitalista en la actualidad, de la participación de todos los involucrados en esta lucha, de la participación de los movimientos sociales anti-sistémicos emergentes, de la problemática regional y continental, además de mundial. Y, obviamente, es menester evaluar críticamente el proceso de cambio, su crisis y contradicciones. Ante esta gama de problemas no se puede responder con una reiteración afectiva de la identidad. Soy lo que soy, los que no son lo que soy están descalificados de antemano. Este fundamentalismo peca no solamente por no ser reflexivo sino por tener consecuencias debilitantes del propio proyecto político descolonizador y anti-capitalista.
El problema político y  cultural de la descolonización no se puede reducir a un problema genético; no lo es, es un tema histórico y político, además de social. Las posibilidades del conocimiento de estas problemáticas no derivan de una herencia genética, ni del lugar donde nací. Esto depende de las posiciones que se toman y de la apertura de la crítica, de la capacidad política, de la potencia social y de las fuerzas desencadenadas. La experiencia de las luchas sociales, de la movilización prolongada del 2000 al 2005, nos muestra la confluencia de la potencia social de múltiples movimientos sociales anti-neoliberales, en parte anti-coloniales y anti-capitalistas. La lucha contemporánea se decide en las ciudades, la articulación ciudad-campo es indispensable para la victoria política. Las tres victorias del ciclo de movimientos sociales del 2000 al 2005 estuvieron selladas por una alianza ciudad-campo; la guerra del agua, la guerra del gas y la movilización de mayo y junio del 2005 que toma El Alto, La paz, Oruro, Potosí, concluyendo la toma de la ciudad de Sucre. La grandiosa movilización de septiembre del 2000, que sitió a cuatro ciudades del eje central, que ocupó territorialmente el país, tuvo una victoria, por así decirlo militar, empero lo que se ganó en los caminos se perdió en la mesa de negociaciones.
En otras palabras, no es posible pensar en una lucha de unos contra todo, descartando a los demás que están involucrados en la lucha. Esta posición deriva en el aislamiento y en la derrota. Tampoco se puede caer en un desmesurado afecto por la distinción pura, por el orgullo etno-centrado y local-centrado, que no lleva a otra cosa que a un egocentrismo. La lucha política exige descentramientos, el tratamiento integral y des-localizada de la crisis, la coordinación de los movimientos, la incidencia de las alianzas. Por otra parte, la descolonización exige el descentramiento de los egos, el desapego a los caudillismos, la liberación de las auto-referencias. Es indispensable abrirse a la construcción de conocimientos colectivos y la recuperación de saberes colectivos. Bueno, todo esto también nos lleva a escapar de la facilidad de las descalificaciones. Optar por la investigación, el conocimiento crítico y el debate abierto, buscando siempre el análisis.
Los esencialismos, los sustancialismos y los fundamentalismos son mas bien síntoma de una profunda debilidad. La demarcación de lugares privilegiados, únicos, la resonancia de un centro trascendente, jerarquizado sobre todo los demás espacios, no es más que una religión. Se parece mucho a la repetición de los esquemas de la tradición judeo-cristiana, por eso mismo no parece ser otra cosa que una reminiscencia colonial. Los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos chocan con una perspectiva pluralista, con un pensamiento pluralista, incluso con una interpretación animista e inmanentista, que considero es propio de las cosmovisiones de los pueblos indígenas. Llegar a extremos de descalificar a los que no nacieron donde yo nací, a los que no viven donde yo vivo, es extremar descomunalmente el centramiento en uno mismo. En el fondo se dice lo siguiente: nadie salvo yo puede hablar de estos temas, los demás son unos advenedizos. ¿Por qué se llega a efectuar estos gestos? En este caso, el caso de estos extremos ego-céntricos, no se puede adjudicar la causa sólo a los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos. Pues estas conductas no tienen que ver estrictamente con estos fenómenos ideológicos sino mas bien con las propias concurrencias del mundo moderno, de su modernidad competitiva, llena de exigencias, de representaciones y sobre todo de publicidad. El reconocimiento anhelado responde a las concurrencias de las instituciones modernas, sean académicas o no. A este juego se han prestado los individuos empujados a la competencia. No es sorprendente encontrar en este juego no solamente en personas no comprometidas con proyectos de resistencia y emancipatorios, encontrar en este juego a personas no comprometidas con proyecciones críticas, por lo tanto personas totalmente adscritas a la concurrencia fetichista de las mercancías,  sino lo sorprendente es que también nos topamos también en este juego competitivo a personas que se dedican a la crítica y tienen posiciones políticas contrarias a las dominaciones capitalistas-coloniales, incluso críticas al diletantismo de los gobiernos progresistas. Gran parte de la contienda entre las izquierdas tiene que ver con estas concurrencias que llegan a las descalificaciones mutuas. Otro escenario de esta competencia por los reconocimientos es el mundo académico. Empero, este ya no es un problema ideológico, como en el caso de los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos. Es un problema de las individuaciones y las individualidades. Lo que forma parte y se explica debido a la irradiación de la concurrencia mercantil.
En relación a lo que evaluamos, la tesis que sostenemos es que el tratamiento crítico de la problemática política e histórica de la colonialidad no está garantizado por una ubicación territorial, por una herencia genética, por un privilegio de auto-centramiento y auto-referencia, sino por la posición crítica y deconstructiva de la problemática en cuestión. Ahondando en la tesis de Nicómedes Sejas, en su periodo de resistencias y de crítica, de lo que se trata es de apropiarse de la estructura y la composición de la problemática, comprender su temporalidad, su contexto y la coyuntura. Al respecto, podemos comenzar diciendo que la colonización y la colonialidad es un fenómeno mundial, ha afectado directamente por lo menos a las tres cuartas partes de la geografía mundial y de la demografía de la población mundial. No es algo que nos ha ocurrido nosotros nomas, sino a la mayoría de los pueblos que tuvieron que soportar la violencia descomunal de la expansión capitalista. En este sentido es indispensable revisar estas experiencias, las experiencias de las luchas anti-coloniales, los conocimientos críticos de la descolonización, las teorías que se han dado en la deconstrucción de la colonialidad y la dominación capitalista. Creer que somos nosotros los únicos que hemos elaborado teorías descolonizadoras ya es un débil punto de partida. La necesaria comprensión de la problemática en su dimensión mundial nos lleva también a comprender que la lucha contra el colonialismo y capitalismo es mundial, que es muy difícil que pueda vencerse esta lucha en un solo país, mucho menos en una sola micro-región o, en su defecto, en una sola localidad. Esta situación nos lleva también a comprender que en la lucha anti-colonial están involucrados varios pueblos y tonalidades de identidades colectivas; también los mestizos e incluso en el mundo las poblaciones de los pueblos del centro del sistema mundo-capitalista, sometidos también a los efectos de una suerte de colonialismo interno replanteado para sus países, en las condiciones de la financiarización de la crisis capitalista. Todos requieren liberarse de las relaciones y estructuras de dominación colonial y capitalista. Todos son víctimas de  estas estructuras y relaciones de dominación, de control y poder del capital. Sólo centenares de familias multimillonarias en el mundo estarían interesadas en el fondo en mantener un sistema basado en la explotación de la fuerza de trabajo, en la dominación de la naturaleza y en la destrucción de las condiciones de vida. Ciertamente estas familias manejan gigantescos monopolios y oligopolios, empresas trasnacionales, el control de los mercados, el control financiero, el control tecnológico, el control mediático y de la comunicación, además del control militar de las armas de destrucción masivas. La lucha contra este sistema no es fácil, pues estos controles, estos monopolios, estos diagramas de poder, ocupan y modulan nuestros cuerpos, afectando nuestras subjetividades. Por eso el recorrido de las resistencias a las emancipaciones y de las emancipaciones a las liberaciones múltiples forma parte de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos en el mundo. La crisis estructural del capitalismo, la crisis financiera, la crisis ecológica, la crisis del modelo energético basado en la energía fósil, abren la posibilidad a una internacional de los pueblos en lucha contra el capitalismo y en defensa de la madre tierra.
Ante tareas de semejante magnitud, es imprescindible desplazarse hacia el sentido de lo común, de las comunidades, de lo comunitario, frente a lo privado y frente a lo público. Autonomizar e independizar la potencia social, la capacidad creativa de la biopolítica de las multitudes frente al biopoder de los Estado-nación y del orden mundial. Esto significa comprender la magnitud de la producción colectiva de conocimientos y del intelecto general. No son los individuos los propietarios del conocimiento, no son los individuos los portadores del fuego santo; son colectividades, son intelectos y saberes generales; se trata de construcciones colectivas. No hay autores ni intelectuales. Hay comunidades y colectividades, formamos parte de ellas, aportando, experimentando, integrando la potencia social. Los perfiles singulares forman parte de esta vivencia colectiva[15].
Ahora bien, ahora podemos responder a una pregunta que llega a ser crucial, considerando la crisis del proceso. ¿Por qué Evo Morales y no Felipe Quispe?
     
Desenlaces políticos y representaciones
Habría que situarse en septiembre del 2000 cuando un gigantesco movimiento indígena y campesino, bajo la dirección de la CSUTCB, toma el territorio del eje central, cerca a cuatro ciudades importantes, La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. La figura sobresaliente, el dirigente interpolador, que recordaba casi inmediatamente al sitio de La Paz de 1871, que se lo asociaba a la imagen de Túpac Katari era el conocido líder, levantado en armas, Felipe Quispe, secretario general de la confederación campesina. El discurso de las dos Bolivias, la qhara, blanca-mestiza y la indígena, caló hondo y dirimió las aguas. Desde lo profundo emerge nuevamente la guerra anticolonial, se actualizan antiguas luchas e interpela al Estado-nación boliviano, a la nación boliviana y a la sociedad boliviana. En la mesa de negociaciones se trataba de hablar de presidente a presidente, el presidente de los indígenas y el presidente de Bolivia. El dirigente paradigmático de la provincia Omasuyos habla claro y directo, pone el dedo en la llaga, dice de lo que se trata, del sentido de la lucha, la emancipación de los pueblos indígenas de las dominaciones coloniales heredadas. Ya se lo conocía; en una entrevista en la cárcel que le hace Amalia Pando, a la pregunta de por qué se había levantado en armas, el guerrillero le contesta: para que mi hija no sea tu empleada. Esta respuesta es contundente e indiscutible. Claro como el agua, es un rayo a medio día y a plena luz. Es pues este dirigente y combatiente el que conduce las movilizaciones, los múltiples bloqueos de los caminos, la toma del territorio por el eje central. 
Después de septiembre de 2000 hubo varias reuniones e intentos de reuniones entre los dirigentes connotados de entonces, Evo Morales Ayma, Felipe Quispe y Oscar Olivera. Fueron reuniones difíciles, empero cuya tarea era unir fuerzas. Incluso hubo un intento de formar la COMUNAL, una coordinadora de movimientos sociales, durante el 2001. Pero no se pudo organizar esta coordinadora; no había acuerdo entre las dirigencias. Hacia el 2002 el empuje hacia las elecciones era fuerte, sobre todo la atracción de lograr una presencia significativa en el Congreso. El MAS optó por esta vía; después los acontecimientos de 2000, la influencia y el prestigio de Felipe Quispe era grande, sobre todo en el Altiplano. Gran parte de la dirigencia que actuó en las movilizaciones de septiembre de 2000, gran parte de los jóvenes involucrados en el cuartel de Calachaca, además de las dirigencias de las comunidades, se vieron envueltos en el dilema: ¿ir a las elecciones, por lo tanto formar un partido, o proseguir la lucha por la vía de la movilización? A pesar de que hubo voces en contra de formar un partido, la mayoría se inclino por formarlo. Se conformó el Movimiento Indio Pachacuti (MIP), se habilitó el partido para las elecciones y se entró en campaña. Las únicas organizaciones que decidieron no involucrarse en las prácticas y en las campañas electorales fueron las organizaciones indígenas, el CIDOB y el CONAMAQ, además de la gente que estuvo involucrada en la guerra del agua, sobre todo el equipo formado alrededor de Oscar Olivera. El CIDOB y el CONAMAQ marcharon días antes de las elecciones del 2002 por la Asamblea Constituyente; proponían ir a la Asamblea Constituyente y no a las elecciones. La marcha llegó a La Paz después de una sacrificada marcha e innumerables peripecias en el camino, sobre todo el boicot a la marcha. Sin embargo, los dados estaban echados, el Congreso, el MAS y el MIP decidieron las elecciones.
A estas alturas, en plena crisis del proceso, la discusión debe ser replanteada: ¿Era más conveniente ir a la Asamblea Constituyente y no a las elecciones nacionales? ¿Al embarcarse en las elecciones se perdió el rumbo del proceso? Esta es una discusión estratégica y fundamental, sobre todo ahora que el proceso se debate en profundas contradicciones; particularmente ahora que se plantea la necesidad de reconducir el proceso, cuando estamos a dos años del calendario electoral.
Los resultados electorales mostraron los grandes cambios en los comportamientos, en las conductas, en las mentalidades y por lo tanto en la inclinación al voto; esto se debió a las rupturas provocadas por la crisis política, las movilizaciones semi-insurreccionales y las victorias políticas populares logradas. El MAS saco el 21% de la votación, siguiendo al MNR, que obtuvo el 22% de la votación. El MIP sacó el 6% de la votación, concentrando sus votos en el Altiplano norte. El ingreso masivo de dirigentes indígenas y campesinos fue notorio. Cambió el escenario político, ahora las masas ingresaban al parlamento, dándole su perfil y su propia densidad. Empero, leídos estos hechos en el lapso del proceso de la crisis múltiple del Estado, vemos que la victoria electoral no es otra cosa que la verificación estadística de la victorias políticas y militares en los territorios y las ciudades. De ninguna manera se puede creer que se trata de audaces estrategias electorales. La gente fue a votar con la convicción de que los tiempos están cambiando; aunque no todos estaban seguros si la salida era electoral, de todas maneras en la medida que se resolvió así, había que mostrar en el voto la voluntad popular. No fue fácil la labor de los diputados y senadores populares en un Congreso liberal, se tuvo que aprender y hacer oposición. Dos temas fueron de crucial importancia, el referéndum sobre la venta del gas a Chile y el tema de contratos con las empresas trasnacionales. El MAS llegó a un acuerdo con el gobierno de Carlos Mesa en relación al referéndum y limitó los alcances de la política hidrocarburífera a una nueva distribución entre Estado y empresas, un nuevo reparto entre Estado y empresas trasnacionales del orden del 50% a cada quien. Los partidos de la derecha postulaban modificar la participación del Estado a un 32%. Al respecto no hay que olvidar que la posición de El Alto, del pueblo boliviano levantado y movilizado, expresada en la agenda de Octubre, era la nacionalización de los hidrocarburos.
Un balance rápido puede mostrarnos que los partidos indígenas y campesinos terminan atrapados en la labor legislativa; como consecuencia disminuyen el alcance de los planteamientos construidos por los movimientos sociales. Se producen ciertas desvinculaciones de los congresistas populares con los movimientos sociales, la práctica liberal de la política condiciona la actuación política. Entre tanto la crisis política y social continúa, la movilización social sigue efectuando su interpelación material. Bolivia es un país atravesado por las movilizaciones y por el debate político, sobre todo en torno a la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. En este contexto el MIP vive una crisis interna, que termina provocando su división orgánica. Se enfrentan públicamente Felipe Quispe y el Qhara Choquehuanca; las acusaciones llegan lejos y deterioran la imagen del líder de la movilización indígena y campesina de septiembre de 2000.
Como dijimos anteriormente, no vamos a tomar la vía de este enfrentamiento, que indudablemente quiebra al MIP, sino la otra vía, la de evaluar por qué se llega tan rápido a una escisión en un partido indianista. Ya había ocurrido esto con el katarismo en tiempos de la UDP. Por otra parte, la otra pregunta tiene que ver con el despegue de la figura de Evo Morales y la restricción aguda de la figura de Felipe Quispe. Para responder a ambas preguntas vamos a recurrir a hipótesis interpretativas, las mismas que van a tratar de evaluar las dinámicas orgánicas, políticas e ideológicas, por un lado, además de los contextos y atmósferas donde se configura la imagen del líder y caudillo que va a ser aceptado por las masas.
La primera hipótesis que vamos a usar es la que tiene  que ver con sentido práctico de la gente, deciden apostar por lo más probable, por el eje aglutinador de las fuerzas o lo que parecía ser. El MAS aparece como el centro de aglutinación de las fuerzas. El centro de aglutinación de las fuerzas que se encontraban en una clara confrontación con el Estado-nación, entonces es claramente comprensible que estas fuerzas vean como una opción evidente al MAS. De lo que se trataba era de aglutinar fuerzas, de concentrarla y de construir una unidad. Entonces lo importante es unir, sumar, por lo tanto evitar la dispersión y las divisiones. Se optó por el MAS por estas razones, dejando pendiente la discusiones de las diferencias de posiciones. Había que defender el proceso frente a la derecha y para esto era necesario sumar fuerzas. Es este pragmatismo, la apuesta por la mayor probabilidad, la que decide el curso de los acontecimientos. Se apuesta por el MAS porque tenía mayores opciones, se perfilaba mejor. El razonamiento es el siguiente: no es conveniente dividir las fuerzas ni dispersarla, has que concéntralas en un punto. De esta forma el MAS se convirtió en el referente electoral.
El MIP no sólo que estaba enfrascado en una crisis interna, sino que no pudo articular a las distintas fuerza involucradas en el conflicto. Como dice Luis Tapia Mealla, el MAS se convirtió en el espacio de negociación de las organizaciones sociales, por este camino se articuló un acuerdo entre las instancias organizativas involucradas[16]; en cambio el MIP no pudo hacer esto, articular un proyecto de y para las distintas fuerzas sociales. ¿Por qué? ¿Cuáles eran las diferencias entre le MAS y el MIP? El núcleo generativo del MAS son las federaciones cocaleras del Chapare, empero cuando crece, sobre todo después del salto electoral del 2002, se incorporan contingentes de simpatizantes y de militantes, principalmente de las ciudades. Nuca hubo una muestra de confianza de parte del presidente del MAS y de las federaciones cocaleras ante esta avalancha. Sin embargo, el MAS se convirtió en un espacio de negociaciones con las múltiples organizaciones sociales; negociaciones de representación, negociaciones de cuotas de participación en las instituciones; así como se convirtió en un espacio de coordinaciones entre las mismas organizaciones. Al principio, de alguna manera, dio resultados esta disposición a la articulación de fuerzas; sin embargo, el acuerdo entre las organizaciones se fue complicando y fue llegando a la disputa. Se dieron casos graves como la presencia de representaciones paralelas en todas las circunscripciones, en las departamentales y, de alguna manera, hasta en la nacional. Empero, de todas maneras, el MAS fue un espacio de encuentro de las organizaciones sociales. En cambio el MIP se restringió a la representación campesina del Altiplano norte. Si interpretamos estos comportamientos y tendencias a partir de las intenciones, sin considerar las prácticas y las relaciones, podemos concluir que, en el transcurso del agitado tiempo político, el MIP mantuvo su estrategia anticolonial,  en tanto que el MAS buscó alianzas desde una perspectiva mas bien pragmática de sumatoria de fuerzas. El perfil de Evo morales se acerca más a estrategia de alianzas, se convirtió en un líder articulador de alianzas; en tanto que el perfil de Felipe Quispe era la del líder de combate, de interpelación directa, cuya proyección no podía ser otra que la nación aymara.
En las elecciones del 2005 el MAS obtuvo el 54% de la votación, en tanto que el MIP sólo logró el 2%, bajando como cuatro puntos en relación a las elecciones del 2002. El MAS al obtener la mayoría absoluta entró directamente al gobierno sin mediación necesaria del Congreso. Esta victoria terminaba siendo la salida efectiva de la crisis política. Bolivia, tenía, por primera vez, un presidente indígena. Fue un acontecimiento histórico. La mayoría consideró este hecho como el comienzo del cambio, el principio de la descolonización. El debate interno, que se había mantenido hasta ahí, quedó en suspenso. Ahora había que apoyar al proceso. No vamos a evaluar lo que ocurrió después, para esto me remito a varios textos; uno de ellos es Horizontes de la descolonización[17], otro es Descolonización y transición[18], sin mencionar otros. Lo que interesa es tratar de explicar estos desenlaces y estas diferencias entre las trayectorias de dos líderes indígenas.

