viernes, 29 de junio de 2012

La coyuntura en el ojo de la tormenta


La coyuntura en el ojo de la tormenta

Raúl Prada Alcoreza


¿Cómo comenzar este análisis sobre la coyuntura? Primero, obviamente, recordar que se trata de esta coyuntura y no de otra; no se trata de un análisis general sobre la problemática de la coyuntura, sobre sus desafíos  a su comprensión, desafíos temporales y espaciales. Esta coyuntura tiene su huella; ¿cómo leerla? ¿Por la caracterización de la coyuntura? ¿Cuál pues la caracterización de esta coyuntura? Comencemos con dos descripciones inmediatas de sus itinerarios; por una parte, la IX marcha indígena en defensa de la madre tierra y del TIPNIS ha venido dibujando el contenido de la coyuntura, el contenido de la contradicción profunda de la coyuntura: El develamiento del sentido político de un gobierno que está contra el proceso, la Constitución, la madre tierra, las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, un motín policial que pide nivelación de sueldos, de la misma manera que ocurre en las fuerzas armadas, además de la abrogación de la ley 101, ley de disciplina de la policía, a la que consideran draconiana y sin apelación.
La IX marcha indígena llegó a la ciudad de La Paz, entro a la urbe y se concentra en el coliseo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), también se tiene una vigilia en la Plaza San Francisco. No quiere que se confunda el movimiento indígena con la asonada policial, sobre todo cuando el gobierno ha blandido la acusación de golpe de Estado tanto contra los policías como contra los indígenas. La marcha se propone asentarse en esta plaza, llamada también la plaza de los héroes, como vigilia permanente, marchar cotidianamente hacia la Plaza Murillo, intentando ingresar, hasta conseguir la atención del gobierno a los nueve puntos planteados en la plataforma de demandas. Básicamente se trata de la abrogación de la ley 222, ley que irónicamente llama el gobierno de “consulta” a la imposición de un cuestionario que induce a aceptar la construcción de la carretera que atravesaría el núcleo del TIPNIS. El gobierno, como atrapado en un guión repetitivo y desgastado, insiste en lo mismo; el presidente desaparece del escenario, huye a la Argentina a una reunión del MERCOSUR, el ministro de la presidencia se propone seleccionar a los dirigentes con los que se va a dialogar, queriendo incrustar a dirigentes con los que ha llegado a un acuerdo, quebrando la independencia y autonomía de las organizaciones indígenas, sin respetar a su representación orgánica y legitima.
Una primera apreciación sobre la coyuntura nos muestra que el momento político parece repetir la apariencia de otros escenarios ya vistos, ya vividos. Esto sobre todo por la conducta mecánica del gobierno. Pero no es así, ninguna coyuntura es la misma, cada una lleva su identidad inscrita en el desenvolvimiento de los acontecimientos. Esto lo decimos no sólo por qué se trata de otro escenario, ahora cuando interviene el motín policial en el desarrollo de los eventos, sino también porque  aunque el gobierno haga algo parecido, se comporte mecánicamente, como un robot, el sentido de sus actos no es el mismo. Ciertamente hay desgaste, desgaste de su propia argumentación y también desgaste notorio en el efecto de credibilidad de sus discursos, ya erosionados en conflictos anteriores. Empero el sentido de sus comportamientos adquiere otras tonalidades, debido al momento, el aquí y ahora, el tiempo y el espacio en el que concurren, además del cambio de escenario. Su insistencia en desconocer a las organizaciones indígenas, su insistencia en mantener un cuestionario llamada “consulta”, su insistencia en descalificar a la dirigencia, su insistencia en la guerra sucia, acusando de un supuesto plan TIPNIS para derrocar al gobierno, adquieren tonalidades dramáticas, pues muestran, no solamente la falta de ingenio y de ocurrencia de los funcionarios de gobierno, sino también porque el efecto inmediato en la opinión pública, en la manera de interpretación de la gente ante estas alocuciones gubernamentales no tiene las consecuencias esperadas por sus voceros.
Se ha querido aprovecha la circunstancia del golpe de Estado en el Paraguay contra el presidente electo Fernando Armindo Lugo Méndez, después de una masacre, perpetrada por terratenientes, donde está detrás la trasnacional MONSANTO, golpe legislativo perpetrado por la mayoría derechista del Congreso paraguayo. Se ha querido aprovechar la memoria reciente de lo acontecido en Venezuela el 2002. Ciertamente está en la cabeza la heroica defensa del gobierno de Hugo Chávez por parte del pueblo venezolano, contra el golpe militar, preparado por la oligarquía venezolana, en la cual apare la conspiración de los servicios de inteligencia norteamericanos. Sin embargo, las circunstancias en Bolivia no son las mismas; la conducta paranoica, el recurso a la tesis de la conspiración, más se parece al anhelo de un caudillo desprestigiado, al deseo de querer reivindicarse mediante una movilización popular en defensa del proceso. Empero, estas son las figuras dramáticas de la intención, del deseo que así ocurra, pero no se puede confundir deseos con realidad. El problema es que el escenario paraguayo es distinto al escenario boliviano, tampoco el escenario venezolano es análogo. Hablamos de no sólo de contextos histórico-políticos propios, particulares, con su propia singularidades, por lo tanto diferenciados, sino de campos políticos, campos sociales y campos burocráticos diferentes. Las luchas sociales y políticas no son exactamente las mismas. El confundir los escenarios lleva a un aplanamiento de las perspectivas, quitándoles profundidad.
La correlación de fuerzas con las que llega al gobierno el presidente Lugo responde a una especie de concertación fáctica entre los partidos de la derecha, particularmente el llamado partido colorado, y la nueva fuerza progresista que obtuvo la mayoría. Quizás la derecha desde un principio empezó su conspiración contra el gobierno, teniendo a mano el control del Congreso. Encontró la oportunidad de efectuar su plan una vez desatados los acontecimientos sangrientos de la masacre a campesinos, quienes exigen reforma agraria en un país donde los latifundistas han mantenido el dominio de la tierra y el monopolio del gobierno, dejando en la marginalidad y en la exclusión a poblaciones indígenas guaraníes y guayakis. Por lo tanto, la situación del Lugo ha sido vulnerable desde un principio, vale decir desde abril del 2008, hasta su destitución por el Congreso, efectuada el 15 de junio del 2012. El pueblo paraguayo no acepta este golpe de Estado legislativo, tampoco los gobiernos progresistas del continente, así como los organismos internacionales; empero lo hizo el vaticano, mostrando no sólo su desprecio a la democracia sino la descalificación a un ex-sacerdote contestatario y vinculado a la teología de la liberación. 
El golpe de Estado contra Hugo Chávez perpetrado el 11 de abril de 2002, tiene como protagonistas a una estructurada oligarquía y burguesía, vinculada a la apropiación privada de la renta del petróleo. Una huelga general convocada por la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (FEDECAMARAS), que dura tres días, deriva en un golpe de Estado militar y la renuncia obligada del presidente. Sin embargo, la respuesta popular no se dejó esperar, multitudinarias concentraciones sociales acudieron a Miraflores, donde se encuentra el palacio de gobierno, en apoyo del presidente derrocado. La movilización y los enfrentamientos, que dejaron un saldo de muertos, obligaron al apócrifo presidente de FEDECAMARAS impuesto, Pedro Carmona Estanga,  a retroceder. Los golpistas arrinconados tuvieron que ceder ante la sostenida defensa de Hugo Chavéz por parte del inmenso desplazamiento popular. Hugo Chávez fue repuesto por los militares leales. 
No se puede comparar este escenario acaecido en Venezuela el 2002 con lo que ocurre ahora en Bolivia en junio del 2012, como pretende el delirio de los gobernantes, sobre todo del vicepresidente. No sólo por razones de tiempo y de contexto, sino sobre todo debido a la estructura misma del conflicto, además de la caracterización que podemos hacer de la segunda gestión de gobierno de Evo Morales Ayma, opuesta a la primera gestión de gobierno, cuando por lo menos se cumplió parcialmente con la Agenda de Octubre. La derecha clásica en Bolivia tuvo fuerza y capacidad de resistencia al proceso constituyente hasta el septiembre del 2008, cuando llevó al máximo la intensidad de violencia con la masacre a campesinos en la localidad de Porvenir, incluso capacidad de incidir en los eventos políticos, incursionando en una espiral de violencia, tomando las capitales departamentales de la llamada “media luna”, tomando instituciones y efectuando movilizaciones callejeras, sobre todo de jóvenes y estudiantes afines. La derrota de la derecha fue contundente, la masacre la llevó a la tumba; no pudo reponerse hasta ahora. Las repercusiones electorales de su derrota política y militar se hicieron sentir en las elecciones del 2009; no obtuvo la derecha ni la cuarta parte de los escaños del Congreso. No se la puede considerar una fuerza política de influencia y repercusiones políticas en los eventos que se desatan desde entonces. Es posible que le quedara el control de  los medios de comunicación empresariales, empero este control no hace partido, como pretende la hipótesis del vicepresidente, usando descontextuadamente a Antonio Gramsci. No hace partido, pues para producir esta efectuación orgánica se requiere no sólo una articulación mayor de instituciones, instrumentos, organizaciones, que vinculan medios de comunicación y aparatos ideológicos, sino de incidencia efectiva política en los acontecimientos. No la tiene, a pesar de las elucubraciones del gobierno que ve en toda marcha, en todo conflicto social, la mano oscura de la derecha y de la conspiración internacional. Pueden las cabezas descabelladas de algunos derechistas pretender intervenir, pueden incluso conspirar solitariamente, empero sus esfuerzos no tienen consecuencia, pues, salvo sus representantes en el Congreso, no son una fuerza política con capacidad de incidir en los acontecimientos, aunque lo intenten hacer. Su acción concurre en pequeña escala y deriva en desesperados esfuerzo por influenciar en el desenvolvimiento de los conflictos. Esto no quiere decir que su actuación no se la tenga que tomar en cuenta como una de las variables y factores de la coyuntura. Empero, lo que no hay que perder de vista es la percepción, la lectura y la interpretación de la coyuntura, de acuerdo a su estructura y composición evidentes.
No se puede perder de vista que la segunda gestión de gobierno es distinta a la primera gestión; que desde la medida del gasolinazo hasta la coyuntura actual, el gobierno viene enfrentándose con el pueblo. Sobre todo se desenmascara su posición extractivista en el caso del conflicto del TIPNIS, cuando se apuesta a la ampliación de la frontera agrícola, sobre todo del cultivo de la hoja de coca excedentaria, además de haber develado sus compromisos con el gobierno brasilero, el IIRSA, las empresas trasnacionales constructoras, las empresas trasnacionales del petróleo, incumpliendo con la Constitución y con las normas de contratación de bienes y servicios.
La coyuntura de referencia, su actualidad, radica en presentar en escena dos itinerarios diferentes; primero, un conflicto estratégico, en lo que respecta a la defensa de la Constitución, del proceso, de la madre tierra, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios; después, un conflicto al interior del Estado mismo, un conflicto que vuelve a presentar una guerra intestina dentro del Estado, entre policías y militares, como aconteció en febrero de 2003, cuando se enfrentaron bélicamente militares y policías en plena plaza de armas. En aquél entonces el hecho mostraba la intensidad y la profundidad de la crisis múltiple del Estado, pues el Estado se enfrentaba consigo mismo; un dispositivo de emergencia del Estado, como es la policía, se enfrentaba a otro dispositivo de emergencia del Estado, como es el ejército. Una guerra intestina al interior del mismo Estado. Ahora parece concurrir lo mismo. El motín policial reclama contra lo que considera una injusta ley disciplinaria, en la elaboración de la cual no participó la policía, además de reclamar un trato equivalente al del ejército en lo que respecta a la escala de sueldos. La revuelta policial comenzó con la protesta de las mujeres de policías, continuó con el amotinamiento de la tropa, incorporándose después oficiales, incluso oficiales de alto rango. El conflicto parece haber llegado a su culminación, después de firmado un acuerdo entre la dirigencia de los policías y el gobierno, una vez consultadas las bases amotinadas. Un acuerdo anterior fracasó debido a la inconsulta a las bases policiales, además de no haber cumplido con las demandas de los amotinados, a pesar de las maniobras y propaganda del gobierno, que pretendían convencer de lo contrario.