Boceto de perfiles carismáticos
Ciertamente la vida y la historia están llenas de casualidades. No se puede encontrar una determinación lineal, menos si hablamos de historias de vida.  De todas maneras en este juego de azar hay que encontrar explicaciones, así como lo hace la estadística en la teoría de los grandes números para poder entender el azar.
En 1981 Evo Morales Ayma fue Secretario de Deportes de su sindicato, San Francisco. Cuando falleció su padre, en 1983, tuvo que dejar sus cargos sindicales para dedicarse íntegramente al trabajo y apoyar a su familia. Por otra parte, tuvo que trasladarse con frecuencia desde el Chapare a Orinoca para atender actividades agrícolas en su comunidad de origen. Evo Morales ha sido representante legislador del sector de los colonos inmigrantes provenientes de Ganimedes, campesinos cultivadores de la hoja de coca  de la región del Chapare. Su carrera sindical es retomada en 1985 cuando es nombrado Secretario General de su sindicato. Tres años más tarde, el gobierno de entonces, uno de la coalición neoliberal, empero esta vez bajo la dirección del MNR,  en arreglo con Congreso aprueba y promulga la Ley del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas (Ley 1.008). Esta ley considera la reducción y sustitución graduales de las cosechas excedentarias, mediante la siembra de cultivos alternativos o bien el desarraigo forzoso de cocales sin derecho a indemnización. Este año, 1988, las federaciones cocaleras del Chapare eligen a Evo Morales Ayma Secretario Ejecutivo de la Federación del Trópico de Cochabamba   en un ampliado sindical.
La década de los noventa fue de enfrentamientos entre los cocaleros y los gobiernos de turno. Durante la presidencia del general Hugo Banzer Suárez  se efectúo el compromiso con el gobierno de los Estados Unidos de Norte América para la erradicación total de los cultivos de coca. La Federación del Trópico de Cochabamba se resistió a estos planes de erradicación del cultivo de la hoja de coca. Parte de la estrategia de las resistencias a la erradicación, a la interdicción y a la sustitución de la coca fueron las marchas cocaleras; una de las marchas que se hizo famosa es la Marcha por el respeto y la dignidad. Se camino unos 600 kilómetros desde Cochabamba hasta La Paz. Fueron atacados consecutivamente por las fuerzas combinadas de la policía y del ejército. Los marchistas supieron burlar los controles de los uniformados en el recorrido. La marcha recibió apoyo de los pobladores de pueblos y ciudades intermedias, en la medida que se acercaban a la sede de gobierno. Cuando la marcha cocalera ingresó a la ciudad de La Paz fueron recibidos por la población; había gente que gritaba consignas, otras aplaudían y muchas mujeres lloraban de emoción. El gobierno no tuvo otra alternativa que dialogar con los dirigentes y buscar acuerdos. Se llegó a convenios en la sede de gobierno, empero el gobierno no cumplió con ninguno cuando los marchistas regresaron a sus lugares.

La fama del dirigente cocalero llegó al plano internacional; la izquierda vio en Evo Morales Ayma al nuevo líder de los nuevos tiempos. Fue invitado varias veces a eventos y congresos, reuniones, encuentros y seminarios. Desde entonces Evo Morales ya contaba con apoyo internacional. Una asociación internacional de políticos y académicos de izquierda nominó Morales para el Premio Nobel de la Paz  de 1995 y 1996. En lo que respecta a la defensa de la hoja de coca, para el dirigente de las federaciones cocaleras, quedó claro que se requiere apoyo internacional, sobre todo de Europa. Se viajó entonces con el objeto de conseguir el dicho apoyo internacional, Evo Morales viajó con otros dirigentes cocaleros del Trópico, también de los Yungas, así como de cultivadores del Perú y de Colombia. Se hizo toda una campaña en defensa de la hoja de coca, en contra de las políticas antidrogas, acusándolas de no distinguir entre la hoja de coca y la cocaína.  
En el contexto de la crisis y de estas luchas, las federaciones del trópico de Cochabamba y la CSUTCB concibieron la idea de formar un instrumento político de las organizaciones sindicales; entre los muchos nombres que se dieron para bautizar al instrumento político, el más adecuado y consensuado fue el de Asamblea por la Soberanía de los Pueblos. Sin embargo el instrumento político no se pudo inscribir en la Corte Electoral ante el boicot mismo de la Corte. A pesar de este boicot, los dirigentes campesinos participaron el en las elecciones de 1997 con la Izquierda Unida, fue cuando sacaron seis diputados nacionales. Esta votación se concentró básicamente en el Chapare. Entre los diputados se encontraba Evo Morales Ayma. La embajada norteamericana y el Congreso conspiraron para sacarlo de su representación parlamentaria; fue expulsado del Congreso bajo una trama oscura empero efectiva. Esta expulsión convirtió al representante y líder cocalero en victima; la opinión pública se volcó a apoyarlo ante la tramoya política.
Empero la convulsión social se expandió y profundizó cualitativamente desde la guerra del agua. El MAS, cuya influencia se encontraba circunscrita al Chapare, apoyó a la Coordinadora de defensa del Agua y de la Vida. Con la victoria política de los movimientos sociales implicados en la guerra del agua se expulsó a la trasnacional del agua, Aguas del Tunari, subsidiaria de la empresa trasnacional Bechtel, evitando, de este modo, la aprobación y promulgación de ley del agua, que se venía con toda la privatización del agua, en todas sus formas, además la subida y multiplicación de las tarifas. En esta coyuntura insurgente el MAS también se convirtió en un referente nacional. Este dato es clave al momento de comparar la trayectoria de los dirigentes campesinos; el MAS se expandió por el país, en tanto que el MIP quedo circunscrito a su área de influencia tradicional; el Altiplano norte.
¿Qué hace que el MAS se expanda y el MIP se regionalice y localice? ¿Sus programas, sus proyectos, sus formas de organización, sus convocatorias, sus actividades, son tan diferentes? Por la proximidad a las ciudades de El Alto y La Paz se podría esperar una influencia y una irradiación importantes de parte del MIP; empero esto no ha ocurrido. En cambio el MAS extiende rápidamente su presencia a la ciudad de Cochabamba, incorpora a adherentes; lo mismo hace en otras ciudades. ¿Por qué le es más fácil al MAS hacer esto que al MIP? De todas maneras hay que tener en cuenta que mientras pasaban esto con los partidos campesinos en cuestión, las organizaciones sociales pasaban la experiencia de la emergencia y despliegue de la movilización general; estas organizaciones tenían como desafío la coordinación de movimientos sociales anti-sistémicos, los mismos que no estaban afiliados a ninguno de los partidos campesinos. Sin embargo, esta coordinación se efectúo en la práctica y de manera provisional, dependiendo del motivo de las movilizaciones, de las organizaciones involucradas y del escenario donde se daban. A diferencia de lo que ocurría con los partidos campesinos, estos movimientos y sus organizaciones mas bien eran autogestionarios, se sentían auto-convocados, también eran no-electoralistas, en todo caso interesados en la autogestión de los bienes, en las formas comunitarias y en la Asamblea Constituyente.
Veamos ahora el otro perfil, el de Felipe Quispe Huanca. Nace en 1942 en la comunidad de Ajllata Grande de la legendaria provincia de Omasuyos. Se incorpora de joven al activismo indianista; en el año 1978 participa en la fundación del Movimiento Indígena Túpac Katari (MITKA). La fundación del MITKA es, a la vez, un intento de escapar de la crisis del katarismo, pero también manifestación de la misma crisis; crisis expresada en sus las divisiones y proliferación de fracciones kataristas. Como parte de una explicación de lo que acontecía en el contexto de la coyuntura de entonces, podemos ver que el katarismo comparte las consecuencias de la caída de la UDP, incluyendo no solo a los kataristas que ingresaron a la UDP, con Genaro Flores, sino también a otros katarista, que no ingresaron a este frente democrático y eran mas bien una expresión más radical. A fines de la década de los ochenta y principio de los noventa se conforma la organización Ayllus Rojos, denotando ya una confluencia entre indianismo y marxismo. Los Ayllus Rojos tuvieron una ardua actividad y desplegaron acciones de lucha ideológica en los sindicatos y congresos campesinos. En este contexto se conforma el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), que se declara en alzamiento armado contra el Estado boliviano. La estrategia es entonces la guerrilla, que pasa por la preparación y formación militar de las comunidades. Si bien no se llega a efectuar la guerrilla, se logra un trabajo de formación de importantes contingentes de jóvenes aymaras. El proyecto guerrillero queda a las puertas de la acción abierta y territorial cuando hace volar torres eléctricas. Los aparatos de inteligencia y la represión actúan en la captura de los miembros del EGTK.   Felipe Quispe fue encarcelado por alzamiento armado; es recluido por cinco años en la cárcel de alta seguridad de Chonchocoro; sin embargo, queda en libertad por falta pruebas en su contra. Felipe Quispe adquiere mucho prestigio y reconocimiento por parte de sectores campesinos del Altiplano, también de sectores populares de las ciudades de El Alto y La Paz. A fines de los noventa, debido a la división interna de la CSUTCB no se logra elegir a la nueva dirigencia en el congreso campesino; la división entre Evo Morales y Alejo Veliz es dramática. La salida que se encuentra es buscar un tercer dirigente que pueda aunar las fuerzas y representar al movimiento campesino. Se elige a Felipe Quispe como Secretario Ejecutivo de la CSUTCB. Bajo su dirección la CSUTCB participa en las movilizaciones de 2000, en abril, cuando la guerra del agua, y sobre todo en septiembre, cuando se da el cerco a cuatro ciudades del eje central y se toma el territorio de por lo menos cuatro departamentos.
El prestigio ganado durante las movilizaciones el 2000 sirvió de base para la formación del MIP. Es el candidato para las elecciones del 2002 por este partido indígena. Como dijimos, en estas elecciones el MIP consigue seis diputaciones, incluyendo al mismo Felipe Quispe. Si bien el 6 % conseguido en estas elecciones están muy por debajo del 21% conseguido por el MAS, en términos departamentales es significativo debido a la concentración del voto en el Altiplano. Se puede decir que estos resultados se explican como efectos de las movilizaciones y las victorias populares. Sin embargo, la experiencia del MIP en el congreso más que fortalecerlo lo debilita y lo divide; a diferencia de lo que pasa con el MAS, que aprovecha esto como aprendizaje, la experiencia en el parlamento desata en el MIP una crisis interna que va terminar llevando al partido a la desaparición. ¿Por qué pasa esto? ¿Un proyecto indianista no condice con la actividad electoral? ¿Los diputados del MIP no estaban preparados para soportar las veleidades de la actividad liberal del Congreso? ¿Se dejaron llevar por sus encantos? Es muy difícil responder a estas preguntas, tampoco vamos a optar, como dijimos, por escudriñar en las acusaciones que se hicieron dos diputados del MIP, pues esto puede perdernos. De lo que se trata es de intentar un análisis estructural de lo que pasó. Sobre todo teniendo en cuenta que después de estas elecciones, la provincia Omasuyos y la propia comunidad de Felipe Quispe ya no van a volver a votar por el MIP en las elecciones de 2005. Toda la votación del Altiplano se va inclinar a concentrar la acumulación electoral hacia el MAS.  

Después de la crisis en el MIP Felipe Quispe cae como en desgracia política, deja de ser un referente en la contienda política, sobre todo en el periodo del proceso constituyente y en el lapso de las dos gestiones de gobierno. Ahora que el proceso ventila su propia crisis Felipe Quispe ha tomado posiciones contra el gobierno, contra Evo Morales Ayma y contra el Vicepresidente Álvaro García Linera. En la crisis del gasolinazo se ha declarado estar en contra la medida impopular y en el caso del conflicto del TIPNIS a criticado el carácter anti-indígena de las políticas del gobierno. Estas posiciones vuelven a mostrar al perfil del dirigente indígena del periodo de las movilizaciones, empero ahora como una voz solitaria, sin influencia e irradiación política. Ahora, después de esta intensa experiencia, Felipe Quispe dirige un equipo de futbol que lleva el nombre de Pachacuti, formando a jóvenes aymaras en el deporte y la autoestima. No ha perdido el carisma y el manejo de escenarios a partir de frases claras y contundentes. Empero, por el momento, no parece poder lograr una convocatoria en plena crisis del proceso. Sin embargo, no hay que olvidar que esto también pasó con otros dirigentes de las movilizaciones de 2000 al 2005. Oscar Olivera quedó aislado después de la gran conquista de la guerra del agua, atrapado en la gestión del agua, que no llegó a ser autogestionaria, como postulaba sino municipal. El MAS no lo dejó participar como candidato a la Constituyente, tampoco permitió que conforme su agrupación ciudadana para las elecciones. Antes había quedado en el camino el dirigente campesino del valle Alejo Veliz, debido a desavenencias con Evo Morales. ¿Por qué ocurre esto? ¿Sólo hay espacio para un solo líder? ¿Es como una competencia donde se decide quien continúa? ¿O mas bien se trata de juegos de poder, de habilidades políticas, de astucias, combinadas con intuiciones y pulsiones del ritmo político?

Ahora que tenemos los bocetos de los perfiles, por lo menos de líneas y trazos rápidos, de dos dirigentes indígenas y campesinos connotados, vamos a tratar de responder a todas las preguntas acumuladas mediante un análisis político de los contextos y coyunturas en los que se movieron ambos dirigentes, el juego de relaciones en el que se involucraron y el ámbito imaginario y de convocatoria que abrieron.

Hipótesis interpretativa
Para comenzar debemos distanciarnos de la creencia común en los caudillos, del imaginario de los caudillos, imaginario que cree la historia política se explica por sus perfiles y decisiones, por sus características intrínsecas, pos su carisma. Esto es atribuir demasiado control sobre las condicionantes y factores del proceso a personas que llegan a ser representantes de movimientos y organizaciones. Cuando las crisis estallan, cuando estas crisis remueven las estructuras, relaciones e instituciones, por lo menos cuestionan su legitimidad, lo que hagan o decidan los líderes carismáticos va depender no tanto de su perfil subjetivo y de sus decisiones como del campo de posibilidades abierto y el juego de las fuerzas. En este caso, lo que importa es averiguar cuál es el espacio de movimientos que escogen, cual es la relación de estos líderes con el campo de fuerzas, con las relaciones y estructuras que todavía se encuentran vigentes. En todo caso lo que hagan los lideres depende también y sobre todo de la relación que establecen con sus bases, de lo que lo dejen hacer sus bases. Hay pues corresponsabilidad con las organizaciones y los movimientos que se aglutinan y delegan la representación en el líder. Entonces se trata de la participación del líder en el contexto del campo de fuerzas. El problema aparece cuando las organizaciones y fuerzas sociales aglutinadas proyectan en el líder el imaginario del patriarca, el mesías que conduce a su pueblo a la tierra prometida. Entonces las expectativas se centran en el líder-patriarca y se le otorgan los atributos de la decisión política, incluso de la decisión sobre el destino del proceso en curso. Como los patriarcas son producto de un imaginario conservador, un  imaginario fosilizado en la memoria social, tienden a mantener las instituciones y darle un significado milenarista a la interpretación del proyecto. Aunque esto ocurre a un principio, pues esta interpretación es sustituida después por significaciones mas bien pragmáticas. Los patriarcas son imaginarios, empero el cuerpo significante son los cuerpos y personas reales, no solamente con nombre y apellido sino con historias de vida propias. Las personas que encarnan los significados pueden entrar en contradicción con sus imaginarios, sobre todo en algunos momentos críticos de los procesos en curso; estas personas son también producto de sus historias de vida, así como de la internalización de las relaciones e instituciones que los sometieron. Por eso también tienden a mediano y largo plazo a adecuarse a las condicionantes heredadas, a las instituciones que fueron interpeladas. En el corto plazo el discurso radical puede hacerse elocuente, se puede llegar a decir que se interpela al Estado y a las instituciones heredadas, empero para que este discurso se convierta en política práctica y en práctica política se requiere de la movilización y la participación, la profundización democrática y el cambio de las formas de gobierno. Algo que no es por lo general aceptado por los gobernantes, menos por los líderes, pues esto implicaría desplazar el mito del líder y el supuesto del gobierno de los especialistas.                  

Empero de estas tendencias no son consientes ni los líderes, ni los conductores, ni los gobernantes, tampoco, mucho menos, los partidarios del régimen. Estas tendencias se tejen desde un principio, desde antes, cuando se construye el instrumento político. Sin embargo, en los contextos de las luchas sociales no se atienden a estos temas, pues la velocidad de los acontecimientos impide detenerse en la reflexión y el análisis; entonces ¿cómo construir un instrumento que no caiga en los mismo de los partidos, en la usurpación de la representación, en la suplantación de la voluntad colectiva? Son temas teóricos. Cuando se está en la pelea concreta, en la lucha de las demandas, lo que importa es resolver problemas de organización de la movilización, problemas de consensos de los sindicatos, problemas del relacionamiento con otras organizaciones y otros movimientos. No hay tiempo para temas teóricos. El problema es que las relaciones habituales y las estructuras de relaciones heredadas ya están inscritas en las propias prácticas sindicales y de organización social. Es muy difícil moverse de otro modo. Están las reuniones sindicales definidas, la forma de hacer lo congresos también. No parece haber problema cuando se tiene que concentrar el esfuerzo en combatir al enemigo. Los problemas de poder se hacen visibles cuando se está en el gobierno; como que se suman herencias complicadas, las relaciones y estructuras habituales de organización, añadiéndose a las estructuras de relaciones de poder y normas de Estado, habitus de la forma de hacer gobierno. La gestión está entonces doblemente atrapada. Ciertamente es el momento del gran debate; empero en estas circunstancias lo que menos quieren los gobernantes es debatir, pues consideran que lo único que hay que hacer es defender al gobierno y confiar; los que no hacen esto son enemigos.
Alrededor de Evo Morales se conformaron redes y articulaciones de apoyo. Contaba con el apoyo de la izquierda tradicional y de gobiernos de izquierda. En el país el MAS se convirtió en un espacio de negociaciones entre organizaciones sociales, también entre estas organizaciones y el MAS. En las ciudades se formaron unidades barriales, por distritos, incluso por circunscripciones, además de departamentales. Muchas veces estas formas de agrupamiento se organizaron sobre la base de lo que fue CONDEPA, sobre todo en lo que respecta a las ciudades de El Alto y La Paz. Este conglomerado de formas de participación tanto en las ciudades como en el campo llevó a convertir al MAS en una expresión nacional. Se encontraba en todo el país, aunque con diferente densidad, dependiendo de las regiones. Pero el tema no es tanto su crecimiento sino cómo se articulan las distintas formas de organización, ¿armaban una organización y un tejido orgánico o, mas bien, se añadían sin lograr una estructura, dejando que la jerarquía se organice por antigüedad, por peso organizativo, convirtiéndose los sindicatos campesinos y entre estos los sindicatos cocaleros en el núcleo dominante?  Por otra parte, tampoco quedaba lo suficiente claro dónde terminaba de ubicarse el núcleo gravitante de decisión, en las organizaciones campesinas o en el ejecutivo.
Es interesante observar que debido a esta flexibilidad, a esta apertura, a este escenario de negociaciones, el MAS crece rápidamente y está en condiciones de la convocatoria electoral a gran escala. El cambio el MIP tiene otra historia; su composición es más compacta, se asienta sobre la base de los sindicatos combativos del Altiplano norte, también sobre la experiencia y la organización de organizaciones de acción directa y de formación ideológica. Una de las primeras dificultades ha sido adecuar estas formas de organización de combate a la actividad electora y después a la actividad parlamentaria. La fidelidad de la gente de las comunidades vota por el MIP por reconocimiento de quiénes son. Empero el parlamentarismo termina de quebrar a los representantes y ocasionar la crisis en la organización partidaria. Felipe Quispe era más un dirigente de combate; nunca se pudo adecuar a la actividad parlamentaria. Terminaron habiendo grandes desacuerdos entre los diputados y la militancia, sobre todo con los sectores más combativos que pidieron la renuncia de algunos diputados.
Si se puede interpretas el espíritu del programa del MIP, se puede decir que es de guerra anticolonial, en tanto que el programa del MAS era más bien nacionalista y populista; nunca lo dejó de ser, a pesar de los esfuerzos que hacen los estudiosos del MAS, los propagandistas y los propios portavoces. Es difícil asumir que se trata de un programa socialista, menos de un socialismo comunitario; estos son nombres que se utilizan para rebautizar el programa, empero no se encuentra por ningún lado la expropiación de los medios de producción, sus socialización o su estatalización. Cuando se habla se socialismo comunitario es para hacer reminiscencia a las comunidades indígenas y campesinas, se acude a la retórica para recordar que la base del socialismo está en la propiedad comunitaria. Empero esto no es más que una enunciación de reconocimiento, pero sin efectos políticos ni prácticos. El programa ha servido para convocar electoralmente, también para legitimar las gestiones, empero, como está conformado por generalidades, no tiene por objeto su realización. El efectivo programa del MAS se lo ha terminado de definir en la Cumbre Social de Cochabamba a fines del 2011, donde claramente se establece un programa administrativo del modelo extractivista.

Alguien podría decir que bajo las condiciones políticas, económicas y sociales de Bolivia, entendiendo que se encuentra además en un contexto regional definido también por una economía extractivista, aunque con todas sus variantes, Evo Morales tenía más chance que Felipe Quispe. Esto suena a una descripción pragmática, empero esta descripción olvida que la política no es el resultado pasivo de las condiciones sino el resultado del accionar de las fuerzas. Si bien el MAS electoralmente había crecido, esto no quiere decir, de ninguna manera, que representaba a las fuerzas y los movimientos desencadenados del 2000 al 2005. Son dos escenarios distintos, el de las movilizaciones y el de las elecciones. La lucha la ganaron los movimientos sociales anti-sistémicos, en tanto que el MAS ganó las elecciones. Los movimientos sociales no pudieron proyectar las consecuencias de la transformación política que exigía su propia práctica de lucha. La salida política no dejó de ser dual, la llegada al gobierno no expresaba el contenido transgresor, transformador y colectivo de las movilizaciones, sino expresaba la forma liberar de incorporar las demandas sociales.

Empero no nos perdamos tanto en los individuos, lo que importa es indagar en el campo de posibilidades en que se mueven, el juego que establecen en ese campo conjuntamente con los grupos y organizaciones involucrados, sobre todo importa la relación que establecen con el horizonte abierto por los movimientos sociales. Ambos dirigentes se encuentran íntimamente ligados a su experiencia de lucha, en un caso claramente anti-colonial, en el otro caso en defensa de la hoja de coca y los derechos de los cultivadores de la coca, que adquiere ribetes anti-imperialista con la interpretación política de las federaciones del trópico, dada la guerra de baja intensidad  desatada por el Departamento de Estado, el Pentágono y la DEA.
El horizonte abierto por las luchas no es inmediatamente visible, hace falta enunciarlo. La visualización tardó en lograrse; los perfiles del horizonte aparecen cuando se ingresa a la experiencia del proceso constituyente, aunque la intuición del horizonte se hizo presente antes, durante la deliberación colectivo del Pacto de Unidad en la elaboración del documento teórico y político para la Asamblea Constituyente. Por otra parte, hay que tener en cuenta que muchas cosas se escapan al control de todos los actores, son los imponderables de las contingencias y el devenir oculto de los acontecimientos. Con todo, podemos decir que la continuidad de la guerra anticolonial en la realización de la descolonización dependía no sólo de la Constitución sino de la consecuente aplicación de la misma, acompañada por movilizaciones colectivas implicadas en las transformaciones. Por otra, parte la realización de la Agenda de Octubre, que fue el programa entregado por los movimientos sociales anti-sistémicos y la ciudad del El Alto al nuevo gobierno, dependía de las medidas que asuma el ejecutivo en la perspectiva de su cumplimiento. La primera gestión de Evo Morales pudo cumplir parcialmente la Agenda de Octubre y queda pendiente el proceso efectivo de descolonización con las transformaciones estructurales e institucionales que establece la Constitución.
Entonces, en conclusión sobre la pregunta ¿por qué Evo Morales Ayma y no Felipe Quispe?, podemos decir que al primero lo favorecieron las circunstancias de la compulsa electoral, circunstancias asociadas a la ampliación de su convocatoria, a la capacidad articuladora y negociadora del MAS con organizaciones sociales, también a un programa coyuntural y en constante revisión, al alcance de los mínimos consensos. En tanto que el segundo, que contaba con una convocatoria más compacta, empero regionalizada, y con un programa cuyo espíritu afinca en la guerra anti-colonial, requería no sólo del activismo electoral sino de una combinación de formas de lucha, la acción directa y la electoral, sin subordinar la primera a la segunda. En la medida que el MIP fue atrapado en la política liberal del parlamento, terminó inhibiendo su lucha y práctica anti-colonial.
Estos temas pasaron a la Asamblea Constituyente. Allí la problemática no dejaba de ser complicada, pues la misma Asamblea se debatió en un dilema existencial en el intervalo temporal que duró su gestión constituyente. La Asamblea Constituyente era originaria porque emergía de las entrañas de las luchas sociales, pero también la Asamblea Constituyente era derivada debido a haber sido convocada por el poder constituido, por el Congreso. La Asamblea Constituyente tuvo que encontrar el recorrido descolonizador de su espíritu y voluntad liberadora en la discusión de una veintena de comisiones que trataban temas institucionales y de transición, en una temporalidad que se puede reconocer como la de la construcción dramática del pacto social, donde también se mantienen concepciones liberales y democráticas heredadas. Por eso se puede decir que la Constitución es de transición y define el curso de la transición de un Estado-nación a un Estado-plurinacional comunitario y autonómico. En la Constitución se encuentra la huella de las luchas, de los movimientos sociales, de las esperanzas y pasiones de la gente, aunque también, en menor incidencia, la inscripción indeleble de los perfiles de las dirigencias; sin embargo, sobre todo se encuentra la hendidura de la presencia de las resistencias institucionales a las transformaciones. Se hicieron concesiones en aras de la construcción del consenso. De todas maneras, a pesar de las crudas contingencias, la Constitución supo mantener la estructura fundamental de las transformaciones estructurales e institucionales, la composición del proyecto descolonizador, estableciendo la condición plurinacional, la condición comunitaria, la condición autonómica y la condición intercultural del Estado. Ahora queda realizar la Constitución con la muerte del Estado-nación y la construcción del Estado plurinacional.

Lo que viene adelante no depende tanto de los caudillos, los anteriores o nuevos que pueda aparecer, sino de la capacidad y el empuje de la potencia social, del logro de la democracia participativa, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Lo que viene adelante depende de la movilización general, de la revolución cultural, de institucionalización de la participación y la conformación orgánica de los sujetos colectivos y comunarios. Las contradicciones profundas por las que pasa el proceso exigen la politización de las multitudes, su participación en la definición política, su directo involucramiento en la transformación de la política y de las formas de gobierno. Lo que se ha vivido es indudablemente una experiencia rica que debe ser analizada y evaluada colectivamente, de manera abierta y objetiva. Para lograr esto es indispensable despojarse de centrismo y auto-referencias que aún quedan, pues lo único que hacen es obstaculizar el análisis e impedir el debate con el objeto de mantener “verdades” trascendentes indiscutibles, ancladas en la autosatisfacción ególatra de sus enunciadores. El ejercicio político transgresor y descolonizador requiere del ejercicio libre y creativo del debate colectivo, así como también del despliegue de prácticas colectivas y comunitarias transformadoras.                 