¿Qué enseñanza nos deja el amotinamiento policial? Si el Estado ha llegado a este nivel de desgajamiento es que ya no se encuentra suficientemente cohesionado ni articulado. Aunque no es la primera vez que pasa esto, un amotinamiento y una disidencia policial, pues en el pasado se ha dado, no sólo en el pasado inmediato. Estos hechos muestran manifiestamente fisuras profundas en la arquitectura estatal. Durante la revolución de 1952 la policía se puso del lado de la insurrección popular en contra del ejército, que defendía al Estado oligárquico. Este enfrentamiento ha quedado en la memoria de los oficiales de las fuerzas armadas, a pesar de que el ejército que se reconstruye es otro después de la revolución nacional, restablecido bajo presión de los norteamericanos, del Departamento de Estado y del Pentágono. Este es el ejército que se enfrenta a las milicias  mineras en Sora Sora en 1963, defendiendo al gobierno de Paz Estensoro. También es el ejército que se va enfrentar a la guerrilla del Che durante los años de 1966 a 1967; más tarde, cuanto se da lugar la incipiente e improvisada guerrilla de Teoponte (1970), es el mismo ejército que hace las tareas de sitio, de rastreo y ejecución. Es también el ejército que defiende el proyecto neoliberal durante los 20 años de gobierno (1985-2005), que incluso interviene en la masacre de la Ciudad de el Alto en Octubre de 2003. ¿Después del proceso constituyente y de la promulgación de la Constitución han cambiado las fuerzas armadas? No. Hubo la oportunidad de hacerlo, de transformar a las fuerzas armadas y a la policía durante la constituyente, empero el presidente dio la orden de no cambiar nada, mantener la condición de la policía y las fuerzas armadas de acuerdo a la anterior Constitución. Tampoco quisieron los miembros de la policía y de las fuerzas armadas discutir las transformaciones institucionales requeridas en la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Las fuerzas armadas y la policía presentaron dos propuestas sesgadas, que favorecían a cada una de las instituciones. Estas propuestas no prosperaron a pesar de las amenazas de amotinamiento de unos y otros en Sucre. Por lo tanto en la constituyente no hubo transformaciones institucionales, ni de la policía ni de las fuerzas armadas. No puede tomarse en serio que por que se pega la wipala en el uniforme y se grita ¡Patria o muerte! ¡Venceremos! Las transformaciones se producen por acto de magia. Estas simulaciones forman parte de las anécdotas que muestran el juego de oropeles en los que está atrapado el gobierno. Nunca tomó en serio las transformaciones estructurales e institucionales que requiere la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico.
Llama la atención que esta pugna interna del Estado, entre fuerzas armadas y policía, haya sido un referente primordial y un eje de conductas y comportamientos de los oficiales de ambas instituciones; incluso se puede observar esta guerra intestina diferida en el mapa de las edificaciones de cuarteles. Donde hay un cuartel policial, en las cercanías, hay un cuartel de las fuerzas armadas. También se puede notar el rastro de esta pugna en publicaciones de investigaciones sobre el tema; las investigaciones consideran esta pugna policial-militar como explicación del ejercicio de una estrategia.
Durante el despliegue de la lucha de interdicción de la coca excedentaria, de la que tenía en gran parte la responsabilidad la policía y sus unidades especiales, las fuerzas armadas reclamaron participar en esta lucha. Hay pues una competencia interinstitucional que ha condicionado las políticas y las administraciones institucionales de estos dos dispositivos de emergencia del Estado. La policía ha buscado parecerse a los militares, en los uniformes, en las paradas policiales, que más parecían ser militares que policiales, incluso en la dotación de armas. ¿Habrá algo parecido en lo que respecta a los militares, como cumplir tareas policiales? En la lucha contra el narcotráfico lo han hecho varias veces, así como en las tareas de interdicción y erradicación de la coca excedentaria. Hay la pretensión de lograr incursiones del ejército por los barrios de las ciudades por el tema de la seguridad ciudadana.  Estas mezclas nos hablan de funciones y atribuciones no  suficientemente delimitadas; sin embargo, estas yuxtaposiciones no se explican por problemas administrativos. Hay que tomar en cuenta esta historia del antagonismo interno al Estado que dura más de medio siglo.
Cuando se instaló el gobierno del MAS, después de las elecciones nacionales de 2005, la pugna interinstitucional no desapareció, sino parece haberse avivado. El gobierno del MAS decidió apostar a las fuerzas armadas como dispositivo de defensa del proceso de cambio, dejando relegada a la policía. Es más, en la medida que se hizo manifiesto la múltiple corrupción de la policía, se decidió una especie de velada intervención, buscando reorientarla, además de quitarle algunas atribuciones institucionales, como las de identificación. El malestar de la policía fue creciendo, sobre todo debido a la notoria diferencia de sueldos, también de tratos diferenciales del gobierno respecto a la policía y las fuerzas armadas. A esto debemos sumar la acumulación de conflictos menores, los que supuestamente se resolvieron con acuerdos, empero que no se cumplieron. Cuando estalló el conflicto policial, el gobierno minimizó la rebelión, sólo reaccionó abiertamente cuando se expandió por todo el país. Lo primero que hizo es acusarlos de golpistas, para luego verse obligado a dialogar y acordar con los amotinados, por lo menos dos veces consecutivas. 
Es difícil sostener empíricamente que había un golpe en gestación; más parece ser la historia de un conflicto anunciado, al que no se acudió a tiempo a resolverlo. El conflicto policial es un indicador del estado de situación del Estado; está en crisis. Pero se trata de una crisis interna, en este caso, una crisis institucional, una crisis de cohesión y articulación interna. Empero, también una crisis de la administración del presupuesto. Si a esta crisis institucional le sumamos la crisis múltiple del Estado-nación, crisis que no se ha resuelto, que se ha ahondado debido a la decisión del gobierno de restaurar el Estado-nación, incumpliendo con la Constitución, que exige la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, entonces estamos ante una crisis orgánica, de la que no se va a salir con simplonas interpretaciones construidas a partir de una desgastada hipótesis de la conspiración y una anacrónica lectura del golpe de Estado.
Entonces una de las lecciones del motín policial tiene que ver con la evaluación del Estado, la condición en la que se encuentra. Desde el punto de vista las teorías del Estado, vemos a un Estado que no ha logrado su totalización, su articulación y su cohesión; estas teorías suponen la existencia del Estado, por lo tanto de una esencia del Estado. Se trata de teorías basadas en el principio de la razón de Estado. Desde este punto de vista tendríamos en Bolivia a un Estado incompleto, además fisurado y hasta fragmentado, cuyas fracturas se hacen manifiestas en plena crisis de autoridad y de legitimidad. Sin embargo, distanciándonos de estas teorías generales del Estado, debemos decir que estas tesis suponen una teoría deductiva del Estado. Cuando se enfrentan a la crisis de esta entidad buscan la explicación en el modelo teórico y en la racionalidad supuesta, que debería contener el Estado. Estos problemas metodológicos nos llevan a la pregunta de ¿qué es el Estado? ¿Una realidad o una ficción jurídica? Sobre todo cuando se contrastan estas teorías con el efectivo funcionamiento de estos aparatos políticos.
Recogiendo los cursos impartidos por Pierre Bourdieu en el Collège de France (1989-1992), cursos publicados en un sugerente y polémico libro Sur L’État, nos encontramos con una crítica epistemológica de estas teorías del Estado y con el desenvolvimiento analítico de una sociología del Estado. Vamos a recurrir a las lecciones de Bourdieu pues nos ayudan a evaluar desde otra perspectiva la crisis del Estado en Bolivia[1].
En el curso del Collège de France  Pierre Bourdieu  pone en consideración puntos críticos a abordar, desde los que se cuestionan las teorías generales del Estado; uno de esos puntos cuestiona la existencia misma del Estado, el suponer que existe algo, como una realidad, que llamamos Estado. En este punto es donde se pone en mesa  la posibilidad de que el Estado sea una invención de los teóricos del Estado, también sea una invención jurídica, sea sobre todo un producto efectuado en el campo burocrático y administrativo. Los principales productores del Estado son los teóricos del Estado, también los historiadores, del mismo modo los sociólogos, así como los políticos, de la misma manera los juristas, los abogados y particularmente los burócratas. Empero todo esto concurre en el campo social, en las transformaciones y variaciones de las relaciones sociales en el campo social. Concurre esto en la medida que se inscriben relaciones sociales que posibilitan estructuras que dibujan un campo político, desplazamientos que se dan en procesos de universalizalización de lo particular dominante, en el sentido de la reapropiación de lo local en beneficio de la estatalización.  Desde esta perspectiva es aconsejable abordar la problemática política desde la visión de la genética del Estado y desde la evaluación histórica de la formación del Estado. Todo esto tiene que ver con la formación del campo político y del campo burocrático, sobre todo con el repliegue de estos campos, si podemos hablar así, en el habitus, en la constitución de sujetos y subjetividades, por lo tanto también de imaginarios estatales.
La tarea abordada entonces no es competir con las teorías generales del Estado, sino construir explicaciones singulares y diferenciales de los estados, de sus genéticas, de sus formaciones, de sus campos sociales, políticos y burocráticos. No se trata sólo de comprender el Estado como relación o ámbito de relaciones, sino visualizar varios niveles articulados. El relativo al desplazamiento de relaciones burocráticas y administrativas, acoplado a la función normativa del derecho, también a la función jurídica, que interpreta y reglamente el funcionamiento estatal; enlazados ambos niveles al papel de las políticas públicas, posibilitadas por los mecanismos financieros; todos estos niveles atravesados por los lenguajes especializados, también por instrumentos y dispositivos documentales. Todo esto tiene que ver con el papel de las instituciones, con las prácticas, con los sentidos dados a las prácticas, por lo tanto con la formación del habitus, así como con la constitución de la subjetividad estatal.
Sin necesidad de exponer exhaustivamente el contenido de los cursos citados, tampoco de sacar todas las consecuencias de los cursos, en este ensayo nos interesa buscar una interpretación sociológica del conflicto en cuestión. Nos haremos algunas preguntas al respecto: ¿Cuál es el campo político boliviano en la actualidad? ¿Cuál es el campo burocrático, es decir el Estado? ¿Por qué han entrado en crisis las reproducciones de estos campos?
Para responder a estas preguntas se requiere hacer investigaciones en profundidad, empero, por el momento sólo se pueden lanzar hipótesis de interpretación, que deben ser contrastadas posteriormente por las investigaciones. Se supone que hay un nuevo campo político desde el 2006. Un gobierno progresista es gravitante en las distribuciones políticas en este campo; a partir de esta presencia gravitante se redefinen las relaciones de las instituciones, organizaciones, empresas, otros gobiernos autónomos y regiones con el gobierno central. Hay como una nueva configuración en el campo político; las organizaciones sindicales y las organizaciones sociales aparecen como instancias y lugares de influencia en el desenvolvimiento político, particularmente las organizaciones que estuvieron conformando el Pacto de Unidad, las tres organizaciones campesinas, CSUTCB, CNMCIOB “BS” y CSCIB, además de las dos organizaciones indígenas, CONAMAQ y CIDOB.
El MAS como instrumento electoral, como partido en formación o movimiento político, es como una extensa red de representaciones departamentales y de las circunscripciones, donde concurren presiones, negociaciones y acuerdos entre distintas organizaciones, con el objeto de influenciar en el gobierno y ocupar espacios. Esta distribución y disposición política descrita podría ser el ámbito gravitacional y de irradiación del nuevo campo político. Empero, hay que tener en cuenta que fuera de este ámbito gravitacional descrito, hallamos otros espacios colindantes donde se encuentran otras organizaciones sindicales que han cobrado independencia y han manifestado un comportamiento autónomo, defendiendo intereses más bien del sector o del estrato social correspondiente. Hablamos de los sindicatos mineros y de las organizaciones de cooperativas mineras, que le han hecho planteamientos independientes y propios al gobierno, generándole conflictos. En esta dispersión podemos citar a las organizaciones sindicales de la salud y de los maestros, que también han hecho conocer sus propias demandas. También tenemos que ubicar en esta distribución a los gremialistas y a los sindicatos de transportistas, aunque con otros perfiles, otras particularidades, otros intereses y otras reivindicaciones.  Ubicados en una extensión más amplia, un poco más alejados de la región gravitacional, podemos situar a determinadas juntas de vecinos con capacidad organizativa, también con posibilidades de influencia, como es la Federación de Juntas de Vecinos de la Ciudad de El Alto, FEJUVE. A todo este ámbito y sus espacios colindantes descritos del campo político llamaremos espacio popular.