Excusos
Psicología de los centrismos
Habría que hacer una psicología de estos centrismos, el apego a estos esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos. ¿Cómo se explican? Para comenzar, en lo que respecta a la constitución del sujeto, tendríamos que decir que el primer centramiento deviene en realidad de un descentramiento. Para lograr la identidad, reconocerse como tal, la individuación debe despegarse de la imago inaugural, de la imagen de la madre, de la relación cautiva y dependiente de la madre. El descubrimiento de uno mismo pasa por este descentramiento. Ahora bien, la constitución misma de la identidad es un viaje de descentramientos; lograr el equilibrio psicomotor del cuerpo, después lograr internalizar esquemas de comportamiento, por lo tanto configurar el espacio y establecer una comunicación con su entorno es todo un proceso de descentramientos y equilibraciones. La conducta es una respuesta del individuo a la ruptura momentánea del equilibrio, la conducta tiende a readaptar el organismo. Visto de esta forma, la conducta supone dos aspectos esenciales e interdependientes, uno afectivo y otro cognitivo. El juego de descentramiento-centramiento tiene que ver entonces con la búsqueda de equilibraciones cada vez más amplias. No es pues posible sostener un centro absoluto, un centramiento repetitivo y estancado, salvo imaginariamente y por la anulación de la dinámica adaptativa y de acomodación[19].
Después de considerar varias observaciones e hipótesis explicativas sobre la percepción y la inteligencia, Jean Piaget llega a una conclusión que no deja de ser sugerente; sin olvidar la interrelación entre percepción e inteligencia; escribe:
La relatividad perceptiva es una relatividad deformante, en el sentido de que el lenguaje corriente dice “todo es relativo”, queriendo negar la posibilidad de objetividad: la relación perceptiva altera los elementos que vincula... Al contrario, la relatividad de la inteligencia es la condición misma de la objetividad: así, la relatividad del espacio y del tiempo es la condición de su propia medida. Todo acontece, pues, como si la percepción, obligada a proceder paso a paso, por contacto inmediato, pero parcial, con su objeto, lo deformase por el acto mismo de centrarlo, con el riesgo de atenuar esas deformaciones por descentraciones igualmente parciales, en tanto que la inteligencia, abrazando en un solo todo un número mucho mayor de realidades, según trayectos móviles y flexibles, alcanza la objetividad por una descentración, mucho más amplia[20]
En esta revisión de la psicología genética de la inteligencia es importante considerar la relación del hábito y la inteligencia senso-motriz. Después, también y sobre todo el proceso de constitución de la inteligencia intuitiva y el paso a la inteligencia operativa, al uso de las operaciones formales. Se produce primero un control del cuerpo y de sus movimientos, de sus dinámicas, de los espacios donde se desplaza inmediatamente. Estamos, por así decirlo, ante la conformación de los esquemas de acción. Después, mediante la introducción del simbolismo, se logra un mayor desplazamiento, el control de las distancias, las reversiones, así como de las temporalidades; se incorporan esquemas de comportamiento; una suerte de ritmos y centramiento del tiempo a través de los hábitos. Se puede decir que estos desplazamientos son horizontales, después diagonales; pasamos entonces a los desplazamientos verticales. Esto se logra con las operaciones formales, con la conformación, consolidación y distinción de la representación, con el desplazamiento del símbolo al signo, sobre todo con la formalización de las operaciones matemáticas. Entonces nos introducimos a la experiencia sistemática de la reflexión. Como se puede ver estamos ante una dinámica de desplazamientos que concurren conformando descentramientos y centramientos cada vez más inclusivos. De este modo, la dinámica de constitución y des-constitución del sujeto, la dinámica de constitución y des-constitución de subjetividades, no se basa en el centrismo, esta dinámica no responde a la permanencia absoluta de un centro inmóvil o establecido de una vez por todas; al contrario, se trata de la vivencia y la experiencia de un descentramiento constante, de desplazamientos permanentes, de transformaciones corporales, de esquemas de acción, de esquemas operativos, de esquemas de comportamientos, de esquemas de operaciones formales, de esquemas representativos y esquemas reflexivos. Los centramientos son momentos constituidos por procesos constitutivos de descentramientos y desplazamientos.

Epistemología de los centrismos
El problema de los centrismos no puede explicarse sólo psicológicamente, pues sus conformaciones no responden sólo a auto-centramientos y auto-referencias individuales o individualizadas, sino responde a centramientos sociales, incluso podríamos decir psicosociales, centramientos culturales y, no en todos los casos, civilizatorios. Hablamos de etnocentrismos, de socio-centrismos, pero también hay que incluir a los centramientos ideológicos que construyen mundos e universos imaginarios al estilo de Claudio Ptolomeo; en el centro el hombre, dentro de un centro matriz que es la tierra, alrededor de la cual giran los planetas, incluyendo al sol y las estrellas. Estas auto-referencias son explicables desde una perspectiva no sólo de la psicología genética sino de la historia de la ideas, pero sobre todo es indispensable ponerlas en el tapete para las consideraciones que pueda ejercer la historia critica de las estructuras de pensamiento. 
Una rápida revisión de la arqueología del saber de las ciencias humanas nos muestra la genealogía creativa del pensamiento; historia atravesada por rupturas y descentramientos. Podemos comenzar el viaje desde la prosa del mundo, donde el animismo congénito conecta analogías y apariencias, vecindades y semejanzas; el mundo es interpretable a partir de sus marcas, señales y símbolos. Pasamos a una diferenciación radical entre palabras y cosas, con la consciencia de que las palabras no son las cosas, son mundos distintos. Se produce un repliegue del pensamiento al lenguaje y el descubrimiento de sus estructuras innatas, sobre todo su lógica, a partir de las cuales se interpreta el mundo. Ahora la escritura descifra el mundo, también las ciencias lo hacen en busca del orden matricial del mundo. Esta episteme vive su curso y encuentra sus límites en su propio fracaso, no encuentra el orden matricial del mundo. La episteme que emerge de su crisis es mas bien historicista, nace la conciencia científica del tiempo, tiempo que atraviesa todo o emerge de todo como contenido inmanente y dinámico. El tiempo aparece en el estudio de la vida, el trabajo y el lenguaje. La culminación de esta episteme encuentra una de sus más altas expresiones en las ciencias humanas, ciencias que al buscar al hombre descubren que no está por ningún lado, es apenas una sobra que circula en el intersticio de una episteme y otra, para luego desaparecer rápidamente. Lo que encuentran las ciencias humanas es una pluralidad de sociedades y sistemas sociales; una pluralidad de culturas e instituciones culturales, donde se conciben distintas identidades colectivas; y en vez de encontrar un  sujeto encuentra la escisión del sujeto y la tragedia mítica del inconsciente, retenido en su memoria reiterativa y obsesiva. Lo que vivimos ahora es otra episteme, donde otras fuerzas externas atraviesan al ser humano, no al hombre, que es distinto; abriéndose un campo de posibilidades a los nuevos saberes. La sobrevivencia de lo genético más allá del hombre, la complejidad y la potencialidad de las escrituras a-gramáticas, la revolución cibernética, nos muestran estos nuevos ámbitos de relaciones; así como la dinámica del caos y su potencia creativa configuran la integración, la articulación y la conectividad de  las ecologías[21].
El horizonte abierto por los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos coincide con este horizonte de la nueva episteme. Es posible que asistamos al nacimiento de nuevas formas de acción que van más allá de la política, del mismo modo que asistamos a nuevas formas del conocimiento que van más allá de las disciplinas científicas. 

Un Estado tramposo
Se ha hablado de estados aparentes o de formaciones aparentes del Estado, desde la teoría marxista del Estado, como refiriéndose a la falta de totalización, pero también a una dosis exagerada del imaginario; es decir, a una no correspondencia entre estructura económica y superestructura jurídica, política, ideológica y cultural. También desde otra perspectiva, esta vez de la intelectualidad conservadora del Imperio, se ha hablado de estados fallidos, como de un fracaso irremediable, refiriéndose a estados no solamente no logrados sino que no pueden gobernarse, que no puede construir un mínimo de orden jurídico y político. En un caso el supuesto de apariencia es complicado sostenerlo; ¿desde qué perspectiva se puede decir que no habría logrado su totalización? Tendría que haber un referente, este es el Estado moderno; pero, ¿cuál Estado moderno? El que se considere más acabado, más desarrollado, más armado desde el punto de vista de su institucionalidad, normativa y soporte económico. Empero este referente es coyuntural y tiene que ver con la auto-referencia de un Estado dominante. Por otra parte, hablar de un desfase entre estructura y superestructura,  es abordar el tema desde la perspectiva del determinismo económico, haciendo que un Estado logrado, totalizado, sea el resultado de un pleno desarrollo capitalista. Cuando se habla de estados aparentes se hace hincapié en una especie de desborde de la voluntad, una voluntad institucional que busca imponer la modernidad desde el Estado, como una construcción estatal; se dibujan estados que tienen que administrar una articulación abigarrada de modos de producción. También se refieren a Estados que son más que una ilusión jurídica, estados que no habrían pasado por reformas institucionales y democráticas. La idea del Estado-nación sería en este caso el referente. Pero, tomando en cuenta esta hipótesis, habría estados más reales que otros y más aparentes que otros. La realidad entonces estaría definida por el ejemplo del Estado moderno, del Estado-nación.
Estas tesis suponen que el Estado moderno, el Estado-nación, es como un fin y un centro, a partir del cual se puede valorizar lo que avanza a esta conformación; así como  el modo de producción capitalista se vuelve un fin y un centro en la historia económica, a partir del cual se comprende y se ilumina sobre los otros modos de producción. Empero, en este caso, no se dice que los otros modos de producción son aparentes sino que son pre-capitalistas o no-capitalistas. ¿Por qué entonces se habla de algunas formas de Estado como aparentes, a pesar de ser reales, aunque diferentes? En todo caso estas tesis forman parte de toda una discusión sobre la relación entre estructura y superestructura, incluso cuando se introduce la hipótesis de la autonomía relativa del Estado.
Las otras tesis, sobre los estados fallidos, se basan en una perspectiva intervencionista; se trata de estados que no sólo no se pueden gobernar, que son un rotundo fracaso, sino incluso estados peligrosos, que requieren de una intervención humanitaria. Estas tesis pueden ilustrarse teóricamente a partir de las concepciones de dos ideólogos conservadores, uno es Samuel Phillips Huntington y el otro es Francis Fukuyama; el libro polémico y difundido del primero es Choque de civilizaciones, el libro más conocido y discutido del segundo es El fin de la historia y el último hombre. Estos autores no hablan de estados fallidos, pues el término de estados fallidos es más periodístico y tiene el objeto de comentario como de la difusión, así como de la clasificación descalificadora; con el argumento de hacer más detalla la enunciación, el centro de estudio Fund for Peace ha propuesto algunos parámetros descriptivos: pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza, erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones, incapacidad para suministrar servicios básicos, incapacidad para interactuar con otros estados, como miembro pleno de la comunidad internacional. Un Estado fallido se identifica por un fracaso social, político y económico, distinguiéndose por tener un gobierno débil e ineficaz, que no tiene control sobre extensas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica. Noam Chomsky ha criticado estas concepciones en su libro Estados Fracasados: El Abuso de Poder y la Agresión a la Democracia. El intelectual crítico norteamericano invierte la proposición y define a los Estados Unidos como un imperialismo que pone en peligro la democracia en el mundo.
Hasta ahí estas dos discusiones sobre las caracterizaciones del Estado, unas marxistas, las otras conservadoras. No vamos a continuar con estos temas ni estas discusiones, tan sólo poner en suspenso los supuestos en los que se basan, uno dialéctico, el otro claramente descalificador e intervencionista. Lo que interesaba es ilustrar sobre debates en torno a los problemas de los estados en la contemporaneidad. Introduciremos un juego metafórico, sin pretensiones de definición teórica ni mucho menos, sino tan sólo con pretensiones figurativas para caracterizar los usos del Estado para afrontar problemas contingentes por parte de un gobierno progresista. Llamaremos tramposo a este uso del Estado, pues no podemos llamar tramposo al gobierno, pues la trampa excede al gobierno, se involucran el órgano legislativo, el órgano judicial y el órgano electoral, además de los aparatos de emergencia del Estado, la policía y las fuerzas armadas. Por lo tanto es el Estado el que se involucra en procedimientos tramposos para afrontar problemas sociales.
Toda la política sinuosa que se ha seguido en torno al conflicto del TIPNIS por parte del gobierno y los otros órganos de poder llama la atención. El quitar al TIPNIS más de 250 mil hectáreas, entregándoselas a los avasalladores del territorio indígena y parque, fue una medida elocuente en lo que respecta a develar el sentido de las políticas de gobierno respecto a los territorios indígenas y áreas protegidas. El firmar el contrato y el convenio con el gobierno brasilero el 2008 para la construcción de la carretera, comprometiéndose el préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico del Brasil, seleccionando a la empresa constructora OAS sin cumplir con las normas de contratación de bienes y servicios, fue otra muestra patética las relaciones secretas en las que está medido el gobierno, además de ser una evidencia de los procedimientos velados y opacos que se emplean. El uso de un discurso de defensa de la madre tierra en los foros internacionales en contraste con una política pragmática y extractivista es otra muestra de las profundas contradicciones en las que se debate el gobierno. La forma de enfrentar a la resistencia indígena a la afectación de sus derechos, al incumplimiento de la Constitución y de los convenios internacionales, es otro comportamiento escandaloso que devela una falta de escrúpulos buscando denigrar y descalificas a los dirigentes indígenas, convertidos en enemigos. El hacer leyes y abrogarlas después, de acuerdo a las circunstancias, es una demostración de la falta de seriedad. Sobre todo llama la atención el comportamiento en relación a la VIII marcha indígena que termina llegando a la sede de gobierno, apoyada por un millón de paceños que salen a recibir a los marchistas como héroes, consiguiendo arrancar la ley 180 de protección del TIPNIS. Días después el gobierno prepara el contra ataque con el objeto de abrogar la ley, arma una contra marcha con los cocaleros del CONISUR, marcha que no logra los efectos buscados, pues no recibe ninguna clase de apoyo popular. La gente interpreta rápidamente esta marcha como una maniobra. En estas circunstancias el gobierno y la Asamblea Legislativa no se atreven a abrogar la ley y buscan desesperadamente otra salida. Aprueban una ley de consulta, la ley 222, que supuestamente tiene por objeto subsanar un error, el no haber hecho la consulta a los pueblos indígenas que habitan el TIPNIS, moxeños, chimanes y yuracares. Sin embargo, esta ley de consulta es totalmente forzada, no cumple con ninguno de los requisitos y condiciones de la consulta establecidas en los convenios internacionales y en la Constitución. No cuenta con el consentimiento de los pueblos indígenas, de sus representantes, de sus organizaciones matrices. No es previa, pues el contrato con OAS, el diseño de la carretera, la división en tres tramos, el avance en el tramo 1 y 3, el compromiso de préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico del Brasil, ya se efectuaron desde el 2008. No es libre, pues se impone sin haber discutido y acordado con los pueblos indígenas. No es informada, pues no se ha informado sobre los alcances del proyecto debidamente y en las lenguas de los pueblos.  En el desarrollo de esta ley se involucra al CONISUR, organización afiliada a las federaciones cocaleras, que representa a los sindicatos de la zona de avasallamiento del polígono siete y quizás a la única comunidad yuracaré y moxeña que queda en la zona, Santísima Trinidad. No se toma en cuenta para nada a la representación legítima de las más de sesenta comunidades del TIPNIS, la subcentral del TIPNIS, menos a la organización matriz de los pueblos indígenas de tierras bajas, la CIDOB. Esta conducta torpe y forzada, sigue adelante; se arma un protocolo espantoso, que induce a la opción por la carretera. Para respaldar estos procedimientos, se prácticamente ocupa militarmente el TIPNIS, se efectúan incursiones, se hacen obsequios, presionando a las comunidades para que se comprometan con la construcción de la carretera. También se dividen a las comunidades, formando organizaciones paralelas o separando a algunas dirigencias. El propio presidente se convierte en el jefe de campaña de esta escandalosa coerción.
En adelante analizaremos la tramposa ley 222 y su protocolo, acompañada por discursos encubridores y la visita de una delegación canadiense, que se hace pasar como representación oficial de Naciones Unidas, cuando es sólo del PNUD, representación que avala, con algunas reticencias, una violación flagrante a los convenios internacionales y a la Constitución. Pero antes de hacer esto, estableceremos los criterios primordiales de la consulta a los pueblos indígenas, instituidos en el Convenio 169 de la OIT, en la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y en la Constitución.

La consulta a los pueblos indígenas
La consulta no solamente es un derecho de los pueblos indígenas sino una garantía de estos derechos[22]. Derechos que tienen que ver con el derecho a su territorio, a su cultura, a su lengua, a sus instituciones, a sus normas y procedimientos propios, a sus formas de organización y representación, a sus formas de gestión, a la libre determinación, autogobierno y autonomía. Para que la consulta sea una consulta, tal como está establecida en los convenios internacionales, debe la misma a ser consultada; se debe preguntar a los pueblos afectados sobre la consulta misma. Debe contar con su consentimiento. No pueda ser una consulta inventada por el gobierno u otros órganos del Estado, menos por las empresas, no puede ser impuesta, tal como lo ha sido la ley 222. La ley misma debía haber sido discutida con los pueblos indígenas, sus representantes legítimos,  sus organizaciones matrices. Esto no ocurrió, salvo la complicidad del CONISUR, que no tiene que ver nada con la TCO del TIPNIS, donde se debe hacer la consulta, y algunas dirigencias locales. La consulta debe ser previa, empero si el gobierno y el Estado reconocen su error por no haber consultado, pueden hacerla, siempre acordando con las representaciones y organizaciones indígenas. Si los pueblos indígenas no quieren la consulta, si dicen que es extemporánea, entonces no se puede hacer la consulta.
Los pueblos indígenas son autónomos, eso lo establecen los convenios internacionales y la Constitución. Existen antes de la colonia, eso les reconoce la Constitución. Por lo tanto son dueños de sus tierras y el Estado tiene que consultarles y pedirles permiso para poder hacer planes y programas que puedan afectarlos. Por otra parte, la Constitución define la condición plurinacional del Estado, esto implica la convivencia de naciones, pueblos y culturas, esto exige respeto a su libre determinación. La misma Constitución define la condición comunitaria y la condición autonómica del Estado, constitucionalizando las autonomías indígenas. La forma comunitaria y la forma de autonomía son formas de Estado, por lo tanto condicionan a las políticas públicas. La autonomía misma es una garantía de los derechos de los pueblos indígenas.
El gobierno, la Asamblea Legislativa y el órgano electoral, al elaborar y aprobar la ley 222 y hacerla operable con el protocolo, violan no solamente el derecho a la consulta de los pueblos indígenas sino también estas condicionantes constitucionales, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición de autonomía del Estado. Violan los derechos y violan las garantías de esos derechos. El Tribunal Constitucional al abalar estos procedimientos violatorios se hace cómplice de los atentados a la Constitución, a los derechos y a las garantías de los derechos.
Cuando se establece la condición de libre para efectuar la consulta se está planteando precisamente eso, que se respete la libertad de los pueblos indígenas, que no se les imponga procedimientos impropios a una consulta, un documento ya hecho por abogados y legisladores, como parte de la presión a hacer la carretera, que es la voluntad del gobierno. Cuando se dice que la consulta debe ser informada, se habla de todo un proceso, de una información adecuada y transparente, efectuada en las lenguas indígenas, que se informe sobre el impacto ambiental y las consecuencias del proyecto. Nada de esto ha ocurrido, no se ha informado, se ha desinformado, se ha hecho propaganda, se manipula constantemente a través de los medios del gobierno, lo que ya invalida la consulta misma.

Los vicios de la ley 222 y el protocolo
Los principales vicios de la ley 222 tienen que ver con las contradicciones flagrantes con la Constitución, los convenios internacionales y la ley 180, en defensa del TIPNIS. Los otros vicios tienen que ver con las contradicciones con la estructura conceptual y normativa de la consulta. Otro grupo de vicios tiene que ver con las contradicciones en su propia redacción. Por último, los vicios más calamitosos tienen que ver con la redacción del protocolo. No se puede hacer una ley que contravenga la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica del Estado en transición. No se respeta el artículo dos de la Constitución, se viola el carácter de libre determinación, autogobierno y de autonomía de los pueblos indígenas. No se puede hacer una ley que contradiga la ley 180, en defensa del TIPNIS. Y obviamente no se puede hacer una ley que no responda a las clausulas y condicionantes de los convenios internacionales. ¿Por qué se hace todo esto?
Para responder esta pregunta contamos con dos hipótesis de interpretación. La primera hipótesis tiene que ver con la incomprensión de la Constitución y de los convenios internacionales. Incomprensión que tiene que ver con resistencias a la interpretación del texto constitucional, a la discusión y deliberación del texto, y también a la distancia de los funcionarios respecto al proceso constituyente. La segunda hipótesis tiene que ver con el interés demostrado de defender un proyecto pragmático, realista, que es la continuación del modelo extractivista, y renunciar al proyecto constitucional del vivir bien, de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, tiene que ver con la renuncia a la economía social comunitaria y al modelo ecológico, inscritos en la Constitución.
Ciertamente estas renuncias y estas incomprensiones no se hacen explícitas, pues esto no se puede hacerlo; políticamente sería una confesión. Las renuncias al proyecto de cambio tienen que ser ocultadas, escondidas, camufladas. Las incomprensiones obviamente no son reconocidas, pues esto sería como comprender la propia incomprensión. Entonces la comunicación se hace confusa y saturada. Se efectúa una campaña de desinformación y haciendo creer que se está en lo mismo, en el proceso de cambio, cuando todas las acciones lo contradicen. El gobierno ya forma parte del contra-proceso, desacatando la Constitución y los mandatos constitucionales, enfrentando al pueblo boliviano y a las naciones y pueblos indígenas originarios. Todas las acciones optan por la trampa, hacer trampa; los responsables de estas acciones creen que esto es una astucia política, cuando lo único que hacen es mostrar su propia decadencia ética y moral.
Es un perfil muy peculiar de estos astutos políticos; tienen una representación de la realidad de película. Se trata de un juego de apariencias, lo que vale son las apariencias, lo que aparenta que es, no lo que es en realidad. Por lo tanto se opta por campañas publicitarias y obviamente están muy lejos de la investigación de los hechos, de los acontecimientos, de los problemas. Esto para ellos es pérdida de tiempo y especulación. De lo que se trata es de modelar la opinión pública de acuerdo a los mensajes propagandísticos y publicitarios. Por eso mismo, es preferible el engaño que la transparencia. No se podía esperar de ellos una preocupación por cumplir con las condiciones, los requisitos, la estructura conceptual y normativa de la consulta. Es lo que menos les preocupa; de lo que se trata es de hacer creer que se trata de una consulta. No importa cómo se la haga, tiene que servir este mecanismo para imponer una voluntad antelada, la construcción de la carretera. Por eso se plantea en la ley 222 el dilema de intangibilidad o carretera, cuando ya el SERNAP y las organizaciones indígenas acordaron áreas identificadas como vulnerables, de aprovechamiento económico y de reproducción comunitaria, cuando en la reglamentación de la ley 180 el gobierno, la Asamblea legislativa y las organizaciones indígenas acordaron el significado de intangibilidad. Por eso también el protocolo es un documento indecoroso y descarado de inducción a optar por la carretera, inventándose procedimientos anómalos de encuesta, inventándose representaciones indebidas para abordar estos procedimientos en las localidades dónde se aplicaría el cuestionario. Todo esto se hace sin resquemor, sin rubor alguno, con pleno descaro. ¿Por qué se opta por el mecanismo de la trampa y no por una construcción consentida y consensuada con los pueblos indígenas?
El proceso de la consulta es complicado, llevaría por lo menos dos años en prepararla y ejecutarla. Se requiere participación, reunir la información, difundirla en lenguas propias de los pueblos indígenas; se requiere esperar el desenvolvimiento de las deliberaciones y de las asambleas. Para esto es menester la participación de las representaciones genuinas de los pueblos indígenas, representaciones que el gobierno considera como enemigos. Para esto es necesario informar sobre los impactos ambientales y sobre la organización, cohesión y cultura indígenas. Se requiere buena fe, que es lo que más le falta al gobierno. No se quiere la consulta, pues no se aprecia la decisión libre de los pueblos indígenas; se suplanta su opinión por la presuposición gubernamental, se supone que las comunidades quieren desarrollo, quieren escuelas, quieren hospitales; por lo tanto quieren la carretera. Acostumbrados a la violencia estatal, no hacen otra cosa que continuar con la misma violencia, con el monopolio de la violencia, que creen que es el monopolio de la verdad.            
El problema es que todos están comprometidos con esta estrategia, si se la puede llamar así. No sólo el ejecutivo, también la Asamblea Legislativa, el órgano judicial, el órgano electoral, incluso el Tribunal Constitucional. No hay dónde acudir para defender los derechos constitucionalizados. El Defensor del Pueblo es una instancia, empero es débil para hacer cumplir y garantizar los derechos. Los organismos internacionales ayudan, empero sólo terminan observando y acompañando las marchas. Sólo queda confiar en la propia fuerza, en la propia potencia social, en las marchas y movilizaciones populares. La solución del problema vuelve a remitirse a la correlación de fuerzas, correlación puede desatar otras acciones, jurídicas, de denuncia y hasta de exigencia. Otra vez está en manos del pueblo corregir los decursos históricos.
Como se puede ver, se trata de una coyuntura política complicada, de un panorama polarizado, incluso paradójico. Por un lado hay un control casi absoluto del Estado, todos los órganos de poder, todas las instituciones oficiales, incluso la amplia mayoría de las gobernaciones, están en manos de lo que llamaremos provisionalmente los grupos de poder. A propósito no nombramos al MAS, pues es difícil creer que el MAS gobierna. La impresión es diferente, incluso en las dirigencias del MAS. El más no dejó de ser un instrumento electoral, de convocatorias electorales y espacio de negociaciones y acuerdos con las organizaciones sociales. Empero nunca se discutió en los congresos del MAS la dirección de las políticas públicas. Todo quedó en manos del ejecutivo. Muchas direcciones del MAS tienen  la percepción de que los que se encuentran en el ejecutivo son invitados y no miembros del MAS. Este tema es digno de análisis, pero no se puede hacerlo en este momento y en este ensayo, quedará pendiente. Por lo tanto, volviendo al análisis, vemos que los grupos de poder controlan todo, pero este control no se encuentra respaldado por la legitimidad. Al contrario se ha venido perdiendo la legitimidad en la medida que se ha hecho evidente la dirección política inconstitucional y la opción por el modelo extractivista. La crisis del gasolinazo y la crisis del TIPNIS terminaron quitándole la legitimidad que le quedaba al gobierno. Después de las elecciones de los magistrados se constata que el MAS, en términos electorales, es ya una minoría, al ser vencidos en la votación por el voto nulo. La paradoja entonces es esta, el costo del control del Estado a como dé lugar resultó en un vacío de legitimidad, que puede también constatar un vaciamiento político.
Otra paradoja es la que tiene que ver con las actuales alianzas políticas que sostienen al gobierno. La alianza con las naciones y pueblos indígenas originarios ha desaparecido, se ha roto el Pacto por la Unidad; por un lado están las organizaciones campesinas, denominadas popularmente como las trillizas, apoyando al gobierno; por otro lado están las organizaciones indígenas, el CONAMAQ              y el CIDOB, buscando la reconducción del proceso, encaminadas en la defensa del TIPNIS, de la madre tierra y de la Constitución. La nueva alianza del gobierno es con la burguesía boliviana, con los agroindustriales, los banqueros, los empresarios, los terratenientes y los nuevos ricos, comerciantes, intermediarios, contrabandistas y campesinos ricos, vinculados a los monocultivos. Esta alianza convierte al gobierno en administrador de los intereses de la burguesía y de las empresas trasnacionales. Además esta alianza enfrenta al gobierno con el pueblo.
La paradoja más contrastante es la que tiene que ver con la continuación expansiva del modelo extractivista y la economía rentista, renunciando a la transición al vivir bien, como modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, renunciando a la construcción de una economía social y comunitaria, renunciando sobre todo a la transición y la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, al sistema de gobierno de la democracia participativa, del ejercicio plural de  la democracia, directa, representativa y comunitaria. Esta paradoja muestra los alcances del realismo y el pragmatismo del gobierno; no se cree en el cambio sino solo en la necesidad de mantenerse en el poder. Hay pues un acomodo a las estructuras y relaciones de poder regionales e internacionales. Por eso, las políticas se retienen sólo en la emisión de bonos, completamente adecuados a la economía rentista; empero se renuncia a las inversiones estructurales y logísticas en salud, en educación, en la calidad de vida. Se prefiere optar en la provisionalidad de la coyuntura y renunciar a políticas estructurales de mediano y largo plazo. Peor aún, se renuncia taxativamente a la industrialización de las materias primas y se prefiere extender la exportación de recursos naturales; se renuncia a la soberanía alimentaria, prefiriendo apoyar el comercio de monocultivos destinados al mercado externo; se renuncia a fortalecer, expandir y consolidar el mercadeo interno. También se renuncia a la inversión productiva, prefiriendo el gasto, el incremento de la deuda interna y externa, además del ahorro sin sentido de las reservas internacionales, cuyo objeto es un efecto sumatorio como resultado del equilibrio macroeconómico, tan buscado por las políticas monetaristas.
Entonces se entiende que lo que tenemos no es tanto un Estado aparente, figura de la discusión marxista, no es tanto un Estado fallido, discusión conservadora e imperialista, sino la figura de un Estado usado no sólo en el sentido de la separación entre Estado y lucha de clases, entre estado y sociedad, entre Estado y comunidades, sino en el sentido de la manipulación masiva, de la disuasión represiva, en el sentido de los engaños múltiples, de las astucias políticas proliferantes, en el sentido de la efectuación de la política como trampa.
Obviamente el caso boliviano no es el único caso, todo esto forma parte de la crisis múltiple del Estado, de la forma Estado, de los Estado-nación. El caso boliviano tiene sus propias peculiaridades, sus intensidades y sus dramatismos, que tienen que ver con su propia historia política, sobre todo la reciente. Hay quienes todavía se ilusionan con concluir la construcción del Estado-nación, pues consideran que su construcción ha quedado inconclusa, inacabada, que el fracaso económico tiene que ver con este inacabamiento del Estado-nación, que el fracaso de las nacionalizaciones tiene que ver con esta inconclusión y falta de totalización. Esto parece más un justificativo para seguir insistiendo en una perspectiva política en crisis, sin considerar el carácter subalterno de los Estado-nación periféricos. Es también un justificativo de algún ideólogo del gobierno que explica el diferimiento del Estado-nación, por lo tanto su dilatación y la postergación de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, debido a la tarea pendiente de concluir con la construcción del Estado-nación. Esta justificación sirve en sentido pragmático para proseguir con la línea del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. La crisis actual del capitalismo, la crisis política del orden mundial, la crisis ecológica que es la medida del costo del capitalismo transferido a la naturaleza, muestran la insostenibilidad de esta perspectiva política nacionalista. Es menester e indispensable una transición más allá del Estado-nación.  Esta perspectiva ha sido pensada por los movimientos sociales anti-sistémicos y las naciones y pueblos indígenas, esta es la transición política del Estado plurinacional comunitario y autonómico.   