Siguiendo con la descripción del campo político, moviéndonos hacia otro lado, al espacio de disposición de lo que podríamos llamar la distribución de los dispositivos políticos del ámbito de lo no-popular,  tenemos la dispersión de los partidos políticos y de las agrupaciones ciudadanas ligadas a lo que fueron los partidos de la gestión del proyecto neoliberal, de la llamada mega- coalición. Se trata de representaciones políticas disminuidas, incluso regionalizadas, en algunos casos localizadas y circunscritas a un municipio. Parte de estas representaciones estuvieron enfrascadas en una resistencia tenaz al proceso constituyente y a la primera gestión de gobierno del MAS; se involucraron en convocatorias y movilizaciones ciudadanas en contra del proceso político en curso, llegando a tomar las ciudades capitales de los departamentos de la llamada “media luna”, incluso optando en la espiral ascendente de violencia por toma de instituciones estatales. El desenlace de toda esta operación derivó en la llamada masacre de campesinos en la localidad de el Porvenir, en el departamento de Pando. A partir de ese momento los desenlaces del conflicto se desataron; las representaciones políticas de las oligarquías regionales no pudieron ir más lejos, se derrumbaron. Perdieron convocatoria ante la evidencia de la masacre, llegaron al límite de la violencia que podían efectuar. El gobierno optó por el Estado de sitio en el departamento de Pando; estas representaciones políticas perdieron el control de la gobernación de Pando, gobernación que fue intervenida militarmente. A partir de entonces estas representaciones políticas irán perdiendo el control de las gobernaciones de la “media luna”. Sólo les queda la gobernación del departamento de Santa cruz. Como se puede ver, se tiene en este ámbito no-popular del campo político a una derecha tradicional disminuida, a la que le queda el control de una gobernación y de los escaños obtenidos del Congreso, cuya magnitud no llega a un cuarto de la representación. 
Entre el ámbito popular y el ámbito no-popular del campo político se encuentra la ubicación de un conjunto de dispositivos políticos, que conforman un tercer ámbito en el campo político, que hace como de centro de concurrencia entre ambas ámbitos confrontados, el popular y el no-popular. En este espacio político se encuentra el Movimiento sin Miedo (MSM), que controla varios municipios, siendo el más importante y de influencia el municipio de la ciudad de La Paz.  No se entienda este centro de concurrencia como centro entre una izquierda y derecha, pues esto del posicionamiento político depende de la posición efectuada respecto a la Constitución y a los objetivos del proceso, respecto a los cuales el MAS ha quedado a la derecha. Tampoco se habla de centro gravitacional del campo político, este centro gravitacional viene configurado por el gobierno y los órganos de poder del Estado copados por el MAS. Hablamos de un centro entre dos ámbitos del mismo campo político, entre el ámbito popular y el ámbito no-popular. El MSM se desprende de la alianza con el MAS para iniciar una labor crítica e institucional.
Entonces el campo político viene dibujado por dos ámbitos, uno popular y el otro no popular, un centro gravitacional del campo donde se sitúan los aparatos y órganos del Estado, una distribución de organizaciones sociales que incluso se sitúan a la izquierda del MAS, una distribución de organizaciones políticas donde se encuentra el MAS; junto a esta descripción, se tiene colateralmente, como proximidad, al MSM, con una posición institucionalista; de este modo, otras organizaciones políticas, se van distanciando y distribuyendo colocándose a la derecha del MAS.
Ahora hablaremos del campo burocrático, que es el campo donde se realiza efectivamente el Estado. El campo político no es el campo burocrático, aunque el campo burocrático suponga y se efectúe desde el campo político; de todas maneras, no hay que olvidar que todos estos campos se efectúan desde la matriz del campo social. El campo burocrático es el que produce el efecto de Estado.  Al respecto hay que distinguir dos conceptos del Estado, el Estado en sentido restringido y el Estado en sentido amplio. El Estado en sentido restringido es el conjunto institucional que permite el ejercicio de gobierno; el Estado en sentido amplio es el territorio que comprende al conjunto de los ciudadanos y sus relaciones, prácticas, estructuras condicionantes[2].  El Estado se construye a partir de sus aparatos, sus engranajes, sus mecanismos, sus agenciamientos, utilizados por la gama heterogénea de funcionarios; el Estado se extiende y ocupa el territorio, lo demarca, realiza un espacio estriado, una cartografía estatal. El Estado impone la lengua nacional, produciendo la homogeneización lingüística,  la forma normalizada de hablar,  la ortografía, la sintaxis y la redacción, la forma de hablar, mediante las instituciones educativas conformadas en el campo educativo. De esta manera el Estado constituye a los ciudadanos; el Estado se internaliza en los sujetos, en las estructuras mentales, plasmándose como habitus, conductas y comportamientos.  El Estado se repite en las representaciones y conforma imaginarios. Entonces el Estado se construye, se repite de manera diferencial en distintos niveles y planos, se concibe a si mismo desde la construcción misma de la concepción de Estado. El Estado se piensa a sí mismo como Estado. Esto parece ser el círculo envolvente del Estado, más bien la espiral generativa del Estado. Las mismas posiciones anti-estatalistas parecen reproducirlo, pues conciben al Estado como algo, como una esencia, incluso como mal.
El campo burocrático es el campo institucional, pero no sólo de las instituciones que se remiten al ejercicio de gobierno, sino también de las instituciones que abarcan el ejercicio económico, el ejercicio cultural, otras prácticas que se encuentran normadas y reglamentadas estatalmente. Un tejido cohesionador de este campo es el discurso jurídico, el discurso del derecho, los distintos derechos, normas, leyes y reglamentos que codifican al conjunto de relaciones y prácticas de este mapa institucional. Los agentes realizadores de este campo burocrático son los burócratas, en el sentido weberiano del término,  y como eje organizador, como referente de acciones normativas, se encuentra una casta especial de funcionarios, los juristas. Como parte de esta demografía burocrática, de esta estratificación burocrática, se encuentran también los agentes financieros, que aunque pertenezcan a los bancos, sus funciones y actividades producen efecto de Estado. También tenemos que contar con una gama de agentes sociales, de trabajadores sociales, incluso de defensores de todo tipo, por ejemplo defensores del pueblo, que forman parte de las expansiones de las decodificaciones, normativas e interpelaciones de efecto estatal. El centro gravitacional de este campo burocrático parece ser el sistema legal, normativo y de reglamentaciones, todo el conjunto institucional ligado el ejercicio jurídico y normativo, todas las unidades jurídicas; dispositivos jurídicos usados por los agentes jurídicos diversos. Toda esta institucionalidad jurídica, acompañada por las hermenéuticas de los derechos, viene apoyada por toda la organización administrativa, por todas las divisiones administrativas, por todas las técnicas administrativas. A partir de estas centralidades jurídicas y administrativas se puede configurar el campo burocrático, dibujar la expansión de formas institucionales diversas que hacen al conjunto de los dispositivos y agenciamientos del Estado.
Algo digno de anotar es la diferencia que se da entre el campo político y el campo burocrático en lo que respecta a sus variaciones y transformaciones. Si se puede observar modificaciones y desplazamientos en el campo político, como hemos descrito, no ocurre los mismo con el campo burocrático; éste campo es más conservador y resistente a las modificaciones. Se puede decir que en Bolivia si bien el campo político ha cambiado el campo burocrático ha permanecido siendo prácticamente el mismo.
En este campo burocrático, ¿qué clase de instituciones son las fuerzas armadas y la policía? Se puede también definir al Estado como la instancia de los múltiples monopolios de la violencia, la violencia simbólica, la violencia psíquica, además de la violencia física. A groso modo el ejército está encargado de la defensa de las fronteras del Estado, de la seguridad externa, en tanto que la policía está encargada del cuidado de las ciudades, de los poblados, de los asentamientos, de la seguridad interna. En cierto sentido se trata de instituciones con una larga historia, particularmente en lo que respecta a la historia del ejército, que de alguna manera antecede al Estado mismo, si tenemos en cuenta a los destacamentos guerrilleros y al ejército de la independencia. En la medida que forma parte indispensable del Estado, como zona de emergencia estatal,  las fuerzas armadas van a vivir también la institucionalización, por lo tanto van a ser atravesados por una normativa y una administración. También, en la medida que la república atraviese sus distintos periodos, las funciones del ejército adquieren una mayor definición e incluso especialización, sobre todo en el periodo de la guerra fría, cuando los bloques socialista y capitalista se enfrentan, dando lugar, en las periferias dominadas por el imperialismo norteamericano, a la llamada estrategia de seguridad del Estado, que forma parte la guerra contra el comunismo.
La policía es una institución de orden interno, de seguridad interna, de cuidado de la ciudadanía, de control interno y de mantención del orden. También esta institución ha venido redefiniendo sus funciones y creando tareas de especialización, por ejemplo, la que tiene que ver con el control, contención, represión a las movilizaciones sociales y la protesta social. Convirtiéndose estas tareas entre las más importantes en la medida que el conflicto social se vuelve constante y forma parte del orden del día. También se han creado tareas, funciones y unidades especiales en lo que respecta a la lucha de los tráficos ilícitos, particularmente el narcotráfico y el contrabando.  
En Bolivia las fuerzas armadas obedecen nominalmente al capitán general, que es el presidente; se encuentran administrativamente ligadas al Ministerio de Defensa y en términos de mando al Estado Mayor y a los altos mandos. La policía se encuentra ligada administrativamente al Ministerio de Gobierno, en términos de mando al comandante general de la policía y a los mandos respectivos. Aparentemente no podría haber colisión entre el ejército y la policía, tampoco entre estas instituciones de emergencia del Estado y el Estado mismo, empero la historia efectiva y la contingencia política que atraviesa la génesis de los mismos estados lleva a contradicciones y antagonismos. Los conocidos golpes de Estado han sido los procedimientos expeditos para la toma del poder en periodos de aguda crisis o de intervención imperialista, como en el caso de la historia de las dictaduras militares en América Latina, durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. En Bolivia se enfrentaron la policía y el ejército en la revolución de 1952, volvieron a hacerlo en el 2003; siguiendo esta secuencia,  la policía se vuelve a amotinar en todo el país recientemente, en junio del 2012. ¿Qué nos dicen estos eventos? Que a pesar del orden legal, el ordenamiento administrativo, del orden institucional, las colisiones se dan, las contradicciones se producen, las rupturas del orden legal, administrativo e institucional ocurren como fenómenos efectivos y contingencias en el campo social y en el campo político. ¿Por qué se dan? Hay distintas condicionantes y determinantes, dependiendo de los periodos del Estado y de la historia política de los países. Debilidad institucional, asociada a esta, vulnerabilidad del mismo Estado, pero también momentos de crisis política intensa, dependencia extranjera, intervención foránea, así como crisis económica. Debemos contar también con las consecuencias de las políticas públicas, sobre todo las que tienen que ver con el presupuesto, la distribución del presupuesto, la administración y el manejo institucional del mismo.
Lo que ha saltado a la vista en el último motín policial es la baja escala de sueldos de la tropa, de los suboficiales y  hasta de los oficiales. Lo que ha molestado a los policías es el trato diferencial económico entre el ejército y la policía. El conflicto policial ha culminado con un acuerdo entre gobierno y policías, logrando un pequeño aumento al sueldo básico, además de poner en suspenso la ley 101, de disciplina de la policía.  Seguramente los problemas estructurales de la policía no están resueltos, menos la necesaria transformación institucional desde la perspectiva de la exigencia de las transformaciones estructurales e institucionales establecidas por la Constitución. Empero, este conflicto, así como otros dados en una secuencia sinuosa, nos muestran también otra cosa, que el Estado es del tamaño del presupuesto.
En cuanto la policía arregló su conflicto con el gobierno, de nuevo se puso al servicio pleno del gobierno y del Estado, mostrando mucho celo en la represión de la novena marcha a su ingreso al centro de la ciudad de La Paz y en las entradas a la Plaza Murillo. Con esto se termina cerrando la historieta de la conspiración y de un golpe de Estado.  También muestra que eran ilusorias algunas expectativas de alguna gente que esperaba de que de la asonada policial podía derivarse en una crisis de mayor escala. La IX marcha quedó al margen del motín policial, contando con el apoyo de los paceños, que salieron a recibirla y a defenderla de una agresiva contramarcha organizada por el MAS.