La guerra sucia
Los militares argentinos emprendieron una guerra sucia en la década de los setenta, que llegó a irradiarse incluso hasta la década de los ochenta, afectando la interpretación buscada en la década de los noventa. Se habla de 30 000 desaparecidos. Si el Estado se sustenta en el concepto de fuerza mayúscula, en la excepción misma que pone en suspenso los derechos fundamentales, la acción militar actúa en el sentido de la desaparición de los sujetos de derechos. En el mapa de estos recursos violentos tenemos los medios de la descalificación y de la denigración, como parte de una guerra psicológica. No es casual que ahora se emplee estos medios contra las organizaciones indígenas y sus dirigentes. El Estado, los hombres de Estado; el gobierno, los métodos de gobierno; no conocen otros recursos para afrontar una crisis, la crisis de su propia legitimidad y gubernamentalidad. Son viejos procedimientos, no se necesita genialidad para ejecutarlos, sino rutina, hombres sin pudor para decir y ejecutar. Los dirigentes y las organizaciones indígenas confrontan estos procedimientos y a esta clase de personajes.
¿Cuál es la lógica en todo esto? ¿La pretensión de los descalificadores es hacer creer a la gente en la veracidad de sus denuncias? ¿Eso esperan? ¿O mas bien se trata de actos de guerra, denigrar, descalificar al enemigo, hundirlo, convertirlo en un monstruo, pasible de la descarga más violenta de la acción de limpieza estatal, justificada? Es difícil aceptar la hipótesis de que quieren convencer; este ya no es un problema en un mundo mediatizado, donde ya no importa la objetividad o la correspondencia con los hechos sino las escenificaciones. Tampoco se puede esperar que los que emiten estas acusaciones lo crean; lo hacen porque están persuadidos de que tienen que hacerlo. Tienen que atacar, demoler, destruir. El único lugar inocente donde parece circular cierta credibilidad sobre estas cosas es el espacio donde se inscribe el discurso, espacio blando, moldeable, que acepta todo lo que se imprime; empero este espacio comunicacional, de difusión y circulación, es un espacio sin sujeto. En cambio los que perciben el mensaje son sujetos; ellos son sometidos al bombardeo sistemático de la descarga ideológica. ¿Cuántos de los sujetos creen? Ya acostumbrados a esta guerra mediática, es difícil esperar que la mayoría caiga en la ingenuidad de creer. Por lo menos se duda. Ahora bien debe haber una variedad de perfiles en relación a la percepción y recepción de la comunicación. En este mapa de perfiles debe haber un grupo, afín, que dice que cree y lo rarifica. Esta postura es no solamente condescendiente sino cómplice. Empero, no hay que olvidar que no se trata de una lucha por la verdad; esta relación ética y cognitiva se encuentra fuera de estas preocupaciones por imponer la versión oficial. Es un problema de fuerzas; de lo que se trata es de crear la atmósfera correspondiente de desprestigio para justificar una acción; por ejemplo, la ocupación militar del TIPNIS.
Lo que está en juego son las fuerzas, la correlación de fuerzas; la movilización de la IX marcha indígena y las acciones que pueda realizar el gobierno para detener, descalificar, diseminar, dividir a la movilización misma. Los discursos son dispositivos de poder en estos escenarios de la coyuntura. En esta perspectiva lo que desplaza el gobierno son acciones de guerra. Imponer una consulta extemporánea, es decir, un cuestionario; desplegar juicios a los dirigentes indígenas; amenazar, chantajear, presionar, por todos los medios a las comunidades del TIPNIS; descalificar a sus dirigencias; ocupar militarmente el TIPNIS; preparar la consulta con toda la logística estatal, incumpliendo con la Constitución, los convenios internacionales, el consentimiento, la condición de previa, libre e informada; no es otra cosa que actos de guerra, la guerra del Estado-nación contra el germen del Estado plurinacional comunitario y autonómico, que se encuentra en la Constitución y es defendido por las naciones y pueblos indígenas.
Estos actos de guerra se complementan con otros procedimientos que podemos identificar como de desinformación y manipulación abierta. La presidenta de la cámara de senadores despliega toda una exposición justificativa de la ley de consulta, dice que cumple con la Constitución, con los convenios internacionales, con los requisitos del consentimiento y las condiciones de previa, libre e informada. Lo dice de una manera rutinaria, incluso acudiendo a James Anaya, responsable en Naciones Unidas de la unidad encargada de los derechos de los pueblos indígenas. También acude a Bartolomé Clavero, un defensor de los derechos indígenas, conocido por su apoyo y difundida escritura de análisis sobre los tópicos problemáticos de la garantía y  cumplimiento de los derechos indígenas por parte de los estados. Lo que se observa en esta desesperada utilización es que se desconoce la posición de estos connotados caballeros; Bartolomé Clavero ya ha escrito y hecho conocer su posición crítica, su observación al incumplimiento por parte del gobierno en relación al derecho a la consulta previa; y NNUU ha notificado oficialmente su preocupación por la suspensión de los derechos indígenas en torno a los pleitos desatados por la expansión extractiva. ¿Por qué se hace esto, la utilización descomedida y des-contextuada de estas dos referencias connotadas? ¿Por qué se lo hace? ¿Se considera que tanto Anaya como Clavero no van a escuchar y leer estas reminiscencias? ¿Se quiere hacer creer a los bolivianos que la ley de consulta está bien estructurada y recibe incluso el apoyo de connotados defensores de los derechos indígenas? A diferencia de las acciones de guerra, este discurso si quiere convencer; se desenvuelve como retórica. Tampoco aquí se trata de lograr la verdad, como en filosofía, ni mucho menos el rigor, como en lógica; se trata simplemente de convencer. Ahora bien, uno de los requisitos de la retórica para con su auditórium es la empatía, otro es la seducción, también podemos hablar de la forma de la exposición y el orden, de un preámbulo y de unas conclusiones, teniendo en el medio la argumentación. Ninguna de estas condiciones son atributos de los expositores del gobierno. Tampoco les va bien con la retórica, menos con la política, que además de ser un juego práctico de las relaciones de fuerza, también hace la conjunción articulada del uso de los lenguajes, incluyendo al lenguaje de la imagen, a la retórica, a la lógica, de alguna manera a la filosofía y, porque no, un uso particular de las ciencias. En resumidas cuentas, la exposición retórica del congreso no convence.
Tenemos entonces dos ejes de despliegue político del gobierno, las acciones de guerra y la retórica, la preparación del terreno para las acciones de despliegue y lo que debería ser el arte del convencimiento. La pregunta es ¿cómo abordar esta problemática, tanto desde la perspectiva de la comprensión así como desde la perspectiva de la resistencia política? Ante todo no se puede caer en la acción comunicativa, en las pretensiones de verdad, en creer que el problema se resuelve en la discusión diferida sobre la verdad, en quién tiene la verdad. Esto no le interesa al gobierno, no le interesa al aparataje del Estado, no les interesa a los órganos del Estado, a los llamados poderes, tampoco se espere que le interese a la administración de justicia, que está totalmente cooptada y forma parte, como un aditamento, de una estrategia de disuasión y de criminalización de la protesta. Ciertamente a los únicos que les interesarían la dilucidación de la verdad, de la correspondencia con los hechos son las víctimas. Son las únicas que estarían interesadas en el esclarecimiento. Empero se encuentran lejos de los recursos del poder como para defenderse adecuadamente, sólo pueden recurrir a la potencia social, a la resistencia, a la movilización, a la defensa de sus derechos. Entonces la verdad, en este caso, vendría a ser problemática, enfrentando el problema del encubrimiento, del ocultamiento, de la forma como se encapsula en la experiencia dramática de las víctimas. Experiencia que por sí mismo no puede ser muda, pues en todo caso quedan los testimonios, los testimonios de la violencia; también la memoria, la memoria devenida de la experiencia del sufrimiento, pero también de la alegría de las luchas.  Las victimas no se callan, hablan; este es un grave problema para el poder.
Si bien hay que afrontar a las fuerzas de la represión con fuerzas de la resistencia, si bien hay que enfrentar a la mala retórica del congreso con exposiciones claras, no se puede dejar encerrada a la verdad en el lugar más espeso de la memoria, en el lugar más dramático de la experiencia, en la huella que deja en los cuerpos. Es menester liberar este ámbito de la experiencia y de las relaciones de los saberes con ella, es menester expresar la verdad desde la experiencia de las naciones y pueblos indígenas, desde las comunidades, desde la perspectiva de las comunidades de la TCO del TIPNIS. La lucha por la verdad viene a ser una lucha por la develación y la revelación, además de contener ribetes filosóficos. Esto es importante, porque la apropiación de ese lugar de la dominación, desde donde se dice supuestamente la verdad, que no es más que un simulacro del poder, porque la toma de la colina, desde donde se observa el paisaje, debe ser una conquista de las y los que resisten, las y los que luchan, las y los que combaten. Este puesto debe ser arrancado de los que han monopolizado los manejos discursivos; la verdad debe dejar de ser un producto del poder.
La experiencia de las comunidades de la TCO del TIPNIS tiene que ver con la memoria larga, con el ciclo largo de las estructuras de la rebelión, con aquello que los llevó un día a lanzarse a la primera marcha indígena en defensa del territorio y la vida, con todo lo que ha acontecido desde entonces hasta ahora, en plena convocatoria a la IX marcha indígena. Es la experiencia de sufrimientos, pero también de luchas, devenida en perspectiva propia, amazónica, de reconstitución y reterritorialización, devenida en derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, devenida en el horizonte abierto por la visión del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La verdad de las comunidades de la TCO del TIPNIS tiene que ver con la alternativa concebida como ñandereco, ivimarey, suma kausay, suma qamaña, traducida al castellano como vivir bien. Una verdad que interpela la ilusión del desarrollo y de la riqueza fácil, que interpela por lo tanto la construcción de la carretera que atravesaría el territorio indígena y parque Isiboro-Sécure; carretera que destruiría el bosque, el territorio indígena y el parque, por lo tanto que destruiría el ecosistema. Esta experiencia y esta verdad están sometidas a una prueba dura; el gobierno ha decidido el 2008 construir la carretera, ha intentado desde entonces imponer su voluntad extractivista. Después de un sinuoso recorrido de comportamientos ambiguos y contradictorios en torno al TIPNIS quiere imponer un cuestionario, al que le llama consulta, sin consentimiento de los pueblos indígenas. La novena marcha indígena busca defender su verdad, ampliar la experiencia de las luchas, convocando al pueblo boliviano a la reconducción del proceso.

Psicología de los gobernantes
Cuando ya no se tiene vergüenza de nada

A veces uno no sabe si reírse ante ciertos aspavientos. ¿Qué pensar de ciertas demostraciones de fuerza? ¿La gente que lo hace cree qué lo hace bien, qué es una astucia o sencillamente le basta con amenazar? ¿Se ha perdido definitivamente la proporción de las cosas, de las relaciones, de las composturas? ¿Qué hay en eso de decir cuidado, yo los controlo, soy el vigilante de la noche y el día, tengo sus secretos, estoy al tanto de sus intimides? ¿Qué hay en eso de decir cuidado, los hemos grabado, sabemos lo que dicen, tenemos más gravitaciones? Es como decir mejor pórtense bien pues los tenemos grabados, conocemos lo que declaran y en qué andan. ¿Qué es esto? ¿Un juego de espías?  ¿Cómo en las  películas? ¿Se sienten como si fuesen los actores de una film de acción? ¿O se trata del gusto avieso de detentar el poder, mostrar la fuerza que puede ser usada, disuadir, sentirse poderosos? ¿Es eso? ¿El estar en condiciones de disponibilidad de recursos y del acceso monopólico de la violencia suscita segregaciones particulares que convierten a la gente de poder en una especie rara, una extraña especie que degusta de los escenarios y las puesta en escena, de los show, gente a la que le encanta y goza del ejercicio de poder, siente placer en el uso mismo del poder, en el desplazamiento descomunal de las fuerzas sobre los demás? ¿Es así? Difícil saberlo, empero lo que llama la atención es la inocencia con la que hace esta gente poderosa sus aseveraciones; tenemos más registros, cuidado señores y señoras. Cualquier rato podemos darlas a conocer. Ni se inmutan ante semejantes dictámenes, no se enteran de que las mismas son prueba de un delito, la intromisión en la vida privada, el espionaje, el violar los derechos fundamentales, los derechos civiles y políticos. Lo que importa es dar a conocer que se posee algo, una especie de secreto de las intimidades de los demás. Hay un gusto morboso en hacerlo. Como una confesión. Esta revelación no fue arrancado en el confesionario, tampoco por medio del recurso de la tortura, a la que podrían recurrir si lo demás es inútil, sino logrado por medio del espionaje, la grabación, la escucha, la intromisión. ¿Se lo hace por la seguridad del Estado? Acaso este es un justificativo. Nadie ni nada está por encima de los derechos fundamentales. Pero también nadie está sobre la lógica, por lo menos como en un mínimum minimorum de lógica, aunque esta expresión sea mas bien matemática. Empero se cree que se puede decir cualquier cosa, expresar cualquier necedad sin inmutarse, pues se tiene los dos tercios de la Asamblea Legislativa y el control de los cuatro órganos de poder.

 

¿Cómo se llega a esta situación donde uno se cree inmune, estar sobre las cosas y sobre la gente? Este estado de ánimo es digno de estudiarse. ¿Qué se hace? No tanto con la gente grabada, espiada, sino con la gente que ha grabado, escuchado sin permiso ni consentimiento y tiene en su poder las intimidades de los que son objeto de espionaje. Pues esto es un delito. Imposible recurrir al órgano judicial. Ellos tienen de antemano una respuesta, totalmente justificativa, aunque viole la Constitución y los derechos fundamentales. El poder produce otras verdades, sobre todo derivadas de las complicidades y el agradecimiento de favores. Al final es la connivencia del ejecutivo, la Asamblea Legislativa y el órgano electoral la que los ha puesto donde están, ha impuesto a los magistrados, candidatos oficialistas, contra viento y marea, sin contar con la participación y selección deliberativa desde las circunscripciones, desde las bases, como establece la Constitución. ¿Es que las y los ciudadanos se encuentran tan indefensos? No es así, el recurso a la denuncia, el recurso a la protesta, el recurso a la movilización, son recursos que están en manos del pueblo, son las garantías materiales y políticas de la defensa de los derechos fundamentales y de la Constitución. Aunque se tenga la amenaza en muchos países, incluyendo al nuestro, de la criminalización  de la protesta, es difícil sino imposible impedir las resistencias contra al abuso del poder y el poder mismo, en todas sus múltiples formas.

 

El pueblo boliviano está movilizado, por lo menos gran parte del pueblo boliviano; las naciones y pueblos indígenas originarios, las organizaciones de los trabajadores aglutinados en la COB, los médicos y trabajadores de salud, los estudiantes, ciertas regiones en defensa de sus competencias autonómicas. Otra parte del pueblo, como los campesinos, están cooptados por la telaraña de redes de complicidades, circuitos de influencias y expectativas sobre beneficios que brinda el apoyo al gobierno oficial, olvidándose de la reforma agraria, tarea ineludible para un movimiento campesino que se pregone como tal. El proceso ha llegado a uno de sus momentos de mayor intensidad en la trama de sus contradicciones y en el entramado de sus dilemas. ¿Se va dejar expropiar el sentido del proceso por parte de estos personajes enamorados de sí mismos y amantes del poder? Para los gobernantes, para los funcionarios, para los legisladores oficialistas, para los magistrados agradecidos de los favores, para los supuestos garantes de las elecciones, también comprometidos en una red articulada de complicidades, todo ya está resuelto; se trata de la defensa del proceso, pues creen que el proceso son ellos. ¡Vaya osadía! ¡Qué muestra de humildad! El proceso son estos egos inflamados. No podría ser tan pobre el proceso.

 

Pero, no es así, el proceso es el conjunto de acontecimientos histórico políticos, que escapan al control de estos burócratas y administradores de normas, funcionarios, gente muy lejos de tener ningún control sobre las dinámicas moleculares de los acontecimientos. Nadie los tiene. El proceso es como la forma y el desplazamiento de la crisis en el sentido la invención de otros horizontes históricos y culturales, que comprenden las nuevas formas políticas e institucionales. El proceso es la potencia social, comprende las múltiples fuerzas políticas en acción, desplegando sus capacidades creativas. Ningún proceso histórico y político de transformación se reduce a la gente del gobierno, a sus ánimos ego-céntricos, tampoco a la instrumentalidad oxidada y chirriante de la maquinaria estatal. Estos son mas bien los obstáculos que hay que vencer, estos son los contra-proceso que hay que desmantelar y de-construir.  

 

Que haya gente que cree que ellos son el proceso no debe sorprendernos, esto siempre ha ocurrido en otros procesos y en otras revoluciones. Cuando ocurre esto es cuando el proceso, cuando la revolución, se repliega a sus coagulaciones más conservadoras, los ánimos y los intereses de los gobernantes, que defienden los intereses de las estructuras de poder que los gobiernan, estructuras y relaciones, diagramas y mapas de poder, en los que están atrapados e insertos, formando parte de ellos como engranajes del poder estructurado; se den o no se den cuenta de estas condicionantes y estas mediaciones. Es parte de la inflamación afectiva de los egos gobernantes. Lo que sorprende es otra cosa, que esto vuelva a ocurrir ahora, en un proceso descolonizador, como si fuese una condena de todo proceso, incluso del proceso descolonizador. Toda revolución termina hundida por sus propias contradicciones, aunque la misma haya cambiado el mundo y el mundo no vuelva a ser el mismo. Lo anecdótico es que los personajes del poder declaren, de una u otra forma, más figurativa, menos figurativamente, que ellos son el proceso, que es en ellos donde se guarece el proceso. Estas declaraciones son pieza del anecdotario.