La llegada de la IX marcha
A pesar de todos los esfuerzos del gobierno por destrozar la marcha indígena, a pesar de haber usado descomunalmente el monopolio de su violencia múltiple, violencia simbólica, violencia psíquica, violencia física, a pesar de intervenir militarmente el TIPNIS, presionando, regalando motores fuera de borda, haciendo obsequios, obligando a firmar compromisos de no asistir a la marcha, a pesar de que altos funcionarios del gobierno cooptaron dirigentes medios y de base, la marcha siguió adelante, sumo marchistas y llegó a la sede de gobierno. Contó con el apoyo de la ciudad de La Paz; los paceños salieron a recibir a los marchistas, a quienes los volvieron a recibir como héroes. También salieron a defender a la IX marcha de la contramarcha organizada por el gobierno, que bajó de la Ciudad de El Alto, agregando a campesinos traídos apresuradamente del Altiplano y a funcionarios obligados de la alcaldía; una contra-marcha agresiva buscando enfrentamiento y repartiendo chicotazos a diestra y siniestra.
La llegada de la novena marcha es una victoria política de las comunidades del TIPNIS y de las dirigencias matriciales de las organizaciones indígenas. Es una derrota al permanente asedio del gobierno, a su guerra sucia, que persiste y aumenta de intensidad en las últimas horas. Es una gran muestra de dignidad ante la desesperación de un gobierno autoritario y represivo, ante su ruptura moral, que acude a todo los mecanismos más insólitos para desactivar la lucha de las naciones y pueblos indígenas en defensa de sus territorios.
Las últimas argumentaciones del gobierno asombran por su bochornosa violencia y desborde de furia; se descalifica a la dirigencia de la marcha con acusaciones desempolvadas, como la acusación a la dirigente Berta Bejarano de haber estado comprometida en narcotráfico, incluso sentenciada y perdonada. Estas acusaciones caen por su anacronismo y desacierto. María Galindo, de Mujeres Creando, contestó en un excelente artículo a esta desatinada descalificación, defendiendo a la mujer popular e indígena, recordando la defensa que se hizo en otro tiempo de la lucha de las cocaleras[3]. Con esta acusación el gobierno hace de inquisidor y de verdugo. Tampoco tiene la moral para blandir esta espada, escondiendo la expansión de la economía política de la cocaína en el polígono siete, en el Chapare, en las fronteras del país, y prácticamente en una extensa geografía comprometida, exponiendo la cohesión social de la sociedad a un deterioro indetenible. También se ha acusado a Adolfo Chávez, dirigente máximo de la CIDOB de haber estado comprometido con una participación en los juegos de azar, sacando de la manga un recibo supuestamente firmado por el dirigente. Esta actuación del gobierno es de novela policial. Ya nada ruboriza a los altos personeros del gobierno, al vicepresidente y al propio presidente. Una evidente bronca desborda en sus expresiones.
El gobierno ha hecho conocer su posición, dice que va a dialogar con todos los dirigentes, con los caciques del TIPNIS, con los del CONISUR, que llegaron para dialogar, que incluso contaron con el escenario de la Asamblea Legislativa para dar una conferencia de prensa, mientras no se dejaba pasar a la IX marcha indígena a la Plaza Murillo. Dice también que de todas maneras va la “consulta” pues es  constitucional y cuenta con la sentencia del Tribunal Constitucional. No ha respondido a la crítica vertida por uno de los artífices del convenio 169 de la OIT, Bartolomé Clavero, en el sentido de que eso, lo que hace el gobierno, con la promulgación de la ley 222, no es una consulta, pues no cumple con la estructura normativa y conceptual de la consulta establecida en los convenios internacionales. Tampoco ha contestado a las críticas vertidas desde la interpretación de la Constitución, que invalida la actuación del gobierno por pretender efectuar un cuestionario, pues no es una consulta,  cuestionario que no  es previo, no cuenta con el consentimiento de los pueblos indígenas, no es libre e informado, tampoco es de buena fe. El gobierno sigue adelante con su estrategia destructiva, sin ningún miramiento ante nada, violando sistemáticamente la Constitución, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos fundamentales y ciertamente las condiciones de posibilidad requeridas para una consulta verdadera.
¿Cómo evaluar estos sucesos? Una primera apreciación tiene que ver con la historia reciente de todos los conflictos que tuvo que atender el gobierno. Resolvió todos, para quedarse enfrente con el conflicto del TIPNIS. ¿Por qué no resuelve de la misma manera este conflicto? ¿Por qué es tan importante mantener su postura en relación al TIPNIS, incluso arriesgándose políticamente? ¿Ha perdido la cabeza? ¿Ya no tiene instinto de sobrevivencia? ¿Qué se juega en el TIPNIS? Al respecto, entre muchas cosas, lo que también se juega en el TIPNIS es precisamente la consulta, la consulta verdadera. Que el gobierno imponga un cuestionario fuera de tiempo, posterior, que induce a votar por la carretera del “progreso”, es cuestión de vida o muerte para los territorios y pueblos indígenas. El gobierno, que ha apostado por la continuidad del modelo extractivista del capitalismo dependiente, requiere resolver tramposamente este problema, que afecta a las concesiones hidrocarburíferas, mineras y demás recursos naturales. También requiere resolver este problema ahora, cuanto antes, cuando ha decidido apostar a la ampliación de la frontera agrícola, con la complicidad de la dirigencia campesina, que han renunciado a la reforma agraria, y se cuenta con el acuerdo implícito con los terratenientes y agroindustriales. El modelo extractivista se expresa tanto en la continuidad de la explotación minera e hidrocarburífera, en condición de comercialización y exportación de materias primas, así como ampliando el mismo modelo a otros recursos naturales como el hierro y el litio, acompañando todo esto con la agricultura extensiva destinada a la exportación, incluyendo la utilización de transgénicos.
Por otra parte, la presión en el TIPNIS y en otros territorios indígenas y parques viene de la expansión del cultivo de la hoja de coca excedentaria. La expansión de la economía política de la cocaína redefine el perfil del capitalismo dependiente de nuestra periferia en el sentido de darle los rasgos más perversos de los circuitos comerciales, esta vez ligados a los tráficos ilícitos, con el beneplácito del sistema financiero. Interpretando este boceto, hay pues un compromiso electoral con las bases de las organizaciones sindicales del cultivo excedentario de la hoja de coca. De esta forma el TIPNIS estaría destinado a desaparecer como territorio indígena y parque a nombre de la ilusión de progreso, que lo único que tiene como “desarrollo” es repetir la triste historia de las comunidades por donde pasan carreteras, el dominio de los monopolios comerciales, la depredación, la contaminación y obviamente el despliegue de las desigualdades, que son de las consecuencias estructurales de la expansión capitalista.
Otra apreciación tiene que ver con las poses del gobierno extractivista. El gobierno ha blandido contra la lucha indígena del TIPNIS el argumento de que el colonialismo ahora es ambientalista. Este argumento contrasta con su propio modelo extractivista, modelo impuesto colonialmente. La lucha concreta hoy contra el capitalismo es una lucha contra el extractivismo; esta es una lucha continental. No sólo por los efectos contaminantes y depredadores, sino también porque la forma actual del capitalismo es precisamente esta expansión extractivista desatada; un capitalismo que quiere resolver su crisis estructural mediante el procedimiento del despojamiento y la desposesión de recursos naturales, mediante la reiteración de la acumulación originaria del capital, optando por la expansión de las mega-empresas extractivistas. Con esto no sólo se transfiere los costos a la naturaleza, costos que no se contabilizan y no se reponen, sino se transfiere los costos a los países periféricos, nuevamente condenados a la cesión de sus recursos naturales, mientras la acumulación ampliada de capital se produce en los centros del sistema mundo capitalista, incluyendo a su nuevo centro emergente que es la potencia industrial de China. Esta opción, la extractivista, convierte al gobierno en agente de este capitalismo de desposesión y despojamiento, en agente de las formas de dominación del sistema financiero internacional. Por lo tanto, su postura anti-imperialista es eso, una pose que oculta su complicidad con las formas perversas del capitalismo y del orden capitalista mundial.
Otra apreciación tiene que ver con las redes de complicidad del gobierno, con el régimen de cooptaciones de dirigencias, sobre todo campesinas, con la expansión desbordante de las redes clientelares y los circuitos de influencia. Tiene que ver entonces con la expansión del diagrama de poder de la corrupción. Uno de estos aspectos tiene que ver con la maleabilidad de las dirigencias, las complicidades perversas que se construyen y, por lo tanto, con la destrucción del sentido social y político de las organizaciones sociales. Las dirigencias comprometidas con estas cooptaciones son responsables de la desestructuración de sus organizaciones y la adherencia a una forma política que restaura el Estado-nación liberal y colonial, en contra de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Con lo que las bases han quedado solas y desamparadas mientras sus dirigencias se benefician.
Una última apreciación tiene que ver con la fuerza de la marcha indígena. La fuerza radica primordialmente en la potencia ética de su lucha, en la dignidad de los marchistas, particularmente de las mujeres, que expresan integralmente la comprensión del valor de la lucha por la vida, que es la lucha por la madre tierra.  El gobierno no ha podido enfrentar esta potencia ética, una vez que se ha roto moralmente. Todo el aparataje de los monopolios de la violencia múltiple, todos los discursos falsos anti-imperialistas, todas las descalificaciones que pueda inventar, son inútiles ante la fuerza de esta convicción moral y esta entrega apasionada, que podemos entender como gasto heroico.  Pase lo que pasé los indígenas en esta lucha ya han vencido a un gobierno corrupto.      
    

  



[1] Pierre Bourdieu : Sur L’État. Cours au Collège de France 1989-1992. Édition Raisons d’agir/Éditions du Seuil 2012. Paris.
[2] Revisar de PierreBourdieu: Sur L’État. Cours au Collége de France 1989-1992. Éditions Raisons d’agir/Éditions du Seuil 2012. Paris. Sobre todo el Course du 17 janvier 1991.
[3] María Galindo: Berta Bejarano. Artículo publicado en Página Siete. 


¿Golpe de Estado en Bolivia?


¿Golpe de Estado en Bolivia?



¿Estos días hubo un intento de golpe de estado en Bolivia?
Un grupo de intelectuales firmaron esta semana un manifiesto llamado “Paremos el golpe de estado en Bolivia” (www.rebelion.org/noticia.php?id=152087). Sin duda, cualquier motín policial es un acto sedicioso, porque los policías son un grupo armado y no pueden (en teoría) usar las armas que les dio “la sociedad” para sus reclamos sectoriales, incluyendo los salariales. Pero de ahí a un golpe planificado hay un trecho. Da la impresión que basta circular un manifiesto que denuncie un golpe para que sea firmado casi de inmediato por algunos intelectuales que respaldan honestamente el proceso de cambio. Al punto que ya hay un cierto acto reflejo: conflictos sociales=golpe.
Eso viene empobreciendo sensiblemente los análisis de coyuntura de gran parte de las izquierdas radicales, que vuelcan acríticamente sus lecturas de la realidad en los moldes del antagonismo patria/antipatria de matriz nacionalista. Y hace tiempo que sabemos que ese nacionalismo tiene varias facetas, movilizantes y regimentadoras, democratizantes y organicistas… Volviendo al tema: ¿en Bolivia hubo un intento de golpe de estado?
El conflicto comenzó el 18 de junio con una huelga de mujeres de policías y continuó con un motín de los policías rasos. Esos motines no son nuevos en Bolivia, el último de gran magnitud ocurrió en febrero de 2003, y puso en jaque al gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada. En ese entonces la izquierda apoyó a los amotinados que rechazaban un impuesto a los salarios y reclamaban mejoras laborales, y se planteó una suerte de alianza popular-policial. Ese motín fue brutalmente reprimido por las FFAA con un saldo de una treintena de muertos, y reactualizó la histórica enemistad entre policías y militares.
Esta vez hubo todo tipo de desbordes, incluyendo el saqueo de una oficina de inteligencia, destrucción de cuadros presidenciales pistola en mano e insultos a Evo Morales, llamado “pisacoca” por los amotinados concentrados amenazantes frente al Palacio Quemado. Pero no hubo saqueos, lo que da cuenta de que la realidad social es muy diferente a los años 2000.
No se trata, como busca la derecha y sus medios, de minimizar lo ocurrido, sino de tratar de entender por qué se repiten este tipo de hechos. Y enmarcar este motín en el contexto boliviano, en una realidad que el actual proceso de cambio se propone transformar. La policía boliviana está precarizada, lumpenizada y trabaja en condiciones a menudo inhumanas. Situación que reclama a gritos una reforma policial profunda e integral.
La policía fue históricamente la vía de movilidad social campesina y no es raro que los policías rasos sean tratados de indios de mierda por automovilistas de clase media. Sus salarios, hasta ahora de menos de 200 dólares mensuales, son aumentados con coimas, a veces de montos ridículos y humillantes. Si en los 50 la policía quedó del lado del bando revolucionario y las FFAA fueron casi destruidas, hoy el gobierno prefiere mantener una alianza campesina-militar que coloca a la Policía en un segundo lugar. Finalmente, son esos los policías que reprimen y muchas veces matan a manifestantes populares, por una mezcla de mala formación, armas inadecuadas y resentimientos varios.
En los conflictos sociales puede verse a policías llevando a los heridos a pie por falta de medios de transporte y no es raro que sean enviados a sitios alejados sin viáticos, camas para dormir ni abrigos adecuados (a falta de los cuales apelan a encender fogatas y cubrirse con frazadas). Además deben comprarse sus materiales de trabajo, incluyendo armas reglamentarias, y según declaraciones difundidas en la prensa lo hacen en el mercado negro. Pero además existe un fuerte resentimiento de las clases bajas policiales respecto a la jerarquía, a menudo implicados en corrupciones y mafias de mayor calado.
A todo esto se suma la facilidad para que los conflictos en Bolivia se desborden, y que incluso haya sectores interesados en generar muertes para conseguir sus demandas. Se trata de sistemas de incentivos a ciertas formas de lucha construidos a lo largo de la historia. En Bolivia esos incentivos conducen siempre a la acción directa, y no fue diferente estos días con el motín policial, a sabiendas de que no serían reprimidos.
A diferencia de otros países la distancia entre la calle y el Palacio a menudo parece demasiado corta. Las instituciones son débiles y las mediaciones (y capacidad de negociación) deficitarias. Además, l os muertos suelen generar un “efecto indignación” de imprevisibles consecuencias para el gobierno de turno. Esos temores hicieron retroceder a Evo Morales en ocasión del gasolinazo en 2010/2011 o el rechazo a la carretera por el TIPNIS y el aumento del horario de trabajo de trabajo de los médicos en 2012.
En este caso, hablar de un frente desestabilizador que va desde policías a los manifestantes en contra de la carretera por el TIPNIS –más allá del debate sobre ese movimiento que presenta muchos pliegues- implica cerrar demasiado debates que más bien deben abrirse, vinculados al modelo de desarrollo por el cual debe optar Bolivia.
Los golpes en Honduras y Paraguay no son comparables sin más con las situaciones en Bolivia, Ecuador o Venezuela. Menos aún con la realidad de Siria o Libia (como sostiene un “Llamado a la red de Intelectuales y artistas en Defensa de la Humanidad" firmado por Stella Calloni que circuló recientemente en rechazo a la intervención extranjera y en apoyo a la dictadura de Bashar al Assad en Siria).
¿No será hora de empezar a afrontar con madurez los conflictos sociales que existieron, existen y existirán en nuestras sociedades plurales?: si los policías tienen demandas legítimas, como sostuvo el propio gobierno boliviano, se trata de agotar los medios para resolverlas antes que las cosas se desmadren, y en Bolivia se desmadran rápido...
Pero el manifiesto antigolpista pasó por por alto las realidades sociológicas y muchos intelectuales críticos suspenden su lugar para volverse “intelectuales-voceros”… Eso tiene sentido cuando en verdad estamos frente a un golpe, pero no cuando justamente se necesita mayor creatividad para superar los problemas que enfrentan procesos de cambio que ya no son nuevos ni refieren solamente a la derecha, por lo demás muy debilitada en Bolivia. Esa lógica de la guerra fría no funcionó ayer y no funcionará hoy.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