 

Para seguir adelante, en estas consideraciones sobre la psicología de los gobernantes, Haremos tres anotaciones a partir de los registros tomados por Sigmund Freud sobre el narcisismo. El famoso psicoanalista escribe:
El término narcisismo procede de la descripción clínica, y fue elegido en 1899 por Paul Näcke para designar aquellos casos en los que individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una completa satisfacción. Llevado a este punto, el narcisismo constituye una perversión que ha acaparado toda la vida sexual del sujeto, cumpliéndose en ella todas las condiciones que nos ha revelado el estudio general de las perversiones[23].
Otro apunte de Freud, cuando se refiere a la intervención de la libido en la constitución del sujeto,  registra que:
En este sentido, el narcisismo no sería ya una perversión sino el complemento libidinoso del egoísmo del instinto de conservación; egoísmo que atribuimos justificadamente, en cierta medida a todo ser vivo. La idea de un narcisismo primario normal acabó de imponérsenos en la tentativa de aplicar las hipótesis de la teoría de la libido a la explicación de la demencia precoz (Kraepelin) o esquizofrenia (Bleuler).
Seguidamente escribe:
Estos enfermos, a los que yo he propuesto calificar de parafrénicos, muestran dos características principales: el delirio de grandeza y la falta de todo interés por el mundo exterior (personas y cosas).  
Retomando los registros de Freud, podemos ver que el narcisismo es atendido tanto como enfermedad, así como es comprendido en tanto narcisismo primario en la construcción de la identidad. En tanto enfermedad se la asocia a una expansión desmesurada de la sexualidad y de la obsesión sexual; en tanto identificación primaria resulta ser un complemento libidinoso del egoísmo del instinto de conservación; egoísmo que atribuimos justificadamente, en cierta medida a todo ser vivo. Empero, cuando el narcisismo deja de ser primario e invade la vida del sujeto, sobre todo adulto, se manifiesta como delirio de grandeza y la falta de todo interés por el mundo exterior. Esto último sobre todo es importante cuando comparamos la fenomenología narcisista con el comportamiento esquemático de los gobernantes.
La pregunta entonces es: ¿Por qué la puesta en escena del poder, los escenarios del poder, la disponibilidad de poder como recurso a mano, generan esta clase de comportamientos, el delirio de grandeza y la desconexión con la realidad? Baruch Spinoza decía que nadie sabe de lo que el cuerpo es capaz;  en complementariedad y en contraste, nosotros deberíamos decir nadie sabe de lo que es incapaz el sujeto; por ejemplo de que es incapaz de controlar el impacto en su subjetividad de determinados escenarios, escenificaciones, del estar expuesto y ser alguien público; sobre todo, el sujeto es incapaz de controlar el efecto que le produce el disponer de poder. Un adagio popular dice: si quieres conocer a una persona dale poder y verás lo que es ella. Esta es una temática sugerente y digna de estudio, lastimosamente la psicología y el psicoanálisis se han dedicado a construir clasificaciones de enfermedades, alejándose de los estudios indispensables, del estudio de los comportamientos y conductas de las personas en sus actividades, sobre todo en las actividades públicas, particularmente cuando están en función de gobierno. Parece que en estas condiciones las subjetividades son profundamente afectadas, incluso desestructuradas y estructuradas de nuevo; los sujetos en condiciones de presión pública terminan impulsadas a desatar un narcisismo secundario, así lo llamaremos, que los conduce a sentirse impunes y suspendidos sobre los demás mortales.
Al respecto, entiéndase bien, no se trata de justificar los actos de la gente de gobierno, al contrario, se trata de explicarse comportamientos, sobre todo se trata de comprender los funcionamientos, la fenomenología, la genealogía del poder, en sus múltiples planos y niveles. Uno de esos planos es psicológico, otro plano es político; hay otros planos, como el económico y el sociológico, además de otros que tienen que ver con los campos definidos por las estructuras y relaciones de poder. En lo que respecta al plano psicológico es indispensable no solamente identificar los esquematismos de comportamiento de la gente de poder sino sobre todo su fenomenología y genealogía. No solamente se trata de continuar con la crítica del poder, con la crítica de la política, lo que ciertamente es necesario, sino de comprender que los escenarios de poder, la institucionalidad del poder, es decir, los espacios de poder también crean una distancia ficticia y son el lugar de producción de estos sujetos narcisos, de este narcisismo secundario, de estos ejemplares de gobierno, que son responsables del uso y del abuso de poder.
Otra cosa que llama la atención en el comportamiento de los gobernantes es su maquiavelismo vulgar, lo llamaremos así, pues nada tiene que ver con los análisis de Nicolás Maquiavelo y sus aportes al análisis y comprensión de la política. Este maquiavelismo vulgar se reduce a la tesis de que el fin justifica los medios, cosa que nunca ha escrito, afirmado o dicho Maquiavelo. Este fin es figurado como objetivos, también como programa, aunque estos mismos objetivos y el programa se haya reducido a la mínima expresión; entonces todo vale para cumplir con los consagrados objetivo y el caro programa, incluso sacrificar a la gente. A nombre de la libertad y de la revolución se han cometido los peores crímenes. Estos crímenes contra la humanidad y contra los derechos humanos no son perdonables en nadie; no son perdonables a la derecha, que efectúa estas violaciones para defender sus intereses de clase; menos son perdonables a la izquierda, que por cumplir con las transformaciones termina sacrificando a los humanos y a la naturaleza. Estas transformaciones no llegan, lo que se aparece es la descomunal expansión del Estado, que termina defendiendo los intereses de la burocracia, así como del control y dominio del capital; lo que se espera que debiera estar superado en un proceso de transformaciones.
Esto no es nada más que una suplantación. Los portadores del fuego santo, los clarividentes, la supuesta vanguardia, se cree en el derecho, por considerarse tal cosa, de hacer cualquier cosa, la misma que queda justificada por la mera extravagancia de su identificación con un fantasma imaginario, por la investidura que le transmiten los ropajes de espectros del pasado, los viejos revolucionarios. Esta es una total confusión, los delincuentes del poder confunden la realidad con el guión pre-establecido, guión de una interpretación antojadiza de la historia de las revoluciones. Y cuando actúan creen que pelean como Don Quijote contra dragones cuando lo hacen contra molinos de viento. Sólo que Don Quijote lo hacía a nombre de las novelas de caballería y los gobernantes lo hacen a nombre de aburridos programas monetaristas y descoloridos realismos políticos.       
                 
Las líneas de fuga de las marchas indígenas
Las nueve marchas indígenas
La primera marcha indígena aconteció en 1990, fue denominada "Marcha por el Territorio y la Dignidad"; esta marcha comenzó por iniciativa del pueblo Moxeño y partió de Trinidad. Después de un gran esfuerzo que ascendió a las alturas desde tierras bajas, atravesando la diversidad ecológica de los territorios, la marcha llegó a La Paz para sorpresa de los paceños, quienes estupefactos y sorprendidos recibieron calurosamente a los marchistas. Esta marcha indígena es el punto inflexión histórico y político; con este hito se abandona una era, la circunscrita en el horizonte de las expectativas de la modernidad, constituida por las luchas populares nacionalistas y por las luchas obreras por el socialismo, y se ingresa a otra era, la era de la descolonización, en el sentido indígena, no el sentido de la interpretación de Naciones Unidas, que es mas bien una legitimación de las conquistas coloniales y las colonizaciones dadas desde el siglo XVI. El sentido de-colonial indígena abre un horizonte alternativo a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo desde las cosmovisiones indígenas.   
La segunda marcha indígena se dio lugar en 1996; esta marcha se denominó "Marcha por el Territorio, el Desarrollo y la Participación Política de los Pueblos Indígenas". Se trató de una caminata indígena-campesina de todos los pueblos miembros de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB); la marcha partió de Samaipata. Este desplazamiento indígena logro arrancar al gobierno de turno dos reivindicaciones importantes: la promulgación de la Ley INRA y el reconocimiento de 33 Tierras Comunitarias de Origen (TCOs).
La tercera marcha indígena ocurrió el año 2000; fue denominada "Marcha por la Tierra, el Territorio y los Recursos Naturales", fue organizada por la CPESC, el pueblo moxeño del Beni, además de la participación de otros pueblos de la Amazonia. La marcha comenzó en Montero. El resultado de este desplazamiento indígena fue la modificación de la Ley INRA y un Decreto que reconocía oficialmente las lenguas de los pueblos indígenas de las tierras bajas.
La cuarta marcha indígena aconteció en mayo de 2002; esta marcha fue denominada la "Marcha por la Soberanía Popular, el Territorio y los Recursos Naturales". Esta marcha contó con el apoyo y la participación de las organizaciones campesinas; se llegaron a aglutinar y desplazar más de cincuenta organizaciones sociales. La marcha partió de Santa Cruz y llegó hasta La Paz. La marcha consiguió un convenio con el gobierno y los partidos políticos con representación parlamentaria, los que se comprometieron a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.
La quinta marcha indígena se dio lugar el 2006; se efectuó con el objeto de la recuperación de los territorios indígenas y la modificación de la Ley INRA. En esta secuencia, la sexta marcha indígena ocurrió el 2007 y partió de Santa Cruz de la Sierra, se planteó el objetivo de la defensa y reconstitución del territorio y la reconducción comunitaria de la reforma agraria.
La VII marcha indígena acaeció el 2010, se organizó en defensa de la autonomía indígena y el derecho a la consulta. La demanda de autonomía indígena y el respeto a la consulta. Esta marcha debería llegar a la ciudad de La Paz desde Trinidad, empero sólo arribó a Santa Cruz, pues una comisión del gobierno del presidente Evo Morales se comprometió a atender sus demandas.

La VIII marcha indígena aconteció recientemente, el 2011, se efectuó por la defensa del Territorio Indígena y Parque Isiboro-Sécure, en contra la construcción de una carretera que atravesaría el núcleo del parque, donde prácticamente no hay comunidades, es zona que goza de la protección de las leyes ambientales; el SERNAP la ha clasificado como zona vulnerable a cualquier proyecto que afecte el ecosistema y la biodiversidad. Esta marcha arranca del gobierno la ley 180 de protección del TIPNIS, empero inmediatamente, como arrepentido de lo que ha hecho y queriendo hacer trampa, el gobierno se encamina a borrar con el codo lo que escribió con la mano. Busca abrogar la ley que promulgó el presidente y aprobó la asamblea legislativa, ante la contingencia de no poder hacerlo, debido a las resistencias y las observaciones internacionales, termina aprobando y promulgando la ley 222, que irónica la denomina de consulta, cuando es un mañoso cuestionario que induce a la inclinación por la carretera, a la que califica de “desarrollo”.
En esta perspectiva, el gobierno ha optado por una violencia velada; mientras decía que apoyaba la consulta, en la práctica intervenía militarmente en el TIPNIS, presionando, chantajeando, dando obsequios, obligando a firmar compromisos con dirigentes medios o de comunidades para que no asistan a la marcha. Por lo tanto, como se puede observar, el conflicto del TIPNIS no ha concluido.
La novena marcha indígena estalla ante la maniobra del gobierno y su espuria consulta, se efectúa por la defensa de la ley 180, que protege al TIPNIS, y en contra de la ley 222, que impone un cuestionario violando la estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios internacionales y en la Constitución. El gobierno cree que puede hacer lo que se le antoja; sólo por poner el nombre de consulta a la ley, considera que por arte de magia ya se trata de consulta. La consulta, además de previa, debe ser con consentimiento; es decir, debe contar con el consentimiento de los pueblos indígenas; también debe ser libre e informada; es decir, debe constituirse un proceso de consulta, de buena fe, donde se acuerde y se construya una ley marco, las condiciones de la consulta, un protocolo compartido, consensuado y las preguntas acordadas mutuamente. Como se puede ver nada de esto se cumple.

Una comparación de la VIII y la novena marcha no se la puede hacer pues la novena marcha no ha terminado. Sería un apresuramiento. Empero lo que se observa hasta el momento es que el gobierno ha logrado dividir las fuerzas con todo el peso de la intromisión del Estado, desconociendo a las organizaciones matrices y representativas de los pueblos indígenas. Ventilando en el aire que los jerarcas del gobierno deciden quién es representante y quien no de los pueblos indígenas, con el mayor descaro y falta de pudor. Estos jerarcas dicen que dialogan todo el rato con las dirigencias regionales, sin darse cuenta que develan ingenuamente su propia intervención indebida, en una acción indecorosa de división de las organizaciones indígenas. También se puede observar un desgaste acumulado, sobre todo por las proximidades de la IX marcha y la VIII marcha. Por otra parte, el contexto de la IX marcha no es equivalente a la del contexto de la VIII marcha, pues ahora se enfrenta a la promulgación de una ley tramposa y manipulada, que supone ser consulta, cuando es una flagrante violación a los derechos de las naciones y pueblos indígenas, consagrados en la Constitución y establecidos en el Convenio 169 y la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas; también se trata de una violación de la estructura misma de la consulta, de sus requisitos y sus condiciones.
Empero, hasta el momento la fuerza de la IX marcha radica en las debilidades del gobierno y la Asamblea Legislativa. Primero, se trata de una debilidad ética, moral y política; no pueden sostener el montaje de que se trata de una consulta. Segundo, el gobierno y la Asamblea Legislativa no pueden justificar y explicar, a pesar de los denodados esfuerzos y discursos trillados, el por qué la carretera que atraviese un territorio indígena que cuenta con título colectivo, entregado por el mismo presidente el 2009; por qué se lo hace transgrediendo la Constitución y lo que debería ser el respeto a la condición plurinacional comunitaria y autonómica del Estado. Tercero, el gobierno ha enfrentado múltiples demandas y movilizaciones, a las cuales ha tratado, en principio, de escamotear, pero, después de un tiempo, se ha visto obligado a dar solución. El gobierno se ha apresurado a arreglar con los distintos sectores, perdiendo perceptiblemente en todos los terrenos, quedándose enfrente con el conflicto del TIPNIS. Respecto al cual hasta ahora el gobierno no da muestras de buena voluntad y de sano juicio; al contrario, da muestras de querer imponer o vengarse de su derrota ante la VIII marcha, sin atender a un sano juicio que dice que si ha resuelto dialogando los demás conflictos, por qué no resolver este conflicto con los pueblos indígenas también con diálogo, abrogando la espuria ley 222, además del contrato con OAS y la suspensión del préstamo del Banco de Desarrollo del Brasil.
¿Por qué insiste en la testaruda política de imponer una carretera cuestionada, denunciada y mal vista por la mayoría de los bolivianos? ¿Una seducción del abismo, buscando el despeñadero? ¿Demasiados compromisos con el gobierno del Brasil, el IIRSA, el BNDES, con la empresa constructora OAS u otra empresa a la que se puede transferir la construcción? ¿Compromisos electorales con las bases cocaleras que requieren la ampliación de la frontera agrícola, frontera del cultivo excedentario de la hoja de coca? ¿Entrabado ante el espantoso crecimiento y expansión de la economía política de la cocaína? ¿Compromiso con la empresas trasnacionales petroleras en lo que respecta a concesiones en territorios indígenas y parques? ¿Compromisos afines a los que tiene el gobierno con los terratenientes, pues se renunció a la reforma agraria, con los agroindustriales, los soyeros, la burguesía boliviana y los nuevos ricos? La política, sobre todo la política práctica y la práctica política, son excesivamente complicadas y comprometedoras, sobre todo cuando las mismas se asientan en estructuras y relaciones de poder ya establecidos, a los que no se ha querido desmontarlas, manteniendo toda la estructura institucional del Estado-nación, liberal y colonial. Los gobiernos progresistas de Sud América se debaten en la turbulencia de sus propias contradicciones sin querer analizarlas y reflexionar sobre ellas, prefieren justificar sus torpezas y continuismos, manteniendo la dependencia y el extractivismo que someten colonialmente al país a los centros del dominio del sistema-mundo capitalista.

Diletantismo gubernamental
Parece que el presidente ya no sabe lo que quiere, primero, durante la VIII marcha indígena, amenaza con que de todas maneras se hará la carretera. Después, cuando la VIII marcha llega a La Paz, hace aprobar una ley, la 180, de defensa del TIPNIS, declarándolo incluso intangible; esta ley la promulga. A los pocos días, decide hacer campaña en contra la ley que promulgó; lo siguen sumisos todos los funcionarios, los asambleístas y ministros en este devaneo y diletantismo estrambóticos, sin inmutarse de sus gruesas contradicciones. Después aprueban la ley 222, que dicen que es de consulta cuando es un triste cuestionario impuesto, violando la estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios internacionales y en la Constitución. Se trata de un cuestionario y un protocolo que inducen a la construcción de la carretera. ¿Qué clase de consulta es esta? Paralelamente invaden militarmente el TIPNIS, presionando, chantajeando, dando obsequios, obligando a firmar su inasistencia a la IX marcha a dirigentes de comunidades. Todo esto anula plenamente la legalidad y legitimidad de su propio cuestionario impuesto. Empero no se dan por aludidos. Ahora el presidente dice que se inclina por un referéndum a los departamentos involucrados, Cochabamba y el Beni. ¿Quién entiende al presidente? Lo que demuestra este diletantismo y dubitación constantes del presidente es que los intereses en cuestión son muy grandes.  No interesan las comunidades indígenas del TIPNIS, interesa la perspectiva del negocio, tanto del gobierno de Brasil, involucrado en el IIRSA, las empresas brasileras, petroleras y de la construcción, así como también interesa la compulsión por la ampliación de la frontera agrícola para el cultivo de la coca excedentaria. Queda claro que quieren hacer la carretera a como dé lugar, empleando todos los medios a su alcance, la violencia estatal, abierta y velada, el chantaje y la presión, la estrategia de división de las organizaciones indígenas, la cooptación de dirigentes, la manipulación, la aprobación y la imposición de una consulta espuria, hasta un referéndum no contemplado en la Constitución, cuando se trata de territorios y derechos de pueblos indígenas.
¿Hay diletantismo en el presidente o se trata de un juego de fuerzas y distintos posicionamientos al interior del gobierno? Se puede lanzar una hipótesis interpretativa. Tal parece que los que se oponen a la imposición de la carretera es el sector de menor influencia, empero hace sentir de alguna manera su posición, sobre todo cuando el conflicto arrecia. Empero, los que siguen como caballos cocheros la consigna de la carretera del supuesto “desarrollo” parecen ser la fuerza preponderante. Estos hacen sentir su influencia permanentemente, aunque entran en pánico cuando el conflicto adquiere intensidad y amenaza con desencadenar una crisis mayor. Empero, lo que es como la estructura causal de estos devaneos y diletantismos, estas gruesas contradicciones, manifestadas incluso en las declaraciones, es la estructura de poder inscrita y mantenida en el Estado, en la sociedad y en las relaciones dependientes del gobierno en el contexto regional e internacional, estructura y relaciones de poder basadas en el modelo extractivista del capitalismo dependiente.
¿Qué clase de gobierno es este de los diletantismos? Para entender esta pregunta y para responderla debemos hacer visibles los planos en los que se mueve esta gubernamentalidad con ribetes populares y nacionalistas. Hay que preguntarse si el diletantismo se mueve en el plano de los discursos y no en el plano de las prácticas. Si esto ocurre entonces se puede entender que se trata de cortinas de humo mientras se hace otra cosa. ¿Pero, es así? Si se llega aprobar una ley en defensa del TIPNIS y después se busca desesperadamente abrogarla, terminando aprobando una ley de consulta, aunque en realidad ya no se trate de una consulta, sino de la imposición de un cuestionario inductor, entonces podemos entrever que el diletantismo no está solamente en los discursos sino también en las prácticas. ¿Cómo se explica esto? ¿Improvisación, falta de estrategia? Empero el de las leyes no es el único otro plano de funcionamiento del gobierno; hay otros, los acuerdos, convenios, arreglos, proyectos, compromisos políticos y operativos, como los relativos a los créditos. El proyecto de la carretera que conecta Villa Tunari y San Ignacio de Moxos es anterior, por lo menos, en lo que corresponde al gobierno de Evo Morales Ayma; data de los acuerdos con el gobierno del Brasil, BNDES y OAS en el 2008. Uno de los planos más materiales, por así decirlo, es este de las transacciones, relaciones y acuerdos entre gobiernos. ¿Es esta la estrategia, construir carreteras que cumplan con el proyecto IIRSA? Por otra parte, el llamado polígono siete del TIPNIS, que corresponde a la zona de avasallamiento de los cocaleros, ya se había dado, incluso con anterioridad al gobierno de Evo Morales. Enfrentamos entonces una realidad, la expansión de la frontera agrícola, en este caso de la frontera de la coca excedentaria. Esta es la materialidad de los desplazamientos y movilidad social, migración, agotamiento de tierras y, por lo tanto, necesidad de tierras nuevas.
Por lo tanto tenemos por lo menos  cuatro planos, el de los discursos, el de las leyes, norma y reglamentos, el de los acuerdos y transacciones operativas, y el de la ampliación de la frontera agrícola; todos estos planos sostenidos por la matriz colonial de la economía extractivista y su formulación estatal rentista.
La base del MAS y el núcleo fuerte del presidente son las federaciones del trópico de Cochabamba. ¿Hay un compromiso del presidente, del gobierno y del MAS de favorecer la ampliación de la frontera de la hoja de coca excedentaria? Todo apunta a que si lo hay. ¿Entonces cuál es el proyecto, industrialización de la coca, expansión de la economía política de la cocaína? Algunas voces ingenuas, como queriendo justificar el diletantismo gubernamental, dicen, ya en su desesperación, que se trata de un proyecto geopolítico, se trata de quitarle el dominio y la hegemonía a la oligarquía de Santa Cruz, formando una burguesía cocalera y beniana. ¿Qué es esto? ¿Geopolítica? En todo caso podríamos aceptar a duras penas que se trata de una versión vulgar e improvisada de la “geopolítica”. Esto no se sostiene cuando los acuerdos implícitos y explícitos se han dado precisamente con la burguesía agro-industrial, los terratenientes y los soyeros, que también están interesados en la ampliación de la frontera agrícola. Pero, dejando de lado esta constatación empírica, tomando en cuenta su pretendida “geopolítica”, llama la atención que la gente del gobierno haya reducido su comprensión del proyecto del proceso al emplazamiento de nuevas elites y al enriquecimiento de las mismas; obviamente comprensión alejada de una interpretación de la Constitución, la que ha quedado colgada en la vitrina del palacio quemado; se trata como se ve de la formación de una burguesía cocalera y beniana. Parece salido de las elucubraciones asombrosas de la ideología del nacionalismo revolucionario, que efectivamente se encaminó, en su momento, a formar una burguesía nacional, pues las tareas democrático burguesas estaban pendientes.  Esta formación contó con la transferencia de recursos del Estado, con préstamos y créditos jamás devueltos, con la complicidad de la tolerancia de escandalosas corrupciones. Empero, al final el balance es negativo, tal burguesía nunca se conformó; lo que se produjeron son nuevos ricos, el empobrecimiento de las arcas del Estado y del proyecto nacionalista.
Una burguesía no se forma con transferencia dineraria, tampoco con sólo el empleo de la violencia estatal, con el forcejeo político inconstitucional, favoreciendo a los sectores más fieles y sumisos al gobierno. La formación de una burguesía requiere tiempo, control económico, articulación coherente y expansiva con los circuitos comerciales, monopolio de mercados, control financiero; sobre todo perspectivas a largo plazo de los productos en circulación e intercambio, cosa que obviamente no tiene la hoja de coca excedentaria. Se trata de una economía a corto plazo, un enriquecimiento rápido, acompañado por el agotamiento de la tierra, transfiriendo los grandes costos a la naturaleza. Es pues una ilusión, que dura lo que puede durar la explotación irresponsable de la tierra, mientras los que verdaderamente controlan los tráficos de valor agregado, la acumulación ilícita dineraria, son otros, los famosos carteles. No tiene sentido el proyecto de estos geopolíticos de los últimos días.
Una respuesta a la pregunta parece ser mas bien que se trata de un gobierno progresista que no puede salir de la telaraña del modelo extractivista, no puede resolver sus profundas contradicciones, prefiriendo engañar y engañarse con geopolíticas baratas, cuando en realidad se somete a los dominios consagrados por el orden mundial y hegemonías en emergencia. En todo este transcurso los costos son altos, costos políticos, pero también costos morales, pues se tiene que tolerar la expansión morbosa de la corrupción.
El diletantismo no es una salida, es la manifestación más triste de las contradicciones profundas que no se quieren reconocer, es la expresión penosa de las renovadas subordinaciones al sistema financiero internacional, al mapa opresivo de los monopolios explosivos de las empresas trasnacionales extractivitas, ahora desplegándose en pleno campo de irradiación de la compulsión por materias primas de la potencia industrial emergente de China.  
            
      
        
De la violencia contra la mujer
Hay ciertamente paradojas y contradicciones, hasta aporías; eso lo sabemos por experiencias; pero, qué se puede decir de un gobierno progresista donde se desatan violencias y atropellos como los de la venganza y tortura contra el cuerpo de la enfermera Leonor  Boyán, acusada de lanzar una piedra contra la cabeza del viceministro de régimen interior Jorge Pérez. También nos acordaremos, entre muchos contrastes repudiables, de la violencia represiva descomunal desatada en Chaparina contra la VIII marcha indígena; nada menos desencadenada por un gobierno que se reclama de ser gobierno indígena. La actuación de los policías y de los del servicio de inteligencia se parece a la de pandilleros que vengan la agresión a uno de sus compañeros. ¿Acaso no hay leyes? ¿Si fuese el caso, no comprobado, que la enfermera haya arrojado la piedra, acaso no se hace la acusación formal, se acude a las leyes y al proceso judicial? ¿Por qué recurrir a la violencia de los machos resentidos que actúan con impunidad de una manera tan bochornosa, como dejar en el hospital a la enfermera, seguramente bajo amenazas si es que habla y denuncia? ¿Ante qué clase de policías, oficiales, servicios de inteligencia se encarga la seguridad del Estado? Grave jarabe.
Estos hechos, contrastes alucinantes, contradicciones espasmódicas, nos muestran que hemos llegado demasiado lejos. Hay gente del gobierno, los funcionarios, los oficiales de policía, los militantes del partido del gobierno, que creen que por que uno se nombra gobierno de los movimientos sociales, por que se enaltece la figura del caudillo, en una evidente muestra de culto a la personalidad, por que se dice que se defiende el proceso de cambio, basta, es suficiente. Esta legitimación imaginaria queda en la cabeza paranoica de los gobernantes, funcionarios, policías, militantes, esta imaginada legitimación contrasta grotescamente con las prácticas políticas, sobre todo las prácticas del orden y de la seguridad, prácticas que se aproximan a las violencias descarnadas y descomunales de las jaurías de machos que buscan venganza. Sin embargo, los hechos no cuentan para esta gente y, lamentablemente, tampoco cuentan para el órgano judicial, totalmente cooptado por el gobierno. El órgano judicial no mira ni observa estos atropellos y otras violaciones a los derechos fundamentales, solo observa las transgresiones de una oposición imaginaria, atinando a decir que estamos ante una conspiración, evidenciada por las acusaciones que se le hacen a la flamante magistratura que perdió las elecciones ante el voto nulo.
La violencia desatada contra Leonor Boyán, con rapto incluido, pues no puede ser otra cosa, el llevársela a las celdas secretas donde se le propinó la golpiza y se le interrogó sobre la persona y el nombre que arrojó la piedra. Lo que agrava más el hecho y el atropello; pues se entiende que se raptó a la enfermera recurriendo a la violencia descomunal del Estado para interrogarla y sacarle nombres. Esto suena a guión de Hopkins Hitchcock y a cuento de Franz Kafka; ya no vamos a hablar de las dictaduras militares, pues esta recurrencia se ha vuelto trillada, sobre todo porque incluso supera en este caso a la brutalidad de las propias dictaduras, aunque se parece mucho en el descaro con el que se lo hace. No nos olvidemos de la forma cómo se asesinó a Marcel Quiroga Santa Cruz, después de acribillarlo y llevárselo herido a los cuartos lúgubres del Estado Mayor, se lo torturó agonizante hasta matarlo. Ahora el gobierno que se dice socialista es cómplice de un silencio tenebroso, pues no ha hecho nada, absolutamente nada, para develar los hechos crueles de este asesinato, ni descubrir a los autores, ni desclasificar los archivos secretos militares. Para el gobierno lo importante es garantizar la lealtad de los militares, aunque haya oficiales que fueron asesinos en el pasado.
Uno se pregunta: ¿Qué tienen en la cabeza estos policías, estos servicios de inteligencia? ¿Servir mejor al ministro? ¿Vengar al viceministro por el vejamen que se le ha cometido? Lo que se puede sacar de conclusión es que estamos en manos de gente sin escrúpulos, cuya formación como policías e inteligencias deja mucho que desear. Pero, lo que también debemos preguntarnos es: ¿Qué piensa el ministro del interior? ¿Qué piensa la justicia? ¿Qué piensa el gobierno? ¿Van a justificar como lo hicieron en el caso de la represión a las y los marchistas indígenas en Chaparina? ¿Van a volver a ocultar las responsabilidades de los mandos superiores? Esto no va ser otra cosa que una nueva muestra de cobardía, pretendiendo que la gente es tan inocente que cree los cuentos pueriles de que yo no fui, fue el otro. Llegando incluso a la falta de hidalguía total pues se opta por descargar la responsabilidad en los subordinados, acudiendo a chivos expiatorios, como si esto resolviera el problema.
Lo que ha pasado con Leonor Boyán es muy grave. La ciudadanía y el pueblo boliviano no pueden quedar callados, menos las mujeres. Si lo que ha ocurrido pasa como si nada, como si fuese parte de una rutina cruel acostumbrada, los ciudadanos, el pueblo, las mujeres, habríamos perdido el sentido de la dignidad humana, la comprensión de la responsabilidad nuestra en la defensa de los derechos fundamentales, en la defensa de los derechos de la mujer. Llama la atención que estas reflexiones tengamos que hacerlas teniendo como referente a un gobierno que dice responder a la Constitución, que dice que saca leyes a favor de la mujer, ante el referente de una Asamblea Legislativa que está discutiendo una ley contra el acoso a la mujer. Esto es parte de los contrastes y contradicciones, de las que hablamos al principio. Si las mujeres dejan pasar esto, sobre todo hablando de las mujeres legisladoras, esto querrá decir que respondemos también a estas paradojas. Se dicen que son mujeres feministas o que defienden los derechos de la mujer, empero en la práctica y efectivamente seguimos respondiendo a los estereotipos machistas, a la fraternidad de los hombres, que en este caso se trata de la fraternidad de vengadores. No es ninguna casualidad que se haya golpeado y torturado con saña contra el cuerpo de la mujer.  Estamos hablando de mentalidades mórbidas, construidas en contra de la mujer, mentalidades para las que la mujer es solamente objeto de placer o de venganza. Esas son las condiciones subjetivas sobre las que se construye el cambio.  La evaluación del estado de situación resulta perversa. 

  


[1] Etiene Balibar, Emmanuel Wallerstein: Nación, raza y clase. IEPALA 1988. Madrid.
[2] Bolívar Echeverría: Crítica de  la modernidad capitalista. Vicepresidencia del Estado plurinacional de Bolivia 2009. La Paz.  
[3] Enrique Dussel: El encubrimiento del otro. CLACSO. Plural. La Paz-Bolivia.
[4] Serge Gruzinski: El pensamiento mestizo. Paidos; Barcelona 2000. 
[5] Raúl Prada Alcoreza: Genealogía de la dependencia. Bolpress 2012.
[6][6] De la gramatología, título de un libro de Jacques Derrida. México; Siglo XXI. El libro es una teoría de la archi-escritura, de la grama, del engrama, de las inscripciones y de las huellas. 
[7] Deleuze, Gilles: Proust y los signos. Editorial Anagrama, Barcelona, 1970. Págs. 11-23. Traducción de Francisco Monge. Capítulo I. ESTAFETA.  
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Paul de Man: La ideología estética. Cátedra 1998; Madrid.
[12] Marcel Proust: En busca del tiempo perdido. Alianza Editorial 2000; Madrid.  
[13][13] Juan Pelerman Fajardo siempre me ha llamado la atención por su lucidez, erudición y sobre todo por su intrépida militancia, aguerrida y consecuente. Nico, siempre tranquilo como un sabio, nos ha transmitido mediante frases cortas experiencias profundas y certezas iluminadoras.    
[14] En esa reunión, que se llevó a cabo a fines de la década de los ochenta, estaban presentes Víctor Hugo Cárdenas, Walter Reinaga, Nico, Fernando Untoja y otros jóvenes kataristas.
[15] Revisar de Michel Foucault: ¿Qué es un autor? Litoral 1998; Tucumán.
[16] Luis Tapia Mealla: El Estado como tiranía. Autodeterminación 2012. La Paz.
[17] Raúl Prada Alcoreza: Horizontes de la descolonización. Pronta publicación en Abya Yala, Quito, también en Plural, La Paz.
[18] Raúl Prada Alcoreza: Descolonización y transición. Bolpress 2012; La Paz.
[19][19][19] Jean Piaget escribe en Psicología de la inteligencia, a propósito de la relación entre inteligencia y percepción, lo siguiente: Hay, por lo tanto, mucho más que una “recentración” (Unzentrierung) en un sistema de razonamiento: hay una descentración general, que supone una especie de disolución o deshielo de las formas perceptivas estáticas en provecho de la inmovilidad operatoria y, en consecuencia, existe la posibilidad de una construcción indefinida de estructuras nuevas, perceptibles o que sobrepasan los límites de toda percepción real. Editorial Psique 1979. Buenos Aires. Pág. 75.
[20] Jean Piaget; Ob. Cit.; Pág. 86.
[21] Revisar de Michel Foucault Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI 2008, Buenos Aires. También de Edgar Morin El Método, siete tomos; Cátedra; Madrid.
[22] Estas fueron las expresiones de Bartolomé Clavero en la exposición que hizo en Trinidad en el Seminario sobre Avances y retrocesos del Estado plurinacional, organizado por el CEJIS. El seminario se llevó a cabo los días 20 y 21 de abril de 2012.
[23] Sigmund Freud: Introducción al narcisismo. Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.