¿De amotinamiento policial a golpe de Estado?


Vamos a andar Rafael Puente
¿De amotinamiento policial a golpe de Estado?

La zozobra vivida esta semana con el amotinamiento de los policías merece un análisis sereno; no creo que hayamos ganado nada alarmando al mundo con la noticia de que en Bolivia se preparaba un golpe de Estado y provocando declaraciones de solidaridad que a todas luces resultaban desorbitadas. Veamos con calma:

El viejo problema de la Policía
 

Que nuestra institución policial no está a la altura de su misión no es novedad, que la opinión pública la considera ineficiente y corrupta es cosa sabida, que se requiere una urgente transformación de la Policía me consta que era una preocupación de nuestro Presidente el mismo año 2006. Lo incomprensible es que en estos seis años largos no se haya avanzado en esa transformación (como no sea en cambios de nombre, de PTJ a FELCC, o de Anapol a Unipol). Y no podemos olvidar que parte de esa transformación debió ser siempre la mejora de las condiciones salariales de nuestros policías (que por ejemplo en muchas cárceles viven peor que los internos). Y desde luego no nos debe sorprender que desde las bases policiales la demanda no apunte a las transformaciones estructurales, sino a sus mejoras salariales y de equipamiento.

Pero una vez más hemos visto cómo nuestro Gobierno ha dejado que un viejo problema vaya creciendo y fermentando para alarmarse recién cuando explota. ¿Dónde quedó la política de los primeros años que consistía en prevenir conflictos y buscar soluciones rápidas y negociadas? Primer punto a reflexionar.



El oportunismo de la oposiciónLo vemos todo el tiempo, las fuerza opositoras -sean de derecha o de ultraizquierda- están constantemente dispuestas a aprovechar cualquier conflicto social para agudizarlo y así crearle problemas al Gobierno. En cuanto salieron los dirigentes del magisterio paceño en defensa de los policías -y peor cuando salió ese personaje llamado Jaime Solares- estaba claro que el Gobierno tendría la tentación de echarle la culpa de la movilización policial a maniobras de la oposición, tentación que llegó al extremo de denunciar internacionalmente un plan de golpe de Estado.

Para empezar, aunque los policías lo hubieran querido no habrían podido dar un golpe, no estamos en Paraguay ni en Honduras. Cierto que a más de un grupo opositor le habría gustado que el conflicto degenerara en golpe, pero no debemos convertir a la oposición -que sabemos políticamente débil, dividida y carente de todo proyecto- en la diabólica causante de todos los conflictos sociales. Somos nosotros quienes revolvemos el río y hacemos posible la ganancia de pescadores. Identificando a tiempo el problema policial, midiendo serenamente su magnitud y su razón, y sobre todo negociando cuanto antes, dejaríamos a la oposición con las ganas de perjudicar.

¿Recuerdan el amotinamiento policial del año 2006? Nadie habló de golpe, sino que se negoció rápida y eficientemente, y no pasó nada. Reconozcamos que la alarma fue una desmesura y que si la repetimos nos va a pasar lo mismo que al pastorcito mentiroso (el del cuento).



La soluciónLa solución del conflicto ha sido simple, yo diría que decepcionante, un incremento salarial de 100 bolivianos -que no es lo único pero sí lo principal- puede considerarse humillante (como lo dijo desde Tarija una esposa de policía), pero en todo caso ha resultado suficiente, digamos que por el momento. ¿No se podía haber tomado esta solución al principio? Y otra pregunta: ¿Sabe alguien de un golpe de Estado que se haya podido conjurar tan fácilmente?
 

Pero no olvidemos que la solución definitiva está por hacerse. La institución policial también requiere una auténtica refundación, porque (como le oí decir un día a un capitán que me pareció muy respetable) “en cuanto se sale de la Academia se respira un ambiente contaminante del que es muy difícil salvarse”. En todo caso, mientras esa refundación no se dé, no parece lógico el razonamiento (que también escuché durante estos días) de que “puesto que no sirven y son corruptos, que se mueran nomás de hambre”. Ciertamente no es la solución.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba

domingo, 24 de junio de 2012

DECLARACIÓN POLÍTICA SINDICAL, ECÓMICO Y SOCIAL XVIII CONGRESO ORDINARIO DE LA CENTRAL ÚNICA DE TRABAJADORES INDÍGENAS DE “JACH’A AJLLATA” (CUTIJA)


DECLARACIÓN POLÍTICA SINDICAL, ECÓMICO Y SOCIAL XVIII CONGRESO ORDINARIO DE LA CENTRAL ÚNICA DE TRABAJADORES INDÍGENAS DE “JACH’A AJLLATA” (CUTIJA)
VIVA GRAN AJLLATA
1.       Los motivos que nos inducen a presentar el presente documento, son para hacerlo conocer a todos nuestros hermanos de raza, cultura y nación. Aquellos hombres y mujeres que cultivamos y labramos la tierra de sol a sol, chorreando el sudor de la frente a la “Madre Tierra”, para que en la mesa del q’ara blanco mestizo no le falte sus sabrosos y maravillosos platos y que sus birlochas coman a dos carrillos así mismo, para subvencionar los bajos salarios de los trabajadores de la ciudades.

2.       Nuestra lucha comunaria de Gran Ajllata de 2000 a 2005 no ha sido tomada en cuenta ni la han tocado con profundidad del gobierno del hermano Evo Morales Ayma; ni siquiera los supuestos dirigentes de la Confederación Sindical Única de los Trabajadores Campesinos de Bolivia, las Federaciones Departamentales y Provinciales no supieron colocar y llevar a la categoría de los aymaras, porque en esta revuelta de 2000 perdemos una valiosa vida: se trata del hermano Hugo Aruquipa Apaza, quien dio su vida por los derechos esenciales del agro.


3.       Los dirigentes y dirigentes actuales de la CSUTCB de las Federaciones Departamentales y Provinciales se sucumbieron y se vendieron alma y cuerpo al gobierno MAS Evo, resultan ser cómplices y parte integrante del sistema imperante. Más bien, hoy por hoy, los supuestos dirigentes se alistan y se afilan las manos y las uñas para meter al bolsillo del indio campesino y sacar impuestos y tasas de los animales, de tierras, agua, etc., porque este país sobrevive de regalías e impuestos. Para que sepa la opinión pública, desde la Reforma Agraria de 1953, hasta nuestros días no hemos pagado ningún impuesto de ninguna clase en nuestras tierras ancestrales.

4.       Los dirigentes que sirven de pongo político al MAS, solo se ocupan de manipular y dividir a las organizaciones sociales del campo. En forma alarde se llenan sus bocas de discursos líricos sobre ”la soberanía alimentaria”, “suma qamaña” (vivir bien). Sin embargo, tales cosas no existen en nuestras comunidades de las orillas del lago Titikaka. Al fin y al cabo es un fuste discursivo de la politiquería barata. Porque la mayoría de los dirigentes son residentes, ya no trabajan la tierra, sino simplemente se han convertido en una cáfila de traficantes del sindicalismo campesino.


5.       Los labriegos de la tierra, seguimos trabajando con las mismas herramientas arcaicas (desde la cultura chiripa) que nos han dejado como herencia ha sus hijos que todavía estamos usando para que la labranza de la tierra sea productiva, tampoco hemos cambiado nuestros animales, que nos acompañan; son animales que trajeron los españoles el año 1532. Desde esta perspectiva es una estupidez y ridiculez de hablar de un cambio en nuestras comunidades.


PLATAFORMA DE LUCHA

La comisión política-cultural, después de un profundo y sereno análisis de la situación coyuntural del país que atravesamos los trabajadores del campo, pone en consideración del XVIII congreso ordinario de la Central única de Trabajadores Indígenas de Jach’a Ajllata (CUTIJA) hace conocer a la plenaria los siguientes puntos:

1.      Luchar por la reconstitución de la Nación Aymara (Qullasuyu-Tawantinsuyu).
2.      Lucha radical contra los dirigentes corruptos y vendidos al oficialismo.
3.      Lucha a muerte por la defensa de la hoja sagrada (coca).
4.      Luchar por un instrumento político propio, que nos permite llegar al poder y tener el Estado propio como Nación Aymara.
5.      Repudiar y condenar enérgicamente a los partidos oligárquicos neoliberales, que tratan de volver para tomar el poder político.
6.      El nuevo ejecutivo de CUTIJA, debe organizar cursos de capacitación político sindical y así formar cuadros genuinos y originarios.
7.      Ningún ex dirigente o en función debe prestarse a dividir la unidad de nuestro cantón, más al contrario debe coadyuvar la unificación de la Central única de Trabajadores de “Jach’a Ajllata”.
8.      CUTIJA debe mantener su independencia sindical y respetar el estatuto orgánico y así defender los derechos que nos corresponden de acuerdo a las leyes nacionales.
9.      Mantener y preservar los valores éticos de nuestros ancestros como ser: el ayni, mink’a, la ch’alla, waxt’a etc.
10.  Rescatar nuestra identidad cultural y restaurar los bailes autóctonos.
11.  Pedir al gobierno central que construya un macro surtidor de gasolina, diesel y gas.
12.  Solidaridad con la novena marcha del TIPNIS por ser una lucha de tierra y territorio de las tierras bajas.

Es dado a los dieciséis días del mes de junio de 2012. Al pie del documento firman la Comisión Política Social y Cultura.
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miércoles, 20 de junio de 2012

Trayectorias territoriales.



Notas sobre
Trayectorias territoriales.
La geografía ante el desafío de los Andes
De Hubert Mazurek

Raúl Prada Alcoreza

Lugares, territorios y espacios en la geografía humana
Indudablemente la descripción y el estudio de la tierra comprenden temas y tópicos apasionantes, además de ilustrativos y espléndidos. Pero, sobre todo mostrando sus complejidades abigarradas, pues se trata de la intervención de varias dimensiones en las construcciones de los lugares, de los territorios y los espacios. El Parcurs de territoire de Hubert Mazurek es un relato y reflexión intensa sobre los problemas que llamaremos, en principio, espaciales. Por un lado, están las epistemologías mismas de la geografía, las corrientes científicas y teoréticas que tratan estos problemas; por otro lado, las experiencias, los afectos, las percepciones, las vivencias de la gente, expresadas imaginariamente, configuradas simbólicamente, adquiriendo sentido significativamente e irradiando estéticamente. Estas formas de expresión se conforman en saberes de la gente, en conocimientos concretos y heredados, en manifestaciones culturales y colectivas, que, a su vez, viven sus propias mutaciones, transformaciones y desplazamientos. También hay otros lados que hay que tomar en cuenta; las prácticas, las relaciones, las redes de relaciones, las formas de convivencia, de desplazamiento, de ocupación y de gestión local, territorial y espacial. En este comentario no pretendamos abarcar la  gran discusión sobre las definiciones e interpretaciones de lugar, territorio y espacio; esta discusión es enormemente rica y transmite la variedad de las perspectivas, sobre todo por la polisemia de los significados. Empero también aprendemos sobre las perspectivas teóricas de los estudios del espacio, llamemos a estas perspectivas geografías; por ejemplo, hablamos de la geografía física, de la geografía política, de la geografía cultural, de la geografía humana, de la geografía histórica, de la geografía económica. La matriz organizadora de estas formaciones discursivas, de estas formaciones enunciativas, de estos cuadros y horizontes de visibilidad, se consolida en distintas densidades perceptivas y conceptuales. Por ejemplo, la geografía física se detiene en la descripción de la variada morfología de la superficie terrestre, notoriamente accidentada, configurada por una larga historia geológica y ecológica. En cambio la geografía cultural hace hincapié en mapas étnicos y culturales, tratando de encontrar homogeneidades y continuidades, sobre todo construidos a partir de ciertas centralidades simbólicas o de sistemas de símbolos que texturan los pueblos. Esta geografía considera que hay como una per-duración en el tiempo, por lo tanto, una transmisión de generación a generación, de ciertas pautas culturales, que explican comportamientos, conductas, intersubjetividades. Estas pautas culturales codifican a las instituciones en determinadas regiones consistentes. En cambio la geografía humana se concentra en la construcción de los lugares, los territorios y los espacios a partir de ámbitos de relaciones, de estructuras estructuradas y estructuras estructurantes, esquemas de prácticas y de acciones, acompañadas por cosmovisiones, percepciones, representaciones y saberes. Esta geografía se enfrenta a las transformaciones efectuadas por las sociedades y comunidades, pero sobre todo para explicar la construcción de los lugares, de los territorios y de los espacios.
Por eso mismo, se entiende, que una de las discusiones más complejas dadas en esta episteme geográfica es la interpretación de estos topos. ¿Qué es el lugar? ¿Qué es el territorio? ¿Qué es el espacio? El Parcurse de territoire nos dibuja los distintos recorridos de las interpretaciones y explicaciones teóricas y científicas, pero también nos muestra los desafíos que enfrentan estas interpretaciones y  explicaciones, así como contrasta con las percepciones, cosmovisiones y saberes de los distintos colectivos, sociedades y comunidades que habitan construyendo estos lugares, territorios y espacios.
En este comentario no vamos a inmiscuirnos en la historia de las corrientes, ni citar a los autores involucrados en la discusión, los mismos que se encuentran pormenorizadamente trabajados en el Parcurse de territoire. Lo que vamos a hacer es dibujar ciertas composiciones conceptuales de las definiciones relativas a los topos que tocamos y están en el centro de las cuestiones de las investigaciones espaciales. Parece que una de las tendencias es entender el lugar como el sitio de articulación de prácticas y de relaciones sociales, otorgándole cierta densidad gravitacional al lugar, donde las comunidades, colectivos y grupos se reconocen, es decir, construyen sus identidades. Se trata de una relación perceptiva, aunque también cognitiva, basada en la experiencia del territorio. Ahora bien, el territorio se construye a partir de la articulación de lugares, del desplazamiento y ocupación efectuados; se trata de un juego de desplazamientos y de ocupaciones, así como de un flujo de actividades, también de flujos materiales y humanos; desplazamientos que realizan el espacio, conforman el espacio, lo construyen y lo estructuran. ¿Cuál de estos niveles es más abstracto? ¿Cuál de estos niveles es más concreto? ¿Cuál es anterior y hace de condición de posibilidad? ¿Cuál es posterior y hace como de efecto, apareciendo como una derivación o, si se quiere, más simplemente como resultado? Estas preguntas no son fáciles de resolver, incluso no se resuelven, no pueden resolverse, pues enfrentamos un abigarrado panorama de entrecruzamientos de lugares, territorios y espacios. Contando con esta historia de las formas teóricas y descriptivas del espacio, de la construcción conceptual efectuada, de la lógica relacional, secuencial, simultánea, lograda por las corrientes geográficas, podemos dibujar el itinerario epistemológico de estas corrientes teóricas.
En unas corrientes aparece el espacio como a priori, como condición de posibilidad histórica, como matriz estructurante de los lugares y territorios, en cambio en otras corrientes, el espacio es, mas bien, lo más abstracto, lo más general, aparece como una representación homogénea, como un referente o cuadro donde dibujamos los lugares y territorios. Hay, sin embargo, otras corrientes geográficas que asumen la complejidad misma como campo abigarrado de estudio, que conciben como una saturación de correspondencias, yuxtaposición y articulación inmediata, compenetración, entre estos topos. No sería posible pensar los lugares sin tener una configuración de territorio y una idea del espacio; tampoco se podría tener una idea del espacio sin la experiencia del lugar y sin el tejido del territorio. En este caso se trata de una teoría de la complejidad; no hay antes ni después, no hay a priori y a posteriori, no hay jerarquía conceptual. Lo que hay es una narrativa simultánea y concomitante en múltiples planos a la vez.
Todo esto nos lleva a una mayor complejidad de la problemática. Enfrentamos una pluralidad inmensa de lugares, que además se encuentran sometidos a la mutación temporal, que sitúa a los lugares en espesores territoriales, conformados a partir de yuxtaposición de territorios, dependiendo de la forma desplazamiento y de re-plegamiento. Los mismos que no sólo se combinan y definen una coyuntura, entendida como articulación a territorial. A su vez, este juego y movimiento territorial, también comprende sus propias temporalidades. Complejidades de lugares diversos, distribución y combinación de diferentes tejidos territoriales, concurrentes en diseminaciones espaciales, construidas por esta abigarrada configuración de lugares y territorios. Empero, a pesar de estos entrelazamientos territoriales, los espacios aparecen conformando ciertas equilibraciones, parecen consolidar cierta perduración, parecen contener ciertas estructuras que terminan institucionalizándose.
Los métodos, los procedimientos, las teorías, tesis e hipótesis, los indicadores, los mapas, las cartografías, de estas corrientes teóricas se introducen como recursos de descripciones complementarias y representativas de estos ámbitos. Obviamente estos instrumentos descriptivos ilustran las realidades tratadas, permiten el esclarecimiento, ponderación, conmensuración, del tratamiento de los lugares, territorios y espacios. Se hace posible una interpretación de los datos, una lectura cuantitativa y espacial a partir de los datos, una hermenéutica de los mapas, de sus cartografías, pero también de sus recorridos y circuitos. Estamos ante la narrativa de otros lenguajes. Los leguajes espaciales y de los espesores territoriales, también los lenguajes de los cuerpos.  ¿Dónde se contrastan estos instrumentos, también estas teorías, estos conocimientos, estas ciencias? Podemos decir que se contrastan ante desafíos abrumadores de historias, experiencias y  espacios-tiempos asumidos como verdaderos desafíos. Por eso, el Parcurse de territoire se convierte en toda un desafío y en una prueba cuando se hace una evaluación de los recursos epistemológicos de las corrientes geográficas, cuando se coloca ante el desafío de una complejidad efectiva, de una realidad histórica, social, cultural, económica, configurada, es decir, dada, como es la construcción del espacio, de los territorios y los lugares en los Andes.

El desafío andino
Este es el desafío. ¿Cómo describir, interpretar y explicar la construcción del espacio andino? Esta es una problemática asumida a partir de una interpelación del intelectual aymara Simón Yampara y de la experiencia vivida a través de las investigaciones por Hubert Mazurek en Bolivia y el Perú. El dialogo intercultural, la comunicación, el juego decodificador entre geografía y  espacio andino, se hace exuberante a lo largo de las reflexiones del Parcurse. En adelante no pretendemos una exposición exhaustiva de todo el decurso de la contrastación que hace Hubert Mazurek; lo que busca es mostrar ciertos encuentros interpretativos entre geografía y espacialidad andina.
Desde la lectura hecha del Parcurse, se considera que un núcleo fundamental del desafío andino radica en la complejidad del ayllu, en su composición, conformación y configuración institucional. Desde la perspectiva geográfica, parte del desafío andino a la ciencia del espacio no sólo tiene que ver con la composición dual y complementaria del ayllu, con la estructura rotativa de los mandos, con la movilidad y la no-delimitación y definición de fronteras, es decir, la ausencia de  límites y fronteras, sino también con la concepción combinada del espacio y tiempo. Otra parte del desafío tiene que ver con la construcción del espacio, del territorio y del lugar, concebidos como espaciamientos y temporalidades articuladas en su propia inmediatez de manera simultánea, integrada y articulada, por lo tanto, en su propia complejidad.
Uno de los puntos de partida, pues hay varios, es la comprensión del taypi, del centro, como del lugar de encuentros y realización de las dualidades y complementariedades. Este lugar, que es, al mismo tiempo no-lugar. Espacio vacío y de ocupación provisional, espacio de reunión y de consenso, aunque también de tensión y confrontación, de tinku, como forma dramática y ritual de resolución de conflictos.
¿Qué función cumple el taypi en la construcción del espacio andino? ¿Es como el lugar vacío y ausente que da sentido a la cadena o cadenas móviles significantes? Haciendo uso de una interpretación psicoanalítica. Al respecto, hay que decir que, en primer lugar, este centro no está ausente, no es virtual, sino real, está presente; aunque es vacío es, empero, lugar de conexión, de reunión, lugar ceremonial, lugar que expresa la densidad de la complementariedad. A diferencia de la plaza de armas española, que es un centro de poder, el taypi es centro de comunicación y de fiesta, de consenso y de catarsis, donde se expresa la potencia comunitaria. Es el lugar de fisura de la dualidad simbólica, pero también, por eso mismo, es el lugar de conexión, contacto, del símbolo, es decir de las dos partes que constituyen el símbolo. Lo que importa en este caso, desde la interpretación geográfica, es responder a la pregunta de cómo se construye el espacio a partir del taypi.  El taypi es como el centro de la turbulencia, de los movimientos y de los desplazamientos, de los circuitos complementarios y de los recorridos de las prácticas. Entonces este centro ceremonial, de rituales, de comunicación, de consensos, permite la configuración de un espacio intenso y dinámico, en constante movimiento y desplazamiento.
Hay que tener en cuenta que el ayllu no es una entidad aislada, al contrario, se halla conectada a otros ayllus, a otras comunidades, a las familias y relaciones familiares componentes del ayllu y de los otros ayllus, a las alianzas político-territoriales. Responde a las filiaciones y alianzas estratégicas.  Entonces tenemos una distribución de ayllus en espacios de tejidos territoriales, por lo tanto tenemos también una distribución de centros de dualidades y complementariedades. Estos tejidos conforman la marka. Se trata de una composición espacial más compleja, más abarcadora, que exige una coordinación de ayllus; lo que va llevar también a una coordinación de markas. El conjunto de markas, a su vez, constituye al suyu, que es como una nación pensada en términos territoriales, tal como se asumen ahora los suyus en el Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ). El suyu aparece como una constelación de ayllus y markas,  donde los ayllus y markas se complementan, funcionan a partir de la lógica de las complementariedades, haciendo posible la gestión transversal de los nichos ecológicos, la administración de los cultivos, de los bienes y de los climas, que van a ser movilizados en los circuitos de las compensaciones e los circuitos complementarios.  Los suyus formaron parte en otros tiempos de verdaderas confederaciones.
La hipótesis interpretativa subyacente se puede expresar de la manera siguiente: A partir del ayllu que se organiza esta espacialidad compleja de complementariedades, de circuitos y de articulación del archipiélago andino. Otra hipótesis, derivada de la anterior, nos muestra al ayllu como el núcleo de la potencia comunitaria, también de la energía de la creación de un espacio articulado por las lógicas de la complementariedad.
Una primera conclusión que podemos sacar de este comentario se resume de la manera siguiente: Yano se trata solamente de resolver la problemática de las relaciones entre lugares, territorios y espacios, sino de comprender que lo que acabamos de dibujar, las redes complejas de ayllu-marka-suyu, tienen que concebirse a partir de ciclos espacio temporales, ciclos no solamente dinamizados por las complementariedades, sino que son ciclos donde se producen los que llamamos lugares, territorios y espacios. Por lo tanto, dejan de ser solamente eso, lugares, territorios y espacios, dejan de ser tópicos; de esta manera debemos concebirlos dentro de la temporalidad del ciclo, como lugares, territorios y espacios en el ciclo del espacio-tiempo. Momentos de movimientos cíclicos. Por lo tanto, ya no se trata sólo de la problemática espacial, de la construcción social del espacio, sino de la construcción del tiempo, de la temporalidad, en sentido de sus ciclos. Entonces tendríamos que hablar ya no de una geografía, sino de una geo-tempo-grafía
Pero, no se trata de dar nuevos nombres a la geografía, sino de apuntar los desafíos. Entre estos desafíos se encuentra la complejidad barroca de la historia misma del espacio andino. Los periodos de la colonia y los periodos de la república van inscribir otros espacios y otras cartografías que se yuxtaponen a la matriz espacial andina ancestral. Los repartimientos, las mitas, las encomiendas, la fundación de ciudades y la construcción de plazas, las reducciones de pueblos de indios, las parroquias, los circuitos mineros y los de la coca, primero, durante la colonia; y las intendencias, las administraciones de las repúblicas, los departamentos, la conformación de una geografía política en el Estado-nación, la expansión de los mercados, la expansión económica hacia el mercado internacional y la división del trabajo en el sistema-mundo capitalista, después, en los periodos republicanos; ambas secuencias históricas van a terminar de configurar, conformar y construir otros lugares, territorios y espacios, erigidos en un imaginario que separa espacio de tiempo y percibe un tiempo lineal.
La gran dificultad de la geografía humana es entender este barroco espacial, sobre todo entender la relación entre las distintas concepciones espaciales, territoriales y de lugares. La forma cómo se conforman y se adecúan, cómo resuelven la diferencia de sus lógicas y prácticas. La gran dificultad se encuentra en desentrañar esta maraña.  
Ahora es conveniente que retomemos algunas conclusiones del Parcurse. A los desafíos de la geografía, tomando en cuenta el alcance de estos desafíos, recogiendo de la evaluación los aportes epistemológicos de la geografía contemporánea, sobre todo de la geografía humana, se sugiere algunas conclusiones que pueden empujar a la investigación geográfica a avanzar a un tratamiento más adecuado a las complejidades que enfrenta. Una conclusión indispensable parece ser la de estudiar las formas dinámicas de los distintos movimientos espaciales, considerando su inherente temporalidad. Esto implica también concentrarse a estudiar las particularidades de la heterogeneidad. Se requiere un análisis de las tensiones entre los anclajes territoriales y la pluralidad de lugares. Lo que implica, a su vez, considerar la heterogeneidad y la variedad de lugares como un efecto de grupo, significativo de la activación de redes espaciales.
Otra conclusión sugerente tiene que ver con concebir la teoría del territorio como una teoría de los riesgos y las vulnerabilidades, visualizadas espacialmente. Al respecto debemos entender que la vulnerabilidad se puede interpretar como la inestabilidad de un elemento respecto a su adecuación con su entorno.  En este sentido, es indispensable estudiar el contexto donde aparece la vulnerabilidad, el carácter que permite la expresión de la vulnerabilidad, además de la relación del elemento en cuestión y su contexto donde se da la vulnerabilidad.
Una tercera conclusión tiene que ver con las respuestas posibles a estos riesgos y vulnerabilidades manifestados espacialmente. La propuesta es la de retomar una comprensión participativa de la democracia ampliando los alances, el sentido y la práctica de la gobernanza.
Una cuarta conclusión tiene que ver con el despliegue de la geografía en el ámbito epistemológico de la teoría de la complejidad, concibiendo una mirada integral e interdisciplinaria de las ciencias.

Apreciación sobre la reflexión
Se puede decir que la contrastación entre geografía y complejidades espaciales, territoriales y de lugares, entre corrientes geográficas, por un lado, y experiencias, percepciones,  cosmovisiones de la gente, además de esquemas de comportamientos y prácticas, por otro lado, nos muestra los avances de la geografía contemporánea y el reconocimiento de una sensibilidad mayor ante la heterogeneidad y diversidad de las realidades espaciales.
Estamos ante un aporte de la reflexión epistemológica y metodológica sobre los desarrollos cognoscitivos e instrumentales de la geografía contemporánea, sobre todo de los despliegues y el debate de la geografía humana. A través de esta revisión, logramos visualizar el avance e incorporación de la geografía a las teorías de la complejidad, es  decir, al nuevo paradigma. Sobre todo importa el desplazamiento epistemológico en torno a las concepciones y significaciones territoriales. Este es uno de los temas más inquietantes debido a la complejidad de los espesores territoriales y de los espesores culturales que comprende el territorio.
En lo que respecta a la contrastación entre miradas y perspectivas geográficas, decodificaciones e interpretaciones epistemológicas, por un lado, y el desafío del espacio andino, de la espacialidad y temporalidad andina, por otro lado, es importante anotar el conocimiento, el manejo y la experiencia que se tiene respecto a los imaginarios y configuraciones del espacio-tiempo andino, concebido desde la cosmovisión de la pacha, dualidad, complementariedad, equilibrio del espacio-tiempo, de la alaj-pacha, espacio tiempo universal, de la aca-pacha, espacio tiempo terrestre, de la manca-pacha, espacio tiempo del subsuelo y de la interioridad, que además suponen la articulación de todos estos espacio-tiempos en la totalidad plural y complementaria, tak’pacha. La importancia del aporte radica en no sólo utilizar el bagaje representativo de este espacio-tiempo, de estas espacialidades y temporalidades complejas, sino en teorizar sobre otra forma de construcción de la espacialidad, que va más allá de la relación entre lugares, territorios y espacios. El secreto de la construcción del espacio andino radica en la idea transversal de ciclo, en el esquema de la dualidad y complementariedad, situados en la estructura dinámica y cíclica del ayllu, sobre todo situados en un lugar que no es lugar, en un no-lugar, la idea de vacío del taypi.